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La eterna maldición de la esclavitud y el placer


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Relato enviado por : Paulina_83 el 07/08/2017. Lecturas: 2153

etiquetas relato La eterna maldición de la esclavitud y el placer Dominacion .
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Resumen
Una chica malvada obtiene un castigo que la lleva a lo más bajo de la esclavitud sexual


Relato
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Mi nombre es Paulina. Ese es mi nombre: Paulina. Ahora tengo 20 años. Y yo voy a contaros a ustedes mi historia. Mi erótica, sexual y aterradora historia acerca de cómo fui a caer en la esclavitud. La esclavitud sexual lésbica por medio de un chantaje. Un chantaje del cual no pude escapar; era mi reputación o mi cuerpo y libertad. Pero antes, tengo que describirme.

Como ya he contado, mi nombre es Paulina. Soy una mujer más o menos alta: 1.76 de estatura. Algo que yo siempre he disfrutado bastante es mi belleza física: soy de piel blanca, rostro que yo siempre me he esmerado en lucir y cuidar; cabello negro y más o menos ondulado, el cual he dejado de largo hasta los hombros. Siempre he sido de busto y caderas amplias; cosas que yo siempre utilicé a mi favor. Mi medidas son 94- 59- 91. Mis piernas siempre han sido largas y muy bien torneadas. En fin, no puedo quejarme; pero debo decir que mi belleza interior no es igual a la exterior; siempre fui mala con mucha gente, y ahora lo debo pagar con esclavitud sexual.

Desde niña he vivido con mi única pariente viva que tengo; pariente cercana, claro. Mi tía Catalina; una mujer algo alta y de buen porte; eso sí, a diferencia de mí, ella siempre fue buena persona. De carácter tradicional y muy apegada a la religión, era de carácter fuerte pero a diferencia de mí, ella nunca le gustó humillar o hacer actos de maldad que yo ahora debo pagar con mi esclavitud sexual. Debo decir que nosotras somos de buena condición económica, con una casona que si no es una mansión, es más o menos respetable; con un patio y fuente en medio y algunas habitaciones; con dos sirvientas y de estilo tradicional. Sé que en el pasado nuestra familia era aristocrática; pero hechos posteriores en la historia de mi país arruinaron en algo la condición de mi familia. De cualquier forma, nos quedaba una situación pudiente y una fortuna numerosa; por ser yo la única pariente viva y además su ahijada, yo sabía que era la única heredera de lo que ella tenía; y la verdad, yo ya quería que ella muriera para disfrutar yo de su fortuna. Así de mala era; solo me importaba el dinero y no ella; pero vivía con ella porque no quería trabajar y se que ella, a pesar de desaprobar muchas de mis actitudes altaneras y groseras hacia la servidumbre, y a pesar de llamarme la atención por eso mismo, me quería y creía que yo podía ser mejor persona.

Mi madre, la cual me han platicado que ella era tan religiosa como mi tía (solo que de carácter apacible y muy dulce, según me la ha descrito mi tía y algunas de sus amigas) murió cuando yo era muy menor, y quedé a cargo de mi tía; mi padre fue un hombre que solo embarazó a mi madre y se deshizo del compromiso. Cosa que a mí me gustaba; no quería que nadie limitara mis acciones cuando yo fuera la dueña de la fortuna familiar. Solo que nunca esperé que mi destino me iba a dejar en manos de la esclavitud sexual.

