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ARTURO Y UNA MADRE CALENTONA


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Relato enviado por : thevintage el 05/03/2011. Lecturas: 21703

etiquetas relato ARTURO Y UNA MADRE CALENTONA Amor filial .
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Resumen
Esto empezó un día cuando, al llegar a casa, vi a nuestro vecino Arturo en la cocina hablando con mi madre, recientemente divorciada. Arturo es vecino nuestro de piso y él y su hermosa mujer se han llevado siempre muy bien con nosotros, así que no era sorprendente que estuviera en casa con mi madre; lo sorprendente era que estuviera diciéndole:..........


Relato
ARTURO Y UNA MADRE CALENTONA

Esto empezó un día cuando, al llegar a casa, vi a nuestro vecino Arturo en la cocina hablando con mi madre, recientemente divorciada. Arturo es vecino nuestro de piso y él y su hermosa mujer se han llevado siempre muy bien con nosotros, así que no era sorprendente que estuviera en casa con mi madre; lo sorprendente era que estuviera diciéndole:
- Tenés un culo buenísimo vecina, y ya sabes que tengo ganas de gozar con él sea como sea. Mientras le decía esto él estaba tocándole el culo suavemente por encima del vestido, aunque sus caricias abarcaban todo el orto de ella.
Ella se reía y le decía que su culo no estaba hecho para él, pero no ponía ninguna resistencia a que el vecino siguiera tocándole el orto. Ellos no me vieron y yo me metí en mi habitación. No era extraño que le gustara a nuestro vecino, lo que sí me sorprendió más, fue la familiaridad con que éste le tocaba el culo. Era evidente que no le molestaban en absoluto los toqueteos del vecino y se dejaba acariciar sin protestar.
Quise saber como continuaba aquello y me acomodé para ver mejor. Ahora el vecino estaba sentado al lado de mi madre que estaba de pie lavando unos platos y le había levantado la pollera y le metía la mano por debajo. Cuando terminó de lavarlos se quedó en esa posición, se secó las manos, tomo su pollera y se la levantó dejando su magnífico culo a la vista de Arturo y de la mía. Tenía puesta una bombachita muy pequeña, bien metida en la raya del orto, que dejaba al aire sus opulentas nalgas blancas que contrastaban con el bronceado del resto de su cuerpo. Arturo seguía metiendo mano cuanto podía, ahora tenía una apretando la parte interna del muslo de mi madre, bien encajada lo mas arriba posible. Yo sabía que mas que el muslo le estaba sobando la concha y mi madre que se dejaba hacer todo aquello poniendo el culito bien parado, sabiendo que esto calentaba sobremanera a Arturo.
Ahora mi madre se dio la vuelta poniéndose de frente a su admirador, manteniendo levantada la pollera de su vestido ofreciendo un espectáculo arrebatador. Los pelos negros de la concha escapaban por los costados y por arriba de la pequeña bombachita que apenas era un diminuto triángulo de tela blanca casi transparente. Inmediatamente Arturo colocó una mano en la parte interna de su muslo y mientras lo apretaba aplicó el canto de su mano en la raya de la concha que abultaba la bombachita blanca.
Mi madre movía las caderas y apretaba con sus muslos la mano del vecino mientras este retrocedía y avanzaba la mano contra su concha para hacerle una exquisita paja.
Yo estaba que reventaba de calentura así que saqué mi pija fuera de los pantalones y comencé a haceme la paja, sin quitar mi vista del cuerpo semi desnudo de mi madre.
Mientras Arturo le metía mano en la concha con la otra se abrió la bragueta, sacó la dura verga y se puso a pajearse tranquilamente. A todo esto mi madre, que se sobaba las tetas por encima de su ropa, abrió su blusa completamente dejando al aire las dos enormes tetas con grandes areolas oscuras y pezones completamente erectos y se los puso a pellizcar intensamente.
Esta visión, la de las dos enormes tetas, hizo que tanto Arturo como yo incrementásemos el magreo sobre nuestras respectivas pijas.
Mi madre, al ver la reacción que sus tetas causaron sobre Arturo, se puso a mover su pecho de modo que sus tetas comenzaron a moverse desesperadamente; luego tomó al vecino de la mano haciendo que se incorpore para después sentarlo sobre la mesa y comenzar ella misma a hacerle la paja con una mano, y con la otra le sobaba las bolas, mientras que aprovechando la rodilla de Arturo la utilizaba para refregar su concha contra esta.
Yo estaba loco de calentura al ver aquella escena pornográfica en vivo y me sacudía la verga con todas mis ganas.
Ahora mi madre había puesto la pija de Arturo entre sus opulentas tetas y apretándose ambas tetas con las manos continuó la paja del vecino que disfrutaba como un mono, hasta que no aguantó mas y descargó toda su leche contra la cara y las tetas de mi madre que siguió frotando su concha contra la rodilla de Arturo hasta que también acabó con unos largos suspiros. Ver como se frotaba contra el vecino hizo que yo también acabara descargando una enorme cantidad de leche.
Mientras ellos arreglaban su ropa escuché que mi madre le decía a Arturo: “bueno ahora podes irte a tu casa mas aliviado, otro día continuamos divirtiéndonos”.
