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Cuento de verano

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Relato enviado por : Bordemar el 19/03/2006. Lecturas: 6727

etiquetas relato Cuento de verano .
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Resumen
El año pasado iba a en dirección hacia el trabajo, cuando fuí acosado por un estudiante de unos quince años más o menos.Producto de esta experiencia, se me ocurrió esta historia.


Relato
Cuento de verano.

1

Era un día a finales de febrero, cuando al verano en Santiago aún le quedaba un resto por irse. Me levanté como de costumbre a las seis y media de la mañana para irme a la pega. Había estado leyendo hasta tarde, así que desperté muy cansado. Los párpados me pesaban por la falta de sueño y tropecé unas cuantas veces en casa antes de estar lo suficientemente espabilado. Ese día debía llegar a la oficina de cabeza a preparar un informe para mi jefe, así que en el camino al paradero de micros, lo único que pensaba era en hacer un buen trabajo para no quedar mal. Iba totalmente distraído.

Todas las mañanas despierto con una gran erección, la que me cuesta un buen rato en que se me baje. Como debo ir vestido formal al trabajo, aprovecho de ocultar con el vestón el gran bulto que se me pone entre las piernas. Pese a ser caliente, y un pornófilo de primera, ya llevaba más de un año sin tener sexo. En parte creo que mi soltería y timidez para enganchar con otros tipos, también eran responsables de mis increíbles erecciones mañaneras. Por otro lado, cuando estoy muerto de sueño, por la mañana en el trayecto más me cuesta controlar esas malditas erecciones. Nunca pensé que esta condición me serviría para comenzar la aventura que a continuación voy a relatar.

2

Llevando mi pesado maletín, tomé la micro hacia la pega. Un montón de gente se aglomeró en la puerta del vehículo para subir a este, entre ellos unos cuantos estudiantes de los pocos colegios que ese año habían comenzado las clases mucho antes que el resto. Choqué con unos cuantos al subir. Es justamente por mi problema con las erecciones, que hago lo posible por no pasar a llevar a alguien cuando voy en la micro. Pues más de alguna persona puede pensar que lo estoy acosando, y obvio que no quiero problemas por ello. Además, mi órgano no es muy pequeño que digamos.

Esa mañana iba tan ensimismado en mis pensamientos, escuchando el último disco de Enya que me había comprado, cuando un chico de unos 15 años, vestido con pantalón de buzo y polerita de mangas cortas, se me puso por delante. No sé de dónde cresta salió, pero justo cuando iba subiendo, el pendejo se me cruzó y lo vine a puntear justo en todo su voluminoso trasero. No niego que el contacto con su tierno culito me provocó placer. Pero tampoco miento al decir que este incidente me urgió un poco. "Espero no se dé cuenta", me dije.

Una vez dentro del vehículo, me tocó irme prado gran parte del viaje, apelotonado junto a un montón de individuos. Iba agarrado con una mano alzada a la barandilla del techo de la micro y con la otra mano sujetando mis cosas. Entonces sentí en la entrepierna un roce inesperado. Supuse era con el cuero sintético del borde de uno de los asientos de la micro, y como ya estaba algo más excitado que de costumbre, me eché hacia atrás para evitar la incomodidad de la erección que amenazaba por asomar más entre la tela de mi pantalón. Mi acción fue inútil, pues ahora sentía en el sexo una mayor presión, que esta vez era mucho más notoria, como si me apresaran el miembro. "¿Qué cresta pasa?". Miré hacia abajo y vi una blanca mano que se había apoderado de mi ingle. "¡Mierda!" Miré hacia mi derecha y me di cuenta que el muchacho de la subida estaba a mi lado, agarrándome del paquete con un descaro que me llegó a cortar el aliento. "¿Qué chucha hago?" me pregunté. No sabía qué hacer, no me atrevía a llamarle la atención, además para qué me iba a hacer el mojigato, si la situación me había puesto más que cachondo. Además el cabro chico estaba bastante rico y hace tiempo ya que fantaseaba con fornicarme un pendejo.

