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Cena para ocho (3a parte)


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Relato enviado por : turulato el 26/01/2011. Lecturas: 5071

etiquetas relato Cena para ocho (3a parte) relato Orgias Cenas .
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Resumen
Tercera entrega. Cuando existe confianza en el matrimonio, todo puede darse. la fiesta sigue en grande


Relato


Tres días después de regresar de Acapulco, y sentados en nuestra casa, Lorena y yo platicábamos que nos habían parecido nuestros nuevos amigos, y lo que pasó esos días de vacaciones. A los dos nos parecieron agradables las 3 parejas; en cuanto a lo ocurrido, los dos lo tomamos con madurez y aprobación.

Desde esa noche Lorena fue más sensual, más atrevida para la intimidad. Si bien tenía sus inquietudes, y quería hablar al respecto. Cierta noche, ya solos en nuestra habitación, ambos nos desnudamos y comenzamos a acariciarnos; la acomodé sobre la cama y la recosté abriendo sus piernas y flexionándolas, de tal manera que pude meterme entre ellas para hacerle sexo oral. Pasé mi lengua por sobre su vagina que comenzaba a mojarse. Con mi lengua, intenté meterla en su cavidad para humedecerla con mi saliva y que tuviera mayor fluidez. Con mis dientes tomé sus labios vaginales y los mordisquee eso la hizo contornearse, pues le gusta. Chupe hacia el interior de mi boca succionando sobre su clítoris, lo que le provocó mayor placer. Con mi lengua froté su pequeño botón que estaba erguido, mientras que fui subiendo sus piernas sobre mis hombros.

Tome cada una de sus piernas y las flexioné hacia su vientre, lo que hizo que respingara su culo y entreabriera su vagina. Pude meter mi lengua con mayor facilidad en su concha, y beber los jugos que comenzaban a escurrir mojando su interior. Pude ver su ano, oscuro, fruncido, brilloso por la humedad que escurría desde la vagina. Acerqué mi lengua y lo lamí, mientras intentaba meterla en su orificio. Inmediatamente ella contrajo sus nalgas, por instinto. Pero luego las aflojó. Tomó mis cabellos y hundió mi cabeza entre sus nalgas para que le comiera el culo. Ella tomó cada una de sus nalgas y con sus manos las apartó para que su orificio quedara expuesto a mi boca. Saqué mi lengua todo lo que pude y la intenté hundir en su culo. Ella jadeaba. Esto le gusta que se lo haga y hasta aquí siempre habíamos llegado. En algunas ocasiones había intentado penetrarla por su ano, pero no me dejaba hacer más. Creo que ella recordaba lo sucedido en la fiesta, ella tenía presente que lo había hecho con Carlos, pero ella no sabía la verdad. Dejé de hacerle y me acosté a su lado, ella buscó mi verga y la tomó entre sus manos, la acarició, y la llevó hacia su boca. Pasó su lengua al derredor de mi glande, y con la punta de su lengua aleteó en el frenillo de mi lanza, haciendo que se me endureciera inmediatamente. Cubrió sus dientes con sus labios e introdujo mi falo en su boca, la humedad de la saliva y el calor de su paladar, me dieron una sensación de placer agradable. Sin dejar que se saliera mi miembro de su boca, me fui girando hasta quedar en posición invertida a ella de tal manera que mi boca quedó entre sus piernas y los dos nos hicimos sexo oral. Con mi barbilla frotaba su vagina, mientras que con la punta de mi nariz tocaba su culo. Me resultaba un poco difícil porque yo era el que estaba arriba y ella acostada sobre la cama, así que comencé a recostarme sobre mi lado derecho mientras que a ella la llevaba para que fuera quien quedara arriba. Cuando lo logramos, ella podía controlar lo profundo que quería meterse mi verga en su boca sin que yo por el peso la hundiera más de lo que ella podía soportar. Por otro lado su culo me quedaba en mejor posición y podía recorrer con mi lengua desde so vagina hasta su ano, lo cual hice. Al pasar mi lengua por su zona perineal le arranqué algunos gemidos, esa región es muy sensible en ambos, ella a cambio se mojó el índice e introdujo su dedo en mi ano y comenzó a girarlo buscando tocar mi próstata. Me excitó mucho.

Mi lengua se dedicó a lamerle su culo e intentar abrirlo para entrar, lo que hizo levemente. Su dedo entraba completamente y salía de mi orificio trasero, sentía que estaba pronto para “venirme”; le hice a un lado y la dejé a cuatro patas, la saliva que había en mi pene fue suficiente para que de un jalón entrara toda mi verga en su vagina. Sus carnes de las nalgas golpeaban mi pelvis, produciendo un “clap clap” cada vez que chocaban. Ella jadeaba, estaba próxima a venirse, moje un dedo en saliva y lo llevé hasta su culo, lo comencé a frotar e introducir, esperé que me dijera algo, pero ella no dijo nada. Seguí haciendo en su culo. Ella levantó más sus nalgas para ofrecerme su agujero para mi dedo, quería que siguiera tocándole ahí. Comenzó a venirse. Sus gemidos fueron más constantes y subidos de tono. Alcancé a oírla decir:

- Me vengo… me vengo… aaahhhh

Cuando estaba llegando su orgasmo, saqué mi verga de su coño, mi dedo de su culo y “accidentalmente” traté de metérsela por el ano. Ella parecía aceptarlo, mi glande intentó abrir su orificio y alcanzó a dilatarlo, ella reculó hacia mí para hundirse mi fierro entre sus nalgas. Mojé mis dedos con saliva y la unté en la cabeza de mi tranca, para que deslizara mejor. Comenzó a entrar, sentí como su fruncido ojillo ceñía mi instrumento. Habían entrado apenas dos centímetros. Pensaba en ella y lo que estaría pensando, tal vez recordando a “Carlos”, sin embargo se hizo hacia delante haciendo que se le saliera mi verga de su interior. La tomó con su mano y la llevó al interior de su vagina. Supongo que pensó que si me dejaba hacerlo por allí yo le preguntaría por qué ahora sí.

