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Lo que nos sucedió en nuestras vacaciones…

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Relato enviado por : narrador el 18/09/2013. Lecturas: 6909

etiquetas relato Lo que nos sucedió en nuestras vacaciones… Confesiones .
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Resumen

Mi esposa, y yo nos encontrábamos disfrutando de unas merecidas vacaciones en la Republica Dominicana, específicamente en la Romana. Por lo que a diferencia de cuando estamos en casa, decidí salir bien temprano a caminar solo, ya que mi mujer la noche anterior, se excedió bebiendo, lo que trajo en consecuencia de que se volviera un poco loca, y aparte de que dio un tremendo show y nos hizo pasar tremenda vergüenza al casi desnudarse en la sala de baile, también se le insinuó a la mayoría de los hombres que se encontraban en el bar del hotel.



Relato


Pero al día siguiente, desde temprano en la mañana, Luisa estaba pagando las consecuencias, sin poder casi levantarse de la cama, se la pasó gran parte del tiempo vomitando en el baño, además de quejarse de un tremendo dolor de cabeza y malestar por todo su cuerpo.
Mientras que yo, después de que ella se emborrachó, como me la pasé casi toda la noche cuidándola, después de que dormí unas cuantas horas, me desperté con unas fuertes ganas de salir a caminar, atraído por los atractivos paisajes que rodean la zona, tras darme una buena ducha, me vestí apropiadamente, tomé mi pequeño morral, en los que llevaba mis cámaras, y varias botellas de agua, aparte de un pequeño refrigerio, para el camino. Así que me despedí de mi esposa, que parecía estar más muerta que viva, por beber excesivamente la noche anterior.

Mi intención era hacer algo de campismo, caminar por la vereda de algún riachuelo, y desde luego tomar un sin número de fotos. Por lo que apenas localicé un llamativo lugar, le pedí al chofer del taxi que me dejase en ese punto del camino, quedando de acuerdo en que me recogiera antes de caer la noche en ese mismo sitio. Lo que yo ignoraba en esos momentos era que Luisa al rato que me marché, y tras darse una ducha, se medio vistió, y bajó a uno de los restaurantes del hotel no precisamente a desayunar, sino que después de hablar con una de las meseras, le pidió algo ayudarla a pasar los efectos de la borrachera de la noche anterior. La mesera le trajo un blody mary bien cargado, y una cerveza Presidente, según me contó Luisa después.

Al parecer el efecto de ambas bebidas, según mi mujer le quitó rápidamente todo el malestar que tenía encima. Así que después de eso decidió dar un paseo por el hotel, pero me dijo que cuando recordó la manera tan tonta en que se había comportado la noche anterior, muerta de vergüenza, regresó a la habitación, diciéndose a sí misma que nunca más volvería hacer algo como eso.

Mientras que yo, apenas comencé a caminar entre la maleza con el fin de alcanzar la vereda de un riachuelo, que se descolgaba de la montaña, me di cuenta de que había cometido un error al ponerme esos ajustados pantalones cortos, ya que la maleza y los zancudos, rápidamente me hicieron estar consciente de ello. Pero aun y así continué con mi caminata por la vereda del riachuelo.

A medida que iba subiendo, fui viendo una que otra casucha, habitada seguramente por campesinos del lugar, abundantes sembradíos de plátanos, bananos, y otras plantas que no lograba reconocer. Pero al llegar a un recodo del riachuelo, me percaté que varios metros, más adelante un grupo como de cuatro hombres jóvenes, iban caminando delante de mí.

Mientras tanto mi esposa, estando sola en la habitación, no se le ocurrió nada mejor que abrir una de las botellas de cortesía que dejan en el pequeño bar dentro de la habitación.

