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El reencuentro con Myriam, mi ex mujer ( CON fotos)

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Gus20XXX Relato enviado por : Gus20XXX el 21/07/2015. Lecturas: 8168

etiquetas relato El reencuentro con Myriam, mi ex mujer ( CON fotos) Maduros .
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Resumen
La historia de mi primo Percy y el reencuentro con su mujer fue de lo más erótico que escuché en mucho tiempo y quiero compartirla con ustedes. Como dice la frase: donde hubo fuego, cenizas quedan. Y en este caso no solo renacieron, sino que se encendió una pasión que excedió todos los límites de la pasión, llevándolos a las aventuras sexuales más excitantes que habían tenido en sus vidas...


Relato
Myriam es la madre de mis 2 hijos. Rodrigo de 24 años y Paula de 20. Estuvimos casados casi 6 años pero estamos separados ya casi 20 y la razón principal fue su carácter, donde abundaba el ego y afán de dominación. Aun así debo reconocer que la amé mucho y me prodigué en afectos, atenciones e incluso los caprichos más audaces con tal de complacerla y que no perturbe mi tranquilidad. Estuve muy enamorado pues es hermosa, de ojos color caramelo y una mirada que perturba. Sus piernas rellenas y sus caderas contorneadas combinan perfectamente con un busto y un trasero que siempre fue hermoso, pero que con los años, y como el vino, se puso mejor. En fin, podría describir muchas cosas en ese sentido pero solo he querido hacer un preámbulo para la historia de mi reencuentro con ella. Algo que nunca estuvo en mis cálculos y que ahora me produce una sensación de profundo placer, que quiero compartirles.

Tengo 53 años y a estas alturas de mi vida lo único que quiero es, como se dice: que nadie me joda. Es por ello que estuve solo muchos años, con relaciones fugaces que más que nada eran una especie de desfogue para mis hormonas, aún alborotadas. Luego de mi ruptura con Myriam conocí a otra mujer, Isabel, con la que decidí formar un hogar pero que lamentablemente falleció y decidí entonces continuar con mi vida lejos de las relaciones formales. Ya cuando uno tiene sus años es más difícil adaptarse a la convivencia, así que decidí por ese camino: estar sólo.

Con Myriam siempre tuve contacto debido a mis hijos y debo reconocer que aunque seguía siendo hermosa y muchas veces me provocó besarla y sobre todo comerle ese trasero enorme que tiene, pudo más su carácter impulsivo e insoportable. El de siempre. Por ello en la mayoría de ocasiones estar con ella era pelear, y casi siempre prefería salir con mis hijos a otro lado, lejos de ese infierno.
Pasaron los años y pasó por mi vida Inés y un nuevo camino. En el caso de Myriam supe que pasaron también unos par de tipos pero nada formal. Nuestra relación se mantenía entonces como lo que somos: padres de familia, y solo en algunas ocasiones pasamos algún momento grato. Finalmente con Inés no llegamos a nada y hasta donde supe Myriam tampoco, con sus eventuales pretendientes.

El día del cumpleaños de mi hija, hace aproximadamente 3 meses, Myriam organizó una cena e invitó a algunos amigos de mi hija, familiares y amigos suyos. A diferencia de otros años, en donde la celebración con mis hijos era por separado, esta vez fui incluido en la celebración y no puedo negar que me agradó mucho. Esa noche cenamos, recordamos viejos tiempos y hasta me animé a bailar con ella. Sin duda la pasé muy bien. pero algo diferente ocurrió. Algo que no imaginé y que estoy seguro que ella tampoco. En un instante, cuando ya se habían retirado los invitados y estaba por hacer lo mismo, se me acercó y cogiéndome del brazo me dijo: No te vayas, quédate porque ya es tarde y te puede pasar algo.