Continué por donde ella quiso hasta que arrojé toda mi carga de semen en su interior. Me salí de ella y me fui a acostar a su lado, para dormir, pero ella quería platicar, quería que habláramos de algunas cosas que sucedieron durante la fiesta en Acapulco. Me recosté recargándome en la almohada y le dije que estaba bien, pero que no nos durmiéramos tarde porque ya mañana volvía al trabajo.

Ella fue quien hizo la primera pregunta:

- ¿Qué te pareció participar en los juegos que Vania eligió para jugar?

Por un momento pensé en la respuesta, pero mi mente se dio más a tratar de pensar el porqué de su pregunta. Necesitaba más datos para poder pensar en alguna razón. Así que respondí:

- Creo que fueron buenos, no me los imaginaba pero me gustaron. ¿Y a ti?
- ¿Eh? –alcanzó a decir, la había tomado por sorpresa.- Si, también me gustaron, me sentí a gusto porque estabas ahí conmigo.
- Bueno si, pero no siempre estuve contigo, en algunos juegos se apagaron las luces o fueron con los ojos cubiertos.
- Sí, pero.. no hubiera participado si tú no estuvieras allí a mi lado.

Sus palabras me causaron satisfacción. Entendí a que se refería al decir que estaba a su lado, no era necesariamente en lo que hizo, sino en hacer yo lo mismo que ella, es decir en participar en los juegos. Ella añadió:

- De eso quiero que hablemos. Tengo ganas de que platiquemos con confianza entre los dos.
- Claro, a mí también me gustaría.
- Pensaba que te molestaría que habláramos…
- ¿Por qué? Creo que estamos conscientes de lo que hicimos y los dos estuvimos de acuerdo.
- Claro, no me refiero a eso, sino que…

Se quedó pensando en lo que iba a decir, sus ojos tenían cierta picardía pero también un dejo de curiosidad. Habló:

- Lo que quiero decir es que me gustaría que platicáramos de lo que sentimos, de lo que hicimos cada uno por su lado, que me contaras lo que pasó por tu mente y lo que hiciste.
- De acuerdo, pero también tu me dirás todo lo que hiciste e hicieron contigo, ¿ok?

Sus mejillas se enrojecieron, mientras que una leve sonrisa se dibujó en su rostro, creo que la tomé por sorpresa. Añadí:

- ¿No preferirías que cada uno guarde lo que ocurrió dentro de sí?
- Yo lo dije porque aprenderíamos uno del otro.. –dijo Lorena-
- Si, es verdad, podemos hacerlo, de hecho yo lo he escrito.

Su cara fue de asombro. Sus ojos se abrieron y me miró intrigada. Preguntó:

- Pero ¿Y si alguien lo lee?
- De hecho para eso lo escribí –jugaba a ponerla más interesada- y creo que ya lo han leído varios.

Ahora su asombro fue mayúsculo. Intentó decir algo, pero no salieron las palabras de su boca. Solamente pudo mirarme como esperando que dijera algo más.

- Creo que hasta ahora lo han hecho como 50 personas. Pero espero que sean pronto muchas más.
- Pero… -quiso iniciar alguna frase pero el asombro no la dejaba hablar- Pero.. ¿Cómo?
- Sí, lo he escrito, con el fin de que otros pudieran sentir y disfrutar como nosotros, y tal vez para animar a algunos a hacer lo que hemos hecho.
- Pero… ¿Les has dicho que somos nosotros? ¿Qué van a pensar? –no salía de su sorpresa.
- Ninguno nos conoce; no tienen contacto con nosotros, y nunca sabrán si los nombres son los nuestros o son ficticios.
- Entonces.. ¿Cómo es que se los has dado?
- No se los he dado. A ninguno. Lo que estoy haciendo es escribirlos y los subo a internet, a una página de relatos eróticos. Ahí la gente los lee y saca sus conjeturas, unos creerán que son fantasía otros pensarán algo más, y quizás alguno que otro crea que son verdad; por ello es que no tienes porque preocuparte.
- ¿Y escribes todo?
- Sí, al menos desde mi punto de vista.
- Y la gente que los lee, ¿Qué pensará?
- Algunos escriben sus comentarios y los envían.
- ¿Puedo leerlos?
- Si. Hasta ahora solo he subido una parte, -mentí- aun no escribo lo demás.