Yo procuré no darles alcance, a esos cuatro hombres, por aquello de que más vale prevenir que lamentar. Así que mantuve siempre cierta distancia entre ellos y yo, además no quería que se dieran cuenta de mi presencia. Ya que a medida que iban caminando, me percaté de que entre los cuatro, mantenían un tipo de juego de manos algo raro para mi gusto. Ya que cuando no era uno que le agarraba las nalgas a cualquiera de los otros, otro de ellos venía y sin vergüenza alguna, me daba la impresión de que por joder o quién sabe qué, a ese o también le agarraban las nalgas. Además dos de ellos andaban agarraditos de mano, como si fueran novios.

Eso sin contar las muchas veces, que alguno de los cuatro, se ponía hablar como si fuera una mujer. Diciéndole a los otros tres, que como ella, nadie movía las nalgas, al momento de bailar. Y a medida que seguían caminando, montaña arriba, continuaron con sus juegos de manos, chistes y bromas entre ellos cuatro. Yo realmente estuve a punto en varias ocasiones de regresar sobre mis pasos, pero en el fondo creo que la curiosidad por ver que sucedía entre ellos me hizo continuar siguiéndolos, discretamente.

Ya llevaba casi media hora caminando, desde que los encontré, en el camino. Cuando al parecer llegamos a una especie de laguna, que se debió haber formado de manera natural dentro de ese espeso bosque. No bien los cuatro jóvenes se detuvieron, de inmediato y sin encomendarse a nadie, se han quitado la poca ropa que llevaban puesta, quedando los cuatro completamente desnudos.

Hasta ese momento ni tan siquiera me había fijado en el color de su piel, pero al verlos así no pude menos que darme cuenta de que los cuatro hombres jóvenes, aparte de tener cuerpos casi atléticos, el color de su oscura y brillante piel negra, me llamó más la atención. Todos y cada uno de ellos, era dueño de un instrumento, que desde aun a pesar de la distancia en que yo me encontraba oculto de ellos, podía darme cuenta que por mucho, los cuatro mucho más grandes, largos y gruesos que mi propio miembro.

Yo desde mi retirado escondite, lo que vi me dejó boquiabierto, casi de inmediato los cuatro se han metido al agua, y ya dentro de ella, continuaron con sus raros juegos de mano. Pero de manera mucho más descarada, al grado que a par de ellos los vi recostarse en la orilla, en donde se dedicaron a besarse y acariciarse mutuamente, mientras que los otros dos lo hacían dentro del agua.

Yo no podía creer lo que estaba viendo, y mucho menos aceptar que eso me tuviera excitado a mí de la manera en que lo estaba. Al grado que aun oculto entre la maleza, me bajé mis pequeños pantalones, y a medida que los vi besándose y acariciándose mutuamente, yo oculto tras unas matas, comencé a masturbarme. En mi vida me había sucedido algo semejante, que el ver a cuatro hombres como ellos besándose y acariciándose mutuamente, me excitase de tal manera.

Yo no perdía ni una sola escena de lo que sucedía en la laguna, sus besos, caricias, y agarres indiscretos, así como de momento que uno de los cuatro se dedicó a lamer de manera excesiva, el erecto miembro de uno de sus compañeros. Poco a poco, a medida que yo seguía observando como ellos continuaban con sus juegos, yo me fui despojando de toda mi ropa, hasta quedar tan desnudo como lo estaban ellos cuatro.

A medida que los continué observando, reconozco que me dio envidia, el ver la manera en que mutuamente entre ellos cuatro se agarraban, acariciaban, besaban, y hasta mamaban entre ellos los miembros de sus compañeros. Fue en ese instante, cuando me sucedió lo que yo menos esperaba en mi vida. Oculté mi pequeño morral y mi ropa entre unos arbustos, y de golpe me he puesto de pie, y sin poder evitarlo, comencé a caminar como hipnotizado, completamente desnudo, hacía donde los cuatro se encontraban.

Los cuatro al verme, de inmediato dejaron de hacer lo que estaban haciendo. Pero a medida que yo me fui acercando a ellos, fueron saliendo del agua, y poniéndose de pie, hasta que yo les di alcance en la orilla. Algo cortados, se me quedaron viendo, y quizás sorprendidos al verme completamente desnudo, tímidamente me han saludado, mientras que yo no sabía ni qué diablos hacía yo ahí de pie entre ellos, y sin nada de ropa. Una de las cosas que siempre me han causado cierta inconformidad, con mi persona, es lo pálido y blanco de mi piel. Pero en ese instante, a medida que los cuatro comenzaron a rodearme, y caminar a mí alrededor, no me quedó duda alguna que casualmente era eso lo que más les llamaba su atención.

