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AMA DE CASA SERVICIAL (1)


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Relato enviado por : stoner el 14/01/2010. Lecturas: 22517

etiquetas relato AMA DE CASA SERVICIAL (1) No consentido .
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Resumen
De como una candida señora resulta infiel y sale de tal circunstancia con el culo roto.


Relato
La historia que sigue sucedió hace algunos años, realmente tal como aquí se cuenta.
Suele ser prerrogativa del escritor tomar elementos de la realidad y reconvertirlos ficcionalmente con el objeto de utilizarlos a posteriori en su obra, pero en este caso no sucedió así: lo referido a continuación ocurrió – hasta en sus más mínimos detalles - tal como aquí se lo relata, de acuerdo con el deseo de uno de sus protagonistas, quien además puso como condición resguardar los nombres verdaderos de sus participantes con el objeto de proteger sus identidades, lo que fue respetado por el autor.



Como lo hacía todas las semanas, la señora Patricia descendió esa tarde desde su apartamento del 5to F para baldear el pasillo de entrada de la casa de departamentos en la que vivía. Mientras se entregaba a la ardua tarea, no podía sospechar que sus movimientos eran minuciosamente observados por el joven Gonzo – habitante del apartamento del final del pasillo –, quien la espiaba a través del agujero de la cerradura.

Y es que su vecino mirón tenía “buenas razones” para escudriñarla: se trataba de una mujer rubia y de estatura mediana, rostro atractivo, ojos celestes y boca sensual; tetas medianas y enhiestas, como las de una virginal adolescente; una anfórica cintura que daba paso a unas sinuosas caderas y un culo coronado por dos prominentes y perfectas nalgas; sus carnosos muslos estaban ligeramente separados a la altura de su pubis dibujando una jugosa cavidad y destacando una suculenta vagina de gajos bien separados; lo que se dice un cuerpo de modelo, solo que la señora Patricia era la feliz madre de dos hijos y tenía cuarenta y siete años, edad que solo podría llegar a sospecharse por las pocas arrugas de su atractivo rostro. Era claro que con solo verla cualquiera podría darse cuenta de que no se trataba de una mujer joven, pero su agraciado cuerpo parecía contradecir esa realidad.

Mientras trabajaba, la señora tarareaba distraídamente alguna melodía; entonces comenzaba el placentero “show” para el voyeur de su vecino: es que Patricia utilizaba un vestuario de entrecasa elegido para tal menester, a saber: vincha rosa de plástico rematada por un ajustado rodete que estiraba hacia atrás su cabello rubio; una gastada blusa blanquecina semitransparente que dejaba trasPatrir sus oscuros pezones pues la usaba sin corpiño y, lo mejor, una corta y ceñida minifalda de jeans que resaltaba excitantemente su opulento culo. Completaba su vestuario con unas rePatrientes zapatillas deportivas blancas. Y por supuesto, no faltaban los guantes de goma amarillos cubriendo sus manos.

La señora Patricia baldeaba concienzudamente el largo pasillo, por lo que no ahorraba movimientos; quebraba su cinturita todas las veces que fuera necesario, exhibiendo como en bandeja los suculentos cachetes de su culo a los atentos y desorbitados ojos de Gonzo quien, sin perder detalles, se masturbaba pegado al ojo de la cerradura. Pero la mejor parte para el vecino mirón llegaba en el momento en que la diligente señora se dedicaba a limpiar el tramo del pasillo que daba junto a su puerta; entonces la hacendosa ama de casa se inclinaba dándole la espalda, con las piernas bien juntas, y su apetitoso culo bien parado quedaba a un palmo de la cerradura por la que Gonzo la espiaba; inevitablemente el excitado vecino se corría copiosamente con la vista clavada en ese ojete de ensueño sin que la cándida señora imaginase la turbación que provocaba su apetecible humanidad.

Así estaban las cosas esa tarde - mientras la señora baldeaba aplicadamente y Gonzo se la cascaba silenciosamente detrás de su puerta - cuando un anciano de carácter avinagrado, propietario de uno de los departamentos que daban al pasillo, abrió su puerta y se asomó.

