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Confesiones Utha: mi sobrina rubia con coletas

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Relato enviado por : Kharlo1 el 01/02/2005. Lecturas: 7514

etiquetas relato Confesiones Utha: mi sobrina rubia con coletas .
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Resumen
Mis manos acarician los costados de mis muslos y empiezo a desear que mi boca admita la entrada de esta barra de carne, que me da tanto placer. Noto como se me desliza dentro y me llena, pero me palpita entre los labios y sobre mi lengua y en todo el...


Relato
Confesiones de Utha: mi sobrina, una rubia con coletas-I

Como yo sabía que él, mi tío vendría, me he puesto carmín en los labios; pero no uno de esos pringosos, si no uno de un tono morado y que delimita perfectamente mis labios y boca. Sé que le gusta ese tono, y ahora cuando tomo su "cilindro de carne", sujetándolo entre mis labios, sin manos el cilindro de carne me siento bien.

Mis manos acarician los costados de mis muslos y empiezo a desear que mi boca admita la entrada de esta barra de carne, que me da tanto placer. Noto como se me desliza dentro y me llena, pero me palpita entre los labios y sobre mi lengua y en todo el interior de mi boca. Me siento saciada, repleta de su vigor vivo y en movimiento. Además lo puedo mirar, y oler. Noto sus venas y conductos inflados y túrgidos, pasando entre el túnel abovedado de mi boca.

He de aclararos que tiene su órgano amatorio circuncidado, y que contrasta la parte superior, que luce un color rosa que me resulta cautivador, con la parte del medio y abajo, que luce un color carne más moreno. Todo ello se delimita por la cicatriz de corte que le hicieron para circuncidad. Notos ese zigzag entre mis labios. Y semejo sorber y apretar un chupete cuando me quedo con el glande entre los labios. En esos momentos no puedo menos que mirar la barra de carne, mirar su bello púbico recortado. Me fijo especialmente en el que tiene en la base de callo.

Y al poco rato:

U-Mi boca hace surgir, un gran: ¡Oooom, ummm!.

K-¡Si así, sigue chupando! -Me dice él-.

K-¡Así, así! -decía-. ¡Sigue ooohhh, uuuug! -continuó diciéndome...-.

U-Uuu, aaasiii. Sigue, sigue. Sigue, sigue.

Empieza a tomarme de la cabeza, con su mano izquierda y me aprieta sobre su polla. La veo entrar y salir y la noto penetrándome la boca. Y salen goterones, e hilos de saliva, que hacen como una telaraña que gotea y queda en vilo, suspendida en el aire por unos momentos. A ratos me separa de su "tranca", y me mueve, asida por la cabeza todo mi cuerpo se balancea. Y yo cuando llego, a juntarme a su pubis no puedo dejar de mirarlo. Y de excitarme. Y siento mi cuerpo llamarlo, y me gusta estar con él.

Es mi boca, pero el ruido me gusta y a él le excita; también me gusta que me llame chica. Buena chica. Y, mientras me apoyo en su rodilla derecha y en el muslo izquierdo con mis manos. Es como tantear el borde de un precipicio; pero me gusta mirar. Y veo como se sujeta su escroto, conteniendo sus testículos, y haciendo si cabe que se yerga más su falo. Yo, lo toco y lo miro, me gusta estar con él. Y dice:

K-¡Ahora, abre la boca!.

Y me la mete frotándome. Y noto como cierro y abro mis ojos, y dilato la boca y luego aprisiono su miembro viril. Y lo miro y me siento, toda dispuesta. Esperando ver se es que llega al fondo. Llega y hay como una sensación de desvarío, de ahogo y de compresión creciente. Pero me gusta el sabor. Y no es la primera vez, ha habido otros. Pero, su lanza de amor es gorda y se mueve bien; sin prisas, no como hacen algunos. Y me sigue diciendo:

K-¡Así sigue fuerte, y quítate la camiseta ahora...!