Yo me encontraba por primera vez en mi vida en una situación semejante, completamente desnudo, entre otros cuatro hombres también desnudos, que no apartaban su mirada de mi delgado y pálido cuerpo.

Ellos continuaron caminando a mí alrededor, y fue cuando sentí una de sus manos que se posó en mis paradas y firmes nalgas. Si en algún momento tuve dudas de lo que me podía llegar a pasar, en ese instante tuve la certeza, de que por primera vez en mi vida, iba a ser sodomizado, y para colmo por los cuatro. Ya que a medida que el que me agarró la nalga, continuó haciéndolo con la mayor confianza del mundo, los otros tres, lo imitaron, al tiempo que comenzaron a comentar entre ellos. Mira que culito tan lindo tiene este tipo. Mientras que otro acariciando mi rostro, y en especial mis labios dijo. Para mí, que tiene cara de que le gusta mamar. Yo a todas estas no pronunciaba ni una sola palabra, hasta que uno de ellos me preguntó, en un tono gracioso para mí ¿como tú te llamas?

Lo único que se me ocurrió responder, con un fuerte y falso acento alemán. Mi nombre es Ángel. Los cuatro al escucharme, se rieron y el más alto de ellos sin dejar de acariciar mis nalgas, me dijo. Para nosotros serás Ángela, estás de acuerdo. A lo que yo automáticamente respondí un sonoro Ja, o sea si en alemán.

Fue justo en ese mismo instante, cuando uno de ellos se fijó en mi miembro, el cual prácticamente había desaparecido por completo entre mis piernas, no sé que le sucedió a mi verga, pero en fracciones de segundos, se puso bien chiquita, como nunca antes la había visto. Es como si se avergonzara de sí misma, al estar frente a semejantes vergajos.

Después de eso, entre los cuatro, me recostaron sobre la blanda tierra lodosa de la orilla de la laguna. Sin casi hablar, sus manos continuaron acariciando todo mi cuerpo, y a medida que todo eso fue sucediendo, fui sintiendo, como algunos de sus dedos los introducían dentro de mi culo. Sin que yo opusiera la menor resistencia, al tiempo que de momento frente a mi cara tenía una erecta verga, la que sin pensarlo dos veces me dediqué a lamer, tal y como había visto que uno de ellos se lo había hecho a uno de sus compañeros.

Pase un buen rato dejándome ser acariciado, por ellos cuando el más alto, extrajo de mi culo sus dedos y comenzó a usar su cosa dura y caliente, que presionaba suavemente contra mi abierto y dilatado esfínter. A medida que esa cosa me fue penetrando, lo cierto es que hasta las lagrimas corrieron por mi mejilla, fue cuando el que me penetraba me preguntó si era mi primera vez, y nuevamente le respondí que sí en Alemán.

Y anquen me sentía sumamente avergonzado, por todo lo que me estaba sucediendo, al mismo tiempo, lo disfrutaba tanto que no podía creerlo. Después de un corto rato, y mientras el más alto continuaba dándome sabrosamente por el culo, yo dejé de lamer la verga del otro, para dedicarme a mamársela con todas mis ganas.

Por espacio de un tiempo indeterminado, yo disfruté de la atención de ellos dos, lo que más me sorprendió, fue que a medida que mamaba y dejaba que me dieran por el culo salvajemente, al rato uno de los otros dos jóvenes, se dedicó primero a masturbarme, pero sin llegar a tener el efecto esperado, por lo que a medida que sus amigos me hacían feliz, él se dedicó a mamar mi abochornada verga, hasta que después de un buen rato, logró que se fuera poniendo dura.

