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Lo que me pasó, por ser celosa…

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Relato enviado por : Narrador el 10/07/2008. Lecturas: 8566

etiquetas relato Lo que me pasó, por ser celosa… .
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Resumen
A consecuencia de mis celos, he pasado la peor experiencia que mujer alguna pueda pasar. Experiencia que me ha llevado a convertirme en la esclava sexual de un amigo de mi esposo.


Relato
Lo mismo da que les diga que soy María que Clara o Inés. Ya que lo bueno de esto es que en realidad, una puede mantener el anonimato, y no es lo mismo contárselo a un perfecto desconocido, que al marido de una. Yo reconozco ahora que he sido, soy y no dejaré de ser celosa, lo peor de todo es que no puedo evitarlo, pero bastante que me he controlado después de lo que me sucedio, aunque es algo que esta dentro de mí ser. A pesar de que realmente mi marido, nunca me haya dado motivos reales, como dice una amiga mía, que se la da de psicóloga. “Lo que pasa Nena es que tu eres sumamente insegura”. Puede que tenga razón, pero como ya les dije, es algo que no puedo evitarlo, y mi marido no es nada del otro mundo, digo hablando en términos físicos.

Pero a consecuencia de mis celos, he pasado la peor experiencia que mujer alguna pueda pasar. Les contaré, mi esposo Roberto, tenía un amigo, o mejor dicho un enemigo, ya que tras pensarlo bien me di cuenta de que Antonio no era amigo de nadie, cada vez que ellos salían para la bolera, o a reparar el auto de mi esposo, o de Antonio, este me dejaba saber lo que habían estado haciendo. La mayoría de las veces, se puede decir que repetía lo mismo que mi esposo me decía, pero de momento sus historias no concordaban, en principio por pequeñas discrepancias, pero al tiempo definitivamente eran del todo diferentes. Lo que me hacía sospechar por completo de Roberto mi esposo, sin dar espacio a pensar que el tal Antonio buscaba sacar algo para él en el fondo.

Un buen día que mi esposo, salió de viaje, por motivos de negocios, Antonio me fue a visitar al día siguiente, le extraño mucho el no encontrar a Roberto, y en ese momento dio la impresión de que realmente, él sabía algo más de lo que me decía. En el transcurso de nuestra conversación, Antonio llamó a su novia la que iba a salir con él, su compañera de habitación le dijo que se había marchado con un amigo, a pasar la semana en un hotel, la compañera de habitación no le pudo dar el nombre del amigo, pero si se lo describió con pelos y señales, y resultó que la descripción que dio esa mujer se ajustaba por completo a la descripción de Roberto de mi marido.

Tras mi insistencia, Antonio me confesó que él y Roberto habían ideado un plan para salir con un par de chicas, que consistía en usar la excusa del viaje de negocios, y encontrarse con ellas en un determinado motel, pero debido a que la chica que pensaba salir con Roberto, el marido de ella que supuestamente estaba de viaje, había regresado sin avisar, lo que tiró todo el plan por tierra.

Ante mi insistencia, le obligué a que me dijese en que motel pensaban hospedarse, y al poco rato me lo dijo. Debido a que se sentía engañado por su novia, lo que Antonio al igual que yo también se sintió también engañado por mi esposo, lo triste de todo era que Antonio pensaba pedirle que se casase con él, según el mismo Antonio me había confesado en esos momentos.

Llamamos al motel, pero de seguro no se habían registrado con sus propios nombres, por lo que Antonio me propuso que fuéramos hasta ese mismo lugar para encontrarlos con las manos en la masa. Yo cegada por mis celos ni lo pensé dos veces, y de inmediato arrancamos para dicho motel, antes por sugerencia del mismo Antonio, empaqué algo de ropa, ya que existía la posibilidad de que de no encontrarse en dicho motel, debiéramos pasar la noche en ese o en algún otro de los motéeles de esa área.