Noto como su mano, me coge de la nuca y acompaña mi vaivén. Y me gusta esa compañía y complicidad. Noto los sorbetes que le hago, y me estoy poniendo a punto. Y, me siento jodida en la boca, y a ello participo de forma activa. Además me habla y me dice eso de

K-¡Buena chica, sigue que lo haces muy bien!.

Me gusta notarla moverse fuerte. Y mi mano me roza el costado. Y él me golpea con su masa alargada de carne dando y rebotando, como una defensa de carne y me gusta eso. Y palpa con esa barra de carne; que como la antena de una hormiga, hace una búsqueda de la ruta del placer. De mi placer. Y de nuestro placer compartido.



Cuando entra en mi boca hace palanca, y empuja la pared carnosa de mi boca. Noto como me abomba y empuja haciendo que mi boca parezca saborear un chupa-chup, y me la mueve por dentro como tal. Y me da golpes con su pedazo de carne, salivosa en los dos carrillos.



Por eso empecé a hacer que nuestros horarios coincidieran y empecé a ponerme pantalones cada vez más cortos y bien ceñidos. Yo, me quedo extasiada y mientras me tocaba lo miraba y bromeaba con él. Y sigo bromeando, especialmente cuando estamos solos (premeditadamente a solas, para ser sincera). Y en eso empezó a tocarme manos, cara y brazos. Luego rodillas y cintura, para subir por la espalda. Y acabó tocándome los pechos, por enésima vez por encima de la ropa pero me gusta. Más me gusta que me toque el culo y me dé besos primero clandestinos. Y luego buscados por mí, porque su atención es personal y me encanta que luego de jugar con su boca; sea consciente de que llevo el pantaloncito rosa y me lo afloje y pida que me baje la braga.

Mi tío me dice que le encanta mi culo, y a mí me encantan sus dedos. Y lo que me hace sentir acariciando mis nalgas, can la braga sola y parcialmente quitada y rozándome el interior, en esa zona que desciende la pendiente hacia mis labios vulbares. Con la acción de masaje de su mano, acabo pidiéndole que me meta un dedo. Y luego me subo encima de su estaca. Así apoyada en el asiento del sofá, en los cojines y tomando sujeción con mis manos consigo columpiarme encima de su pene. Y voy abriéndome y sintiendo lo agradable de sentir cada una de sus estocadas, ya que esa la percepción que me transmite con su rabo.

Voy yendo acelerando y rebotando sobre él, como si fuera un colchón de pruebas gimnásticas. Me agacho y acato encharcada de jugos. Tanto que gimo muy fuerte, y deben de oír algo los vecinos. No protestan, igual les gusta oírnos. Me situó de lado en el sofá o en la cama, y vuelta de lado veo como me la cuela. Mientras, a ratos consciente de mi cuerpo, me masajeo con mi mano derecha, toda yo; y noto que cada vez estoy más sudorosa y oigo gimo al compás de estos nuevos envites, que él me da. Él también gime, y eso me estimula a seguir, con más interés.

Sé que mi cara hace muecas, pero no ceso hasta que llego. He sentido, que a veces me mete uno de sus dedos o dos en mi chucho haciendo que nos vengamos. Pero antes han sido unos momentos en los que no puedo de dejar de decirle que lo quiero. Y que me haga mas cosas. Al estar abierta de lado, con todo el culo depilado me siento obscena, pero es un tipo de obscenidad que he perseguido, por eso me rasuré ahí atrás.

También me arregle los contornos de la vagina, desde donde va el elástico de tanga, a los lados y en él triangulo con su vértice hacia abajo. Y mientras me entra así, me siento muy abierta y ofrecida en W, con mis piernas separadas y en dispuesta para que él vea el tono ligeramente dorado de mis muslos y pantorrillas; así le ofrezco los labios mayores y los menores ya levantados ; y así le es más fácil masajear y tocarme en todos los lugares que desee. Sintiendo que por un momento me acaricia el vientre y mis senos, y luego se agarra su émbolo carnoso, lo afianza fuerte y lo restriega para hacerlo entrar, y me derrito al sentirlo moverse sobre mi intimidad.

