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Estallido Anal

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Relato enviado por : Alguien el 03/10/2005. Lecturas: 13161

etiquetas relato Estallido Anal .
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Resumen
El relato de una larga, larga noche de sexo en la cual hice realidad con tres hombres uno de mis más íntimos y bajos deseos.


Relato

relatos eroticos


E S T A L L I D O A N A L

Sabiendo lo puta que soy, creo que el que me pasara esto era sólo cuestión de tiempo, pero como sea, la cosa pasó. Era una de esas mañanas en que casi no hay nada de trabajo para hacer mucho antes de la hora de salida, cuando decidí ir a prepararme un café. En la cocinita encontré a varias personas charlando, entre ellas a una de las chicas de la oficina, con la que cuando nos quedamos a solas empezamos chusmear, típico de mujeres. Nos pasamos varios minutos parloteando sobre lo lindos que son algunos de los chicos que llevan correspondencia en moto, muchas veces llamados motoqueros.

En la empresa había uno o dos, pero eran chicos y la verdad no muy lindos, por lo que no daba para tener algo, ni mucho menos ir a la cama (¡¡¡que me perdonen si leen esto!!!).

Pero, admito que la idea de coger con tipos así me gustó lo suficiente como para dedicarme a buscar algo mejor fuera de la empresa, hasta que al fin recordé justo lo que necesitaba.

A la vuelta de la empresa hay otras oficinas donde estos motoqueros se juntan a conversar en la vereda hasta que les dan algún sobre para llevar, y reunidos en torno a sus motos charlan y se ríen mientras siguen con la mirada a las chicas que pasan, diciéndoles cosas. Típico de hombres. Con sus pelos largos y sus barbas candado, no me había dado cuenta de que eran una perfecta fuente placer para una mujer como yo: sin preguntas, sin compromisos, nada, sólo una noche para coger y listo. Y haciendo todavía más memoria recuerdo que en varias ocasiones fui objeto de sus miradas libidinosas y comentarios por lo bajo, razón demás para hacer algo en beneficio propio.

De todos los que paraban en esa parte de la cuadra, sólo había tres a mi gusto, por los que valía la pena bajarse la bombacha. Estaban sólo ellos de mañana, a la hora de mi salida del trabajo, el momento justo antes de que vengan los demás.

El tema era como proponérselo a ellos sin que lo sepa el resto, una cosa es hacerme coger por tres y otra distinta es por ocho; aunque sea la más puta de todas no iba a regalarme en plena calle a la luz del día y frente a tantos hombres. Además, todavía faltaba resolver el tema de dónde lo haríamos, ya que habían empezado a circular rumores por mi edificio sobre distintos hombres entrando y saliendo de mi departamento de noche, por lo que mi única esperanza era mi querida Aldana, una amiga de fierro. La llamé antes de la cena y tras explicarle la locura que quería hacer y lo de los rumores le pregunté si tenía algún inconveniente en prestarme por unas horas el departamento donde ella atiende a veces con su amiga, y dijo que por esos días su amiga no estaba y que me pasara por ahí el día del encuentro con esos chicos un par de horas antes, que la iba a encontrar seguro. Saltando de alegría le di las gracias y colgué.

Y con respecto a como decirles a los chicos decidí dejarle una nota a cada uno, pero al no saber como redactarla traté hacer algo parecido a los avisos del rubro 59 de un conocido diario de acá, que más de una vez leí en busca de avisos de hombres. Así, en la soledad de mi casa, prendí la computadora y con el diario al lado escribí una nota copiando partes de avisos de ofrecimiento de prostitutas (qué apropiado para mí) y salió una cosa parecida a esta:

ANDREA pelirroja muy bonita sola en su depto. 130-100-109

en portaligas. Unic. p/atrás y s/globito. Pegáme una flor de

c*j*d*. GRATIS SOLO PARA VOS. 15-4***-***

Chicos, los veo todas las mañanas al salir del trabajo y quisiera verlos en casa.

Llámenme al celular.

