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Labios de Rojo Carmesí I - Infidelidad Oral


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Relato enviado por : Anonymous el 30/07/2014. Lecturas: 5376

etiquetas relato Labios de Rojo Carmesí I - Infidelidad Oral Infidelidades .
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Resumen
De como me confesó mi mujer su infidelidad con Orel, el amigo de sus primos de México hospitalizado por un accidente, y de como ´lo ayudó a recuperarse lo más rápido posible. Ayuda a un paciente o no,l fue una infidelidad de mi mujer.


Relato
María alzó su copa de vino, para brindar conmigo

- CCcccc…ariño - me dijo nerviosa, con voz grave y entrecortada

- Le maaaam........mmmée la verga a Orel.

Yo me quedé inmóvil e imbécil, sin saber qué hacer, alzando la copa para brindar con María. Me sentí un pendejo. Me tomó desprevenido.

Esta es la historia:

María tenía un par de días de estar nerviosa, de sentirse inquieta, motivada por el deseo de reencontrarse nuevamente a sí misma. Tal vez era un brote de rebeldía tardía de su juventud ya apagada, lo que hacía revelarse contra el confort que gobernaba nuestros estilos de vida ya maduros, sentía que debía intentar algo nuevo en su vida.

Tal vez era el efecto de la luna llena que siempre la transformaba en una mujer insaciable, en una yegua caliente desbocada, incapaz de controlar sus ímpetus y sus deseos, un verdadero demonio sexual; o tal vez era producto de una descarga emocional que la llevaba a buscar otros brazos, los del joven Orel, el amigo de su prima de México que había sufrido un terrible accidente automovilístico hacía más de un mes, y que le provocó la fractura de su columna vertebral por lo que estaba internado en el Hospital San Felipe de la localidad.

O simplemente estaba aburrida.

Desde hacía varios días tenía a Orel en su mente. Había convivido con él ayudándole en su proceso de recuperación, y es que María es una brillante Socióloga, con mención en Enfermería; pero el matrimonio y la maternidad hicieron que se apartara de su vocación, pero ahora estaba ahí ayudando a ese joven a recuperarse física y anímicamente, ya que estuvo a punto de quedar paralítico.

A sus 40 años, María pareciera cuestionarse a sí misma los caminos que había tomado en la vida. Los recuerdos, el análisis del pasado, de soltera y ya casada, incluyendo un par de infidelidades suyas con Tony justo antes de casarnos y con Gustavo Pedro años después; esto con el proceso doloroso posterior a sus traiciones que estaban saltando a la luz como brotes de energía y que le alumbraban nuevos caminos en su mente.

Sí aquellas infidelidades había sido muy dolorosas para mi, cada una de ellas fueron como cuchillos que se clavaron en mi ser. Primero Tony quien dicho sea de paso desvirgó a María cuando eran jóvenes, y luego el caso de Gustavo también fue muy doloroso pues teníamos ya casi 10 años de casados. No son el tema de este relato pero lo menciono porque si bien aquellas infidelidades fueron del pasado, y habían sido perdonadas y superadas con el tiempo, la verdad es que nunca se perdona totalmente y mucho menos nunca se olvida una traición; ahí están pero de algún modo mi mujer y yo las superamos.

Pero volviendo a nuestro caso, Orel era muy joven aún, iniciando los treintas; y por motivos de sus carencias económicas no tuvo la preparación académica que otros jóvenes más afortunados han tenido. Pero en cambio, se había educado en la “Universidad de la Calle", se había abierto camino a base de lucha, de garra, de tenacidad, como dicen en mi tierra "partiéndose la madre", "con huevos", día tras día, primero para sobrevivir y luego para progresar. Todo ese ímpetu, aunado a su fuerte personalidad, lo convirtieron en un joven atractivo para las mujeres, e hizo efervescencia en el espíritu de María.