Yo no podía creer que disfrutase tanto todo lo que me estaba sucediendo, en ocasiones lo único que salía de mis labios cuando tenía la boca vacía era, un sonoro Wunderbare o sea maravilloso en alemán. Los cuatro hombres, me hicieron sentir extremadamente feliz, al grado que hasta me han dado en varias ocasiones unas cuantas mamadas de culo, que me dejaron deseoso de que continuasen clavándome sus enormes vergas.

Entre los cuatro, perdí la cuenta de cuantas veces me han comido el culo, de la misma manera que ignoro la cantidad de veces que mamé sus vergas, hasta el punto de tragarme su blanco semen, en varias ocasiones. Pero de la misma manera que par de ellos me mamaron el culo, yo gustosamente también se los mamé a ellos cuatro.

Ya el sol del medio día se encontraba en su punto más alto, mientras que yo me encontraba tirado en la orilla, con mi culo bien abierto, súper agotado, cuando escuché a uno de ellos decirles a los otros tres, vámonos que si no llegaremos tarde al trabajo.

Así que mis cuatro amantes se marcharon dejándome tirado en la orilla de aquella pequeña laguna. Yo estaba tan agotado que poco me importó que alguien más me fuera a ver en las condiciones que yo había quedado. Cuando después de un buen rato sentí que alguien se encontraba parado frente a mí, se trataba de un hombre, bastante mayor, delgado, y que justo en ese instante se encontraba sacando su verga del pantalón. Yo no hice ni tan siquiera el menor esfuerzo por desalentarlo, y casi de inmediato con una agilidad tremenda, se ha colocado tras de mí y en fracciones de segundos, me ha enterrado toda su tremenda verga por el culo. Yo vine despertándome cuando el sol ya había comenzado a declinar sobre uno de los montes cercanos, de mi último amante ni sus huellas había dejado, y si las dejó yo no las vi.

Tras lavar todo mi cuerpo en el agua, y expulsar todo lo que me dejaron dentro de mis nalgas, busqué mi pequeño morral, me vestí y me encamine a mi punto de partida. Apenas llegué y la noche había comenzado a caer llegó el chofer del hotel a recogerme.

Desde luego que no pensaba decirle nada a mi mujer, de lo que me había sucedido, pero al entrar en la habitación, cuál no sería mi sorpresa al encontrar a mi esposa, acostada con dos completos desconocidos, de no ser que lo tíos eran, un par de negrotes, el doble de alto que yo, y que un brazo del más pequeño de ellos, era como el doble que mis piernas, seguramente les hubiera hecho pasar un mal rato.

A mí no me quedó más remedio que quedarme callado, y esperar que ellos, de manera discreta se marchasen. Pero una vez que se fueron, le pregunté a mi esposa de manera tranquila, que era lo que había hecho.

Luisa al principio en un mar de lagrimas no dejó de pedirme perdón, y una vez que se tranquilizó, me contó que al despertarse, y verse sola, aun sentía los efectos de la noche anterior, por lo que al bajar al restaurante, y pedirle a uno de los meseros algo para que se le quitase el malestar. Alguien le trajo una cerveza, y en un abrir y cerrar de ojos se le quitó todo. Por lo que tras comer un poco continuó bebiendo.

Al ver que yo no llegaba, se fue al salón de baile, donde conoció a esos dos tipos, y entre baile y cerveza, me dijo que realmente no se acuerda como terminó en la cama con ellos. Yo por una parte me encontraba bien molesto con ella, pero por otra parte, el escucharla contarme todo lo sucedido, me excitó de tal forma y manera, que terminé acostándome con ella, mamando su coño, y hasta dándole por el culo, a medida que le contaba lo que me había sucedido a mí, pero diciéndole que había sido asaltado por cuatro hombres cuando me bañaba en aquella laguna, y contándole con lujo de detalles todo lo que esos cuatro desgraciados me obligaron hacer.

Claro que Luisa se sorprendió al escuchar lo que supuestamente me había pasado, pero posteriormente se dio cuenta de que a mí también me gusta que me den por el culo.

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