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El estudio fotográfico

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Relato enviado por : el 31/03/2009. Lecturas: 9410

etiquetas relato El estudio fotográfico .
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Resumen
De qué pueden ser capaces un par de jovencitos?


Relato
El estudio fotográfico

Yo me consideraba un niño normal. Jugaba con mis hermanos en las tardes, y con mis primos y con mis amigos los fines de semana, siempre en un ambiente sano y sin malicia, pero siempre tuve una debilidad. Desde que tengo memoria, siempre me gustó ver a mis amiguitos desnudos. Yo creo que era la curiosidad normal de cualquier niño por compararse con los demás, así que cuando nos íbamos de campamento en la escuela, yo no perdía la oportunidad de meterme a las regaderas para verles sin ropa.

Por supuesto que nunca decía nada, pues no quería que creyeran que era un maricón. Solo me deleitaba verles, pero como en ese entonces no sabía ni qué era el sexo, pues no me excitaba el contemplarlos. Así pues, fui bastante normal hasta el último año de primaria, que es cuando las hormonas de todos los niños están desbordándose y todos los comportamientos son alusiones sexuales.

Asistía a una escuela de puros hombres, estamos hablando de principios de la década de los 90’s cuando ya había información disponible al alcance de todos, por eso seguramente era ese comportamiento. Aunque todos se hacían burlas y contaban chistes, y de vez en cuando alguien se pajeaba en los baños, al final todos nos sentíamos muy hombrecitos. Yo nunca participé de esos juegos porque los consideraba de maricones, además que me daba pena que me vieran haciendo eso, además que no estaba desarrollado como los más grandes, que hasta pelos ya tenían y yo ni uno, y hasta sentía que mi pene era pequeño.

Ya al finalizar el ciclo escolar, es decir, antes de las vacaciones de verano, nos pidieron en la escuela que nos fuéramos a retratar para enviar las fotografías a los álbumes y a la dirección para los archivos. Cada quién podía ir al estudio fotográfico que quisiera, así que a mí me iban a llevar al que siempre me habían llevado, es decir, al que quedaba a unas cuadras de mi casa.

Para variar, fuimos hasta la tarde, ya casi siendo la noche, y lo peor de todo es que en dos días se tenían que entregar las fotografías y ya no había prórroga. La foto tenía que ser de traje, así que iba solo con la camisa, el saco y la corbata en la mano, pero acompañado de mi mamá. Al llegar al estudio, el cual era un pequeño negocio en una esquina, nos percatamos que estaba lleno y mi mamá tenía mucha prisa por ir al super a comprar la comida.

-¿Ya ves? ¡Por qué me lo dices al último día! –me reclamaba ella y no tenía escusa.

-Es que se me olvidó –era lo único que podía decir.

Pasó media hora y de las siete personas que había en la cola ya nada más faltaban tres, así que tuvimos que seguir esperando, pero mi mamá por desesperada me dijo:

-Aquí te esperas, y por favor te arreglas bien. Que no se te paren los pelos.

Y ahí me dejó solo, al fin y al cabo, era el fotógrafo de confianza, un señor de no más de cuarenta años. Nadie más llegó, así que ya faltando dos turnos para que yo pasara, el fotógrafo salió y cerró el negocio. Afortunadamente yo había alcanzado a pasar y tomar mi lugar. Ya para cuando me tocó a mí ya había oscurecido, así que pasé al interior, el cual lucía bastante oscuro.

Con mi cambio de ropa en mano, le pedí al señor si podía pasar a su baño para ponerme la camisa y peinarme. Por supuesto aceptó y ya en el baño, me quité la playera y cual va siendo mi sorpresa que en medio de ese tiradero, donde había periódicos y revistas de todo tipo, sobresalía apenas una de esas revistas baratas de mujeres desnudas. Con cuidado la tomé para hojearla y ya tenía una erección tremenda. Prácticamente la hojeé toda y aunque nunca me había pajeado, con mis manos me acomodé mi pene porque me lastimaba con el calzón.

Para que no sospechara el fotógrafo por mi tardanza, me puse la camisa y me hice el nudo de la corbata para después ponerme el saco y al final me peiné. Yo creo que tardé de más ya que el fotógrafo estaba sentado esperándome. Afortunadamente la erección se me bajó un poco y ya pasé al banquillo y ahí me dio instrucciones: “ponte derecho”, “mueve la cabeza a la derecha”, “jala el saco”, “cruza las manos”, “no parpadees”…

¿Y cómo quería que no parpadeara? Si todo estaba oscuro y de repente te ponen tremendas luces, pero bueno, hice mi mejor esfuerzo y finalmente me tomó las fotos. Ya para levantarme, me di cuenta que mi erección seguía y mi pene se había atorado entre los calzones, así que con todo el dolor del mundo me levanté y me di media vuelta, pero me tuve que llevar la mano derecha a mi entrepierna para arreglar la situación.

Bendita juventud, en la escuela mientras estaba sentado, casi todo el tiempo tenía erecciones, las cuales duraban horas, así que esta no sería la excepción. Tenía que relajarme y pensar en otra cosa, como apurarme para llegar a casa y ver las caricaturas, ¡pero maldita revista! Al llegar al baño, ahí estaba exactamente en el lugar donde la había dejado, hasta arriba de los periódicos.

Me quité el saco, la corbata y la camisa, pero mi pene estaba pidiendo a gritos salir de entre los calzones y del pantalón de mezclilla que lo aprisionaban. Me bajé el cierre y lo vi para ver cómo se encontraba. Estaba rojo y marcado con las costuras y pliegues de la ropa, así que me lo acomodé apuntando hacia arriba y antes de salir, se me ocurrió que podía llevarme la revista. No creí que el señor fuera a notar un faltante en su tiradero del baño.

La guardé dentro del saco y pasé al mostrador para que me hiciera la nota.

-¿Cuánto va a ser? –le pregunté.

-Son 30 mil pesos –me contestó, así que le pagué, pero al darle el dinero, la revista se deslizó de entre mi saco y cayó al suelo llamando la atención del señor.

Yo estaba rojo de la pena, y hasta la erección se me bajó. Estaba demasiado nervioso, esperando que me regañara y me acusara de ladrón, o tal vez le diría a mi madre. No lo sé, mi cabeza se llenó de múltiples pensamientos y no pude decir nada.

-Muy mal niño –me dijo el señor viéndose enojado-. Le voy a tener que decir a tu mamá, y además sabrá que eres un ladrón y un pervertido.

-No le diga –le pedí ingenuamente-, le pagaré.

-¿Con qué dinero? –me preguntó sabiendo que no tenía nada.

-No le diga nada, ya no lo volveré a hacer –volví a insistirle, pero no quería hacerle ninguna propuesta ya que no sabía qué darle.

-No te apures, podemos arreglarnos –me dijo siendo un poco conciliador.

-Está bien -le respondí-, ¿qué quiere?

-Pasa adentro y te explico.

Pasé cabizbajo al interior mientras me ponía su mano en mi hombro mientras me guiaba al banquillo.

-Te voy a tomar fotos, así que no quiero que digas nada, si no, le digo a tu mamá lo que hiciste.

-Está bien –le contesté creyendo que solo serían fotos, así que me senté con mi cara de tristeza en el banquillo.

-Voltea al frente –me dijo, y al hacerlo me pidió-. Sonríe, entre más rápido cooperes, más rápido terminamos.