Su físico es el que a María le gustaba, moreno de piel canela, fornido, suficientemente alto sin ser una jirafa, de manos gruesas y ásperas, rudo, varonil, muy viril, todo esto producía en mi mujer un enlace electro-químico que la tenía atrapada; eran fuerzas de la naturaleza imposibles de rechazar. Por eso iba a visitarlo, tres o cuatro veces a la semana, aun sabiendo que él era un hombre casado y que su mujer, con una niña chiquita, estaba en su pueblo esperando la oportunidad para visitarlo. No es que María deseara aprovecharse de esta situación, no!; pero el destino le presentó las circunstancias adecuadas que poco a poco la arrastraron hacia los brazos de Orel.

De hecho un sábado acompañé a María a visitar a Orel, y nos encontramos con Esthela, la mamá de Orel y con una tía. La señora Esthela saludó de mala gana a mi mujer. Cuando María subió para ver a Orel, yo me quedé en la recepción del Hospital, y oí cuando la señora le contó a su hermana:

- No sé que hacer con esa zorra, viene a ver a Orel todos los días, como si no supiera que mi hijo es un hombre casado, que tiene esposa y un hijo. Y si acaso necesita a alguien, bueno pues estoy yo su madre.

- Bueno Esthela, pues viene a apoyarlo porque no tiene a nadie conocido por acá. Sí es cierto, nosotras somos su familia cercana, pero no olvides que estamos de paso unos días y nos regresamos al pueblo. Además viene con el esposo.

- Ese es un cornuto, a leguas se le ven los cuernos, y cómo no, con esa zorra como esposa; seguro se lo hace pendejo.

Al hablar ellas no me veían, y yo me hice el desentendido como que no oí nada.

Siguieron las visitas de María.

Un día María sacó una cita para primera hora por la tarde en su salón de belleza. El pelo de María es de un negro obscuro, muy intenso, más negro que la noche misma, muy hermoso, y lo usa largo hasta la cintura. Al caminar provoca la mirada de los caballeros, ninguno se niega a voltear a verla pasar, por sus buenas piernas, sus muslos bien formados, sus chamorros bien marcados, su cola bien parada, sus amplias tetas, y otros atributos físicos que en su conjunto la hacen ver deslumbrante; pero es el pelo lo que más llama la atención de los hombres aunque parezca increíble. Algunas de sus amigas la critican por usarlo tan largo, le dicen que parece “gata de la alameda”, término despectivo que utilizan para compararla con las servidoras domésticas, pero no han entendido que precisamente ahí reside su fuerza de atracción sexual, la de la raza morena. María lo guarda muy claro en su mente, por lo que la tienen sin cuidado lo que opinaban las demás.

- Sí, soy gata de la alameda, ¿y qué? A mucha honra - les respondía.

Aquella tarde, aprovechó para pintarse en el salón sus largas uñas, dudó si de color claro, vainilla o un rojo carmesí como el labial tan sensual que se aplica cuando tiene deseos de copular. Labios rojos carmesí, bien que la conozco yo que soy su marido. Aquel día, ella quería verse más atractiva que nunca, bella, femenina, virginal, celestial como un Ángel; pero a la vez coqueta, quería verse y sentirse deseada, una mujer de mundo, un demonio convertido en hembra; y es que Orel le estaba provocando a la “puta que llevaba dentro de sí”. Y bueno, sus lentes de aumento balanceaban su "look" coqueto, al darle un aspecto intelectual de mujer "nerd". Esa combinación era una bomba para cualquier hombre.

Esa tarde, inmediatamente después de que yo partí hacia mi despacho de abogado, María comenzó el ritual femenino para transformarse de Ángel a Demonio.

He visto cuando María se arregla para llamar la atención; primero se limpia e hidrata el cutis, para luego sacar su paleta de colores y seleccionar el adecuado, luego se aplica lápiz de ojos sobre la superficie de sus párpados superiores; siguiendo con la parte inferior cerca de la línea de las pestañas, todo de manera artística proporcionándole a sus ojos una forma almendrada que la hacen lucir como Cleopatra en la Antigüedad.