No quise decirle que en realidad había escrito ya todo y lo había dividido en dos partes que ya estaban colgadas en internet, porque no quería que supiera que no había sido Carlos sino yo quien la tomó por el culo. Ya habría oportunidad después de que lo leyera. Tomé mi Laptop y la encendí. Escribí el link de la página donde aparecía mi narración. Apareció la página de inicio, y mandé buscar el titulo del texto. Lorena se sonrió cuando leyó que le había puesto por título “Cena para ocho”.

Le mostré que ya había sido leído por 62 personas. Eso pareció excitarla. Se sentó en mis piernas y comenzó a leer. Después de 15 minutos me miró y dijo:

- ¡Pero si has detallado todo! Nada se te escapó.
- Así es, solo que como te dije es desde mi punto de vista, únicamente lo que yo percibo. Algunas cosas no las puedo narrar porque las ignoro.
- Tendrías que decirles a los muchachos que estás escribiendo para que te den su versión y luego escribirla.
- No. Prefiero que siga así. Ellos no saben que lo he hecho y mejor que las cosas se queden así.
- Pero ¿y entonces? Solo será tu punto de… ¡Espera! Ya sé. Y ¿si yo te cuento desde mi punto de vista lo que sucedió, después de que tú lo hagas? Podremos complementar más aun los hechos.
- Me parece buena idea. En algunos casos no tendrás nada que decir, pero en otros podrás describir lo que tú hayas hecho.
- Si, así podremos excitar más a nuestros lectores.
- Bueno, entonces te voy a imprimir mi relato, tú lo lees y le vas añadiendo lo que tengas que decir, luego lo subimos.
- Claro que sí. Oye ¿y los comentarios que dijiste que habían? – preguntó Lorena-
- Están hasta abajo, mira aquí hay algunos.

Lorena los leyó mientras yo imprimía, y le animó saber que otros se excitaban con ella y nosotros. Me besó. Su cuerpo desnudo vibraba con lo que le había mostrado y había leído. Todavía hicimos nuevamente el amor esa noche antes de irnos a dormir.

Al día siguiente cuando regrese del trabajo, cenamos Lorena, Fernanda nuestra pequeña hija y yo. Vimos la TV por unos minutos y mandé a mi hija a lavarse la boca para acostarla. Después que se durmió, Lorena y yo fuimos a cambiarnos nuestras ropas por las de dormir. Yo me puse el pantalón de un pijama y ella un camisón de satín negro. Nos sentamos en la cama y encendí el computador. Ella acercó las hojas que yo le había dado y en ellas escribió su complemento. Me dijo que lo que hizo fue que en donde yo hablaba de Lorena, ella anotó lo que sucedió o en lo que participó, de tal modo que nada quedaría sin describir. Ella me iba dictando y yo trascribía, me hizo una pregunta antes de dejarme leer sus hojas.

- Yo he leído tus palabras y he sabido que hiciste, espero que tú también aceptes lo que yo hice y tal como lo escribí.
- Desde luego que sí, - exclamé- creo que nuestra relación debe estar fundada en el respeto y en la confianza. Después de todo yo estuve también de acuerdo en participar en aquella reunión sabiendo a lo que estabas expuesta.
- Gracias, porque hay cosas que después de pensarlas para escribirlas, creí que eran mejor guardarlas dentro de mí, pero no sería justo, porque yo leí lo tuyo. Preferí escribirlo y pedirte esto.
- Lorena, mi amor, creo que te tengo la confianza suficiente para aceptar lo que hayas hecho o digas.

Tomó un suspiro y comenzó a leerme.

“Cuando veíamos el video que nos pusieron, me sorprendió ver a Darío y Vania desnudos en la pantalla y tenerlos a nuestro lado. No era como cuando veíamos películas eróticas. Cuando apareció Darío con su erección me llamó la atención porque no esperaba verlo así, pero me agradó, en realidad me excitó. Luego, cuando Darío se puso de pie frente a mí, con su erección, me hormigueó el cuerpo.”

“Ian -mi esposo- dice que le gustaron las nalgas de Vania. Que buen gusto tiene porque en verdad son atractivas, bien formadas, llenas, respingadas y le dan forma a una cadera que le ayudan a tornear una breve cintura resaltando aun más el volumen de ellas.”

“Cuando Vania dio las instrucciones del juego de los silbatos, no comprendí muy bien lo que pasaría pero deseaba participar. Todos brindaban confianza, y a esas alturas, después de haber cogido en la misma habitación delante de ellos, no podía sentirme mal. Creo que el haberlo hecho rompió muchos tabúes que tenia respecto al sexo. Había sido una experiencia muy agradable. Sobre todo porque podíamos tocarnos pero sin faltarnos al respeto o molestarnos. Al entrar a la habitación con las ventanas cubiertas fue una sensación de nervios, y más cuando las luces se apagaron. El estar encerrados en una habitación a oscuras completamente, desnuda entre otros más también desnudos, me puso tensa. Escuche el silbato de una mujer e instintivamente yo toqué el mío. Una mano fría tocó la desnudez de mi espalda, mi primer instinto fue pegar un grito, pero recordé que todos los que estaban presentes los conocía, por lo menos sabía con quienes estaba. Me di la vuelta. Aquella mano, subió y tocó uno de mis senos, me hice hacia atrás, pero choqué con otra persona, así que di un paso hacia delante. Puse las manos en frente de mí, y toqué un pecho varonil con vello, pensé que era mi esposo, a quien había visto cerca de mí momentos antes de apagarse la luz; así que bajé mis brazos y acerqué mi cuerpo al suyo. Pude sentir su erección entre mis piernas, mientras que sus manos acariciaban mis nalgas. Sentí la respiración de mi pareja cerca del oído y comenzó a mordisquear mi cuello. Algo no me dejaba tranquila me despegué de aquel cuerpo y con temor tome entre mis dedos aquella barra tiesa de carne que estaba entre nosotros. Estaba completamente rígida, endurecida como el acero, pude sentir que era gruesa, con las venas resaltadas, supe entonces que no era mi esposo.”

