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Banio de crema


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Relato enviado por : Alguien el 10/04/2005. Lecturas: 3113

etiquetas relato Banio de crema .
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Resumen
La historia de una nueva experiencia sexual, realmente inolvidable, que conocí de la mano de mi mejor amiga.


Relato
B A Ñ O D E C R E M A

Veníamos en el colectivo, a la salida del gimnasio, cuando Aldana me lo preguntó de repente y sin que tuviera nada que ver con nuestra conversación anterior.

Aldana: -Che nena, ¿cuánto hace que no te rompen bien el culo? O sea, una

buena revolcada.

Yo: -¡Boluda, habla más bajo!

Aldana: -Perdón... dale ¿cuándo fue?

Yo: -No sé, creo que la última vez fue en el sex shop que te conté, donde

me regalaron el consolador que te presté. ¿Por qué?

Aldana: -Y decime, ¿te gusta chupársela a alguien hasta que te acabe en

la cara, y en la boca?

Yo: -¡Ay Aldana ya sabés que si, largá lo que me vas decir de una vez!

Aldana: -Bueno, viendo que hace mucho que no te sacuden bien y que estás

tan ansiosa... te tengo una sorpresa. Si el viernes no tenés

nada que hacer, ya te tengo algo para hacer. Dejáme hacer unos

arreglos y listo, ¿dale?

Yo: -Contáme.

Aldana: Tengo una dirección donde llevarte a probar algo que todavía no

hiciste, o más bien dicho, que no te hicieron. Es una sorpresa,

así que el viernes ponete linda (o sea bien puta) que a eso de

las doce de la noche me voy para tu casa y a la una nos vamos.

Yo: -¡Pero guacha, al menos decíme de qué se trata!

Aldana: -Ya te dije, es una sorpresa. Y es lo único que vas a saber hasta

que llegues ahí. Después ya lo vas a ver por vos misma.

Y así fue, no me dijo más nada hasta ese momento. A la noche siguiente ella tocaba el timbre de casa, la hice pasar y nos fuimos juntas a mi habitación. Yo todavía estaba desnuda sin saber qué ponerme y con varias prendas sobre la cama. Al final, ella terminó eligiendo mi vestuario: mi portaligas blanco con las ligas de lycra blancas brillantes y mis sandalias de taco aguja negras. Nada más, salvo por otra cosa que se puso a buscar en mi guardarropa hasta que la encontró. Era mi gabardina color beige. No entendí para qué quería que saliera cubriendo mi cuerpo semidesnudo con esa gabardina, pero ella estaba tan ansiosa por llevarme a ese lugar que no le dije nada. Además, ella es mi amiga y confío plenamente en ella. La cuestión fue que lentamente me puse las ligas, me las abroché a los ganchitos del portaligas en mi cintura, y luego de calzarme y abrocharme las sandalias estaba por ponerme el corpiño pero ella me hizo señas de que no me lo ponga y me quedé así, con las tetas al aire, hasta el momento de salir. Tampoco quiso que me pusiera la bombacha.

Aldana no decía una palabra, pero yo la notaba con ganas de contarme cuanto sabía de ese asunto. Sentadas en el living, hablábamos de cosas varias hasta que ella consultó su reloj, y tras darle permiso para usar el teléfono, levantó el tubo y marcó un número de celular.

Del otro lado atendieron sin hablar, y lo único que ella dijo antes de colgar fue ‘ya está lista, podés venir’.

Todo esto era de lo más extraño y se lo dije, pero ella insistió en que me quedara tranquila y que me relajara porque lo iba a necesitar, y que al día siguiente se lo agradecería.

Alguien tocó el timbre del portero un poco más tarde. Ella me hizo ponerme la gabardina, me la abroché y bajamos. En la puerta había un auto color gris oscuro con vidrios negros, cuyo conductor abrió la puerta de atrás para las dos. Al verme le preguntó a mi amiga si yo era la chica y ella le dijo que sí, y después nos fuimos.

