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El Primo Juancho... Y su Cipotote...


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Relato enviado por : AlexisRemington07 el 02/03/2012. Lecturas: 3225

etiquetas relato El Primo Juancho... Y su Cipotote... Gay .
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Resumen
El muchacho se estremeció y no supo decir nada más, solo se dedico a verla muy detenidamente como si quisiese guardar como en una fotografía todos esos detalles, los que guardaría para siempre en su memoria y los puso en un rincón de su alma, para siempre… Para siempre...


Relato
El Primo Juancho... Y su Cipotote...



( Primer Amor y Desilusion )



Juancho:




Tiempo presente:


Hoy es día lluvioso -miro por la ventana como cae la lluvia y mi mente se envuelve en una densa niebla de recuerdos; mi mente viaja kilómetros y kilómetros aun lugar suspendido en el tiempo y el espacio -en la habitación se escucha una musiquilla muy suave muy arrulladora; de esas que te llegan al alma y te evocan los recuerdos de allá de donde eres originario- mi mente se aposta en un lugar con un día hermoso, con un sol brillante; con unas montañas a la distancia, con los verdes campos de cultivo no muy lejos -el olor de la tierra mojada se viene desde todas partes, así mismo el de las flores-, -todo es bello, todo es en una imagen de ensueño; bueno a la edad que tenía todo te parece una fantasía- desde donde estaba podía ver todo el entorno que rodeaba el pueblito de mi viejo; desde donde la vista podía ver como se abría esa su callecita principal empedrada, con sus árboles que parecían llegar al cielo mismo; podía ver también la que fuera un día la casa de mi viejo, era la más grande, la más elegante, la del final de la calle y la placita, desde la entrada un jardín -bueno yo digo que lo era pero no me crean, era más bien una huerta donde de más chicos nos robábamos los frutos de la temporada-, al fondo la casona con su montón de cuartos todos con sus portales -de más antes las mujeres de la casa se ponían a chismear y hacer mitote, mis primos -cuando todavía había muchachos de mi edad-, revoloteábamos en el patio correteando las gallinas, brincando la baranda de la terraza, del lado derecho estaba la troje, del lado izquierdo el corral de los animales y atrás de la casa estaba lo que llamaban "los campos de labor" que no es otra cosa que terreno de cultivo y más allá el río que en ese momento iba crecido con sus cristalinas aguas bajadas desde la montaña, los campo teñidos de un verde oscuro… ¡Si que era un tiempo hermoso!

Se podía ver arriba un cielo azul y unas nubes blancas y esponjosas abajo una alfombra verde salpicada de algo en color blanco y terracota… ¡Si que era digno de una postal, y si que era como si el tiempo se hubiera suspendido!

Miramos lo que él ve: Vemos con sus ojos…

Era un muchacho. ¿Pero era muy parecido a él?

¿Si, era él?

Si, pero era más pequeño, era como siempre ha sido; alto y esbelto aun para su edad, con el cabello castaño algo medio largo, la piel blanca, los ojos castaños, la nariz respingada, los labios gruesos y sensuales, el mentón cuadrado, a esa su edad era ya un chico muy atractivo; denotaba un carácter independiente, viveza sobresaliente, rebelde, si, su mirada lo decía todo, tenía ese brillo que solo se encuentra en uno…

Miramos lo que el pequeño ve…

Es otro día: Es en otro lugar…

Son varios chicos, chacoteando y revoloteando en las cristalinas aguas del río -se bañaban en el río que iba crecido- todos ellos conocidos, desde luego que eran sus primos, pero sus ojos no miraban a los muchachitos que son flacuchos y prietitos, no, sus ojos lo miran a él a ese muchacho que es alto, que es blanco como nunca hayan visto sus ojos -a lo lejos del grupo podía regodearse a sus anchas con la escena; y a partir de ese momento algo en su interior se removió, si antes lo había dudado ahora lo confirmaba: Reyes había sido la mecha, ahora él era el detonante, la corriente que le corrió por la espina dorsal era más que clara-, -bajo la mirada tanto que se sintió empequeñecer y avergonzado por lo que estaba sintiendo; sentía mucho calor, le iba desde las mejillas le pasaba por el vientre y se le desparramaba allí "abajito" sentía como se le iba poniendo "su cosita" muy dura, sudaba y temblaba, todo se le venía de una sola vez, fue como una tempestad y desde esa vez su mirada cambio; pensó que él no era como todos, él era diferente, a sus pocos años era un muchachito diferente…