El escolar apretaba con fuerza mi verga endurecida y húmeda, como estrujándola para sacarle el jugo. A veces bajaba algunos dedos para también cosquillear las henchidas bolas que me eran mucho más sensibles. Temí escapar un gemido cuando comenzó un simulacro de masturbación, que el mocoso lo hacía muy rico. Yo sólo me hacía el tonto. De reojo lo miraba y me daba cuenta que era el típico "cuiquito", o sea, el rubiecito carilindo que se notaba iba a un colegio privado gracias a la más que formidable situación económica de su papá. "¿Por qué tomará el bus, en vez de irse en el auto con su padre?". Debía medir 1.65, veinte centímetros menos que yo. Era delgado, aunque se notaba que cuidaba su figura o por lo menos tenía buena genética. Su bello rostro poseía un cutis envidiable para su edad, libre de toda espinilla o punto negro. Creo era de ojos azules, pues ello no pude apreciar bien en ese momento, mientras me hacía el huevón.

Ya estaba por llegar al orgasmo, de tan delicioso que era la corrida de mano que me estaban haciendo. Pero el miedo a que nos descubrieran y el poco gusto que tenía de eyacular con la ropa puesta aún sin haber empezado la jornada laboral, fueron más fuertes. Le agarré la lampiña manito a mi pendejito goloso para sacarla de su nuevo juguete, y me fui hasta el fondo de la micro. Al rato una señora se levantó del asiento que estaba frente a mí y me pude sentar. Me puse a leer, tratando de ignorar a mi juvenil acosador. Unos minutos después el tipo que iba a mi lado, también bajó, así que su puesto quedó vacío. Me corrí hacia éste, para que el lado en que estaba lo ocupara otra persona, y seguí en mi lectura. No me esperaba que quien se sentara conmigo fuese nada menos que el escolar. "¡Conchesumadre!" Aún me quedaban unos diez minutos antes de llegar a mi destino y por unos segundos pensé en salirme de donde estaba e incluso de bajarme antes de lo previsto. Sin embargo opté por hacerme el de las chacras y fingir que no me había dado cuenta. Al principio nada pasó. El muchacho había puesto su mochila sobre las piernas. Cuando sentí que despacito me bajaba el cierre del pantalón para introducir una mano en los dominios de mis calzoncillos, casi di un salto. Con agilidad, la mano se movió dentro de la ropa, llegó al borde del por entonces bastante mojado bóxer y me bajó parte de la prenda íntima. Jugó un resto con mi abundante vello púbico y luego tomó posesión de mi falo que ya se había adormecido, pero que ahora volvía a renacer en gloria y majestad. "No es posible esto que me está pasando. Es un sueño" quise creer, pues la conciencia ya me estaba remordiendo. "Me acusarán de corrupción de menores". Mi penca estaba que explotaba en esa mano, que a duras penas podía aferrarse a ella, de lo tan hinchada que estaba. Me mordí el labio inferior hasta sacarme algo de sangre. Dominando mi vergüenza, me incliné hacia el muchacho para decirle sólo lo siguiente:

- Para, que estoy que me corro y no puedo llegar todo manchado a la oficina.

No me dijo nada, pero por primera vez en todo el camino, nos miramos de frente, cara a cara, y una sonrisa cuasi irónica se dibujó en su angelical rostro. No supe qué más decirle.

Volví a mi lectura y unas tres cuadras antes de mi paradero, se bajó el calentón niñito.

3

Por días rememoré con sentimientos encontrados este episodio. Cuando veía en el paradero al muchacho, lo evitaba y por lo que me daba la impresión, él también me hacía el quite. Ahora me aseguraba de tomar la locomoción luego de que él tomara otra antes que yo. "Mejor para mí" pensaba.

Era una calurosa tarde, a la salida del trabajo, en que decidí irme caminando unas cuantas cuadras a comprar un libro de Stephen King en oferta que había visto por ahí. Me había sacado la corbata para refrescarme algo, llevando la camisa de mangas cortas toda mojada contra el pecho y la chaqueta sujeta en una mano. Iba a paso rápido, para evitar que me cerraran la librería, cuando sentí que me seguían. Era el pendejo de la micro. Aceleré mi paso y me hice el que no se había dado cuenta. Me metí a una multitienda para perderlo. Iba saliendo, cuando me lo encontré de frente en una de las puertas del lugar.

¿Por qué te escondís de mí?- Me preguntó.

Bueno, no me gusta que me persigan.

Es que necesito hablar contigo.

¿Y qué tengo que hablar yo con un niño chico?