Yo, desde que salí de la adolescencia, me gustó mucho conquistar a hombres casados; era una especie de placer y vanidad; saber que los hombres morían por mí. Y desde luego, a veces sus esposas se enteraban y a mí me gustaba verlas sufrir por mi culpa; que vieran que me preferían a mí a ellas. Por supuesto, lo hacía a escondidas de mi tía y mis amigas; yo era una zorra y una descarada hipócrita a la que nunca le hubiera gustado que mi tía o mis amigas se enteraran de mi doble vida. En púbico fingía ser una buena persona; desde luego mis amigas no eran religiosas y nosotras éramos muy de andar en fiestas, lo cual es un placer que yo disfruto: andar de fiesta y divirtiéndome. Cuando conquistaba a hombres casados, lo hacía con desconocidos y además, cuidándome de que nadie supiera donde vivo o quién era; mi información completa. O eso pensé yo; jamás pensé que alguien podría grabarme y tomar fotos que después, las usaron para introducirme a un mundo de placer sexual y esclavitud. Sin embargo, mis amigas se que ellas eran lo que la sociedad considera "mujeres decentes"; sabría que si me descubrían me considerarían repugnante pero no me importaba; de hecho, yo solo las quería para ir a divertirme; no sentía ningún sentimiento de estima hacia ellas; no obstante, como ya he dicho, yo soy una hipócrita que si se enteraran de lo que hacía, me sonrojaría de vergüenza y sería para mí la peor humillación recibida; sobre todo el pensar que mi reputación quedaría dañada para siempre. Claro está que nunca pensé que alguien utilizaría eso como chantaje perverso y sexual; poniéndome entre la espada y la pared; entre escoger mi reputación o prestarme para la esclavitud sexual. Y lo que más me aterra es que si las imágenes que se utilizaron llegaran a manos de mi tía, esta no me correría de su casa; pero se que ella dejaría de quererme y quizá no me herede su fortuna; o se la herede a alguien con el compromiso de usarlo para mis necesidades; esto último claro que solo lo haría por mi madre a la que ella guardaba cariño y un grato recuerdo.

Pues bien; yo a los 19 años (hace un año) estudiaba contabilidad y trabajaba; mi tía no quería que yo solo me dedicara a estudiar y al placer; lo cual yo odiaba, pero obedecía y fingía que me gustaba para ganarme su aprecio y que la vieja esa me siguiera manteniendo en su testamento. Eso sí, me busqué un trabajo cómodo; una boutique y tienda de ropa femenina en general. Trabajaba medio tiempo entre semana y medio día en sábado. Pues bien, una mañana de cuando y acababa de cumplir mis 19 años, me dispuse a ir al trabajo como siempre; entraba de 9:00 a.m. a 2:00 p.m. Eran como las 8:15 cuando llegué al área de estacionamiento de la empresa; yo no tenía auto pero vivía cerca. A veces iba a ese lugar para, antes de entrar, enviar mensajes a mis amigas y conocidas; entretenerme un poco. Iba pasando esa mañana medio nublada y algo lluviosa por ese lugar, cuando escuché una voz de mujer que me hablaba.

- Paulina Rivera....

Yo, advertida de que me hablaban, volteé hacia atrás y vi a una mujer de más o menos 40 años de edad; rubia y eso sí, guapa; pero no con el cuerpo que yo disfrutaba mucho tener. Esa mujer se acercó a mí:

- Hola Paulina, al fin te dirijo la palabra. Sabes, te he visto e investigado mucho para ofrecerte un trabajo que estoy segura, vos no váis a rechazar; te terminará gustando.

Yo estaba anonadada y sorprendida. Desde luego, si alguien me ofrecía un trabajo más cómodo, de menos horas pero mejor pagado y con casi nada de esfuerzo, yo aceptaría encantada con tal de no trabajar tanto; yo quería una vida de reina y dedicarme a fiestas, reuniones sociales de música y baile y otras cosas por el estilo. Pero estaba sorprendida: ¿porqué precisamente a mí era a la que elegía esta señora? No lo sabía entonces, pero como ella me invitara a sentarme en unas bancas de un parque cercano, yo accedí para ver que clase de trabajo me ofrecía esta señora. Pero lo que esta señora me ofrecía me dejó helada e indignada; no por una cuestión de decencia que y no tenía; sino por una especie de orgullo; a mí, que me gustaba ser obedecida y humillar a otros. Yo la malvada y altiva Paulina no quería lo que ella me ofrecía.

Ella me platicó que se llamaba Alicia. Me dijo que ella vivía en una buena casona con sus dos hijas, una amiga de ella a a la que estimaba mucho y con la cual tenía una relación de amistad desde su niñez; y una sobrina de esa amiga. Además de la mamá de la tal Alicia; mi ofrecedora de "empleo". Me dijo que a ellas les gustaba mucho todo lo relacionado con el mundo del BDSM: del sadomasoquismo, la sumisión y la dominación lésbica. Me dijo que ellas disfrutaban eso pero a todas les gustaba ser dominadoras; asumir un papel de dominación y no se sumisión. Pero además, como todas ellas se apreciaban mucho, ninguna quería someter a ninguna de ellas; de hecho, ella me dijo que el sueño de la familia era tener una esclava desconocida y por la cual no sintieran ningún aprecio o como ella decía, "empatía" y "estimación". Por supuesto, me aclaró que por mis servicios de esclava se me pagaría; eso sí, me aclaró un punto: a todas ellas les daba placer que la esclava fuera única y que sufriera la humillación de ser el único objeto sexual; la única esclava de la casa. Nada de traer a otras esclavas; solo ella era la única que debía pasar por la humillación de ser la única con el rol de esclava en la casa. Según ella, eso hacía la situación más humillante y por lo tanto, más excitante. Además, querían que la esclava fuera una mujer joven y que tuviera una "belleza de ensueño y seducción" (esas fueron sus palabras).