Lo hice con una sonrisa rápida y disparó el primer flashazo.

-Bien -me felicitó-, ahora voltea un poco.

Así lo hice y volvió a tomar otra foto.

-Ahora mira hacia arriba y de lado.

A cada orden que me daba la acataba sin dudar, así que se volvió natural cualquier pose que me pedía. Ya fuera sentado, hincado, de espaldas, riendo o haciendo caras extrañas.

-Eres bueno –me decía-, podrías ser modelo.

-¿En serio? –le pregunté ya muy relajado y capturando mi atención.

-Claro, pero ahora tienes que quitarte la playera. Solo así veremos si eres natural o no.

-No, eso no -le contesté con pena y miedo.

-Recuerda nuestro arreglo.

-Está bien –le respondí con pena.

Me quité la playera lentamente y expuse mi torso desnudo. Yo era delgado y me gustaba hacer deporte, y lo sigo haciendo, así que mi cuerpo estaba contornado, pero era tan solo un niño.

Mientras lo hacía, me tomó varias fotos y también me pidió que repitiera las poses, y otras más atrevidas, como haciendo lagartijas, abdominales, o intentándome parar de manos. Al terminar, o lo que creí era el final, me volvió a pedir casi a manera de orden:

-Ahora quiero que te quites los pantalones y te quedes en calzones.

-¡No! –le respondí tajantemente.

-Entonces toma tus cosas y vete, pero cuando tu mamá venga, le diré lo que hiciste.

Negando con mi cabeza, me senté en el banquillo y me desabotoné los tenis y me bajé los pantalones para quitármelos. Afortunadamente no traía los calzones rotos, así que me sentí un poco seguro. Al fin y al cabo que sería como un viaje a la playa donde mis papás nos tomaban cuantas fotos querían.

Volvió a pedirme que me sentara, me parara, me agachara, hiciera flexiones, saltara. Me pidió muchas cosas, y después me dijo:

-Eres muy bueno haciendo esto, así que te diré lo que vamos a hacer…

¡Oh no, me pediría que me desnudara completamente! Así que no le dije nada, solo esperé su última orden.

-Te voy a dar dinero si haces algo especial por mí –me lo dijo viéndome a los ojos-. Ya te puedes ir, y no voy a decir nada, pero si quieres, puedo ayudarte a ser un modelo profesional. Ya sabes, modelando ropa o en revistas. ¿Quieres que continuemos?

-No lo sé –le respondí dudando.

-Vamos, Miguel –me insistió-. Te voy a pagar, así tendrás para dulces, juguetes o revistas…

-¿Cuánto me vas a pagar? –le pregunté finalmente.

-Cien mil pesos –eso era mucho dinero, claro que era antes de que le quitaran tres ceros al peso, pero aún así, era mucho al menos para mí-. Y si las fotos son buenas, te daré más dinero. Todo depende ahora de ti.

-Está bien –le dije imaginándome lo que haría con el dinero.

Me compraría un nuevo cartucho de Nintendo, o tal vez dulces y juguetes. Ya vería que haría con tanto dinero, así que me senté en el banquillo.

-Quítate los calcetines –y lo obedecí, pero mientras lo hacía, me estaba empezando a excitar tan solo de pensar que hacía lo mismo que las chicas en esa revista que había visto.

Al levantarme, ya tenía un bulto al frente, así que seguí sus órdenes:

-Deslízate suavemente y lentamente los calzones hacia abajo, y mueve las caderas.

Así lo hice y conforme bajaba los calzones, los flashazos eran intensos y en grandes cantidades. Sonreía a la cámara y al destapar mi pene, éste saltó al frente apuntando a la cámara como resorte rosado.

-¡Bien! –me dijo-. Muévete lentamente.

Así lo continué haciendo hasta que llegaron los calzones hasta abajo.

-Acuéstate boca arriba –me pidió y después se acercó con cámara en mano y me fotografió de todos los ángulos.

También me pidió que me pusiera boca abajo y después que abriera las piernas. No sé por qué estaba tan interesado en mi ano, pero no me importó y seguí sus órdenes. Me gustaba esto, me sentía natural haciéndolo y si me pedía que me volteara y me masturbara, lo hacía.

Yo usaba mi mano y con la palma envolvía mi pedazo de carne y lo jalaba frenéticamente como había visto a mis compañeros. No sobresalía nada, pues no era grande aún, pero aún así disfrutaba haciéndolo, y también el solo pensar en el fotógrafo y en los que verían las fotos, me calentaba aún más.

-Ya puedes vestirte –me pidió amablemente-. Tengo suficientes.

Al parecer se había aburrido de que no pudiera terminar. Ni un chorro y ni una gota saqué. Yo no sabía qué era eso, así que no le di importancia y di gracias que todo había terminado finalmente.

Me vestí rápidamente y antes de salir le recordé:

-¿Y mi dinero?

-Mañana que te entregue las fotos de la escuela te lo doy. No sé cuánto me vayan a ofrecer por ellas, aunque por ser de piel blanca pagarán bien, pero no eres rubio –me entristecí al escuchar eso, pero me calmó el señor diciéndome-. Así es mejor, pero ven tu solo, si no, tu mamá va a preguntar.

-Está bien.

Salí del estudio corriendo rumbo a mi casa pensando en mil cosas. Me había vuelto un modelo porno barato por nada, y aunque no creía que nadie conocido fuera a ver las fotos, me daba pena que las descubrieran. Mi madre no había llegado aún del supermercado y mis hermanos veían televisión, pero no me preguntaron nada y nadie sospechó por mi misteriosa tardanza. Pasé una noche incómoda, en erección permanente y no pude dormir por todo lo que mis fantasías producían.

Al día siguiente estaba muy cansado y nervioso, sobre todo cuando al regresar de la escuela en el coche de mi mamá, quien me dijo:

-Vamos a pasar por las fotos.

-No mamá –le contesté rápidamente-, yo las recojo y tú adelantas la comida-, le dije eso ya que como de costumbre, siempre tenía prisa.

Al llegar al estudio fotográfico, me percaté que había dos clientes, así que suspiré de alivio y al verme el señor, me saludó y terminó de atender uno de sus clientes. Le pagué las fotos de la escuela y me dijo:

-Saliste muy bien, ya sabes que un buen fotógrafo ayuda a sacar lo mejor de ti. Puedes venir las veces que quieras.

Y me dio enrollado doscientos mil pesos. Los ojos me brillaron y le dije muy agradecido:

-Muchas gracias, vendré otra vez.

Ni le pregunté más cosas, solo me fui y ya en casa revisé mis fotos de la escuela y me aseguré que no vinieran mezcladas con los desnudos. Estaban bien y a todos les gustaron.

-Qué guapo hijo tengo –me dijo mi madre con un beso.

Por supuesto que este dinero que me dio no me duró mucho, y lo mantenía oculto para que no me preguntaran de donde había salido todo eso. Lo gasté en el cine, maquinitas, dulces, refrescos, más dulces y más maquinitas. Le invitaba principalmente a mi mejor amigo Jorge, que era de mi edad y como yo, de mis mismos gustos e intereses.


Parte 2

A nadie le dije nada sobre aquel hecho que ahora formaba parte de mi vida, así que en vacaciones de verano, cuando necesitaba más dinero, nuevamente tuve que recurrir a este fotógrafo.

-Qué milagro Miguel –me saludó amablemente-, tenía varios meses que no venías.