Todo eso a mí me daba bronca, celos y excitación, pero por mi mente cruzaba la idea de que si ellos eran amantes, yo tendría más posibilidades de espiar a mi madre con Arturo, dado que los departamentos de ambos están pegados, y que ellos no podrían coger en la casa de él porque ahí estaba Marcela la mujer de él, que por otra parte a mi me calentaba mucho.
El sábado siguiente Arturo y su mujer pasaron por casa a tomar café y a ver por TV el partido de fútbol de Independiente, club del cual somos hinchas, como solemos hacer a menudo. En un momento dado Arturo fue a la cocina, donde se encontraba mi madre preparando una picada y agarrándola por detrás empezó a sobarle las tetas mientras ella reía y le decía que parara, que en la sala estaba la esposa de él. En aquel momento yo estaba en el pasillo y vi toda la escena. Mi madre llevaba camisa y pollera y Arturo se la levantó para acariciarle el culo; ahí pude ver que mi madre llevaba puestas medias negras y portaligas sin bombachita. Como estaban de perfil pude apreciar el redondo culo blanco de mi madre y por delante la abultada pelambrera negra de la concha. Mientras la acariciaba, le refregaba su bulto, y no dejaba de alabar su cuerpo y de decirle lo mucho que se calentaba con su concha tan peluda.
Ella reía halagada pero terminó separándose del vecino para llevar la picada al comedor. Al salir de la cocina vio cómo yo entraba en mi cuarto. Debió pensar que yo habría visto algo de lo que había ocurrido porque cuando los vecinos se hubieron ido y estábamos ella y yo solos me dijo, como sin darle importancia, si había visto antes lo pesado que se había puesto Arturo en la cocina.
- Sí, ya lo vi, y no me extraña porque sos una mujer que está muy buena. Es normal que te salgan admiradores, le contesté así, para alentarla a que saliera con él, por los motivos que ya expliqué antes.
Ella se rió y le aconsejé bromeando que fuera más discreta con sus admiradores.
Días más tarde al subir a casa me crucé con ellos. El vecino le hablaba al oído y ella se reía. Al entrar en casa le dije, también bromeando, que Arturo iba a terminar llevándosela al hotel y que hacía bien en insistir porque estaba muy buena. Al decirle esto me atreví también a darle una palmada en el culo. Mi madre se rió y no me dijo nada.
Ella se cambió en su habitación para ponerse la bata que suele llevar en casa y se olvidó de cerrar la puerta, dejando la misma algo entreabierta. Al hacerlo pude ver que se quedó en bombachita y en corpiño. Se apreciaban perfectamente sus abultadas tetas, sus muslos torneados y su redondo culo. Bajo su bombachita blanca se veía el negro vello de su pubis, se marcaban perfectamente los labios de la concha y se adivinaba un tajo grande y lleno de pelos.
Cuando salió de su habitación me dijo que el tema del vecino debía quedar entre nosotros.
- Que sea un secreto entre madre e hijo porque si se entera la esposa de Arturo de esto, se va a armar un lío bárbaro, y para qué romper un matrimonio, ¿no te parece?, esto es algo pasajero, es una aventura nada más, es algo para sacarnos las ganas, vos sabes que desde que rompí con tu padre hace unos meses, no salgo con nadie, y una tiene sus necesidades, ¿entendés?
¿Que no salía con nadie?, Me daban ganas de decirle lo atorranta que era, y que no me viniese con mentiras, que yo la había visto con toda clase de tipos, incluso de la familia. Pero me tragué la bronca y por qué no decirlo esa especie de celos que tenía, porque las ganas de verla coger con el vecino eran más fuertes, por tal motivo yo le garanticé total discreción, aunque ya no pude sacarme de la cabeza la imagen de mi madre medio desnuda delante de Arturo tocándole el culo.
Esa tarde, cuando me disponía a salir para ir a la universidad sonó el teléfono y atendí yo. Era Arturo que preguntaba por mi madre para darle un mensaje de su mujer. Le pasé el teléfono y me fui. Estaba seguro de que esa misma tarde pasaría algo entre Arturo y mi madre así que salí de clase antes de lo acostumbrado y entré a mi casa sigilosamente, al acercarme al comedor oí voces. Miré desde el pasillo por la puerta entornada y vi a mi madre y a Arturo sentados en el sofá. Mi madre estaba con la bata completamente abierta y con las tetas al aire por encima del corpiño. El vecino se las tocaba y chupaba como loco. Luego ella desnudó al hombre para arrodillarse ente él y empezar a chuparle la poronga.
- Tenía muchas ganas de que me comieras la verga, puta. ¡Qué gusto! Seguí, seguí así, chupame bien la cabeza de la pija.
