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Las apuestas se pagan….


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Relato enviado por : narrador el 13/02/2018. Lecturas: 1837

etiquetas relato Las apuestas se pagan…. putas .
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Resumen
Cuando Joel mi esposo, llegó casi a medianoche a casa, sumamente alterado, y nervioso. Nada más de verlo, supe que se había metido en un serio problema. Cuando le pedí que me dijera, lo que le sucedía, se alteró mucho más, pero como le insistí, no le quedó más remedio que decirme lo que había pasado.


Relato
Yo sabía que había ido a jugar unas manos de póker, con sus amigos. Pero ignoraba que habían ido a jugar, o mejor dicho a perder, al bar de un tipo, que tiene fama de gánster. La cosa es que sin que lo invitasen se sentó a la mesa, y comenzó a jugar, subiendo las apuestas, al punto que cuando terminó la partida, él se había quedado con todo. Lo que a Joel, tenía tan nervioso, fue que apostó una fuerte suma y la perdió como un verdadero estúpido. Lo que en ese momento, no vi como un problema. El problema era que aquel tipo, le dijo a mi marido, que si no le pagaba de alguna manera, se cobraría eventualmente, a las buenas o a las malas. Fue en ese momento, que me di cuenta de la gravedad de la situación de mi esposo. Juntos buscamos una solución, ya que no podíamos irnos de la ciudad, por varias razones, entre ellas nuestros trabajos, la escuela de las niñas, en fin que el huir definitivamente no era la solución. Además no teníamos a donde irnos. Por lo que le propuse a Joel, que quizás si hablábamos con ese tipo, y le explicásemos que por lo mucho que mi marido había bebido, no pensó con claridad. Y aunque a Joel, no le agradó mucho la idea, como no teníamos otra alternativa, aceptó. Así que me vestí de la manera menos llamativa que pude, con un oscuro, y largo encubridor vestido, casi sin maquillarme, y nos fuimos hablar con el rufián ese. Apenas llegamos a su bar, uno de sus secuaces, sonriéndose sínicamente, nos hizo pasar a una oficina. Al rato llegó el dueño del bar, alto, grueso, bastante fornido, narizón de pequeños ojos, pero con unas grandes entradas en su escaso cabello, que me imagino, que pronto se convertirán en salidas, para finalmente quedarse calvo. De mala manera viendo a mi esposo, nos dijo. Ya me enteré que no tienen en donde caerse muertos, pero aun y así, quiero que me pagues aunque sea parte de lo que me debes. Joel tartamudeando del miedo, le respondió. Por eso mismo es que estamos aquí mi mujer y yo, para ver como de alguna manera, así sea haciéndole pagos mensuales, saldamos parte de la deuda. Dando un fuerte puño sobre su escritorio, que nos asustó a los dos, nos dijo. Yo no soy ningún banco, a mí me pagas, como yo digo. O te mando a dar una paliza, que te deje paralitico, para el resto de tu vida. Pero de inmediato, se me quedó viendo de una manera tan sucia, que me dio más miedo todavía. Joel no podía ni hablar de lo asustado que estaba, y yo tampoco me atrevía, a decir nada. Hasta que aquel tipo dijo. Para que aprendas la lección, me vas a pagar, dejando a tu mujer por lo que resta de semana, para que yo haga con ella, y la use como me venga en gana. Tienen cinco minutos para responderme, así que cuando regreses, me dicen si están de acuerdo, o prefieres que mis hombres te den la paliza de tu vida. Por su manera de hablarnos, sabía que aquel tipo no estaba hablando mierda, es decir que cumpliría su amenaza. Joel apenas el dueño de aquel bar se retiró dejándonos a solas, se me quedó viendo con cara de cordero degollado, y llorando, me dijo. Yo sé que no debería pedirte nada, pero es que me van a matar. Yo por mi parte, además de sentirme sumamente indignada, por aquella sucia propuesta, a la vez no quería que le hicieran ningún daño al padre de mis hijas. Por lo que le dije. Está bien, lo haré, pero eso sí, prométeme dos cosas. La primera, y la más importante es que nunca me saques en cara, lo que estoy haciendo por ti. La segunda es que no vuelvas a jugar. Joel se deshizo en promesas, repitiendo lo que yo ya le había dicho, asegurándome que jamás ni nunca me diría nada al respecto, y que del juego me olvidara, ya que él había aprendido la lección. Justo en ese momento regresó, aquel infame tipo. Joel no dijo una sola palabra, tiernamente me dio un beso, y se marchó. No sin que antes, que aquel tipo riéndose, le dijera. El lunes cuando regreses a buscarla, acuérdate de traerle ropa limpia. Yo me quedé además de encontrarme muerta de miedo, desconociendo lo que me esperaba. Resignada