Al llegar Antonio nos registró a los dos mientras que yo esperaba en el auto, cuando le pregunté que nombres había usado, en tono de broma me dijo que los nuestros, pero o tenía nada de dinero, para pagar la habitación y él estaba corriendo con todos los gastos.

Ya entrada la noche, yo no había encontrado ni rastro de mi marido ni de su amante, por lo que me reuní con Antonio en la cabaña, donde luego de intercambiar opiniones me convenció de que existía la posibilidad de que Roberto y su novia fueran a ver el show que presentaban en el salón de bailes del motel. Cosa que me pareció lógica en ese momento. Luego de que los dos disfrutamos del show de comedia, y que continuamos tomando algo más de la Champaña, comenzó a tocar una pequeña banda, y Antonio me invitó a bailar, en el fondo me encontraba tan molesta con Roberto, que sin pensar en las consecuencias de ello acepté de inmediato, a medida que Antonio y yo bailábamos un suave bolero, al regresar a nuestra mesa sentí una gran necesidad de ir a orinar por lo que abandoné la mesa, al regresar me encontré ha Antonio hablando con una chica que se dedicaba a tomar fotos de recuerdo a los asistentes, según me dijo Antonio luego que la chica se marchó, la había contratado para que le tomase fotos Roberto y su pareja en caso de que se presentasen en el local.

Luego volvimos a bailar otro bolero, fue cuando él me comenzó a preguntar que como era posible que una mujer tan linda fina y delicada como yo me hubiera casado con un patán como Roberto, que desde luego no sabía valorar lo que tenía en su propio hogar. A todas estas por las cosas que me estaba diciendo Antonio, yo me comencé a sentir como en las nubes. Al punto que a medida que bailábamos y me apretaba contra su cuerpo con sus fuertes brazos, yo me sentía flotar. A medida que fue pasando la noche, continuamos bailando, y tomando Champán.

Antonio veladamente me comenzó hacer insinuaciones, pero más que todo me hacía ver que deseaba vengarse de su falso amigo, o sea mi marido, a lo que yo tontamente envuelta por mis celosa estupidez, sin darme cuenta de las verdaderas consecuencias, llegue ha estar de acuerdo con él en cierto sentido.

A medida que continuamos bailando, Antonio me apretó más aun contra su cuerpo, y a pesar de la ropa pude sentir su viril miembro contra la parte baja de mi vientre, lo que lejos de molestarme en ese momento me agradó, ya que en el fondo lo vi como parte de nuestra venganza. A medida que continuamos bailando, sus manos comenzaron acariciarme discretamente, mientras que su boca al principio me rozaba las mejillas, en ese momento pensé, cuando nuestros labios se encontraron y su lengua exploró dentro de mi boca, que el responsable de eso era Roberto, y que bien merecido se lo tenía por estar engañándome con la novia de Antonio.

Ya a eso de las doce o una de la noche, al ver que Roberto y su amante no se habían presentado, comencé a dudar de que asistieran, y así se lo hice saber ha Antonio, fue cuando se le ocurrió llamar a un conocido de él y de Roberto, y este le dijo que le había prestado su lancha a mi marido, que se encontraba acompañado de una linda chica, que definitivamente no era su esposa, ya que ese tipo me conocía.

Yo me enteré de todo ya que a medida que Antonio hablaba por el teléfono repetía lo que su interlocutor le decía, para que yo lo pudiera escuchar con claridad, en esos momentos me dieron ganas de salir corriendo al muelle, pero Antonio me aclaró que el bote había zarpado, y que el dueño esperaba que regresara a la tarde del día siguiente, por lo que tendríamos tiempo de sobra, para llegar al muelle, tras descansar, además me indicó que ambos habíamos bebido mucho champán por lo que no era recomendable que ninguno de los dos manejase durante la noche. Lo que realmente me pareció de lo más lógico en esos momentos.