-Es que tardé en decidirme –le respondí.

-El tiempo pasa rápido –me contestó sin entender a lo que se refería-, así que no deberíamos de desaprovecharlo.

Era aún la mañana y había dicho que iría a casa de mi amigo Jorge, pero en lugar de eso me desvié y estimaba tener una sesión de una hora. No tenía a ningún cliente, así que cerró el local y pasé al estudio. Esta vez venía con ropa muy ligera y me dijo:

-Ya estás un poco más grande, vamos a ver qué escondes.

No entendía mucho aún, pero inmediatamente empezó a tomarme fotos. Yo sonreía nerviosamente y mi corazón latía con fuerza, pero no puse mucha atención en eso ya que nuevamente estaba con una gran erección y se notó inmediatamente por el short que llevaba puesto.

-Ahora tú marca el ritmo –me dijo el fotógrafo.

Repetí más o menos la misma rutina de la vez anterior, pero esta vez, en tres minutos ya me estaba bajando el short con todo y calzones para quedar desnudo y mostrar mis atributos al mundo.

-¡Qué gran ejemplar! –me dijo el fotógrafo haciéndome sonreír-. Ya no cabe en tus manos.

Tenía razón, ahora todo el glande emergía de mi puño cerrado y mis testículos colgaban más.

-Descúbrete -me pidió mientras me llevaba las manos a la nuca y se acercaba con todo y cámara a menos de un metro de mis órganos.

El fotógrafo esta vez se agachaba y tomaba fotos desde cualquier punto y yo mostraba cada parte que me pedía mostrar. Me masturbaba yo mismo y me acariciaba mis pechos y estómago haciendo bailes sensuales. Paraba las nalgas y mostraba continuamente mi ano hasta que me pidió:

-Metete el dedo.

-¿Qué? –pregunté.

-Sí, hazlo, entre más hagas, más nos pagan.

-¿Quién querrá fotos así? –le pregunté entrando en más confianza.

-Gente como la que compra play boy.

Yo había visto play boy’s, pero nunca se me hubiera ocurrido comprar una de hombres, y menos de niños.

-¿Saldré en revistas? –le pregunté.

-No, todavía no. Tus fotos son enviadas a otros estudios –me contestó muy escuetamente.

Entonces se metió al baño y de ahí sacó un montón de revistas y me las dio. No eran play boy, eran revistas más explícitas, donde las chicas se besaban y se introducían penes de plástico por el frente y por atrás. También había hombres con el pene tan largo que incluso parecía uno de mis brazos y parecían sostener relaciones sexuales en las más diversas poses.

Estaba sentado en el piso y pasaba de hoja en hoja, mi pene parecía que estaba a punto de estallar. Estaba rojo como una herida, pero me causaba cada vez más placer el tocarme como en las revistas. Levanté las piernas y me introduje el índice derecho completamente y me encerré en mi mundo de perversión. No supe cuántas fotos me tomó, yo solo con la izquierda me frotaba frenéticamente y me picaba el ano con el índice.

Cuando me cansé, dejé de picarme y cambié a la derecha para hojear las revistas. Llegó un momento en que las imágenes mostraban una gran cantidad de plastas blancas saliendo como si fueran orines, pero eran chorros blancos y cristalinos.

-¿Qué es eso? –le pregunté.

-Es esperma. ¿Aún no te sale?

Obvio no, por eso preguntaba. Había escuchado hablar de eso, y de los sueños húmedos, pero no lo había visto aún.

-¿Qué tengo que hacer? –le pregunté.

-Continúa masturbándote y veremos si te sale.

-¿Y qué se siente? –le seguí preguntando.

-Es lo mejor que hay –me respondió con una sonrisa.

Continué haciéndolo con más velocidad, y si me cansaba, cambiaba hacia la izquierda y después con la derecha. Finalmente comencé a sentir un hormigueo y sentí que mis nalgas se cerraban y todo se apretaba en mi interior. Mi cara lo debía decir todo, así que se intensificaron las fotos hasta que un calambre recorrió mi pene desde la punta y se metió a mi vientre para salir a mi ano y subir por toda la espalda mientras mi miembro se movía descontroladamente.

Era un orgasmo seco, pero no arrojé nada, solo un líquido cristalino salió poco a poco y lubricó mi cabeza para mancharme las manos. Exhausto me recosté y noté que la erección estaba perdiendo fuerza, aunque no se disminuyó totalmente. Me sentía en las nubes y con ganas de repetirlo, así que en mi casa, ya fuera en la ducha o en la noche lo haría otra vez.

-Creo que hemos terminado –me dijo para después felicitarme-. Estuviste grandioso, eres todo un profesional.

-¿Ahora cuánto me va a dar? –le pregunté aguantándome la pena.

-Doscientos.

Sonreí al escuchar eso y me comencé a vestir rápidamente. Había descubierto una mina de oro y no la dejaría ir. Al despedirme, el señor me dijo:

-Ya tenemos muchas fotos, así que no creo necesitar más.

Me entristecí y le dije sorprendido:

-¿Cómo?

-Así es esto, hay que ofrecer algo nuevo.

-¿Pero como qué? –le pregunté ingenuamente.

-Recuerda que esto no lo debes de decir a nadie, si no, no te van a seguir dejándolo hacer.

-Pero si ya no me vas a tomar fotos –le pregunté para saber qué era lo que quería.

-Si trajeras a un amigo tuyo, de toda tu confianza, y que le guste también esto, a los dos les pagaría el doble.

-¿El doble? –pregunté incrédulamente.

-Sí, cuatrocientos a ti y cuatrocientos a tu amigo.

-Deme quinientos y mañana venimos.

-Buen negociador –me dijo agarrando mi pelo y agregó-. Está bien, ven mañana en la mañana.

Sabía que mi amigo Jorge necesitaba dinero, así que podría acompañarme, además que las primeras revistas pornográficas que había visto habían sido con él, así que podría guardar el secreto. Corrí a su casa y para variar, no había nadie más que él.

Jorge era hijo único, así que yo era algo así como su hermano. Desde pequeños éramos amigos y nuestra amistad fue creciendo hasta que ahora compartíamos casi todo, excepto nuestros más íntimos pensamientos. Por mi parte siempre le oculté mi atracción hacia él y cada vez que podía intentaba verle desnudo, pero solo una vez lo vi en esa forma cuando estuvimos en un campamento de la escuela.

Ahora era mi oportunidad. Mientras estuviéramos viendo una revista y estuviéramos excitados se lo diría. Era medio día y Jorge me esperaba para ir al parque a babosear un rato. Yo obviamente no quería eso, quería estar con él e invitarle a la sesión de fotos.

-Hola, te tardaste –me saludó.

-Perdón, pero es que me entretuve.

-¿Haciendo qué? –me preguntó-. ¿Con tus hermanos?

-No, al rato te cuento.

Y pasé a su casa para dirigirme a su habitación. Sabía donde guardaba las revistas así que fui a al rincón de su closet y las saqué ante sus desconcierto.

-Hoy andas caliente… -me dijo sorprendido.

-Vamos al cine en la tarde y comemos allá –le dije para tentarle y recalcarle que no tenía dinero.

-Sabes que no me dan dinero –me dijo apenado.

-No te preocupes, yo invito –le respondí haciéndome pasar por su salvador.

-Tú tienes mucho dinero, ¿de dónde sacas tanto?

