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Aquellas braguitas rojas


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Relato enviado por : rabo el 08/08/2004. Lecturas: 16330

etiquetas relato Aquellas braguitas rojas .
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Resumen
Por culpa de unas bragas, llegé a conocer a unca chica muy especial.


Relato
Aquellas braguitas rojas


Buscando unos libros en una caja antigua de cuando era estudiante encontré unas bragas rojas, que guardaba con mucho cariño porque me pasó una situación muy curiosa hace diez años y lo recuerdo como si hubiese sido ayer mismo, por ello paso a relatar:


Era una mañana de invierno muy fría, me quedaba sólo en el piso, pues mis compañeros de piso se iban el fin de semana a sus hogares. Yo me tenía que quedar puesto que tenía un examen la próxima semana, y aprovecharía el fin de semana para estudiar.


Decidí hacer la colada, coloqué mi ropa en la lavadora, eché los productos y esperé a sacarlos. Me voy al tendedero y comienzo a tender la ropa.


Buenos días Señora Rosa, le dije a mi vecina que estaba tendiendo su ropa también.

Buenos días vecino, me saludó.


Tuvimos una pequeña conversación, de las que se pueden llamar tontas, hablamos del tiempo que hacía mientras tendíamos, yo soy muy observador y miraba todas las ropas que iba tendiendo, sus grandes bragas poco sexy, los calzoncillos del marido, pantalones, camisas etc.. ya para irme sacó unas braguitas rojas de encaje muy bonitas, me llamaron mucho la atención, junto a estas colocó más ropa interior de chica joven.


Para mi pensaba que de quién serían esta ropa, si estos señores viven solos, me despedí porque había terminado de tender y nuestra absurda conversación se estaba apagando.


Una vez en casa mi cabeza no podía quitarse de encima esa ropa interior, ¿tendrá una hija y ha venido a verla?, me hizo pensar mucho en toda la mañana, porque esa ropa interior y en especial las braquitas me hicieron pensar en una bella chica, y esto me daba morbo.


En la tarde decidí ir a dar una vuelta para despajarme y vi a la señora Rosa, montarse en un coche junto con su marido Pepe y una chica de unos dieciséis años, pelirroja, de un metro setenta de estatura, no era fea, pero tampoco era un bombón. Parecían irse a alguna boda, pues iban bien vestidos y con mucho perfume.


Una vez en casa, me pongo frente a mis papeles a estudiar, mi mente sólo veía braguitas y no las complejas fórmulas de mis apuntes. Pensé un momento en ir a robar las bragas del tendedero, pero pronto desistía. Después de varios intentos mi yo malo logró convencer a mi yo menos malo y me lancé al patio interior, miré mucho por si alguien podía verme, y parecía no haber nadie. Así que rodé la cuerda hacia mí balcón y venían las braguitas hacia mí muy despacito para evitar el ruido de las ruedecillas del tendedero. También llegó un calor inmenso y un miedo a que me vean coger unas bragas, mis pensamientos eran tener en mis manos esa prenda.


Una vez al alcance de mis manos quité la pinza y agarré rápido esta maravilla de encaje. Corrí dentro de mi piso y respiré mucho, estaba nervioso y muy asustado, tras unos minutos respirando profundo mi cuerpo reaccionó poniéndome cachondo. Uhh, que morbo me da ver estas bragas en mis manos, no pensaba en la pelirroja, tan solo me empalmé cuando las olí, su olor como es de comprender era a suavizante muy rico, y pensaba en el secreto que guardarían estas una vez puestas.


Me restregaba con las braguitas todo el cuerpo por encima de mi ropa, me ponían muy cachondo, seguí con mi juego y saqué mi picha al exterior, estaba dura y las venas se salían de orbita. Colgué estas en mi dura polla y comencé a masturbarme, arriba abajo, con suma delicadeza y como a mi me gusta, de vez en cuando me las pasaba por mi cuerpo con la mano que no tenía ocupada.

Me fui al baño y me coloqué sentado en la taza del inodoro, me bajé por completo los pantalones y seguí masturbándome hasta sentir un gusto tremendo, que morbo me daban las dichosas bragas que cogía fuerte con mi mano. La polla estallaba, me echaba saliva en el glande para que me diese más placer y mis testículos me los rozaba con las braguitas que me las colgué en tan buena percha. Con el frote de las bragas en mis huevos y mis grandes movimientos de muñeca llegué a experimentar un placentero orgasmo, que me invadió por todo el cuerpo, grité de placer…. incluso se me nubló la vista de tanto gozar.