- Y después de ver todos los detalles importantes Paulina, queremos que tu seas nuestra esclava. Te hemos elegido a tí.

En cuanto esta mujer dijo eso, yo sentí una especie de indignación e irritación. ¿Como? ¿Yo, esclava? Pero, ¿que se creía esta vieja? Como dije, yo era de carácter altivo, y además, malvada; me gustaba humillar (no sexualmente) pero en cambio, yo ser un objeto y además, que solo obedeciera y que tuviese que soportar la humillación; eso jamás. Por esos motivos, vosotros sabrán el coraje que sentí que alguien me viera como una esclava y me propusiera eso. Ante lo cual, me levanté muy indignada y le dije que estaba loca, que se alejara de mí. Que no aceptaba su propuesta.

Solo que entonces pasó algo que me puso peor de indignada. Ella me dijo, en tono altanero, que no me estaba proponiendo nada; que lo que ella me estaba ofreciendo era algo que yo debía aceptar obligatoriamente hablando.

- Mira zorra, no te estoy pidiendo su consentimiento. De hecho, te estoy ordenando que vos aceptes mi "propuesta"... así pues, siéntate y vamos a ultimar los detalles. Váis a renunciar a tu trabajo; vos trabajarás con vosotras de esclava...

Todavía eso me enfadó más. Que la muy estúpida se pusiera a hacer planes de cómo debía proceder para renunciar a mi trabajo e irme con ella de esclava. De objeto sexual sin voluntad y obligada al silencio, la humillación y la sumisión. Así pues procedí a irme (o procedía a retirarme de manera rápida) cuando ella me detuvo del brazo, me hizo voltear y entonces, ella me amenazó.

- Con que... vos no queréis aceptar. Entonces vóis vas a mirar estas fotos que traigo para ti. Quizá te refresquen en algo la memoria, zorra...

Cuando dijo eso, yo sentí un estremecimiento de pavor. Una sensación de ansiedad. Yo sabía que ocultaba muchas cosas. ¿Tenía ella pruebas? Tomé el sobre y saqué las imágenes; no lo podía creer, era yo misma acostándome y revolcándome con hombres. Además, me mostró un video bastante explícito en donde yo me acostaba con dos tipos; lo cual recordaba muy bien.

- Ya te recordaste en tu papel de puta??? Pues bien, zorra, si vos no aceptas mi ofrecimiento, e veré obligada a ir a donde vives y mostrarle a la ultra católica de tu tía la clase de basura que tiene de sobrina. Además, se donde estudias y quizá puedo ir a ofrecer en venta estas imágenes perra. Imagínate la vergüenza, humillación y desprecio que vas a ganar. Ahora bien, soy negociadora: mantendremos en secreto su doble vida y vos aceptas ser vuestra esclava. ¿Que os parece descarada?

Yo estaba temblando de miedo y no pude articular una respuesta inmediata. Antes de balbucear algo, ella me dijo:

- No os preocupéis, te daremos un plazo de tres meses para elegir entre la reputación y la esclavitud. Como os he dicho, sabemos que esto va a ser placentero para vos. Adiós querida; te dejo las imágenes, que al fin y al cabo, tenemos bastantes copias de ellas. En horabuena puta¡¡¡¡

Ella me dejó allí. Yo estaba helada de pavor. Nomás de pensar que todos verían mi doble vida; que vergüenza. Y luego mi tía, la vieja esa que nomás no se moría, podría quitarme el control de la herencia. Eso por un lado; por el otro, pensar que yo iba a ser un objeto, una esclava del placer. "Ay no por favor" pensé desesperada.