A la mañana siguiente me llevé las tres notas conmigo al trabajo y cuando salí se las dejé en el espejito retrovisor, pero uno de ellos me pescó cuando me iba. Me preguntó que estuve haciendo en las motos y le dije que ahora no tenía tiempo, pero que leyera la nota y entendería. Se ve que este pibe les contó de mí, porque esa misma tarde recibí el llamado de los tres, y tras explicarles que lo único que quería era coger y punto y que lo de la nota no era una broma, les di la dirección de Aldana y la hora, pidiéndoles que no contaran nada a nadie. No podían creer que me les estuviera regalando de esta manera, entregándome así por nada.

Por suerte había llegado temprano a casa para llevarme la ropa interior que iba a usar y llegar a lo de Aldi con tiempo de prepararme. Cuando llegué al departamento charlamos un rato de lo que iba a pasar y de nuestras cosas, después saqué mi mejor lencería y dejándola sobre la cama, me fui a bañar. Me quedé en ropa interior hasta que llegue el momento y a eso de las diez de la noche tomamos un café juntas y después Aldi se fue.

Me había puesto un corsé negro hermoso muy apretado, que además de dejarme los pechos muy juntos los levantaba bastante, resaltando lo gordos y grandes que son. Me cabían bien dentro de sus tasas, y pesar de que se me veía casi hasta los pezones me los sostenía bien también, pero asimismo los hacía ver aún más grandes de lo que ya eran.

Abajo tenía mi portaligas negro, con las ligas negras brillantes y mi tanga transparente, bien metida en la cola, y para terminar mis sandalias negras de taco aguja y la bata de seda transparente de mi amiga, abierta. Para ir poniéndome a tono con la situación, me tomé un vasito de whisky, que no había terminado cuando sonó el timbre del departamento.

A la hora pactada, las doce de la noche, aparecieron en el departamento bien arreglados. Yo salí a recibirlos así como estaba, ante los ojos desorbitados de los tres.

Los saludé, y ellos se presentaron como Ramiro, José y Martín.

Se sacaron los abrigos y los dejaron en una silla, y yo me saqué la bata y les serví un whisky a cada uno. Sentía como sus ojos me recorrían de los pies a la cabeza, quemándome a cada centímetro con la mirada. Después de mirarme un rato se dieron cuenta de que pasaba todas las mañanas al lado de ellos y empezamos a charlar de cosas sin importancia y reírnos, hasta que mientras terminábamos el vaso fueron al grano.

Hablamos un par de palabras sobre mi deseo de acostarme con los tres y por qué lo hacía: quería sentir como era que me rompieran el culo, y tras responderles un par de cosas más le puse fin a la charla sacándome la bata, dándoles a entender que ya estaba lista.

Caminando lentamente hasta ellos me puse en el medio de los tres, empezando a sentir enseguida sus manos por todo mi cuerpo, que no se hicieron esperar. Empecé a besarlos en la boca y a tocarles el bulto mientras sus manos me invadían por todos lados acariciando mis piernas, apretando mis caderas, mis pechos... Martín me daba un beso de lengua con las bocas de ambos abiertas mientras una de sus manos logró correrme la bombacha para tocarme suavemente la vulvita y empaparla de mis fluidos, mostrando lo excitada que estaba, hasta que al final empezó a colarme los dedos, uno por uno y después de a dos. José se había arrodillado a un lado y después de bajarme la tanga hasta los ganchitos del portaligas me acariciaba las piernas desde los pies hasta donde terminan las medias, lamiendo mi piel y acariciando mis nalgas, hasta separarlas para besar y lamerme el culo despacito, antes de empezar meterme los dedos. Para facilitarles las cosas a los dos, parada como estaba separé un poco las piernas y las nalgas con las manos.

Ramiro me apartó el pelo y mientras me besaba el cuello desde atrás metió sus manos dentro de corsé, agarrando mis desmesuradas tetas desde abajo y dejándolas caer fuera de él por su peso natural. Mientras alababa su gigantesco tamaño sentía como me las agarraba desde abajo, acariciándolas hacia arriba, juntándolas, retorciendo y pellizcándome los pezones.