No sé si fue lo que dijo, o sobre todo cómo lo hizo, pero me quedé mirándola y asentí sin dilación. Le agradecí, y un poco impulsado por el buen ánimo reinante le jugué una “bromita” al decirle que si no hay cama, la acompañaría gustoso. Me respondió con la misma chispa diciéndome que no había problema pero que ella duerme con poca ropa y no vaya ser que me dé un infarto.
Entre risas nos dirigimos al cuarto de huéspedes y luego de darme unas sábanas se despidió (sorprendentemente con un tierno beso en la mejilla). Así entré al cuarto y me dispuse a descansar con la alegría que me había producido esa noche de jolgorio con mis hijos y con un nuevo aire en mi relación con ella. Me tendí sobre la cama y caí rápidamente en un profundo sueño pero desperté a las 2 horas (cerca a las 4 de la mañana) para ir a orinar.

Al pasar por el comedor, en dirección al baño vi que la luz de la cocina estaba encendida así que luego regresé con la intención de apagar la luz. Entré y fue grande mi sorpresa al ver a Myriam agachada sacando algo del refrigerador. Al incorporarse también se asustó con mi presencia pero nada comparado a lo que ella me produjo, pues en ese momento pude notar que el pijama blanco (una especie de camisón) que tenía puesto era casi transparente y fue inevitable que mis ojos se entierren en sus enormes tetas, y la mire con ojos de lobo. Más aún porque sus grandes pezones sobresalían notoriamente, por debajo de la prenda.

De ahí en adelante no sé realmente que ocurrió. Solo puedo decir que “algo” se apoderó de mí, de mi cuerpo y de mi mente. Una ola de calor me invadió y de pronto la besé sosteniéndola de la cintura, y ante mi sorpresa me correspondió. Luego de unos jugueteos con nuestras lenguas y mordernos los labios empezamos a besarnos como unos salvajes, con una pasión desbordada. Mis manos se prendieron rápidamente de su cuerpo, acariciando su cintura y recorriendo sus curvas, excitándola en el acto. El frenesí de lenguas colmó nuestras bocas sedientes de placer, y mis traviesas manos le apretaban el culo como si quisiera reventar sus nalgas. De pronto, en un arrebato, le arranqué el pijama, dejándola desnuda ante mis ojos. Estaba loco, no me importó nada en ese momento pues solo quería hacerla mía. Ella como que se asustó un poco pero vino a mí y siguió besándome con desenfreno. Sin pérdida de tiempo me apoderé de sus tetas y se las chupé con furia inusitada hasta hacer que empiece a gemir despacio (tuvo que controlarse para que no nos oyeran). Levanté una de sus piernas apoyándola en una silla, al tiempo que me agachaba para lamer su vagina. En realidad lamer es un decir pues le mordí y chupé la vulva como si de un manjar se tratara. Luego le di vuelta mientras me incorporaba y empecé a sobar mi verga entre sus nalgas, y a frotar sus pezones con mis manos. Un abrazo incandescente donde no había pausa para descansar y dejar de frotar nuestros cuerpos. Bajé mi cierre y estuve a punto metérsela entera cuando el claxon de un vehículo en algún lugar de la calle nos hizo darnos cuenta de lo peligroso de hacerlo en ése lugar, sobre todo si alguno de nuestros hijos se levantaba para ir al baño. Levanté entonces su pijama roto y fuimos caminando “pegados” hasta llegar al cuarto donde antes estuve durmiendo para luego cerrar la puerta con seguro.

Apenas entramos no dejé que se voltee y llegando a la cama la pegué aún más a mi cuerpo y metí mis dedos en su vagina, mientras con la otra mano no dejaba de exprimirle las tetas. Por abajo mi pene se acomodó entre sus nalgas, lo que me permitía frotarlo de una manera exquisita. Sus gemidos eran miel para mis oídos y hacían que me encienda cada vez más. En un momento la aparté ligeramente solo para bajarme el pantalón y sacar mi falo, que estaba como un volcán a punto de erupcionar. Hasta yo me sorprendí de ver lo venoso y grande que estaba, quizás por estar 6 meses sin usarlo en esas lides. Sin más le apunté a esa deliciosa vulva, totalmente empapada, y pude saborear su agonía cuando centímetro a centímetro la penetré por completo.