Nadie dijo una palabra durante el viaje de veinte minutos para el lado de provincia que hicimos, y en un momento Aldana sacó un pañuelo grande del bolsillo y me vendó los ojos. Bajamos. Escuché abrirse con dificultad una puerta de metal y al pasar unos escalones en la entrada ella me fue guiando a través de lo que parecía ser un pasillo algo largo con algunas curvas, hasta que doblamos a la derecha, saliendo a algo parecido a un descampado (no entendía ni qué pasaba ni donde estaba, pero seguía caminando). Unos minutos más tarde paramos y escuché correrse una puerta pesada, como si estuviéramos en un galpón enorme o en una bodega. El murmullo de gente que se oía adentro se hizo notablemente más fuerte cuando entré yo por delante, sola, siguiendo la instrucción de Aldana de caminar hasta que encuentre una cama. Eran todos hombres. Por lo que vi después, ella se había quedado afuera y la puerta se había cerrado por completo. A tientas di con la cama, y ya harta de no saber lo que pasaba a mi alrededor me saqué el pañuelo de los ojos. Al mirar a mi alrededor se me cortó el aliento: me encontraba en un galpón grande de chapa, con fierros sujetando el techo y muchas luces. Pero eso no era lo que me hizo temblar. Además, había por lo menos cincuenta hombres de entre treinta y cuarenta años, todos desnudos y con sus terribles pitos duros y parados, mirándome de pies a cabeza y gritando eufóricos sus ansias de cogerme. No supe qué hacer, pero ya no importaba porque un tipo vino por detrás de mí y me sacó de un tirón la gabardina, que desapareció inmediatamente entre la multitud, y al verme todos así vestida y con mis desmesuradamente grandes tetas a la vista y cayendo cerca de mi cintura por su peso natural, se enardecieron aún más y sus gritos se hicieron ensordecedores. Ya estaba decidido: me iban a coger entre todos sin piedad y como la única mujer que era, estaba obligada a entregar mi cuerpo a más de cincuenta hombres, cuyo pito duro seguramente me penetraría más de una vez... era una locura. Pero por otro lado no había nada que pudiera hacer por evitarlo, así que preferí disfrutarlo cuanto pudiera, a expensas de los riesgos físicos que pudiera correr.

Por escasos segundos estuve pensando todo esto, hasta que advertí como lentamente se me iban acercando, y frente a lo inevitable decidí facilitarles las cosas: me subí a la cama y acostándome boca arriba me abrí bien de piernas manoseándome la vulva, y abriéndome los labios de la vagina les ofrecí su negro y abierto agujero, ya bien baboso por tan excitante situación. Vinieron todos corriendo hasta rodear la cama, pero se detuvieron a esperar a uno que llegó último, que a modo de ritual de iniciación fue el que me penetró primero, por la vagina y bien fuerte, con todo el mundo en silencio, expectante. Me la enterró hasta el fondo y bombeó bien duro, hasta que no pude aguantarme más y grité lo más fuerte que pude. En ese momento, mientras yo seguía gritando presa del dolor y del placer, el tipo me la sacó y de repente me largó un buen chorro de semen en las tetas, que los demás festejaron ruidosamente. Al levantarse de encima de mi el tipo se fue, y el resto, gritando de nuevo se me abalanzó encima.

Lo más extraño fue que, si bien tenían mi conchita húmeda y lista para recibirlos a todos y cada uno de ellos (idea por demás excitante), prefirieron hacerlo de ese modo pero con mi culo y boca, así como con el resto de mi cuerpo, lo que me hizo arder de lujuria. Daba la impresión de que mi concha le perteneciera sólo al ‘jefe’.

Así que enseguida me puse boca abajo, me abrí de piernas de nuevo, y separándome las nalgas con las manos dejé mi culito todavía sano y cerrado a merced de esos enormes y duros falos, cuyas gordas cabezas se le acercaban amenazantes para atravesarlo de un momento a otro.

