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Kim: Mi primita... Mi putita (3.5)

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Relato enviado por : Darkel_xG el 04/01/2015. Lecturas: 5482

etiquetas relato Kim: Mi primita... Mi putita (3.5) Amor filial .
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Resumen
“Disfrutando por segunda vez la desvirgada conchita de mi tierna primita”


Relato

“Este relato se sitúa cronológicamente después del relato Kim: Mi primita… Mi putita (III) y antes del Kim: Mi primita… Mi putita (IV)”


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—…Mmm… ven princesa, a bañarte primero como dijo tu mami – indiqué entre besos a mi primita, recordándole las indicaciones que me había dicho mi tía antes de dejarla a mi cuidado una vez más

—¿Pero tú me vas a bañar?... – preguntó al instante

—…Mmm…— sonó mi boca deleitándose con su tierno par de labios — Claro que si princesa, estaremos solitos un buen rato… — dije volviendo a saborear la inexperta boca de mi muñequita, recorriendo a mi antojo con mi lengua el interior de su boquita, era increíble lo dura que me ponía la verga mi nena con solo besarla, moría por cojermela de nuevo, pero saborearía a mi princesita poco a poco, aunque la verga prácticamente ya me babeaba de excitación

Llevé a mi niñita hasta la entrada al baño mientras besaba su boquita continuamente en el trayecto, todo su cuerpecito era el más delicioso manjar, mis manos estrujaban sus pequeñas y levantadas nalguitas por debajo de su vestido, mientras ella con esfuerzo se ponía de puntitas uniendo su boquita con la mía, al tiempo que yo la sujetaba fuerte masajeando su traserito y sus caderitas, mis manos no podían dejar de recorrer su pequeño cuerpecito.

—Entra princesa— dije abriendo la puerta del baño, mientras ella obedecía y separaba de mí su carita toda enrojecida de la calentura, para entrar al baño y pasar yo detrás de ella

Cerré la puerta detrás de nosotros y comencé a llenar la tina.

—…Bésame más…..— pidió tímidamente mi primita parada de puntitas de nuevo, levantando sus brazos hacia mí, buscando que la levantará para poder pasar sus bracitos alrededor de mi cuello y volver a besarme como siempre lo hacía, le encantaba besar

—Si princesa…— dije sonriéndole a mi muñequita, sujetándola contra mi levantándola un poco, abriendo sus labiecitos con un enorme beso que fue continuado por otro y otro más, sí que era inexperta moviendo su boquita o su lengua, pero ella era la menos interesada en separar su boquita de la mía, eran increíbles las ganas con que besaba ya mi pequeña niñita, era yo el que después de un par de minutos separaba un momento mi boca de la suya para dejarla recuperar el aliento; le miraba su par de pequeños labios húmedos de saliva, algo agitada, pero mirándome directamente, casi rogando con la mirada que no dejara de besarla tanto tiempo; la esperé un momento más esperando que ella me besara primero

—…Ya!— ordenó con timidez mi nena, yo sabía que ella era la dulzurita más obediente de todas, pero la impacientaba que no la besara enseguida; la miré ponerse temerosa por haber gritado, era un encanto mi princesa; no pude evitar una ligera sonrisa antes de dejar de jugar con su calentura y volví a envolver su boquita que esperaba impaciente unirse con la mía

—No…. — murmuró en un pequeño puchero mi primita ya que después de un momento la separaba de mí una vez más pues ya la tina estaba al nivel de agua que debía estar

—Un momentito princesa – dije ya dejando todo listo, y volviendo frente a ella, sacándome la camiseta ante su atenta mirada, le sonreí, aunque a ella parecía solo interesarle más mirar hacia donde mis manos se movían para hacer bajar mis pantalones, quedándome en bóxer ante mi muñequita, obviamente la verga estaba que se me reventaba desde hacía mucho rato, y el bulto era considerable bajo la tela algo ajustada

—Levanta los brazos princesa — ordené acercándome para desnudarla

Así hizo, levantando sus bracitos para dejarme sacar su vestidito colorido, observé con detalle mientras la tela iba dejando al descubierto sus preciosos muslitos, subiendo hasta mostrar sus braguitas ajustadas, mientras mis manos jalaban su vestido desnudando su vientre, sus nacientes pechitos desnudos y finalmente sacándole el vestido por encima de la cabeza, haciendo que su negro cabellito se desacomodara.

—Ven preciosa – dije acercándola más para terminar de desnudarla, pero antes de hacerlo, ella tomó mi bóxer por los costados y terminó de desnudarme inclinándose frente a mí, haciendo que mi verga brincara erecta frente a su carita

—¿Lo chupo?— preguntó enseguida mirándome a los ojos, con sus manitas ya alrededor de mi verga

—Date vuelta— dije sonriéndole, girándola, mientras sus manitas resbalaban por mi miembro casi negándose a soltar mi verga, me incliné detrás de su colita, observando sus preciosas nalguitas un poco cubiertas por sus braguitas, tomé los costados de sus calzoncitos y los bajé hasta sus rodillas, dejando la pequeña prenda resbalar hasta sus piecitos, mientras mis manos separaban sus nalguitas, hundía mi cara entre sus pequeñas montañitas de carne y lamia desde abajo lo que alcanzaba de su conchita subiendo con mi lengua por toda la raja de su culito hasta dejar mi lengua sobre el rosado puntito que es la entrada de su culito, moviendo mi lengua en círculos escuchándola suspirar, manoseaba sus nalguitas tomando una en cada una de mis manos y apretándolas, llevando mis manos hasta sus caderitas y recorriendo sus piernas mientras seguía lamiendo su culito, tenía la verga ya más que salida en la posición que estaba, a instantes estuve de acomodarme y ensartarle la verga ahí mismo sobre el piso; pero, separé mi boca, dándole una nalgadita y después un beso sobre una de sus tiernas nalguitas, incorporándome detrás suyo repegándola contra mi sintiendo su tibieza y dejándola sentir mi verga contra su cuerpecito

