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El Prestamista ( CON fotos)


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Relato enviado por : Narrador el 07/07/2017. Lecturas: 4556

etiquetas relato El Prestamista ( CON fotos) Confesiones .
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Resumen
Don Sebastián nos preguntó la cantidad y como pensábamos pagarle, seductoramente me adelanté a mi esposo al momento de decir la cantidad que necesitábamos, y para que la pensábamos usar. Ramiro se quedó callado, mientras que Don Sebastián de lo más interesado me preguntaba alguno que otro detalle, sobre nuestro floreciente negocio, y de cuáles serían los intereses que nos cobraría por el favor, al tiempo que yo sentía que me desnudaba con su mirada. En esos momentos aquel viejo prestamista sonriendo nos dijo a los dos, que lo iba a consultar con su almohada, pero que sin falta al día siguiente se comunicaría con nosotros. Solo que justo cuando íbamos saliendo de su casa, Ramiro y yo, el viejo Sebastián discretamente me entrego un papelito, con su número de teléfono. Camino a casa, Ramiro me recriminó que yo hubiera actuado como lo hice, en esos momentos su mayor mortificación era el entierro de su santa madre, por lo que él no se dio cuenta de que si el viejo Sebastián nos daba el dinero que yo le había pedido, bien podíamos aparte de pagar un buen funeral para su madre, nos sobraría lo suficiente como para seguir adelante con nuestro negocio. Así que aproveché, que mi marido se fue a recoger algo de ropa de la difunta, para ponerme en contacto con el prestamista. Y apenas los llamé, me dijo. Ya sabía yo que quien lleva los pantalones en tu casa eres tú.


Relato
El prestamista…

Por decir algo, les diré que mi nombre es Olga, y llevo varios años de casada, digamos que con Ramiro. Quien después de estar trabajando en una agencia de gobierno, por muchos años. Lo animé a que montásemos nuestro propio negocio, por lo cual tuvimos que recurrir a solicitar un préstamo bancario, con el cual arrancamos. La verdad es que todo iba de maravillas, hasta que la madre de mi esposo, enfermó. Y eso se fue tragando todos nuestros activos, hasta que llegó un momento en que ya no podíamos recurrir al banco, sencillamente porque no teníamos con que pagarle, aunque teníamos un sin número de clientes a quienes atender, y cobrarles. Por suerte, y no es que yo sea una interesada, ni mucho menos desalmada, pero gracias a Dios, mi señora suegra falleció. Pero en esos momentos, no teníamos ni para cubrir, los humildes y sencillos gastos fúnebres. Cuando dije por suerte, es porque a mi esposo le hablaron de Don Sebastián, el prestamista del barrio, en el cual vivíamos antes. Ramiro tenía la estúpida idea, de pedirle la cantidad suficiente como para pagar los gastos fúnebres de su madre, pero como yo decidí acompañarlo, me vestí de la manera más elegante, coqueta, y sensual que pude, y cuando Don Sebastián nos preguntó la cantidad y como pensábamos pagarle, seductoramente me adelanté a mi esposo al momento de decir la cantidad que necesitábamos, y para que la pensábamos usar. Ramiro se quedó callado, mientras que Don Sebastián de lo más interesado me preguntaba alguno que otro detalle, sobre nuestro floreciente negocio, y de cuáles serían los intereses que nos cobraría por el favor, al tiempo que yo sentía que me desnudaba con su mirada. En esos momentos aquel viejo prestamista sonriendo nos dijo a los dos, que lo iba a consultar con su almohada, pero que sin falta al día siguiente se comunicaría con nosotros. Solo que justo cuando íbamos saliendo de su casa, Ramiro y yo, el viejo Sebastián discretamente me entrego un papelito, con su número de teléfono. Camino a casa, Ramiro me recriminó que yo hubiera actuado como lo hice, en esos momentos su mayor mortificación era el entierro de su santa madre, por lo que él no se dio cuenta de que si el viejo Sebastián nos daba el dinero que yo le había pedido, bien podíamos aparte de pagar un buen funeral para su madre, nos