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LAS COMPAÑERAS DE ESTUDIO


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Relato enviado por : gustavo8000 el 03/12/2011. Lecturas: 11898

etiquetas relato LAS COMPAÑERAS DE ESTUDIO Fantasías .
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Resumen
Resumen: El fin de semana parecía que iba a ser de lo más aburrido del mundo: quedada general con las amigas de mi novia. ¡Y de los otros chicos no iba ninguno! Sin embargo, aquel fin de semana no se me borrará fácilmente de la memoria…


Relato
Hola, les escribo este relato con la confianza de que disfruten, al menos, una parte de lo que yo lo hice el fin de semana que les relato a continuación. Ocurrió hace un par de semanas, pero he estado tan ocupado que no he podido presentárselo hasta la fecha.
En primer lugar, les pongo en antecedentes. Soy un chico español y tengo 26 años. En estos momentos me encuentro saliendo con una chica extranjera, latina. Llevamos cuatro meses saliendo y estoy encantado con ella, en todos los sentidos, también en el sexual, donde me satisface en casi todo lo que deseo. Pero hoy no les hablaré específicamente de mi novia, no. Lo que tengo para contarles es mucho más que eso.
Mi novia se encuentra actualmente estudiando la carrera de enfermería, y preparando las oposiciones para intentar acceder a un puesto estatal. Junto con sus amigas, también extranjeras, se pasan el día estudiando a todas horas. Luego, cuando llega la noche, me toca a mí “relajarla”, y tengo que aliviar sus tensiones haciéndole el amor varias veces. Quizá esto explique el buen estado de forma y de fondo que tengo para estos menesteres.
Como les contaba, hace un par de semanas, mi novia y sus amigas decidieron organizar un fin de semana intensivo de estudio y, en los ratos libres, aprovechar para divertirse juntas. Pero yo nunca pensé en lo que acabaría aquello.
Finalmente, después de dar vueltas al asunto por todo un mes, decidieron quedar en casa de su amiga Valery, que no quería dejar sola a su madre. De las amigas de mi novia, solo dos tenían novio, y sus novios, amigos míos por extensión, también irían, por lo que mi novia me dijo que me apuntase, que no estaría solo entre tanta mujer.
Sin embargo, aquel plan se torció en el último momento: a los otros dos chicos les surgió un problema de trabajo y no podrían acudir en todo el fin de semana, pues tenían que viajar fuera. ¡Mi gozo en un pozo!, pensé: todo el fin de semana con un montón de féminas, teniendo que aguantar conversaciones de mujeres sobre esto y aquello, seguramente ninguneado por todas, con la progesterona dominando todos los rincones de la casa. Estuve tentado de decirle a mi novia que no iba, pero claro, la dejaba colgada con el transporte y sabía que, en el fondo, quería tenerme cerca, para tener su ración de “relajación”.
Finalmente, llegó el sábado del fin de semana en cuestión. Como cordero que va al matadero, fui recogiendo taciturnamente a todas las mujeres que cabían en mi coche para enfilar hacia la casa de la amiga de mi novia, una preciosa casa de campo a pocos kilómetros de la ciudad. Todas estaban entusiasmadas con el fin de semana, pero yo no le veía la gracia por ningún lado ahora que mis compadres no iban a acompañarme.
Sin embargo… menos mal que fui.
Al llegar a la casa, primer problema. Las habitaciones estaban muy justas. Ellas eran siete contando a Andrea, la madre de Valery, y conmigo, éramos ocho. La casa en el campo tenía cinco habitaciones: una la ocupaba la madre de Valery. Otra, por ser el único chico, me la asignaron a mí. Y las otras tres, se las distribuyeron por parejas entre las chicas. Así que mi novia se puso con Ariadna. En otra habitación se pusieron Malena y Dyanis. Y en la última habitación se puso Valery y su compañera de piso, Yuria, que todavía no había venido.
Mi novia y yo no habíamos contado con la influencia que la madre de Valery podía tener, pero cuando llegamos y su madre repartió las habitaciones, lo vimos claro: encima, me iba a tocar dormir solo. El morro de mi novia se frunció al instante pensando que se quedaba esa noche sin su ración de leche diaria, y yo terminé de ver frustrada la última de mis ilusiones. ¡Vaya chasco!. Sin embargo… yo no podía imaginarme lo que estaba por acontecer.
Y así fue. Las chicas estuvieron estudiando todo el día, sin parar, excepto los descansos justos para comer algo o ir al servicio. Como ellas estaban en ese plan, y yo no tenía a mis otros compinches para distraerme, estuve charlando parte de la mañana con la madre de Valery y, finalmente, me ofrecí a arreglarle una parte del jardín para matar el tiempo. La madre de Valery tendría casi los cincuenta, pero tenía un aspecto muy bueno. Su marido seguía en Latinoamérica, y a veces tenía la sensación de que me desnudaba con los ojos. Estuve pensando en el hambre que tendría aquella hembra madura y experimentada y, claro, al momento, me vino una erección pensando las cosas que sabría hacer aquella mujer. Pero lo dejé pasar y me concentré en mis tareas de jardín.
A pesar de ser invierno, el calor apretaba al mediodía y yo sudaba copiosamente, así que me quité la camiseta. Aquello pareció un reclamo, porque en la última hora antes de la comida, fueron saliendo todas las chicas a saludarme y hablar un rato conmigo, mientras me veían trabajar en las jardineras. Estaban hartas de estudiar, y su mente les exigía un descanso, y una a una fueron saliendo cinco minutos (para que las otras no recelasen mucho). Yo las miraba, mientras me afanaba en las jardineras, y llegué a pensar un par de veces que me estaban mirando con lujuria y con deseo. Pero claro, deseché inmediatamente la idea, pues eran amigas de mi novia.
La tarde fue más de lo mismo. Aburrido por el tedio de tener a todas las féminas encerradas en el salón, como no quería molestar y pensando en ser útil, seguí arreglando el jardín de la madre de Valery, que a estas alturas, ya había pasado literalmente a devorarme con los ojos.
Yo no sé si tanta progesterona en el ambiente me hizo a mí empezar a elucubrar locuras propias de un hombre entre tantas mujeres, pero les prometo que tuve la sensación de ser un macho dominante entre una manada de hembras en celo. Sentía como una especie de electricidad en el aire. Junto con las miradas de la madre de Valery, ávidas de sexo, empecé a descubrir que, a cada descanso que hacía cada una de las compañeras de mi novia, éstas se acercaban a mí, coqueteaban, venían con un botón de la camisa más desabrochado de lo debido o se contoneaban de una manera que mi mente masculina y enfermiza enseguida daba pie a imaginar un montón más de cosas y, claro, se pueden imaginar lo caliente que pasé esa tarde entre las macetas.
Y así, fueron saliendo una tras otra en diferentes momentos: primero fue Valery. Esta bonita venezolana, la más joven del grupo, se caracterizaba por una carita ovalada muy agradable y sobre todo, una delantera espectacular, mucho más incluso que su madre, que también estaba de muy buen ver. No sé si fue verme con el torso desnudo, o que no tenía novio y le hacía falta un buen polvo, o las dos cosas, que tuve la sensación de que me devoraba con la mirada. Y el botón suelto de más en su blusa apretada solo contribuyó a acrecentar mi turbación y producirme una fuerte erección, que disimulé como pude.
Pero es que, cuando todavía no me había recuperado de esto, salió Malena, la argentina, y estuvo otro rato charlando conmigo. Aquí, tuve que disimular con gran dificultad la fuerte erección que tuve (hasta se me desplazó la polla dura dentro del calzón notándose visiblemente). Malena era una argentina blanca de piel y de pelo negro, que tenía unas piernas, un culo y un cuerpo de escándalo, si bien a mí personalmente no me parecía excesivamente guapa. Aunque a veces había pensado en lo bien que se lo pasaría su novio hincándose a semejante jaca, no le había prestado mayor atención hasta esa tarde, que demostró toda su sensualidad (y era mucha), parlamentando conmigo. En mi interior, notaba cómo mi polla latía pugnando por desprenderse del calzón que la aprisionaba, como gritando que quería salir y follarse a esa hembra en celo, cuyas feromonas me reclamaban ferozmente. Salí del paso como pude aunque, a pesar de mis esfuerzos, creo que ella intuyó algo en mi mirada y naturalmente, el bulto de mi entrepierna no dejó lugar a dudas.