- Buenos días, don Pancracio – dijo la señora con una gentil sonrisa.
El viejo la observo despectivamente, de arriba hacia abajo.
- ¿Qué hacés ensuciando mi pasillo, PUTA? – descerrajó.
- ¡Pero don Pancracio! – Exclamó Patricia, poniéndose colorada - ¿Qué me dice? ¿No ve que estoy baldeando?
- ¿Cómo te gusta mover el culo a vos, eh, PUTA?
- ¡Don Pancracio, usted no puede decirme eso! – Exclamó Patricia - ¡Soy una señora!
- Si, claro – se mofó el viejo –, la señora Culo al Aire, PUTA.
Entonces la abochornada mujer dejó caer la escoba y se cubrió el rostro con sus manos.
- ¡Usted no puede tratarme así, don Pancracio! – sollozó.
- ¿Qué vas a hacer, eh? ¿Vas a llamar al gordo boludo de tu marido, PUTA?
- ¡Buuu...! – Gimoteó desconsoladamente Patricia.
El viejo dio por terminada la conversación cerrándole fuertemente la puerta en la cara. Gonzo se quedó boquiabierto y observó llorar a su vecina. Enfundó su verga y lo lamentó; la exhibición había finalizado abruptamente.

La desconsolada Patricia se sacó los guantes, levantó la escoba con el rostro bañado en lágrimas y se encaminó lentamente hacia su apartamento. Gonzo la observó; en un segundo tuvo una audaz idea y se decidió: se encomendó a su calentura y abrió la puerta asomándose al pasillo con su mejor cara de inocente. La aturdida señora lo observó sin reparar en él.

- Señora... – la llamó Gonzo.
La mujer lo observó y se sorprendió al verlo.
- Ho – hola... – balbuceo con aire ausente.
Gonzo se adelantó, interponiéndose sutilmente en su camino.
- Vi lo que pasó ¿por qué no entra a mi casa? Le invitó un cafecito.
La señora sonrió tenuemente.
- Ay, bueno – agradeció- me vendría bien.
Gonzo la hizo pasar y la condujo hasta el sillón del living. La señora tomó asiento juntando sus rodillas.
- Ya vengo. Póngase cómoda – dijo Gonzo y se fue a la cocina.

El muchacho ardía de excitación. Tenía a la apetitosa Patricia aguardándolo en su living. La pija se le envaró súbitamente. Abrió el termo con agua hervida que había preparado un par de horas antes para tomarse unos mates y rápidamente preparó dos cafés instantáneos tibios y chirles; a la taza de la señora le agregó un generoso chorro de whisky con la esperanza de marearla un poco. Regresó al comedor, le ofreció el café “cargado” a ella, que aceptó agradecida, y se sentó a su lado cruzándose de piernas rápidamente; no fuera cosa que la doña advirtiera su súbita “hinchazón”.
- Gracias – dijo Patricia luego de probar el café -, está riquísimo.
- Es café irlandés – sonrió el caradura.
Patricia apoyó delicadamente el platito con la taza sobre la mesa ratona, junto al sillón.

- Ay, no puedo creer las cosas que me dijo ese hombre – dijo amagando un pucherito - ¡Que violento! sé justo, Gonzo ¿yo me merezco eso? Y lo que dijo del bueno de mi marido...
- Si, Patricia, no pude evitar escuchar y me pareció que...
- Mi marido no tiene carácter, pero ya no soporto más que este hombre me trate de esa manera...
- Yo la entiendo, Patricia, y creo que no...
- ¡BUUUU! – rompió en llanto la señora y se echó en brazos del sorprendido Gonzo. Este no desaprovechó la ocasión y la abrazó frotándose disimuladamente contra su delicado cuerpito. La señora sollozaba desconsoladamente sobre su pecho.
Gonzo se acercó, pegándose a las piernas de la mujer. El palo se le endureció aun más.
- Bueno, Patricia, no se lo tome así.

La desconsolada vecina lloriqueó un poco más y luego se enderezó despacio. Gonzo le pasó un brazo por encima de sus hombros y se quedó pegado a ella. Apoyó su mano libre sobre uno de sus apetitosos muslos.