“Intenté soltarla, pero mi curiosidad me hizo no hacerlo, quería saber quién era. Baje mi otra mano y tomé sus bolas con ella, colgaban bastante, apenas si tenían vellos, froté su glande entre mis dedos y sentí que estaba segregando líquido por su pequeño orificio. Mojé mis dedos y con ese lubricante seguí jugando con el glande. Mientras, él introducía no de sus dedos entre mis nalgas, buscando mi culo. No sé porque a los hombres les encanta esta parte de las mujeres, a mí en lo particular no me agrada; creo que es por eso que no he dejado que mi esposo haga nada por ahí. Aunque no me agradaba la idea, me excitaba que jugara con mi orificio, no buscaba introducirlo sino acariciarlo, por ello fue que dejé que siguiera haciendo en él.”

“Solté su miembro y con las dos manos tomé sus bolas, eran grandes, y colgaban mucho, recordé haber visto que Carlos tenía así sus genitales y supuse que sería él. Se me hacía un hombre atractivo, de buen ver, su cuerpo no tenía señales de descuido como el de Mario, que presentaba una ligera llantita en su cintura. Toqué nuevamente el silbato, otras manos me tomaron por uno de mis hombros, seguí la línea de su brazo y di con su pecho, mis dedos tocaron un pezón y un seno, era una mujer, yo la solté pero ella siguió tocándome, tocó mis senos y bajó sus manos que se encontraron con las de aquel hombre que me tocaba. El siguió tocando a las dos, una con cada mano, me acariciaba uno de mis senos. Escuche el silbato de un hombre cerca y estiré mis brazos en busca de él.”

“Me acerqué hacia donde se oía y alcé mis brazos. Él, bajó sus manos y las llevó hacia mi vagina, introduciendo uno de sus dedos en ella, lo que me excitó mucho. Acarició mi concha con suavidad, como degustando; me agradó la sensación y me deje hacer por él. Mientras el otro hombre había soltado a la otra mujer y me acariciaba ahora con sus dos manos. Yo había bajado mi mano y tomado la verga de aquel desconocido, entre mis dedos, jugueteando con ella mientras intentaba reconocer quien sería. El segundo hombre que me tocaba, pasó sus manos por mis nalgas e introdujo su dedos entre ellas, las manos de los dos hombres se encontraron ahí; una que me rodeaba las nalgas y la otra que pasaba por en medio de mis piernas por delante hacia atrás. Yo seguía tomando la primera verga entre mis dedos. De pronto mi segunda pareja me soltó y se apartó de mí. Cabe decir aquí, y ahora que lo sé, porque lo leí, que mi segundo hombre era mi esposo. He leído su texto y era él quien me tocaba el culo. No había reparado en él. Mi pensamiento se llenó en intentar pensar que pasaría por su mente al comprobar que yo era tocada y manoseada por otro. Quise saber sus pensamientos. Pero saber que él era tocado también por otra mujer, me animó a disfrutar lo que yo estaba haciendo y olvidarme por un momento de Ian.”

“Aquel hombre que desde un principio me tocaba, me giró y recargó su erección en contra de mis nalgas, pude sentirla como intentaba meterla entre ellas. Jamás he hecho nada por allí, ni con mi esposo, y no pensaba ceder en ese momento. Me di la vuelta y quedé de frente, entre abrí las piernas y su verga se metió no en mi concha sino entre las piernas, con las cuales aprisioné aquella barra de acero. Su rostro se acercó al mío, y unió sus labios a los míos; su lengua se introdujo en mi boca buscando la mía, y al encontrarla la tocó con la suya, me gustó, pero ahora deseaba con mayor fuerza, saber quién sería. Pegué mi cuerpo al suyo y comencé a moverlo como si estuviéramos cogiendo, solo que sin ser penetrada. Clavé mis uñas en la espalda de él con fuerza. Mi acompañante me volteó y recargó mi espalda en su pecho, tomando entre sus manos mis dos tetas que magreaba con pasión. Me dobló ligeramente hacia el frente y como pudo, me abrió las nalgas para meter entre ellas su bien erguida barra. No intentó meterla en mi culo, solo buscó que mis nalgas sujetaran su miembro. En ese momento, se encendió la luz. Traté de zafarme, pero Carlos, que era mi pareja, me detuvo.”
“Pude ver a los demás, cada uno con distinta persona que su pareja, entonces dejó de preocuparme el ser encontrada con Carlos. Busqué a mi esposo y lo encontré de rodillas frente a la vagina de Lía.”