Sobre lo que pasó la otra vez en la micro. Ese día sí que te olvidaste de mi edad. ¿Cierto?

Al decirme esto último me quedé helado. Me dio miedo que me fuera a chantajear.

Veo que te urgiste. ¿Cómo te llamas?

Gabriel ¿Y tú?

Armando. Yo no quiero perjudicarte, al contrario, me atraes mucho.

Pero si eres un menor de edad.

Y otra vez con la misma huevada. Creo te demostré que puedo comportarme como alguien mayor.

¿Entonces por qué te hacías el huevón cuando nos encontrábamos en el paradero?

Bueno, es que cuesta ¿No es cierto?- Y me tomó de una mano- ¿Podemos ir a otro lugar a charlar que no sea la calle? Mira que acá parecemos tontos.

Ehhhh, no sé. Creo no hay más onda entre tú y yo. ¿Qué edad tienes?

Acabo de cumplir 15.

¡Mierda! Sabes que no es bueno involucrarse con menores.

¿Y quién tiene que saber lo que pasa entre nosotros dos? Al menos yo no le conté a nadie lo que pasó entre nosotros.

Yo tengo 26. Diez años de diferencia pueden significar mucho.

Ya veremos. Bueno ¿Vamos a ir o no?

Oye, cabrito, para el escándalo.

Qué escándalo- Sólo recién su tono de voz cambió por uno más descontrolado- ¿Bueno, vamos a otro lado o no?

No sé. No me gusta que me presionen y menos que te pases rollos conmigo.

Ok. A dónde quieres ir.

Conozco una plaza por acá, bien linda y piola. Ahí podemos sentarnos en un banco.

Sólo entonces me di cuenta que ya estaba oscureciendo y me intranquilicé más aún por eso.

Bueno, vamos para allá.

Llegamos a más bien una especie de pequeño parque. Menos mal que no había mucha gente, si no lo habría mandado a la cresta todo. Nos sentamos en un banco que estaba bien aislado, entre grandes arbustos y que además era el menos alumbrado del resto, pues el farol que tenía al lado tenía la ampolleta quemada.

Dime qué tanto te interesa hablar conmigo.

¿Estás soltero?

Sí.

Genial. Yo quiero ser tu pareja. Quiero entregarte mi virginidad.

¡Estás mal de la cabeza, cabrito!

No te pongas pesado conmigo. Me doy cuenta que te caliento.

Me estaba parando para irme, cuando Armando se levantó antes que yo, puso ambas manos sobre mi pecho, empujándome de modo que me sentara.

Fíjate. No hay nadie por estos lados- Y me puso una mano en el paquete. Parado frente a mí como estaba, se reclinó y me dio un beso en plena boca, aprovechando de morderme el labio inferior y luego meterme su, supongo, casta lengua dentro. El pene reaccionó de inmediato hinchándoseme al instante. Su mano seguía en mi entrepierna.

¿Viste que te caliento? Se te paró altiro.

Eres muy lanzado…

Sí, porque desde hace meses que te había echado el ojo y ya me gustabas. Te vi varias veces en la piscina donde acostumbras ir, con esa rica zunga azul que te pones y que me ponía todo cachondo. Te debo muchas de las mejores pajas de mi vida.

Su mano se aferraba a mi miembro con gran dominio, como durante esa ocasión inolvidable.

¡Métemelo!

¿Estay huevón o qué?

No acá, obvio. Invítame a tu casa.

Ni cagando. Un atraque no más.

Te gustará tanto que querrás más.

Ya veremos.