Luego, se toma la "polla" se retira pero con lentitud, da algún golpe fuera, me hace desearla dentro y me muevo para conseguir eso, mía manos van a abrirme más para ofrecerle facilidades a su entrada y la mete, apretando y recorriéndome escalofríos, paladeo cada momento según me embiste al hacerla volver a entrar. Y me hace sentir, dulcemente presa de él.

Soy yo misma la que me abro más, y le digo que siga así. Me veo con mis aureolas salidas y los pezones se despuntan como diamantes. Y me dejo llegar, pero saboreo cada escalón de placer.

"La mamada de su pene": no es en sí misma un fin; es una parte de nuestro juego. Me gusta sentir sus caricias y que se vierta después de penetrarme y hacerme gozar. Preferiblemente, que aguante mi primera corrida y en la segunda o tercera ocasión en que yo llego: "que sea entonces, coincidiendo con mi placer -o bien, un poco antes o después-, sentir como se vierte su semilla sobre mí. A veces él sentirlo venirse, me desata mi propio orgasmo, otras veces si ya lo he iniciado veo que se me intensifican las contracciones y que se vuelve más fuerte.

Algunas veces se vierte sobre mi pubis, entre mis labios o salpicando incluso hasta mi vientre; otras oportunidades, se concentran en repartir su leche sobre mis labios y luego la empuja dentro. También yo, reclamo algunas descargas sobre mi cara, o dentro de mi vagina. Para ello, se la tomo y agarrándola; la guió y sostengo, hasta que me sale.

La sensación de tenerla entre mis manos, y utilizarla como brocha o grueso pincel; esparciendo sobre mi cara y saltando entre mis manos me pone muy excitada. Y por eso, me resulta placentera la acción de mamarle su falo. Yo sé que el también me dejará satisfecha y que algunas veces coincide con la acción de que me coma mi concha, en un lindo 69.

Como amantes, nos sentimos dispuestos y felices; a veces tenemos notas de egoísmo, otras veces la entrega es plena. Las mujeres, nos entregamos más plenamente; solo para ver la felicidad iluminarse en la cara del ser que amamos. Y lo que en otro momento podríamos creer acciones y palabras vulgares, con quien amamos es legítimo y genuino amor.

Si confío en él, en mi amante y él en mi, por ello, los dos nos damos placer de variadas formas. Algunas son placenteras en mayor grado para uno que para el otro, e incluso puede que solo en un marco de mucho entendimiento y comprensión lleguen a darse. También, puede darse la felación no como amor, sino como una forma de hacer, que la pareja se corra y deje de darnos la lata (se consigue una corrida rápida y ya estamos libres de su carga). Pero, si él nos hace felices, y hasta se esfuerza en entendernos, también nos esforzaremos en que él, nuestro amante, sea tan feliz como nosotras seamos capaces de conseguir.

Todas esas prácticas amatorias, son variaciones para darnos placer a nuestros amantes y que nos excitan también al realizarlas; más no suelen ocasionarnos un orgasmo, al realizarlas mientras las realizamos –salvo contadas ocasiones-. Son una parte de nuestros juegos amorosos, que hacemos sabiendo que quien nos ama también me hará otras cosas que nos darán mucho placer.

A mí, realizar las cosas que le gustan a quien amo me da, un poco de gozo. Digamos que haciendo eso, me uno a su felicidad. Lo mismo le sucede a quien me ama, cuando me abraza y me acaricia con cariño y se aprieta a mí. Y a nivel más íntimo. Yo misma, también siento placer y doblemente si él me come mi coño: eso es para darme propiamente placer a mí y si veo que lo hace con ganas, que se aplica eficazmente "mi excitación" se incrementa notablemente. El hecho de que yo me excite más también es positivo para él, pues con ello estaré más dispuesta a darle más cosas y ha hacerlas con más ganas...