a mi suerte de manera sumisa, cuando aquel tipo me preguntó mi nombre, casi sin voz le respondí que me llamaba Estela. Fue cuando a toda voz, me dijo. No, tú te llamas Lulú, así que ya lo sabes. ¿Entendiste Lulú? Si señor fue lo único que se me ocurrió decirle. Bueno, Lulú ahora pasas a ese baño, te duchas, y luego sin volverte a vestir, sales por la otra puerta, que da a mi habitación especial, te acuestas en la cama, y esperas a que yo llegué. Tal como me lo ordenó el, así lo hice, aunque sin dejar de llorar mientras me duchaba, y secaba. Salí por la otra puerta, que él me había indicado. La habitación se encontraba forrada de espejos, sumamente iluminada, con una gran pantalla de televisión, además de varias cámaras de video enfocada al centro de la habitación, además de un fenomenal equipo de sonido, y en el centro una gran cama redonda, inmensamente grande. Yo obedientemente después de darle un vistazo a todo, me recosté en aquella redonda cama, esperando completamente desnuda, que Efraín que es como se llama ese tipo, apareciera por alguna de las puertas. Ya estaba por quedarme dormida, cuando lo sentí llegar, instintivamente sabiéndome completamente desnuda, con mis manos y brazos traté de ocultar mis senos, y mi coño. Él traía en una de sus manos, varias botellas, diciéndome. Bueno Lulú, ya regreso, pero mientras tanto, para que entres en calor, ponte a beber algo, para que se te vaya quitando la vergüenza, ha y si quieres prende la tele, para que te distraigas, mientras terminó de desplumar a otros pichones. Yo al principio no pensé, ni tomarme nada, y mucho menos prender la tele. Pero después de pensé que no la pasaría tan mal, si me daba un trago, así que agarré una de las botellas, y tras destaparla, comencé a beber, aquella dulce bebida. Lo cierto es que para cuando Efraín regresó, ya me estaba tomando la segunda, y quizás por el exceso de alcohol, me sentía mucho más tranquila. Tanto que apenas él regresó, como que se dio cuenta de mi estado, y sonriéndose, mientras se desnudaba me dijo. Así me gusta, que no seas tan tontamente pudorosa. Ya que en ningún momento traté de ocultar mi total desnudez. Cuando él se terminó de quitar toda la ropa, me di cuenta de lo velludo que era todo su cuerpo, tanto que parecía por su tamaño, más un oso que un hombre. Y cuando se dio vuelta, me sorprendió ver lo largo y grueso de su miembro, aun en estado de reposo. Yo estaba ya más que resignada, pero él en lugar de meterse de inmediato a la cama, se dirigió al baño, y escuché como se duchaba. Mientras que yo, buscando valor en la bebida, seguí tomando. Cuando Efraín salió de la ducha, sin secarse se dirigió a la cama, diciéndome. Ahora Lulú, quiero que comiences por darme una buena mamada. La verdad es que nunca en mi vida, he sabido lo que era ponerme a mamar, cuando riéndome se lo dije a Efraín, se sonrió, y me preguntó. ¿Alguna vez te has comido una barquilla de helado? Y le respondí que sí. Me siguió preguntando ¿Y cómo lo has hecho? A lo que ingenuamente, le respondí. Comienzo pasándole la lengua, y cuando ya casi llega a la barquilla, me lo meto todo dentro de mi boca, para seguir chupándolo. Pues de esa misma manera Lulú, me vas a mamar la verga, pero eso sí mucho cuidado con morderme, porque te apagó un ojo, para siempre. Después de esa velada amenaza, no me quedó otra cosa que sonreírme, al tiempo que él agarrando su miembro, lo colocó frente a mi cara, diciéndome. Ya sabes piensa que se trata de una sabrosa barquilla de freza, agárralo como agarrarías una barquilla, y comienza a pasarle tu lengua. Yo a pesar de lo que ya había bebido, me di otro trago, colocando mi mano derecha alrededor del tallo de su verga, fui acercando mis labios y lengua a su colorado glande. Haciendo todo, tal y como Efraín me había dicho. Al principio tímidamente pasé mi lengua por la colorada cabeza de su miembro, y a medida que lo iba haciendo, la fui poniendo en contacto con mis labios. Ya me encontraba chupándosela, cuando sentí que su verga se fue poniendo más dura, caliente, y grande a medida que yo seguí chupa que chupa, tal y como él me lo había indicado. Solo que a medida que se la seguí chupando, Efraín con sus grandes manos sobre mi cabeza, agarrándome por el cabello, la fue empujando dentro de mi boca, y parte de mi garganta. En algún momento, levanté la mirada, y vi la cara de satisfacción se le dibujaba en su grotesco rostro. Yo que en medio de todo, mi mayor temor era que lo fuera a morder, casi me ahogaba con todo aquello dentro de mi boca. Hasta que él, sacó su parada verga de mi boca, completamente