Confiando en que la cosa no fuese a más y mi novia se pudiera enfadar conmigo (es muy celosa), intenté centrar mi calenturienta mente en las tareas del jardín. Malena tiene novio, ¿cómo se iba fijar en mí, además siendo amiga de mi novia?, me repetía una y otra vez, intentando quitarme de la cabeza que su cara había reflejado deseo y avidez claras al mirarme y ver mi bulto. Al final lo achaqué a que su novio estaba fuera y andaría un poco caliente por no tener su “relajación” nocturna, pero que ahí se quedaría la cosa.
Transcurrió media hora sin interrupciones en mi tarea. Mi tensión sexual consiguió relajarse y conseguí incluso concentrarme un poco en lo que estaba haciendo, aunque siguiera bajo la atenta mirada de la madre de Valery, que no me había perdido ojo desde su mecedora en la terraza. Pero poco duró mi relajación.
En ese instante, salió Ariadna, la chica chilena. ¡Esta mujer era tremendamente habladora!. Su conversación parecía no tener fin, ni debajo del agua, como a veces se dice. Pero era muy agradable, y conversaba mucho con ella, desde que la conocí, porque era muy amiga de mi novia y congeniábamos bastante bien. Sin embargo, no fue hasta ese día, supongo por lo calenturiento que andaba yo ese fin de semana, que me fijé en ella como mujer: alta y estilizada, con buenas curvas, y más delantera de la que hubiese creído. Claro, esta vez, se había vestido más apretada: unas mallitas negras que le marcaban bien la figura y un culo redondo y bien duro, y una blusa que, como parecía que iba a ser la tónica de la tarde, llevaba desabrochada un botón de más, mostraba el inicio de unos pechos bien formados y de tamaño mediano grande. Ella también se insinuó, o al menos, así lo quise pensar yo, porque se sentó enfrente mío, recostándose y ofreciéndome así una visión privilegiada de su canalillo y su sujetador blanco de encaje. Mi vista se fue allí, sin remedio. Ella lo notó, y me clavó una mirada tal de lujuria, un “hazme tuya” sin palabras, solo expresado por sus ojos y por su boca entreabierta, que hizo que mi polla volviese a tener ganas de salir del calzón. ¡Menuda tarde! El clima sexual debió palparse en el ambiente, porque ella se quedó callada un instante. Tan extraño fue, que salimos de la burbuja donde nos habíamos quedado: cambió de postura, dejando de enseñarme el nacimiento de aquellos pechos y nos pusimos a hablar de cualquier cosa, mientras, medio sonrojada, se levantaba y empezaba a deambular por el jardín. Yo me quedé escuchándola y volví a mis quehaceres jardineros maquinalmente, aunque nuevamente, tenía la polla descolocada y marcándome una tremenda erección. A estas alturas, ya casi no me molesté en disimularlo mucho. Empezaba a acumular una tensión sexual encima que, como no follase con mi novia esta noche, iba a reventar en la ducha de la mañana, eso lo tenía claro.
Finalmente, Ariadna se fue, y yo volví a respirar aliviado. Estos encuentros me estaban volviendo la cabeza del revés. Acto seguido, salió mi novia. ¡Ups! Disimulé como pude la erección que llevaba y, por suerte, no se dio cuenta al principio, por lo que se puso a contarme lo que llevaba estudiado y se distendió un poco el tema. Antes de irse, se arrimó bien a mí para darme un beso y notó mi erección. Por suerte, conseguí justificar que verla a ella era lo que me había puesto así. Mi novia, como todas las demás, andaba ya también con los niveles hormonales altos del estrés del estudio, y me prometió pasar a visitarme por la noche, cuando ya todos durmiesen, para que los dos nos “relajásemos” un poquito.
Se lo agradecí en el alma, puesto que ya empezaban a dolerme los huevos de lo cargado que debía ir. Estuvimos hablando un ratito más, prometiéndonos pasión para la noche, hasta que se volvió a meter otra vez a estudiar. ¡Menuda tarde me estaban dando entre todas!.
Cuando casi ya no quedaba luz y comenzaba a recoger los utensilios de faena, apareció Dyanis, la ecuatoriana. Era de estatura media pero desde que la conocí siempre me había parecido muy atractiva: piel tostada, bonita sonrisa, ojos oscuros. Tenía un cuerpo perfectamente definido, que pasaría los cánones de cualquier modelo. Cuando la conocí tuve que cambiar mi forma de pensar en las mujeres ecuatorianas, puesto que Dyanis era una de las mujeres que deseables que había conocido. Pero claro, ella tenía novio y yo novia, así que nunca habían ido más allá mis elucubraciones. Como no podía ser menos, solo de verla salir y dirigirse hacia mí, en el estado de tensión sexual en el que me encontraba, se me puso la verga tiesa nada más que llegó y me saludó. La encontré especialmente atractiva, más de lo habitual. Ella también se había sumado a la fiesta de la provocación y venía marcando cuerpo y mostrando más de lo habitual: llevaba los pezones que parecía que le fuesen a agujerear su fina blusa blanca escotada. Mientras hablábamos, no podía de dejar de echar vistazos a esos pezones, imaginando diabluras. La polla iba a terminar por agujerearme el calzón, estaba convencido. Finalmente, volvió dentro. No sé si dio cuenta de la erección que llevaba, supongo que sí, pero la que sí se dio cuenta totalmente fue la madre de Valery: había estado observando todo el trasiego de mujeres a lo largo de la tarde desde el sillón, y yo me había olvidado por completo de ella con todas las visitas. No fui consciente de su presencia, mientras metía mi mano dentro del pantalón y recolocaba escandalosamente mi bulto para intentar entrar de manera más decente en la casa.
¡Ay! Con toda mi experiencia, y no me estaba enterando de nada de lo que se cocía en esa casa: un cuartel de amazonas sedientas de una única cosa: hombres. Yo, que me creía bragado en asuntos de cama, era un corderito a punto de entrar en el valle de los lobos, o mejor dicho, de las lobas.
Pero seguiremos con el relato. La tarde terminó sin mayores complicaciones y la cena también. En compañía, las chicas se mostraban más modestas y recatadas, con los escotes cerrados, sin provocaciones. La tragedia se mascaba en el ambiente, pero había una tácita calma para que la guerra llegase después, y ahora todo el mundo actuaba como si nada pasara. Yo cené cómodo y a gusto entre ellas, pensando que todo había sido objeto de mi imaginación y recordando que eran las amigas de mi novia, y que mi novia me iba a “relajar” después (esta noche era yo el que más relajación necesitaba, claro). Así pues, me tranquilicé y disfruté de la velada con las chicas.
Mientras estábamos cenando, llegó una chica más a la casa. Me presentaron a Yuria, una estudiante de intercambio rusa que compartía piso con Valery y con su madre. Yuria era la chica más joven de la casa, con 24 añitos desbordantes de vitalidad. Rubia, de ojos azules, un poco más alta que yo, resultó tener un cuerpo de infarto y una carita de ángel, redondita.
Al terminar la cena, las chicas se enzarzaron en una tertulia médica, poniendo en común lo que habían estudiado a lo largo del día. Yuria y yo, junto con la madre de Valery, estuvimos hablando en la cocina mientras ellas terminaban su rato de estudio. Solo recuerdo de esa parte de la noche ir quedando embelesado poco a poco por los ojos azules y la candidez de la chica rusa, que entendía nuestro idioma a duras penas. Yuria se había puesto ropa más cómoda para estar por casa, una camiseta ajustada y una chaquetilla de lana y unas mallas negras, que resaltaban toda su figura. Mis ojos iban de su carita de ángel a sus pechos juveniles, bien prominentes bajo la chaquetilla de lana que se había puesto para estar por casa, y sus caderas suaves pero definidas dejaban entrever que lo que había debajo debía ser material de primera. Esto era el colofón de toda la tarde eléctrica que había llevado, que mi mente se dejó llevar nuevamente a las fantasías sexuales y lo que me encantaría hacerle a aquella belleza del este. Sin embargo, su mirada era cándida y dulce, no habían indicios de lujuria en su mirada: se notaba que acababa de llegar y no estaba contaminada por el ambiente.