sobraría lo suficiente como para seguir adelante con nuestro negocio. Así que aproveché, que mi marido se fue a recoger algo de ropa de la difunta, para ponerme en contacto con el prestamista. Y apenas los llamé, me dijo. Ya sabía yo que quien lleva los pantalones en tu casa eres tú. Así que mi oferta es esta, les voy a dar la totalidad del dinero que tú me has pedido, al interés del que habíamos hablado. Pero con la condición, de que mientras dure el préstamo, varias veces al mes o mejor aún, cuando yo te llame, nos ponemos de acuerdo, para que te acuestes conmigo, claro sin que tú marido se entere, a menos que no sea de los que disfruta cuando otro se acuesta con su mujer. Yo me hice la sorprendida, aunque me esperaba que él me saliera con una propuesta como esa, ya que por la manera en que aquel viejo me desnudaba con su mirada, mientras le exponía mi propuesta, me imaginé que algo de eso se traía entre manos, cuando me dio aquel papelito. Aunque no pensé jamás, que fuera a ser tan directo al decírmelo. Por unos segundos me quedé sin saber que decirle, mientras mentalmente calculaba cuanto íbamos a ganar, si contábamos con ese dinero. Por lo que cuando Don Sebastián me preguntó, si estaba de acuerdo, mi inmediata respuesta fue que sí. Por lo que esa misma tarde antes de que regresara mi esposo, llamé a la funeraria para que pasaran, a la clínica, a buscar el cuerpo de mi suegra. Así que al día siguiente, Ramiro y yo fuimos a casa de Don Sebastián a buscar el cheque, y a la vez sin que Ramiro se diera cuenta, ponerme de acuerdo con el prestamista para comenzar a realizar mis pagos. Por su parte el viejo, aparte de darnos el cheque, también le dio el pésame a mi esposo, y quedó en pasar por la funeraria. En donde cuando menos lo esperábamos se presentó con una llamativa y elegante corona de flores. Lo que a Ramiro lo impresionó de manera muy positiva, tanto que cuando finalmente terminamos con el entierro de su madre, lo primero que me dijo fue. Vamos al negocio, que no quiero quedarle mal a Don Sebastián que se ha portado, como todo un caballero, muy bien con nosotros. Yo ese mismo día con la excusa de que iba a visitar a una amiga, me dirigí a la casa de Don Sebastián, quien me recibió con una tremenda sonrisa de oreja a oreja, diciéndome. Mi querida y apreciada Olga, desde hoy en adelante no vas a volver más a esta casa, a menos que no sea que vengas con Ramiro a pagar, para nuestro acuerdo nos veremos en un apartamento que tengo, casualmente a pocos pasos de tu negocio. Estas son las llaves, y esta la dirección. Así que cuando yo llegue ya tú me vas a estar esperando, recién bañada, fresquecita, y dispuestas a todo ¿Estamos claros? Mi respuesta inmediata fue que sí, y justo cuando iba saliendo de su casa, me ha dado una tremenda nalgada, que por un buen rato me dejó ardiendo las nalgas. Durante el resto del día me la pasé diciéndome a mí misma, que lo hacía por Ramiro. Así que cuando al siguiente día recibí su llamada, algo nerviosa, después de decirle a mi esposo que iba a ver mi ginecólogo, me dirigí a la dirección que Don Sebastián me había dado, al entrar al edificio, me di cuenta de que era bien lujoso, y cuando entré al apartamento verdaderamente quedé sorprendida por el buen gusto del prestamista. Así que me dirigí a la habitación principal, aunque algo nerviosa, me quité toda mi ropa, me di una refrescante ducha, y al salir del baño envuelta en una corta toalla, mientras que en todo momento seguía diciéndome mentalmente a mí misma, que lo hacía por Ramiro, ya Don Sebastián, me estaba esperando sentado a un lado de la cama. Me observó de pies a cabeza, al tiempo que fue sacando su miembro del pantalón, tras lo cual me dijo. Bueno ahora veamos si la inversión que hice valió la pena. Así que deshazte de esa toalla para verte de cerca. Yo dejé caer la toalla, y tragándome mi orgullo, comencé a caminar hacia él. Pero Don Sebastián, cuando me encontraba como a un metro de él, me hizo señas de que me detuviera, y que diera vueltas, el todo