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Intercambio inesperado


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Relato enviado por : pulga53 el 11/11/2009. Lecturas: 20120

etiquetas relato Intercambio inesperado Intercambios .
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Resumen
El jefe de mi esposa recibe una dosis de su propia medicina


Relato
Habitualmente eramos invitados con mi esposa a cenar en casa de uno de sus superiores en el lugar donde trabaja.
Germán, que así se llama su jefe, vivía en las afueras de la ciudad en una bonita casa con todas las comodidades. Es un tipo alto, atlético, de unos cuarenta años, acostumbrado a los deportes. Lucrecia, su esposa, es muy atenta y simpática. Viste siempre de manera muy sobria, pero se nota que con sus 35 años es muy atractiva, y la ropa de buen corte no hace mas que resaltar su estupendo cuerpo, aunque quiera ocultarlo.
Sin embargo, había algo que resultaba muy molesto. Germán era extremadamente celoso, y esto provocaba la timidez de su mujer y su aspecto siempre recatado. Nos tocó ver diversas escenas de celos, donde por cualquier cosa él estallaba. Por esa razón no salíamos a comer fuera. Varias veces habían surgido problemas con hombres que según él la miraban, y terminamos entonces cenando en su casa, para evitar estas incomodas escenas.
Mi esposa Gladys, en cambio, disfrutaba exhibiendo su hermoso cuerpo. Polleras cortas, pantalones ajustados, blusas escotadas, dejaban ver generosamente partes de su cuerpo. Desde que comenzamos a salir, creería que no me ha sido infiel, pero durante el tiempo que fuimos solo amigos, la he visto llevarse a la cama a todo tipo que le gustaba, y puedo asegurar que en el sexo no tiene límite alguno.
Al llegar, Germán nos presentó a un colega de otra empresa que había pasado por allí a saludar y lo invitaron a quedarse, así que seríamos cinco en ves de cuatro como siempre. Nos presentaron a Raúl, y aunque trató de disimular, el brillo en sus ojos delató el efecto que mi esposa, con una mini ajustada y una blusa con los primeros botones desabrochados, y sus pezones marcándose sin soutien bajo la misma, le había provocado. Debo decir que se comportó como todo un caballero. La miró de arriba a abajo un momento y luego se puso a conversar con nosotros como si nada hubiera ocurrido.
Lo que más me molestó fue la reacción de mi esposa. Evidentemente este hombre de unos 30 años, moreno de ojos verdes, no había pasado desapercibido para ella, y se notaba en sus actitudes como lo provocaba y se insinuaba sutilmente.
Transcurrió la velada muy amena. Raúl era muy inteligente y sabía llevar adelante una reunión.
Luego de la cena, las mujeres se dedicaron a levantar la mesa y preparar café y unos tragos, y Germán y Raúl conversaban en el living, mientras yo aproveche para ir al baño.
Es una casa amplia y cuando salí del baño, en lugar de volver al salón por donde había salido volví por un estudio que está pegado al living. Antes de ingresar al mismo escuché una conversación a través de la puerta abierta que me paralizó.
Germán, la esposa de tu amigo está para comersela
Si, hace mucho que le tengo ganas, pero nunca puedo encontrarla sola. Se me hace que es muy puta, pero no encontré el momento para acercarme.
El momento puede ser esta noche. No me voy a ir sin echarle un buen polvo, dijo Raúl con una voz pastosa de lujuria.
¿ Estás loco?. Aquí es imposible
Tengo una idea, y si sale bien los dos podremos darnos el gusto de darle caña a esta zorra.
Tu y tus ideas. Te escucho
Es muy simple. Tenemos que emborrachar al marido y a ella. Cuando lo dejemos inconsciente, lo llevamos al dormitorio y ella desinhibida por el alcohol quedará solita para nosotros.
¿ Y mi esposa?
Pues puede participar si quieres.
¿ Estás loco? Mi mujer no hace esas cosas y yo no lo permitiría
Está bien, no te enojes. Hagamos una cosa. Demosle para que toma también y así la sacamos del medio.
La verdad que tu idea me está calentando. Hace mucho que quiero poseer a esta ramera. Siempre mostrándose nos tiene a todos calientes en la oficina. Se merece una buena verga.
Como entré al estudio salí, di la vuelta y volví por donde había ingresado. Al llegar al living, Germán se levantó para traer bebidas.
Yo me senté cerca de una ventana que daba al parque. La noche era cálida y corria una suave brisa.
Germán sirvió unos whiskys generosos, mas de medio vaso y comenzamos a platicar. Vi como ellos apenas mojaban los labios, y yo primero tomé unos sorbos, pero cuando no me miraban, arrojaba por la ventana el licor para simular que tomaba.
Volvieron las mujeres con el café y también ellas recibieron bebidas. Al principio Lucrecia se negó a tomar, pero la insistencia de su esposo la obligó a beber y callar. El mismo le llenaba la copa cuando se vaciaba, al mismo tiempo que llenaba la mía. Raúl se encargaba de la copa de mi esposa, la cual recibía menos licor que Lucrecia.
En mi mente resonaba lo escuchado. Así que todos en la oficina la deseaban. Y su jefe quería cogerla. Por un lado me preocupaba que pasaría con su trabajo si el no conseguía su objetivo, y por otro lado me daba cierto morbo ver como se compartaba mi esposa con otro hombre.