Esa era la pregunta que quería escuchar. Yo mientras estaba hojeando las revistas y me percataba lo sencillas que eran y no mostraba mucho interés en los problemas de mi amigo.

-Tal vez si no gastaras en revistas podrías ir más al cine.

-Tú no entiendes –me contestó enojado.

-¿Entender qué? –le pregunté sabiendo lo que quería decir.

-Creo que estás muy chico para esto –me siguió diciendo pero por supuesto que yo sabía más que él.

-A ver, dime –le pedí con insistencia.

Entonces se acercó a mí y me dijo en voz baja, como si alguien nos fuera a escuchar:

-Las revistas no solo son para verse, hay que usarlas.

-¿Cómo? –le pregunté maliciosamente.

-¿No has visto a los mayores del salón?

-Sí, y hacen muchas tonterías.

-No, no me refiero a eso –me corrigió-. Es cuando se encierran en el baño.

-Yo nunca entré con ellos. ¿Acaso tu si?

-Una vez –me dijo apenado, pero sabía que estaba excitado.

-¿Y qué hicieron? –le pregunté en voz baja.

No me contestó solo tomó la revista que estaba en mis manos y la hizo rollo y la sujetó con su mano izquierda y empezó a acariciarla con la derecha como si fuera su falo.

-Eso no se hace –le dije regañándole.

-Lo sé, pero es muy rico.

Por supuesto que era lo mejor que había, pero debía obligarle a venir conmigo, así que lo chantajearía como a mí me hicieron.

-No le voy a decir a nadie, pero enséñame a hacerlo –le pedí haciéndome el ingenuo para tenderle la trampa.

Lo que yo quería era verle desnudo y con el pene erecto. Así que lentamente comenzó a desabotonarse los pantalones y se bajó el cierra. Antes de que los abriera me dijo:

-No se lo vayas a decir a nadie ¿eh?

-No…

Tomó sus manos y poco a poco se bajó el pantalón lo suficiente para dejarme ver su pubis y luego se cubrió con las manos todo su paquete. Era bastante más grande de lo que lo recordaba, apenas cabía en sus manos y al verlo, mi pene ya estaba más duro que una roca y mi corazón latía con fuerza a pesar de que me había masturbado frenéticamente apenas hace una hora.

Era delgado, alargado, lampiño y muy bien formado, así que lo sujetó con una mano y comenzó a masturbarse lentamente. Noté que lo disfrutaba y yo para imitarle hice lo mismo.

Los dos no nos quitábamos las miradas lujuriosas y comprendí que a él yo le gustaba tanto como él a mí. Entonces le pregunté:

-¿Me guardas un secreto?

Era ahora o nunca, si no, tal vez tardaría un mes más en regresar al estudio.

-Si –me respondió jadeando.

-¿Quieres ganar dinero?

-Si –me respondió abriendo los ojos.

-Pero es un secreto que nadie debe de saber.

-Ya dime –me respondió masturbándose con más fuerza.

Yo creo que creía que le manifestaría mi amor hacia él, pero no, eso sería para otra ocasión. Lo importante era el dinero.

-Conozco un señor que nos pagará dinero por hacer esto frente a él.

-¿Qué? –dijo sorprendido y deteniéndose.

Esas palabras impactaban a cualquiera, así que le dije.

-Sí, son fotos. Ya me tomó algunas y me dio dinero. Por eso tengo tanto.

Lo dejé pensando mientras se abrochaba y me dijo:

-Estás loco.

-Tal vez, pero es buen dinero. Nadie tiene por qué darse cuenta.

-No creí que fueras capaz de eso –exclamó sorprendido.

-Yo tampoco creí que fueras capaz de participar en esas reuniones del baño.

-Pero eso es diferente –me reclamó a manera de regaño.

-Es lo mismo, solo que a mí me pagan y a ti no.

-¿Cuánto te pagan? –finalmente me preguntó.

-No es mucho, cuatrocientos –le contesté.

-¿Cuatrocientos? ¡Eso es mucho! –contestó sorprendido-. ¿Por qué me lo dices?

-Porque pensé que tal vez quisieras ganar un poco, además que no te da pena hacer esto.

-Tengo que pensarlo.

-Vamos al cine y ahí lo piensas –le sugerí para finalizar la conversación.

Tenía que convencerle, así que me porté espléndido con él. Le compré una playera y un balón de futbol, le disparé las entradas al cine y todas las palomitas y refrescos que quisimos. Al final comprendió que con dinero todo se resolvía y accedió a acompañarme el domingo temprano. Le dije que se vistiera ligero y que nada malo pasaría.

Esa noche no pude dormir bien, el solo pensar que finalmente podría ver a mi amigo como siempre lo había querido ver me excitaba aún más. Afortunadamente no me cuestionaban en mi casa sobre el tiempo que pasaba fuera, así que no debía ser la excepción el domingo.

Desayuné muy poco y fui casa de Jorge para después ir los dos juntos al estudio fotográfico.

-¿Es aquí? –preguntó sorprendido.

-Sí, es aquí.

-Pero aquí siempre me he sacado las fotos… -respondió aún más sorprendido.

-Lo sé. A mí también siempre me retrataron aquí.

Me acerqué entonces a la puerta que estaba cerrada y la toqué. El local estaba cerrado, pero confiaba en que el dueño me abriría. No tardó ni un minuto cuando se abrió la cortina y el fotógrafo me abrió.

Los dos pasamos y entonces le dije:

-Traje a un amigo.

-Sí, pasen… -dijo sorprendido por mi velocidad.

Y rápidamente cerró la puerta y la cortina. Nos miró a los dos con lujuria y le pregunté:

-¿Cómo ve?

-Tu amigo se ve bien. Delgado, un poco rubio pero bronceado. Veremos cómo se ve en fotos.

Estábamos ya dentro del cuarto y las luces estaban prendidas para iluminar todo perfectamente bien. Yo llevaba nuevamente unos shorts y Jorge un pants deportivo. Mi amigo no decía nada, se notaba nervioso y le daba pena. Entonces el fotógrafo nos empezó a tomar fotos y pedía que sonriéramos. Para mí se me estaba haciendo algo normal y rutinario, pero al novato no.

-Sonríe natural –le pidió mientras hacía acercamientos.

Yo me movía con movimientos sensuales y deslizaba mis manos por mi trasero y luego ponía las manos en la nuca y me estiraba lo más posible. Entonces me dijo:

-Acércate a tu amigo y toca suavemente su cintura.

Lo hice lentamente y al poner mi mano sobre su cintura, sentí escalofríos y los dos nos vimos nerviosamente.

-Miguel, quítale la playera –me ordenó.

Entonces lo tomé de la cintura y le comencé a levantar la playera. Jorge levantó sus manos dándome a entender que él haría lo que nos ordenaran, y con cuidado y muy despacio, le levanté la playera hasta sacársela hasta arriba. Su cuerpo estaba bien formado y definido, era un poco más alto que yo, pero aún era un muchacho flacucho. Después me pidió a mí que me la quitara también.

Mientras lo hacía y tenía la vista cubierta le dijo a Jorge:

-Bájale los shorts a Miguel.

Inmediatamente sentí las manos temblorosas de mi amigo que sujetaban las esquinas del resorte y bajó los shorts en un solo movimiento. Descubrió inmediatamente mi pene erecto que apuntaba al cielo y finalmente me quité la playera.