de seguro era para ver mis nalgas. Fue cuando me preguntó ¿qué tal es Ramiro en la cama? Yo la verdad es que no me esperaba que me fuera a preguntar eso, o mejor dicho que me fuera a preguntar nada. Mi respuesta después de varios segundos de silencio, fue. Es bastante bueno, pienso yo. Don Sebastián soltó una carcajada, y de inmediato me dijo. Veamos si opinas lo mismo, después de que yo me acueste contigo. Pero antes quiero que comiences por darme una suave mamada, sin prisa, que lo que deseo es sentir el calor, y la humedad de tu boca, alrededor de mi verga. En mis años de casada, nunca Ramiro ha querido que le mame su miembro, ya que en la única vez que se lo insinué para hacer un 69, me dijo que esas eran cosas de enfermos sexuales. Por lo que nunca más volví, ni tan siquiera a insinuárselo nuevamente. Y justo lo que el viejo prestamista deseaba que yo le hiciera en ese momento, era que me pusiera a mamar su adormilado miembro. Así que ya no era el momento de ponerme con tonterías, por lo que sencillamente me arrodillé frente a él, y mientras que con ambas manos agarraba su miembro, fui acercando mis labios a su colorado glande. Y cerrando los ojos, y sin dejar de decirme a mí misma, que lo hacía por Ramiro, mis labios hicieron contacto con su miembro, por unos segundos, se puede decir que lo estuve besando, pero la realidad era que no me decidía todavía a introducir esa cosa dentro de mi boca. De momento se me ocurrió comenzar a pasarle la lengua, por todo el tallo, hasta su glande, tal como si se tratase de una gran barquilla de helado, tras varias lengüetadas, fui abriendo mi boca, y comencé a succionar suavemente todo su miembro, tal y como él me lo había pedido. A medida que yo seguía mamando, sentí una de sus manos que la colocó sobre mi cabeza, en cierta forma o manera, obligándome a que levantara la vista, por lo que abrí los ojos sin dejar de mamar. Al mismo tiempo que me di cuenta, que dentro de mi boca, su miembro se estaba poniendo más duro y caliente. Al terminar de levantar la cabeza, sin dejar de seguir chupando todo aquel trozo de carne, me dijo. Así me gusta, lo estás haciendo muy bien, para ser tu primera vez, por lo menos conmigo. La manos que él mantenía sobre mis cabellos, iba llevando mi cabeza, una y otras vez hacía tras y hacía adelante. Hasta de momento comenzó acelerar la presión que sentía sobre mi cabeza, por lo que yo seguí mama que mama, con más fuerza, hasta casi ahogarme, hasta que de momento se detuvo, y sentí dentro de mi boca un caliente chorro de su semen. Yo me quedé con el buche en la boca, mientras que él sacando su miembro de mi boca me dijo, no te apures, no pensé que me fuera a gustar tanto que me lo mamaras. Pero ve al baño y enjuágate la boca, que deseo hablar contigo. Cuando regresé del baño, él ya se encontraba acostado en la cama, se había quitado toda su ropa, y me di cuenta de que a pesar de su edad, y de sus muchas canas, tenía un buen cuerpo, y su miembro a medida que se lo fui mamando, lo comparé mentalmente, con el de mi marido, resultando ser el de Don Sebastián, mucho más largo, y grueso que el de Ramiro. Ya en la cama, me preguntó ¿Y a tu marido se lo mamas de la misma manera? Yo de inmediato le respondí, que no, ya que él piensa que esas son cosas de enfermos sexuales. Sonriéndose me preguntó, y a ti él nunca te la ha mamado, a lo que le respondí un seco, no. En esos momentos el viejo, comenzó acariciar todo mi cuerpo, besándome ocasionalmente, hasta que suavemente hizo que yo abriese mis piernas, mientras no dejaba de acariciar la parte interna de mis muslos, y fui sintiendo sus gruesos dedos, explorando los labios de mi vagina, mi vulva, y mi clítoris. Mientras que yo no dejaba de decirme a mí misma, que lo soportaba por Ramiro. Como si realmente me lo creyera, lo cierto es que a medida que sus dedos seguían explorando todo mi cuerpo, yo comencé a desear que me penetrase. Pero para mi sorpresa, de momento sentí su rostro sobre mi depilado coño. Su lengua y sus dedos se abrieron paso