Lorena dejó de leerme su escrito, yo de trascribir lo que ella me iba dictando. Me había encendido, la sabana no fue suficiente para ocultar mi erección la cual fue vista por mi esposa. Ella dijo:

- Vaya, vaya. Por lo que veo te has excitado.
- No era para menos; tu narración está prendida. –dije- creo que no hay nada que decir al respecto.
- Aun falta lo demás, solo pude escribir esto, pero para mañana tengo lo siguiente, aunque tú no lo hayas escrito aún.

Recordé que le había mentido, y no le dije que ya estaba subido todo el relato, porque no quería que se enterara aun de que yo había sido quien la cogió por el culo; deseaba hacerle creer que había sido Carlos. Guardé el archivo con password, y apagué la Laptop, mañana en la oficina enviaría el relato. Mi esposa se sacó el camisón negro mientras decía:

- No puedo desaprovechar una cosa como esta.

Y tomó mi verga con su mano. Me saqué el pantalón de pijama y antes que pudiera hacer cualquier cosa, ella se había metido en su boca mi erección. Tomé sus caderas y la fui moviendo poco a poco hasta que me presentara su culo. Quedo ella sobre de mí, haciendo un 69. Los dos nos dábamos gusto con la boca. El sabor de sus jugos llenó mi lengua y los bebí. Ella pasaba su lengua por el contorno de mi glande, frotándolo. Podía ver su culo, el cual me obsesionaba desde que pude cogerlo. No deseaba otra cosa sino volver a meterlo por allí; ya habría tiempo después. Con el dedo índice de mi mano, froté su sonrosado orificio anhelado. Vi como se fruncía cerrándose. Luego se abriría nuevamente. Encaminé mi lengua hacia él y lo lamí. Lorena me dejaba hacer, ya no evitaba que le hiciera en su culo. Introduje apenas mi dedo en su ano, y le di vueltas. Eso le agradó, respingó sus nalgas y las abrió separando sus piernas aun más. Comenzó a gemir, estaba por venirse. Aceleré el movimiento de mi lengua dentro de su vagina hasta que se humedeció, producto de su orgasmo. Ella dejó de lamerme la verga cuando comenzó a venirse, pero una vez que terminó de gozar su orgasmo, aceleró sus movimientos, se sentó en mi vientre y me masturbó hasta provocarme que mi semen saliera disparado hacia sus pechos. Aun cuando ya me había venido, ella siguió masturbándome, pues sabe que me gusta que lo haga un rato más, hasta que dejara de salir por completo mi semen. Tomó un pañuelo desechable y limpio la leche que había quedado en su mano, luego me limpió el vientre. Se fue al baño para asearse. Yo me puse de nuevo el pijama y me acosté dentro de las cobijas, esperé que ella regresara, la besé y le di el “hasta mañana mi amor” de siempre.

Cuando llegué a casa, Lorena estaba ansiosa, ya había acostado a Fernanda. Me sirvió de cenar y subimos a nuestra recámara. En el camino fui a ver que mi hija estuviera realmente dormida, lo estaba, le di un beso en la frente y cerré su puerta. Ya en la nuestra, Lorena pasó al baño para cambiarse, cuando salió me dijo:

- Mira lo que compré para ti.

Traía puesto un baby doll negro, transparente; sus voluminosos senos podía verlos perfectamente. Sus pezones resaltaban a la vista, erguidos, diminutos. Traía además una tanga de hilo dental negra, con encajes dorados, que cubrían el contorno del diminuto triángulo que cubría su monte de Venus depilado y podía verse su rajita. Estaba en verdad excitada. Esperó a que me desnudara y me pusiera el pantalón del pijama. Se sentó por fin a mi lado y me pasó la Laptop que ya tenía en sus manos. La encendí y cargué la página de los relatos. Ahora eran ya 127 las lecturas que habían hecho, y había 4 comentarios más. Ella me los leyó. Algunos pensaban que era una historia bien estructurada, otros simplemente que les gustaba, pero ninguno se puso a pensar que eran verdaderos, al menos no comentaron nada al respecto. Cuando abrí nuestro relato, le mostré el texto que ella había escrito; le sorprendió que ya estuviera colocado en internet. Me preguntó que cuando lo subí, pues apenas ayer lo habíamos redactado. Le dije que lo hice durante el trabajo, en mis ratos libres. Me preguntó que si no me daba temor que Sofía –mi secretaria- los fuera a ver. Le dije que no, que en realidad se lo había dado a ella para que revisara la ortografía. Casi me tira de la cama del almohadazo que me dio. Los dos nos reímos. Me besó. Parecía una chiquilla con juguete nuevo. No la había visto antes así. Le dije que esa noche ella me dictara la parte que faltaba de los juegos, y yo la iría escribiendo, como habíamos hecho. Dijo que sí. Se recargó en mi hombro y comenzó a dictarme:

“En el siguiente juego, cuando los hombres salieron con Vania de la habitación nos quedamos las 3 mujeres platicando de todo menos del juego. Esperábamos a que regresara Vania. Cuando lo hizo nos dio las indicaciones siguientes:

- Nuestros maridos, entraran a esta habitación con los ojos cubiertos sin poder ver nada, ellos no podrán hablar nada ni con ellos ni con nadie. Cuando entren ellos, aplaudan para que el ruido los desoriente y no sepan dónde está su esposa. Ellos se van a acostar en los colchones y voy a dejar un espacio entre cada uno suficiente como para no tocarse. Eviten que ellos las quieran tocar. A mi señal se van a colocar cada una con el marido de otra con un pie a un lado del cuerpo de él y otro al otro lado, es decir ellos quedaran acostados entre sus pies. Nuevamente a mi señal, ustedes se sentarán sobre ellos, procurando que los genitales de ambos se rocen, pero sin penetración, ok? Froten su cuerpo contra el de ellos provocándoles una erección, la primera parte requiere que ellos estén con sus miembros erguidos para la segunda parte, a ver quién de nosotras gana en esta parte. A mi señal cambiaran de pareja, sin que sea su marido aun. Esta vez podrán acariciarles sus penes para excitarlos aun más, al siguiente cambio se cambiaran, pero esta vez busquen a sus esposos, para que se sientan en libertad de hacer lo que seguirá.”