llena de mi propia saliva, y me dijo. Ahora vamos a ver qué tal te mueves, Lulú. Separando él mismo mis piernas, se fue colocando sobre mí, penetrándome con aquella inmensa verga, mucho más grande y gruesa que la de mi esposo. Yo quizás, por lo que ya me había tomado, o porque realmente comencé a disfrutar de lo que me estaba sucediendo, comencé a menearme, sintiendo como él me empujaba una y otra vez todo eso dentro de mi coño. Mientras que yo no paraba de gemir, y de pedirle que me diera más duro. De momento Efraín sacando su verga de mi coño, me dijo. Ahora el examen final, a ver qué tal lo haces por el culo. Al igual que mamar, nunca mi marido, me había hecho eso, pero cuando sentí que aquella cabezota atravesaba mi esfínter anal, haciéndome chillar de dolor, comencé a pedirle a Efraín que me la sacara, pero en lugar d eso, me la siguió enterrando con más fuerza, hasta que o mi culo se terminó de abrir, o yo comencé a disfrutar de lo que él salvajemente me estaba haciendo. Cuando él finalmente se vino, sacó su verga de mi adolorido culo, y regó toda su leche sobre mis nalgas, diciéndome. Ya estas listas, para que trabajes. Cosa que en esos instantes, no llegue a comprender del todo. Hasta que después de que me dijo que me volviera a duchar, tal y como estaba, me indicó que me pusiera nada más que mis zapatos de tacos, y mi ropa íntima, y que lo siguiera. Lo que hice, tal y como me lo ordenó. Quizás de estar buena y sana, no me hubiera atrevido a seguir caminando tras él, cuando de momento, me di cuenta que estábamos atravesando el bar, frente a un sin número de clientes. Hasta que entró por otra puerta, en la que uno de sus hombres, montaba guardia. Ese otro local, era otro bar, pero con varios clientes, y algunas chicas, vestidas, o mejor dicho medio desnudas como andaba yo. En ese instante Efraín me dijo. Lulú aquí lo que tienes que hacer, es lo mismo que hicimos en la otra habitación, solo que en lugar de ser yo, te acostaras con aquellos clientes que quieran hacerlo contigo, y ya sabes sin chistar, que alguno de mis hombres, se encarga de cobrarles, de paso si gustas puedes seguir bebiendo, pero eso si no te vayas a quedar dormida, porque si no, en lugar de que te vayas el lunes, te iras el martes, entiendes Lulú. Aunque si estaba algo entonada, entendí de forma bien clara, que Efraín me había convertido en una de sus muchas putas. Y que de esa manera pagaría lo que Joel le debía. No creo que hayan pasado ni cinco minutos, cuando el primero de muchos de aquellos hombres se me acercó, y sin decirme nada, me tomó de la mano, y me llevó hasta otra habitación. Donde sacando su verga, de inmediato me puso a mamársela, lo que yo seguí haciendo, hasta que se vino dentro de mi garganta, tragándome gran parte de su leche. Yo esperaba, que me dijera algo, pero se subió el pantalón, y salió, sin decirme nada. Así que me enjuagué la boca, y regresé donde estaban las demás putas. El segundo, tras invitarme un trago, me preguntó, si yo era la nueva, y al responderle que sí, de inmediato me llevó a otra de las habitaciones, en la que sin llegar a quitarme la braga, me enterró deliciosamente toda su verga dentro de mi coño, al tiempo que quitándome el sostén se dedicó también a mordisquear mis pezones, mientras que yo chillaba de placer y dolor, por aquellos pequeños mordiscos. Esa noche como que se corrió la voz que yo era la nueva, ya que apenas salí de ese cliente, en la puerta me estaban esperando dos tipos, que insistieron en entrar juntos. Yo sonriendo les pedí unos minutos, y que para tomarme algo, pero lo que hice además de pedirle al barman que me diera un trago, fue preguntarle si eso se podía hacer, a lo que aquel tipo, me respondió diciéndome. Que si, y si a tres o más se le antojaba lo mismo, yo debía complacerlos. Aquellos dos tipos, aparte de que me pusieron a mamar sus vergas, mientras uno me enterraba su verga por el coño, al otro se le ocurrió hacerlo por mi culo, a un mismo tiempo, cosa que yo ignoraba lo mucho que lo iba a disfrutar, hasta que mientras un mismo tiempo uno me enterraba su miembro por el coño, él otro me lo enterraba por mi culo. Yo por lo mucho que seguí bebiendo, perdí la cuenta de las veces que me estuve acostando, con un sin número de sus clientes. Pero cuando finalmente me duché y fui a dormir, lo hice en una de las habitaciones donde me habían estado follando. Yo pensé que al siguiente día, descansaría un poco, pero no fue así. Apenas me despertaron, uno de los hombres de Efraín, me obligó a que se la mamara, para luego llevarme desayunar, junto con las otras chicas. Durante