Suele incrementar gradualmente el color a medida que se desplaza hacia la ceja. Lo importante para ella es aplicar el maquillaje por igual en ambos ojos, y lucir impecable, además de sombra sobre el hueso de las cejas utilizando el color vainilla para iluminar y darle amplitud a sus ojos e intensidad en su mirada. Pero esa tarde, inesperadamente, ya en el salón le dio un giro de 180 grados a sus planes, pero así son las mujeres, cambiantes según el momento, adaptándose a cualquier nueva señal o circunstancia que las provocan. Así es que de pronto dijo:

- Quiero pintarme el pelo para lucir como una auténtica peliroja, despampanante, impactante. Y quiero el pelo rizado, que caiga en forma natural sobre mi espalda – esas fueron las instrucciones que le dio a Martha, su cultora de belleza.

- Guauuuu!!!, eso sí que va a ser un cambio – dijo Martha.

- Sí, quiero lucir más sensual y atractiva que nunca.

- Uhmmm!!!, María, ¿qué travesura vas a cometer.

- Jajaja – se rió María. “You got me” le dijo en inglés.

Y es que Martha la conocía bien, sabía de su sensualidad y de lo capaz que llegaba a ser, de lo ardiente que se ponía sobre todo cuando había luna llena; de hecho sabía de sus infidelidades anteriores. Yo, como buen cornuto, había salido a relucir en varias ocasiones con "Las Torito", como se llama ese lugar. Entonces Martha se puso a la obra, con rapidez pero ejecutando sus tareas con cuidado y perfección, de tal manera que varias horas después, María lucía como otra mujer, con una personalidad más fuerte e intensa que la que ya tenía, se veía sensual, una pelirroja despampanante, una verdadera diabla provocadora y devoradora de hombres. Además del pelo le pintaron las uñas de un intenso rojo-naranja.

Para dar término al maquillaje, resaltó sus ojos con sombras obscuras y un tono ligeramente rojizo; y el lápiz labial que aplicó en sus gruesos labios era su favorito, el rojo carmesí. También utilizó un poco de sombra en sus piernas, lo hizo con lentitud y las miró esbeltas, y ella misma se palomeó por lo bien torneadas que estaban. Con ejercicio María mantenía esbelta su cintura, y con esas "caderas de jarrito" que posee y sus grandes tetas forman el 99-59-92 de un cuerpo escultural y sumamente atractivo para los hombres. Como es una señora traviesa, aplicó un toque de “lipstic” marrón sobre el aura de sus pezones, de manera que se vieran más provocativos, pero eso era lo que ella quería, provocar a Orel, lo tenía en su mente, tan claro que iba tras él.

De su guarda-ropa extrajo las piezas que utilizaría para su visita. Primeramente un cola-less blanco transparente que no cubría nada, obraba tan solo como una referencia de sus partes íntimas. Luego se puso medias nylon transparentes, con liga, con lo que incrementaba su “look” femenino. Se había decidido por un brassiere negro, con encajes, pero transparente de manera que dejaba expuesto a la vista parte de sus tetas y sus pezones. La blusa era blanca, al igual que el cola-less tan transparente que parecía no llevaba puesto nada en su torso. Y su mini-falda negra, tan corta que al caminar dejaba ver las ligas de sus medias y hasta sus calzones. Cualquier hombre que estuviera al acecho podría aprovechar algún movimiento de mi mujer para tener una visión de su puchita. Y por último, del closet sacó sus tacones negros más altos, eran del tipo aguja, sensuales y femeninos. Todo estaba saliendo de lujo.

Como estaba lloviendo tomó una gabardina, lo que además le ayudaría a cubrirse para no llamar la atención.

Eran ya las 6:00 p.m. y se subió a su Honda deportivo con quemacocos, la hacía sentirse jovial y sexy.