Confesiones de Utha: mi sobrina, una rubia con coletas - II

Son estas las confesiones, de una chica rubia, que luce unas lindas coletas y a la que le gusta mamar las "pollas", de quienes hacen surgir su amor. No es que esa sea una acción gratuita. Se trata, de ampliar la realidad, no porque la acción de mamar sea un placer en ella misma. Los juegos amorosos, son variados y entre ellos entran las "felaciones" e igualmente entran los "cunnilinguos" y los "besos negros", las "lluvias doradas" y muchas cosas más.

Las prácticas amatorias, son variaciones para darnos placer a nuestros amantes y que nos excitan también al realizarlas; más no suelen ocasionarnos un orgasmo, al realizarlas mientras las realizamos –salvo contadas ocasiones-. Son una parte de nuestros juegos amorosos, que hacemos sabiendo que quien nos ama también me hará otras cosas que nos darán mucho placer.

A mí, realizar las cosas que le gustan a quien amo me da, un poco de gozo. Digamos que haciendo eso, me uno a su felicidad. Lo mismo le sucede a quien me ama, cuando me abraza y me acaricia con cariño y se aprieta a mí. Y a nivel más íntimo, también siento placer doblemente si él me come mi coño: eso es para darme propiamente placer a mí y si veo que lo hace con ganas, que se aplica eficazmente "mi excitación" se incrementa notablemente. El hecho de que yo me excite más también es positivo para él, pues con ello estaré más dispuesta a darle más cosas y ha hacerlas con más ganas

Yo soy una chica joven, de 18 años, rubia, de pelo liso natural, recogido en dos coletas laterales. Me gusta llevarlo así pues me siento más cómoda, sobre todo cuando estoy en casa. Tengo puestas, en estos momentos unas sandalias, tipo "xanclas", esas compuestas de unas tiras que se sujetan a las suelas, que les sirven para sujetarnos los pies, pero tengo los dedos, talones y empeines bastante sueltos. Las tiras de estas sandalias son de plástico transparente. Encima me he puesto una camiseta gris, con un número de dos dígitos, y también una inscripción hecha en letras blancas; eso va en la parte delantera, por detrás es lisa y lleva las dos mangas cortas.

Al moverme, se me separa un poco desde abajo, se me queda acampanada, separándose a medida que me giro y doblo, quedando flotando, a unos dedos de la cintura de mi cuerpo. También llevo puesto un pantaloncito, de color rosa, con un cierre de botón metálico y la cremallera en la parte delantera, también es metálica y de tono rosa, pálido. Hoy, como otras veces, que me quedo sola en casa; procuro estar cómoda, sentirme bien. A hay algo más, mi nombre, me lo reservo; aunque os hablen de mí, sé que eso lo respetarán, pero digamos que podéis llamarme Utha: ok.

Nuevamente sé que como las otras ocasiones, tengo a mi persona amada conmigo, sí porque ha venido mi tío y se ha decidido a quedarse unos días. Ha entrado, abriendo con su llave y me ha saluda, me da un par de besos. Y pasa, como en un prólogo, para acomodarse dentro del cuarto de huéspedes. En esa estancia, ha dejado sus cosas, ese cuarto era el que antes de venir él (pues vivía fuera), dedicábamos a acomodar a las visitas. Es la habitación que él suele usar cuando viene, para descansar; y sé que se quedará desde hoy miércoles, hasta la tarde del domingo. Sé porque toma esa habitación, por guardar las formas, con mis padres. Si él es parte de la familia, es un miembro de la casa. Por mí podría tomar la otra cama de mi habitación y acompañarme. Y sé que él lo haría encantado, y yo asimismo me sentiría satisfecha; pero esto, estimamos que no sería del gusto de mis padres; no creo que lo vieran bien, especialmente por mi madre, hemos de guardar las formas. Pero nosotros tenemos nuestros ratos, nuestra intimidad, de tapadillas de momento, y esto dura casi 2 años.