-Tócale los pechos –dijo el fotógrafo, pero como no dijo a quién, los dos nos comenzamos a tocar y a acariciar.

Se veía claramente que mi corazón estaba punto de salirse de mi pecho, y sin más tomó con sus manos mi pene y comenzó a masturbarme. Yo ya estaba prácticamente desnudo, y entonces me acerqué a mi amigo para sentir su calor y lo abracé por la cintura y delicadamente deslicé mis manos para bajarle los pants. Sus nalgas eran redondas y carnosas, y conforme las bajaba, su respiración se hacía más intensa.

Le pasé la mano al frente y toqué su virilidad y dejó escapar un gemido. Entonces bajé completamente su pants para revelar su erección, la cual era descomunal. Apenas me cabía en mis manos y así como él me masturbaba, yo le regresaba el favor, hasta que me pidió el fotógrafo:

-Quítale los tenis.

Entonces me comencé a agachar, pero al tener su pene frente a mí, lo olfateé y recordé las revistas y las cosas que hacían. Sin pensar, abrí la boca y me lo metí completo al tiempo que escuchaba un gemido de placer. Tomé sus nalgas y comencé a tocarle todo lo que podía.

Ya los dos estábamos perdidos en los placeres carnales y ya no escuchábamos. Nos dejamos guiar por nuestros instintos y entonces, nos recostamos en el suelo y ya ahí nos quitamos nuestras últimas prendas sin dejar de masajearnos eróticamente. Costó trabajo hacerlo, pero lo conseguimos, y entonces me volteé un poco para acercarle mi pene y que también me lo succionara, justo como yo se lo hacía a él.

No podía gemir de tanto placer. Mi boca y lengua estaban completamente ocupadas y mis manos se deslizaban por cada parte de su cuerpo, hasta que me centré en su ano, el cual comencé a tocar y a perforar con mi índice. Él comenzó a hacer lo mismo hasta que el fotógrafo nos dijo:

-Son unos expertos, ahora déjenme retratar la culminación de su amor.

Entonces me separé y rápidamente me volteé para buscar su boca y besarle frenéticamente. Nuestras lenguas se entrelazaban y los dos nos masturbábamos tan rápido que parecía que queríamos arrancarnos nuestros pedazos. Quería compartir todo con él, quería unirme a Jorge, y entonces le pedí:

-Penétrame…

Sin pensarlo dos veces, se colocó detrás de mí y yo me puse en cuatro patas como una puta en celo y levanté las nalgas. Entonces el fotógrafo nos dio crema para que me la untara en todo el ano. Así lo hizo y sin esperar, me metió todo el aparato y se recargó en mi espalda mientras me abrazaba y se movía frenéticamente.

No me dolió, es más no sentía mucho más que una rugosidad que me daba placer. Si no fuera porque me masturbaba habría jurado que no era lo máximo. Así permanecí quieto mientras me dejaba hacer lo que quería Jorge. Lo escuchaba jadear y sentía como sus testículos tocaban mis nalgas y rebotaban. Debía ser porque era delgado su miembro la razón por la cual no sentí un desgarre, pero conforme aumentaba la velocidad, yo sentía como todo mi vientre se endurecía y comencé a cerrar las nalgas mientras la misma dureza que había sentido el día anterior regresaba y se posesionaba de mis entrañas.

Con sus manos me jalaba con velocidad mi pene hasta que no aguanté más y comencé a gemir de placer. Mi cara debía decirlo todo ya que me estaba fotografiando con gran intensidad y morbo. Enfocaba nuestra unión y también a nuestro manoseo frenético. Sentía un calambre en todo mi estómago y unas ganas de orinar que no eran complacidas mientras parecía como si quisiera arrojar algo, pero nada me salía.

Al final, cuando todo terminó, Jorge quitó su mano y se la secó en mi espalda, pues unas gotas de líquido pre seminal había arrojado. Seguramente Jorge no sabía lo que me había pasado, así que me separé exhausto y me volteé boca arriba para respirar. Mi pene perdió rigidez y notaba que una gotita me estaba escurriendo, la cual fue fotografiada.

Esos momentos íntimos quedarían para la posteridad, y el goloso de Jorge se acercó y me la limpió con la lengua. Yo tomé también su rabo y comencé a masturbarle. Quería regalarle el placer de su primer orgasmo y tan rápido podía se la jalaba, entonces tomé la crema y también lo lubriqué y se la metí con fuerza.

Era increíble la energía que teníamos. Que aunque era pequeña mi verga, le gustó a él y a mí. Sentir su calor y la estreches de su esfínter me prendió aún más. Estaba él en cuatro patas y entonces se incorporó y yo con una mano le acariciaba los pechos y estómago y con la otra no le soltaba su pedazo de carne grande y rosada.

Pude percatarme que ya no entraba mi pene, y entonces Jorge comenzó a gemir mientras yo asomé mi cara para ver el espectáculo. Su pene comenzó a arrojar abundante líquido cristalino y con la otra mano alcancé a capturar algo de lo que escupía en violentos espasmos. No me atreví a lamérsela por el asco de que tuviera mierda embarrada, así que solo me limité a embarrar sus jugos en su vientre.

Nos separamos y tiernamente nos besamos como si fuera un beso de despedida. Entonces el fotógrafo nos dijo:

-Es suficiente, si quieren continuar, adelante.

Jorge y yo nos miramos y ya no continuamos. Había sido mucho para nuestra primera vez, así que me encaminé al baño para enjuagarme. Con cuidado lavé mi pene y me limpié el ano, el cual estaba sucio. También enjuagué mi boca y al salir, mis ojos no podían creer lo que veían.

Mi amigo se la estaba chupando y mamando al fotógrafo, el cual tenía los pantalones hasta abajo y su vergajo era del tamaño de la cabeza de mi amigo. Era increíble ese tamaño y no se detenía para respirar. Aunque no le cabía toda, el solo tragar la mitad era heroico. Esa visión que tenía me prendió más y me acerqué a mi amigo para ayudarle a masturbarse y de paso, tener una mejor vista de aquel miembro venoso y palpitante.

Era un goloso, lo quería todo para él y así fue. Tragó todo el esperma que eyaculó el fotógrafo y de eso no quedó registro, entonces se limpió la boca y fue al baño. Me quedé solo con el señor y le pregunté:

-¿Ahora cuánto nos va a tocar?

-Lo que acordamos ayer.

No me gustó la idea ya que el hecho de dejarnos tocar debía de merecerse un pago extra, así que le pregunté:

-¿Y si dejo que me masturbe?

No lo pensó dos veces y tomó mi pene, que comparado con el suyo era pequeño pero hermoso. Tomé mi calzón que estaba tirado y le sequé su miembro, el cual de nueva cuenta estaba erecto y me lo metí a la boca. Quería probar también el esperma, así que probé que tanto me podía caber.

Engullí el pedazo y lo acomodé hasta mi garganta, y para sorpresa mía, lo había tragado todo. Repetía esa operación constantemente y con mis manos masturbaba el tronco que mis labios dejaban libre. En ocasiones jugueteaba con su glande y después con una sola mano se la jalaba para volver a engullir todo. De pronto, una mano más pequeña comenzó a jalármela mientras se acercaba y me besaba en el cuello.

Esa sola acción hizo que comenzaran otra vez mis calambres en la cola, a lo cual siguió la eyaculación de unas gotitas y acto seguido, recibí en mi cara toda la leche del fotógrafo, la cual escurría por mi frente, nariz, labios y cachetes. Como un perro, Jorge comenzó a lamerlos y yo pasé mi lengua para saborear algunos grumos calientes.