En un momento de locura, decidí dejar que el plan siguiera y a medida que iban sirviendo mas alcohol, yo simulaba que me había efecto, cuando en realidad, aprovechando la escasa luz que habían dejado en el salón, tomaba un sorbo y el resto lo arrojaba por la ventana, pero el vaso siempre en mi mano daba la sensación de que estaba totalmente borracho. Germán seguía llenando mi vaso y esto aumentaba mi enojo.Su cara de deseo mostraba como sentía que estaba cerca de lograr su objetivo.
Lucrecia fue la primera en caer. Dijo que había tomado de mas y que se iba a recostar un rato. Su esposo la acompañó escaleras arriba al dormitorio, y al llegar arriba se asomó por el balcón que hacía el hall que comunicaba a los dormitorios y le guiñó un ojo a Raúl, creyendo que yo estaba tan borracho que no me daría cuenta.
En ese momento me acomodé en el sillón e hice como que me quedaba dormido, y con un ojo entreabierto vigilaba lo que pasaba en el living.
Mi mujer reía sin parar frente a las frases de Raúl, las que iban subiendo de tono por la forma en que reaccionaba Gladys, se reía, se ponía colorada, y se la notaba excitada.
Cuando Germán bajó, se acercó a mi sillón, y me observó unos instantes.
Gladys, tu marido se ha pasado con las copas.
¿ Cómo nos iremos si él no puede manejar? Comentó mi esposa
No te hagas problemas pueden dormir aquí, además la noche recién empieza, me imagino que no vas a cortar ahora, dijo Germán sonriendo.
No, la verdad que la estoy pasando bien.
Bueno, que les parece si ponemos algo de música, dijo Raúl
Me parece perfecto, dijo Germán, y un ritmo caribeño muy sensual invadió el lugar.
Vamos a bailar, dijo Raúl
No se si pueda, estoy un poco mareada, dijo mi mujer
Vamos, yo te sostengo, y tomandola del brazo la puso de pie y comenzaron a moverse.
Raúl se acercaba en el baile y rozaba su cuerpo contra el de mi esposa. Cada vez el roce era más evidente y mi esposa no parecía notarlo, o por lo menos no le molestaba.
Ven Germán, muevete un poco, le dijo Raúl, y Germán acercándose comenzó también a refregarse contra mi mujer. En un momento dado le habían hecho un sandwich espectacular. Se notaba como sus vergas dentro de sus pantalones rozaban su pubis y su culo. Gladys estaba sofocada por el alcohol y la excitación del momento.
Perdón tengo que ir al baño, dijo liberándose de sus machos.
Ve tranquila, dijo Raúl
Cuando salió, se acercaron a mí.
Bueno es el momento de sacar este paquete del medio, ayúdame dijo Germán, y tomándome entre los dos me llevaron arriba y me acostaron en uno de los dormitorios, el que estaba enfrente del principal.
Apenas me dejaron solo, me levanté y volví al hall de la planta alta. Desde allí tenía una vista inmejorable de lo que sucedía en el living y la poca luz, hacía que desde abajo no pudieran verme.
Cuando mi esposa volvió del baño, se extrañó de mi ausencia.
Lo llevamos arriba para que estuviera más cómodo. En un par de horas se le pasará la borrachera y estará como nuevo, dijo Germán volviendo a tomar a mi esposa y comenzando a bailar nuevamente.
Mi esposa se dejaba hacer. Nuevamente la apretaron entre los dos, y ella cuando podía giraba quedando una vez frente a uno, otra frente al otro. Raúl la tomaba de las caderas y acomodaba su paquete para que rozara su culo o su vagina. Germán acariciaba su cuello y bajaba sus manos rozando sus pezones que se venían duros como piedras.
Hace calor aquí, dijo Raúl desabrochándose la camisa y tirándola al suelo.
Tienes razón dijo Germán haciendo otro tanto.
Mi esposa seguía moviéndose como si nada pasara. Raúl deslizó sus manos hacía arriba por sus caderas y arrastró su mini, quedando a la vista su tanga transparente, Germán desabotonó aún mas su blusa y dejó a la vista casi todas sus tetas. En un momento tomó su blusa y la levantó hasta sacarla por su cabeza. Mi mujer se limitó a levantar los brazos, mientras seguía moviéndose con los ojos cerrados. Con sus tetas al aire, Germán comenzó a pasarle la lengua por los pezones.
Raúl se separó por un momento y rápidamente se quitó los zapatos, el pantalón y el boxer, y así desnudo volvió a pegarse a mi esposa, deslizando su verga de buen tamaño entre las piernas de mi mujer. Sólo su tanga separaba a ambos cuerpos.
Gladys empezó a gemir, y una de sus manos buscó en su entrepierna la vara que la estaba rozando y comenzó a acariciarla. Ese moento aprovechó Germán para desvestirse también y colocar su verga, un poco más chica que la de Raúl, en la entrepierna de Gladys, Ambas vergas de rozaban en la puerta de su vagina.
Mi excitación era terrible. Ver ese juego erótico y saber como iba a terminar, me puso a mil.
Comenzé a desnudarme y tome mi verga para masturbarme, pero de pronto una idea atravesó mi mente.
Germán se iba a coger a mi mujer, pero yo tenía la de él a mi disposición. Dicho y hecho. Sin dudar dejé mi ropa en el dormitorio y me dirigí a al suyo y entré.
Un velador estaba prendido, y lo apagué. Las luces de la calle entraban por los postigos y permitían divisar siluetas pero no mucho más.
Lucrecia estaba acostada, boca arriba y vestida.
Me acerqué, y comencé a desnudarla. Pantalones, camisa, corpiño, tanga. La dejé totalmente desnuda, como yo, y pude apreciar la belleza de su cuerpo. Sus tetas eras impresionantes. Aún acostada apuntaban hacia arriba, sus piernas parecían talladas.