Ya en el Hospital se dirigió al Área de Cuidados Intermedios donde había tres personas, un señor de edad avanzada, un joven adolescente no mayor a los 18 años y Orel. Pero lo bueno es que se podían separar las áreas de atención de cada uno, tan solo extendiendo unas cortinas que los aislaban totalmente. Al quedar solos, en isla, Orel quedó impactado por la figura candente de María.

- ¿Qué te hiciste que te ves tan hermosa?, tan radiante y sensual

- ¿Te gusta? Orel – contestó ella con una pregunta.

- ¿Qué si me gusta?, me encantas, te ves más hermosa que nunca, guapísima, peliroja. Estás para chuparte toda mamacita.

- Que curioso, eso es precisamente lo que tengo en mente hacerte a ti Orel, chuparte todo. Jajaja - se rió ligeramente.

Orel la miró de arriba abajo, desnudándola con sus ojos, imaginando cada rincón de su cuerpo; sus tetas, sus pezones, sus caderas, sus muslos, sus chamorros y hasta sus pies, nada se le escapó, y sintió un enorme deseo de poseerla. Llevaba más de 6 semanas sin tener ninguna actividad sexual, sin inclusive jalársela para mitigar esa presión y tensión que provoca el ayuno sexual. Sus tanates estaban hinchados, cargados de semen que no podía liberar al exterior. Sintió un cosquilleo en sus genitales que recorrió todo su cuerpo produciéndole ondanadas de placer, estaba vivo y las reacciones de su organismo se lo estaban confirmando.

María pudo percibir la mirada lujuriosa de Orel, y quedó encantada ante la aceptación de su hombre, se movió ondulando su cuerpo de hembra hambrienta, provocando que él fijara más la mirada en su voluptuoso cuerpo. Y entonces a lo que iba, lo que tenía en mente, era el momento preciso. María se desabrochó la blusa, botón tras botón, lentamente, sin perder ningún rasgo de la expresión de Orel y de lo que le estaba provocando. Lo estaba seduciendo. En forma muy dulce se quitó por completo la blusa, la que cayó al suelo. Orel empezaba a experimentar una erección en su miembro. Ella lo notó y también se calentó pues conocía su miembro, ya que en más de una ocasión le lavó sus partes íntimas con esa delicadeza que solo una mujer puede hacer, provocando ligeras venida de él. Pero aquellas ocasiones habían sido diferentes, había motivos de higiene, el apoyo de una externa hacia un paciente familiar o un amigo.

De momento no quería acelerarse, era mujer y podía esperar y provocar al máximo a su hombre, no tenía por qué atrabancarse. Así es que se volteó y le dio la espalda a Orel, llevó sus brazos hacia su nuca y movió sensualmente su larga y ondulada cabellera, luego dirigió sus manos dentro de su pelo, hacia el broche trasero de su brassier para desabrocharlo. Se lo sacó por completo y extendiendo su mano derecha, aún de espaldas, lo puso a la vista de su amante, tan solo unos segundos, que a Orel le parecieron una eternidad; le estaba ofreciendo una de sus prendas íntimas más valoradas, y así la dejó caer al suelo. Tenía ya el torso desnudo. María se llevó sus manos hacia sus tetas para cubrirlas, una con cada mano, para voltearse después con un falso pudor incrementando y potencializando al máximo la sensualidad del momento. Ya de frente hacia Orel, desprendió sus manos de sus tetas dejándolas descubiertas; su hermoso y enorme busto estaba totalmente expuesto ante él. Eran las tetas grandes de una mujer madura, mi mujer, pero lo suficientemente firmes para volver loco a cualquier joven.

Sobra decir como estaba el miembro de Orel en esos momentos, erecto, potente, bien parado, "a toda asta" como suele decir María. La bata azul que llevaba puesta Orel, y que lo caracterizaba como paciente del Hospital parecía ya un mero trapo, una carpa de circo, pues su miembro la tenía levantada totalmente.