Eran algo amargos y de mal sabor, pero al momento de estar excitados nada importaba. Terminamos nuestra tarea y ahora si fui al baño a limpiarme la cara.

No esperaba eso, pero me gustó la experiencia y entonces descubrí que mi amigo era aún más caliente que yo. Los dos nos vestimos y nos despedimos del fotógrafo no sin antes recibir seiscientos mil pesos.

Era mucho dinero y los dos quedamos felices, pero con un sentimiento de culpabilidad. No hablamos nada de regreso a nuestras casas, y aunque comí esa tarde en casa de Jorge, no mencionamos nada de ese asunto.

Parte 3

Así pasaron las semanas mientras nos terminábamos el dinero y de eso no volvimos a hablar, que aunque extrañaba el placer, yo procuraba autosatisfacerme en la regadera o en las noches en mi cama. Casi religiosamente me masturbaba de dos a tres veces al día, hasta que muy pronto comencé a eyacular más al tiempo que mi pene crecía junto con una suave cubierta de vellos.

Mientras Jorge comencé a ver que traía ropa nueva y cuando iba a su casa tenía juegos nuevos de nintendo, y aunque no me decía de donde provenían, yo si sabía lo que hacía. Seguramente se prostituía con el fotógrafo.

Mi amigo crecía más rápido que yo, y aunque me moría de ganas de sentirle otra vez, respetaba su intimidad hasta que cuando se me acabó el dinero le dije:

-Necesito dinero, ¿repetimos la sesión?

-No lo se, hace mucho que no lo hago –me respondió pero no le creí.

Ya estábamos en primero de secundaria y era antes de las vacaciones de navidad, así que quedamos en asistir juntos el sábado por la mañana.

El fotógrafo nos recibió como siempre y nos dijo:

-A ver ahora qué nuevo truco inventan.

Sonreí y le dije:

-Eso depende de lo que nos vaya a pagar.

-Le voy a dar un millón a cada uno si hacen lo que les pida.

Eso si era mucho, así que accedimos. Esta vez el fotógrafo estaba preparado con dos cámaras de fotografía y una de video, pero por las miradas que se lanzaban ellos dos, sabía que mi amigo ya era todo un experto.

Comenzamos ligeramente y en tres minutos a estábamos desnudos y besándonos. Me sorprendía el tamaño de Jorge. Con mis dos manos apenas alcanzaba a agarrar su aparato, y el pelambre que tenía lo hacían ver diferente. Ya no era un niño, lo cual me entristecía y a la vez me llenaba de placer.

Yo no me quedaba atrás, que aunque no era tan grande, mi grosor había aumentado al tiempo que una mano era suficiente para recorrer mi gran longitud.

El fotógrafo entonces nos detuvo.

-Ya no parecen niños –nos dijo mientras enfocaba-. Necesito que se rasuren el pubis.

Sacó unas tijeras y nos dio dos rastrillos para que nos arregláramos. Nos fuimos al baño y ahí nos cortamos los pelos y nos afeitamos con cuidado el vello púbico. También me dijo Jorge:

-Rasúrate el bigote –y entonces él se pasó el rastrillo para quitarse el bigotito que le salía.

Al terminar, ahora si parecíamos los mismos de hace cuatro meses. Salimos y el fotógrafo comenzó a filmarnos mientras nosotros comenzábamos nuestro numerito. Ya teníamos erección total y después de comparar nuestros tamaños, me di cuenta que no distaba mucho de mi amigo. Era tan grande como él, e incluso mi miembro era más hermoso ya que era derecho y el de Jorge estaba un poco chueco.

Comenzamos a besarnos y a jugar con nuestras lenguas mientras yo se la jalaba a él, y él a mí. Sentía su respiración y veía los latidos de su corazón en su pecho y en la garganta. Nuestra respiración era muy agitada y así permanecimos hasta alcanzar un sublime orgasmo que explotó como dos géiseres de agua hirviendo.

Habíamos terminado demasiado rápido, lo cual no le gustó al camarógrafo, así que nos dijo:

-Tienen que ir más despacio, si no, no será buen material.

-Lo repetiremos –le contesté con una sonrisa, la cual fue correspondida por Jorge.

Éramos muy jóvenes y estábamos muy calientes, así que sin perder tiempo, me agaché y comencé a mamar como becerro las gotitas de semen que le continuaban saliendo a mi amigo. Apenas me entraba su aparato ya que era muy largo, pero por su anchura no me preocupaba. También relamía su vientre para probar mis propios jugos que le había rociado y era tanta mi excitación que no perdí dureza. Tenía energía para continuar todo el día.

Jorge no se quedaba atrás, pedía que lo penetrara, así que tomé la crema y con mis manos embarré su ano y lubriqué mi glande para que pudiera enterrársela hasta al fondo como una estaca. La vez anterior apenas pude disfrutar, pero ahora era diferente, tenía muchos centímetros más de carne, la cual no dudé en clavar.

En un rápido movimiento, me puse detrás de él y estando apoyado en un banco, me abrió su esfínter para recibir mi amor. Con gran facilidad entró y se deslizó en cada movimiento de cadera hasta el fondo. Era una gran sensación de calor y de lujuria que no quería que llegara terminar, y al sentir con mis manos su gran pene, sentía como si fuera el mío y lo masturbé frenéticamente sin descanso.

Mi brazo derecho me dolía del cansancio, pero no importaba, estaba decidido a extraerle todo su semen, así que cambié a la izquierda para descansar. Jorge gemía cada vez más escandalosamente y eso me prendía cada vez más hasta que nuevamente comencé a sentir que se avecinaba mi orgasmo.

-¡Me vengo! –le gritaba sin detener mis estocadas en su trasero mientras el ruido de las carnes chocando una y otra vez parecía hipnotizarme.

-Hazlo afuera –me dijo el camarógrafo, así que lo obedecí y con mi mano derecha eyaculé potentes chorros en su espalda.

Sentía desmayarme del placer, pero instintivamente me recargué en él y le unté mis jugos todavía cristalinos aunque un poco blanquecinos hasta que me sequé completamente y me retiré un poco para descansar.

Mi pene empezó a perder tamaño al tiempo que se encogía rápidamente y entonces, me dijo el camarógrafo:

-Ponte en cuatro.

Obedecí y Miguel me acercó su aparato a la boca. Ahora me parecía más grande y descomunal, y así debía de ser, pues estaba a punto de eyacular. Yo lo había dejado encendido y debía terminar antes de que desperdiciara su preciada leche. Tomé su tronco venoso y lo jalé mientras engullía su glande y jugueteaba con mi lengua.

Entonces sentí que alguien me untaba crema y comenzaba a dilatar mi orificio son sus dedos. ¡Oh Dios! ¡Era el camarógrafo que me haría su putita!

Paré muy bien mis nalgas y abrí lo más que pude mi ano, y entonces, sentí una gran presión en la entrada. No le tomé importancia y seguí con mi trabajo que lo había interrumpido. Una mano comenzó a masturbarme y el dolor que comenzaba a sentir se disipaba para regresar con mayor intensidad. Tuve que detenerme ya que podría morder ese trozo de mi amigo para aguantar el dolor que me estaba partiendo.

-¡Me duele! –grité, pero no se detuvo.