Bueno, centrándonos en el tiempo presente: él pasa mucho tiempo con nosotras, con mi madre y conmigo; es algo que nos gusta, sentirnos acompañados por un hombre, especialmente si es correcto y educado. Mi tío, nos es nada criticón, ni fiscaliza nuestras salidas y entradas, pero sabe estar ahí, y lo hace casi siempre que mi padre está fuera de casa; y mi padre viaja mucho.

Él, mi tío, me ve como la mujer que realmente ya soy, a mis 18 años; finalmente he conseguido interesarlo por mí. Y, como deseo el se ha puesto cómodo, sale con un pantalón tejano, de tela descolorida, con algunos rotos y con sus zapatillas deportivas, de piel y marca Adidas y ajustándose su cinturón y un jersey de cuello redondo medio suelto. Al salir me sonríe, de ese modo que hace inquietarme y sentir unas punzadas de deseo, en mi vientre y una sequedad de boca, de tal modo que me remuevo en mi asiento, mientras lo miro y me humedezco los labios.

La sensación de recibir unas próximas caricias se me hace presente y esa perspectiva a mi se hace estupenda y me agrada siempre. Pero, lo que más quiero es tener de él, unas caricias, íntima y en una duradera relación placentera. El verme junto a él, junto a mi tío, se me torna una gratificación cada vez más natural e insustituible.

Tan bien estoy a su lado, que cada vez salgo menos con otros chicos; el no me lo ha pedido, pero sé que le complace; y para mí él es mi pareja insustituible. Y eso, como me siento parte de él; hasta me acuesto y despierto pensando que, un cercano día compartiré hogar y cama con él, y cuando me levante podré extender mi mano y tocarlo, abrazarle y sentir sus mimos. Y esas sensaciones, de sentirlo por toda mi piel, como ya está en mi corazón, se me pasaba por la mente; por eso no me extraño cuando al despertarme o mientras tomo en la cocina, el café de la maña, darme cuenta que me estoy acariciando un seno o el vientre, e incluso mi pubis...

No me extraño, de mi lengua se ponga semejando ser la punta de una flecha y note que se va deslizando y empujando labios y siento que recorre el tabique de mi boca, por la parte interior, y presiona los bordes de mis labios. Varias veces, me siento en una situación de ensueño, en la que estoy junto a él y él conmigo me abraza. Sé que, me siento unida a él y que agradezco la firme sujeción de sus manos y fuertes brazos. Quiero, notar como en momentos de acalore, me hace sentir el empuje de su mano en mi nuca, atrayéndome junto a él. Cuando, estamos apretados, noto en mi vientre su masculinidad y mentalmente renuevo el deseo de sentir el sabor de su pene, y de jugar un rato con las bolas y con el algodoncito de su bello púbico.

Él, mi tío y amante, me tiene muy acostumbrada a dejarme ir con él, a veces le aflojo cinturón y pantalón y deslizo mi mano dentro, donde sé que puedo mover mis dedos y tocarlo a mi antojo. Esa sensación, de poderlo tener sin prisas y jugar en su pubis, con sus cosas y tener ese dominio con mis manos, siempre me resulta demoledoramente sensual. Tanto me gusta, que se deje que lo toque, o que mientras me acaricie el cuello, me bese los hombros y me toque mis pechos, primero por encima de la camiseta y luego bajo la tela. Son esas cosas, que con otros chicos de mi edad no tengo; pues van demasiado acelerados; y casi solo se preocupan por hacer lo posible para penetrarme de forma rápida y bajarme en pocos minutos las bragas, para entrar con su polla en mi coño.