—A la tina princesa ¿okey? – le dije al oído besándole la mejilla con mis manos en sus caderitas, con mi verga entre sus piernitas moviéndome contra ella como si estuviera cojiendola, sintiendo sus muslitos suaves deleitar mi verga erecta que asomaba al frente de ella por entre sus piernitas, mientras ella apretaba sus piernitas contra mi verga la cual yo tallaba contra su panochita haciéndola suspirar

—Mmm…— suspiraba temblorosamente mi princesita pegada a mi mientras le besaba el cuello y las mejillas un momento, antes de moverla hacia el frente para hacerla llegar a la tina, sino ella se hubiera quedado ahí a disfrutar de los roces de mi verga contra su rajita que después de haber probado la verga ahora estaba hambrienta de volver a tenerla abriendo sus casi preadolescentes paredes

La cargué metiéndola en la tina mientras ella se sujetaba de los bordes de la tina, enseguida me metí yo poniéndome detrás de ella, recargándome contra uno de los extremos de la bañera y recargándola a ella contra mi pecho pasando mis manos al frente suyo y comencé acariciando sus pechitos húmedos.

Después de unos minutos jugueteaba con el cabello enjabonado de mi muñequita, enjuagando su cuellito y acariciando incesantemente su cuerpecito, mi princesa se escuchaba cada vez más excitada, siempre había sido muy fácil ponerla más caliente que un hornito en un instante, ya hora ya tenía demasiado tiempo jugando con su cuerpecito

—¿Te gusta mi amor?...— dije mientras le besaba el cuellito haciéndola suspirar, llevé mi mano a su panochita y con dificultad dejé resbalar poco a poco un dedo dentro de su ajustada conchita

—Ahhmm… – gimió mi tierna primita, abrumada por tantas sensaciones y encantada de todo lo que le hacía – Ya…— murmuró mi princesa meneando las piernitas y apretándolas contra mi mano que invadía su pequeña intimidad

—…¿Qué quiere mi muñequita? – pregunté lamiendo sutilmente y mordisqueando su orejita, y después recorriendo su cuello con mi boca, mientras mis dedos no dejaban de jugar en la entrada de su conchita, mi dedo delineaba pacientemente una y otra vez los bordes del interior de su estrecha panochita, sintiendo en la punta de mis dedos la calentura interior de la vaginita de mi prima, muchísimo más cálida que la agradable tibieza del agua; la verga pegada contra el nacimiento de las nalguitas de mi prima me estaba matando de excitación, la misma tibieza del agua me mantenía la verga a punto, pero la tibieza que deseaba sentir alrededor de mi verga era la del interior de su conchita que había desvirgada hacía poco, añoraba sentir ya la quemante carnosidad de la rajita de mi princesa, ese calor que me había derretido la verga cuando le rompí la conchita

—Ya… no aguanto… — rogó mi muñequita temblando entre mis brazos ante las sensaciones, girando como podía su cabecita hacia mi queriendo besar mi boca, mientras respiraba agitada por el goce que mis dedos le daban entrando y saliendo de su ajustada conchita y mi boca despertando sensaciones desconocidas para ella hasta hacía poco tiempo; solo verle los cachetitos rojos sobre su preciosa piel blanca era obvio que estaba ardiendo en calentura mi princesita, se moría por qué me la cojiera

—Ya métemela…— pidió entrecerrando los ojos perdida en sus sensaciones y echando la cabecita hacia atrás entre suspiros, mientras yo jugaba con su pequeño clítoris entre mis dedos debajo del agua, restregándole la verga contra el culito, sin parar de masajearle las tetitas

—…¿Te gustó cuando te rompí la conchita princesa? – pregunté girándola de frente a mí, aun colocándola encima de mis piernas con mi verga aplastada entre sus nalguitas, mientras su boquita rápidamente envolvió la mía

—…Si… — respondió apenada –…Desde que me rompiste la conchita siempre la siento muy caliente… y quiero tenerla adentro… ¿lo harás?... — terminó de decir, mientras yo me moría aún más de la excitación ante las sexuales palabras de mi primita, me encantaba oírla a ella misma decir que le había “roto la conchita”

—Así debes pedírmelo princesa… — dije besándola sin miramientos, comiéndole prácticamente la boquita, mientras ella se dejaba hacer, dejándome siempre llevar el ritmo aunque ella se muriese de calentura; la sentía temblar ligeramente ante las sensaciones de su cuerpecito al besarme

—…Ahh… mmm… — ronroneaba prácticamente mi muñequita entre mis brazos mientras me besaba más desinhibidamente, dejándose llevar por sus deseos de hembrita

No pude esperar más, sin despegarme de su boquita, levante un poco sus pequeñas caderitas, colocando con dificultad la cabeza de mi verga ante los tiernos labios de su panochita los cuales separé lo poco que pude con mis dedos sin dejar de besar su suave boquita; pero un par de intentos por penetrarla no bastaron, el grosor de mi verga comparado con la pequeña entrada por donde debía entrar evitaban que mi verga invadiera una vez más a esa pequeñita que tenía encima.