Finalmente, el día terminó. Llegó la hora de acostarse: buenas noches a todas, y mañana a las ocho a estudiar de nuevo. A mí me dieron bula y mi novia dijo que me despertaría más tarde, para que pudiera descansar. ¡Menos mal, porque esa noche iba a acabar rendido de verdad!
Una hora después. Silencio absoluto en la casa. Mi habitación quedaba junto a la de la madre de Valery, separada de las de las chicas separada por la cocina y el salón. Como había acordado con mi novia, había dejado la puerta entreabierta para que se deslizase sin hacer mucho ruido. Estaba yo casi en la duermevela cuando por fin oí unos pasos en el pasillo y mi puerta se abrió. Era mi novia.
- ¡Por fin de durmió Ariadna!. ¡No paraba de hablar!.
Sin perder un instante, cerró la puerta y se metió de un salto en la cama. Estábamos los dos muy calientes: habíamos estado todo el día esperando este momento, pensando en que tendríamos que hacerlo a hurtadillas y eso nos había dado más excitación, así que nos desnudamos el uno al otro con ansiedad y mi chica no se lo pensó dos veces: se metió por debajo de las sábanas y empezó a darme una mamada profesional, que a poco hace que acabe en su boca. Pero a mí no me gusta eso, a mí me gusta dejarla bien satisfecha, así que la obligué a subirse e intercambié posiciones. Empecé a lamerle su coñito que ya estaba bien húmedo y con ganas de mambo. Iba a jugar con mis dedos pero me di cuenta de que estaba demasiado excitada y se correría, así que en vez de eso subí a jugar con sus pechos y sus pezones, mientras me disponía a taladrarla. La puse de costado, para poder hablarle al oído. Mientras se la metía, no paraba de decirle que llevaba todo el día con ganas de follar y que tenía mis huevos a reventar. Aquello, junto con mis fuertes embestidas, hizo que ella explotara en un orgasmo tremendo. Reduje el ritmo de mis bombeos hasta dejarlo en un movimiento simbólico, para que notara el suave movimiento dentro de ella y prolongara aquel orgasmo tan sentido. Se agarraba a las sábanas con desesperación y mordía la almohada para no gritar de placer. Finalmente, se serenó y le saqué suavemente la polla de su interior. Todavía jadeante, me miró con sonrisa de felicidad, y me dijo:
- Ahora te toca a ti.
Con lo que volvió a enterrarse debajo de las mantas y me hizo una fantástica paja. Muy pulcramente, limpió los restos de mi corrida y dándome un beso, se despidió de mí.
- Me voy de prisa. No me quedo más porque me da miedo que nos descubran y no quiero que la madre de Valery se moleste. Cariño, ¡te quiero! Mañana hablamos. Duerme todo lo que quieras, mi semental, levántate si quieres al mediodía, que nosotros nos levantaremos a estudiar en silencio.
Sin dejarme siquiera devolverle el beso de despedida, salió dejando la puerta entornada. Y ahí me quedé, totalmente desvelado, después de haber hecho el amor de manera express con mi novia, nuevamente solo. ¡Hay que ver!, pensé.
Tras un par de minutos tumbado en la cama, con el aliento ya recuperado, decidí ir a por un vaso de agua a la cocina. Detrás de mí, apareció como de la nada Malena, la muchacha argentina.
- Tranquilo, soy yo, Malena. No podía dormir. Me falta mi chico. Me miró y se dio cuenta de que todavía no se me había bajado la erección.
- ¿Soy yo, o me parece que andás todo el día empalmado?. – me dijo con sorna. No sabía dónde meterme. Yo había salido a la cocina tan tranquilo, sin percatarme de que no estaba en mi casa, sino en una casa llena de mujeres. Y no me había puesto un calzón debajo del pantalón del pijama que retuviese mi polla que, aun semiempalmada, era imposible de disimular.
- Esto…, bueno, la verdad, mi novia vino a hacerme una visita…- dije todo azorado.
- ¿Y qué pasó? ¿No acabó la faena?
- Pues, sí, pero mira… todavía… no se me ha bajado del todo…
- ¿Del todo?- Su cara cambió por completo. Lo cierto es que tengo una polla de buen calibre, y a medio empalmar ya se me marcaba bastante bajo el pantalón. Se me quedó mirando por un instante asombrada. Llevaba una camiseta blanca y un short negro muy corto que casi le dejaba entrever aquel culo tan espectacular que tenía. El proceso de relajación de mi polla pareció detenerse. Ella se acercó, mirándome a la cara hasta ponerse a un palmo de mí, y tiró una mano a mi paquete.
- ¿Esto… y no te quedará un poquito de leche para mi? Hoy no he tenido mi ración diaria…
Y sin más, se agachó y me sacó la verga del pantalón, que empezaba a levantarse de nuevo.
- Mmmh, hermoso ejemplar. ¡Menuda anaconda! Uhhhm, mucho mejor que la de mi chico…
Me cogió de la polla y me arrastró hacia mi habitación. Me tiró en la cama, y cerró la puerta.
- Y ahora, papi, dame mi ración de leche.
Se desnudó en un segundo, dejando ver unos pechos turgentes, ya duros, y un coñito depilado, y se lanzó a lamerme la polla con intensidad. Lamía mis huevos, y todo el tronco, babeando bien toda la verga. Al llegar arriba, se introdujo toda la punta en la boca y empezó a jugar con su lengua dentro de su boca, como una auténtica maestra de la mamada. Mientras hacía todo esto, no paraba de decirme las ganas que tenía de follar, y más cuando había visto aquella polla tan tremenda, que había estado todo el día pensando en mí y lo que sería follar conmigo, y que estaba tremendamente caliente. Todo eso, hablando en ese argentino que resulta tan sensual. Consiguió ponérmela dura y excitada en un santiamén, considerando que me acababa de follar a mi novia hacía cosa de diez minutos.
A la vista de que aquello se iba a liar, y rezando porque no se abriera la puerta y apareciese mi novia, me puse manos al asunto y, en volandas, desplacé a Malena para dejar su coñito delante de mi cara. Mientras ella seguía chupando y hablando con acento argentino, yo empecé a lamer el exterior de sus labios, a rodear su botoncito y lamer con movimientos intensos toda su zona íntima. Se notaba que estaba muy excitada. En aquel 69, fui ganando la partida: yo andaba más cansado, acababa de eyacular y me iba a costar correrme de nuevo, a pesar de lo bien que Malena lo estaba haciendo y lo a gusto que lo estaba sintiendo. Pero ella estaba excitada por el morbo de la situación y por la novedad de la pareja, así que pronto empecé a llevar el ritmo en aquel intercambio de placer y acabó por dejar de chupármela, para concentrarse en el placer que le estaba haciendo sentir y jadear de gusto. Estaba a punto de venirse.
- ¡Basta! No hagas que me corra todavía. Quiero probar esta verga tan rica, papi.
Así que paré. Ella se giró y mirándome con fuego en los ojos, se sentó sobre mi polla. Los ojos se le dilataron al notar que aquello que estaba intentando introducirse era más gordo de lo esperado.
-¡Mmmh, se siente más gorda incluso de lo que a la vista parecía!
A pesar de lo mojada que estaba, que ya me chorreaba la polla y las piernas, le costó metérsela porque su vagina era un tanto estrecha. Yo la miraba, con los pezones muy erectos y largos, y con mis manos en aquel culo perfecto, como se iba clavando centímetro a centímetro toda mi polla, nuevamente dura.
Tras unos segundos interminables, ella consiguió empalarse completamente. Se acomodó y empezó a moverse suavemente. Yo la dejé hacer. Pronto, le vino el orgasmo. El primero. Tuve que besarla, pues si no, hubiese gritado de placer. Mis piernas y parte de la cama estaban ya completamente mojadas con sus jugos. Se había corrido largamente.
Permaneció unos segundos más empalada, y se dejó recostar sobre mi pecho. Yo no sabía qué hacer. Sentía como si la hubiese destrozado, aunque apenas le había hecho nada.
-Malena,¿Estás bien?-
- Ay papi, ¡menuda cogida me has dado más rica! Después de esto, no sé si voy a querer follar más con mi novio. ¡Ha sido espectacular!
- Bueno, no será para tanto… - intenté yo quitarle un poco de hierro al asunto.