Kharlo, me hace tener la seguridad suficiente para confiarme a mis propios gustos. Y yo misma, voy dando forma a lo que siento y no me importa nada; solo quiero tener más momentos para poder soltar toda mi imaginación y dejar que mis manos fluyen por él. Mis labios son libres para besar su cuello, y mis dedos pueden despeinarlo, y subirle el jersey o desabotonarle la camisa, como de parecido modo puede tomarme tiempo en: yo le frotaré el bello de sus pectorales y le haré desear apretarme a él.

A veces, confiadamente, puedo hacer eso mientras le sacudo su verga, lentamente y siento que su mirada expresa un genuino deseo. Y eso, en sí ya es mucho, pues gozo esos momentos y los alargo tanto como puedo. Claro que en un momento u otro sus manos bajan por mi espalda y me acarician las nalgas y me aprieta hacia él; me separa y junta los glúteos; y hasta me carga un rato en sus manos, y me levanta, con una contundencia que me hace sentir columpiada y también excitada. A esas alturas ya estoy bastante húmeda y tengo los pezones duros, y me siento ir licuando y deshaciendo mi placer cada vez más acentuadamente.

Veréis siendo libre y sin tener prisas ni miedos, le disfruto mucho como pareja y me siento llena con esa sensación. Y eso, me deja reposar y luego puedo activar mis apetitos y lujurias especialmente cuando su mirada y sus maneras me animan a continuar y realizar mis pequeñas fantasías. Y me dejo ir a cámara lenta: las ganas acumuladas me hacen bajarme, arrodillarme y liberarlo de su slip y poder ejercer una aspiración y luego el lamido longitudinal de esa verga que tiene, que es parte de su encanto.

Soy guapa, pero casi me siento no merecedora de él. Le noto agradecido y pendiente de mí, me da mimos y aprecio sus mimos al darme toques, que acrecientan nuestra complicidad y de algún modo acaba dejándome suelto mi cabello, que es como lo tengo ahora pues las manos de mi tío me han quitado las gomas, de las dos coletas. Y noto que al acercarme a lamerlo, tal como estamos sentados sobre el sofá, yo voy sintiendo e inventado distintas formas rozarme a él, con cada uno de mis pezones. Es una sensación que me electriza. No chupo muchas pollas, por un motivo concreto: "uso una prótesis correctora, de hierros en la boca"; parece que no se dan cuenta que si puedo comer y no me hago daño, estoy capacitada para acariciarlos íntimamente. Yo, sé tener la suficiente delicadeza, como para no hacerles daño, en esa parte tan sensible del hombre.

Esa prótesis, que llevo, me tiene por debajo de mis posibilidades y méritos. Y, me da ciertos complejos; ya que los chicos, son un poco reacios a darme besos con lengua y tocar con la lengua, por miedo a los hierros. Y no os digo el terror que les entra, y los reparos que me ponen, a dejar que su pene entre mis labios y más si quiero que sea engullido limpiamente, y se cuele dentro; pero eso se lo pierden, por tontos. ¿Se deben de creer, esos chicos que yo soy una nueva especie de piraña? Pues, algo así se les pasa; temen alguna mutilación acaso. Pero bueno, acaso no saben que yo me lavo varias veces al día la boca y que limpio bien a conciencia los dientes.

A mí me gusta que mi pareja, sepa tener esa experiencia, para confiarse a mí y que yo lo note a gusto a mi lado, incluso entregado, por momentos a lo que pueda surgir entre los dos. La tranquilidad, que he ido consiguiendo con mi tío, no la hubiera logrado con ellos, que van con prisas y reservas de entrega. Pues, mi tío y yo:

--primero empezamos con bromas y miradas.

--luego, llegaron roces y algunas caricias, aisladas.

-- y más tarde las caricias cada vez eran más seguidas y enlazadas, como una sucesión cada vez más deliciosa.