—Mmm!… ah…— tembló mi pequeña finalmente, cuando por fin el grueso de mi palpitante verga vencía la estrechez de la entradita de la conchita de mi princesa, no pude evitar suspirar igualmente, la delicia de volver a internarme en esa prohibida carne era y es indescriptible, mi verga avanzaba abriendo de par en par ese canalito vaginal que parecía tan estrecho como la primera vez, la verga casi parecía dolerme de la presión, y la calentura me invadía poniéndome la verga cerca de correrme aun sin haber siquiera entrado más que un par de centímetros dentro de mi muñequita

—Mmm, que delicia eres princesa! – dije besándola con más frenesí y mordiendo un poco sus labios, al tiempo que mis manos terminaban de hacer bajar sus caderitas sobre mí y la presionaba con fuerza queriendo hundirme hasta el fondo en esa tierna panochita que me quemaba de manera sublime; sentí mi carne erecta abrir sus infantiles carnes poco a poco; los tiernos bordes de su interior me producían las mejores de las sensaciones, avancé más y más, reclamando como un macho cada rincón de la tierna intimidad de mi hembrita

—Aahh!!... – gimió mi pequeña sintiéndose penetrada hasta el fondo, mientras mis manos estrujaban sus tersas nalguitas, manteniendo mi verga hasta el tope de su conchita, disfrutando de mantenerme inmóvil dentro de ella, sintiendo las palpitaciones de mi verga a punto de estallar y los espasmos de su panochita, esperando a que mi verga se relajara, pues no quería bañarle el coñito de leche tan pronto

—Muévete princesa…— ordené instantes después, mirándola obedecer, pasando sus bracitos alrededor de mi cuello, la mirada en su rostro rogaba que la dejara besarme pues no alcanzaba mi rostro, así que bajé mi cabeza a su altura y la dejé apoderarse de mi boca; comencé a mover poco a poco sus caderitas arriba y abajo, sintiéndola temblar y suspirar, incapaz de controlar su cuerpecito por momentos, cuidando yo de que no se saliera mi verga por completo de su interior, pues sería difícil volver a meterla debido a su estrechez, la tenía empalada y no pensaba sacársela

—Ahh… ¿así… te gusta mi entradita?— preguntó moviendo en círculos su culito como yo le había enseñado, para acomodarse bien mi verga en su interior; sin duda haberle descorchado la conchita la había hecho más putita, y con tanta calentura encima dejaba de ser un poco la muñequita sumisa y obediente de siempre y surgía la pequeña hembrita en celo que yo había venido despertando

—Me encanta muñeca…mmm…eres la princesita más putita…que delicia de conchita tienes…eres solo mía— dije besando sin pudor a la tierna doceañera que se movía encima de mi verga, haciéndome alucinar de gusto de verla gemir débilmente, encantada de que le llenara su conchita de verga

Nunca pensé que me fuese a saber tan delicioso penetrar a una niñita así, tan preciosa, era un manjar prohibido que me daba el lujo de tenerlo en casa; no descansaría hasta convertirla en mi completa zorrita, y disfrutaría a cada instante a esta muñequita, tal como lo hacía en este instante.

—Mmm… muñequita… como aprietas hermosa…— gemí apretando fuerte sus redondas nalguitas entre mis manos, los excitados suspiros de mi princesa me estaban matando excitación, y su pequeña conchita parecía cada vez más perfecta, más suave, mas húmeda, tan tierna, tan estrecha, no podía parar, me estaba matando de placer mi nena, cada vez trataba de hacer las penetraciones más profundas y marcadas, tratando de cojerla más fuerte, pero en esta posición mi pequeña se estrechaba demasiado

—Ahh…ahh…— suspiraba tiernamente entre suaves gemidos mi nenita, su carita a centímetros míos estaba enrojecida de gusto por estar siendo cojida, mis manos recorrían con lujuria su cuerpecito entero, acariciando sus piernitas, sus abultadas nalguitas, bajando mis manos por su espaldita que acababa en esas preciosas caderitas que conducían a esa delicia de manjar que tiene por traserito mi tierna nena; aunque estrujar sus rosadas nalguitas era a lo que más tiempo dedicaba; me era imposible penetrarla con rudeza en esa posición, pero aun así la excitación me hacía imposible subir el ritmo pues no quería correrme tan pronto

—Mmm… ¿te gusta princesa?...— pregunté separándome un momento de su húmeda boquita

—…Ay sii… mmm…— suspiró mi nena meneando el traserito sobre mi mientras mis manos descansaban sobre sus pequeñas caderas, acompañando y remarcando el ritmo de sus inexpertos movimientos

—…Ahh… muñeca… en cuanto crezcas un poquito más… podré metértela entera nena… te encantarᗠdije delirando de gusto, pero ciertamente me moría de ganas de llegar a penetrarla completamente, pero por el momento el tamaño de su conchita me lo hacía imposible

—…¿Me la meterás más dentro…?— preguntó curiosa, mientras mis movimientos pélvicos comenzaban a bombearla algo fuerte para su cuerpecito

—Si princesa… mmm – respondí chupando uno de sus casi inexistentes pechos – Pero será hasta que te pueda entrar… eres la nena más apretadita del mundo… me vuelves loco –

—…Se siente muy rico… ahyy… — pronunció mi nena con sus bracitos aferrados a mí, mientras sus casi inocentes caderas danzaban en círculos sobre mi verga, en cuanto aprendiera a hacerlo un poco mejor, seguramente me mataría del placer

Me sentía desfallecer por instantes por las incesantes oleadas de placer que esa tierna nena me producía en sus movimientos, podía asegurar que mi cuerpo estaba ardiendo en calentura, pero aun así la temperatura de mi nena encima me quemaba el cuerpo, sus esbeltas piernitas sobre mis muslos me quemaban la piel, y mis brazos que envolvían por momentos su cuerpo, sentían la elevada temperatura de mi primita; pero nada era tan cálido como su interior.