Apoyando los brazos sobre la cabecera de la cama me incorporé un poco sin cambiar de posición, justo a tiempo para ver cómo una buena pija bien parada se me acercaba por adelante. Abrí la boca lo más grande que pude mientras veía como el tipo me la iba metiendo hasta el fondo, y cuando ya la sentí atorarse en mi garganta cerré los ojos y la abracé con los labios para disfrutar chupándosela con todo mi arte.

Así de feliz estaba cuando de repente siento un peso sobre la cama, a mis espaldas, que tumbándose encima mío acomoda la enorme cabeza de su tranca sobre mi esfínter cerrado y presiona, sin importarle mi dolor y mis quejidos ahogados por la pija en mi boca, hasta abrirme el culo por la fuerza y atravesarlo, metiéndomelo hasta tocar fondo, al tiempo que todo el resto se abalanzaba encima nuestro para manosearme los pechos a gusto y gana, apretándolos con fuerza y pellizcando y retorciéndome los pezones como a mi me gusta, o para pasarme las manos por el resto del cuerpo, acariciándome las piernas y los pies.

No pasó ni un minuto de ese encantador paraíso, que ya estaba chupando de a tres pijas mientras el otro sacudía la cama con cada embestida en mi culo y mis manos estaba ocupadas masturbando a dos tipos más.

El tipo al que se la chupé primero me la sacó de la boca y tras manosearse un segundo acabó en mi cara en dos veces, una en los ojos y otra en la boca, y enseguida otro hombre tomó su lugar, al tiempo que el bombeo en mi culo terminaba para clavármela bien adentro e inyectarme una buena cantidad de semen. También ese se levantó y otro se me subió encima, penetrando mi ya trabajado pero hambriento culito lechoso.

Los chicos que masturbaba me agarraron de la cabeza y por turnos fueron eyaculando en mi cara, para luego dejarles espacio a otros pitos que mis manos encontraron enseguida para seguir masturbando. Al sentir que me apretaban la cabeza hacia delante, la pija que chupaba me llegó a la garganta y casi al mismo tiempo empecé a tragar de su semen sin respiro, hasta que me la sacó para que otro me mantuviera la boca ocupada.

Mis tetas seguían siendo terriblemente estrujadas de todas las maneras posibles mientras mi culo enrojecido se llenaba con un poco más de leche, que aún con la pija muy adentro ya empezaba a derramarse por mi ano y a caer por mi vagina, manoseada y violada sin descanso por muchos dedos y manos diferentes. La pija en mi culo se fue (desgraciadamente, porque me había hecho gozar a pleno) y en su lugar vino otra más grande que estiró mi ano de una manera increíble, mientras dos grandes pitos parados no dejaban de entrar y salir de mi boca al mismo tiempo. Volví a recibir dos descargas más en la cara, que ya chorreaba semen de por lo menos cuatro hombres diferentes por la barbilla y pómulos, y también había empezado a pegotearse en mi pelo, cuando las dos en mi boca empezaron a explotar; la primera me llenó la boca y los labios en segundos y la segunda me baño las tetas por completo, para terminar con una tercer eyaculación en lo más profundo de mi culo.

Con los ojos cerrados disfrutaba plenamente de todos esos machos comiéndose mi cuerpo por turnos e inoculándome su semilla en mis agujeros, cuando empecé a ver unas luces brillantes y fugaces.

Eran otros tipos, vestidos, sacándome fotos. A pesar de que le tenía terror a que mis conocidos vieran esas fotos, no me importó nada. Lo único que me importaba era seguir penetrada por ellos, cuantas más veces, mejor.

Muchos de ellos, que estaban a mi alrededor, se manoseaban y acababan sobre todo mi cuerpo: hombros, piernas, cabeza, y hasta un poco en mi espalda, pero más que nada en mis piernas.