Parados y penetrándola desde atrás me di un festín por varios minutos en los que no se lo saqué para nada y la hice venir unas 3 veces. Durante unos segundos pareció olvidar donde estaba y dio un par de alaridos pero al instante se reprimió y tuvo que coger una almohada y morderla para evitar hacer más ruido. Se comía mi pene entero y abría la boca volteando la cabeza para verme a los ojos, mientras en otros momentos sus ojos perdidos denotaban que estaba en un éxtasis total.
La furia que yo tenía era descomunal, tanto así que en 5 minutos más volví a darle otro orgasmo y sentir como temblaba su cuerpo. Nuevamente bajé un la intensidad y me eché tras ella en la cama y empecé a acariciarla, a darle tiernos besos en su cabeza, en sus orejas y en su cuello. Su cuerpo temblando y su respiración acelerada me tenían loco de pasión. Volví a enterrar mi verga entonces en su ya lastimada concha hasta que cansado y bañado en sudor, desfogué todo mi semen dentro de ella, en un grito furioso cerca de sus oídos para que sepa cómo me tenía. Ni siquiera se me ocurrió sacársela antes de eyacular. Quería llenarla de mí. Hacerla sentir que soy y seré el hombre de su vida.

Los siguientes minutos fueron de cariño, de abrazos, de juegos y un lúdico redescubrimiento de nuestros cuerpos, cambiados por los años pero en esencia los mismos. La recorrí palmo a palmo, pasando mis manos por toda su piel, acariciando sus pies, sus piernas, sus senos, sus nalgas (¡Que tal culazo!). No es por nada pero a sus 50 años estaba mejor que nunca. Siempre tuvo buen cuerpo, pero antes era bastante delgada y ahora, con unos kilos más, había llenado completamente ciertos vacíos y tenía unas piernas contorneadas que tenían de corolario un culo impresionante. No es exagerado decir que es el mejor culo que he visto, no solo que me he comido. Además unas tetas grandes y firmes que acababan en unos pezones riquísimos, y una cintura angosta que contrastaba con sus poderosas caderas. Es un bombón de mujer y volver a hacerla mía era un sueño del que no quería despertar. Ella hizo lo mismo, jugando con los vellos de mi pecho, mi cabello, sobando mis piernas y mis brazos, pero se concentró en mi verga. La acariciaba como si se tratara de una dulce mascota e incluso a ratos le daba besos en la “cabeza”. Se llenaba de su aroma repitiendo constantemente mientras me miraba: cómo te extrañaba!

Luego de unos minutos de reposo en los que no nos dijimos nada y solo hablamos con las manos y con miradas. Nos acostamos abrazados. Ella con la cabeza en mi pecho y una pierna en mi ingle, mientras yo acariciaba sus nalgas a voluntad. Volvimos a besarnos y poco a poco a estimularnos nuevamente. Le besé el cuello pues sabía que eso la volvía loca y en un santiamén la tenía nuevamente caliente. Se puso boca abajo en una contorsión que la hizo parecer una gata en celo, dándome pie a besarle desde el cuello hasta los pies y como era de esperarse, chupándole el culo, mordiéndoselo, apretándoselo y recorriendo con mi lengua la entrada a sus entrañas. Qué rico era lamerle el culo, meter mi lengua, mi nariz en su ojete. Más aún sabiendo que eso la volvía loca. También pude deleitarme pues a su turno me chupó la verga como si se tratara de un caramelo y en más de una ocasión introdujo mis huevos en su boca. Yo la cogía del pelo y la hacía que se la trague toda, y aunque a ratos quedaba sin aire, cumplía perfectamente su parte, dejándome tocar el cielo entre muecas de placer.