Mi madre se la estuvo chupando un buen rato hasta que él le dijo que se levantara, que se la iba a meter. Ella se incorporó relamiéndose y se quitó la bata, el corpiño y la bombachita mostrando su peluda concha. Se sentó, con las piernas abiertas, sobre una rodilla de Arturo y este comenzó a meterle mano. Le apretaba los muslos y pasaba toda la mano por la concha metiendo un dedo dentro del peludo agujero mientras mi madre le hacía la paja. Pude ver como Arturo ahora le pasaba la mano derecha por todo el culo, estrujando las apetitosas nalgas, mientras que con la izquierda seguía su trabajo en la oscura pelambrera. Luego, a pedido del vecino, mi madre se puso en cuatro patas en el suelo y Arturo se puso detrás para empezar a cogerla. Se la metió de un golpe y empezó el mete y saca. Desde la puerta del comedor yo veía cómo bailaban las opulentas tetas de mi madre mientras el vecino la culeaba agarrándose a sus caderas y manoseando el blanco culo de ella. Entre suspiro y suspiro ella le decía que estaba gozando mucho, que hacía mucho que no sentía una poronga como la de él y que llevaba tiempo deseando que él se la metiera.
Siguieron cogiendo un buen rato y yo cada vez estaba más excitado, tenía la pija completamente parada y no pude aguantarme; me la saqué y empecé a pajearme. Además, para no perder detalle, me atreví a abrir un poco más la puerta de la sala, porque desde mi posición veía poco de la escena porno que me estaban brindando
- Arturo, seguí que tengo la concha ardiendo y necesito tu pija.
Entonces él se acomodó mejor y le bombeaba más fuerte y al mismo tiempo le metía un par de dedos en el culo, ella le dijo que por ahí no, sacó los dedos del orto de ella y comenzó a apretarle las tetas. Él no se pudo contener más, se la sacó de la concha y acabó sobre su culo, mientras le amasaba sus estupendas tetas. Después era ella la que acababa entre gemidos justo cuando el vecino le mordió fuertemente uno de sus pezones, a tal punto que creía que se lo iba a arrancar.
Se levantaron y el vecino le dijo que tenía que irse pero que esperaba la próxima vez poder gozar el culo de mi madre, que ese era su sueño.
Pasaron un par de días y me encontré con el vecino en la calle quien me preguntó por mi madre. Yo le respondí que estaba bien y que esperaba que la próxima vez que se la cogiera no deje manchada la alfombra con leche.
El se quedó duro al escuchar aquello y me preguntó como sabía lo de el y mi madre y si no me importaba.
Le conté como sabía que se la cogía y que tampoco me importaba si cogía o no con mi madre pero a quien seguramente le importaría, le dije, era a su mujer. Ahora se quedó petrificado y a los pocos segundos me preguntó: “supongo que no le irás a contar, verdad?”.
Yo le contesté: ”si me das la oportunidad de verla en pelotas y meterle mano no le cuento nada, es un pacto entre caballeros, vos te cogés a mi vieja y yo me pajeo un rato a costa de tu mujercita que está muy buena y me calienta mucho”.
Sos un reverendo hijo de puta, pero no me queda mas remedio que aceptar tu chantaje. Estas fueron las palabras de Arturo, que después de decirme que estaría en contacto con migo, se alejó rápidamente.
Ese mismo día me encontró y me dijo que baya a su casa a las 8 de la noche. Y ahí estuve. Arturo me llevó al cuarto de servicio donde me señaló una ventana que daba al baño. Del lado del baño esa ventana era un espejo. Me recordó cuando en nuestro departamento se rompió una cañería y estuvo cortada el agua y mi madre y yo utilizábamos el baño de ellos para ducharnos. Arturo me contó que ahí empezó espiando a mi madre y a hacerse infinidad de pajas. Hoy yo haría lo mismo espiando a su mujer que en pocos minutos llegaría de trabajar y siempre se duchaba. Luego de darme un par de indicaciones Arturo se retiró dejándome solo y a oscuras. A los pocos minutos se encendió la luz del baño y entró Marcela con su cabellera negra hasta mitad de la espalda, encendió la radio y la habitación se llenó de música, mientras ella comenzaba a desnudarse. Yo ya tenía la verga afuera pero colgando, mi respiración era entrecortada por los nervios y una gotas de sudor aparecieron en mi frente.
Comenzó quitándose la camisa que arrojó a un cesto. Llevaba un corpiño negro que ocultaba las dos opulentas tetas que intentaban salirse por arriba del mismo. Marcela se desabrochó el corpiño y aparecieron las dos enormes tetas, blancas muy blancas, coronadas por amplias areolas como de cinco centímetros de diámetro de color marrón claro y los pezones que apenas sobresalían. Luego de dejar el corpiño sobre el inodoro se desabrochó la pollera negra que dejó caer al suelo. Quedé atónito al ver que llevaba portaligas y medias negras y una diminuta bombachita blanca completamente transparente que dejaba ver perfectamente la raya del culo y los abundantes pelos negros de la concha.
Yo me sacudía la verga muy despacio tratando de no perder ningún detalle de lo que pasaba detrás del vidrio.
Ahora Marcela se bajó la bombachita dejándola en el piso, al lado de la pollera. Su maravilloso culo quedó al aire donde contrastaba el bronceado de los muslos con lo blanco de las opulentas nalgas. Cuando se movió para tomar un trozo de algodón pude apreciar el erótico triángulo de abundantes pelos negros de la concha. Lentamente comenzó a quitarse el maquillaje de la cara con una mano mientras que con la otra se tocaba las tetas y los pezones, que poco a poco se fueron erectando hasta sobresalir bastante de la superficie de la teta. Yo al principio no lo había notado pues estaba concentrado en sus pezones, pero luego de unos segundos me di cuenta que Marcela se estaba refregando la concha contra el ángulo del lavamanos y una mano la tenía ocupada explorando sus nalgas, separándolas y acariciándose el ojete. Al principio sus movimientos eran como tímidos, pero en unos pocos segundos se hicieron mas desenfrenados. El espectáculo era maravilloso. Esa hembra hermosa, desnuda a excepción de las medias y el portaligas, se estaba haciendo una paja y yo era un espectador de lujo que también se estaba pajeando. Era el sueño de un mirón hecho realidad.