Mientras nos dirigíamos a la habitación del motel, Antonio volvió a tocar el tema de la venganza, y yo como una tonta a medida que él más hablaba de ello, más le daba la razón. Por lo que apenas traspasamos la puerta de nuestra habitación, ese supuesto acuerdo que hicimos entre los dos de que él dormiría en el sofá y yo en la cama, con todas las implicaciones que eso conllevaba, ni siquiera nos pasó por la mente.

Antonio y yo nos dimos un fuerte abrazo y nuestros labios se buscaron al mismo tiempo, tras lo cual nos dimos un desenfrenado beso de lengua, que me llegó hasta los tobillos. A partir de ese momento sencillamente me entregué entre sus brazos, me decía a mi misma que lo hacía por vengarme de la infidelidad de mi esposo. De momento Antonio se ha separado de mi diciendo, que no podía hacer eso, yo me quedé en ascuas, sin saber que decir.

No se como se me ocurrió decirle, que pensará lo que Roberto y su novia estarían haciendo en esos momentos, y tras decirlo yo misma acerqué mi boca a la suya, y continuamos besándonos ardientemente, sus manos recorrían todo mi cuerpo, yo sentía su miembro aun bajo la tela de nuestras ropas como palpitaba con gran fuerza, e hice lo que jamás en mi vida había hecho ni siquiera a mi propio esposo, rápidamente me agaché frente Antonio, y con mis propias manos busqué de manera algo torpe, sacar a su miembro de su encierro, tras lo cual sin pensarlo siquiera un instante me lo introduje dentro de mi boca, fue algo así como un fuerte impulso que no pude controlar, la idea era motivarlo para que continuase, y no se fuera arrepentir, yo no quería el que se detuviera a pensar, ni por un momento en algo que no fuera vengarse de mi marido y su novia.

De momento me encontraba agachada frente Antonio, mis manos recorrían lo largo de su pene mientras que mis labios, boca y lengua jugaban con su glande. Al levantar la vista pude observar en su mirada esa gran satisfacción por lo que le estaba haciendo, sabía en el fondo que ni él ni yo, nos conformaríamos con el solo hecho de que se lo mamase, por lo que aparté mis manos de su verga, y comencé a soltar todos los pequeños botones, del vestido que estaba usando en ese momento. Antonio por su parte se fue quitando la camisa, y a medida que se lo mamaba lentamente y pasaba mi lengua por sobre su colorado glande, luego se soltó la correa de su pantalón, el cual se comenzó a quitar por lo que en ese instante dejé de mamarle su verga.

Yo aproveché para también ese momento para terminar de quitarme el vestido, quedando únicamente con los zapatos de tacón alto, el sostén puesto, el liguero, las medias y mi pequeña tanga que usaba por ropa intima. Antonio al verme así semidesnuda ante el, se apuró por terminar de desnudarse del todo. Luego me volvió a tomar entre sus fuertes brazos y continuamos besándonos de pie frente a la cama del motel, la que en algún momento pensé dormir sola.

Nuestra excitación era tal que realmente ya no pensaba en lo que Roberto mi marido y la novia de Antonio estarían haciendo en la condenada lancha, que por mi se podía hundir con ellos dos adentro en ese mismo instante. Antonio, me fue llevando a la cama hasta que los dos nos acostamos en ella aun besándonos, ya sobre las blancas sabanas sus manos acariciaban sabrosa y divinamente todo mi cuerpo, como Roberto nunca lo había hecho.