- Confíe en mi Patricia, yo la entiendo – dijo acariciándole la pierna.
- Snif – moqueó la señora mirándolo con sus ojos abiertos y suplicantes -, gracias Gonzo, vos sí que sos una buena persona, no como ese viejo de…
- Y, si entre vecinos no nos apoyamos.
- ¿Cómo me va a decir esas barbaridades? Soy una mujer casada, una señora de hogar.
- Por supuesto, Patricia, por supuesto – asintió Gonzo y deslizó su mano hacia el carnoso culo de la mujer.
- ¡Gonzo! ¿Qué haces? – Exclamó Patricia. Gonzo retiró la mano.
- No, es que se le corrió la pollera.
- Ah, bueno, si es por eso... – dijo la señora.
- Yo me ocupo – dijo el joven y estiró su brazo acariciando ese regio pedazo de culo.
- ¿Cómo me va a decir que soy una cualquiera? Yo, que siempre he respetado a Cleto, pobre.
- Desde ya, Patri, por supuesto - asintió Gonzo sin dejar de acariciarle el culo y los muslos.
- …no puedo soportar tanta presión, Gonzo, snif...

El vecino asentía, al tiempo que le separaba las piernas suavemente a la señora, quien peroraba acerca de sus virtudes como esposa y ama de casa. Los ojos de Gonzo se clavaron en los gajos de la concha de Patricia y acercó su mano a su deliciosa raja. Con su dedo medio comenzó a frotar el cerrado conejito. La señora se dejaba hacer y continuaba lamentándose sin mirar a su vecino.

- … soy la única que se preocupa por limpiar, y así me lo agradecen.
Gonzo hizo a un costado el triangulo de la tanguita blanca. Introdujo suavemente su dedo medio dentro de la húmeda concha.
- Gonzo, ¿qué significa esto? – Exclamó Patricia, dando un respingo.

- Nada, Patri, relajate – respondió Gonzo mirándola a los ojos y apartándole el pelo de la frente -, y seguí contándome que yo estoy para escucharte.
- Si, tenés razón – asintió Patricia con una sonrisa -, estoy un poco histérica...

La mujer siguió hablando y Gonzo asentía distraídamente moviendo su cabeza, concentrado en penetrar a la señora con su dedo. Pronto introdujo otro y lo sacó brilloso, producto del flujo de la mujer.