“Vania continuó diciendo:
- Cuando estén sobre su marido, podrán hacer lo que deseen con él, pero solo sentadas. Yo daré una señal más para cambiar, lo harán pero regresarán a su esposo, solo es para confundirlos. Continuarán haciendo lo que quieran con ellos. Ganará la primera que masturbándolo lo haga venirse antes que los demás. El juego acaba hasta que se venga el último de los hombres. ¿Ok?”

“Todas dijimos que sí. Iba a ser algo muy excitante, pues sería yo la que haría y no ellos. Y ninguno sabría que era yo. Eso me gustaba, hacer y quedar en el anonimato era apasionante.”

Luego que los hombres entraron y se recostaron, pude ver a los cuatro a la vez, mirar cuatro vergas a la vez sí que es provocativo. Ninguno tenía erección, todos estaban flácidos. Pude darme cuenta que la más grande de todas era la de Carlos. La de Mario era como la de mi marido, y la pequeña por decirlo así era la de Darío. Pero eso era sin erección luego las cosas podían cambiar. Escogí a Darío, me fui a poner sobre de él y esperé la señal de Vania, que estaba sobre Mario. Ella dio el aviso y todas nos flexionamos sobre aquellas débiles lanzas. Tomé la de Darío y la acaricié con los dedos esperando que se empezara a endurecer, la froté contra mi vagina. Eso le agradó, pude sentir en mis dedos como iba creciendo su verga. La froté contra mi clítoris, si iba a darle algún placer, pues yo podía recibir algo a cambio, me excitó sentir su glande tocar mis labios vaginales. Me mojé y mojé la cabeza de su verga. Luego vino el primer cambio. Esta vez pasé sobre Carlos, me impresionaba su tamaño, había crecido lo suficiente y erguida bien medía más de 20 cms. Me flexioné sobre ella y la tomé con mi mano, me senté en su pecho, poniendo al alcance de su boca mis nalgas. Las cuales él tocó con su lengua. Yo lo masturbaba, su lanza sobresalía por mucho la empuñadura de mis dedos, subía y bajaba delicadamente mis dedos friccionando su glande. Respingué mis nalgas dejando que su lengua intentara buscar mi culo, lo cual hizo y me dejé hacer por su lengua. Dejé caer un poco de saliva sobre su verga y seguí masturbándolo, ahora resbalaba entre mis dedos. Llegó el segundo cambio. Me coloqué sobre Ian y me senté inmediatamente introduciendo su verga en mi coño. Deseaba ser penetrada, después de tener la de Darío y Carlos a mi entera disposición. Con los jugos que segregaba no tuve problemas para que en el primer intento toda se me fuera hasta fondo. Deje que se saliera de mí y me levante para “cambiarme” de lugar, aunque volvería a mi esposo. Quise verdaderamente confundir a mi marido, bien podía metérmela nuevamente – que lo estaba deseando- pero preferí romper el juego. Así que le hice sexo oral. Me la metí a la boca y le succioné aquel mástil que apuntaba al techo. Vania dio aviso de un cambio más, pero nos hizo la seña que regresáramos con nuestro hombre.

Me senté esta vez sobre el pecho de mi esposo y lo masturbé hasta que se vino, arrojando un chorro de semen tan fuerte que fue a dar a mi pecho y cuello. Como sé que le gusta que siga masturbándolo aunque se haya venido, lo hice así. Tomé sus bolas entre mis dedos y las acaricié. Me puse de pie y me reuní con las demás. Vania anunció que yo era la ganadora, y me entregó un juego de ropa interior negra como premio, me gustó, estaba muy elegante, luego todos pidieron que me lo pusiera. Lo hice. Fui con mi marido y lo tomé de la mano, salimos a la sala a sentarnos y a beber algunas bebidas que Darío preparó. Yo no iba a ser la única que trajera algo de ropa, así que me desnudé. Me gustaba estar desnuda entre los demás. Me daba la sensación de ser yo, me hacía sentir atractiva. Siempre una mujer sabe cuando atrae a un hombre por la elegancia de vestir, por la ropa que usa, pero esta vez sí atraía la mirada de alguno de los presentes era por ser yo, sin ningún artificio u objeto. Y sí que la mirada de por lo menos uno, estaba sobre mí.”