dentro de mi vulva, y sentí sus labios como comenzaron a chupar mi clítoris. Lo que en cosa de pocos segundos hizo que en medio de mi excitación, comenzara a desear que me penetrase. De momento se tomó un respiro, para preguntarme ¿Olga dime que piensas de esto que te estoy haciendo? ¿También crees que es cosa de enfermos sexuales? Yo ni le respondí, tan solo me le quedé viendo, deseando que continuase, Ya en esos momentos, poco me importaba lo que hubiera dicho Ramiro al respecto, por mi parte deseaba que siguiera mamando mi coño, tal y como lo estaba haciendo. Sebastián se dio cuenta de la manera en que lo miraba, y sin perder tiempo, continuó lamiendo, besando y chupando mi coño. Arrancándome placenteros gemidos, al tiempo que yo comencé a restregar toda mi vulva contra su cara. Sentía que me meaba del placer, que el viejo prestamista, me proporcionaba con toda su boca, y lengua dentro de mi coño. Tanto placer sentí, que me provocó un increíble, y húmedo orgasmo, como hacía mucho tiempo que Ramiro no me lo proporcionaba. Yo me quedé recostada sobre su cama con mis piernas bien abiertas, y al poco rato Sebastián se colocó sobre mí. Fui sintiendo como su miembro caliente y duro, fue penetrando divinamente, mi coño. Eso bastó para que me volvieran las fuerzas, y comenzara a mover mis caderas, al tiempo que él continuó metiendo y sacando todo su sabroso miembro de mi caliente, y deseosa vulva. Yo creo que me volví como loca, ya que lo único que le pedía era que me diera más y más duro. Cosa que sorprendentemente el viejo hacía, al parecer sin mucho esfuerzo de su parte. Así que mientras que por una parte, yo imploraba porque continuara enterrando toda su verga, por la otra no dejaba de menear mis caderas, restregando mi caliente coño contra su cuerpo, como nunca antes lo había hecho con mi propio marido. Lo cierto es que estaba más que sorprendida por el magnífico desempeño de Sebastián, tanto que cuando de momento sacó su verga de mi coño, y como si yo fuera una muñeca de papel, hizo que me pusiera de espaldas a él, y casi de inmediato comencé a sentir aquel caliente y duro miembro entre mis nalga, casi me da un ataque. Ya que pensé que me iba a enterrar aquella cosa por el culo, pero no fue así. Nuevamente me volvió a penetrar por el coño, pero de una manera tal que yo no me lo esperaba. Ya que al mismo tiempo, comencé a sentir una de sus manos sobre mi clítoris, apretándomelo con sus dedos, jalándolo, y aplastándolo, una y otra vez. Yo volvía a disfrutar, como nunca antes lo había hecho, de múltiples y arrebatadores orgasmos. Mientras que él continuaba una y otra vez, enterrándome toda su sabrosa verga. Yo estaba casi desfallecida, por el placer disfrutado. Cuando Sebastián, sin dejar de seguir moviéndose, comenzó con alguno de sus dedos, exploraba el orificio de mi culo. Yo la verdad es que estaba tan satisfecha, que poco me importó que me fuera a reventar el culo. Sus dedos fueron dilatando mi esfínter, y cuando menos lo esperaba, sacó su verga de mi coño, y me la ha enterrado divinamente por el culo. Yo di un grito, más de sorpresa que de dolor, y por otro largo rato Sebastián me estuvo dando por el culo, hasta que sin decirme nada, justo antes de que se fuera a venir, sacó su verga de entre mis nalgas, y me la colocó en la boca. Yo instintivamente, me dediqué a mamársela, hasta que sentí, aquel chorro caliente que inundaba toda mi boca, y garganta. Por un largo rato ambos nos quedamos recostados en aquella gran cama, hasta que poco a poco fui sintiendo como regresaban mis fuerzas. Después de esos gratos momentos de salvaje sexo, Sebastián se puso de pie, y sonriendo me dijo, te espero la próxima semana. Fue cuando lo vi detenidamente, y la verdad es que físicamente no era nada del otro mundo, frente a mí se encontraba un hombre mayor, y ese fabuloso miembro que tanto me hizo gozar, era simplemente un pedacito de carne arrugada. Yo no lo podía creer, pero momentos antes, ese pedazo de viejo, me había hecho disfrutar como nunca antes, alguien lo