Descansé sentado en la taza, para recuperarme ya que mis piernas temblaban y mi cansancio era tal que no tenía ganas de moverme. Estas bragas me han proporcionado una forma diferente de masturbarme y vaya que placer, me ha puesto a mil por hora saber que estas bragas han estado en algún chocho y más aún que son robadas.


¡Ahora tengo que devolverlas! me dije, no lo pensé y me fui para el patio interior, no sin antes darle un último vistazo a tan bonita prenda. Una vez en el patio, miré hacia todos los lados para ver si me podía ver alguien, una vez comprobado me dispuse a colocarlas en la cuerda del tendedero. Las coloco como las cogí y cuando voy a ponerle la pinza siento una voz: "creo que eso no es tuyo".


Se me vino el mundo encima, me puse colorado, nervioso miré hacia todos los lados y vi a la pelirroja en la ventana de la Señora Rosa, en mi mente no sabía que decir, y titubee antes de decir nada.

¡¡Hay va!! creo que me he confundido, respondí

Ella con voz de enfado pero con una tierna mirada me pidió que se la devolviese.

Yo me avergoncé mucho y le terminé de poner la pinza. Perdón le dije.


Recogí mi ropa para disimular un poco, mientras ella recogía la ropa de la Señora Rosa, y la de ella misma.


Sin querer le dije que nunca le había visto por allí, y ella muy simpática me respondió que era su nieta y que había venido porque sus padres estaban de viaje.

También le comenté que yo era muy amigo de su abuela, que charlaba mucho cuando salía a tender y cuando nos veíamos en el rellano del piso. Ella me dijo que había oído hablar de nosotros, que éramos muy buenos pero que hacíamos unas fiestas tremendas en el piso, a lo cual hizo mucho hincapié porque parecía gustarle.


Me dijo que le gustaría irse a una ciudad diferente de la suya a estudiar, para poder participar en una fiesta de esas. Yo le dije que estaba invitada a todas las que quisiese, a lo cual ella respondió que no podría ser porque solo ha venido este fin de semana, porque ella es de otra ciudad.


Esta chica parecía no estar enfadada por hurgarle sus bragas, y yo me atreví a decirle que si quería le podía hacer una fiesta para ella sola.

Ella se puso un poco seria, recogió su colada, y se marchó con un adiós. Yo me metí en casa también y le di muchas vueltas a mi cabeza sobre lo que había pasado en el tendedero.


Pasó el tiempo y se hizo de noche, yo decidí ir a darme un paseo porque estaba harto del estudio y tenía gran dolor de cabeza. Miré por la ventana y vi que llovía, así que tomé mi paraguas y salí a la calle a pasear un poquito. Sin darme cuenta me había metido en el centro de la ciudad, en la calle había mucho movimiento porque era viernes noche todo el mundo salía de trabajar.

A pesar de la gente que había tenía la sensación de que alguien me seguía, un poco angustiado aceleré el paso. Parecía una película policíaca, después de caminar un ratito decidí meterme en un callejón para intentar despistar a mi acosador. En estos momentos dejó de llover.


Estaba asustado, soy un chico fuerte pero mi cuerpo reaccionó con miedo, miro hacia atrás y veo una silueta, ¡Dios! exclamé, miré otra vez y la sombra de mi perseguidor se alargaba hacia mí, pude comprobar que parecía una sombra de mujer. Por ello no salí corriendo, creía que si hubiese un enfrentamiento, tal vez me podría defender.

Se acercó a mí pero no podía ver su rostro debido a que había un foco de luz detrás de ella, y llevaba un gorrito, me dijo que me detuviese que quería hablar conmigo.


Me asusté mucho, pero me mantuve quieto esperando que se acercase, para ver su cara. Se detuvo a unos tres metros, y a especie de pistoleros metió su mano en el abrigo y sacó un trapo, yo no sabía que hacer.

¿Recuerdas esto?, me preguntó, lanzando esto hacia mí.

Logré cogerlo al vuelo y lo observé bien, me di cuenta que habían sido las bragas rojas con las que me había hecho una paja. Dije: si, lo recuerdo. Además pregunté que si era la nieta de la Señora Rosa.

Si, dijo.

¿Qué quieres de mí? Le pregunté

Respondió: ¡debes pagar por haberlas robado!


Pensé que estaba un poco loca y que no podría hacerme nada, así que me acerqué y pude ver su rostro. Ella me dijo que le acompañase y no hablara. Yo accedí sin rechistar, me gustaba este juego, aunque tenía mucha intriga de lo que podía suceder. ¿Quién sabe si esta chica es una asesina?