Abrí sus piernas y comencé a pasar mi lengua por su vagina. Primero suavemente, pero a medida que ella comenzó a gemir fui acelerando mi tarea hasta meter por completo mi lengua en su agujero. Ella seguía dormida pero la humedad de su sexo delataba su placer. En ese momento escuché gritos sofocados desde abajo, así que interrumpí mi tarea y me asomé a ver que pasaba.
Mi esposa, en cuatro patas sobre el sillón era penetrada salvajemente por Raúl que además la aferraba de las tetas, mientras Germán le daba su pedazo para que chupara.
Mi enojo fue tan grande como mi calentura. Volví al dormitorio y deslizandome sobre el cuerpo de Lucrecia, apoyé la punta de mi verga en su mojada almejita, y despacio me introduje en su cuerpo hasta los huevos.
Un gemido fue todo lo que dejó escapar. Seguía semiinconciente, pero yo comencé a bombearla y a chuparle las tetas, sin compasión. Con la misma falta de escrúpulos conque Raúl y German se aprovechaban de mi esposa.
En lo mejor de la cogida, Lucrecia comenzó a despertar. Al principio habrá pensado que era su esposo, porque me dejó hacer, pero a medida que se recuperaba, noto que algo era distinto. Debo decir que mi verga es mucho mas grande y gruesa que la de Germán y ella debe haberlo notado cuando el alcohol empezó a dejar de hacer efecto.
Abrió sus ojos como platos, justo cuando yo estaba llegando al climax. Abrió la boca como para gritar pero se la sellé con un beso y me corrí como un animal. Mi leche caliente provocó que ella también se corriera. Se aferró a mí como una ventosa, me arañó la espalda y luego comenzó a sacudirse y temblar hasta quedar totalmente floja.
Quedé allí sobre ella, dejé de besarla y traté de recuperar el aire. Despacio, ella comenzó a sollozar.
¿ Que hiciste? ¿ Porqué abusaste de mí?, decía en voz baja entre sollozos.
Era lo menos que podía hacer, vení, dije tomándola de la mano y llevándola hasta el hall de planta alta.
Allí hice que se asomara. Me puse detrás de ella y vimos como era ahora su esposo quien tenía a mi mujer boca arriba en el suelo, con sus piernas sobre sus hombros y la bombeaba con entusiasmo. Raúl, mientras tanto, estaba acostado más arriba y cogía su boca como si fuera su vagina. Subía y bajaba sobre su cara introduciendole su verga hasta los huevos en un mete y saca de lo más excitante.
La escena era muy salvaje. Mi verga comenzó a endurecerse nuevamente y a golpear contra el culo de Lucrecia. Ella estaba furiosa pero también muy excitada. Separó sus piernas se agachó y tomando mi verga comenzó a masturbarla, hasta ponerla bien dura. En ese momento la apuntó a su argolla.
Metemela, dijo mientras me miraba suplicante.
No hacía falta que lo pidiera dos veces. No terminó de pedirlo cuando ya mis huevos chocaban contra su cuerpo.
Se aferró al marco de la puerta para aguantar mis embates pero sin emitir un solo sonido. Mis penetraciones fueron haciéndose profundas y lentas. Mi verga rozaba toda su vagina y salía casi por completo, para volver a emprender el mismo camino. Su mano izquierda por entre sus piernas acariciaban mis huevos cuando entraba hasta el fondo, y sus uñas rozaban mi verga cuando me retiraba. Cuando me miraba podía ver como abundantes lágrimas corrian por su rostro desencajado por la furia y la excitación. Poco a poco su rictus fue cambiando. Dejó de llorar y comenzó a gozar plenamente.
Abajo, el final estaba llegando. Raúl se metió hasta el fondo en la boca de mi mujer y comenzó a vaciar sus huevos. Borbotones de semen salían por la comisura de la boca de Gladys, quien trataba de tragarse todo pero no podía. Cuando terminó de acabar, y la verga le había quedado limpia, rodó quedando desparramado en el suelo
¡Ahh, que polvo, por mi madre.! Hacía tiempo que no encontraba una puta de esta categoría, dijo Raúl.
El plan salió a la perfección. Gladys querida, hace mucho que quería poseerte, le decía a mi esposa.
Bastaba que lo pidieras, siempre estoy dispuesta a echar un buen polvo, dijo mi esposa mientras respiraba agitada por los sacudones.
No me digas que haces esto siempre, dijo Germán aún mas excitado.
Siempre que un tipo me gusta me lo llevo a la cama, dijo ella mirándolo a los ojos.
Ya acabaste varias veces, pero me gustaría verte acabar otra vez, le dijo Germán
Estoy a punto, dijo ella
Pues hay te va mi leche, dijo Germán entrando hasta el fondo. Uno, dos, tres penetraciones salvajes y la tensión de su cuerpo mostraba que sus huevos estaban volcando su relleno en el fondo del cuerpo de mi mujercita
¡Ahh! Me corro con tu leche caliente que me quema toda, y tuvo un orgasmo bestial.
En ese momento sentí como Lucrecia también llegaba al climax y sus piernas se aflojaban, tuve que sostenerla de la cintura para evitar que se derrumbara.
Cayó de rodillas, y mi verga salió de su cuerpo. Giró hacia mí y sin decir nada se metió mi verga en la boca, comenzando una chupada espectacular.
Me volví loco. No sabía como contenerme. Ella se dio cuenta.
Damela toda, me dijo mirándome a los ojos con esa mirada sumisa y hermosa que tiene.
No necesité mas. Tomé su cabeza y luego de varias estocadas me vacié en el fondo de su garganta. Mi leche corrió por su boca y bajo por sus tetas.
Sin decir nada, nos levantamos y nos fuimos cada uno a su dormitorio a vestirnos y simular que nada había pasado.
Pasó un buen rato para que mi esposa fuera al dormitorio. Yo me hice, por supuesto el dormido.