había hecho en toda mi vida. Después ducharme, y mientras me vestía, en mi cabeza no dejaba de pensar lo que había hecho, como había sido posible que le fuera infiel a mi marido, con ese viejo, y por dinero. Pero apenas terminé de vestirme, como que me di cuenta de lo mucho que había gozado, y de lo mucho que seguiría gozando, cada vez que regresara al apartamento de Sebastián, por lo menos mientras mi marido no se enterarse de nada. Así que apenas terminé de vestirme, Sebastián aun completamente desnudo, me dio un beso, y tras darme una ardiente nalgada me dijo, espera mi llamada. Esa noche cuando mi esposo regresó a casa, ni atención me puso, por lo cansado que estaba. Por lo que yo me hice la dormida, pensando cuando volvería a ver al viejo Sebastián. Así que mientras Ramiro trabajaba como un loco, yo ocasionalmente iba a visitar a Sebastián a su apartamento. Hasta que una noche, justo el día en que lo acompañé a pagarle a Sebastián, cuando regresamos a casa, ya estando acostados en nuestra cama, no sé de donde a mi esposo le dio por preguntarme, si en alguna ocasión yo había pensado en serle infiel. Yo me imaginé, que posiblemente, se había enterado que me estaba acostando con el prestamista. Pero cuando haciéndome la ofendida e indignada, le pregunté a que se debía esa pregunta, me respondió. Es que no sé, que me pasa. Te has dado cuenta de que desde el entierro de mi madre, llevamos varias semanas sin tener sexo, y no es que yo no quiera, pero la verdad es que aunque quiero, como que no puedo, ya que solo tengo mente para el trabajo, y es más, cuando veo a todos esos hombres como te miran. Como es el caso del pobre viejo Sebastián, está que se babea por ti. Mientras que yo, que te tengo a mi lado, no sé qué me pasa, que no me provoca tener nada de sexo, ahora mismo que estoy hablando del tema contigo, la verdad es que quisiera estar realizando los pedidos del mes próximo. Realmente, lo que Ramiro me terminó de decir, me asombró. Ya que no esperaba que él se volviera un adicto al trabajo. Fue cuando le dije, vamos a suponer, por un momento que yo te dijera, que supuestamente te habría sido infiel, eso como te haría sentir. De momento, y para mi mayor sorpresa, el rostro de Ramiro cambió del todo, y casi de inmediato me saltó encima, arrancándome la poca ropa de dormir, que yo cargaba puesta. En un arranque de que se yo, salvajemente me penetró como si él fuera una bestia, al mismo tiempo que me pedía, o mejor dicho me exigía que le continuara diciendo algo más, aunque sean invenciones tuyas, para complacerlo. Ya en ese momento, la verdad es que por la manera en que Ramiro me estaba penetrando, y lo morbosa de la situación, le dije. Bueno como tú quieres que me invente algo, te diré que en nuestro último viaje a Francia, cosa que realmente nunca hemos hecho, cuando estaba terminando de ducharme, entró en la habitación del hotel, uno de los botones, empujando un carrito con el desayuno, acuérdate que tú estabas en el museo del Lourdes, cerrando la compra del cuadro que tanto me gustó. Bueno justo cuando yo salí de la ducha, apenas me puse una pequeña toalla alrededor de mi cuerpo, y cuando pasé a la habitación, al ver aquel joven me sorprendí, y la pequeña toalla que llevaba puesta se me cayó, por lo que me puse sumamente nerviosa, al quedar completamente desnuda frente a ese desconocido. Él se me acercó, me miró a los ojos, y sin que yo pudiera evitarlo, me abrazó, y me ha plantado un tremendo beso en la boca, introduciéndome hasta su lengua. Yo la verdad es que no sabía qué hacer, estaba tan nerviosa, y asustada. Que cuando aquel tipo continuó besándome, yo no pude resistirme. Así que a medida que me besaba de manera ardiente, sentí como sus manos acariciaban todo mi cuerpo, y aunque yo quería decirle que se detuviera, la verdad es que no pude hacerlo, por lo que él continuó apretando mis nalgas, y pegándome contra su cuerpo. A todas estas a medida que yo continuaba inventando lo que iba diciendo, Ramiro con más fuerzas me apretaba contra su