—Mmm…— pronunciaba simplemente con los ojos cerrados mi nena, las sensaciones simplemente le provocaban querer moverse más, querer sentir mas – Ahh! Mmm….! — gimió dulcemente mi prima ahorcándome la verga en sus contracciones, su pequeña panochita se corría, tomándome por sorpresa tanto a mi como seguramente a ella

—Eso mi amor… ahh… disfruta princesa…— suspiré estrujando sus firmes nalguitas

—Mmm…sisi… me hace cosquillas… — agregó entre erráticos movimientos meneándose sobre mi verga, la cual soportaba como podía la deliciosa presión de su vaginita

Comencé a bombearla nuevamente, mientras su cabecita agitada reposaba casi a la altura de mi hombro; sus agitadas respiraciones golpeaban cálidamente contra mi piel al tiempo que mi humanidad la poseía con fuerza; su tierna panochita cada momento se amoldaba un poquito más a mi verga, aunque cada borde se resistía deliciosamente frotándose ajustadamente contra su invasor, mi nenita me provocaba a penetrarla más y más.

—Ahh… que delicia eres princesa… — gemí bombeándola lo poco fuerte que podía en esa posición, y haciendo un esfuerzo traté de incorporarme con ella clavada

—…Mmm… — gimió mi nena casi preguntando porque me movía

—…Sujétate bien con las piernas como te enseñé – indiqué a la nena, haciendo una vez mas además de incorporarme

—Pero no… aquí me gusta… no quiero moverme…— respondió sin querer dejar de menearse sobre mi

—Es para que vayamos a la cama… ¿no quieres ir?— pregunté besándola

—No… solo métemela… me gusta como entra… — respondió casi sin mucha lucidez, su intención era tan solo seguir sin importar donde fuera

Decidí no insistir, y abrazándola por la cintura comencé nuevamente a entrar con fuerza en ella, escuchaba su agitada respiración acompañar cada una de mis penetraciones, el agua ahora un poco menos tibia, salpicaba ante el incesante movimiento de mi cuerpo contra el suyo, mientras el cuerpecito de mi nena se meneaba como el de una muñequita encima del mío, soportando cada una de las lujuriosas arremetidas contra su intimidad, su cuerpecito temblaba cada que mi verga hacia el movimiento hacia afuera de su conchita, y suspiraba cada que se volvía a hundir en ella, sus delineados y rosados labios vaginales los sentía abrazar mi verga ajustadamente, me hubiera encantado una visión más cercana de mi verga invadiendo su rajita, pero la posición no me lo permitía; sentía los testículos tener su carga lista para inseminar a la tierna muchachita, pero no quería, no aun, quería hacerla mía más y más todavía.

—Ahh… nena, que húmeda y calientita estas por dentro… ¿tanto te gusta mi verga? – pronuncié extasiado de gusto tras cada invasión a su estrecha intimidad

—…Sii… entra muy rico… hazlo más…— respondió mientras yo le besaba la boca y mis manos no dejaban de acariciar hasta el último rincón de su piel

—Ahh… que panochita tienes, succiona delicioso... – gemí delirando de gusto, su conchita parecía más que sedienta de leche, como si su interior suplicara que mi semen bañara su pequeño canalito vaginal

—Ahhy… otra vez… Ah Ah…— chilló mi princesa apretándome con fuerza con sus manitas, al tiempo que su cuerpecito se arqueaba, evidentemente orgasmando de nuevo, los espasmos en su conchita eran sublimes, nunca en la vida había deseado pensar en algo más para intentar evitar que esos espasmos me obligaran a correrme, tenía pensado esperar un poco más, pero cada contracción vaginal de su interior, cada que su cuerpecito se meneaba descontrolado sobre mí, cada que uno de sus sexuales gemiditos llegaba a mis oídos, todo eso me desafiaba, me seducía a derramarme en su interior, a impregnar nuevamente sus carnosas paredes vaginales con el fluido proveniente de mi verga

—Ahh… nena, me vuelves loco… eso, as텗 deliré aun sintiéndola menearse, en un orgasmo claramente más largo que el anterior

—Ahyy… primo… ya, ahy!— chilló mi tierna nena, incapaz de soportar su propio orgasmo, el cual parecía no querer ceder, pues sus espasmos continuaban torturando mi verga

No pude más, aun con su orgasmo encima, envolví con fuerza su cuerpecito entre mis brazos, apretando sus nalguitas contra mí, la penetré a fondo nuevamente, provocando que sus grititos aumentaran una vez más, su conchita rogaba que la inseminara y eso iba a hacer.