Al fin pude reaccionar. Rompí las imágenes y las tiré a la basura; me dispuse a ir al trabajo. Pero en el trabajo, no podía concentrarme bien. Pensar que no podía hacer nada¡¡¡ Pero entonces, conforme pasó el día y se llegó las 2 de la tarde, una sensación extraña comenzó a recorrer mi mente. Una sensación aterradora; no quería que así fuera y me daba vergüenza nomás de pensar que así es; pero comencé a excitarme por mi situación. Desde luego, ese placer me causaba vergüenza y era humillante que mi situación me causara eso; yo no quería dejar de ser la altiva hermosa mujer que yo era. Pero me estaba causando mucho placer esa situación. Lo que pasaba por mi mente era una mezcla ambivalente de placer y furia por mi situación. Él pensar que mi condición para no ser esclava era exponer mi doble vida y muchas de mis bajezas. Me fui a mi hogar son esa sensación: terminé de cenar rápido y me fui a mi habitación. No podía dormir nomás de pensar en que quizá iba a caer en la esclavitud.

Durante los siguientes eternos tres meses, mi pretendida ama y señora Alicia me llamaba varias veces para recordarme la amenaza y para marcarme el tiempo que quedaba. A veces, me ordenaba asomarme al balcón de mi habitación y veía un coche negro; y una mujer de cabellos oscuro (supongo la amiga) solo me enviaba un beso cordial de burla. Entraba aterrada a mi habitación; pero el miedo y la rabia me hacían sentir placer. Me dejaban mojada de placer. No podía más; quería que pasara el tiempo volando pero me aterraba tener que elegir. Por un lado, quería que no hubiera ningún remedio (y no lo había) para salir de esta situación y caer en la esclavitud; pero por el otro lado, caer en lo más bajo del mundo sexual y erótico me aterraba; y el pensar que iba a tener que obedecer me llenaba de rabia e impotencia.

Al fin llegó el día. Yo estaba derrotada y humillada. No podía hacer nada para salir de esa situación. Como a eso de las 8:30 a.m., la señora Alicia me llamó.

- Muy bien zorra, ha llegado el día. Hoy serás nuestra esclava. Me he enterado que tu tía salió de viaje a ver a una pariente lejana y que tus sirvientas hoy están fuera; llegan hasta la tarde. Pues bien, tu ya sabes la casona en donde vivimos; la dirección. En cuanto se abra la puerta eléctrica para entrar al patio, te despojarás de tu ropa y te pondrás unas prendas que te dejaremos allí cerca. Tienes una hora para entrar al portón; pasando esa hora, si no estás en nuestro hogar, enviaremos a tu tía y a todos tus conocidos las fotos y el video comprometedor. Así pues, andando descarada...

Colgó. Hice lo que ella me ordenó. Salí de mi hogar. Tomé un taxi, y llegué a la dirección mencionada. Toqué el timbre y la puerta se abrió. Entré al lugar. Se cerró la puerta ante mi, sintiendo yo un escalofrío y una ola de placer. No podía creer lo que estaba haciendo. Me despojé de la ropa, encontrándome en un pequeño patio con techo de lámina; una ventana enfrente de mí y la puerta al exterior atrás de mí. Junto a la ventana había una silla y mis prendas; no lo podía creer. Eran unos tacones de plataforma alta y tacón de aguja delgada; super delgada; muy altos y de color cristalino. También había una tanga negra; la tanga más diminuta que yo había visto. Y un sostén negro de mucho escote. Me pude las prendas; era la primera vez que me ponía algo así, a pesar de mi doble vida. No porque no hubiese querido tenerlas y ponérmelas; sino porque no había forma de ocultarlas en mi hogar y sabía que mi tía me reprendería. Y ahora, al fin podía ponerme algo así: me vi en el reflejo de la ventana, y me dio placer ver mi cuerpo y rostro en ese vestuario. Me sentía excitada de estar así; y una sensación de placer de ver mis piernas estiradas y que tanto el sujetador como la tanga me hicieran cierta fricción. Recordé lo que mi ama y señora me había ordenado: ponerme en posición de firmes antes la puerta para esperar su llamada e instrucciones. Al fin, después de aproximadamente dos minutos, mi celular sonó.

- Hola descarada, por el video veo que ya estás adentro de mi propiedad, y con tu ropita de puta.

- Sí mi señora...

Y en eso, me dio las primeras órdenes que yo debía obedecer. Mis primeras acciones de esclava sexual. Estaba muerta del placer; pero también del coraje y de impotencia de estar así y no tener forma de librarme de esto. Bien, como os he dicho, comenzaron mis primeras órdenes.

Si queréis que continúe, escribir a mi correo de arriba: [email protected]

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