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Me pasa lo mismo que al alacrán, no puedo ir contra mi naturaleza…

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Relato enviado por : narrador el 30/01/2018. Lecturas: 1314

etiquetas relato Me pasa lo mismo que al alacrán, no puedo ir contra mi naturaleza… Confesiones .
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Resumen
Como me casé bien jovencita, pensé que la mayoría de mis errores de juicio, se los atribuí a mi falta de experiencia. Ya que en muchas ocasiones, le fui infiel a mi esposo. Y lo peor de todo fue, que lo hice con varios de sus mejores amigos. En una ocasión Rodrigo, tuvo que irse de viaje por varios días, debido a su trabajo. Por lo que yo me quedé sola, y sumamente aburrida en casa.


Relato


Así que no se me ocurrió nada más inteligente que llamar a Julio, uno de sus amigos, con la idea de que me sacara a dar una vuelta, ir a caminar al Centro Comercial, tomarnos una taza de café, en fin distraerme un poco. Julio apenas lo llamé, se presentó casi de inmediato. Y en efecto fuimos al centro comercial, caminamos, y nos tomamos un café. Solo que Julio, me invitó al cine, y aunque la película era algo macabra, la pasé bien, ya que Julio me permitió que agarrase su brazo, en aquellas escenas en que la verdad es que sentí mucho miedo. Al salir de ver aquella tenebrosa película, yo seguí colgada del brazo de Julio, que me invitó a que fuéramos a escuchar algo de música en vivo. Quizás debí darle las gracias, y decirle que no. Pero eso de llegar a mi casa, completamente sola, después de haber visto aquella película, como que no tenía mucho sentido para mí. Así que acepté su invitación, y nos fuimos a un Pub, donde aparte de escuchar a una banda de rock tocar en vivo, me invitó un cerveza, y luego otras. En cierto momento, me sacó a bailar, y yo acepté de buena gana. Pero a medida que seguimos bailando, y bebiendo. Cuando el amigo de mi esposo, comenzó a apretarme contra su cuerpo a medida que seguimos bailando, por lo mareada que ya me encontraba pensé, que eso no tenía nada de malo, y así seguimos bailando, bien juntos. Tanto que sentía su respiración sobre mi cuello, y hasta su duro miembro, pegado a mi bajo vientre. En cierto momento, Julio comenzó a besarme, sin que yo me opusiera, estaba tan feliz, que al sentir sus manos, acariciando mi cuerpo, que no le dije nada. Y bueno entre tantos besos, y caricias, al salir del Pub, en lugar de irnos a casa, Julio me llevó a un motel. Y no es que yo fuera idiota, como para no saber qué era lo que él deseaba, solo que como me sentí tan libre, y estaba súper excitada. Por lo que después de registrarnos, y entrar a la habitación, nos seguimos besando, como si se fuera acabar el mundo. Lo cierto es que de Rodrigo, ni me acordaba, lo que deseaba era que Julio continuara haciéndome feliz. Así que más rápido que inmediatamente, yo misma me quité toda la ropa, quedándome completamente desnuda, frente al amigo de mi esposo. Julio al verme así me recostó sobre la cama, hizo que separase mis piernas, y mientras acercaba su rostro a mi vulva, me dijo. Voy hacer que no te olvides de mí. Y casi de inmediato enterró su cara entre mis piernas, dedicándose a mamar divinamente mi coño, chupando, y lamiendo los labios de mi coño, y separándolos también me chupo, y mordisqueó sabrosamente mi clítoris. Cosa que Rodrigo, en el tiempo que llevábamos de casados, nunca me había hecho. Yo gemí, grité, reí, y hasta lloré, pero de placer. Hasta que Julio, con su boca me hizo disfrutar de un salvaje orgasmo, como nunca antes lo había disfrutado. Mientras que yo recuperaba la respiración, él se terminó de quitar toda su ropa, y lentamente se fue colocando sobre mí, penetrándome deliciosamente. Julio había dejado mi coño tan sensible, que a medida que me comenzó a penetrar, yo nuevamente hasta me puse a llorar pero del placer que sentía, cada vez que me enterraba con fuerza su dura verga, dentro de mi húmedo coño. Esa noche, el amigo de mi esposo y yo, hicimos de todo. Ya que en ciertos momentos, le estuve mamando su miembro, y hasta por el culo me dio. Cuando salimos del motel, ya había comenzado amanecer. Yo regresé a casa, me di una buena ducha, y me metí en la cama, contenta de la vida. Cuando me desperté, ya cerca de las tres de la tarde, fue que me puse a pensar, en la locura que había hecho. Pero en esos momentos, yo misma pensando en mi esposo, me dije. Ojos que no ven, corazón que no siente. Así que cuando Julio me llamó, yo sabía que era lo que él deseaba. Y como bien me dijo, antes de ponerse a mamar mi coño. No me iba a olvidar de él. Y la verdad es que no, no olvidé la sabrosa manera en que me mamó el coño, ni todas las cosas que posteriormente hicimos. Julio y yo, seguimos saliendo, cuando Rodrigo estaba de viaje, por su trabajo. Y bueno, yo