Establecida, la naturalidad y la naturalidad de mantener una íntima complicidad creciente, fue surgiendo el deseo de hacerlo mi pareja y que me considere suya; también quiero que se me reserve, tanto como pueda lograr. Y como, cada vez me hace relajarme más junto a él, incluso durante los juegos amorosos, me sentía mejor a su lado que con otros y hay bromas y risas, que surgen por ellas mismas.

También me esfuerzo más, en tenerlo contento, ya que lo he visto besar a algunas otras chicas y mujeres y me da muchos celos, pues sé que le gusta mucho a ellas también. Por eso también, le doy cosas que me cuestan un poco; no sea que se las niegue y las vaya a buscar con otras; y considere que soy aun una cría.

Como se me va la cabeza, en esas fantasías, pero siento que ahora me habla, que está conmigo y lo alegre que me puse con él. Todo porque, al salir de su cuarto, me ha dicho:

K- Vaya, Utha: Estamos los dos a solas en casa.

U-Si, lo sé –claro, por eso voy vestida así, para que repare más en mí-.

Él se controla exteriormente, pero sus ojos, me hacen saber que le gusto.

K-Ya sabes lo que hacemos, otras veces.

U-Sí, tu también lo sabes.

Soy un poco provocadora, pero no está mal un poco de mordacidad; para que sepa que voy en serio, que no son solo escaramuzas de coqueteo.

K- Ya lo sabes Utha, lo que hacemos los dos cuando estamos solos.

U- Sí, claro. Y mira, además me he quedado porque sabía que tu vendría esta tarde.

Tras un rato, de estar abrazados y de jugar con sus manos, como os he contado antes. Me he arrodillado y me pongo con las piernas y muslos abiertos, apoyando mis rodillas y pantorrillas. Estamos sobre la moqueta del salón, me encuentro delante de él, ofrecida y a la vez demandándolo y de mientras acabo por desajustarle completamente, el cinturón y le abro las solapas de su tejano descolorido.

Por un gesto, que es debido en parte a mi nerviosismo y en parte al movimiento que imprimo a mi cuello, las coletas se mecen y el pelo del flequillo me tapa la vista y noto me lo descorro ante él. Si, el se ha tomado un tiempo y ha tomado las gomas y me ha vuelto a sujetar el pelo en dos coletas; ese tipo de cosas, me roba el corazón, los chicos no me los hacen, sino que ala: todos van "como locos", a meterse entre mis piernas. Pues con Kharlo, como tu sabes, me gusta estar así, siendo un poco su objeto de juego, pero como su amante, no como una muñeca de trapo.

Y él verlo alzándose ante mí, desde esta perspectiva, se incremente su altura, ya que yo estoy justo, con mi cara, al nivel de su cintura y verlo con el torso desnudo. Él sabe que mi madre ha salido, pues ha hablado con ella y yo misma, se lo he confirmado; además, mi padre, que es representante de mobiliario, esta de viaje (después de navidades y fin de año, tiene algunos pedidos urgentes y quiere atenderlos). Volvemos a reanudar nuestra conversación, digo de palabra; pues el cuerpo y las miradas también hablan. Y él, nuevamente me anima a seguir confiadamente; y me dice:

K-Entonces niña, tú ya sabes lo que toca. ¿Utha. Lo sabes...?

Lo ha dicho, lentamente y deletreando cada sílaba. Y eso, me hace ser consciente, de mis mismas ganas; e igualmente, de las suyas. Pues, la sugerencia es clara, e inequívoca. Y por eso le contesto:

U-Sí, lo sé...

Claro que los sé, es más lo he planeado; en la medida de mis posibilidades. Y siento, que al instante me contesta:

K-¡Eres una buena chica...!