—Shh… que rico cojes nena, mira como me pones… ahh… tu voy a llenar de lechita otra vez…— dije casi enloquecido, con mis manos apretándose con demasiada fuerza contra la tierna carne de sus nalguitas

—Ahh… ya ya!… — gimió sin fuerza mi nena, mientras mi verga más dura que nunca la bombeaba hasta el fondo, provocando que su liviano cuerpecito saltara sobre mí, con mis brazos asegurando sus caderitas

—Ahh… si, eso mi amor…— gemí penetrándola sin miramientos, mientras mis huevos cargados de leche golpeaban contra su tierno traserito

Y en un instante más, sentí la verga palpitarme deliciosamente, mientras en mis penetraciones comenzaba llenar a de leche la pequeña cavidad de mi nena, sujetaba su traserito con fuerza contra mí, haciéndola menearse sobre mi verga, al tiempo que mi semen iba estrellándose chorro a chorro contra el fondo de su conchita.

—Ahh… pequeña… — gemí besándola, mi verga aun tiesa liberaba mi quemante semilla en su interior, mientras ella gemía continuamente a causa de mis pausadas, pero profundas penetraciones

—Mmm… ahh…— gemía mi niña que estaba más que agitada por mis penetraciones, su cuerpecito temblaba diciendo adiós a su propio orgasmo, mientras aceptaba encantada como mis testículos se vaciaban dentro de ella

—Ahh… que rico te mueves princesa… mmm – dije besándole la boca, sintiéndola como su respiración agita le hacía casi imposible besarme, pero sus ganas de besar eran muchas para no hacerlo

Permaneció en silencio un buen rato, todo el rato que pasamos comiéndonos la boca, mi verga había perdido parte de su tamaño ya, pero seguía aun un poco dentro de ella, quizá estaba incluso cercana a recuperar su tamaño nuevamente por el gusto de estar besando y manoseando a mi calenturienta niña.

—Ya mi amor… ya…— dije risueñamente, despegándome casi a la fuerza de su boquita – Mmm… ya;… vamos a salir del agua… — agregué nuevamente, tras un par de besos más de su parte, intentando llevarme a su boca de nuevo

—…¿Ya no nos vamos a seguir besando…?— preguntó algo penosa

—Si princesa… pero vamos a que te vistas primero— dije sonriéndole tiernamente, liberando mi verga de su conchita por fin, y moviéndola para ponerme de pie

—No te pares, te vas a caer, déjame voy por la toalla Kim – indiqué a la nena, que hacia ademan de sujetarse de los bordes de la tina para ponerse de pie; era obvio que las piernas no iban a responderle

—¿Por…?— dijo curiosamente

—…Por esto princesa… — dije levantándola y poniéndola de pie; y las piernas ni siquiera le pisaron firmes al levantarse, así que la mantuve sujetada

—…Me duelen las piernas… ¿Es malo…?— preguntó con un puchero, tratando de mantener el equilibrio por si sola

—No mi amor, se te pasará… — dije envolviéndola en la toalla y cargándola en brazos

Se sujetó a mí y la llevé a su habitación, busqué algo de su ropita a mi gusto y terminé de vestirla; tanto pasar mis manos sobre su cuerpo me hacía tener el glande al descubierto una vez más en mi erecta verga.

—Espérame nena, voy por mi ropa al baño… mmm…— dije a la nena besándola

Asintió y salí camino al baño; vine ropa en mano de regreso, ahí estaba mi nena sobre su cama, con su linda blusa y su corta faldita que había escogido para ella, sus hermosas piernas me hicieron punzar la verga una vez más.

—¿Qué piensas nena…?— pregunté cariñoso, mirándola observarme mientras me subía los boxers y me ponía lo demás

—…Me gusta verte… — respondió un poquito apenada

—Y a mí me gusta verte princesa… — respondí terminado de ponerme la camiseta, me acerqué a ella besándole dulcemente la boca — ¿Puedes pararte ya nena? –

—No… — replicó con un puchero mientras yo trataba de ponerla de pie y la veía tambalear

—Okey… te dejo aquí solita y te peinas porque si no ya sabes que tu mami te regaña… mientras voy a la cocina y subo por ti en un momentito ¿va?— dije acariciándole las piernas

—Bueno…— respondió no muy convencida, mientras yo le pasaba su cepillo para el pelo; había un espejo enorme de frene a la cama, así que no necesitaría bajar de la cama para peinarse

Le acaricié un instante más el cabello aun húmedo y salí de la habitación; regresé por ella momentos después y comimos sin mayor novedad.
De más está comentar alguna otra cosa sobre ese día, así terminó todo esa ocasión.

***

Días después conducía yo hasta lugar en donde recogería a mi primita; estaba en una academia de danza o más bien ballet, al parecer había tomado clases desde más pequeña, pero las había dejado por un tiempo, y ahora en vacaciones le habían conseguido un lugar donde asistir mientras estuviera pasando las vacaciones con nosotros.

Llegué al dicho lugar, bajé y entré, habían otras personas esperando a sus hijas, sobrinas, hermanas o lo que fuesen; la busqué entre el grupo de niñas y finalmente identifiqué entre las demás; no duró mucho mi espectáculo pues la clase terminó después de unos minutos; y detalles más detalles menos, finalmente la vi dirigirse hacia donde yo estaba, seguramente donde la recogía su madre siempre, y me vio finalmente; parecía algo sorprendida, agradablemente sorprendida.