el resto del día sábado, me seguí acostando con otros clientes, pero sin beber tanto, y hasta disfrutando en gran parte de todo lo que hacía o me hacía. Así estuve hasta que llegó la noche. Ya mi ropa íntima estaba hecha todo un asco, por lo que una de las chicas, me enseño, donde podía encontrar algo que ponerme, y lo único que me provocó ponerme fue una pequeñísima mini falda, que dejaba ante la vista de todos, mis nalgas, como todo mí coño, además de un sostén de lentejuelas rojas, que me quedaba algo pequeño, por lo que mis tetas a cada rato, tenía que volver a colocarlas en su lugar, en fin terminé vestida, como una verdadera puta de la calle. Pensé que el día domingo, sería más descansado, pero me equivoqué, desde la mañana estuve atendiendo hombres, incluso un chico que llegó con un juguete, pidiéndome que lo penetrase por el culo, en la tarde comenzaron a llegar, oficiales del ejército, así como de otras ramas militares. Y en par de ocasiones, me pidieron que tuviera un encuentro con otra chica, frente a ellos. Por lo que mutuamente nos besábamos, acariciábamos, haciendo algo que le dicen la tijereta, ya que con las piernas bien abiertas, restregábamos nuestros desnudos coño, además de que disfruté en ambas ocasiones, de algo que ella me dijo que llaman el 69. Pero los militares además de que les gusta ver a las chicas, teniendo sexo entre nosotras. Son locos, en darle a una por el culo. Esa noche, además de todo eso, tuve que acostarme con varios tipos, que conocen a mi esposo, los que me trataron como si yo fuera una puta más del grupo. El lunes bien temprano, se presentó Joel a buscarme, y tal como le dijo Efraín que hiciera, me trajo ropa limpia. Pero antes de que me dejasen marchar, nuevamente Efraín me llevó a su habitación llena de espejos, y creo que más que todo por joder a Joel, lo obligó a esperar, a que él nuevamente me follara, y me pusiera a mamar su vega. Diciéndome al terminar, si tu marido, te dice algo o te trata mal, este es mi teléfono. Me llamas que yo me encargo de ponerlo en cintura. Yo la verdad es que no pensé, que me hiciera falta llamarlo, pero guardé el número, porsiacaso. Joel se mostró bien alegre al verme. Pero de camino a casa, me comentó que les dijo a las niñas que yo estaba hospitalizada. Porque no se le ocurrió otra cosa, que decirles. Ya en casa, durante algunos días, simplemente nos acostábamos, sin tocarnos, ni tocar para nada el tema, hasta que una noche, en que las niñas las dejamos en casa de mis padres, al regresar nos pusimos a beber, y charlar, como de costumbre hacemos, cuando estamos solos en casa. En esos momentos, como que mi esposo, no pudo aguantar más la curiosidad, y después de que ya nos habíamos bajado una botella de vino, comenzó de manera muy discreta a preguntarme, en términos generales como la había pasado. Al principio, me costó algo de trabajo hablar sobre eso, pero después de que ya nos estábamos bebiendo la tercera botella de vino, como que se me soltó la lengua, y comencé a contarle detalladamente todo lo que el tal Efraín me hizo. Joel lo fue asimilando con calma, y resignación, pienso yo. Pero cuando le expliqué, que desde esa misma noche, me puso a trabajar como una puta más. Joel aunque sorprendido por lo que le dije, no podía ocultar su curiosidad, así que en términos generales, le fui contando todo, incluso, como varios de sus conocidos, me habían follado como si yo fuera una vulgar puta. Pero en lugar de sentirme, deprimida, molesta, o incomoda, al hablarle a mi marido de lo sucedido. Me hizo sentir como si un gran peso se me quitase de encima. Pero lo más que me gustó fue, que después de contarle todo a Joel, él se me fue encima, arrancándome prácticamente toda mi ropa, y como un salvaje me comenzó a dar por el culo. Para luego de que se vino sobre mis nalgas, y se lavó su verga, yo voluntariamente, me puse a mamársela, hasta que estuvo en condiciones de penetrar deliciosamente todo mi coño. Desde esa noche, si quiero algo, con que le comience a contarle como algunos de aquellos clientes me trataban como a una real puta, y me lo metían, ya fuera en la boca, el culo, o mí coño, para que Joel se vuelva loco, por metérmelo de igual forma y manera. En ocasiones me sentido tentada en llamar a Efraín, sin que Joel se entere, no para quejarme de Joel, sino más bien para ver si puedo pasar un rato a divertirme en su bar. Aunque creo que si se lo digo a mi esposo, estaría completamente de acuerdo con eso, lo digo por la manera en que goza, cuando le cuento algunos de los detalles.

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