Acabado el sexo oral la volteé y acomodé sus piernas alrededor de mi cuello. Estaba con la concha empapada y con la mirada perdida esperando que se lo meta entero. Por un momento me quedé observándola así, con la vulva hacia arriba, embadurnada de sus fluidos y centímetros más abajo su ano cerradito, que pronto destrozaría. Finalmente luego de esa inolvidable vista la penetré hasta estar seguro de ponerle los ojos blancos. Impulsado por mis 95 Kilos y la furia que tenía en ese momento, me metí en su vagina haciendo tambalear la cama. Tuve que parar porque despertaríamos a todos con el ruido, así que nos tiramos en el suelo. Ella se sentó encima y cabalgó como le dio la gana, intercalando un ritmo lento y sensual, y a ratos con un ritmo endiablado. En ocasiones se inclinaba hacia mí para descansar y yo aprovechaba para avasallarla con mi verga mientras le metía un dedo al culo, y en unos minutos más, un llanto de placer combinado con gemidos me indicó que nuevamente llegó a su clímax.

En todo ése tiempo tuve mi dedo en su culo, horadando cada vez más su recto, aún virgen. Recuerdo que cuando estuvimos casados nunca tuvimos sexo anal pues se oponía a ello porque lo consideraba sucio y hasta denigrante. Sin embargo, en esta ocasión no sé si porque superó sus complejos o simplemente porque la estaba volviendo loca, pero me dejó hacerlo. Primero un dedo entró con cierto esfuerzo. Sentí como lo apretaba cada vez que sobrepasaba su ano y por ello lo humedecía constantemente con sus propios fluidos vaginales. Entonces se me ocurrió que era ahora o nunca, si quería darle por el culo.

Apenas recuperó el aliento, empecé a hundirle más mi dedo y a decirle en el oído: quiero romperte el culo! De pronto, sin decir nada, se levantó de mi pene (que aún estaba como fierro) y poniéndose de rodillas, apoyó las manos en la cama y me dijo: Ven acá. No necesité que pase más tiempo pues de un brinco me puse detrás de ella, le abrí un poco las nalgas y luego de un par de escupitajos puse mi verga en su ano. Lentamente fui tratando de meterle la "cabeza", pero era bastante difícil porque tenía muy estrecho el recto y cuando apliqué mayor fuerza tuvo que morder la almohada, apagando un grito de dolor. Por ello, luego de un nuevo intento, me suplicó que no siguiera.

Antes de que pueda desanimarse saqué mi pene y se lo metí nuevamente en la concha. Le di de perrito por no sé cuánto tiempo, solo sé que fue lo más delicioso que no hacía en años. El sonido de mi verga chocando contra sus nalgas combinada con sus gemidos y mi respiración agitada era una sinfonía maravillosa, inigualable. Estuvimos en ese trance por casi 1 hora hasta que ella se vino por última vez en la noche y como yo aún no podía, tuve que masturbarme, haciendo que se tome toda mi "leche". No dejó ni una gota.

Al cabo de un rato, mientras descansábamos, oímos cantar un gallo en algún lugar cercano, lo que anunciaba la llegada del amanecer. Parecía mentira pero ya eran las 6:30 de la mañana y de alguna manera había que “borrar las huellas” de hace unas horas. Ella debía regresar a su cuarto, y al menos fue su intención si no fuera por el hecho de haberle destrozado el pijama. De pronto escuchamos pasos afuera. Era alguno de los chicos que seguramente iba al baño, y eso nos puso los pelos de punta. Obviamente que hacerle el amor a su madre no era ningún pecado, pero no era la forma ni el momento. Luego de unos tensos minutos, en los que nos cercioramos de que ya no haya nadie afuera, ella pudo salir. Lo hizo totalmente desnuda pues no encontramos nada que se ponga.

Retorné entonces a mi cuarto y empecé a ponerme la ropa. Me acosté pensando en lo sucedido. Es que en verdad fue increíble. Que rico fue hacerla mía nuevamente, después de tanto tiempo. Estaba feliz y muy seguro de haberla vuelto loca. Aunque fue totalmente inesperado no quitaba que haya sido mi momento más erótico. ¿Cómo pudo ser?, me preguntaba. En fin, había que retornar a nuestras vidas y era momento de irme. Salí del cuarto, no sin antes dejar escondidas las sábanas mojadas. Pasé primero por el baño para asearme y al salir de éste estaba por irme, cuando me encontré cara a cara con mi hija, que salía despeinada de su cuarto, aún somnolienta. Me pidió que me quede a desayunar pero me negué diciendo que tenía cosas que hacer y ya estaba por convencerla cuando del otro cuarto salió Myriam, usando una bata rosa. Me miró a los ojos y bastó que diga: quédate por favor, para que yo le haga caso. Esperamos a que mi hijo se levante (toda una Odisea) y mientras tanto ella aprovechó para darse un baño. Y sí que lo necesitaba.