apenas tenía diecinueve años en esos momentos. En otra ocasión, Raimundo otro de sus amigos, un día que nos fue a visitar. Yo a pesar de que a Rodrigo, no le gustaba, me había puesto una mini, y por traviesa, cuando mi esposo, no se daba cuenta, distraída e inocentemente le mostraba mis nalgas, y algo más a su amigo, al que parecía que sus ojos se fueran a salir de sus orbitas. Cuando Raimundo se disponía a irse, casualmente su coche no prendió, y por más que Rodrigo, y él trataron de arrancarlo, no pudieron. Así que lo dejó en el garaje de casa, para regresar al siguiente día, para ver si lograba que arrancara. Solo que cuando Raimundo pasó, ya Rodrigo se había ido a trabajar. Yo me encontraba arreglando el patio trasero de casa, y andaba de lo más cómoda vestida únicamente una amplia camiseta de mi esposo, sin más nada abajo, aparte de las chancletas. Raimundo, en menos de diez minutos, logró arrancar su auto. Luego pasó al patio para despedirse de mí. No sé si fue, casualidad o qué, pero esa mañana Rodrigo, quiso hacer un rapidito, dejándome a mí con las ganas de seguir. Solo que se levantó, se dio un baño, y ni tan siquiera esperó que le preparara el desayuno. Yo que estaba limpiando el patio, arrodillada. Por lo que no me di cuenta, de que Raimundo estaba tras de mí observando mis nalgas. Hasta que lo escuché pisar una rama. Al darme cuenta de su presencia, me las arreglé para que la camiseta se me subiera un poco más, dejando prácticamente todas mis nalgas, y gran parte de mi coño al aire. Pero de golpe que me doy la vuelta, y haciéndome la sorprendida al verlo a él de parado tras de mí. Algo de lo que me di cuenta de inmediato, fue como a Raimundo se le marcaba toda aquella cosa, en su pantalón. Yo que casi no le hablaba a él, al verlo así, lo que me provocó fue invitarlo a nuestro dormitorio. Así que con la excusa de que me ayudase a mover un mueble, en nuestro dormitorio, hice que me siguiera. Mientras caminaba frente a él, el solo sentir su fija mirada en mis nalgas, eso hizo que me olvidase de mi marido, y apenas entramos en la habitación, sin más ni más me quité la camiseta de Rodrigo, que cargaba puesta, mostrándole todo mi cuerpo desnudo, sin vergüenza alguna a su amigo Raimundo. Él, que no es idiota, nada más de ver la manera en que yo me quite la camiseta, y como lo estaba viendo, supo leer mi mente, y sin demora, nos comenzamos a besar, de manera ardiente, yo misma lo comencé y terminé de desnudar a él, por completo, y tras recostarme en la cama, con mis piernas bien abiertas, le ofrecí mi caliente coño. Sentí como me fue penetrando, divinamente, con aquella gruesa, larga, y venosa verga, al tiempo que como una poseída, movía mis caderas con toda mi fuerza, restregando mi cuerpo contra el suyo. Y desde esa ocasión, Raimundo también comenzó a pasar por casa, una o dos veces a la semana. Pero como dicen, que todo lo bueno se acaba, ni idea tengo quien le fue con el chisme a mi marido. Yo traté por todos los medios, de disculparme, con Rodrigo. Atribuyendo mi insensata conducta, a mi inmadurez. Pero finalmente nos divorciamos. Al poco tiempo me puse a vivir, con Ricardo, un ex novio mío. Conseguí empleo, como recepcionista de una empresa, y como al mes de estar trabajando en esa empresa, en una de las celebraciones que hacía la empresa, me enredé con el contable. La cosa fue que nos pusimos a beber, y realmente no tuvo que esforzarse mucho, para convencerme de que lo acompañase a su oficina. En donde nos comenzamos a besar, al tiempo que de manera rápida me comenzó a desnudar, y acariciar sabrosamente todo mi coño, tras limpiar su escritorio me recostó, y comencé a sentir como su parada verga, sabrosamente iba penetrando toda mi vulva. Yo estaba disfrutando de un tremendo orgasmo, cuando un par de empleados, debido a los gemidos, y gritos de placer que yo daba, a medida que el contable seguía penetrándome. Nos encontraron teniendo sexo. Para evitar que fueran con el chisme a la gerencia, me tocó a mí, ponerme a mamar sus vegas. Claro que Ricardo, no se enteró de eso, pero la fama de puta, dentro de esa empresa no me la ha quitado nadie, aun y después de que me fui para otro trabajo. Ya que cuando aún trabajaba ahí, sí tenía la oportunidad, y mi marido no se enteraba, salía con algunos de mis compañeros de trabajo, con los cuales me acostaba. Hasta que un día, Ricardo me sorprendió en una de esas salidas, que tuve. No me dijo nada, solamente cuando regresé a su apartamento, encontré todas mis cosas metidas en varias bolsas negras, de esas que se usan para echar la basura. Eso como que me hizo recapacitar, y después de tener otros maridos, cuyos nombres no vale la pena recordar, conocí a Gerardo por accidente, ya que para no mojarme con una fuerte lluvia que estaba cayendo, me refugié en la iglesia, a la que él asistía. Gerardo se