Pude ver que nos dirigíamos a nuestro bloque, una vez en el portal me obligó a subir al ascensor y subimos hacia mi piso y el de su abuela, no nos dijimos nada durante todo el trayecto.

Una vez en el rellano, se acercó a mí y registró mis bolsillos hasta coger las llaves de mi piso, abrió la puerta y me empujó hacia el interior. Yo estaba un poco mosqueado, pero decidí dejarla hacer lo que quisiese, si soy sincero esta situación me estaba excitando.


Ella miró todo el piso, supongo que para ver si había alguien, al ver que no había nadie, se acercó a mí y sacó un cuchillo pequeño de su abrigo, hay si me asusté, aunque no reaccioné enfurecido, tan solo me limité a hacer lo que me pidió.

Se sentó en el sofá y me dijo que me desnudase, yo accedí sin ningún problema. Me quitaba la ropa mientras ella paseaba el cuchillo por su lengua y me preguntó por las braquitas, me dijo: qué es lo que había hecho con ellas.


Yo me armé de valor y le dije la verdad, le conté con pelos y señales el placer que me habían dado, y el morbo que me daban aún. Yo notaba que allí no iba a haber ningún asesinato, notaba que estaba cachonda por la forma en que me miraba y como con su lengua jugaba con el cuchillo.

Me desnudé por completo, mi pene había levantado cabeza ante la situación, ella miró y dijo que le gustaba mucho mi cuerpo. Y que su castigo iba a ser terrible.


Me obligó a ponerme sus braquitas rojas, me dio mucho morbo meter las piernas por aquellas bonitas bragas, logré ponérmelas aunque me estaban muy ajustadas y se salía mi duro miembro por un lado.

También hizo que me arrodillase para quitarle las botas, cuando toqué sus pies, noté mucho placer, luego se desabrochó su pantalón de pana y se bajó un poco el pantalón, me hizo quitarlo. Se quedó en braguitas, estas no eran rojas como las mías, eran negras.


Le chupé los dedos de los pies, porque estaba obligado por ella, me amenazaba con su cuchillo, decía que chupara.

Se bajó las braguitas y pude ver su bonito pubis rojo, nunca había visto un chocho pelirrojo, que resaltaba mucho sobre su piel blanquita.

Me cogió del pelo y me indicó donde tenía que ir, me dirigía hacia este rojizo coño, notaba que ella estaba muy excitada y quería que le chupara su aparato.

¡Creo que el castigo me iba a gustar!, mis lengua se acercó a sus húmedos labios genitales, movía esta hacia todos los lados sin tocar aún, su clítoris. Me relajé un poco y dediqué todo mi ser a comerle a esa niña el coño para que no me olvidase jamás.


Movía mi cabeza hacia arriba y hacia abajo, desde su clítoris hasta su culo, y ella gemía muy despacito, su respiración era onda y sus manos jugaban con el cuchillo haciendo figuras en su ombligo, yo seguía con mis treces y daba placer a esa chiquilla. Tenía curiosidad por saber su edad, y se lo pregunté con toda mi cara llena de flujos y saliva. Ella al oír esto, se rió y con una mano presionó en mi cabeza para que continuase con mi trabajito, diciéndome que no hablase y que no parara.


Transcurrido un buen rato, ya con dos de mis dedos introducidos en su vagina haciendo presión hacia su vientre y mi lengua no paraba de estimular su clítoris hice que esta chica se corriese, se puso como una loca, se movía como si estuviese poseída y resoplaba como si estuviese dando a luz.


Que placer me dio a mi esta situación, se relajo un poco y con cuchillo en mano, me ordenó que me hiciera una paja como me la había hecho esta tarde. Esto me dio un poco de vergüenza pero no tardé en bajarme las bragas rojas y comencé con mi paja. Para arriba para abajo con las bragas en la mano izquierda y de vez en cuando oliéndolas. Tardé muy poco en notar que me corría y paré un poco, ella lo notó y me dijo que parase, se quitó el jersey de lana y la camiseta interior, pude ver un bonito sujetador compañero a las bragas rojas de encaje. Me pidió las bragas y se las colocó, que bien le quedaba el conjunto, ahora me pidió que me pusiese a cuatro patas en el suelo e hiciese como un perro, mientras ella de pié me daba pataditas en mi trasero, y se subía a mi espalda.

Llevábamos un buen rato sin hablar mas de cuatro palabras seguidas y comenzó a hablar mientras jugaba conmigo, me azotaba me tiraba del pelo y todo esto me hacía sentir mucho placer, también dibujaba con la punta del cuchillo en mi espalda.