Luego de una media hora desayunamos como en mucho no lo hacíamos, como una familia. En unos minutos más nos levantamos de la mesa y los chicos fueron a lavar las cosas. Me despedí de ellos y Myriam me acompañó a la entrada del edificio, 3 pisos más abajo. Instantes que aprovechamos para darnos nuevamente unos apasionados besos, siempre mirando que nadie lo notara. Te llamó más tarde, le dije, al tiempo que la pegaba a mí para manosearla. Tan excitado estaba que metí mi mano bajo su pantalón y le metí los dedos en la concha y en culo, mientras le mordía el cuello. Ella no aguantó más y me abrió el cierre, sacando mi verga nuevamente dura. Dimos otro vistazo rápido a todo lado y en un instante la tenía contra una pared con la concha al aire. Le metí lengua a ese hermoso culo y luego le di una soberana cogida, con la velocidad al máximo para venirme rápido. Mientras eyaculaba en su concha escuché que alguien bajaba. Ella se subió el pantalón y yo volví a meter mi pene y subirme el cierre. Fingimos conversar hasta que pase su vecina y ahora sí, con la sonrisa a flor de piel nos despedimos con un tierno beso y entre risas.

Ese mismo día le escribí un mensaje diciendo que quería que pasemos la noche en un hotel. Era sábado y era propicio para continuar de buena forma lo que empezamos en la madrugada. La cita era a las 9 pm en un centro comercial en el centro de la ciudad y el argumento era simple: un cumpleaños de alguna amiga para despistar a los chicos. Aproveché para escribirle las más lascivas frases, prometiéndole pasar una noche sinigual.

A la hora convenida me presenté en el lugar, bien perfumado y lo más elegante posible. Antes de ir me tomé un Viagra para asegurar que esa noche sea inolvidable, y compré suficientes condones y lubricantes anales. Salí en el coche y en 20 minutos ya estaba en el lugar. Creo que llegué demasiado rápido pero es que las ansias me consumían. Me sentía un chiquillo enamorado que espera a su amor adolescente. Mientras aguardaba que llegue me fume un par de cigarros y estaba a punto de prender el tercero cuando la vi aparecer a lo lejos. Estaba radiante, con un vestido atigrado que destacaba su figura, y bien adornada con algunas joyas. Se había arreglado el cabello y perfumado entera. Para culminar unos zapatos con taco que realzaban aún más su cuerpo y la hacían estar casi a mi altura. Qué preciosa estaba, y era toda para mí. A su paso hacía que los hombres volteen a verla, embriagados de su perfume y clavando la mirada en su monumental trasero.

Fui a su encuentro y nomás vernos fue fundirnos en un beso furioso, en un abrazo incomparable. No me importó que nos vieran, que por ahí haya algún conocido o que la gente "se gane" pues al llevarla abrazada mi mano tocaba descaradamente su trasero. Y es que era inevitable querer sentir el roce de mis manos con sus nalgas, y más aun sabiendo cuántos la deseaban al verla.

Caminamos cogidos de la mano a buscar algo de comer, a sugerencia mía. Aunque la verdad, en lo único que pensaba era en comerle el culo. Pero había que cumplir con los cánones, ya luego vendría ése festín. Cada cierto tiempo en que caminábamos parábamos para besarnos. Era como si cupido nos hubiera flechado de nuevo. Ella me decía que estaba muy guapo y que mi ropa le encantaba, pero que ya quería quitármela toda.