—¡Primo!— exaltó la voz sonriente, caminando deprisa hacia mí

—Hola muñeca – respondí amable a su saludo; mirándola llegar hasta mi con su ropita de ballet, la tela de un color rosa pálido ajustada al cuerpecito, y la parte de la falda levantada hacia los costados, característica del ballet; recorrí en una sutil mirada sus pequeñas y largas piernitas, que estaban entubadas en unas mallitas del mismo color

—¿Viniste por mí?— preguntó curiosa, pues nunca antes se había dado la necesidad de que yo fuera por ella

—Si Kim, mi tía salió y me pidió venir por ti – no era tanto así, mi tía le había encomendado a mi madre venir por Kim, pero al final ella me había terminado prácticamente mandando a mí, aunque yo no había tenido mayor inconveniente en aceptar

—¿Y me viste?— preguntó, obviamente se refería a si la había visto danzar

—Si nena, eras la más linda de todas… — dije sonriéndole, mientras se cambiaba a sus zapatillas normales

Sonrió y la dirigí delante de mí hasta el auto, subió y seguidamente lo hice yo.

El camino fue un simple y curioso cuestionar de preguntas de parte de mi prima; llegamos y bajó del auto junto conmigo, caminábamos por el césped camino a la puerta de mi casa.

—¿Y estoy solita contigo?— preguntó coquetamente

—No nena – dije riendo un poco, sabía yo muy bien a que se refería con eso – Esta tu tía – agregué, pues mi madre estaba en casa

—Ah…— respondió algo desalentada

Entramos a casa y dejé las zapatillas de Kim en un sitio, me senté al sofá al igual que mi prima, esperé a que apareciera mi madre, y que se hiciera ella cargo de mi prima.

Pero no apareció, la llamé un par de veces, mientras Kim no dejaba de estar de inquieta sobre mí.

—Voy a ver si está arriba, aquí estate — avisé separándome de mi prima y yendo hacia arriba

Busqué donde pensaba que podría estar, incluso hablándole, pero no estaba; saqué el celular y le marqué; estaba en casa de los abuelos, no tan lejos de casa, tampoco tan cerca, había aprovechado que un tío había pasado a la casa, él iba hacia allá, la había invitado y se había ido allá.

Terminé la llamada normalmente, volvería junto con mi tío más tarde, ni siquiera me tomé la molestia de me mencionarlo, obviamente tendría que hacerme cargo de Kim yo mismo.

Bajé la escalera guardándome el celular en el bolsillo, llegué hasta la sala, donde mi primita esperaba recostado a lo largo del sofá mirando televisión.

— ¿Tienes hambre? – pregunté levantando sus atirantadas piernas y pies para sentarme, después dejándolas reposar sobre las mías

—Amm… poquita… — respondió risueña moviendo sus piernitas adornadas por esas rosadas mallas, dejándome observar con claridad desde mi posición, la delicia de labios de su panochita marcados bajo la fina tela del mismo color que cubría su pequeña intimidad

—Puedo ordenar pizza, ¿quieres? – cuestioné, acariciando sus piernas en un subir y bajar de mi mano por sus esbeltos muslos

—¡Sisi!— gritó enseguida, era obvio que le encantaba

—Bueno, déjame la pido, dije tomando el teléfono – así hice y segundos después terminé la llamada

—¿Me tengo que cambiar…?— preguntó refiriéndose a su ropita de ballet que traía puesta

—No princesa, tu casa está cerrada hasta que regrese mi tía… además así te ves muy bonita – dije sonriéndole, sabiendo que eso le gustaba escuchar a la muy coqueta

Rio nerviosamente la nena, mientras seguía hablando de cualquier cosa, al igual que yo; y así transcurrieron unos minutos.

—¿Y me veo más bonita así?... ¿O así?— preguntó cambiando de poses coquetamente frente a mí, tenía varios minutos excitándome con su tierno pero sensual cuerpecito

—De las dos formas muñeca… tanto que creo que tendré que hacerte el amor así princesa— dije a la nena quien pareció llamarle particularmente la atención, tal vez eso buscaba provocar en mí

Al instante escuché que la pizza llegaba, la recibí y momentos después estábamos comiendo ahí mismo en la sala.

Terminamos y un momento después atendí una llamada de un conocido mío, cosas personales; la llamada demoró bastante, pero finalmente colgué y volví a dar toda la atención a mi primita; era obvio que la idea de hacerla mía en ese atuendo me había pasado por la cabeza infinidad de veces, incluso una ocasión anterior en donde se suponía que se quedaría conmigo vestida para la clase de ballet para que yo la llevara, pero al final no había sido necesario y la oportunidad se me había escapado; pero al parecer ahora no sería así.

—¿Y hoy por qué no estas de besucona princesa?— pregunté riendo un poco, mientras le daba un repentino y succionaste beso en los labios

Reaccionó sobresaltada, sin saber qué hacer, dejándome actuar hasta separarme de sus labios; y entonces habló sonrojada.

—Tú me has dicho que cuando esté mi tía o mi mamá no lo haga… — respondió nerviosa y con un lindo puchero en el rostro

—Pero no están princesa… mmm – agregué envolviéndola en mis brazos, atrayéndola hacia mí y comiéndole la boca con descaro

—¡! Mmm… mi tía está arriba… — dijo entre mis labios; aún más nerviosa por la posición en que nos encontrábamos ahora; parecía entender muy bien que estas cosas deberían ser privadas

—No… mmm… no está en casa boba… mmm… ya hubiera bajado… la llamé, vuelve más tarde – dije entre besos a la nena – Así que me voy a cojer este culito otra vez – agregué sexualmente, acariciando con deseo sus nalguitas sobre la ajustada tela que cubría su culito

—Mmm… — ronroneó disfrutando mis besos — … ¿En serio? — agregó insegura

—Muy enserio princesa… — dije sintiéndola ahora más decidida a besarme, envolviendo sus bracitos alrededor de mi cuello – Arriba… mmm… vamos arriba – dije levantándome con ella, sintiendo como sus dientes mordían mi labio tal vez accidentalmente por el movimiento, o tal vez a antojo de ella

Llegamos a la habitación, con ella aun aferrada a mi cuello y decidida a no separarse, su respiración y su aliento golpeaban agitadamente contra mi rostro cuando abría su boquita húmeda en busca de aire.