Ahora era Martín el que me agarraba de las tetas, y medio inclinado las juntaba y ponía la cara en el medio, lamiendo primero entre ellas y luego por encima hasta succionar directamente los pezones, que después de tanto toqueteo estaban paradísimos y duros como piedras.

José y Ramiro cambiaron lugares, y mientras Ramiro lamía mi ya medio abierto ano y empezaba a meterme la puntita de la lengua, José me toqueteaba la vagina, metiéndome varios dedos para luego sacarlos y dármelos a chupar, haciéndome tragar mis propios jugos.

Me sentía completamente manoseada e invadida, pero increíblemente feliz. Estuvimos así un buen rato, entre jadeos y caricias, hasta que se acercaron y me apoyaron sus pijas terriblemente duras. Rodeada por los tres, me saqué la bombacha volviendo a abrocharme las medias al portaligas y después me saqué el corsé al tiempo que ellos se desnudaban, y cuando estuvieron listos me agaché y se acercaron a mí. Les bajé el calzoncillo para descubrir tres pitos enormes y con una buena cabeza, largos y gruesos, sosteniendo un par de gordas pelotas, también coloradas e hinchadas. Eran tres órganos ralamente grandes y bastante similares, pero el más dotado de los tres era sin dudas Martín.

Se veían durísimas y muy tentadoras al paladar, y enseguida tomé la de José y me la metí despacio en la boca, acariciándola con los labios mientras la hacía deslizarse sobre mi lengua, hasta que su cabeza se alojó en mi garganta y mi cara se pegó a su vientre y sus huevos a mis labios.

Gimió de gusto, igual que los otros dos, a los que masturbaba mientras tenía la boca ocupada con la de José. Los manoseaba lentamente, y del mismo modo en que me tragué la pija me la fui sacando hasta la mitad, empezando a chupar con todo mi arte.

Unos segundos después me la saqué de la boca para hacerle lo mismo a Martín, cuya pija tenía pegada a la mejilla mientras chupaba la otra. Se la chupé con delicadeza, lamiéndola toda volviendo a chupar, mientras seguía manoseando a los otros y ellos me agarraban los pechos y los apretaban. Era realmente una delicia y me provocaba no dejar de chupar. Se la comí tanto que hasta podía sentirla crecer dentro de mi boca, parándose hasta el límite. Después de unos segundos le tocó el turno a Ramiro, al parecer impaciente por darme a probar su pito y conocer la suavidad de mis labios, que alabó entre jadeos. Debo decirlo, eran tres miembros bárbaros, pero éste me encantó. Chupaba y chupaba y los chicos me fueron poniendo sus pijas húmedas en la cara mientras chupaba a Ramiro, hasta que no aguanté y empecé a chupar de a dos como podía.

Ya tenía dos cabezotas enormes dentro de la boca abierta que apenas y cabían las dos juntas, mientras una tercer pija me acariciaba la cara, cambiando de un momento a otro de pija para que ninguna se quedara afuera, hasta que todas estuvieron juntas dentro de mi boca.

Se las chupé así un buen rato, mientras me acariciaba la concha mojada y uno de ellos se turnaba para colarme los dedos en mis agujeros.

Ellos querían seguir así un rato más, pero yo estaba ardiendo y quería una pija dentro de mí ya mismo.

Agarrándolos de la pija los llevé a todos a la cama, y subiéndome primero yo me puse en cuatro patas de espaldas a ellos, con las piernas abiertas y bien separadas las nalgas, y con los dedos y la baba de mi concha húmeda me fui acariciando el ano hasta ir abriéndolo poco. En pocos segundos me fui metiendo los dedos y por último me metí los dedos en la concha, sacándolos bien mojados para humedecerme el agujero del culo un poco más, antes de dejarlo abierto para ellos. Cuando al fin lo tuve listo me di un par de sonoras palmadas en las nalgas, indicándoles que ya estaba preparada para la monta. Enseguida me rodearon; dos delante de la cara y el tercero por detrás. Sin esperar ni un segundo me comí primero la pija de Martín, cuya cabeza estaba coloradísima y escasa distancia de mis labios al tiempo que José se manoseaba y me apretaba las tetas con ganas esperando su turno con mi boca y Ramiro se me subía sobre las caderas inclinando su enorme pito erectísimo y la gran cabeza cada vez más cerca de mi culo medio abierto. La apoyó y presionó sobre el agujero, haciendo que mi culo se vaya comiendo la puntita de a poco, hasta que cuando tuve toda la cabeza adentro mi esfínter terminó cediendo, Se abrió del todo cuando Ramiro presionó un poco más y la enorme verga se hundió profundamente en mi culo bien hasta el fondo, dejándome la cabeza atorada demasiado adentro y las bolas pegadas a mi vulvita, de un solo envión.