- Lo que yo te diga, espectacular. Esto…, ¿es posible que volvamos a intentarlo?.- Nos miramos a la cara. Ella empezó a moverse con mi polla dentro de nuevo, todavía tiesa. Me cabalgó como por cosa de media hora, con gran maestría, hasta que al final, ella se volvió a venir. Yo no aguantaba más, así se lo hice saber y ella se giró y empezó a mamármela como antes, hasta que me vine en su boca. Pensaba que estaba seco, pero le solté una buena dosis de leche.
-Aaaah. Al final, aquí tienes tu ración de leche, Malena. Ufff, qué bueno. La chupas muy bien.- le dije, jadeante, mientras terminaba de limpiarme la polla de mis últimos jugos. Pensaba que me había dejado los huevos secos.
- Papi, te desatasco otra vez cuando querás.- Aquel acento argentino me excitaba sobremanera. – Gracias por darme mi ración. Ahora me voy, no sea que nos metamos en complicaciones.
Dicho lo cual, me dio un largo beso y salió, dejando la puerta entreabierta.
Yo traté de reflexionar sobre lo que había pasado. No daba crédito a cómo se podía haber originado tal situación, pero la cuestión es que acababa de ponerle los cuernos a mi novia con una de sus amigas, como si fuese lo más normal del mundo. Estupefacto, me quedé semierguido en la cama, sin poder casi ni pestañear. Finalmente, me levanté y me fui a por el vaso de agua que antes ni siquiera había podido tomar, esta vez con la precaución de ponerme un calzón para evitar que, caso de encontrarme con alguna otra de las chicas, no se me notara tanto la erección. Crucé el pasillo y llegué al salón en dirección a la cocina, cuando encontré a Ariadna, con cara abstraída.
- ¿Hola Ariadna, qué haces despierta a estas horas?
- Como si no lo supieras – me puse alerta- ¡Tu novia ronca una barbaridad!
No pude evitar reírme. Eso era totalmente cierto, roncaba muy fuerte.
- La solución es dormirse antes.-
- Pues si yo creo que lo hice, porque dormí hasta hace como cosa de una media hora o así, que me desperté por sus ronquidos. Es como si antes no hubiera estado en la habitación....-yo miré hacia otro lado-… pero en cuanto me desperté y la escuché, ya no pude pegar ojo. ¿Qué hacés tú para dormir a su lado?
Lo cierto es que follábamos hasta que quedábamos exhaustos, le iba a contestar, pero no sabía cómo explicárselo sin que se molestara: La chica no tenía novio, no era cuestión de ponerle los dientes más largos.
- Bueno…, intento “relajarme” lo más posible cuando voy a dormir con ella.
- Y tú, ¿no tienes sueño?
- No, he salido a por un vaso de agua. Lo necesito siempre después de f… de acostarme, y no me lo había tomado todavía, por eso no me he dormido.
- Ah, bueno, claro. Se quedó un poco ensimismada, mirándome fijamente el paquete.
- Esto… ¿te puedo hacer una pregunta curiosa?
- Dime…
- Verás, no lo puedo evitar, soy muy observadora. Esta tarde… mientras hablábamos en el jardín…. Te… ¿empalmaste? – me puse rojo como un tomate- es que noté un bulto que ahora no tenés…. Lo siento, no tendría que habértelo preguntado, pero es que a veces, me pregunto si resulto atractiva a los hombres…
- Ariadna, eres una mujer linda, con un buen cuerpo, simpática y muy buena persona. Los hombres son tontos si no se fijan en ti- le dije. Adoptó una expresión abatida. Supongo que aquello ya lo habría oído antes de boca de muchos más, y no le consolaba mucho. En un arrebato de locura (yo no sé qué tenía aquella casa), añadí.
- Y sí, me empalmé. Estabas muy sexy esta tarde, y mi mente me jugó una mala pasada yendo más allá.
Ella se puso toda azorada, pero no dijo nada más. ¡Qué situación tan embarazosa!.
- Bueno… esto…, yo me voy a mi habitación. Por favor, no le digas nada de esto a mi novia, si no me voy a buscar un jaleo innecesario.
- No, claro que no. Y gracias por lo que me has dicho.
Tras lo cual, salí disparado hacia mi cuarto, pensando que casi la liaba de nuevo. Me metí de nuevo en la cama. Pasaron cinco minutos, y ya estaba empezando a conciliar el sueño después de tanto trasiego nocturno, cuando noté que sigilosamente se abría la puerta de la habitación. Pensé que sería mi novia que se venía a dormir conmigo. Pero no, esta noche no dejaba de deparar sorpresas.
- ¿Te importa que me tumbe un rato aquí, a ver si consigo dormir algo?
- ¡Ariadna! No creo que debas…
- La cama es grande, no te molestaré…- mientras decía eso, ya se había metido entre las sábanas. ¡Qué hago ahora! Pensé yo. Por lo que me contaba mi novia, era imposible discutir con ella. Si no se hacía lo que quería, se te pasaba horas y horas hablando. Al final, le dabas la razón con tal de que se callara.
- Haz lo que quieras. Allá tú con lo que pase mañana- y me giré de costado. Ella se metió al otro lado, sin decir nada. ¡Qué consuelo!. Pero no sé durmió. No paraba de moverse, inquieta. Acabó por desvelarme del todo. Al final, me giré, exasperado.
- A ver, no paras de dar vueltas. ¿Se puede saber qué te pasa?
- Es que… si es que conseguí empalmarte…, es que le puedo gustar a los hombres, ¿no? – asentí, un tanto aburrido ya del tema-, entonces es que me encuentran atractiva, ¿no?, tú lo has hecho – volví a asentir-. ¡Qué bien, qué contenta estoy!.
- Me alegro….-
- ¿Sabés? Quiero encontrar a un chico ya, tengo ganas de tener novio, y de follar….
Se quedó parada, ella misma se dio cuenta de que había confesado demasiado.
- Claro, es lógico – le dije yo, para quitarle importancia a la confesión.- Todos tenemos nuestras necesidades…¿hace mucho de la última vez?
- Pues… hace siete años tuve mi último novio, ya ves.
- Uff, eso es mucho tiempo.
- Siii.- nos quedamos los dos callados.
- Fóllame.
- ¿Qué?.
- Sí, fóllame. Antes te la he puesto dura, ¿no? Creo que lo podré conseguir de nuevo.
- Pero, Ariadna, ¿estás loca? ¡Mi novia está durmiendo en tu habitación!
- ¿Sí? Pues yo prefiero dormir con la otra parte de la pareja.- Estaba desbocada con la idea. Sin darme tiempo a respirar, se quitó todo lo que llevaba. Dios, sin ropa estaba todavía más tremenda.
- Necesito que me folles. Y seguro que ella te ha dicho que cuando quiero una cosa no paro hasta que la consigo.
Antes de que pudiera rechistar, ya se me había lanzado a buscarme la polla. Yo me había quedado estupefacto ante ese cuerpo tan deseable. En verdad, su forma de vestir no le hacía justicia. No tardó en encontrar mi polla y comenzar a chuparla con tal desesperación e intensidad, que pronto, increíblemente, volvió a levantarse como si nada por tercera vez en la noche. El tesón que le puso hizo que se pusiese dura en unos instantes.
Sacó un instante la cabeza de debajo de la manta, y me dijo:
- ¿Sabés?, no he probado muchas pollas, pero he visto muchas en mis prácticas, y tenés un ejemplar digno de estudio. ¡Es enorme!.-dijo con su marcado acento chileno, dicho lo cual se fue a poner a horcajadas, pero yo la paré.
-¡Alto! No vayas tan deprisa: si quieres hacerlo, primero hay que preparar ese cuerpo. – le dije yo, ya metido en faena. Ahora fui yo el que se enterró entre sus piernas para deleitarme con aquel coñito sin depilar. No quería follármela ya, puesto que no estaría suficientemente húmeda y quizá la lastimaría, pensaba. Así que me deleité un poco saboreando su cuerpo antes de cogérmela. Empecé a jugar en su entrepierna: tenía el clítoris más prominente que había visto nunca: era grande como una almendra, y destacaba frente a unos labios que parecían pequeños a su lado. Empecé a chupar aquel botón grande que tanto se prestaba a ello, y pronto noté que Ariadna empezaba a contraerse del placer. Con sus manos en mi cabeza mesándome los cabellos, gemía y pedía más. Tenía un cuerpo precioso y virginal, blanco y suave al tacto. Decidí que tenía más ganas de probar su cuerpo, y pasé a besarle su pecho, su cuello, su boca sedienta. Le giré y le recorrí la espalda, le besé las nalgas e incluso el culo,
- Oh, sí, lámeme el orto…- aquello la terminó de encelar. Como ya estaba de espaldas, la cogí y la puse a cuatro patas.