María siguió con su juego, ahora bajó el zipper lateral de su minifalda y lentamente fue bajando su prenda, primero liberando sus primorosas caderas para después, empinándose ligeramente, ir bajándola a lo largo de sus piernas hasta llegar al suelo, y con un movimiento coqueto la botó. Al enderezarse, uffff!!!!! Orel pudo ver la desnudez de mi mujer, su peludo y obscuro monte de venus, porque su cola-less era totalmente transparente. Era sin lugar a dudas una de las “siete maravillas de este mundo”.

Orel estaba que jadeaba de caliente, como un toro de lidia, él mismo se estaba jalando la verga de más de 8 pulgadas de longitud, la que estaba más abultada que nunca; María lo notó por el grosor que estaba logrando. Y así María, se volteó de espaldas y boto también su cola-less, inclinándose para proporcionarle a Orel una "mirada celestial" de su culo; al empinarse más, Orel pudo ver a detalle la exquisita “rajita-de-canela” de mi mujer. Orel estaba a punto de reventar. María se descalzó, sintió un ligero alivio al despojarse de sus incómodos tacones, y luego aún de espaldas a él, suavemente deslizó primero la media de su pierna derecha, y luego la de su pierna izquierda, durante todo ese momento Orel aprovechó para admirar las partes más femeninas de mi mujer, sus labios vaginales.

María se volteó ya totalmente expuesta, en pelotas y puso sus brazos por detrás con las manos en su nuca, moviendo y ondulando nuevamente su larga cabellera. Orel no daba crédito a la mujeraza que tenía enfrente, una maja desnuda; él no sabía si dirigir su mirada hacia las tetas o hacia el monte de venus de María, no podía moverse lo suficiente para abalanzarse sobre ella. De manera que María tenía el control absoluto de la situación, aunque por momentos sentía que lo perdía por lo cachonda que se estaba poniendo. Pero había algo que la mantenía dominadora, y es que no se había quitado sus gafas, porque para ella estar desnuda significaba no tener sus lentes puestos; su miopía es muy avanzada, de forma tal que sin lentes se siente indefensa, a merced de los hombres depredadores. Eso yo lo se porque soy su marido.

Algunos gemidos empezaban a emanar de la garganta de Orel, lo que alertó a sus compañeros del Área de Cuidados Intermedios, quienes no podían ver lo que estaba sucediendo, pero bien que se lo imaginaban, inclusive al grado que el joven restregaba su verga con su entrepierna.

Durante sus encuentros anteriores, María y Orel se la habían pasado conversando como amigos íntimos, pero como María ayudaba a bañarlo, conocía perfectamente su cuerpo, hasta sus genitales. En más de una ocasión tomó la verga de Orel en sus manos y jugueteó tímidamente con ella, provocándole erecciones; se la acariciaba suavemente. No hay nada más sensible para un hombre que una mujer tome sus miembro con su suave mano y se lo masajeé, lo acaricie, lo bese, lo jale y lo ponga duro. María recordó la primera vez, cuando el miembro de Orel estaba semi-parado, apenas y asomaba su glande como queriendo liberarse de su capucha protectora, de su prepucio; algo así como cuando nace un ave, así asomaba ese hermoso miembro ante la mirada deseosa de María, y es que Orel no tenía circuncisión. Acariciarlo, lavarlo inocentemente, como si no hubiese la intención, sino solamente la fortuna de estar ahí ejecutando esa tarea humanitaria de apoyo a un necesitado de sus caricias.

Con esos excitantes recuerdos, así se acercó para despojar a Orel de su bata, él colaboraba lo más que podía, tomando en consideración sus limitaciones momentáneas. María le acercó sus tetas para que Orel jugara con ellas, las estrujara, las acariciar, o lo que quisiese hacer, para eso las tenía y las ponía a su disposición. Era una ofrenda de una diosa bajada del cielo. Esto al tiempo que le decía:

- "Papi, cum with mammma"