Suavemente mi compañero de venganza, me despojó del tanga, y sus dedos comenzó a pasarlos suavemente por el centro de mi raja, al tiempo que me besaba y pasaba su gruesa lengua por mi rostro. Mi cuerpo vibraba cada vez que sus dedos acariciaban mi inflamado clítoris, y ya yo estaba más que deseosa de que continuase con la venganza. Antonio dejó de besarme y comenzó a pasar su calida lengua por todo el frente de mi cuerpo, cuando llegó a la altura de mis senos me quité el sostén y él me medio mordisqueó los pezones, creí que me volvía loca de placer, pero no conforme con eso continuó su lengua continuó recorriendo todo el frente de mi cuerpo, hasta que finalmente su rostro se detuvo sobre mi coño, y comenzó a pasar su lengua lentamente sobre mis labios vaginales y ocasionalmente me chupaba mi inflamado clítoris, creo que ya se los dije, Roberto jamás en nuestra vida de novios y mucho menos de casados me hizo sentir algo semejante en la cama ni en ningún otro lugar.

En esos momentos disfruté de un fulminante orgasmo, como nunca lo había alcanzado con mi propio marido, la verdad sea dicha, mi manera de comportarme con Roberto en la cama distaba mucho de la manera en que lo había estado haciendo con Antonio en esos momentos, lo que yo atribuía a mi sed de vengarme por la infidelidad de Roberto, en el fondo Antonio me llamaba la atención como hombre, no se los voy a negar, de buen cuerpo, pero aparte de que realmente no era mi tipo, lo veía como a una persona poco confiable, pero al parecer en esos momentos mi juicio quedó nublado por mis celos.

Lo que yo veía que nos unía a los dos, era el sentirnos traicionados por nuestras respectivas parejas. Pero dejando eso aparte, Antonio luego de hacerme alcanzar ese divino orgasmo, me mantuvo con las piernas bien abiertas, y dirigió su verga al centro de mi coño, la fui sintiendo como me penetraba centímetro a centímetro, disfrutando profundamente, como se deslizaba dentro de mi ser, por un buen rato se mantuvo dándome por el coño acostado sobre mi cuerpo mientras que yo bajo el suyo me mantenía con mis piernas completamente abiertas para sentirlo hasta el fondo de mi ser, luego cambiamos de posición, colocándome yo en cuatro y el introduciéndolo nuevamente dentro de mi coño pero colocado de tras de mí, al tiempo que nuevamente una de sus manos me acariciaba mi clítoris como queriendo aplastarlo, luego me agarró por las caderas y me lo introducía y sacaba completamente dentro y fuera de mi coño, haciendo que en cada una de sus sabrosas envestidas lo disfrutase plena totalmente.

Yo por mi parte me entregué en cuerpo y alma a lo que estábamos haciendo sobre la cama del motel, movía mis caderas sin pensar en otra cosa que no fuera el sabroso disfrute de lo que pasaba en esos momentos, realmente no me pasaba por la mente lo que Roberto y la novia de Antonio pudieran estar haciendo en la lancha en esos momentos.

En una de esas sacadas y metidas o mejor dicho en una de las metidas en lugar de volvérmelo a enterrar dentro de mi mojado coño, la verga de Antonio se me ha enterrado directamente dentro de mi culo, el dolor que sentí fue tremendo máxime que no lo esperaba, ni tan siquiera me había tocado mi esfínter con sus dedos, por lo que al momento en que me lo enterró he dado un fuerte grito de dolor, que se debió escuchar por todas las cabañas del motel, hasta llegué a pensar que el muy bestia me había partido el culo en dos. Sus brazos me apretaron con gran fuerza contra su cuerpo impidiendo del todo que yo pudiera retirarme.

Por unos instantes su cuerpo permaneció pegado por completo al mío, hasta que nuevamente comenzó a introducir sus dedos dentro de mi coño, al principio el dolor que sentía dentro de mi culo no me dejaba pensar en más nada, pero a medida que sus dedos fuertemente frotaban mi coño por dentro y por fuera, comencé a disfrutar de todo lo que me estaba haciendo el muy bárbaro de Antonio.