Lorena dejó de leer. Yo había dejado de escribir, en un momento, su relato me absorbió y me olvidé de escribir. Ella se dio cuenta, pero siguió leyendo sin importar que no escribiera, podía hacerlo después. Me había tomado ahora a mí por sorpresa su manera de sentir y ver las cosas. No imaginaba a mi esposa con un lívido tan fuerte. Me miró y dijo:

- ¿Quieres que continuemos mañana? Porque escribí todo de una vez…
- No es muy tarde, podemos seguir si lo deseas, -le dije-
- Sí, si quieres. Solo que quiero pedirte un favor…
- Concedido. Dime lo que quieras.
- No sé cómo decirlo, pero vas a enterarte de algo que quizás te incomode y hasta te moleste, pero escúchame y luego lo platicamos, por favor.
- Me vas a tener en ascuas, -le respondí- no imagino qué pero voy a escucharte con atención.
- Gracias. – y comenzó a leer, nuevamente dictándome-

- “para todas fue una sorpresa que Mario nos llevara a un lugar aparte de nuestros esposos. No teníamos idea de lo que se proponía. Fuimos y cuando entró con nosotras y cerró la puerta me preguntaba qué iría a hacer. Nos dio instrucciones que nos vendáramos los ojos, dijo que no podríamos tocar a nadie, que el juego sería similar al que acabábamos de jugar. Aceptamos. Después de todo sería un juego más. Mario salió con los hombres. Todas nos cubrimos los ojos y esperamos que entraran. Escuchamos que entraban, los nervios me comían. Nunca supe cuando apagaron la luz, pues en verdad que nada se veía con esas vendas. Alguien me tomó de la mano y me guió para llevarme a un lado apartado del centro donde estábamos las cuatro. Caminé con recelo. Me puso una mano en el hombro y me indicó con un movimiento que me sentara en el colchón. Lo hice. Sentía un frio recorrer por mi espalda, no sabía qué iba a hacer conmigo ni quién lo iba a hacer.”

- “Me recostó. Me fue difícil aceptarlo porque una cosa es saber con quién estás pero otra no saberlo y mucho menos lo que haga contigo. Cerré mis piernas y con una mano me cubrí mi pubis. Con la otra mis senos. El se sentó sobre mis muslos y comenzó a acariciar mis hombros. A mordisquearlos. Luego lo hizo con mis orejas. Eso me excitó mucho, pues es una zona que me resulta muy sensible. Con su lengua jugueteó en mis oídos. Eso hizo que me fuera sintiendo menos tensa, pues me gustaba lo que sentía. Tomó mi brazo y lo fue mordiendo suavemente, desde el hombro hasta el codo; me causó un hormigueo y sacudí mi brazo, sin querer lo golpee. Por reflejo quise tomarlo donde creí haberle pegado, pero recordé que no podía tocarlo. Así que bajé mi brazo a un costado, dejando descubiertos mis senos. Mi pareja se dio cuenta de ello y se encaminó hacia mis tetas, llegó a ellas y dio de pequeñas mordidas al derredor de mi pezón sin tocarlo para nada. Sentí que me mojaba. Esperaba que se metiera el pezón a su boca y lo succionara, pero no lo hacía, solo mordía la areola. Paso al otro seno. Repitió lo mismo en este. Echó su cuerpo hacia arriba de mis muslos, haciendo que sus genitales tocaran la mano con la que me cubría los míos. Sentí sus bolas sobre mis labios vaginales, mientras con la lengua comenzó a lamer mis pezones, primero uno luego el otro. Eso los endureció, yo suponía que era Darío, pero mi cabeza quería que fuera Carlos.”

- “De pronto, me giró boca abajo, sobre mis pechos. Y se colocó en el colchón entre mis piernas. Se recargó sobre mis muslos con su pecho e introdujo su lengua entre mis nalgas. No pude evitarlo, me tomó tan de sorpresa que cuando quise apretarlas ya estaba su boca y su lengua lamiendo mi orificio. La pasó una y otra vez por sobre de él, intentando meterla. En eso, se levantó y se apartó de mí. Por un momento desee que siguiera, pero por otro lado dejé de pensar en Carlos. Por alguna razón se me había metido en la cabeza; no entendía porqué pero mi interior deseaba estar con él. Sin saber qué sucedía. Permanecí en esa posición. No sabía qué hacer. Unas manos tomaron mis caderas y me jalaron hacia arriba, mis rodillas y mis brazos quedaron como patas. Nuevamente una boca entró entre mis nalgas. Tal vez por la posición, o por la sorpresa o porque deseaba sentir lo que estaba experimentando, dejé que me comiera el culo completamente, es más en un momento me hice hacia atrás para que su lengua entrara por mi orificio. Quitó su rostro de entre mis nalgas y sentí el peso de su pecho sobre mi espalda. Una lanza de carne rígida tocó mi ano. Sentí otra vez escalofrío, intenté hacerme hacia delante para evitar ser penetrada por donde nadie lo había hecho. Desee saber quién era porque mi esposo sabe que no me gusta hacerlo por allí, entonces no podía ser él. Nuevamente imaginé que era Carlos. Volvió a meter su boca en mis nalgas, me lamió el orificio y luego metió uno de sus dedos en él. Pensé en mi esposo y lo que estaría haciendo, y con quién, tal vez estaba con Lía porque vi que se gustaban y atraían. Eso hizo que me corriera un frio por toda la espalda, desde mi nuca hasta mi culo; y decidí que si era Carlos el sería quien me cogiera por el culo. Solté la tensión de mi cuerpo y aflojé mi cadera, su dedo seguía dentro de mi orificio, luego fueron dos dedos, y levanté las nalgas para que siguiera. Escuché la voz de Mario y quien me estaba acariciando, me soltó y sentí que se puso de pie. Me quedé con el deseo de entregarme a ese hombre para que me penetrara por el culo; quien llegó a mi lado, me giró boca arriba y se sentó sobre mi vientre. Sentí su verga sobre mi pecho, la cual fue a quedar entre mis dos tetas, las cuales él tomó y con ellas sujetó su verga. Por unos segundos pensé que era mi esposo, pues esa posición le gusta a él. Quien estaba sobre mí, se fue acercando hacia arriba, en dirección a mi cabeza, de tal modo que su verga llegó a tocar mis labios. Al sentirla por reflejo abrí la boca y con mi lengua busqué el instrumento que intentaba penetrar en mis labios. Su sabor me fue familiar, por lo que abrí toda mi boca para que entrara aquel verdadero dardo. Sentí que nuevamente habría algún cambio, pero no. Solo me volteó como me encontró. Me puso boca bajo y me alzó de las nalgas, para meter entre ellas su lengua.”