La imagen de ese muchacho se le quedaría tatuada a fuego en su memoria y en su piel: Nunca en sus pocos años había visto con esos ojos a un muchacho, -por que lo era-, más sin embargo era distinto a todo lo que hayan visto sus ojos, -bueno no era que hubiera visto muchos por que aunque no lo pareciera era un chico muy cuidado, siempre con los ojos de su familia puestos en él- había escuchado por allí que acababa de venir del "Norte" así le llamaban a America del Norte; por eso era distinto a todos, con una actitud de desenfado, de independencia, como todo lo que da irse de su casa y conocer otros ambientes, lo que te da conocer el mundo y eso te da una gran ventaja -y era eso que lo hacía más atractivo, aparte de su físico; con su cabello castaño oscuro algo medio largo y ondulado, sus bellos ojos castaños, sus labios gruesos y sensuales, pero sobre todo su mirada brillante y su sonrisa, su esa su sonrisa que lo hacían temblar de emoción y lo hacían pensar en cosas, en esas cosas que guardo en un rincón de su alma-, -pero tampoco podía pasar por alto su cuerpo; que era de una blancura que le cuajaba y sus músculos algo marcados no mucho ya que también era muy joven, sus brazos fuertes, su espalda ancha, su pecho algo abultado con sus pezoncillos de un color rosado fuerte y con algo de vellito en la aureola, su cintura pequeña y plana, sus muslos fuertes, sus piernas como dos columnas todas llenas de pelos; sentado en esa roca con sus pies metidos en el agua, sus piernas muy abiertas, con ese su pantaloncito corto color amarillo fosforescente -lo recuerda aun- platicando de sus experiencias de allá del "Norte" podía alcanzar a verlo desde donde estaba y, si inclinaba un poco la mirada podía atisbar algo más y esa imagen se le quedaría por siempre en su memoria -era algo que le producía sensaciones extrañas y estaba al borde de la locura…

Ese día paso hacer uno de los mas memorables y desde entonces quiso saber más de ese primo lejano; y ya con engaños o con curiosidad pero siempre metía hilo para sacar hebra con los más chicos y estos siempre saciaban su curiosidad y alimentarban su deseo de saber más de él, -de eso hacia un tiempo ahora se daba sus mañas para venir a verlo y darse a la tarea de saber de Juan Botas, como le decían los primos; y los jóvenes siempre hablaban de esas cosas, cosas de la edad de quien tenía ya bigote, quien tenía pelos en las axilas y allá abajo y algo que se venía cuchicheando entre ellos; que Juancho se cargaba un buen pedazo de vergajo, y que a decir de todos era la más grande, que era de dos cuartas y cabeza libre según en sus formas de hablar, todas esas cosas lo llenaban de inquietud y hacían que sus ojos brillaran de malignidad...





¿Por aquel tiempo había venido una prima del "Norte" y Juancho puso sus ojos en ella -a mi ver ya se habían visto allá en America del Norte; aparte que otra prima originaria del lugar andaba tras del garañón, así que ya eran dos las interesadas; esta había estudiado en una ciudad cercana y por decirlo de cierta manera estaba más educada; esta situación de alguna manera provoco un sentimiento medio raro en él, pero en esos momentos no atisbo a ver tal sentimiento?


En el fondo no le tomaba importancia, él solo quería estar cerca del primo Juancho, no importaba que las primas anduvieran de mitoteras peleándose por el susodicho: Él solo quería una oportunidad de comprobar de cerca lo que se decía del primo; él no quería quedarse para siempre con él, ya para ese entonces tenía entendido que eso era más que imposible; pero si deseaba con toda la vehemencia del mundo satisfacer su curiosidad -que las primas se encargaran de lidiarlo que él solo lo quería para un ratito -y ese día llego una noche casi anocheciendo…





Vemos lo que él ve:

El sol hacía un rato que se a había puesto y desde hacia un rato un grupo de muchachitos se habían situado muy cerca del campo deportivo pero del otro lado, pero al final de la plaza, más allá de la escuela como yendo a las afueras del pueblito pero por el lado del río, donde había unos árboles muy altos y frondosos que impedían la vista; la única farola que había cercas apenas si iluminaba y la poca luz que caía los hacia ver como creaturas de otra dimensión; en una rueda...