Y se sentó a mi lado. Lo tomé de los hombros para atraerlo hacia mí y pegué su boca a la mía, pues me gusta ser el dominante cuando estoy con otro hombre. Me tenía tan caliente, que el calor del deseo me hizo lamerle entero el terso cuello, mientras tal como él seguía haciéndomelo a mí, masajeaba su miembro que para su edad se notaba portentoso. Metí una mano por dentro del pantalón de buzo y toqué unos pocos pelitos allí dentro. En vez de sentir primero la dureza de su sexo humedecido, ataqué sus tiernas nalgas, las que pellizcaba con frenesí. La piel suave de ese trasero era deliciosa y creo que si hubiésemos estado en un lugar más íntimo, le habría bajado el buzo para degustar su tierno culo. Tanteé el virginal terreno que era su hoyito, primero sólo rozándolo con el dedo del medio, y luego haciendo presión con la yema para empezar a introducirlo poco a poco. La estrechez del agujero era evidente, por eso a fuerza de mi destreza en estos placeres, me fui apoderando de su culo, que lentamente recibía mi dedo a falta de algo más digno de su suculento manjar. Armando tiritaba bajo mis atenciones de puro gusto, retorciéndose y estrujando a la vez mi verga que ya hace rato había vuelto a agarrar (para el disfrute de ambos). Una vez lo hice mío de esa forma, agarré su sexo que bastante húmedo estaba e inicié la masturbación que ya era mutua. Mi peluda mano lo bombeaba fuerte, rápida, hambrienta de sentir cómo el órgano viril del adolescente se llenaba de un pegajoso líquido. Le apreté los huevos para ordeñárselos, a ver si hacía que acabara. Armando gemía muy rico. Mientras tanto, mi otra mano recorría su plano torso y cuando le apreté una dura tetilla, Armando lanzó un gritito que con la mano que le había agarrado el falo le tapé la boca. Me lamió los dedos.

- ¿Así que este es el sabor de mi pico?. Me pregunto cómo sabrá el tuyo.

- Eso ni cagando hacemos acá.

- ¿Entonces en tu casa?

- No vivo solo.

- Vamos, no seas malito. Lleguemos al final de esto.

Lo pensé por un momento, pues el ofrecimiento de que se me apetecía, era verdad. Pero ya era mucho y se me estaba escapando de las manos.

No, mejor no.

¡Puta que eris gil! Si te dije que conmigo no había peligro.

Al contrario, mucho peligro hay.

¡Ándate a la cresta! Pensé eras más hombre. Me equivoqué contigo.

Ni ahí contigo, Armandito- Y traté de darle un tono irónico cuando pronuncié su nombre.

No importa. No volverás a saber de mí.

Eso espero.

Y cada uno se fue por su lado.

4

Era ya entrada la quincena de marzo, cuando fui invitado por mi jefe a almorzar un fin de semana con su familia. Su gentil acto, fue para premiarme en parte por la presentación de mi proyecto frente al resto de los gerentes de la empresa. Tímido accedí y me preocupé de dar la mejor impresión a su familia, en especial a su bella esposa, a la que le llevé como presente un ramo de flores.

Llegué a su casa en el barrio más opulento de Santiago justo al mediodía. Vestido con una prenda veraniega que tan sólo el día anterior había comprado: Una bermuda café, una camisa de lino blanca ajustada y que se cerraba con velcro, de mangas cortas y chalitas de cuero. Iba bastante fresco. Me abrió la puerta la empleada de la casa y apenas me senté en el living, me recibieron atentos mis anfitriones.

Gabriel, quiero que conozcas a mi único hijo. Creo que tiene mucho en común contigo, pues lee bastante y es bien deportista como tú.

¿Ah, sí? ¿Qué edad tiene?

Quince años- Y lo llamó a todo pulmón al borde de la escalera- ¡Hijito, venga a conocer a mi mejor empleado del que le estuve hablando anoche!

Sentí cómo alguien salía de un cuarto y cerraba la puerta con gran bullicio, bajando raudo la escalera. El muchacho era Armando.

El corazón se me fue a la boca y por momentos pensé que me iba a desmayar o salir pitando de allí.

Eduardo, saluda a Gabriel.

"¿Cómo, no se llama Armando?"Pensé. Nos vimos a la cara y reconocí en sus azules ojos que todo esto era para él un juego, que yo era su simple presa.

Eduardo Armando Cruchaga Arizmendi para servirle- Me dijo dándome la mano en un gesto bastante teatral.

Me presenté de nuevo.

Mi papá me contó que también eres un gran lector ¿Cuál es tu autor favorito?

….ehhhhhhhh

¿Cuál es tu autor favorito?- Repitió la pregunta con majadería. Ambos padres estaban atentos a mi reacción, como si estuvieran evaluando mi capacidad de interacción social.

Stephen King.

¡Espectacular! A ver si más rato conversamos algo sobre él, pues a mí también me gusta mucho.- Y mientras sus padres nos daban la espalda para caminar hacia los sillones, Armando muy audaz me guiñó un ojo. "Intentas joderme, cabrito, te cagó también" me dije entre dientes.