- … pero uno de esto días se lo voy a decir a Cleto, y ya va a ver ese viejo…
Gonzo se puso de pie y se paró frente a la señora, de modo que su entrepierna quedase frente a los ojos de ella.
Patricia alzó su cabeza, observándolo.
- ¿Qué? – preguntó sorprendida -, ¿ya nos vamos?
- No, Patri – la tranquilizó sonriente Gonzo, acariciando su cabeza – Tenemos tiempo.
Y a continuación se bajó su pijama y su verga envarada quedó frente a la naricita de la mujer.
- ¡Gonzo, OH! – Exclamó la señora con los ojos bien abiertos, tapándose la boca.
- Es toda tuya, Patri – dijo Gonzo con una sonrisa, bamboleando su pija ante el rostro de la sorprendida mujer.
Patricia enlazó sus manos.
- Soy una mujer casada – advirtió alzando sus ojos hacía su envarado vecino -, imaginate si se llega a enterar mi marido...
- Bueno, Patri – la interrumpió Gonzo –, el “buenudo” de tu marido no tiene porqué enterarse, ¿no?
- Eso es cierto, Gonzo – dijo Patricia – ¿Y además somos buenos vecinos ¿no?
- MUY buenos vecinos, Patri.
- Es cierto, es cierto – asintió la mujer mientras con su mano derecha comenzó a menear suavemente la picha empinada.
- “Esta” te va a relajar los nervios, querida.
- Ay, Gonzo, eso es justo lo que necesito – suspiro la doña –, pero que conste que si lo hago es por todo lo que acabo de pasar.
- Desde ya, señora, desde ya.
Entonces Gonzo tomó la cabeza de la señora mientras le acercaba su pija a la boca. Patricia abrió su boquita y engulló ese pedazo.
- Chupate esta verga, señora.
Entonces la señora Patricia comenzó a chupar esa gruesa pija que apenas si cabía en su boca. Comenzó a mover su lengua alrededor del glande y llevó su mano derecha a las peludas bolas frotándolas lentamente.
- Así, señora, seguí, uh – bufaba Gonzo sin poder creer ese sueño hecho realidad.
La señora cada tanto alzaba su vista hacia arriba contemplando a ese joven al que le estaba mamando su formidable pija dura surcada de gruesas venas. No pudo evitar compararla con la de su marido, el gordito Cleto, eterno portador de un maní. Gonzo apoyó una de sus manos sobre la cabeza de la matrona acompañando sus movimientos.
- ¿Te gusta esta poronga, Patricia?
- Ampgh, si, mi amor, si, me encanta... – balbuceó jadeante la señora mientras mamaba ávidamente la pija de su vecino. Era evidente que su maridito no la atendía hacia tiempo, se dijo Gonzo - a juzgar la pasión que ponía en el trabajo.
- Sos una vieja puta – dijo Gonzo observándola – y yo te voy a cojer como te lo mereces.
- Chup, slurp, si papi, atendeme – farfulló la matrona con la boca llena – no me dejes, Gonzito...
Entonces Gonzo retiró la pija de la boca de la señora y comenzó a pegarle con ella en la cara.
- Tomá, vieja puta.
- Perdoname, Cleto – dijo la señora observándolo con ojos suplicantes mientras soportaba pasivamente la humillación del Gonzo. El vecino le daba fuertes pijazos en su cara que la resignada Patri aguantaba estoicamente.
- ¿Vos das clases de catecismo en la iglesia del barrio? – preguntó Gonzo empuñando su duro pedazo.
- ¿Eh? – dudó Patricia por un momento -, bueno, si, es que con Cleto somos muy religiosos.
- Jajaja – rió Gonzo – entonces comete esta “ostia”, profesora.
Y empujó con fuerza su pija dentro la boca de la beata Patricia.
- Chupá, santurrona.
Patricia comenzó a mamar la verga una vez más con hambrienta avidez. Hacia todo lo posible para tragársela toda y pronto asomaron lágrimas en sus ojos.
- ¿Porque me decís esas cosas, Gonzo? – preguntó quejosamente con la cabeza de la chota en la punta de sus labios –. No me gustan.
- Callate y seguí chupando, señora – le ordenó Gonzo metiendo su ariete con fuerza dentro de la boca de la afligida matrona.
Patricia continuó chupando y su lengua se corrió hasta los huevos del joven.
- ¿Puedo chuparle las bolas... señor?
- Estás aprendiendo, Patri, muy bien. Si, dale, ordeñame los huevos, santita...
Entonces la excitada Patricia abrió su boquita todo lo que pudo y engulló los huevos del macho.
- Muy bien, Patri, uuuhhh –. Exclamó Gonzo.
La señora realmente lo hacia muy bien. Succionaba las bolas de su vecino delicadamente y cuando las sacó de su boca, lucían brillosas por su saliva.
- Me enceraste los huevos, Patri.
- ¿Lo hago bien? – Preguntó cándidamente la matrona.
- Parate y date vuelta – Ordenó Gonzo.
- ¿Qué me vas a hacer?
- Te voy a meter esta pija por el culo, señora – dijo Gonzo moviendo su pedazo de carne erecta.
- ¡Pero, Gonzo! – exclamó atemorizada Patricia – por ahí nunca lo hice, me va a...
- ¿Tu maridito nunca te hizo el culo, querida? – Preguntó incrédulo Gonzo mientras arrodillaba a la señora en el sillón. Patricia apoyó sus manos en el respaldo.
- Bueno, yo... – balbuceó la señora dejándose manipular dócilmente -, en la iglesia me dijeron que...
- Semejante culo no puede ser virgen, Patricia... ¿O si?
La señora bajó la cabeza ligeramente ruborizada y dijo:
- Nunca lo hice por ahí.
- ¿Y nunca tuviste deseos de saber como era? – preguntó Gonzo levantándole la minifalda de jeans y bajándole la bombacha.