Cuando todos los que me penetraron hubieron acabado, me dejaron espacio y pude cambiar de posición; esta vez me senté al borde de la cama, sobre la pijota dura de uno de ellos, mientras seguía chupando a dos y manoseando a otros dos. Me cogían como animales, y yo me dejaba coger por todos ellos varias veces como una hembra en celo, disfrutando con cada gota de su semen que se desparramaba sobre mi cuerpo o que iba camino a mi estómago, ya sea por el culo o por la boca. Algunos impacientes aprovechaban mi subir y bajar sobre la pija en mi culo para fregarse ellos la pija en mis medias, excitados por mis movimientos, hasta que con un poco de toqueteo propio acababan abundantemente sobre mis pechos y mis piernas, sin dejar ni un centímetro de mi cuerpo sin rociar de esperma.

Los dos que masturbaba y uno de los que chupaba agarraron sus pijas y me acabaron los tres en la cara, grandes y calientes gotas de semen manchándomela toda hasta el pelo, para que nuevas vergas prontas a acabar las reemplacen. En un momento, mientras chupaba una tranca deliciosa, sentí como dos manos me afirmaban hacia abajo, enterrándome la verga en el culo hasta los huevos y llenándolo de más leche, que caliente como estaba me llegó a lo más profundo. Los que me acababan se iban y más y más hombres venían a saciar su sed de carne con mi pulposo cuerpo femenino, que los atendía de a varios a la vez, recibiendo la semilla ardiente y pegajosa de todos en donde ellos quisieran dejarla.

El tipo me hizo pararme para irse y tras él se sentó otro, y yo empecé a bajar nuevamente sobre su tranca durísima para atravesar mi culo de nuevo y seguir con todos los demás como antes.

No duramos mucho de esa manera, porque enseguida quise aprovechar la oportunidad de que me coman todos esos tipos en mi posición preferida, así que esta vez paré yo y enseguida me subí a la cama y me puse en cuatro patas, bien abierta de nalgas y estimulándome el esfínter con mis propios jugos hasta abrirlo, invitándolos a dármela más fuerte.

Inmediatamente entendieron mis intenciones y se formaron dos grupos grandes en semicírculo, uno a mis espaldas y otro adelante, dejándome a mi sola en la cama en el medio de ambos.

Apenas terminé de acomodarme me invadieron de nuevo, primero dos por la boca y un tercero que ya se estaba agachando sobre mis caderas para montarme. Los de mi boca eran hermosos, duros y grandes, dos delicias que no podía parar de chupar, hasta que sentí como un terrible falo que casi no cabía en mi agujero se abría paso sin esfuerzo hasta el fondo de mi culo. Se deslizaba en mi interior con sorprendente rapidez, hasta que llegó a entrarme completo y sus gordos huevos besaron mi vulvita húmeda.

Tan dulce atraco por detrás me hizo abrir la boca y los ojos de placer sólo por sentirlo calzar tan perfectamente en mi culito, hasta que me agarró de la cintura y empezó a bombearme enérgicamente.

Loca de gusto mamaba los dos pitos sin parar y gemía por la enculada que me estaban dando, cuando una de las vergas se me escapó de la boca y su dueño la hizo escupirme su blanca crema en un pómulo y en la nariz, pasándome la cabezota con restos de esperma por la cara.

Al tiempo que chupaba mi otra pija y se acercaba una nueva, el tipo que me culeaba me golpeaba cada vez más fuerte con sus huevos hasta que en el último empujón me la clavó del todo, pero al sacarla sólo me dejó la cabeza adentro y se empezó a toquetear, con la pija todavía en mi colita.

Sentí todo el semen correr hacia adentro, pero en cuanto me la sacó del todo mi culo se cerró enseguida expulsando un chorrito respetable de leche que caía desde mi ano y por mi pierna como una gruesa gota, mezcla del semen de todos los varones que me habían eyaculado adentro.

Luego de eso mi ano se dilató enseguida para recibir otro pito que ya se ubicaba encima de mí para otra monta increíble.