Solté la verga de mi amigo y sujeté el banco pero de nada sirvió. Me la enterró no sé si hasta el fondo, pero no sentía sus piernas o su estómago.

-¡Me duele! –volví a gritar-. ¡Duele!

No importaban mis lamentos ya que la seguía enterrando más y más. Su tremendo animal era del tamaño de mi brazo y eso era lo que me estaba destrozando el orto.

-No te muevas –me respondió-, pronto pasará el dolor y te va a gustar.

Entonces tomó impulso y me metió hasta el fondo y sentí como todos mis intestinos se recorrían y presionaban mientras un líquido me empezó a escurrir por las piernas. No sabía que era, pero dolía mucho sin importar que me estuviera jalando mi miembro que no reaccionaba ante tanta estimulación.

Las lágrimas me escurrían y aunque Jorge me acercaba su miembro para que mamara, lo único que conseguía era restregármelo en la cara. Esperaba que fuera agradable como la primera vez, pero el tamaño sí importaba y no estaba preparado para eso.

Al sacármela descansé y no quise voltear hacia atrás. Estaba temblando de frío y Jorge se acercó a mí y me dijo:

-Estarás bien, no te preocupes.

Me observó por atrás y tomó un trapo para limpiarme. Sentía mucho líquido, como si estuviera suelto del estómago, pero era sangre. La vi de reojo y le pedí a Jorge:

-Ayúdame a ir al baño.

Con trabajo y con dolor caminé al baño y ahí me dejo con papel de baño y ahí me quedé para atenderme. Me juraba a mi mismo que esta sería la última vez que haría esto. Mientras me limpiaba introduciendo papel y secando la sangre que ya casi se detenía. Dejé algunos papeles como tapón y me quedé de pié ya que si me sentaba me dolía más.

Me veía en el espejo y no me reconocía. Ese día había muerto el niño inocente y me había transformado en un gay y no me agradaba. Creo que estuve como media hora adentro del baño, y al salir, encontré a mi amigo y al camarógrafo encuerados teniendo relaciones anales. No entendía cómo podía follarle con tanta velocidad y la cara de mi amigo decía otra cosa muy diferente a lo que yo sentí.

Me vestí con cuidado sin prestarles mucha atención, pero en el pantalón encontré el dinero prometido. Lo tomé y me lo guardé. Los dejé solos disfrutando del sexo homosexual y con calma regresé a mi casa.

Mentí que me había caído y estaba adolorido, y esa efectivamente fue mi última sesión fotográfica. Me retiraba del mundo del modelaje y aunque extrañé ya no tener mi propio dinero, esa experiencia me llenó de vergüenza. A Jorge lo dejé de frecuentar ya que cada vez actuaba más como un gay y no quería salir aún yo del closet.


Parte 4
Tardó más de un mes en cerrarse la herida y otro más para que ya no tuviera dolores. En mi casa no dije nada y nadie se enteró de mi perversión privada. No fue hasta el fin del año escolar que volví a conversar con Jorge, quien me dijo:

-Este es mi último día en esta escuela. Mi madre no puede pagar más la escuela.

-Lo siento –le contesté.

-Pero al menos puedo agradecerte el ayudarme a descubrir mi inclinación sexual.

-No esperaba eso, que aunque me gustó, creo que es mucho para mí.

-Te estaré agradecido toda mi vida. Fuiste mi primer hombre y mi primer amor.

-Gracias –le contesté alagado-. También tú fuiste mi primer hombre, y mi único amor.

-¿Quieres venir a mi casa a comer? –me preguntó ya al salir de la escuela.

-No me gustaría.

-¿Por qué? –me preguntó usando unos ademanes muy femeninos.

-Es solo que no quiero –le respondí sin quererle decir la verdad.

-¿No quieres darme un beso de despedida? –me siguió preguntando.

-No lo sé, es que…

-Vamos, dime Miguel.

-Es que tengo miedo.

-¿De que te lastime? –siguió preguntando.

-Sí, eso, y además… tienes muchas parejas.

-Ya entendí, crees que soy una puta –me contestó preocupado.

Asentí con mi cabeza sin responderle y después le pregunté:

-¿No te da miedo el sida o las otras enfermedades?

-No, uso condón –me contestó sin temor alguno.

-Pero con el camarógrafo no lo usamos –le respondí.

-Pero ahora ya.

-Está bien, vamos a tu casa, y tal vez me quede a dormir.

Me moría de ganas de estar nuevamente con Jorge, así que primero pasé a mi casa por mis cosas, y aunque preguntaron por Jorge, ya que hace mucho que no le veía, les contesté que sería la última vez, pues se cambiaba de escuela y de casa.

Llegué puntual a la hora de la comida, y como siempre su madre dejó algo de comida. Sus padres ya se habían separado, así que estaríamos solos. Comimos un poco y comenzamos a platicar de sus experiencias sexuales con hombres y mujeres. Ya era todo un experto y me quería enseñar cosas nuevas. Yo ya estaba encendido, y al notarlo, se acercó y comenzó a acariciar mi entrepierna.

-Aquí no, no en la cocina –le dije.

-Vamos, no va a llegar nadie.

Salí de la cocina y me quité la playera para llegar a su recámara, y ahí me desnudé completamente y me acosté para recibirle. Se acostó junto a mí aún con su ropa y comenzó a sobarme el estómago mientras restregaba su miembro contra mis nalgas.

Mi respiración se había agitado y entonces se quitó la playera y pude sentir su viril cuerpo. Era muy reconfortante sentir su calor y su mano recorriendo mi pene erecto.

-Estás muy grande –me dijo como cumplido.

Así era, yo ya era un jovencito peludo y con voz de hombre, pero con mi misma debilidad por los penes erectos, así que puse mis manos atrás para descubrirle su pantalón y sentir su trozo palpitar en mis nalgas.

Me volteé hacia él y con cuidado le ayudé a quitarse sus pantalones junto con el calzón y vi su miembro aún más grande y largo. Estaba depilado de todas sus partes y eso le hacía ver que tenía un mayor tamaño.

-¿Cuánto te mide? –le pregunté.

-Diecisiete centímetros –me contestó dándome un beso en la boca.

A él no le importaba que yo tuviera dos centímetros menos y que no me depilara, aunque en realidad no lo necesitara, pues solo tenía pelo en el pubis y en las partes bajas de las piernas.

Comenzamos a masturbarnos en la privacidad de su cama y no nos importó eyacular como si fueran orines en sus colchas. Entrelazábamos nuestros cuerpos e intentábamos alcanzar cada parte íntima. No teníamos prisa, nos pertenecíamos el uno al otro y así continuaría durante la tarde y toda la noche.

Puso entonces una película pornográfica y mientras se proyectaba en la tele, nosotros a la par intentábamos imitar los movimientos. Tomó vaselina y me untó en mi ano y me dijo:

-Yo tendré cuidado, así como la primera vez.

-Está bien, pero despacio,

Realmente fue muy gentil. Generosamente me untaba en todas mis partes erógenas y comenzó a dilatarme mi agujero. Yo también comencé a juguetear con el suyo y de paso le untaba también vaselina.

Comenzó con un dedo y después dos para al final meter tres. Sentía que estaba llegando al límite de elasticidad y me dijo:

-Ya estás listo. Voy a entrar, pero quiero que sea así.