Cenamos algo sutil, pues esa noche debíamos estar ligeros, y así fue que en poco tiempo salíamos del restaurant con rumbo a un hotel que previamente había reservado. No escatimé en gastos pues un reencuentro así ameritaba un buen lugar. Llegamos y lo primero que hicimos fue registrarnos como esposos. Algo que hasta nos sonó extraño. La suite tenía de todo, desde un bar hasta un jacuzzi, y como centro de todo una cama redonda llena de almohadas. Era el lugar ideal para una noche de ensueño. Apenas entramos fuimos a servirnos unos tragos. Un par de mojitos daban el inicio a nuestro encuentro nocturno. Brindamos y nos miramos con amor, con deseo y pasión desbordada. Era la muestra perfecta que el amor sólo durmió, pero siempre estuvo ahí. Fuimos hacia el jacuzzi y prenda a prenda nos despojamos de nuestras ropas. Era una lucha interna el no correr y arrancarle el vestido y le pasaba lo mismo a ella que no veía la hora de tener mi pene fundiéndose con su vagina. Entramos al jacuzzi y trago en mano brindamos por nuestro encuentro, por esta nueva luna de miel que nos sorprendió pero que no podíamos desaprovechar. Era quizás la última oportunidad y había que hacerlo con todo el empeño posible. Luego de prometer que íbamos a intentarlo con todas nuestras fuerzas y volver a jurarnos amor, sellamos el pacto con un beso apasionado, que poco a poco nos llevó a las caricias, despertando el deseo. Sin darme tiempo de tomar la iniciativa se levantó de la tina, se giró y puso su trasero en mi cara, mientras al mismo tiempo se agachaba sin doblar las piernas y me chupaba la verga. Demás está decir que metí media cara en su culo y le lamí el ano como si se tratara de una paleta. Qué delicia era sobrepasar los límites de la pasión con mi ex mujer, que nuevamente sería completamente mía.

Luego de unos minutos de feroz sexo oral se acomodó de espaldas a mí, acomodó mi verga en la entrada de su concha y lentamente se sentó hasta que casi permitir que le entren mis huevos. La cara que puso luego de “tragársela” por completo fue exquisita. Se quedó así, estática, un par de minutos mientras gemía de placer y empezó a sentarse con fuerza, ayudada por mis manos que levantaban sus nalgas y mi falo que la embestía sin parar. Quedó extenuada, por ello se tiró hacia atrás, cosa que aproveché para sobar su clítoris hasta hacer que se venga con gemidos empalagosos, y esta vez muy sonoros.

Cuando su cuerpo dejó de temblar me levanté y le indiqué que se ponga de rodillas. Ella me obedeció en el acto y colocó sus manos en el fondo de la tina, con el culo parado, esperando que me lo devore entero. La dejé en esa posición y salí un rato a sacar el celular de mi pantalón. Tenía que registrar ése momento sublime. Aproveché también para sacar las cosas que compré. Me coloqué entonces tras ella y le unté el ano con el lubricante que traje, metiendo un dedo en esa cueva que pronto exploraría. Me puse un condón y continué lubricándola haciendo círculos con mi dedo. Ella me miró sabiendo lo que venía y solo me dijo con voz baja: con cuidado amor. Y así, poco a poco, fui enterrando mi miembro en su enorme trasero con la fiel intención de que se lo coma entero. Pasaron unos minutos de muecas de dolor y pedidos de que se lo saque pero yo continué mi brega pidiéndole que aguante mientras la acariciaba el cabello, hasta que al parecer se acostumbró al grosor de mi pene y le entró por fin la "cabeza" enterita. Una vez ocurrido esto fui lentamente penetrándola hasta que al fin se lo tragó por completo. Me quedé así un momento mientras tomaba unas fotos con mi celular y cambiaba el formato para grabar lo que venía. Lo que ocurrió de ahí en adelante ya es de suponer; una cogida feroz por el culo, haciendo que grite y se vuelva loca. La desquicié tanto que terminó pidiendo que le destroce el culo.