- Mmmh, sí, méteme ya esa vergota grande que tenés. No aguanto más.- Yo también estaba bastante excitado después de sobar aquel cuerpo y jugar con su culo, cosa que me excita porque con mi novia eso es zona prohibida, y me dispuse a follármela. Aquello fue delicioso, me la follé con ganas, dándole bien fuerte, metiéndole y sacándole todo lo larga que era mi polla. Ariadna casi entra en trance. Se quedó como petrificada, soltando pequeños gemiditos cada vez que la empotraba contra la pared. No decía nada, seguía callada, pero movía sus caderas pidiéndome que siguiera dándole, sinónimo de que le gustaba lo que estaba haciendo. Tenía una vagina estrecha, poco usada, pensé, porque aquella hembra abrazaba con tal fuerza mi verga que, en menos tiempo del que yo pensaba (considerando que era el tercer polvo casi consecutivo de la noche) empecé a notar que me iba a correr de un momento a otro.
- Ariadna, me voy a venir ya…- Aquello pareció ser el detonante que la sacó de su paroxismo, para correrse de manera increíble. Como si hubiese destapado una botella, empecé a notar cómo mi polla se mojaba y sus piernas quedaban totalmente anegadas de sus flujos, en una corrida bestial (nada comparable con cualquier experiencia anterior), mientras ella gemía y temblaba. Cuando paró de temblar, yo ya no aguantaba más, y solo me dio tiempo a sacarla y correrme sobre su culo chileno. Ella, tan solo volteó una mano, recogió todo lo que pudo, se lo llevó a la boca y se lo tragó sin decir nada. Me dejé caer a su lado, exhausto. Ella seguía a cuatro patas, inmovil, como si estuviese reviviendo todo lo cabalgado. Finalmente, se limpió los restos de mi culo y se tumbó a mi lado.
- Bueno – le dije- ahora, después de esto, dormirás como una bendita, ya lo verás.
- mmmh, ahora entiendo porque ella dormía tan bien al cabo del rato. Debió venir por aquí por su ración de leche. – Se giró hacia mí, y me dio un largo e intenso beso. Descubrí que aquella mujer me excitaba de una manera increíble. – Gracias por lo de esta noche. No lo olvidaré. Y ahora, ¡me voy a dormir!- Y sin mediar palabra, se vistió y salió como un rayo, dejándome totalmente exhausto, pero despejado de nuevo, pensando en lo que acababa de suceder. Una infidelidad con una amiga, podía pasar, ¡pero con dos! Aquello era casi imposible de concebir.
Miré el reloj. Eran las tres de la mañana. Tanta actividad me tenía ciertamente cansado. Sin embargo, no podía dormir. Tras cinco minutos con los ojos abiertos y con mi cabeza en ebullición revisando los últimos acontecimientos de la noche, decidí levantarme a ver un rato la tele, a ver si me entraba sueño. Así que fui al salón y la encendí con el volumen al mínimo.
No habían pasado ni cinco minutos, cuando apareció Dyanis en el salón. Yo no la vi llegar, pero se puso detrás del sofá y me saludó.
- Hola, ¿qué haces despierto a estas horas?
- ¡Ah, hola! Estaba despejado. Debe ser el cambio de cama.
- Sí, a mí me ha pasado lo mismo. Eso, y no tener a mi novio cerca.
- Claro, claro.- Ella se fue a la cocina a coger algo de la nevera. Al pasar en dirección a la cocina, pude observar cómo iba vestida: una camisetita de tirantes, y unos pantaloncitos muy cortos, todos llenos de ositos y motivos infantiles. No pude quitarle la vista de encima, porque aquella mujer me gustó desde el día que me la presentó mi novia. Aquellos pantalones le resaltaban un culo ligeramente grande, pero muy bien formado. Se agachó para coger algo, y lo pude ver en todo su esplendor. Magnífica vista. Sin llegar a comprender la naturaleza de la mente, noté que me volvía a excitar y mi polla volvía a ponerse en ebullición. ¿Me habrían puesto algo en la cena?.
Ella se giró y volvió hacia el salón para sentarse a mi lado. Cuando lo hizo, la pude ver de frente. La camisetita, ajustada, le estaba marcando unos pezones que parecían atravesar la fina tela. Eso, y sus ojos marrones y grandes, la boca deliciosa que tenía aquella mujer, eran demasiado para mí.
Al llegar al sofá, me miró, y no le pasó inadvertida mi nueva erección: yo había salido nuevamente sin ponerme un calzón debajo del pijama: en mi casa, no me encontraba con mujeres en mitad de la noche que me la pusieran así de tiesa, pero aquí sí, y me había olvidado otra vez. Ella lo miró y vino a sentarse a mi lado. Con un poco de risa, me preguntó,
-¿Qué estabas viendo, que se te ve tan contento?
Me puse rojísimo: naturalmente, no podía decirle que me había empalmado por ella, así que le dije que había visto una escena porno en la tele.
-Ah, ¿sí?.- La tele estaba en la teletienda ahora, el primer canal que había puesto al llegar. Ella cogió el mando, y fue revisando los canales en silencio, con una sonrisa traviesa en la tele. Casualmente, dio con un canal donde en verdad estaban poniendo una película porno. ¡Y la dejó! Yo no me atrevía a mirarle, así que dirigí mi vista a la televisión. Una mujer vestida, justamente, de enfermera, coqueteaba con el doctor. El guión, naturalmente, dejaba mucho que desear y, a las dos frases, le había sacado una enorme verga del pantalón al médico y había empezado a chupársela.
- A mi novio le encantan estas películas. Se masturba a todas horas viéndolas.- Soltó de repente.
- ¿Sí?- me salió sin querer, con un tono de sorpresa mayor del que me hubiera gustado reconocer. Pensaba para mis adentros, ¿cómo puede ser tan capullo su novio que no se esté follando a este bombón a todas horas?, porque yo lo haría. Naturalmente, no lo expresé en voz alta.
- Sí, - dijo resignada. – Se pone a ver el porno y empieza a meneársela sin parar.
- Oh,
- Sí, a mí me da un poco de rabia, porque yo quiero follármelo, pero él no quiere. Él quiere masturbarse. Y al final, acabo excitándome yo también al ver la película, y termino por chuparle la polla.
- Ah, - No sabía qué decir. Aquella hembra preciosa, desatendida por su novio. Y mi polla, otra vez hasta arriba. Era la noche de los desvaríos.
Sin mediar palabra, y antes de que pudiera reaccionar, Dyanis se giró hacia mí y me sacó la polla como si fuese la cosa más normal del mundo.
- ¡Dyanis! ¿Qué haces?
- Tú necesitas aliviarte, eso es obvio. Y yo, necesito mi ración de leche. Mira la película y disfruta, que yo hago el resto. - Dicho lo cual, empezó a chuparme la polla, que ya estaba más dura que el acero. No salía de mi asombro.
Intenté pararla, no estaba bien. ¡La tercera de la noche! Madre mía, iría al infierno. Pero aquella hembra era preciosa y, desde luego, sabía lo que se traía entre manos. Me estaba mamando la polla como no me lo habían hecho antes, y mi polla maltrecha y seca empezó a mandarme unas oleadas de placer como no recordaba ni de mis tiempos mozos de pajillero. ¿Sería posible una mamadora tan experta? En otras circunstancias, con los huevos cargados de leche, me habría reventado en un tris, pero como llevaba ya tres encargos, disfruté por un buen rato de su mamada. Estaba totalmente excitado, pero no iba a dejar que esto acabase así, así que sin pensarlo dos veces (total, me había follado media casa como quien dice, por una más…), le saqué la polla de la boca, la cogí en volandas y me dirigí a mi habitación.