Entonces yo estando abajo, me dijo que me recostara boca arriba y que levantara las piernas. Así lo hice y él me las hizo hasta atrás y al tenerlo frente a mí, me sonrió y sus labios carnosos buscaron los míos y nos entrelazamos en un beso infinito.

Su pene parecía que tuviera vida propia y poco a poco fue abriéndose camino entre mis entrañas mientras un placer indescriptible inundaba mi cuerpo. Cada movimiento me estimulaba y la cama se mecía rítmicamente. Mi erección no se detenía y crecía cada vez más. A ratos veía la película y otras veces me dedicaba a amar a Jorge.

Para mantener esas relaciones sexuales se necesitaba mucha fuerza, y eso precisamente tenía mi amante. Sus brazos estaban perfectamente marcados y su abdomen presumía un buen lavadero. A cada embestida me llevaba más y más al éxtasis hasta que se corrió en abundante esperma que llenó mis cavidades y su calor se sentía en todo mi cuerpo. Tomó mi pene y lo jaló tres veces para que de él emergieran chorros blancos descontrolados. Manché su abdomen y el mío, y al retirar su miembro, descansó sobre mi estomago y el beso que nos dimos fue largo y duradero.

Así permanecimos en lo que mi arma se cargaba nuevamente de municiones, y al sentirla dura otra vez, quise regresarle el favor y ahora sería mi turno de penetrarle en la misma posición que me había follado. Me unté más vaselina en mi verga y me dijo:

-Métemela rápido.

De un solo golpe entró mi aparato y comencé a bombear tan rápido podía. El sudor corría por mi frente y con fuerza le embestía. Jorge hacía unos ruidos ahogados, eran como gemidos que acompañaban rítmicamente a mi penetración, y eso me excitaba aún más. Ya era el anochecer y no me podía detener. Tomaba su verga y la masturbaba y él no hacía nada más que estirarse hacia atrás y disfrutar.

La cama azotaba contra la pared y entonces, me sentí venir en su interior.

-Me vengo –le dije.

Pero él respondió:

-Acaba adentro

Así lo hice pujando y gimiendo de placer. No me salió mucho, pero cada espasmo que daba mi miembro era un paso que me acercaba al cielo. No la saqué, ahí me quedé adentro de él, y con cuidado se levantó mostrando gran fuerza y flexibilidad. Yo me quedé acostado y él ahora estaba sentado sobre mi pelvis con mi miembro ensartado. Comenzó a moverse y yo tomé su pene para masturbarle y quitarle algo de energía. Quería que alcanzara el orgasmo junto conmigo, pero yo ya estaba seco. Eyaculó intempestivamente una gran cantidad de leche sobre mi pecho y me sorprendió que tuviera tanta fuerza.

Yo en cambio, no perdía rigidez pero ya estaba muerto mi aparato. Al notar mi baja de ritmo, se desmontó de mi falo y se recostó junto a mí para abrazarme. Los dos yacíamos exhaustos y dormimos desnudos y abrazados hasta que nos despertamos a media noche. Me percaté que habíamos dejado la puerta abierta y no le tomé importancia.

El cuarto olía a sudor y a semen, así que le dije a Jorge:

-Voy a ducharme, acompáñame.

Soñolientos fuimos al baño y ahí nos duchamos los dos juntos con agua caliente. Recordamos nuestros tiempos de la niñez cuando íbamos de campamento y la pena que nos deba que nos vieran desnudos. Éramos unos tontos, pues si no nos hubieran dicho que eso era malo, hubiéramos comenzado a disfrutar desde mucho antes.

Nos enjabonamos mutuamente y de paso, sostuvimos un 69 para terminar de secar nuestros testículos y pudiéramos dormir toda la noche. Nos secamos con amplias toallas y de regreso en la cama, la tuvimos que volver a tender con sábanas limpias ya que estaban almidonadas y sucias. No me importó que su mamá nos hubiera visto, lo único que me importaba era Jorge y así dormí muy plácidamente hasta el amanecer.

Como era de esperarse, nuestra erección matutina nos hizo reanudar nuestros juegos y nos regalamos un par de orgasmos más hasta que a las once del día finalmente salimos a la cocina para desayunar. Obviamente nos pusimos los calzones y una camiseta y ahí estaba su madre. Me vio con ternura y desaprobación.

-No creí que tú fueras también su pareja –me dijo sin saludar.

-Perdón señora por no dejarla dormir –le contesté.

-No te preocupes Miguel, estoy acostumbrada –me contestó y después le dijo a su hijo-. Espero que hayan usado condones.

-No mamá -respondió-. Con Miguel no necesito. Es de confiar.

-Tú sabes hijo… –le dijo levantándose para servirse un jugo-. Y dime Miguelito, ¿desde cuándo estás con mi hijo?

Estaba nervioso, y entonces, cuando iba a responderle Jorge me ganó y dijo:

-Desde hace casi un año.

-Entonces tú fuiste el que hizo que Jorge terminara así –contestó ella.

-Ya te dije que no madre –contestó Jorge-. Siempre lo fui, solo que ahora lo sé.

-¿Y tú Miguel? –me preguntó.

-También siempre lo fui, pero su hijo ha sido el único para mí.

-No sé qué pensar –contestó su madre-. Yo creí que eras bueno y educado, pero ya vi que no importa cuánto se esfuercen los padres, los hijos siempre harán lo que quieran.

Ella se retiró sin despedirse y yo también me retiré para vestirme y me despedí de mi novio con un profuso beso y le dije:

-Jamás te olvidaré.

-Yo tampoco.

Y aunque después me dio su nuevo teléfono, yo no quise volver a hablarle. Mi secreto quedó a salvo y con el tiempo decidí dejar atrás esos recuerdos. No volví a tener relaciones homosexuales y aunque tuve varias novias, siempre vivía añorando mis años felices de adolecente.

Un día ya estando por iniciar la universidad regresé con el fotógrafo para pedirle copias de mis sesiones de modelaje pero ya había cerrado hace mucho. Me dio tristeza no recordar cómo era yo de niño y tampoco tener algún recuerdo palpable de lo ocurrido

Mi debilidad nunca fue superada y con el advenimiento del internet, encontré la pornografía que siempre quise ver, y después de mucho buscar, me di cuenta que era más fácil de encontrar de lo que parecía. Encontré con el paso del tiempo por pura suerte fotos mías y de mi amigo, no eran muchas, y aunque sabía que estaban incompletas las series, me llenó de satisfacción verme a mí mismo en acción. ¡Ah, si tan solo hubiera disfrutado más!

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Comentarios enviados para este relato
siriusblack (8 de June de 2011 a las 01:10) dice: que relato tan fascinante... se nota lo mucho que disfrutaste... el sentimiento se puede tocar en cada palabra.

josejofre10 (31 de March de 2009 a las 18:17) dice: MUY LA TOSO

BGCock (2 de December de 2010 a las 18:38) dice: Tres veces lo he leído y me sigue exitando y emocionando igual, muy buen relato

androdaniel (14 de April de 2009 a las 07:05) dice: es el relato mas largo y entretenido la verdad para mi gusto es el mejor ke e leido me tubo entretenido no solo me exito termine llorando jajaj yeso ya es mucho ta bueno ke envidia al ke le paso jajaj ke loko kiero otra komo esa

culon (13 de August de 2009 a las 07:05) dice: el mejor relato que e leido en mi vida y he leido muchisimos

montador (1 de April de 2009 a las 00:47) dice: Muy buen relato


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