cuerpo, y más adentro de mi coño sentía toda su dura y caliente verga. Por lo que yo seguí diciéndole, un motón de cosas, tales como que aquel tipo me había puesto a mamar su miembro, y que hasta por el culo me había dado. Y a medida que yo seguía contándole a mi marido, todas esas mentiras, él más excitado se ponía, hasta que finalmente me hizo disfrutar de un salvaje orgasmo, como hacía mucho tiempo que él no lo hacía. Al tiempo que se vino, y no contento con eso, me puso a mamar su verga. Cuando terminamos, yo haciéndome la asustada le pregunté qué era lo que había sucedido. Fue cuando me confesó que en realidad él deseaba que yo le fuera infiel, que era algo que no podía apartar de su cabeza, y aunque sabía que eso no era normal, y le avergonzaba el decirme, que no podía evitar desear que eso sucediera. De momento estuve tentada a contarle todo lo sucedía entre el viejo Sebastián, y yo. Pero digamos que mi sentido común, me dijo que no lo hiciera. Pero en lugar de eso, le dije a Ramiro. Mi amor, yo te amo tanto que por ti estoy dispuesta hacer todo lo que te haga feliz. Y durante par de semanas, yo seguí inventando cuentos, hasta que el mismo Ramiro, me dijo una noche, que ya eso no le bastaba, porque sabía en el fondo que todo era mentira, por lo que ya no lograba excitarse de la misma manera. Fue cuando yo le propuse que él me diera otras opciones para complacerlo. Pero que tuviera en cuenta de que luego no fuera a echarme en cara lo que yo hiciera por complacerlo. Ramiro se quedó pensando un rato, y me dijo. Bueno y si buscamos a alguien que sea lo suficientemente discreto, te animarías. Yo haciéndome la que no estaba muy convencida, finalmente le dije, Ok. Pero esa persona que tú escojas, debe ser bien discreta, no quiero que el día menos pensado, alguien salga diciendo que tú eres un cabrón, y yo una puta. La verdad es que estaba loca por insinuarle que ese alguien debía ser como Sebastián el prestamista, pero nuevamente me quedé callada, y fue cuando Ramiro dijo, si el escogido debe ser todo un caballero, discreto, y que no se aproveche de la situación, alguien así como Don Sebastián el prestamista. Al escucharlo, haciéndome la tonta, le pregunté ¿Y tú crees que él se preste para eso? A lo que Ramiro sonriendo, me dijo. Don Sebastián es todo un caballero, pero quizás tú no te has dado cuenta, pero yo sí me he dado cuenta de la manera en que te mira, cuando vamos a pagarle. De seguro la próxima vez que nos toque pagarle, en lugar de ir los dos, vas tu sola, nada más con que le comentes, de manera discreta que yo trabajo tanto, y tanto que en ocasiones no te pongo la atención debida, de seguro él te insinúa algo, y entonces tú decides que hacer. Yo la verdad es que no podía creer lo que Ramiro me estaba proponiendo, pero por el solo hecho de mantener esa conversación entre los dos, lo puso en un estado de excitación tal, que no dudé que todo saldría a pedir de boca, ya que esa noche me dio una tremenda revolcada, además de que se puso a mamar mi coño, cosa que nunca antes Ramiro había hecho. Así que a la semana siguiente, cuando nos tocaba ir a pagar, apenas me vestí para ir donde Don Sebastián, Ramiro me pidió que me pusiera algo menos discreto, y yo obedeciéndolo me cambié de ropa, poniéndome una mini falda, y una blusa bien ajustada. Ramiro me acompañó hasta la casa de Don Sebastián, y de inmediato se retiró, dejándome sola en la puerta. Cuando Sebastián abrió la puerta y me vio, no hizo comentario alguno, me invitó a pasar como de costumbre, pero ya dentro de su casa, me preguntó por Ramiro. Fue cuando decidí contarle toda la verdad, aclarándole que Ramiro desconocía que él y yo ya nos entendíamos. Bueno Sebastián y yo ya llevamos varios meses, Ramiro por su parte es sumamente feliz al yo contarle todo lo que me hace Sebastián, pero recientemente, mientras yo le contaba como Sebastián me daba por el culo, mientras Ramiro me estaba haciendo lo mismo, me preguntó, si yo era racista….


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