- ¿Qué haces? – me dijo en susurros, sorprendida por mi reacción.
- Te voy a follar. – Abrió sus ojos de par en par, sorprendida, pero no dijo nada: nada, porque tenía muchas ganas.
Así que la tumbé en la cama, y la desnudé lentamente. Sin ropa todavía aquella mujer era todavía más hermosa, una auténtica belleza. Excitado como estaba, me hubiera lanzado como un animal para poseerla, pero recordé que quería hacerle disfrutar, así que procedí metódicamente, preparándola inicialmente con un recorrido de su cuerpo, besándola dulcemente por los lóbulos de sus orejas, bajando por su cuello, entreteniéndome en sus pechos y sus tensos pezones, su vientre plano y finalmente, llegué a su monte de venus. Desde que empecé a besarla no dijo ni una palabra, ni un gemido. Pero cuando empecé a explorar su parte más íntima, primero con la lengua, y luego con mis dedos, a medida que sus jugos bañaban mis dedos y me los bebía, ella empezó a retorcerse de placer y a gemir, agarrando las almohadas con fuerza. Ahora estaba tan caliente como yo. Así que, sin perder más tiempo, subí y la besé intensamente.
- Ahora sí, - le dije. - ¿te apetece ahora?
Abrió mucho los ojos, aquellos ojazos que me embelesaban, y con voz ronca me dijo.
- Ya tardas.
No me lo pensé dos veces. Se la metí suave, hasta que entró toda. Pero después empecé a metérsela y sacársela con mucha urgencia y velocidad. Estaba sobreexcitado, algo sorprendente, considerando la nochecita que llevaba, pero cierto. Ella se agarró a mí fuertemente, clavando sus dedos en mi espalda, y cerrando sus piernas alrededor de mi cintura. No podía creer que me estuviese cogiendo a semejante hembra, tan solicitada de sexo porque su novio pasaba de ella. Bueno, estaba claro que la mamaba deliciosamente, pero de ahí a abandonarla, había un mundo. En esas estaba pensando yo cuando noté que ella se corría. Regulé el ritmo de mis embestidas para que pudiese disfrutar del momento, hasta que me quedé parado, estudiando la expresión de placer de su cara, inconfundible: había tenido un buen orgasmo. Tras unos segundos me sonrió: era verdaderamente preciosa.
- Gracias, de verdad. ¡Ahora me doy cuenta de la falta que me hacía! Qué bien me he quedado… y qué bien que me lo has hecho. Pero tú no te has corrido, ¿verdad?
- No, la verdad, pero no me importa.
- A ti no, pero a mí sí. Déjame, que voy a acabar lo que empecé.
Me tiró en la cama y se metió entre las sábanas. Al momento, noté su presencia. Con la lengua, empezó a jugar de una manera increíble con mis huevos, mi punta y todo el tronco. Sus manos tocaban tan delicadamente mi polla y se deslizaban con una suavidad tal que parecían más lenguas sobre mi polla. Era como tener once lenguas a la vez sobre mí. No puedo describirlo de otro modo, porque el placer que me dio fue increíble. Estuvo como diez minutos jugando conmigo y manteniéndome en un estado cercano al orgasmo de modo constante: se veía que controlaba hasta eso. Entonces, salió un instante de debajo de las sábanas, me propinó un intenso beso y volvió a desaparecer. Poco a poco, fue incrementando el ritmo de sus quehaceres y con ello, el nivel de placer. Creía llegar al orgasmo, pero no acababa. Fue capaz de prolongar aquella divina y casi insoportable situación (por el gusto que sentía) otros diez minutos más, hasta que finalmente me vine en el interior de su boca. Todavía lo pienso hoy y me estremezco. Me doblé sobre mi cintura, recogido del placer que me recorrió al correrme. Aunque esta fue la cuarta corrida de la noche, tuve la sensación de eyacular sin fin. Me debía haber dejado seco seco.
Dyanis salió nuevamente de debajo de las sábanas y se sentó a mi lado. Mirándome, se tragó toda la leche que llevaba en la boca. No se le había derramado nada.
- Estás riquísimo. Me encantó tu polla como no tienes idea. Y todo lo que me has hecho esta noche… ¡Muchas gracias! ¡Mmmh, creo que ahora sí voy a poder dormir feliz!
Estuvimos hablando como unos cinco minutos, pero pronto se fue, no fuese que alguien se diese cuenta de que estaba allí. Y nuevamente, allí estaba yo, con los ojos abiertos de par en par, apoyando la espalda en la pared de la cama y meditando cómo podía estar pasando esto: cuatro polvos en la noche, con cuatro mujeres distintas: mi novia y tres de sus mejores amigas de estudios. Increíble. Si me lo hubiesen contado antes de venir, no me lo habría creído.
Eran las cuatro de la mañana. Esta vez no me atreví ni a salir a por agua. Me tumbé y cerré los ojos, intentando dormir, aunque me venían las imágenes de los últimos acontecimientos de la noche. Pronto, el sueño empezó a vencerme, los recuerdos parecieron fundirse y confundirse con los sueños, y quedé dormido.
De repente, algo me hizo salir del sueño pesado en el que había caído fruto del agotamiento. Abrí los ojos un instante, pero no logré situarme: estaba todo negro. Noté la presencia de dos personas en la habitación, que se reían por lo bajo. Sonaban como dos adolescentes. Finalmente, fui saliendo del mundo de los sueños para cobrar conciencia de la realidad. Esas dos presencias existían: estaban tumbadas en mi cama, cada una a un lado mío. La oscuridad dominaba la habitación, aunque una tenue luz me permitió darme cuenta de que estaba en la habitación de la casa de Valery. Recordé: cuatro polvos en la noche. Miré el reloj: las cinco menos cuarto: solo había dormido tres cuartos de hora. La luz de la mesita se encendió de repente, cegándome por un instante. Al final, pude distinguir las dos figuras que me acompañaban: Eran Valery y Yuria, en pijama, las dos muertas de la risa. Estaban nerviosas, se miraban, me miraban y se reían entre ellas, sin decir nada. Yo no estaba de muy buen humor, apenas había dormido y me acababan de despertar cuando por fin había cogido el sueño profundo. Antes de que pudiera protestar, quejarme y preguntar qué narices hacían a esas horas dentro de mi cama, Valery se lanzó por debajo de las sábanas a buscar mi polla. Hubiera protestado, si no fuera porque Yuria se irguió en la cama sobre sus rodillas y se empezó a desnudar. Me quedé estupefacto ante esa joven rubia de ojos cristalinos y pechos hermosísimos, con una forma perfecta, un tamaño ideal tirando a grande, como a mí me gustaban, perfectamente firmes, con una aureola grande y unos pezones suculentos. Sin decir nada, me los puso en la cara, y no pude más que dedicarme a saborear aquellas maravillas del norte. Mientras, Valery conseguía nuevamente obrar el milagro, y mi polla volvía a coger consistencia. Cuando ya la tenía totalmente tiesa, Yuria se irguió y me puso su coñito depilado en mi cara, que me puse a chupar con muchas ansias: ¡cómo estaba aquella mujer!. Al rato, emergió Valery y se intercambió con Yuria las posiciones. Si Yuria tenía unas tetas ciertamente grandes, lo de Valery no tenía comparación: ¡eran enormes! Era una sensación increíble no poder amasar con mis manos más que una parte de aquellas monstruosidades que casi me ahogaban del ímpetu con que me las ofrecía. Después, me puso también su coñito depilado, más moreno que el de Yuria, pero igual de sabroso.
Ambas mujeres se les notaba jóvenes en lides amorosas, porque no sabían muy bien chupar la polla (y menos después del repaso que me había dado Dyanis), y no consiguieron excitarme mucho, pero yo a ellas las dejé bien calientes: querían más. De repente, Yuria salió de debajo de las sábanas, y como si estuvieran sincronizadas, Valery se paró también y ambas se pusieron a cuatro patas, ofreciéndome una visión de lujo de sus dos culos: Yuria, un poco más alta y caderona, Valery más pequeñita, con buenas caderas también pero con el culo más redondo y voluptuoso. Me dediqué a cabalgarlas alternativamente, para que no pasara ninguna mucha hambre. Mientras lo hacía, ellas reían e incluso se tocaban y se daban más placer.