El gimió de gusto por comprobar lo estrechita que soy de atrás y yo sentí una penetración tan estupenda que no pude evitar abrir la boca y los ojos de par en par en un a exclamación de placer que enseguida de transformó en una sonrisa.

Nos quedamos así pegados unos segundos, disfrutando de la unión de mi culo y de su pija y enseguida volví a chupar, pero esta vez a José, al tiempo que Ramiro me agarraba de la cintura y empezaba a bombearme con vigor. Chupaba las pijas de ambos con todo mi arte y me encantaba, pero debo decir que este otro chico era una maravilla; me la estaba dando como pocas veces lo han hecho y me hacía sentir increíblemente, al punto de interrumpirme al chupar sólo para sentir como me cogía el culo a gusto y voluntad.

La cosa se empezó a poner cada vez más intensa, bombeando cada vez más fuerte y rápido, y jadeábamos y gemíamos sin parar, y sus empujones se volvieron cada vez más violento hasta que me dio una última estocada muy profunda y acabó. A medida que gritaba, un gran chorro de leche caliente y espesa empezó a fluir rápidamente dentro de mi culo castigado por semejante verga, que todavía me daba pequeños empujoncitos para dejarme las últimas gotas de esa abundante acabada. Me la había hincado tan profundo que mi culo se tragó toda la leche sin derramar una sola gota, señal de que me llegó casi hasta las tripas. Me acabó divinamente, y sin sonrojarme admito que me gustó muchísimo.

Un poco después José se levantó cambiando el lugar con Ramiro, que enseguida me metió su verga todavía con restos de semen en la boca así como me la sacó del culo, mientras yo masturbaba a Martín, también bastante excitado. Aprovechando el agujero abierto y colorado que quedó cuando Ramiro me sacó la verga José metió enseguida la cabezota y empujó, metiéndomelo muy fácilmente para luego, al yo separarme las nalgas, avanzar un poco más y que la penetración sea completa como con Ramiro. Qué placer... Apenas lo tuve bien metidito hasta donde me daba el culo su cabeza presionaba por más, y sin darme tiempo nada empezó a cogerme como un experto. Lo hacía de manera normal pero constante, dándome fuertes palmadas en las caderas, que mostraban un ligero temblor en cada empujón. Me la estaba dando muy bien por el culo y él lo disfrutaba a pleno, sobre todo cuando a veces paraba para sacarla del todo y esperar a que se me cierre el culo para meter de nuevo sólo la cabeza, repitiéndolo hasta vencer la resistencia de mi esfínter, que de vez en cuando tenía vagos reflejos de cerrarse pero lejos de eso se abría más.

Al ver mi culo estirado por completo y sin mas posibilidades de cerrarse, tomo un poco de distancia y con un fuerte envión me la metió de nuevo, más profundamente que al principio, haciéndome gritar y excitándose a lo loco. Con toda esa enorme pija adentro de mi culo y ensartada como una lanza se me trepó encima y tras agarrarme fuertemente de las tetas empezó a sacudirme salvajemente, arrancándome toda clase de gritos. Me tuvo así lo suficiente hasta que mi culo se acostumbró a las brutales embestidas que recibía y ahora recibía esa pija con gusto, ansioso por tragarse su leche. José no pudo más y en medio de sus gritó me la metió lo más que pudo para descargarme todo su esperma. Gruesas gotas llenaban mi interior, abundantes y muy calientes, bajando más allá de lo que la cabeza hinchadísima de la pija podía llegar, ocupando el poco lugar que quedaba, por lo que terminaron derramándose por fuera, aún con toda la pija metida. José siguió bombeando un poquito más para darme sus últimas gotas de semen, mientras las primeras caían de mi maltratado ano en gruesos hilos, que ya estaban llegando a mi conchita y después a mis medias y que con el bombeo formaban una cremita blanca alrededor de mi ano.