No es que sea la primera vez que haya hecho un anal pero era la primera vez con ella, y más aún, era la primera vez que su culo se comía una verga y era fácil notarlo por lo estrecho que estaba. En fin, puedo decir con gran placer que le abrí el culo a mi mujer a tal punto que no podía ni pararse. Tuvo que quedarse echada de costado en el jacuzzi, mientras por mi parte me saqué el preservativo, que había quedado literalmente hecho mierda y le acaricié las nalgas hasta que poco a poco se calmó.

Luego de reponerse salió del jacuzzi y fue al baño a lavarse mientras yo me quedé en la tina y prendí la televisión. Regresó al rato y echó sobre mí. Me dijo que era malo, que no tenía idea de lo mucho que le dolía, y yo la consolé con unos besos y mimos. Le dije que era algo que siempre estuvo pendiente y le pregunté si le gustó.

Me dijo: De verdad me encantó, pero duele mucho. Me está ardiendo como no te imaginas pero que rico que fue sentir que entrabas en mí con esa furia. Entonces le expliqué que era así por ser su primera vez pero que ya luego pasaría y que para eso teníamos que hacerlo más seguido por ahí. Me miró con ojos de perversa ironía y me dijo: ¿Qué más quieres no? No pude evitar reír y decirle que sea como sea le comería el culo día y noche.

Nos quedamos así en la tina abrazados, recordando historias pasadas y algunas anécdotas recientes que nos hacían dar risa. Luego apoyó la cabeza en mi pecho mientras suspiraba de amor. Por mi parte le acariciaba la espalda y le sobaba el culo. Estoy seguro que no había placer más grande que pasar las manos por esas nalgas. Cualquier hombre en esta tierra moriría por ello y yo tenía esa dicha. Estuvimos casi media hora así pero era momento de salir del jacuzzi. Fuimos entonces a darnos un duchazo y en poco tiempo estábamos en la cama nuevamente, contándonos un poco de todo. Me enteré de algunas cosas de mis hijos que ellos nunca me contaron y algún chisme por ahí de sus vecinos hasta que invadido nuevamente por el deseo, sentí como mi cuerpo reaccionaba ante su desnudez. Aproveché que quiso alcanzar el control remoto para cambiar de canal para ponerme detrás de ella y frotar mi pene entre sus nalgas. Ella entendió el mensaje y se arqueó para que pueda metérsela y así nuevamente empezamos el segundo round, que esta vez sí que duró pues luego de más de una hora de penetrarla sin parar y, en un mar de sudor, me vine dentro de ella rugiendo como un león.

Esa noche le di por la concha unas 3 veces y otras 3 por el culo. El viagra había funcionado de maravillas pues no se me bajaba la verga y no le daba tregua. El jacuzzi, la cama, la ducha. No hubo lugar donde no hayamos hecho el amor y definitivamente la sometí a placer porque hice las cosas más sucias que jamás intenté antes. No hubo límites ni reparo y le hice lo que me dio la gana. Ya sin fuerzas ni para hablar nos dispusimos a dormir pero ella se levantó (con mucho esfuerzo) para coger su celular y escribirle a mi hijo diciendo que se le hacía tarde y que mejor se quedaría a dormir en casa de su amiga y al día siguiente temprano retornaría. Así, ya más tranquila. Volvió al lecho, a mis brazos. Dormir desnudo con tu ex mujer (que ahora volvería a ser mi mujer) es una sensación indescriptible. Abrazados y extenuados caímos en un profundo sueño.
A las 8 de la mañana me desperté para orinar, tratando de no hacer ruido para que Myriam descanse. La noche estuvo furiosa y verla dormir así me indicaba lo bien que estuve y lo fuerte que fue el ejercicio nocturno. Al regresar, sin embargo la encontré despierta con la sonrisa de oreja a oreja y proyectando un goce total de estar ahí conmigo. Buen día mi amor ¿Pedimos el desayuno?, le pregunté y ella me indicó que aún no con la cabeza. Al instante supe por qué. Retiró la sábana que la cubría y con las piernas abiertas me indicó el camino a seguir. Es redundante contar los detalles. Basta decir que le di un buen “mañanero”, terminando nuestra faena con otro anal en la ducha. Pedí al rato que nos suban el desayuno y luego de éste nos cambiamos y salimos con la sonrisa a flor de piel. Al pasar rumbo al estacionamiento comprobé nuevamente que no había hombre, desde jóvenes hasta vejetes, que no volteara a mirarla. Qué placentero era ver eso y tenerla de la mano.