Obviamente el chico se agasajó todo lo que pudo, agarro, estrujó, besó, chupo, mamó y mastrujó las tetas de María durante varios minutos. Era como una madre amamantando tiernamente a su niño; luego ella tomó con su puño derecho el erecto miembro de Orel y empezó a elongarlo, lo estiraba hacia arriba hasta que la capucha cubría la cabeza de semejante tranca, y luego bajaba el puño a lo largo del tallo del pene hasta topar con sus peludas bolas; arriba-abajo, arriba-abajo, le estaba haciendo una “puñeta”. Luego paraba y apretaba su miembro para dominarlo y evitar que eyaculara pues tenía la intención de prolongar al máximo esa sesión de placer jalándole la verga. En ese momento su percepción cambió, ya no lo veía con ternura como un niño, ahora veía con deseo a un hombre, a un macho potente.

María se inclinó para besarle la verga a Orel, siguiendo con un tierno beso en sus tanates en donde dejó dibujado perfectamente sus "labios rojos carmesí", lo que provocó en ambos una mayor excitación, pues su feminidad estaba presente, dibujada e impregnada en el cuerpo de su amado compañero. Que hermosa postal aquella de sus labios pintados en los tanates de Orel. Y luego lamió su verga, y lamió sus huevos, repitiendo esos momentos tan placenteros; luego le mordisqueó la capucha en la parte cercana al glande y se la metió toda en su boca, toditita; con su lengua lamía y lamía, pero el miembro de Orel se introducía cada vez más profundo en su garganta. Bien podría mi mujer ser la siguiente protagonista del filme “Garganta Profunda”, jajaja.

Orel estaba nervioso, y ¿cómo no estarlo?; su cabeza giraba de izquierda a derecha en forma desesperada, mientras su cuerpo se arqueaba ligeramente hacia arriba y luego hacia abajo, repitiendo esos movimientos en un rítmico vaivén, y María seguía con su trabajo, se estaba aplicando a fondo, con esmero y con cariño sobre los genitales de Orel, así pasaron los siguientes minutos: “jala que jala, besa que besa, lame que lame, chupa que chupa y mama que mama”, hasta que Orel no aguantó más y se reventó:

- OOOOOOOOHHHH!!!! OOOOOOOHHHHHH ¡!!! OOOOOOHHHHHH!!!!!

- OOOOOOOHHHHOOOOOOHHHHHHOOOOOOOOOOOOOHHHHHHH!!!!!

Pero por vergüenza, María alargó su mano para tapar su boca,

- OOOOOOOHHHHOOO …………....................!!!!

María sintió los borbotones de leche caliente que brotaban de la verga de Orel como chorros a presión; chisguetes de mecos densos y espesos que llenaron por completo su garganta, unos bajando a través de su laringe, otros incrustándose en su paladar, mientras algunos chorros menos densos aún salían del miembro de Orel y se depositaron en su lengua. Era la experiencia más lujuriosa de su vida, y entonces el cuerpo de mi mujer empezó a vibrar salvajemente, perdió por completo el control, y una serie de orgasmos se apoderaron de toda su humanidad…… tres, cuatro, hasta siete venidas cada vez más intensas fueron las que experimentó, hasta que la última de sus descargas fue tan brutal y contundente, que se vació absolutamente en cuerpo y alma.

Cuando se ergio, María tenía embarrados sus labios de mecos que colgaban como una masa espesa y pegajosa que no podían ser vencidos ni por la fuerza de la gravedad. En sus tetas y en su pelo había rastros de semen, así como en sus anteojos, aquello había sido una descomunal eyaculación de un macho garañón, de quien ella estaba totalmente prendida y ya casi enamorada.

Terminado esto, ella se vistió lentamente, primero su prenda más íntima, siguieron sus medias, su sostén, todo lo fue levantando del piso y se lo fue poniendo, sin decir palabra alguna, hasta que quedó totalmente vestida; si es que ese término aplica con mi mujer, con esa desvergonzada e indecente indumentaria que suele cargar. Se despidió de Orel con un beso en la boca, intercambiando mecos por salida y salió de la isla sin voltear a ver al señor ni al joven que seguramente se estarían excitando en su imaginación. Y así partió.