—Eso mi amor… que rico besas… mmm… — dije a la caliente muchachita, que parecía poseída por algo más, seguramente si le hubiera dicho que estaba sola conmigo desde el principio, hubiéramos terminado en este instantáneamente

Traté de sacarme la camisa, estaba de pie al borde de la cama, mientras ella de rodillas sobre el colchón se aferraba a seguir devorándome; me encantaba lo caliente que se ponía mi nena.

Con dificultad logré que se despegara de mi un instante para sacar mi prenda por encima de mi cabeza; y la observé ahí, impaciente, callada, decidida a seguir con lo suyo enseguida, hambrienta de mi boca, con esa mirada tan particular que solo un deseo y una necesidad tan carnales pueden provocar; y esa mirada se despertaba en mi nena, la de una pequeña hembra en celo.

La observé quitarse rápidamente la prenda que cumplía como ropa interior, de una fina tela que translucía aun así su hambrienta panochita, quedó ante mí con solo la parte de arriba de su traje que estaba unido a la parte de la falda, la cual era simplemente un montón de holanes que cubrían prácticamente nada, y debajo las rosadas mallitas sobre sus piernas me incitaban a penetrarla ya mismo.

Parecía querer decir algo, pero la tomé del cabello y la hice abrir la boca para meter mi verga en ella, gran parte de mi verga se perdía en su cálida boquita, su delicado par de labios subía y bajaba a mi antojo alrededor de mi carne erecta.

—Ahh… nena… — suspiré, no quería que me la chupara demasiado tiempo, solo que me la dejara bien lubricada; así que hundí mi verga más de lo posible para ella, provocando que le dieran arcadas sobre mi verga, lo hice un par de veces más, y su boquita ya era un mar de babitas que escurrían sobre las venas de mi verga

—Ah… — suspiró gustosa al separar mi tranca de sus labios; en un movimiento tomé su cuerpecito y la coloqué en cuatro patitas sobre la cama; mientras ella aceptaba obedientemente

Hundí mi boca entre su infantil conchita, la cual destilaba ya ese dulce aroma a hembra joven, su culito se alzaba en el aire al total descubierto pues la prenda que hacía de falda apenas le llegaba a la cadera.

Lamí y hundí mi lengua con frenesí dentro de su pequeño orificio vaginal; me volvía loco ver su rajita lampiña esperando tan cerradita a ser reclamada por mi verga otra vez.

—Aquí va mi amor… — dije escupiendo sobre su conchita y colocándome prácticamente encima de ella con mi verga punteando ya su panochita

—Mmm…— gimió dulcemente mi nena al sentir mi glande vencer una vez más la entrada de su rajita, era enloquecedor las sensaciones que me provocaba mi princesa; mis manos sujetaban con ansia sus caderitas ensartándole más y más carne dura a mi tierna prima

—Ahh… bebita…que panochita tienes… — gemí delirando de gusto, cada empujón de mi verga hacia que mi nena acomodara y entreabriera mejor las piernitas, tratando de acomodarse para disfrutar mi verga a placer la muy zorrita

—¡Ahh!... sii…— gritó de gusto mi primita al sentir mi verga abrirse paso hasta el tope de su conchita, y como comenzaba a bombearla sin esperar más

Era un manjar, los bordes interiores de esa tierna panochita me mataban de gusto, cada que empujaba mi verga hacia adentro parecía haberse vuelto a apretar al máximo; mi cintura se movía incesantemente contra la pequeña criatura que me recibía como una total perrita.

—Ahhy… primito sisi…mmm… — gemía dulcemente mi nena contrayendo sus esfínteres en su primer orgasmo, mientras yo aprovechaba para pausar un poco mis penetraciones pues la verga se me reventaba de gusto con las palpitaciones

—Ahh… eso putita… — dije loco de gusto, dando un par de nalgadas sobre sus nalguitas, las cuales estaban ya rojitas por mis muslos golpeando contra ellas

Me afirmé sobre la cama y sujetándola de las caderas la atraje una y otra vez contra mí, mientras yo prácticamente babeaba de gusto, mirando su cuerpecito sacudirse adelante y atrás.

—Mmm… ahhy— gemía incesante mi princesa encantada de que me la cojiera

La hice incorporarse un poco hacia atrás, provocando que mi verga empujara deliciosamente el fondo de su panochita; tomé su prenda de arriba por la parte de la falda y levanté la tela sacándosela finalmente, dejándola desnuda, simplemente sus piernas seguían envueltas en la suave tela de sus mallitas.

La envolví entre mis brazos y aumenté el ritmo de las penetraciones un momento, sintiéndola temblar y escuchándola gemir más desesperadamente encantada de todo lo que le hacía.

—Ahh…si… métela mételaaa… — gemía mi nena víctima del placer, mientras mi boca recorría su cuello y mis brazos la abrazaban con fuerza manteniéndola en esa posición donde mis manos recorrían pausadamente sus pechitos y su pequeño vientre hasta bajar a su clítoris

—Ven princesa… — indiqué girándola y sentándola sobre mí, en una posición que a ella le encantaba; sentí su cuerpecito sentarse sobre mí, mientras mi verga se mantenía refugiada en su vientre

La sentí comenzar a saltar sobre mi verga, apoyando sus manitas sobre mi pecho por momentos, mientras mis manos azotaban sus nalguitas repetidas ocasiones, disfrutando de verla menearse encima de mí, tan pequeña, tan zorrita.