Dijo que tenía dieciséis años, que no era virgen y que era adicta al sexo, también me contó que cuando me vio tender sus bragas, se imaginaba lo que le había hecho, así que decidió que le pagase por ladrón, su venganza iba a durar todo el fin de semana, porque sus abuelos estaban con sus padres de viaje.


Hizo que me incorporase y se colocó detrás de mi, cogiendo con su mano mi duro pene comenzó a hacerme una paja, y el cuchillo lo puso en mi cuello, creía que me cortaba el cuello y a la vez sentía tanto placer que no tardé en desbordar mi leche sobre el suelo, que corrida mas abundante. Me mordía con mucha fuerza el cuello y esto me hacía gritar de dolor y placer, estaba en sus manos, si quisiese esta niña me podía degollar.


Me temblaban las piernas, y con un descuido de ella me senté en el sofá exhausto, me limpié un poco mientras ella no paraba de jugar con su cuchillo en su cuerpo y en el mío. Se desnudó por completo, su coño lo conocía de antes pero sus tetas nunca las había visto, eran pequeñas, blanquitas y con un pezón muy duro.


Ahora me dijo que quería que me follara a su boca, eso me extrañó mucho, pero yo siempre cumplidor acepte. Tocó mi picha, y se rió porque había bajado su erección, así que me la empezó a comer, se la metía toda en su boca porque estaba pequeñita y pronto empezó a crecer y crecer hasta recobrar su esplendor. Entonces ella dijo que le follara su boca, y le dije que como, entonces ella se sentó en el suelo apoyada en el sofá me colocó de cuclillas reposando mis brazos en el sofá y con mi polla apuntando a su bonita boca.

Se la metí en la boca y comencé a follarle su boca, ella con sus dientes apretaba y notaba como chocaban con mi glande al sacarla, este placer era inmenso y mis movimientos cada vez eran mas fuertes, se la metía hasta la garganta creo que no la dejaba respirar. Así pasamos un buen rato, hasta que me dijo que me pusiese un condón, busqué uno por todo el piso y me lo coloqué, me arrastró a mi habitación y me tumbó boca arriba en mi cama, me cabalgó como una amazona, se tiró mucho rato bombeando y sus gemidos eran muy elevados.

Una de sus manos se la bajó hacia su clítoris y comenzó a frotarse, como me puso eso, su cara de gusto era evidente y de nuevo volvió a correrse como una loca.


Se levantó y se dio la vuelta, colocó su trasero a mi vista y comenzó a chuparme la polla, estábamos haciendo un 69 perfecto, mi lengua se introducía en su jugosa papita como si fuese una daga, la vez que acariciaba con mi dedo su culo, ella me hizo una mamada estupenda y pronto volví a correrme, esta vez lo hice dentro del condón que aún no lo había retirado y siguió chupando. Mi polla no bajaba su erección y ella le gustaba mamar, me pidió que no parase de comerle su coño, seguíamos con nuestras chupadas y mi dedo se introdujo en su culo, proporcionándole otro placentero orgasmo, ella paró de chuparme y sus piernas se apretaron en mi cabeza, se puso de rodillas y mi boca estaba inmersa en aquel coño rojo, ella se movía con mucha delicadeza mientras apoyaba sus manos en mi pecho.


Se levantó, respiré y no me acuerdo de más porque estaba rendido y me quedé dormido, al despertar creía haber tenido un precioso sueño porque allí no había nadie. Estaba completamente desnudo, lleno de semen y flujos, esto me confirmaba que había pasado algo más que soñar.

Parecía que en el piso no había nadie, voy al servicio preparo mi ducha y mientras me lavaba pensé en la chica de las bragas rojas, no me había dicho su nombre, era menor de edad, era la nieta de mi vecina, no le había dado ni un solo beso en su boca, simplemente follamos…


Terminé de la ducha y ordené todo el piso, recogí mi cuarto, y encima de mi cama tengo un cuadro allí estaban colgadas las bragas de encaje que tanto me hicieron gozar.


A esta pelirroja, no la he vuelto a ver, no ha vuelto a casa de sus abuelos, siempre la recordaré por su gran apetito sexual, y porque a pesar de la edad que tenía hizo conmigo lo que quiso, me dejó pillado, se presentó en mi vida y se fue de igual manera.


Ahora al recordar esta historia, he pensado como seguirá la pelirroja tras estos diez años, debe tener 26, ¿será tan leona como aquel día?, ¿qué pasaría si me la encontrase ahora con mis 32 años?....

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