Cuando yo arribé a casa esa noche, la mesa estaba puesta en forma formal. Una mesa semi-larga, en donde nos colocamos cada uno en un extremo, frente a frente. Con la cena, saborearíamos un exquisito vino tinto procedente de Mendoza, Argentina.

María alzó su copa para brindar conmigo.

- ¿Por qué estás vestida así tan atrevida? – le pregunté.

- Fui a visitar a Orel - me contestó.

- Y, ¿cómo lo encontraste? ¿con esa falda tan corta lo has de haber dejado caliente? - Lo dije en forma inquisitiva sin tener idea de lo que había pasado en el Hospital.

María no respondió, bajó la mirada unos instantes. Estaba apenada, ruborizada, y sacando valor de su interior, alzando su copa, con seguridad me dijo:

- No cariño. Fue precisamente lo contrario. Liberé todas sus tensiones.

- ¿Qué dices?, ¿a qué te refieres María?

- Te repito Carmelo, liberé todas sus tensiones.

Me puse rojo, mi mente comenzó a dar vueltas, me asaltaban nuevamente los fantasmas de las infidelidades de María, pero no podía ser, Orel estaba convaleciendo.

Pero María es muy hábil y sabe como manejar a un hombre, incluyendo a mi, su marido. Entonces se acercó a mi, se sentó en otra silla a mi lado y al hacerlo cruzó su pierna con la finalidad de enseñarme todo lo largo de una de sus extremidades inferiores, y es que ella sabe muy bien como me enloquece que se ponga medias de nylon transparente. Es un fetichismo que tengo desde adolescente. Y luego siguió moviendo sus pierna rítmicamente, por lo que yo quedé hipnotizado; el deseo comenzó a apoderarse de mi, tal que el nerviosismo de saberme cornudo nuevamente desapareció y en el interior de mi cuerpo se produjo la adrenalina que me volvió loco.

Y entonces fue cuando María me dijo

- CCcccc…ariño ……….................................

No sé como pasó, que fue lo que ella hizo para envolverme, sus piernas, sus tetas, hasta me avergüenzo de contarlo, pero unos minutos después la miré fijamente, era esa mirada que irradiaba sensualidad y proyectaba su sexualidad. Se levantó y puso su mano izquierda sobre su cadera, estaba arqueada, luego dio un giro para que pudiese apreciar su cuerpo en su totalidad, ella estaba que bramaba de caliente, la mamada de verga que le dio a Orel la puso de a mil. Bajó su cara y su expresión era una clara invitación a la copulación, estaba rendida y le urgía hacer el amor, así es que me tomó de la mano y así subimos las escaleras y nos dirigimos hacia nuestra recámara, y entonces comenzó a desnudarse lentamente, sensualmente, en forma provocativa. Yo por mi parte, ya con el miembro erecto, también me desnudé pensando en tomarla en ese momento; quería hacerla mía, quería meterle mi miembro hasta los rincones más profundos de su puchita, ejerciendo con ello mis derechos conyugales, porque ella me pertenecía ante las leyes divinas y las humanas. Y así me la cogí y vacié totalmente mis descargas en el interior de su vagina. Lo hicimos en más de una ocasión, fue realmente una noche celestial, maravillosa, teniendo como fondo el recuerdo de la mamada de verga que le dió por la tarde a Orel.

Que reacción tan diferente tuve comparada con las infidelidades de María con Tony y Gustavo Pedro. Ahora con Orel pareciera que era ya un cornudo complacido y feliz.

Aquello hizo historia. Ustedes se podrán imaginar en la siguiente ocasión que fue al salón de belleza. Ella les contó:

- Sí Martha, efectivamente fue una tarde sensacional. Le mamé la verga a Orel.

Se hizo una especie de silencio, tan profundo que molestaba a los oídos. Varias señoras voltearon a verla, porque María siempre ha sido muy imprudente para contar sus cosas.