Me fui junto a mi jefe y su señora a charlar al living, allí me serví un whisky como nunca había probado y unos canapés exquisitos que eran la especialidad de la nana. Armando se había metido no sé a dónde, así que estuve más tranquilo durante su ausencia. Estuve a punto de inventar una excusa para irme de inmediato y escapar de la situación incómoda en la que me encontraba "Cuándo chucha iba a imaginarme que mi libidinoso pendejito era el hijo de mi jefe". Pero me contuve, pues quise probar hasta qué punto era capaz de sobrellevar esta aventura, de la cual tenía gran parte de la culpa. Tenía que demostrarle que yo era el adulto y que no tenía poder sobre mí.

Nos fuimos a la mesa a almorzar. Había a mi disposición un montón de suculentos platos, pero realmente era el cuerpo del unigénito de la familia el que más quería probar.

Armando llegó a la mesa apenas nos sentamos los mayores. Se puso frente a mí, sus padres cada uno a ambos lados, en las cabeceras. Estaba hablando sobre las expectativas que tenía para ese año en la pega, cuando sentí que jugaba Armando con uno de sus pies bajo la mesa y me tocaba con la planta del pie una rodilla. Se había sacado un zapato y pude darme cuenta que no llevaba calceta. Casi derramé el vino de la copa que en ese momento me dirigía a los labios.

¿Te pasa algo, Gabriel?- Me preguntó alarmada la señora de mi jefe y madre de tamaño niñito.

Disculpen, es que me acaba de dar un calambre…en un pie.

¡Yo conozco un muy buen remedio para eso!- Gritó Armando- Una buena refriega en el músculo lesionado.

Mi hijo es experto en masajes- Dijo orgulloso su padre- Si te sigues sintiendo mal, Gabriel, Eduardito te puede hacer una demostración.

Hice un curso en los scouts.

Gracias, pero no creo que lo necesite.

Cambié con prontitud el tema sobre lo primero que se me vino a la mente (lo linda que estaba la casa). Ya había recobrado mi valor, cuando ahora su juguetón piecesito se posó en mi entrepierna. Se puso a masajearme, haciéndome una paja espectacular que me la puso más dura que nunca. ¡El mocoso me estaba poniendo a full nuevamente!

Luego del postre y del bajativo, nos fuimos todos a la piscina a tomar el sol y a charlar. Armando tan descarado como ya me di cuenta que era, se bajó la bermuda que llevaba y se sacó la polera para quedar en traje de baño. Era flaquito, pero exquisito. Blanca era su piel y se le marcaban unas caluguitas y pectorales que eran un primor. Sus piernas, mostraban un fino vello castaño claro que se notaba que cuando fuera mayor sería más abundante. Fue cuando se dio vuelta para tirarse un piquero a la piscina, y contemplé su gran culo que se había convertido en mi secreta pasión, que no pude aguantar la calentura y el volumen de mi marrueco aumentó considerablemente. Me tapé con unas revistas para que no se me notara. En el agua, con la piel mojada y brillante por el efecto de la luz solar, Armando parecía un ángel.

¡Es tan inquieto este niñito!- Habló la madre.

Sí, se nota que es bien activo el muchacho.

No se puede estar quieto, salvo cuando lee. Por cierto, Gabriel ¿Deseas bañarte en la piscina?

No, gracias. Como se habrá dado cuenta, don Emilio, no ando con traje de baño.

Eso es un detalle. yo te presto uno mío.

¡Sí, papacito, convéncelo para que me haga compañía acá!

Pensé que Armando no había escuchado esta conversación, pero estaba afirmando en uno de los bordes de la piscina, con los brazos sujetos en el cemento y mirándome con picardía. Cuando padre e hijo hicieron todo para que aceptara bañarme, me puse colorado como tomate, pero les gané la batalla. Armando siguió bañándose y lo ignoré en todo lo que hacía para llamarme la atención, pero de vez en cuando miraba de reojo para donde estaba y deleitarme en su apetitosa figura. Sentía cómo mi calzoncillo se humectaba con mi líquido preseminal, que de por sí ya había corrido como una inundación.

Las horas iban pasando y la conversación era más que agradable. Yo ya me había tomado unas cuantas copas de por lo menos cinco licores distintos y ello había empezado a cobrarme la fianza.