Al fin paró, cansado, y la fue sacando despacio mientras salía de encima de mí para ocupar el lugar de Martín, que ya venía por su turno. Fue una cogida terrible, pero a pesar del dolor confieso que lo disfruté y no quería que pare porque para eso me les entregué, para que me rompieran el culo, y poco a poco, de esta manera lo iban logrando.

Con un dedo me saqué la cremita que tenía en el esfínter y aproveché a pasármela por los labios antes de seguir chupándo los dos pitos con leche que tenía delante.

José me había dejado el culo destrozado, y su pija me lo agrandó de una manera terrible, pero lentamente se fue cerrando, hasta que de repente se abrió de golpe expulsando un chorro de semen, cuyos restos caían desde el negro e irritado agujero.

Mientras mi ano vomitaba parte de la leche que con tantas guanas se había tragado, yo chupaba las dos tremendas vergas que lo habían llenado, lamiendo sus cabezas todavía con restos de semen, que se mezclaban con mi saliva y la deliciosa cremita que tenía en los labios.

Mientras los chupaba poniéndoselos duro para después, mi culo estaba por recibir una tercera pija, la más grande, la de Martín. Sabía lo que me dolería y estaba muerta de nervios, pero por otro lado lo deseaba como nunca y no podía hacer nada por impedirlo.

Tenía el agujero que me latía de lo coloradísimo que estaba, me ardía y apenas podía sentir el esfínter, pero él de todas formas siguió adelante. Agachado sobre mis caderas me hizo sentir la cabeza fregándose de arriba a abajo sobre el agujero, que todavía no estaba listo, y sin piedad la apoyó y empezó a hundirme esa enorme tranca sin parar hasta el fondo, y una vez que la tuve bastante metida, siguió un poco más hasta dejármela toda adentro, sin importar mis gritos.

Le pedí que me lo hiciera despacio, pero sin importarle mi pedido empezó a bombear como quiso, normal, pero profundo y marcando cada entrada con un buen empujón. Hasta ese momento no me quejaba y chupaba como podía, pero fuera de algunas molestias recibía placer en cada entrada. Martín empezaba a hacer lo mismo que José, disfrutaba con mis dolores y yo comprobaba entre excitada y espantada, como su verga iba creciendo dentro de mi culo, provocándome puntadas en mientras me cogía. Igual que con José, mi culo se acostumbró al terrible falo de Martín, que me enloquecía de placer golpeándome enérgicamente el culo con las bolas en cada envión.

Me dejaba coger como la más puta recibiendo ya mi tercer pija por el culo, entregándolo a eso dulce mezcla de placer con un toque de dolor mientras me comía las otras dos, todavía duras y con restos de semen. El excelente trabajo de ambas al cogerme primero me dejó el culo lo suficientemente abierto como para poder gozar a pleno de la tremenda verga que Martín hacía entrar y salir de él tan enérgicamente, disfrutando como locos. Me gustaba tanto que mientras chupaba las pijas de los dos meneaba las caderas contra el vientre de Martín para que su pijota se me metiera aún más adentro cada vez. Así pasamos varios minutos antes de que en plena cogida y sin previo aviso se fuera en leche dentro de mi culo, llenándolo abundantemente de crema. Al empezar, la gorda cabeza no tuvo inconvenientes en llegar hasta el fondo de mi culo para terminar de vaciar ahí todo ese esperma que cargaban los huevos, llenando mi dolorido agujero de una manera increíble, hasta que, mezclada con la las acabadas anteriores que mi culito se había tragado, rebalsó de mi ano y cayó en gruesos hilos por mis piernas hasta mezclarse con los jugos de mi concha. Acabó dentro de mi cuanto quiso y a su entera satisfacción, y todavía con la pija atorada en mi culo descasamos unos minutos, al tiempo que los chicos me pidieron que pare para no hacerlos acabar antes de tiempo. Todos sabíamos que aún faltaba lo mejor, todavía faltaba sentir como me iban a reventar.