- ¡Pero, no! – Exclamó sorprendida la señora – Eso es algo... sucio.
- Ya vas a ver lo sucio que es, putita – dijo Gonzo tomando su pija y enculando a la temblorosa señora.
- ¡No, Gonzito, por ahí no! – Exclamó suplicante Patricia al sentir el aliento del sátiro en su nuca – no me pidas eso.
Gonzo introdujo dos dedos en la boca de la señora y le ordeno:
- Mojalos bien, puta.
- Mmm... – exclamó Patricia chupando ávidamente sus dos dedos – nofff, padá...
Entonces el vecino introdujo lentamente esos dos dedos en el fruncido ojete virgen de la señora. El cuerpo de Patricia se estremeció.
- Metete los dedos en la concha, Patricia – le ordenó mientras sentía como el ano de la señora comenzaba a ceder.
- ¡No me hagas esto, Gonzo! – exclamó la señora con un gesto de dolor en su rostro al tiempo que bajaba su mano hacia su concha húmeda – me vas a matar.
- Te voy a convertir en mi perra puta, Patricia – dijo Gonzo empujando la cabeza de su pija dentro del ano marrón de la temblorosa señora.
- ¡AH, AH, AH! – exclamó Patricia con los ojos bien abiertos mientras sentía que su culo se abría ante la presión de semejante verga.
- ¡AYUDAME, SEÑOR! – Imploró la buenita de Patri alzando su cabeza hacia el techo.
La pija de Gonzo se abría paso rasgando el ojete rosado de la señora. A su vez, Patricia movía su mano cada vez más fuerte metiéndose y sacándose tres dedos de su concha ya completamente mojada por el flujo.
- La tenés toda adentro, Patri – dijo Gonzo observando su verga metida íntegramente en el culo de su santurrona vecina – Te rompí el culo, señora.
- Perdoname de nuevo, Cleto – gimió Patricia con la lengua afuera. Evidentemente la matrona comenzaba a gozar con ese pedazo metido bien adentro de su ex culo virgen.
Gonzo comenzó a bombear lentamente y para su sorpresa descubrió que el ojete de la señora recibía sin dificultad su pedazo. Los bordes de su ano estaban humedecidos por la calentura y encajaba enteramente esa pija.
- AAAHHH... – Exclamó Patricia con los ojos en blanco – Sos el demonio, Gonzo, AAAHHH...
- Si, Patri, si – gimió Gonzo enculando cada vez con mas fuerza a la matrona – esta es la pija del diablo.
- Si, si, aaahhh – jadeó Patricia – el diablo me está cojiendo, aaahhh...
- ¿Te gusta la pija del diablo en tu culo?
- ¡Mmmm! Aaahh – exclamaba Patricia con los ojos en blanco -, si, soy una puta de mierda, aaahhh.
- Sí, Patri, si, sos una verdadera puta del culo.
- SI, SI – Exclamó Patricia alzando su cabeza – ¡LA QUIERO TODA POR EL CULO, PAPITO!
- Tu culo está bien roto, profesora – jadeo Gonzo.
- ¡Papito, te amo, no me dejes nunca! – Imploró Patricia dándose vuelta con lágrimas en los ojos –. Sos mi diablo.
- Y lo hiciste cornudo a tu marido, Patri.
- Si, - Volvió a exclamar Patricia – ¡SOS UN CORNUDO, CLETO!
- Y vos sos una puta.
- ¡Y TU ESPOSA ES UNA PUTA!
- ¿Y que le gusta a la puta?
- ¡A LA PUTA LE GUSTA QUE SE LA COJAN POR EL CULO!
Entonces Gonzo se aferró con fuerza a las carnosas caderas de la señora y comenzó a clavársela fuertemente por el ano. Su pija entraba y salía lubricada por el chorreante flujo de la señora.
- ¡¡¡ME MUEROOOOO!! – Jadeó Patricia agachando su cabeza mientras asimilaba como podía las fuertes enculadas de ese sátiro.
- ¡ACABA, VIEJA PUTA! – Exclamó Gonzo dándole con todo al culo de la estremecida señora.
- ¡¡¡ACABO PAPITO AAAHHH!!! – Gritó Patricia apoyando sus tetas en el respaldo del sillón. Un hilo de espesa saliva caía de la comisura de sus labios, el rostro desencajado de placer.
Gonzo tomó a la señora de sus brazos y la puso de rodillas frente a su pija a punto de estallar. El cuerpo de Patricia estaba laxo, parecía un zombi.
- Ahora te vas a tragar toda mi leche, Patricia.
- Gonzo – dijo extraviada Patricia -, nunca hice eso tampoco.
- ¡Pero tu marido es un boludazo en serio! Semejante puta viciosa como vos y la desaprovecha.
- Es que el padre Raúl dice que...
- Tragate este “campanario”, vieja chota – dijo Gonzo metiéndole con fuerza su pedazo en la boca –. Y más te vale que te tragues toda la leche, ¿me entendiste, putita?
- Mpgh – balbuceó Patricia con la pija entre sus labios -, zí eñor, zí...
Patricia comenzó a succionar ese duro pedazo y sintió que acababa una vez más. El flujo le chorreaba por sus muslos. Nunca había gozado tanto: “todo lo que me perdí por seguir los consejos del Padre Raúl”, pensó mientras se frotaba la pija contra su rostro.
- ¡ACABO PATRI OOHHH! – Exclamó Gonzo al tiempo que un grueso chorro de semen espeso bañaba la boca de la señora Patricia.
La mujer sintió como ese chorro de lava caliente inundaba su boca y sacó su lengua comenzando a tragar ávidamente la leche de su amo.
- Anda y mírate en el espejo – Dijo Gonzo ayudándola a incorporarse.
La señora estuvo a punto de preguntar porqué le pedía eso, pero se contuvo. Caminó tambaleante hasta el espejo y observó su cara relajada y bañada en espeso semen blanco. Comenzó a pasarse la lengua por labios como una gata hambrienta. Gonzo se paró detrás de ella y la tomó de sus caderas.