—Ahh… ahuu… ¡sisi!.. – gimió aún más fuera de sí la muy zorrita, meneándola la cola como pocas veces mientras se vaciaba sobre mi nuevamente, reventándome la verga a contracciones

—Ahh… Kim, espera… espera… — gemí extasiado, teniendo que sujetarla de las caderas para que dejara de saltar de esa manera que lo hacía, porque estaba a punto de correrme si seguía haciéndolo

—Mmm… me encanta esto… mmm… mas— gimió dejándose hacer, besándome la boca y meneando en círculos el culito de una manera sublime

—Párate princesa…ahh… — dije levantándola con mi propia fuerza, mientras ella se colocaba en cuatro prácticamente ella solita, así era como la quería nuevamente

—Métela… me gusta mucho… — dijo dentro de su calentura, con el culito una vez más levantado y sus manitas separando sus nalguitas esta vez

Avancé sobre la cama hasta su culito y lamí una par de veces su culito; no sé si ella sabría que volvería a encularla, o si sus ganas de sexo simplemente le dejaban dejarse hacer a mi antojo; mis dedos esparcieron mi saliva sobre su pequeño orificio que parecía imposible de profanar; pero ya lo había hecho yo antes, así que sabía muy bien las glorias que enterrarme en ese dulce orificio me iban a provocar.

—Mmm…— ronroneaba impaciente mi nena sintiéndome comerle el culito mientras mis dedos jugaban en su conchita

Me incorporé sin poder esperar más, con la verga palpitándome de ganas de penetrarla, y dirigí mi glande sobre su pequeño ano.

—Ahh… acomódate bien princesa… — gemí hundiéndola más y más verga sin miramientos, era el culito perfecto, un recto tan estrecho, pero tan elástico, con esos bordes que me volvían loco al adentrarme en ella

—…Ahyy… me duele poquito… — pronunció calladamente mi nena, cuando mi verga estaba atorada casi hasta la mitad dentro de su palpitante recto

—Shh… ahorita pasa mi amor… tranquilita… — dije acariciándole la espalda y comenzando a bombearla poco a poco

—Mmm… mmm!... — gemía mi primita al sentir los primeros mete y saca en su interior, mientras sus intestinos parecían querer succionarme hacia adentro

La temperatura de su interior me estaba matando de gusto, su culito parecía querer amoldarse lo mejor que podía a su invasor, mientras mi tierna nena gemía encantada de la enculada que le estaba dando.

Seguí sodomizando ese dulce recto minuto tras minuto, mi nena echaba el culito hacia atrás queriendo probar más centímetros de verga, pero su pequeño interior se negaba a poder cobijar la parte de verga que seguía fuera; cada incursión dentro de ella era el cielo, me mataba de la excitación el ver ese tierno traserito debajo de mí, y no podía parar de atravesar mi verga entre esas firmes nalguitas que se regalaban ante mí.

—Ahh… Kim… — gemí sabiéndome cercano a correrme

Los minutos transcurrían y sentía su esbelto cuerpecito revolverse del placer, moviendo sus nalguitas de una manera sublime mientras mi verga no dejaba de bombearle el culito; esa delicia de recto que me provocaba querer penetrarlo hasta que le quedara liso por dentro.

—Ahyy!!... primito… ahh… — gimió meneando las piernitas, cuando el orgasmo la invadía inesperadamente, un orgasmo provocado por las incesantes penetraciones en su culito

—Ahh… no aguanto… te voy a llenar de lechita princesa…. – gruñí sin poder aguantar, me hubiera gustado esperar a que su orgasmo avanzara más, pero me fue imposible cuando las primeras contracciones de su esfínter anal apretaron mi verga

Y así ocurrió, entre sonidos corporales de ambos, sus incesantes contracciones desencadenaron el caudal de vida que comencé a vaciar en sus intestinos; la sentí flaquear de las piernitas, e igualmente el ímpetu del movimiento me hizo dejarme reposar sobre ella; cuerpecito tendido sobre la cama recibía al mío sobre ella, mientras mis últimos empujones la sumían sobre la cama al tiempo que mi fluido seminal bañaba su interior, disfrutando de las palpitaciones de los cuerpos de ambos.

—Mmm… primo… — suspiró sin oxígeno sintiéndose algo aplastada por mí, pues mi cuerpo casi reposaba de lleno sobre el suyo

—Mmm… princesa… eres la mejor…— añadí hundiendo mi rostro entre sus negros cabellos, llevando mi rostro hasta su hombro y subiendo entre besos hasta su cuello

Dejé que mi verga abandonara su interior, y le di media vuelta mirandola de frente debajo de mí, con sus cabellos tan desordenados, el rostro enrojecido del esfuerzo y con la respiración aun agitada; me parecía tan perfecta, tan esbelta, tan sublime y sumisa, tan mía.

—Siempre serás mía princesa… — dije a mí nena, quien me miraba coqueta y sonriente, desnuda bajo de mí, con nada más que esas finas mallas rosadas en sus largas piernitas

—Sii… — respondió nerviosamente mientras la abrazaba fuertemente envolviéndola entre mis brazos, y volví a saborear sus prohibidos labios con mi boca

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