convirtió en mi siguiente marido, que a diferencia de los anteriores, es una muy buena persona, por un tiempo me porté bien, evitando serle infiel con otros hombres. Hasta que terminamos casándonos. Pero como al año de estar casados, sin motivo alguno aparentemente, comencé a sentirme sumamente deprimida, mi carácter se comenzó agriar, y discutía por cualquier pendejada, y lo peor de todo, como me dijo Gerardo, es que aún no cumplo los treinta, por lo que era muy joven para estar sufriendo de menopausia. Por lo que fui a mi ginecóloga, y después de todos los exámenes y laboratorios, me dijo que yo estaba bien. Yo seguía sintiendo esos sofocones, y dentro de mí esa extraña sensación de buscar alguna aventura para calmarme. La misma sensación que me hizo cometer tantas locuras. Lo cierto es que no tenía a nadie en mente, lo que me provocaba era acostarme con el primer tío que apareciera. Cosa que realmente no hice. Pero ese deseo enorme, no se me quitaba de la mente, así que me puse a pensar, que era lo que me sucedía, ya que aunque tenía un buen marido, y bastante cumplidor en la cama, yo sabía que necesitaba algo más. Algo dentro de mí, como que me empujaba a buscar una aventura. Fue cuando por casualidad escuché el cuento del alacrán. Que tras convencer a un sapo que lo dejase montar sobre sus espaldas, para así poder cruzar un rio. Cuando el sapo iba como a la mitad del río, el alacrán que le había jurado, y hasta prometido, que no lo iba a picar, le asestó su aguijón sobre la espalda del sapo. El sapo mientras se comenzó a quedar paralizado por el veneno, viendo al alacrán que también se estaba ahogando, por no saber nadar, le preguntó ¿Por qué lo has hecho? Ahora tú también vas a morir. Y el alacrán mientras se ahogaba le respondió, es que no puedo ir en contra de mi naturaleza. El escuchar eso, hizo que me diera cuenta, que lo que me sucedía, era que estaba luchando en contra de mi naturaleza. Por lo que, decidí hacer una pequeña prueba, y llamé por teléfono a Julio, uno de mis antiguos amantes, con el cuento de que quería saber que era de la vida de Rodrigo mi primer esposo. Por lo que quedamos en vernos, en un centro comercial cercano a su residencia. Julio se presentó puntualmente, y apenas me vio, comenzó a decirme lo bella que estaba, y no tardó mucho en invitarme a un motel. Cosa que en principio, no pensé aceptar. Pero desde que me lo dijo, comencé a sentir esa rica excitación que recorría todo mi cuerpo Por lo que, sin hacerme mucho de rogar, acepté de inmediato su invitación. Apenas entramos a la habitación del motel, Julio me levantó la falda del vestido, al tiempo que me bajó la braga que estaba usando, y recostada bocarriba sobre la cama, con mis piernas bien abiertas, Julio se dedicó a darme una tremenda mamada de coño. Tan deliciosa, y tan rica, que por un largo rato me mantuve restregando su rostro, una y otra vez contra mi abierto coño, sintiendo placenteramente como me chupaba, y mordisqueaba sabrosamente toda mi vulva, como con su lengua lamía mí clítoris, hasta que en medio de mis profundos gemidos, me hizo disfrutar de un tremendo orgasmo. Luego, nos fuimos desnudando, y ya en la cama, donde me hizo gozar como una verdadera loca, sintiendo como una y otra vez mí caliente coño se tragaba todo su miembro. Esa tarde, yo también le mamé su verga, en varias ocasiones, y hasta de lo contenta que me encontraba, y como de costumbre, le ofrecí mis nalgas, para que me diera salvajemente por el culo. En fin, lo disfruté tanto, que hasta quedamos en volvernos a ver. Cosa que he seguido haciendo, así como con otros antiguos, y nuevos amantes, y varios los exmaridos que he tenido. Mis fuertes depresiones desaparecieron, mi mal humorado carácter también desapareció, así como el estar peleando por cualquier tontería. Después de un tiempo, Gerardo se dio cuenta de mi evidente cambio de carácter, y al preguntarme, con cierta alegría ¿cuál era la causa? Avergonzada decidí confesárselo todo, diciéndole finalmente mientras lloraba. Que a pesar de lo mucho que lo amaba, y respetaba, traté inútilmente de controlarme, ya que no podía ir contra mi propia naturaleza. Aunque con la idea de que apenas terminara, seguramente me pediría el divorcio. Pero para mi mayor sorpresa, y alegría no fue así. Gerardo aunque no le gusta hablar del tema, ocasionalmente, mientras estamos en la cama, teniendo sexo. Me pide que le cuente de forma detallada, las últimas aventuras que he tenido. Así que amiga que has leído mi relato, si sientes algo parecido o semejante, a lo que yo sentía, primero ve donde tu ginecóloga, hazte todos los exámenes y laboratorios. Y si como yo eres muy joven para tener menopausia, entonces ten mucho cuidado, visita a una psicóloga, no sea que estés luchando contra tú propia naturaleza.

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