¡Debo partir, ya es tarde!- Me levanté de mi tumbona, pero con tan poca agilidad, que mis piernas flaquearon y casi caí sobre ella.

¡Cuidado, Gabriel! ¿Por qué mejor no pasa la noche acá?

No, gracias, don Emilio. No es necesario.

No es bueno que te vayas en ese estado. Disculpa si me pasé con los tragos que serví. Te puede suceder algo en el camino, mejor pasa la noche con nosotros.

¡Para que se va a molestar! ¡Hip!- Estaba muy avergonzado por lo que pasaba, pero también apenas me podía los ojos y el cuerpo de tan cansado que estaba.

Si no estuviese también mareadito, con gusto te habría ido a dejar a tu casa. Y Mercedes no sabe manejar ¿Cierto mi amor?

Cierto, mi vida.

Así fue cómo me quedé a pernoctar en el hogar de mi patrón. Me llevaron a la pieza de alojados, que estaba justo al lado de la del niño de la casa. Apenas me había sacado la ropa, calzoncillos incluidos y me había echado sobre la cama, cuando me quedé dormido de inmediato.

Desperté a la mañana siguiente al lado de Armando, quien también estaba desnudo, con una mano sobre mi sexo y otra sobre mi pecho. ¿Qué mierda había hecho?

5



Así que tenía a Armando totalmente desnudo a mi lado. Su delgado y blanco cuerpo estaba todo sudado y entre sus piernas se veía una erección que llegaba a dar gusto. Su rostro se veía más precioso así dormido como estaba. Estuve tentado de correrle mano, lamer su salada piel y despertarlo con un beso en la boca. Reconocer lo que era su cuerpo entero para mí, pues no recordaba nada de lo que habíamos hecho la noche anterior.

Vi mi reloj, recién eran las ocho de la mañana. ¿Estarían despiertos sus padres? Quedaría la cagada si nos descubrían así como estábamos. No sólo perdería mi puesto, sino que de seguro me meterían preso. ¡Mierda!

Con cuidado me despegué del contacto de sus manos y me erguí en la cama, para reflexionar sobre cómo proceder. Me vestí en silencio para no despertar a Armando.

Por más que busqué en medio del revoltijo de la cama y el suelo, no había ningún preservativo. Sin embargo estaba seguro, conociéndome muy bien, que en mi estado de intemperancia y con lo caliente que me tenía el chico este, no me había aguantado las ganas y lo había hecho mío toda la noche.

Salí del cuarto y le dije a la empleada de la casa que no se molestara en darme desayuno, que se despidiera de mis anfitriones, pues debía partir de inmediato debido a urgentes compromisos familiares.

Estuve todo ese domingo asustado, esperando que el teléfono fijo o el celular sonaran y comenzara realmente la pesadilla. Nada pasó. Al otro día todo tembloroso llegué a la oficina y mi jefe me saludó con la efusividad de costumbre.

Pasaron los minutos, las horas y llegó el fin del día. Una semana entera dio su curso y todavía no podía dormir tranquilo esperando que mi peor miedo se realizara. Pero de Armando no volví a saber y su padre, se fue de viaje de negocios a Las Bahamas, dejándome gran parte del trabajo a cargo.

Ya era la quincena de marzo y el clima caluroso santiaguino aún no pensaba cambiar. Llegué a mi departamento y el conserje del edificio me dijo que tenía algo para mí, una encomienda. Era una caja muy grande y lo único que decía en el remitente, eran mi nombre completo y dirección. La sacudí y sonó como que el contenido era mucho más pequeño que la caja misma. De por sí era liviano. Intrigado, me fui rápidamente al departamento para abrirlo y me encontré con que el contenido estaba compuesto por dos objetos: un videocasete y una corta carta escrita en letra manuscrita. La carta decía lo siguiente:

"Hola, Gabriel:

Lo que pasó entre los dos la noche en que te quedaste en mi casa fue la raja. Me diste justo lo que quería, tener buen sexo por primera vez en mi vida y más encima con el mino que me gusta. Entiendo que te compliques luego de haberme hecho tuyo, pero ten fe de que soy de fiar, pues quiero ser tu amante (me lo metiste muy rico esa vez, de sólo pensar en ello se me vuelve a parar). Por días me dolió el culo un montón de tanto que me diste. Lo mejor fue cuando acabaste dentro de mi hoyito y luego te la chupe aún saliendo el semen de esa tremenda pichulita que me ensartaste. Ahora sé que dos hombres la pueden pasar más que bien juntos.