Mientras la sentía entrar y abrirme sin deliciosamente y hacer fuerza, el otro me sacó la pija de la boca, y agarrándome del pelo me acercó la cara a su gran cabeza, escupiéndome en los labios.

Mientras la enorme tranca entraba y salía de mi culo ya cerca de dejarme su líquido ardiente, mis labios se llenaban de más semen, que tragué sin dejar escapar ni una gota.

Con los ojos cerrados mamaba de esa leche caliente y ligera como una nena toma agua del bebedero en un parque... ansiosa por más y con el pico en la boca.

La pija que atravesaba mi culo en ese momento aceleró el bombeo hasta que sin poder aguantar se hundió entre mis nalgas hasta los huevos, y con su cabeza enrojecida y a punto de explotar, se descargó placenteramente en dos largos y espesos chorros de leche caliente que me bañaron las tripas haciéndome suspirar, mientras otros hombres hacían lo mismo en mis piernas y en mi espalda.

Así estuvimos por unos quince minutos, para cambiar otra vez de posición.

Me levanté de la cama, con el cuerpo completamente embadurnado de leche, para que uno de ellos se acostara boca arriba, y yo sentándome de frente a él, agarré su verga y empecé a bajar sobre ella, metiéndomela lenta y placenteramente en el culo hasta sentir sus huevos en mi entrepierna sucia. Cuando los demás vieron cuán a gusto me sentía yo y que su compañero ya había empezado a cogerme, no faltaron caballeros dispuestos a ocupar mis manos y mi boca de nuevo, ni por supuesto, para seguir apretando con más fuerza mis gordas gomas. Pero eso no era todo, ya que a los cinco minutos de haber empezado así, el que me cogía paró y los demás dieron un paso atrás. No supe qué pasaba, hasta que sentí como alguien más se subía a la cama por detrás y me apoyaba la cabeza de la verga en el culo, ya cogido por una buena tranca.

Sabía que de tantas penetraciones seguidas mi culo tal vez estaría ya roto y súper dilatado, y hasta con algún espacio entre el esfínter y la verga, pero no creía que fuera suficiente como para que entraran dos juntas...

Pues siguió adelante, ante la mirada ávida de todos, y empujó y empujó, hasta que mi culo no cedió más y se rompió de un tirón haciéndome gritar del dolor y las puntadas.

Temblando de nervios podía sentir mi esfínter muy caliente y un fino hilito de algo caer (sangre, seguramente), pero no por eso mi segundo amante de turno se detuvo; al contrario, una vez roto mi culo se le facilitaron las cosas, y haciéndola entrar hasta el fondo, igual que la otra, largó un gemido de placer y todos gritaron de nuevo. Ahora tenía el culo roto, ardiendo y con dos pijas enormes entrando y saliendo rítmicamente de él, destrozándolo todavía más, mientras mi boca se llenaba de otras dos trancas nuevamente y mis manos seguían activas con una pija cada una.

Al principio no daba más del dolor y el ardor, pero a medida que me ambos pitos entraban y salían de mi, el dolor fue pasando para que solamente me quedara el ardor y una sensación nueva e increíble que iba en aumento.

Comenzaba a tener esa conocida sensación, que expandiéndose por todo mi cuerpo, hinchó mis descomunales tetas hasta endurecerme los pezones como piedras y me aceleró el corazón.

Me la daban bien fuerte, los dos por el culo y sin parar, entrando y saliendo de mi enrojecido agujero y haciéndome sentir unos placeres que gocé a pleno hasta que las dos se unieron en mi culo reventándome en un orgasmo de los más placenteros que pueda recordar. Durante esos minutos que me duró semejante orgasmo gocé y grité obscenidades como una marrana, pidiendo por más y más fuerte hasta que me desfondaran del gusto.