Ahora Marcela se había puesto de espaldas al lavamanos y yo podía ver claramente como se pasaba los dedos por entre la pelambrera de la concha, alcanzando el clítoris con un dedo y frotarlo vigorosamente. Luego separó sus dos nalgas con las manos y colocó su ojete justo en la punta del ángulo del lavamanos y ahí comenzó a moverse, dejando escapar suspiros y jadeos de placer.
Yo me la estaba sacudiendo como un loco mientras ella mantenía sus nalgas separadas y aplicadas contra la fría superficie a la vez que sus enormes tetas colgaban y bailaban al compás de su desenfrenada paja.
Cuando noté que ella acababa me apuré y yo también acabé, salpicando toda la leche contra el vidrio que hacia de espejo, que limpié antes de salir.
Desde aquel día quedé muy caliente con Marcela. Me hacía infinidad de pajas recordándola cuando se desnudó y pajeó en el baño.
Después de unas semanas me encontré con Arturo en la calle y le dije que quería un poco más, que me gustaría manosear a su mujer. El me dijo que eso era más difícil pues requería el consentimiento de ella. Le contesté que eso tendría que resolverlo el, yo solo quería tocarle las tetas, el culo y esa concha peluda que tanto me calentaba. El se fue diciendo que trataría de arreglar algo.
Marcela resultó ser mas calentona que mi madre, pues no solo que aceptó sino que fue ella quien propuso la forma en que se dejaría manosear. Esto sería en un transporte de pasajeros atestado de gente. Concordamos el lugar, día y una hora apropiadas y allí estuvimos los dos.
Ella estaba con una pollera muy corta y una camisa amplia, de pie en la parada del micro. Yo, como si fuera un extraño, detrás de ella en la fila, muy nervioso y muy caliente. El micro llegó muy lleno de gente, subimos los dos y yo me coloqué detrás de Marcela y comencé a refregarme contra su cuerpo. Había tenido la precaución de no ponerme calzoncillos, así tendría mas comodidad de acción y también mayor sensibilidad. En menos de 5 minutos el micro estaba al tope de gente y yo tenía la verga a mil.
Aproveché el momento y le metí la mano por debajo de la camisa atrapando una teta que no cabía en mi mano. Primero la agarré por debajo, tanteando su peso, luego me concentré en el pezón, apretándolo y pellizcándolo hasta arrancarle unos suspiros de placer a Marcela. Mi región pélvica estaba virtualmente soldada a sus nalgas y mi pija clavada en la raya del culo. Si bien existían las telas de nuestras ropas separando ambas pieles la sensación era muy placentera.
Mientras que con una mano le toqueteaba las tetas con la otra comencé a tocarle un muslo, primero en la parte lateral luego mi mano se deslizó hacia delante donde encontró un muslo suave. A los pocos segundo levanté un poco mi mano topándose con el felpudo de los pelos de su concha. Primero palpé toda su concha a mano llena, luego fui explorando cuidadosamente sus pliegues que encontré muy calientes y húmedos. A cada avance de mis dedos ella tiraba el culo hacia atrás haciendo que mi dura verga se clavara aun mas en la raya de su culo.
La otra mano se encargó de sus nalgas que eran suaves y duras. Luego de inspeccionar toda la superficie de su maravilloso culo separé sus nalgas alcanzando el apretado ojete, seguí un poco mas con mi dedo llegando hasta los primeros pendejos y milímetros mas adelante las maravillosas grietas húmedas de su peluda concha. Marcela hacía lentos movimientos con su culo, señal inequívoca del gusto que le causaban mis toqueteos.
El micro ya estaba al tope de gente y nadie prestaba atención al juego de nosotros dos. Estaba pensando en eso cuando sentí una mano de Marcela que me tocaba la pija por encima de la tela del pantalón. Yo no perdí tiempo y saqué la verga fuera del mismo y ella, muy disimuladamente y de espaldas a mi, comenzó a pajearme muy lentamente. Luego acomodó mi pija sobre la raya de su culo, se pegó bien contra mi cuerpo y comenzó a refregarse contra mi choto. Mi mano derecha estaba ocupada en el negro felpudo de su concha y la izquierda amasaba una de sus suculentas tetas.
Yo quería un poco mas y puse la cabeza de mi pija sobre el orificio de su culo. La pija no quería entrar por ese apretado agujero, así que Marcela muy sabiamente la puso entre sus muslos, apretándola de una manera tan intensa que a los pocos segundos me hizo acabar, derramando una enorme cantidad de leche en sus muslos y en el piso. Guardé la pija dentro del pantalón y bajé del micro.
Con el tiempo Arturo y yo nos hicimos muy amigos, llegando a realizar verdaderos intercambios de ‘parejas’.