Lo único que no te perdono, es que te hayas ido esa mañana sin despedirte, podríamos a ver estado piolas culiando gran parte de la mañana, pues mis papás duermen hasta bien tarde y no se oye nada desde fuera. La Domitila no se mete en los cuartos a menos que uno mismo la llame.

Entiendo que te hayas alejado de mí estos días, pero ya te dije: me gustas mucho como para embarrarte la vida.

Esa noche estabas bien curado, quizás por eso te atreviste a meterte conmigo. Por si no cachas bien lo que sucedió aquella vez, acá te mando una copia del video que grabé mientras fornicábamos de lo lindo. De seguro ni viste la cámara oculta que tenía frente a la cama para filmar lo que podía pasar en la pieza, una vez que me metiera en secreto a la cama contigo. Me basta con verlo para corrérmela de puro gusto, recordando cómo culiamos.

Ojalá pronto sepa de ti y te dejes llevar de nuevo por la calentura.

Tuyo para siempre, Eduardo Armando."

En verdad no sabía que decir, ya que todo me parecía un sueño o una cruel broma de parte de Armando. No obstante, con toda la curiosidad del mundo puse la cinta en la videograbadora y me encontré con un espectáculo que también me puso tan cachondo como Armando decía que lo ponía a él. El video duraba casi las dos horas. Mi propia película porno. Porno del duro y pedofílico.



6

Eso es lo lamentable cuando uno se emborracha y más si durante ese estado tiene una buena sesión de sexo: que luego que se recobra el uso de todas las facultades mentales, uno ni se acuerda de lo que hizo. Por lo que vi en el video, me gocé a Armando todo lo que quise. Bueno, quizás embriagado no me habría atrevido a acostarme con tan rico pendejito.

La cámara estaba estratégicamente oculta y bien ubicada mirando hacia los pies de la cama., de modo que se grabó en la práctica todo lo que hicimos esa noche.

El video comenzaba con Armando prendiendo la luz del dormitorio, para luego meterse conmigo en la cama. Vi que se ponía a mi lado, en posición cucharita, y me besaba los hombros, el cuello, mientras me agarraba el paquete que tanto codiciaba. Al despertar, me daba vuelta hacia él y quedando frente a frente, de costado, lo agarraba a besos, estrujando su flexible cuerpo contra el mío mucho más musculoso y grande. Mis manos recorrían en esa posición su espalda, sus muslos y se entretenían bastante en sus contorneadas nalgas para meterle una vez más los dedos en ese agujero que pronto perdería su virginidad.

Entonces Armando me puso de espaldas y abrí las piernas, para que me lo mamara largo y tendido, su culo redondo y blanco dando hacia la cámara. El trasero se le movía bastante, mientras se comía entero mi miembro. Se escuchaba cómo me succionaba y los dos llenábamos el cuarto con nuestros gemidos. Luego rodamos por la cama y esta vez yo lo abrí de piernas para chupárselo, una verga que de seguro me pareció un manjar. Se notaba que Armando extendía los brazos durante el fellatio y luego me tocaba la cabeza, para atraerla más hacia sí. Dejé mi acto de sexo oral y me senté sobre su pecho con el culo hacia su boca, para que ahora me lamiera el peludo culo. Yo aprovechaba de masturbarme y pellizcarme una tetilla de tan excitado que estaba. Tras varios minutos en esa posición, como pude me eché me tendí y le levanté el culo para lamérselo también, poniendo sus piernas en v.

Armando se puso en cuatro, su rostro hacia la cámara, con la clara intención de mirar hacia ella y que se percibiera mejor su gozo, mientras yo estaba tras él, primero punteándolo y luego haciéndolo por fin mío. Al principio pasaba mi endurecido pene entre la hendidura de sus nalgas, frotándome como es de mi agrado antes de la penetración. Lo tenía fuertemente agarrado de los muslos y de vez en cuando lo levantaba por detrás para besarle la espalda, el cuello y girarle la cara de modo de meterle mi lengua en la boca. Por atrás mis manos lo invadían, pasando por su bello torso de muchachito y deteniéndose en su sexo, para pajearlo y sentirlo todo mío. Con una mano lo tenía agarrado de los huevos y con la otra le recorría el tronco. Armando se dejaba hacer todo. Yo era su maestro y él mi esclavo.