Mientras me empalaban de a dos de esa manera, varias manos me agarraban del pelo para que mirara sus pitos de frente y luego hacerlos acabarme en la cara o en el cuello, o los hombros. Se iban y otros venían, y el que tenía justo adelante me acercó la cara a su cabezota. Con la boca bien abierta y la lengua afuera, metió la cabeza la cabeza y al manosearse él con una mano y a mi con la otra me echó unas cuantas gotas de esperma, de las que tragué sólo las que no me caían por las tetas.

La fatiga del día y el cansancio que ahora tenía por haber estado cogiendo toda la noche se hacían sentir de pies a cabeza, además de varios malestares que fui teniendo según era penetrada.

Mi segunda tranca en el culo, la que entró última, salió de repente y me largó su crema en las caderas, dejando que otro vuelva a abrirme el culo mientras el otro no paraba de cogerme. Aunque sintiéndome cada vez peor, yo no paraba de coger y en minutos me sacaron una verga del culo para acabar encima de mío, y otra pija volvió a entrar...

Me encantaba, pero ya no podía más, y ellos todavía querían mi cuerpo.

Varios hombres habían empezado a irse, pero los que quedaban seguían sobre mí, debajo de mi, dentro mí.

Ya no podía más, y cuando todos mis hombres hubieron terminado conmigo intenté caminar, pero entre el temblor de mis piernas y los tacos, me costó un mundo.

Estaba terriblemente cansada y mareada, veía todo borroso y no había parte del cuerpo que no chorreara esperma y que no me doliera, sobre todo el culo.

Sentada en la cama húmeda de transpiración, de semen y de mis jugos traté de pararme como pude, pero me acostaron entre dos y empezaron a divertirse conmigo. Me manoseaban y se me tiraban encima, y yo estando así de atontada y sin darme cuenta de la situación, me sonreí y les ofrecí mi vagina a los tres. Todavía me quedaba algo de conciencia cuando uno de ellos fue metiéndome los dedos en la concha hasta llegar a la mano completa y animaba a otro a colarme algunos de dos en el culo, que también sentí, mientras alguien más manoseaba y apretaba con bastante fuerza mis rechonchas tetas cubiertas de semen, pero nada más. Después de eso perdí el sentido.

A la mañana siguiente me desperté sobresaltada en mi cama, sin ropa. Aldana estaba sentada a los pies de mi cama, mirándome en silencio. Nos sonreímos.

Aldana: -Hola, puti.

Yo: -¿Qué pasó?

Aldana: -¿Qué ‘qué pasó’? ¡Pasó que te destrozaron entre todos, boluda, eso pasó! ¡Estuviste bárbara guacha! Y parece que quieren verte de nuevo.

Yo: -¿Pero cómo llegué acá? ¿Y quiénes eran? ¿Y mi ropa?

Aldana: -Entré al galpón con el chico que nos llevó en el auto, pero no

nos viste, supongo que ya estabas rendida para ese momento.

Junté tu ropa y él te cargó en brazos hasta el auto cuando todos

se fueron. Cuando llegamos acá, terminé de desnudarte y tiré la

ropa interior para lavar, pero la gabardina la vas a tener que

llevar a la tintorería.

Yo: -Gracias Aldi, sos un dulce. Yo me encargo de todo en cuanto pueda.

Aldana: -¿Y? ¿Te gustó?

Yo: -¿Que si me gustó? ¿¡Por qué no me avisaste antes?! ¡Está espectacular, boluda, volvamos juntas! ¿Te parece?

Se echó a reír y estaba por irse, pero le pedí que se quedara a pasar el día en casa. Era lo menos que podía hacer por haberme salvado de ese hijo de puta.

Me duché para sacarme la capa de esperma seco que todavía me cubría el cuerpo y desayunamos. Seguimos charlando de la noche que pasé y de cuando volver, pero juntas, y sabía que me debía unas cuantas explicaciones de qué era todo eso, pero ya se las pediría más tarde. En ese momento estábamos como locas recordando la noche anterior en ese galpón, contando cada detalle, y no pudimos evitar sonreír al bromear sobre la falta de crema para el café.

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