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Comentarios enviados para este relato
Gaby794 (7 de March de 2011 a las 05:17) dice: No se si está robado o no pero que está muy bueno está muuuuuuyyyyyy bueeeeeeenooooo!! Valió la pena leerlo entero!!

Gaby794 (7 de March de 2011 a las 05:17) dice: No se si está robado o no pero que está muy bueno está muuuuuuyyyyyy bueeeeeeenooooo!! Valió la pena leerlo entero!!

viciosopajero (6 de March de 2011 a las 08:53) dice: Nombre relato original Espiando a mi madre de Relatos Marqueze, autor Gus Becker

viciosopajero (6 de March de 2011 a las 08:21) dice: PLAGIO!!! RELATO ROBADO DE TODORELATOS

adnfeel (11 de March de 2011 a las 05:04) dice: SI!!! PLAGIO... ES DE RELATOS MARQUEZE YA DEJA DE ESCRIBIR MAMADAS CABRON, NO SE SI SEAS MUJER, HOMBRE O QUE PEDO, EN OTROS RELATOS QUE SE ENCUENTRAN DENTRO DE LA MISMA CATEGORIA DE AMOR FILIAL ESCRIBES COMO SI FUERAS UNA MUJER DESESPERADA POR SEXO Y EN OTROS COMO UN HOMBRE QUE QUIERE COGERSE A SU MADRE, HERMANA, TIA, ETC. YA DEJA DE HACER PENDEJADAS O TEN LA DESENCIA DE DECIR QUE SOLO SON FANTASIAS, SUEÑOS GUAJIRO O YO QUE CHINGAOS SE... O EN ESTE SUPUESTO, QUE TE LO ROBASTE DE OTRO AUTOR XQ NO TIENES CEREBRO!! DEJATE DE MAMADAS!!

drjasslaw (11 de March de 2011 a las 01:43) dice: ecitante muy bueno de maravilla


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