En relativamente poco tiempo el muy bestia me había hecho lo que en tanto tiempo ni mis primeros novios ni mi esposo habían hecho, a pesar de haberlo intentado en múltiples ocasiones. Yo a medida que sentía sus dedos penetrar mi coño, al poco rato comencé a mover mi culo, restregándoselo contra su cuerpo, mientras gemía de placer, Antonio me comenzó a decir que me movía como toda una puta perra en celo, y de cuando en cuando me aflojaba una fuerte nalgada que me dejaba el culo ardiendo bajo su gruesa mano.

En ese momento dijo, de manera sarcástica. Pobre Roberto trabajando como un burro, mientras que su mujer se las esta pegando conmigo, al escucharlo decir eso, en parte me he quedado paralizada, no podía dar crédito a lo que estaba escuchado de sus labios, pero Antonio no se detuvo continuo dándome por el culo, he introduciendo su mano dentro de mi coño, por lo que yo continué moviendo mis caderas como si no pudiera controlar el deseo de que me continuase haciendo eso, que tanto me estaba gustando en ese momento.

Rápidamente comprendí que había sido victima del “amigo” de mi esposo, y el como para enorgullecerse de lo que había hecho me continuo diciendo a medida que no para de darme por el culo. Si te engañe, pero por que tu permitiste que lo hiciera, Roberto debe encontrarse en la planta a la que te dijo que iba a estar, de haber sencillamente hecho una llamada te hubieras dado cuenta de todo mi engaño, pero en el fondo deseabas que Roberto te fuera infiel para tu también serlo.

En menos de lo que canta un gallo me lo has mamado y ahora te estoy dando por el culo como lo que eres como toda una perra. Sus palabras retumbaban en mis oídos, pero aun y así no dejaba de mover mi culo contra su cuerpo. Pasó un buen rato metiendo y sacando del todo su gruesa verga de mi culo hasta que finalmente, me dio un empujón y sacando su verga me la ha puesto nuevamente frente a mi boca y me obligó a mamársela nuevamente, hasta que finalmente se vino en mi rostro.

Al terminar me he quedado sin saber que hacer, me quedé tendida sobre la cama en posición fetal, hasta que Antonio dándome una fuerte nalgada, me dijo levántate puta. En ese momento me sentí ofendida, y comencé a reclamarle como era posible que se hubiera aprovechado de mi en tales circunstancias, y me repitió lo mismo que me había dicho mientras me daba por el culo.

Lo que me dejó sin palabras, hasta que me señalo una cámara oculta bajo una caja de cartón que se encontraba sobre uno de los muebles de la cabaña del motel, luego señalándome el televisor, puso en marcha el video, al parecer mientras que yo fisgoneaba por las distintas cabañas del motel, él había colocado esa cámara de video, con la captó todo lo que pasó en la habitación desde el momento en que llegamos en el que se me veía como nos besábamos y como él se detenía y yo manifestaba con mis acciones mi interés por continuar, mamándole su verga sin vergüenza alguna.

Luego detuvo la cinta y me dijo, piensa bien lo que vas a decir, ya que como sabes una imagen dice más que mil palabras, y no creo que tu Santo esposo se crea el cuento de que yo me aproveché de ti, o por lo menos no es eso lo que se puede ver en la cinta. Llorando me senté semidesnuda, en el borde de la cama con mi cabeza entre mis manos, únicamente tenía puesto mi liguero y mis medias negras, sin saber que hacer, pensaba como era posible que hubiera caído en una trampa tan obvia como esa.

Sabía que de decírselo a mi marido, aparte de que en consecuencia me pediría el divorcio de inmediato, le causaría un gran pesar y dolor, al saber que lo había engañado con su mejor amigo. Nuevamente Antonio se dirigió a mi, pero ordenándome sencillamente que me pusiera a mamárselo, yo en principio me negué hacer eso de nuevo, hasta que se colocó a mi lado y dándome una fuerte bofetada me dijo, que no se vuelva a repetir eso, de ahora en adelante cada vez que yo te de una orden la obedeces, o tu esposo recibirá una copia de esta cinta y de las fotos en el salón de baile, cuando dijo fotos en plural, me mostró como unas diez, que la muchacha de la cámara debió tomarnos sin que yo me percatase, en la que se nos podía ver bailando, y besándonos mientras tanto, como Antonio con sus manos acariciaba todo mi cuerpo ante la mirada cómplice del resto de los asistentes al local.