Acosté a José boca arriba para luego yo ponerme encima de él, y agarrándolo de la verga le puse la hinchada cabeza sobre mi ano medio abierto y empecé a bajar lentamente. La solté demasiado pronto, pero estaba tan parada que daba lo mismo; cerré los ojos para disfrutar como esa cabeza me agrandaba el esfínter y se abría paso hacia adentro, sintiendo cada centímetro de la verga llenándome el culo. Al separarme las nalgas se metió con más facilidad, haciéndome morder mis labios del gusto y mover las caderas para asegurarme de tenerla bien metida, hasta que sus huevos besaron mi culo y entonces sentí su cabeza tocar fondo, dejándome los ojos y la boca muy abiertos de la exclamación.

Me meneaba sobre él, disfrutando con una sonrisa de su pija atorada en mi culo mientras los demás se subían nos rodeaban por los costados manoseándose, hasta que la calentura me hizo inclinarme hasta su cara y enroscar mi lengua con la de él, y después de morderle al labio le puse las manos en mi cintura y empecé a subir y bajar, cabalgando sobre su tranca durísima, cogiendo como nunca.

Enseguida Martín me acercó su pija a la cara, que fui chupándo al tiempo que mis tetas daban grandes saltos por los movimientos eufóricos que daba para clavarme la pija en el culo más y más cada vez.

Estábamos todos muy calientes y yo esperaba ansiosa el momento de que me rompan el culo, quería sentirlos a todos a la vez.

Estaba enloquecida, totalmente fuera de mí, chupándo una verga enorme mientras otra entraba y salía de mi culo hasta que en pocos segundos José empezó a parar. Dejé de chupar por un momento e instintivamente me incliné sobre su pecho, poniendo mi cabeza sobre su hombro y dejando mis grandes y rechonchas tetas aplastadas contra su él. Inmediatamente me rodeó con sus fuertes brazos, dejando al descubierto mi culo penetrado por su gran pijota, y entonces supe que ya era su presa... quiera o no, ya me lo iban a hacer. Apenas alcancé a ver a Martín a mi lado. Sentí como la cama se movía al acercarse alguien por detrás, que enseguida se agachó pegado a mis nalgas y me apoyó la cabezota de su pija en el escaso espacio que quedaba entre mi ano súper irritado y la verga de José, haciéndome doler. Era Ramiro.

No podía creer como poco a poco iba ganado lugar dentro de mi culo donde parecía no haberlo, a costa de mis dolores y de terribles puntadas. Sentía mi culo ensancharse como nunca para darle cabida a la gran cabezota de Ramiro, que empujaba sin piedad por meterse, hasta que no pude más y empecé a gemir del dolor. Segundos después traté de pararlo pero fue tarde: su pijota ya estaba por hacerme pasar toda la cabeza, que se le había puesto enorme y cada embestida me hacía gemir de dolor, sintiendo como mi culo ardía como el fuego hasta que en una embestida brutal sentí un tirón y un desgarro, una rotura. Levanté la cabeza entre lágrimas gritando de dolor con una media sonrisa y el culo roto y sangrando, mientras Ramiro, delirando de placer, me iba metiendo toda la pija lenta y trabajosamente junto a la de José, hasta el fondo.

Así de dolorida y todo los dejé seguir cogiendo mi culo ya roto, que entre lo desgarrado y lo dilatado que estaba se abría como una concha a las entradas y salidas de las dos terribles vergas que lo llenaban.