- ¿Entendés que siempre fuiste una puta tragaleches?
- Si – dijo ruborizada y bajó su cabeza -, soy una puta cualquiera.
- Y con el culo bien roto.
- Si, vos me lo rompiste – admitió con vergüenza –, y, y...
- ¿Y que? Decilo.
- Y me gustó.
Gonzo alzó la cabeza de la señora y la puso frente al espejo.
- No te escuché, Patricia.
Patricia se contempló una vez más con el rostro cubierto de semen, sus tetas transpiradas, sus pezones erectos, su concha empapada, sus muslos brillosos chorreantes de flujo... y a su vecino que la tenía tomada de su cinturita. Su pija asomaba por uno de los costados de su cadera.
- Si - dijo Patricia esbozando una tenue sonrisa –, me gustó que me la dieras por el culo, y, y... me gustó chupártela y tragarme tu leche... Gonzo, mi amo.

Patricia se arregló la ropa a medias y observó a Gonzo recostado en el sillón.
- ¿Me vas a volver a llamar, Gonzo? - Preguntó tímidamente, como lo haría una adolescente enamorada.
- Anda, putita, no te preocupes – La despidió Gonzo.

Patricia salió lentamente al pasillo, tomó el balde y el cepillo y sintió un fuerte ardor en el culo. Se preguntó como volvería a cagar. Gonzo se levantó del sillón y se acercó a la puerta y la vio alejarse, rengueando. Sonrió satisfecho y cerró la puerta.
Al pasar frente al departamento del viejo Pancracio, Patricia escuchó desde adentro:
- ¿Te rompieron bien el culo, PUTA?
Pero esta vez la señora Patricia, sin detenerse, dijo:
- Muchas gracias, don Pancracio – Y sonrió dulcemente.


CONTINUARÁ...

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Comentarios enviados para este relato
leoncito69 (17 de August de 2010 a las 01:05) dice: Buen relato, me gusto.

indefinido (12 de January de 2013 a las 23:40) dice: Tenes un exelente morbo para escribir, sin creerme sabelotodo creo que conoces muy bien que todas tienen una puta adentro

lobocalientee (1 de February de 2011 a las 04:08) dice: BUEN RELATO ESCRIBE MAS ASI


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