¿Qué les voy a decir? Aquello era el sueño cumplido de todo hombre: follarse dos jacas con un buen cuerpo. Pero aquellas dos hembras viciosas tenían ganas de más y sabían lo que querían. En un momento que estaba con Yuria, Valery, que llevaba la voz cantante, rebuscó en sus ropas y sacó un bote de lubricante, con el que empezó a untarle el culo a su compañera de piso y aventuras. Al intercambiar posiciones, Yuria hizo lo propio, preparándole y dilatándole con los dedos su orificio anal. Yo estaba bombeándola, sin terminar de creerme lo que me estaba pasando, viendo cómo aquellas dos hembras se preparaban tranquilamente para que las culease, como si fuese lo más normal del mundo. Yo era algo que no había hecho jamás, y que tenía mucho morbo por hacer, pero mi novia se negaba, y ahora iba a ver satisfecha mi curiosidad con aquellos dos bombones. Me puse tremendamente caliente.
-Y ahora queremos esa polla tan linda en nuestro culito. ¡La deseamos!- dijo Valery, y Yuria asintió con una sonrisa.
Aquel acicate era lo que faltaba para terminar de excitarme.
Entonces, pasé a perforarles por detrás, primero a Valery, después a Yuria. Nervioso, enfoqué mi verga bien dura frente al agujero de Valery. Estaba tan ansiosa por tenerlo dentro que fue ella misma la que se empaló, para mi sorpresa. Ella solita se la metió hasta el fondo a buen ritmo, ayudada por la lubricación. Supuse que tenía experiencia. Yuria y yo mirábamos asombrados como su culo se tragaba rápidamente toda mi polla. Ella misma siguió su marcha y empezó a deslizarse sobre mi polla, hasta que le cogí el testigo, y empecé a bombearle yo. Estaba muy excitado y tenía ganas de darle duro a aquella perra en celo, así que la cogí del cabello, y empecé a darle fuerte, dándole de vez en cuando palmadas en el culo, como hacían en las pelis porno. Yuria no dejaba de mirar cómo se la metía, mientras con una mano iba acariciando sus pezones. Mientras, Valery, gozaba, y sus pechos se movían desacompasadamente con cada embestida. Menudo goce.
Tras cinco minutos de cabalgada, Valery se la sacó, jadeando. Le indicó a Yuria que se preparase. Sin embargo, ella no estaba tan decidida a hacerlo como Valery, que me indicó que fuese despacio, que era su primera vez. Valery dirigió la operación, lubricando en abundancia mi polla. Me la enfiló hacia aquel agujero pequeño y me dijo que apretara poco a poco hasta meter la cabeza. Así lo hice, y me costó bastante. Yuria emitió un gemido de dolor, y noté cómo contraría mi glande con su culo, muy fuertemente. Valery le indicó que se relajase, que disfrutase, mientras le sobaba su clítoris y le metía dos dedos por el coño. Tras varios segundos de espera, noté como su presión sobre mi glande se reducía. Se lo indiqué a Valery, que me dijo que fuese metiendo un poco más cada vez que notase que aflojaba, hasta metérsela toda. Mi polla estaba muy dura, y aquel culo mucho más prieto que el anterior. Parecía un desafío, y algo que me iba a gustar. Seguí según las indicaciones de Valery y fui insertando poco a poco mi polla. Yuria no se movía, solo resoplaba, aguantando el dolor que al parecer le estaba produciendo. No sabía si sacarla o no, no me gustaba hacer daño a las mujeres en la cama y aquello parecía más una tortura que un juego placentero. Con Valery no había sido así. Al parecer, me vio la cara de consternación y me echó un cable.
- Tranquilo, la primera vez siempre nos duele. Yo es que ya lo he practicado muchas veces.
Me quedé más tranquilo, pero a la par sorprendido. ¡Menuda noche!
En un par de minutos, conseguí clavar mi verga hasta el final. Yuria, resoplaba, concentrada. A mi pregunta de si le dolía mucho, me contestó que sí, pero que cada vez menos. Tras esto, Valery me dijo que empezara a moverme suavemente, con solo unos centímetros de margen. Madre mía, moverse en aquel recinto tan estrecho era tremendamente placentero: el roce era absoluto y muy sentido, debido a la fuerte presión de su culo. Ella sufrió en los primeros movimientos, pero a medida que le bombeaba muy suave y lento, ella empezó a cambiar su gesto. Tras un par de minutos, Valery me indicó que empezase a hacer movimientos más largos de entrada y salida, mientras ella seguía masturbando con sus dedos a su compañera. Cada vez que ampliaba mi recorrido, Yuria apretaba los dientes, para luego ir mitigando su expresión. Creo que lo estaba haciendo bien, porque a media evolución, tuvo un orgasmo intenso. Valery me indicó que siguiese a mi marcha, hasta que finalmente, acabé por meterla y sacarla por completo. Entonces fue cuando Valery me dio permiso para darle ya con ganas, como le había dado a ella. ¡Bueno! Allí gozó hasta el apuntador: me estaba follando a una muñeca rusa de cuerpo perfecto, cara de ángel y tetas hermosas, casi como si fuese Scarlett Johansson, por el culo, y gozando con ella como en pocas ocasiones. Yuria gemía con la cabeza hundida en la almohada para no gritar, y gozaba de una manera increíble. Pensé en mi novia y en lo que se estaba perdiendo, y yo con ella, y seguí dándole caña a la rusa, y dándole cachetes en el culo de vez en cuando, que pronto se puso rojo.
Necesitaba parar o me correría. Valery me sacó la polla y me la mamó durante un instante. Después, reclamó su tiempo y le volví a encular. Así estuvimos durante casi una hora cambiando de culo a cada poco. En el intervalo, me la chupaban y se cambiaban ellas: mientras una era penetrada, la otra colaboraba metiéndole los dedos por el coño y sobándole las tetas.
Se corrieron innumer0ables veces por mis trabajos y los que se hacían entre ellas. Yo volvía a estar a reventar. Había cumplido varios sueños en este polvo: un trío, dar por culo, follarme a dos bellezas tetonas… ¡sí! Tetonas, porque las dos tenían unas tetas de infarto. Sí, pensé, ya sabía cómo quería terminar. Saqué mi polla y me puse de pie en la cama.
- Y ahora, me vais a hacer un regalo a mí. – les dije.- Quiero que me hagáis correrme con las tetas.
La idea les debió gustar porque sonrieron y se pusieron una a cada lado, de rodillas, de modo que mi polla quedase a la altura de sus tetas. Se las cogieron con las manos, se las apretaron y metieron mi polla en medio del hueco formado entre las cuatro. ¡Qué visión tenía desde arriba! Me miraron lascivamente, y empezaron a hacer subir y bajar sus enromes y deliciosas tetas por mi polla. La pobrecita se veía pequeña ante semejantes balones, y sólo se veía cuando bajaban sus tetas. ¡Qué sensación tan deliciosa! Manejaban aquellas tetas con maestría, e iban jugando con mi polla por sus canalillos, pasándosela del fondo de los pechos de una al fondo de los pechos de otra. Cuando llegaba a un lado, succionaban y lamían mi polla un instante, me la ensalivaban y volvían a dejarla deslizarse entre sus tetas, camino de la boca de la otra. Así jugaron por unos minutos, pero ya no aguantaba más. Finalmente, me corrí, abrazado por aquellos dos pares de bellos melones. Les dejé los pocos restos que me quedaban en mis exangües testículos sobre aquellas preciosas tetas y ellas lo lamieron y tragaron todo con gran deleite, para luego limpiarme la polla de mis últimos restos.
Volvieron a poner aquellas caras de risas y felicidad y se prepararon para irse, pues eran ya pasadas las seis. Se vistieron y me dieron un beso, más intenso por parte de Yuria, que me dio las gracias por su placentero primer anal. ¡Menuda diosa nórdica!
Se fueron. Me quedé tumbado en la cama, desnudo, mirando el techo y pensando la lotería que me acababa de tocar esa noche, que iba a ser inolvidable. La sonrisa no se me borraba de la cara. A estas alturas, la infidelidad me sabía a poco: ¡me había follado a mi novia y a todas sus amigas! Toda una hazaña multinacional de resistencia.