Supongo fue cuando entró el glande en su culito, que se escuchó el mayor quejido de Armando, quien en ese momento se la estaba pelando todo lujurioso. Lo tomé de la cintura y en la práctica lo levanté y senté en mi miembro para que entrara todo, no importara que con ello les rasgara las entrañas. Con mis manos alrededor de su cintura lo subía y bajaba en mi picota que para Armando se notaba era el séptimo cielo, pues su bello rostro se retorcía de puro placer carnal.

Eso, eso, rómpeme el culo me decía. Sigue así, no pares. Soy tuyo, huevón.

Yo callaba y me limitaba a hacer mi papel de semental, entrando hasta los testículos, con los que golpeaba la piel entre sus muslos.

Quise probar otra posición y lo acosté de espaldas, lo abrí de piernas y poniéndole una pierna en mi hombro derecho, se lo metí de frente. Alzó sus manos para abrazarme y besarme mientras lo tenía así y se notó que accedí con gusto. Fusionados de esa forma, la cama se movía con nuestra cópula. Ignoro cómo cresta nadie escuchó lo que pasó esa noche en la casa. Yo le besaba de nuevo el cuello y le mordía las orejitas. Le bajé el pie que estaba sobre mi hombro y esta vez se abrió completamente para mí el hijo de mi jefe. Ahora se veía mejor cómo se lo metía, en un ángulo que me permitía verme a mí mismo disfrutando del acto sexual de una manera que me calentaba más verlo. Contemplé que el sudor impregnaba mi frente y corría entre el vello de entre medio de mis pectorales de deportista, hasta llegar a mi caminito a la felicidad que terminaba el en pubis pegado al culo goloso de Armando. Éste, se masturbaba a gusto al tenerlo así.

Me lo saqué del miembro y Armando volvió a gritar casi tan fuerte como cuando entré por primera vez en él. Me paré en la cama y le hice señas para que me lamiera el pene todo mojado por las cavidades de su trasero. Armando me lo chupó bastante, dándole la espalda a la cama, el resto de mi cuerpo de la cintura hacia arriba no se veía en la cámara.

Tras lo anterior, Armando por su cuenta se acostó de pancita, dando sus piernas hacia la lente y yo entendiendo cuál era su deseo, me eché con todo mi cuerpo sobre él para volver a cogérmelo como un salvaje. Esta vez la forma de cómo se lo metía, era más fuerte, más brutal. Me encantó ver, como si fuera una película porno, mis peludas nalgas desde esa perspectiva y la parte de mis gónadas que quedaban expuestas mientras el resto le freía el culo a Armando.

No aguanto más- Logré por fin oír mi voz durante todo el rato que me estuve follando a Armando- Estoy que vengo dentro de ti y no quiero parar hasta que mi leche se vacíe dentro de ti.

Vamos, vamos, huevón rico. Inúndame con tu leche. ¡Dame en el gusto!

Y mi cuerpo se retorció cuando mi carga completa se derramó en torrente dentro del interior de Amando. Me despegué de él y me quedé jadeando, de rodillas en la cama y aún dándole la espalda a la cama. Con una fuerza increíble, luego de ser abordado tan violentamente por mí, Armando se levanto y se puso frente a mí, para chupármela de nuevo hasta extraerme todo el moco que me quedaba en las bolas. De seguro había eyaculado hace rato de la pura excitación provocada por esta última penetración. Arrodillado frente a mí, nos abrazamos y nos estuvimos besando largo rato. Luego nos acostamos y nos debimos haber quedado dormidos de inmediato. La cinta se acabó sola.

Todas las noches veo como un placer culpable el video y me masturbo como loco durante este acto. Quisiera volver a estar con Armando, pero esta vez sobrio, para disfrutar mejor de la cama con él.

Pero no lo volví a ver y en mayo le pregunté a mi jefe por su hijito.

- Está en Canadá. Se ganó una beca por dos años. Intercambio escolar.

Creo hasta allí llegó mi increíble aventura con un menor de edad.

¿Será así?

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