Realmente me di cuenta de que me tenía entre sus manos, tras lo cual nuevamente me ordenó que se lo mamase, y aun en contra de mi voluntad así lo hice. A partir de ese momento por decirlo de alguna manera me había convertido en la esclava de Antonio, en como el mismo me llama “su puta particular”. Cuando regresé al día siguiente a mi casa, no sabía como actuaría cuando Roberto estuviera frente a mí. Procuré controlar mi estupidez que tanto me habían costado, realmente cuando mi esposo llegó me porté como si nada nuevo hubiera sucedido, si me comentó que le había extrañado que no lo hubiera llamado, a lo que yo buscando distraer su atención le pedí que me hiciera el favor de restregarme la espalda mientras me bañaba, como era de esperar después de casi tres días sin verme, apenas me comenzó a pasar el jabón por la espalda se comenzó a quitar la ropa, y a los pocos minutos nos encontrábamos manteniendo sexo bajo la ducha.

Roberto casi por costumbre, cada vez que mantenemos relaciones me pide que le de mi culito, a lo que normalmente siempre me he negado, pero en ese momento me encontraba completamente enjabonada, y en lugar de negarme sencillamente me coloqué en una posición en la que le fuera fácil el penetrarme, mi marido no me lo volvió a pedir sino que sencillamente sacó su verga de mi mojado coño, y guiándola con su mano la colocó frente al hueco de mi culo, el cual se ha tragado por completo la verga de mi marido, ante su propio asombró.

A medida que Roberto me clavaba por el culo, yo misma con mis dedos me acariciaba el coño, jugueteando con mi clítoris y he introduciendo mi mano sabrosamente dentro de mi culo. Al terminar mientras nos secábamos, Roberto me preguntó a que se debía ese cambio de opinión a que me diera por el culo, y yo sencillamente le dije que no había cambiado de opinión que él se había aprovechado de un descuido mío, lo que le causó risa. Desde esa época nuestras relaciones han mejorado significativamente, ya que también se lo he mamado en medio de nuestra sala cuando él se ha puesto a ver televisión.

En cuanto ha Antonio, les diré que él abusa del pode que tiene sobre mi persona, ya que en ocasiones me hace hacer cosas, de las que en condiciones normales ni pensaría en ellas, pero ante el temor de que se lo diga a mi esposo, cedo mansamente a cualquier reclamo del. Al principio se satisfacía poniéndome a mamárselo, o dándome por donde se le antojase en ese momento, claro que Roberto no estuviera en casa. Pero un mal día me dijo que me vistiera de lo que yo en el fondo era, al principio no le entendí, pero cuando me lo repitió de la manera tan particular entendí que me quería vestida de puta.

Me dijo que un amigo suyo necesitaba que le hicieran un pequeño favor, me llevó a una clínica de salud mental privada, y me ordenó que se lo mamase a un tío que parecía estar en estado de coma, posteriormente Antonio me dijo que se encontraba en estado catatonico, pero apenas comencé a mamárselo me di cuenta de que rápidamente había salido de ese estado, a los pocos momentos su verga se comenzó a poner dura dentro de mi boca, tras lo cual a pedido del mismo “paciente” me senté sobre su gran verga.

Al día de hoy sigo siendo “su puta particular”, en algunas ocasiones me ha ordenado, mantener relaciones sexuales con otros hombres y mujeres y para colmo hasta con su perro, a lo que he accedido por temor a que le cuente a mi marido y al resto del círculo de nuestras amistades. En el fondo deseo que continué siendo mi amo, lo que temo es que algún día Roberto, o alguna otra persona que nos conozca se de cuenta de lo de Antonio y yo.



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