Si, el pequeño estaba allí en la bolita y también estaba Juan Botas -miramos lo que él ve, vemos através de sus ojos; vemos que se sonríe como no queriendo, si, así como es él-, si, traía ese día Juan Botas unos tejanos que le entallaban al cuerpo como una vaina, eran de esos tejanos muy entallados que le hacían lucir un culo magnifico, las piernas se le dibujaran hermosas y sus botas; por que Juan siempre usaba botas vaqueras, su chamarra de piel; con el olor de la piel que se desprendía como un segundo olor y ese su olor a limpio que siempre tenía, ese olor que se le quedaría tatuado en las membranas de su ser, ese olor a sándalo y brisa de mar que siempre recordaría, y que mas tarde buscaría en todos los que vendrían, para después recordar a Juan; ese olor que lo estremecía hasta donde no sé sabía donde, que lo hacía mirarlo descaradamente como si tratara de guardar su imagen como en una fotografía y después en las noches en su cama dar vueltas y vueltas con esa su imagen en la memoria revelada como una película en color; su calor y su olor tan nítido que casi podía palparlo, sentirlo -ah que rico es recordar…

Luego como si adivinara cuanto era deseado Juan Botas se acercaba muy junto a él, lo miraba de vez en vez y le sonreía con esa su sonrisa, con esos sus dientes blancos y perfectos, lo abrazaba con su mirada brillante, se le acerba tanto que podía palpar su calor y su olor -y todo en esos momentos se le olvidaba-, -los dos en la imagen y el tiempo se suspendía, sin espacio ni tiempo; desde el cielo caía una lluvia de lucecillas, eran luciérnagas y al fondo una musiquilla arrulladora entonada sin duda por los grillos; los dos solos, él temblaba no se sabía si de frío o de nervios, la piel chinita como de gallina; él abrazándolo con su calor y su olor todo junto como si en realidad también lo deseara, sonreía con esa su sonrisa que lo ponía a millón; con su mano jugando con sus pezones sobre la tela de la camisola; el pequeño comiéndoselo con la mirada; él palpándose y manoseándose a sus anchas el bulto que para esos momentos se veía con total nitidez bajo los tejanos; sonriéndose perverso…
Una voz le venía desde no sé sabe de donde y le parecía muy lejana era casi como un murmullo…

¿Qué, acaso quieres verla, tocarla?

La voz era la de uno de sus primos, era la de uno de los gemelos.

Juan se manoseaba descarado.

Él temblaba como una gallina y no podía apartar la mirada de su paquetote, se relamía:

Otro de los gemelos se situaba a sus espaldas, lo tomaba por la cabeza y de la barbilla, se la empujaba un poco en dirección hacia el lugar de sus ensueños, como si en verdad no quisiera, -se resiste-, podía sentir su calor y el olor de su sexo palpitándole dentro de la ropa como si estuviera peleando por salir, podía verle el relieve y sí que era grande cómo nunca hubieran visto sus ojos -la de Reyes era grande pero esa era monstruosamente enorme, se le dibujaba toda dentro de los tejanos y también era muy gruesa; se relamía goloso- sentía un calor y un estremecimiento que le recorría fulminante por todo el cuerpo; sintió unas punzadas en no sé sabe donde, sentía su cosita muy dura y una oleada de deseos le corría por toda esa parte…

Podía ver a Juan comiéndoselo con la mirada:

Y como en un sueño que le pareció muy revelador se destrabo la correa, se desabotono uno a uno los botones de los tejanos; su calzoncillo se le veía blanco y dentro ese vergajo bien levantado y echado para un lado, sus huevas como huevos de gallina -sintió su calor y su olor que le llegaban hasta las membranas mismas; su mano en su mano, su mano en su sexo; y todo era abrumador, todo era estremecedor y si no paraba en ese momento estallaría como un cohete allí mismo…

Su mano en su mano iba y venía por todo lo largo de su verga -su calor le venía como no se sabe que y lo tenía como un idiota y estaba dispuesto a todo-, Juancho como un rey hacía y deshacía con ese aprendiz de chupa vergas; que en realidad no tenía idea de que hacer con todo eso…

Las sensaciones que sentía en esos momento le iban del calor que se desprendía de su sexo, y su olor se le impregnaba hasta las membranas mismas, todo era difícil de discernir, de describir: Si, ahora podía palpar y recorrer esa gran verga por todo ese tiempo añorada e idolatrada como si fuese un culto y ahora que la tenía en sus todavía manitas no sabía que hacer con ella, solo la palpaba y la sacudía de arriba abajo, -y de haber sabido que eso se podía poner en la boca otro gallo hubiera cantado-, las sensaciones que le producía tener ese enorme sexo en sus manos eran indescriptibles y, no podía apartar la mirada de ese pedazo de carne viviente y palpitante, todo lo que se había dicho de ese vergajo había sido verdad…

La voz de Juan era arrulladora, sensual, y también era burlona:

¿Bien, y dime que harías con todo este pedazo de carne, peladito?