- “Mis sentimientos estaban confusos, creí que era Ian, pero él sabe que eso no me gusta y él no lo hubiera hecho. Así que supuse que no era mi marido. Carlos entró de lleno a mi mente. Me dejé hacer. Abrí mis nalgas y las levanté para que su lengua entrara en mi ano. Las pegué al rostro de quien me comía el culo, en eso introdujo dos dedos en mi orificio y eso hizo que me viniera. Pude sentir como me escurría, jamás me había venido excitada por el culo, pero era placentero. Mi acompañante pasó su lengua por mi orificio y bebió mi orgasmo. Sentí como su glande intentaba penetrar mi pequeño orificio, y me aparté, pero pensé que era ahora o nunca. Me hice hacia él para clavarme su fierro en el culo, el cual logró entrar en parte. Me detuve, sentía algunas molestias, pero el placer de ser penetrada por Carlos me dio ánimo para seguir. Poco a poco fui reculando para que entrara en mí aquella verga hasta que entró toda. Me dolía, pero era un dolor placentero. Mi penetrador comenzó a entrar y salir en mi culo. La sensación es muy diferente a ser cogida por la vagina. No es el mismo placer, pero si hay placer. Sentía su opresión dentro de mi vagina en otros lados diferentes a los lugares donde siento cuando soy penetrada por delante. Mi ano trata de contraerse para expulsar lo que lo está penetrando y esas contracciones son las que causan el placer, porque son seguidas. Me había gustado ser cogida por el culo. De pronto sentí un rio caliente mojar mis entrañas, era un calor grato, sentí que quería expulsar aquel líquido de mi interior junto con el émbolo que lo había introducido. Sentí como aquella barra de carne comenzaba a perder su dureza y a salirse de mi interior, había sido incomodo pero me había gustado. Quizás el pensar que fue Carlos quien lo hizo me resultó más placentero. Se salió por completo de mí. Aun sentía mi ojillo dilatado pero esas contracciones me daban aun algo de placer. Con sus dedos se dedicó a excitar mi concha hasta que me hizo venirme. Me soltó. Escuché a Mario en la distancia. Por lo menos él no había sido. Mario pidió que nos quitáramos la venda de los ojos, y cuál fue mi sorpresa -al verlo a mi lado- que si había sido Carlos a quien le había entregado mi culo.”

Cuando Lorena mencionó estas últimas palabras, calló. Había terminado su relato. No había escrito nada, solo me había dedicado a oírla. Al fin sus hojas estarían allí para luego ser trascritas. Ahora fui yo el que tomó aire con fuerza y suspiré. La abracé y busqué sus labios, para besarla. Nos besamos.

Ella apartó su boca de la mía y dijo:

- Yo sé que tú siempre quisiste hacerlo por allí, y yo no lo permitía por temor al dolor. Pero esta vez no pude resistirme. Lo siento.
- ¿Qué fue lo que te provocó el aceptar hacerlo por detrás?
- No sé, en verdad no sé. Como ya leíste, fui tocada muchas veces por ahí esa noche. No sé porqué a los hombres les gusta… bueno ahora lo sé, pero…
- ¿Fue tal vez porque era Carlos?- dije-
- No lo sé. Si me atrajo el pensar en él. No sé si me entiendas, de otra manera no me fijaría en él, pero verlo desnudo me provocó una excitación, se me hizo fácil pensar en él…
- No te preocupes, no te sientas mal por haber pensado en él solo quería saber si era porque tenías ganas de que fuera él.
- Tal vez, no lo puedo saber aun; me sorprendo yo misma en haber aceptado hacerlo por allí.
- Bueno, pero… no habrá sido la única vez, ¿verdad?

Sonrió levemente y dijo:

- Espero que no, y deseo que seas tú el siguiente porque como ya supiste, me resultó grato.
- Claro que deseo ser el siguiente, que te parece mañana por que ahora ya es tarde y debo dormir para ir a trabajar.

Apagué la laptop, luego la luz y nos acostamos. Antes de dormir le di un beso y como todas las noches le dije:

- Hasta mañana mi amor.

Ella me besó la mejilla y me dijo:

- Gracias por comprenderme, te amo.

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