Se turnaban entrando y saliendo de él, dejándolo siempre lleno y haciéndome sentir continuos empujones que me hicieron perder aquella estrechez que tanto alabaron al principio, a cambio del placer de tener dos pijas enormes al mismo tiempo, duro y muy adentro. De a ratos alguno de ellos paraba y me la dejaba bien adentro para que el otro pudiera penetrarme y coger mas profundamente, y la verdad, no sabía cuál de las dos me gustaba más, lo único que me gustaba era la manera en que me estaban reventando el culo. Y por si fuera poco jugaban a sacarla entera y volverla a meter, como si todavía me quedara algo de esfínter por romper. Esperaron a que me calme y cuando el dolor se fue pude sentir plenamente lo que es coger por el culo de a dos. Una delicia. Dolió como nunca, pero el placer fue aún mayor. Ni bien terminé de incorporarme José me levantó las tetas como pudo y las apretó con fuerza y Ramiro me agarró de la cintura para bombearme más fuerte. Miré a Martín y abrí la boca para que él mismo me metiera su gran tranca entera hasta la garganta. No sé que fue, pero no duré mucho así penetrada tan salvajemente por los tres; minutos después de haber empezado a mamársela a Martín, de toda mi entrepierna y en especial de mi culo destrozado empecé a sentir un placer terriblemente fuerte, que rápidamente empezó a hacerse sentir en todo mi cuerpo, poniéndome las tetas rígidas y los pezones parados y como piedras.

Totalmente poseída por la lujuria lo disfrutaba como la más puerca, al punto de gritarles todo tipo de obscenidades y que me la dieran hasta desfondarme. Aferrándose a mi cuerpo me clavaron sus vergas lo más profundo y duro que pudieron y así me cogieron hasta que exploté en el mayor orgasmo anal que pueda recordar, gozando intensamente y gritando como una marrana. No podía creer que se pudiera gozar tanto, y con esas tres pijas que no paraban de entrar y salir de mi cuerpo se prolongó un poco más.

Al verme así de histérica se excitaron sobremanera y apurando el bombeo un poco José se dejó llevar hasta acabar de nuevo dentro de mi culo y tan abundantemente como la primera vez. Me la clavó tan adentro sentía sus huevos y mi ano como una sola cosa, mientras varias gotas de leche caliente entraban sin parar, empujadas por la pija de Ramiro, inflamadísima. Varios segundos pasaron antes de que Ramiro empezara a acabarme también, junto a la pija de José, que al ir achicándose le dejaba más espacio. Desesperado del placer se agarró de mi cintura casi clavándome los dedos y tras largar un grito medio ahogado lo sentí llenarme copiosamente de su esperma y gozarme como nunca hasta no poder más. Martín, ahogándome con su pija en la garganta, también apuraba el ritmo golpeándome la barbilla con las bolas. Gimió cada vez más, hasta dar un grito y largarme varios chorros de leche que en segundos me llenaron la boca y salían de ella por las comisuras de mis labios. Agarrándome la cabeza con una mano me acercó la boca hasta que se la comiera entera, haciéndome toser. Con la cara pegada a su vientre seguía tragando la leche que me daba, hasta que al terminar me la sacó de la boca, y apenas la sacó vomité un poco de esperma mientras me babeaba. Su leche y mi saliva colgaban de mi labio en un chorro espeso y blancuzco que al caer desde mi mentón empezaba a fluir lentamente entre mis tetas.

Exhaustos todos, Ramiro fue el primero en sacarme la pija del culo, mientras Martín retrocedía y yo me levantaba como podía para sacarme la de José de adentro. Al moverme para salir de encima de él mi culo se abrió para largar un chorrito de semen, de todo aquel que fueron inyectándome durante la noche. A duras penas se fueron a lavar y se vistieron y los vi irse de del departamento en silencio. Me acosté y sin darme cuenta me quedé dormida un tempo que no sabría decir cuánto, hasta que Aldana me despertó. Ya era demasiado tarde para irme, así que me quedé a pasar la noche ahí. Charlamos de cómo fue todo y de lo excelente que estuvo, y tras prometer compartirlos con ella nos fuimos a dormir lo poco que quedaba de noche. De esa increíble y placentera noche.

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