Sonreía y se la sacudía de arriba abajo -sí que era difícil de describir la expresión de Juan; y remontándome todavía es difícil saber que pasaba por su cabeza ( aquí no puedo describir que veía el pequeño por que en ese entonces era imposible que supiera la realidad de las cosas; pero remontándome a la imagen yo aseguraría que Juan estaba muy dispuesto a tronarle el culito y la situación le estaba creando mucho morbo; no sabría cuantos años tendría pero andaba entre los dieciocho y los veinte años así que sin duda le picaba la típica curiosidad y a esa su edad, y en ese lugar era imposible que tuviera oportunidades de desfogarse así que él era una muy buena opción; aunque no me crean los recuerdos son vagos y es difícil asegurar algo ) Juan lo abrazaba con su mirada brillante y su sonrisota de oreja a oreja; y no dejaba de sacudirse, se la ponía como si fuera en una bandeja; y si que tenía una verga digna de admirarse no solo por el tamaño de la misma, si no en sí por la belleza, -por que era un sexo hermoso, como pocos; si señor, era un señor sexo-, de una magnificencia inigualable; era un sexo para disfrutarse para hacerse con el lo que se quisiese, para metérselo a la boca y nunca parar hasta recibir eso que sale disparado, era para adorarse y vivir para rendirle culto…

Se le acerco mucho, como si no quisiera que nadie escuchara lo que le iba a decir -lo abrazo con su mirada brillante, dice como en un murmullo:

¿Será que podrás aguantarla en el culito... Mírala bien por que no tendrás nunca una oportunidad como esta, guarda bien cada detalle… Guárdalos como en una película… Por que óyelo bien, jamás volverás a verla, nunca como diciendo jamás, entendiste?

¿¿¿…???

El pequeño se estremeció y no supo decir nada más, solo se dedico a verla muy detenidamente como si quisiese guardar como en una fotografía todos esos detalles, los que guardaría para siempre en su memoria y los puso en un rincón de su alma, para siempre…

Se quedo allí solo en la noche tan solo con la luna por compañía, recordando todavía esos lindos momentos en que la tuvo en sus manos; recordando, relamiéndose, todavía con el calor y el olor en sus manos, aspirando el olor a hombre a macho…





Los días pasaron y en su mente seguían revoloteando los momentos en que había conocido una verdadera hombría y estaba como un loco por volver a ver a sentir, a palpar el calor y el olor de un macho, y la situación lo hacía volverse más descarado, audaz hasta la exageración tanto que se dedicaba a perseguir a Juan y se quedaba a escondidas muy apartado cuando este iba a ver a la prima; si, se quedaba a esperar a que este terminara de noviar, las primeras veces solo lo veía y se iba a recordar esos momentos en que su olor y su calor le llegaba cuando escudado en las sombras se quedaba muy quietecito y lo miraba pasar… Hasta esa noche en que se lleno de valor y lo siguió en las sombras de la noche hasta que le dio alcance allá muy cerca en donde esa primera vez había tenido su sexo en sus manos…

Había dicho casi como en una suplica:

¿Juan?

Él se giro y como si no se hubiera sorprendido.

Aun así dijo:

¿Ah, eres tú, que quieres?

Apenado bajo la cabeza, dice:

¿Yo quiero… quie…?

¿Qué quieres pendejito?

Se torno meloso, dice:

Quiero verla, sí, enséñamela otra vez, por fa…?

Él se le acerco un poco más, se manoseo, la tenía levantada y echada para un lado, sonriente, lo abrazo con su mirada brillante -podía verlo muy bien, con total nitidez, ya que la farola que estaba a lo lejos le alcazaba a pegar de frente- se le acerco meloso, se manoseo descarado; él estaba que ni se movía, dice:

¿Mira peladito, si quisiera hacerlo no dudes que lo haría, pero eres casi un niño… Además de que eres hombrecito también eres familia y no esta bien que andes haciendo cosas que no debes, eres un peladito… Pórtese pues como un hombre, entendió?

Se giro y se siguió por donde iba pero antes tuvo a bien terminar de decir:

¿Ah, y no me ande espiando, no me ande quemando con la gente, estas cosas son para "puñales" no para hombres?

Se alejo y se perdió en la oscuridad; el pequeño se quedo allí bajo la luz de la luna y las estrellas; llorando, con las lagrimas que le quemaban la piel y el alma, sintió un enorme hueco en el corazón que parecía abrirse a cada momento que se alejaba más y más; se fue alejando como se iban alejando las estrellas y siguió allí parado no supo por cuanto tiempo, quizá hasta que el llanto se le agoto y ya ni siquiera podía alcanzar a verlo; esa noche habían acabado con su primera ilusión y le quedo entendido que el camino que había escogido no era precisamente un camino de flores si no un camino de espinas...

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Comentarios enviados para este relato
willyray (25 de May de 2012 a las 05:35) dice: realmente un relato hermoso me encanto como lo describes


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