En el camino, mientras conversábamos en el auto, acordamos que debíamos contarle a los chicos nuestra unión, pero se me ocurrió rápidamente que hacerlo significaría tener que cambiar radicalmente nuestras vidas pues lo más probable era que tengamos que volver a vivir juntos. Había aún temas por cerrar y acciones a seguir. Lo mejor era por el momento continuar saliendo y gozando nuestro amor de una manera clandestina, pero también muy excitante. En mi mente calculaba seguir con nuestra “luna de miel” hasta que ya más calmados, podamos contarles a los chicos y hacer una vida en común.

La dejé a un par de cuadras de su casa (luego de besarnos y manosearnos en el auto) hasta que nos despedimos. Ése día había quedado con unos amigos en ir a jugar futbol, al medio día pero estaba sin cuerpo para correr. Todo mi vigor se lo llevó Myriam y al menos a ésa hora lo mejor era dormir para reponer energías.

Ya en casa esta vez sí que me sentí sólo. Era raro pues me gusta mi soledad y estoy acostumbrado a ello. Pero esta vez era distinto, la extrañaba. Su risa, su mirada, su cuerpo. No dudé entonces en llamarla y para disimular le pedí que me pase con mis 2 hijos. Sólo después de que hablé con ellos pudimos conversar. Ella fingiendo oír otra cosa y yo lanzándole las frases más calientes y sucias, haciendo que notoriamente me contestara otra cosa. Por ratos (seguramente cuando mis hijos estaban lejos) me respondía que me quería dentro de ella, que quería chupármela en ese momento. Tuvimos que despedirnos pero continuamos al rato escribiéndonos por chat.

Ésa noche debo reconocer que la extrañé demasiado. Me sentí vacío sin ella, sin su cuerpo junto al mío y su sonrisa de complacencia. Estaba así cuando sonó mi teléfono. Era ella, que salió un rato al jardín solo para decirme que me amaba, que me extrañaba demasiado y que no aguantaba tenerme lejos. Le dije lo mismo y quedamos en vernos al día siguiente. Como sea teníamos que buscar el momento luego de que saliéramos del trabajo.

Así lo hicimos. La fui a esperar a su trabajo y sin chistar nos fuimos al primer hostal decente que encontramos. En el camino llamó a mi hija, contándole que iba a demorar porque tenía que terminar unas cosas en la oficina y que llegaría un poco tarde. Teníamos unas 2 horas para no despertar sospechas o preocupar a nuestros hijos.

En comparación con el hotel del día anterior este lugar era una porquería. Pero al menos era limpio y tenía una cama firme y espejos en el techo. Sin siquiera sacarnos la ropa (solo le subí la falda y le jalé a un lado la tanga) le introduje mi miembro y le di de alma. Le sacamos el jugo a esas 2 horas metiéndonos tres buenos polvos, que fueron memorables. Salimos y la dejé cerca a su casa, solo que esta vez en pleno manoseo le quité la tanga y la guardé en mi bolsillo. Quise que me la chupara pero una chica que paseaba a su perro cerca nos lo impidió. Al despedirme de ella puse la tanga en mi cara y la olí en su delante, ante su sonrojo por si alguien pudiera verme.

Regresé a mi casa pero estaba feliz. Y lo iba a estar más cuando ésa misma noche antes de dormir, Myriam me llamó a contarme que al día siguiente mis hijos viajaban por 5 días a Ica, por el cumpleaños de uno de sus primos y a conocer la ciudad.

Qué gran noticia me daba. Y no imaginan cómo la aproveché. Pero lo que continua será materia de otro capítulo más en esta historia.....



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