El tiempo pasó. Seguimos reuniéndonos con nuestros amigos. Germán me trata con superioridad y condescendencia. Me considera un pobre cornudo conciente, y en cada oportunidad que nos juntamos encuentran una excusa para salir solos y tener sexo.
Mientras tanto, al quedarnos solos con su esposa, nos dedicamos a coger en su propia cama. Hacemos de todo. Se ha convertido en una verdadera puta que hasta su culito virgen me ha entregado.
Germán se acuesta con mi mujer, que a la vez se acuesta con todo el que la calienta. Yo, en cambio me acuesto con Lucrecia a la que solo comparto con Germán que la tiene bastante descuidada, por que mi mujercita lo deja seco. A veces pasar por tonto tiene sus ventajas. El celoso de Germán confía en mí porque se cree que soy un cornudo consciente. A todos los celosos les pasa lo mismo. Tanto vigilar a su esposa y al final se la coge el menos pensado.

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Comentarios enviados para este relato
camadedu (14 de August de 2012 a las 08:58) dice: geniallll, genialllll, genialllllllllllllll

coronelwinston (11 de November de 2009 a las 23:21) dice: Te felicito Pulga53. Tu final es una verdad más grande que un templo. Mucho vigilar y en cuanto te das la vuelta, zas. Muy buen relato con una muy buena redacción. Un saludo Pulga.


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