Se ha descorrido la parte trasera de su pantalón, con ambas manos y me mira. He tomado la tela de su prenda inferior entre mis manos y se la deslizo, hacia abajo y le bajo lentamente su slip (este hecho, me descoloca un tanto). Y yo, me siento invadida por una sensación de sentirlo entrarme a mí por la mirada, y por un suave cóctel de olores; y quiero seguir interesándolo y mi intimidad esta también excitada. Por eso, me contoneo ante él, pues me he alzado y cimbreo mi cuerpo de cintura arriba. Le hago ese tipo de gestos, que le manifiestan mudamente mi ansiedad, y como me doy a él. Y parte de lo que doy es mi cuerpo (parte, pues soy más que un cuerpo).

Yo, lo deseo cada vez más y se lo digo con mi sonrisa, con mis manos y con mirada, hasta con algún gemido que se me escapa; con todo eso lo animo a seguir. A él, lo deseo mucho y me ha costado hacerlo fijarse en mí –como mujer- y ahora que lo tengo quiero fundirme con él, de modo que no necesita a ninguna otra. Y le contesto..., con el lenguaje corporal, que no solo se habla con palabras y gemidos.



Me gusta ver su pene, tocarlo y apretarlo con las manos un poco, luego más fuerte y sacudírselo. Es gordo, más gordo que los de los amigos con los que he salido antes. Sé que él está acostumbrado a sentir las manos y los labios de las mujeres; por eso, tengo derecho en que mis manos y labios borren los recuerdos de ellas, y hagan que no necesite nada más, que conmigo tenga todo eso. Yo misma, varias veces lo he visto quedar y salir con varias vecinas, cuando era más niña. Y hasta pasaban con el coche a buscarlo. Así, fue como viendo abrazarlas y darles besos y como alguna vez sus manos las tomaba por la cintura y le apretaban el culo de ellas.

Yo vi como ellas accedían y dejaban que las manos de él las acariciara; de ese modo empecé a excitarme; y note como mojaba mis bragas de niña, pero con sentimientos de mujer. Lo empecé a tener en mis sueños, y hasta tuve en mis sueños, me abrazaba y yo lo espiaba, tanto como podía y buscaba su compañía, deseando sentir lo mismo que ella. Primero en sueños, luego me tocaba a solas en mi cuarto, dentro de la cama. Y lo empecé a ver como algo más que mi tío y lo deseaba íntimamente, cada vez con más ganas, lo hizo objeto de mi deseo recurrente y a base de pensar en tenerlo, se me hizo casi obsesión.

Yo me las ingeniaba para colocarme sentaba a su lado, me ponía pantalones cortos y "tops" mínimos y blusas transparente, que lucía sin sujetador. Alguna vez note que se me erizaban los pezones y el se daba cuenta y se me trastornaba. Y alguna vez hasta como al descuido separa mis muslos, para que él viese mis bragas, bajo la falda mantenía abiertas mis piernas. Con todo eso y con mi deseo de ofrecerme a él, me mojaba cada vez más, aumentaba mi calentura. Y si antes conocía la masturbación ahora aumentaron mis ganas de tocarme; especialmente cuando conseguía tomar prestada alguna prenda de él, especialmente un slip o calzoncillo, que dejaba para lavar.

Además cuando se excita, el paquete, se le marca mucho, bajo el pantalón. Cuando está así, el no rehuye mi mirada; es más me devuelve una intensidad de pasión, que sin remediarlo pone nerviosa y me hace desearlo tocar y que me acaricie.

Lo difícil, es mantenerme separada de él. Me excito, y no se si siempre sabré controlarme si eso pasa estando alguno de mis padres en casa. Varias veces, he tenido que ir a refrescarme la cara, al lavamanos; allí, me tranquilizo y desciende la temperatura de mi cuerpo. Pero, mis deseos se despliegan, al poco tiempo necesito volver a verlo. Y busco la ocasión de quedarme a solas con él. Él lo sabe y lo nota todo, entiende: como estoy muy colada por él y me deja hacer.

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