Miré el reloj: las seis y media. Tenía hasta mediodía para recuperarme, pensé, así que cerré los ojos dispuesto a descansar. Pronto se levantaría toda la gente de la casa. Respiré aliviado. Como si estuviese acosado por vampiros, pronto llegaría el día y con él mi descanso: las mujeres, en compañía, volverían a ser normales y yo podría descansar y recuperarme de la sangría de leche que me habían realizado esta noche. Si lo pensaba bien, había estado, literalmente, follando toda la noche, y estaba exhausto. En estos momentos, compadecía a los actores porno.
Sin embargo, cuando ya pensaba que todo había acabado, abrió la puerta de mi cuarto Andrea, la madre de Valery. Me tapé a toda prisa, pues estaba desnudo y con la polla semierguida todavía. Sin más preámbulos, me dijo, mientras cerraba la puerta, se acercaba a la cama y se quitaba la bata dejando ver que no llevaba nada debajo.
- ¿Ahora que has acabado con todas, te quedará una ración de leche más para una mujer que tiene muy lejos a su marido, verdad? Hace mucho que no me cogen, y estoy sedienta de polla.
- ¿Pero qué dice, señora Andrea? Tápese, por favor. ¿Y si entra alguien?
- ¿Cómo? ¿Me vas a negar ahora el trasiego que ha habido por esta habitación durante toda la noche? Duermo en la habitación de al lado, chico, no me mientas porque sé lo que ha pasado. Primero, tu novia, y luego el resto… ¡ahora me toca a mí!... ¿o quieres que se entere tu novia?
Me quedé anonadado. ¡Me estaba chantajeando para que me la follase! Era la perla de aquella intensa noche. Medité un momento la situación: estaba jodido, si aquella mujer abría la boca, mi novia me la cortaba de cuajo, de eso estaba seguro. No podía más que acceder.
- Está bien. Lo que no sé es de lo que seré capaz, porque llevo seis polvos seguidos esta noche. Yo le dejo hacer, pero no cuente con mi colaboración.
- Nene, eso es más de lo que necesito. Yo solo quiero esa vergota tuya para metérmela bien adentro, y ya me las arreglaré para disfrutar. Al final, seguro que te gusta.
- Señora, esta noche me lo creo todo.
Andrea se acercó más a mí y empezó a menearme la polla para reactivarla, momento que aproveché para observarla más detenidamente. Debía tener cerca de los cincuenta, pero conservaba un cuerpo bastante firme, con unos pechos grandes, si bien no tanto como los de su hija, que eran casi exagerados. Aunque a mí eso igual me daba: me gustaban grandes y punto, y aquellos eran suficientemente grandes. Andrea empezó a mamarme la verga, mientras con una mano empezaba a masturbarse ella también. Yo alargué una mano para tocarle aquellos pechos, que respondieron a mi tacto poniéndose duros. Interesante, pensé para mis adentros, ¡con la edad que tiene y todavía se le ponen duras!. Ese pensamiento me excitó, y poco a poco, y con las ayudas de la mujer, mi verga volvió a resucitar. Yo ya no me sorprendía de nada esa noche.
Cuando estuvo dura de nuevo, se puso a horcajadas sobre mí y se la clavó de una vez. Aquel coño caliente se notaba más cedido que todos los que había probado esa noche, pero cuando empezó a moverse, pronto se notó su buen hacer y su experiencia de años de juego, a todas luces diferente de las anteriores. Nuevamente llevé mis manos a sus pechos, que es algo que me fascina y me vuelve loco. Ella se curvó y me los puso sobre la cara, así que se los comí largamente, mientras ella se deslizaba en paralelo a mi cuerpo, manejando perfectamente toda la longitud de mi verga al entrar y salir. Pronto la mujer acabó corriéndose suavemente. Se paró un instante, contrajo la expresión y ahogó un gemido. Al cabo de un instante, volvió a empezar sus meneos y reanudamos nuestros juegos. Mi polla se mantenía dura, si bien solo notaba un placer sordo, mantenido. Ese placer fue aumentando paulatinamente, a medida que aquella mujer se movía deliciosamente sobre mí.
Estuvo jugando así, lentamente, sobre mí, hasta casi las siete y cuarto. En ese rato creo recordar que tuvo tres orgasmos, cada vez más intensos, y que el sentimiento de placer en mi polla fue aumentando, hasta llegar a un punto que me sentí excitado de nuevo y que tenía ganas de acabar y correrme de una vez. Así que la levanté y pasé a formar parte activa del asunto: la dejé a cuatro patas sobre la cama y la enfilé desde detrás. En cuanto acerté a metérsela de nuevo, empecé a bombearla con gran energía. Si quería correrme, a estas alturas, debía darle muy fuerte y prolongado para conseguirlo. Así que así lo hice.
Le estuve bombeando como cosa de diez minutos a un ritmo frenético. La mujer apenas me podía seguir el ritmo, jadeando y respirando agotada, pareció entrar en un estado de máxima excitación permanente, hasta que se corrió. Pero yo no, y seguí bombeándole, esta vez sin piedad. Seguí y seguí y a base de verga, volvió a recuperarse, aunque estaba exhausta, y finalmente, tras unos minutos más de desenfrenada cogida, nos corrimos simultáneamente, liberando lo poquito que nos quedaba a cada uno. Creo que fue su quinto orgasmo, pero yo con esta llevaba ya seis corridas en la noche.
Pasó un par de minutos hasta que recuperamos el aliento y pudimos hablar. Nos dejamos caer en la cama rendidos del esfuerzo.
-Muy bien…. Muy bien, nene.- Acertó a decir, entre jadeos.
Al poco, empezó a vestirse y abandonó la habitación sin decir absolutamente nada.
Al minuto, salí al comedor, totalmente desnudo, con mi verga semierecta a beber mi vaso de agua. Ya no me importaba quién me viese, pues había pasado todo lo que podía pasar. Casualmente, esta vez no vi a nadie. Bebí mi vaso de agua y me volví a mi habitación a dormir, viniese quien viniese. A los cinco minutos de estar acostado, oí el movimiento de las primeras chicas en el salón, preparándose el desayuno: ¡habría sobrevivido a la noche: Mis vampiresas volvían a la realidad del día, a sus estudios y su vida normal, mientras yo yacía exhausto en la cama. Sabiéndome protegido por el día y porque ya estaban todas en grupo, quedé profundamente dormido.
Mediodía: mi novia ha entrado a despertarme suavemente, me ha dado un beso y me ha susurrado un buenos días.
- Cariño, ya tenemos la comida en la mesa. ¡Has dormido como un tronco! Ayer te debiste fatigar mucho con la jardinería…. Y con mi visita nocturna –me dijo con una risita cómplice. – Date una ducha y sal a comer, cariño, que te estamos esperando todas.
Volví a quedarme solo, empezando a despabilarme. Los acontecimientos de la noche anterior iban viniendo a mi memoria a medida que me despejaba, y pensaba si solo habría sido un sueño fruto de mis pensamientos calenturientos de la tarde anterior. Pero no, había sido real, y las manchas en la cama de los diferentes jugos de las siete mujeres que habían pasado esa noche por mi cama estaban ahí para corroborarlo.
Comí tranquilo, ajeno a las miradas cómplices y lascivas que me lanzaban las mujeres de la casa, aquellos vampiros de leche que habían intentado transformarme aquella noche. No lo permitiría otra vez: a partir de ahora, las combatiría individualmente, hasta dejarlas exhaustas de verdad. Ya se podrán imaginar todo lo que ha resultado de aquella noche.
Y así acabó aquella fatídica y maravillosa noche. Desde entonces, me he convertido en el elemento “relajante” del grupo, y de vez en cuando, tengo que acudir a “desestresar” a mis pobres estudiantes, siempre “agobiadas” por los estudios, aun cuando hace ya unos días que pasó la oposición. Espero que les haya gustado mi relato, aun siendo un tanto largo, y que hayan disfrutado enormemente leyéndolo aunque, como les dije al inicio, seguro que no tanto como lo hice yo aquella noche. No dejen de votarme y por favor, agreguen comentarios, que siempre es agradable saber si les ha gustado el relato o no, o cuál de todas las amigas les gustó más.

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Comentarios enviados para este relato
aledamian27 (4 de December de 2011 a las 08:34) dice: exelente relato, descripción magnífica... la rusa y su amiga... mmm.


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