- Cuéntanos María, como fue que sucedió, ¿en dónde?, ¿con quién?

Y María con lujo de detalles les contó la historia que aquí les he narrado, por espacio de 20 minutos las señoras que estaban en el salón permanecieron inmóviles escuchando lo que ella les contaba.

- ..................... hasta que se escuchó un OOOOOOOHHHHOOO …………. !!!!! terminó diciendo María.

No solamente me humilló con su infidelidad, sino que además se los contó a sus amigas, y éstas a las amigas de sus amigas, y aquellas a sus amigas también, hasta que la mitad de la localidad estaba enterada que me habían puesto el cuerno; pero no era la primera vez. Y es que esto de los chismes, viajan más rápido que un avión supersónico. La verdad, ya no me importó, me había convertido en un cornuto consentido; al grado que esta historia causó polémica entre las tres comadres: Rosario, Inocencia y Virgen, que reunidas comentaron sobre estos acontecimientos:

Mientras Rosario, la más sarcástica y burlona de las tres no desperdiciaba ocasión para recalcarle a sus amigas sobre mi cornamenta, "el esposo burlado", "el compadre cornuto". Virgen en cambio argumentaba que aquello no había sido pecisamente una infidelidad de María, toda vez que ayudó a la recuperación de Orel; un trabajo manual y oral, sí, pero con fines humanísticos.

María y Rosario coincidían en ese punto. ¿Porqué siempre ese machismo de encasillar a una mujer que comete algún tipo de infidelidad en una "puta" sin ver las circunstancias que podrían justificar los hechos? No se podía negar que dada la pasión de María por su profesión de Socióloga y los temas de ayuda y apoyo a los demás, y en este caso más aún considerando que Orel era amigo de sus primos y que estaba un tanto desamparado, la parte sensible de la mujer salió a flote y contribuyó al desenlace de los acontecimientos, que de una forma u otra, infidelidad o no, ayudaron a Orel a recuperarse física y anímicamente del terrible accidente que tuvo.

Esa fue de alguna manera el argumento que me expuso María en relación a la infidelidad que cometió con Orel, y está también el aspecto no solo de un atractivo físico, macho-hembra, hombre-mujer, sino también una afinidad de sentimientos de amistad que se fueron gestando en cada una de las visitas de María al Hospital para verlo. Eso fue rompiendo con la barrera de "mujer casada" que no puede intimar con otro hombre que no sea su marido, pero con María las cosas no se daban de esa manera.

Inocencia era más dura, y así le dijo a María y a sus amigas:

- María, de que tu marido es un pendejo, es un pendejo. Además no me vengas con cuentos, no es la primera vez que le pones el cuerno a Carmelo y seguramente tampoco será la última. Tu marido es un cornuto de mierda y tú eres una zorra.

- Gracias por tu franqueza dijo María molesta.

Pero la verdad es que a las cosas hay que llamarlas por su nombre. "Zorra" y "cornuto" parecieran un buen calificativo para María y para mi.

Un año después recibimos la visita de Katy la prima de mi mujer y Fernando su marido. Ella nos contó sobre Orel y su extraordinaria recuperación; contó de su extraordinaria fortaleza física y anímica, ayudado claro por mi mujer. Al parecer María fue un factor predominantes para que Orel saliera adelante tan rápidamente.

Durante la primera tarde de su visita, de pronto, casualmente, me encontré a solas de frente a Katy en el cuarto de la televisión, y sin más, nada mas así porque sí, puso sus dos dedos índices, uno a cada lado de su frente y dirigiendo su mirada profunda hacia mis ojos, sin pena alguna, en forma brutal me dijo,

- Cornuto.

No me enojé con ella, porqué al final de cuentas era cierto, y ya era ampliamente comentado en el pueblo. Que duro es saberse cornuto, pero lo más duro es que los demás también lo sepan.

La hermana de María al oir aquello dijo:

- No, cuernos no! Que no te metan el cuerno!!!!

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