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Mi esposo me entregó a mi exnovio


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Relato enviado por : Silvia el 11/11/2005. Lecturas: 10955

etiquetas relato Mi esposo me entregó a mi exnovio .
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Resumen
l tenía la fantasia de saberme entregada a otro hombre, y yo solo procuré satisfacer su deseo.


Relato
MI ESPOSO ME ENTREGO A MI EX-NOVIO

Por Silvia



Como suele ocurrir en muchas parejas, después de algunos años de matrimonio, mientras teníamos relaciones íntimas, mi esposo dejaba volar su imaginación expresándome cada vez con mayor audacia su deseo hacia otras mujeres, confesándome cuanto le gustaba esta o aquella, o cuán incitante le parecia el cuerpo de aquella despampanante rubia que habiamos visto en la calle o de la sensual morena que habíamos conocido en la fiesta de dias anteriores. Al principio me molestó y hasta me dolieron sus descaradas confesiones, pues, amo a mi esposo y creo que mis celos estaban justificados, pero poco a poco fui comprendiendo la necesidad de modificar mi actitud si deseaba conservarlo, entendiendo que era hombre y no podía pretender ser la única mujer a quién vea con deseo. De esa manera fui convirtiéndome en cómplice de sus deseos, llegando inclusive a ayudarle con la imaginación en la búsqueda de alguien con quién echar a volar su fantasia. En nuestras charlas de alcoba le daba mi opinión acerca de alguna sensual mujer que habiamos visto, aprobaba su preferencia por alguna, e indagaba acerca del deseo sexual que habria despertado en él alguna determinada parte del cuerpo de aquellas a las dirigía su mirada. Inclusive, como forma de aumentar su excitación, durante nuestras sesiones de amor, le estimulaba a imaginar que hacia el amor con tal o cuál persona que sabía que le gustaba.

Hasta llegué en alguna oportunidad a propiciar un acercamiento real con una bella morena, amiga mía, de senos turgentes y labios gruesos y sensuales, a quién me dijo que deseaba y a la que acepté, admitiendo que se trataba de una mujer hermosa. Es así que en una fiesta en la que coincidimos con ella y su esposo, llevé a mi marido al lado de ella, arreglándome de alguna forma para lograr que durante la cena se siente a su lado y después, durante el baile que siguió, animé a mi esposo a sacarla a bailar, mientras yo distraía a su marido, conversando con él. Esa noche, comprobé que mis celos de antes se estaban convirtiendo en algo diferente, pues, me sentí excitada al ver a mi esposo bailando tan pegado a aquella bella mujer, mientras que yo desplegaba todos mis encantos para que su marido no la eche de menos y permanezca a mi lado.

Ya de retorno a nuestro hogar, mientras haciamos el amor, y yo le preguntaba qué habia sentido al tener a aquella atractiva morena entre sus brazos y si se habia animado a insinuarle algo más atrevido que simplemente bailar, fui sorprendida cuando mi esposo me respondió preguntándome a su vez qué sentí yo al estar al lado de otro hombre, con quién él habia observado que yo parecía pasar un momento agradable, pues, me dijo que habia visto expresada mucha satisfacción en mi rostro, viéndome conversar y bailar con él. No pude menos que admitir que habia pasado un buen momento con el marido de mi amiga, aunque entonces sin ninguna intensión de coquetear con él, y menos aún con propósito sexual alguno.

Desde aquella vez los papeles se invirtieron, pues, fue mi esposo quién en nuestros momentos de intimidad se mostraba curioso de saber si me atraía la observación de algún hombre, o si yo sentía deseos de tener una aventura o ser amada por alguien que no sea él. Me llegó a preguntar inclusive qué sentía durante los breves noviazgos de mi vida anterior a nuestro matrimonio, pues, aunque nunca fui una mujer de vida ligera, él sabía que antes de conocerle tuve algunos amorios de estudiante durante mi juventud, si bien es cierto que solo con él perdí mi virginidad.

Su insistente curiosidad fue tornardose cada vez mayor, provocando en mí primero una reacción de molestia, y luego de desconcierto, pues, no llegaba a comprender que mi esposo tratase de insinuar que yo deseara a alguien que no sea él. Así se lo manifesté, recibiendo una respuesta con la que enfatizaba su amor hacia mi, manifestándome que toda otra insinuación, de ninguna manera interferiría nuestro matrimonio, pero admitiendo que tenía la fantasia de saber que yo tenía una relación amorosa con otro hombre, siendo usada por él como su amante, con su consentimiento y solo bajo condición de que le cuente en detalle nuesros encuentros amorosos y la forma en la que era poseída por él. Concluyó diciéndome que su mayor fantasía era aguardarme en casa después que yo haya tenido una sesión de amor con mi amante, recibiéndome para comprobar, mientras me besaba, que tenía la boca impregnada de su sabor, y mi sexo inundado de su semen.

Tamaña confesión me dejó aturdida y confusa. Casi con lágrimas en los ojos, le contesté que jamás debía esperar de mí tal cosa. El calló y no dijo nada mas, aunque al rato terminó por disculparse pidiéndome que olvide lo que me dijo.

Desde entonces pasó algún tiempo, durante el cuál no pude menos que notar que disminuyó el calor de nuestras relaciones íntimas, las que fueron distanciándose cada vez más, como si algo impidiera la espontaneidad y pasión de antes. Al cabo de casi dos meses, reflexionando en el asunto, debí admitir que la causa de la pérdida de nuestra pasión fue mi negativa rotunda a aceptar, por lo menos de palabra, la fantasia de mi esposo, trazándome entonces el plan de volver al tema y hasta admitir una probable relación con otros hombres, aunque solo como una fantasía sin propósito alguno de convertirla en realidad. Fue así que comencé nuevamente a incitar a mi marido a la contemplación de otras mujeres, preguntándole a cuál preferiría para una loca aventura de amor, o diciéndole que en mi opinión con tal o cuál sería mejor, pues, tenia senos grandes con pezones sobresalientes, lindas piernas o una boca sensual con la que mi marido gozaría mejor tanto de sus besos como del sexo oral que pudiera proporcionarle aquella amante imaginaria. De esa manera, poco a poco, nuestra vida sexual retornó a su normalidad, y, tal como lo esperaba, en algun momento también él comenzó nuevamente a preguntarme con quién me gustaría tener una aventura, curioso de saber si aquel fulano o mengano que vimos me parecia o no atractivo.

Como yo no deseaba que se repitiera nuestro distanciamiento, aún a pesar mío, comencé a responder afirmativamente a sus insinuaciones. La primera vez que me preguntó si me gustaría tener una aventura con otro hombre, y le contesté que sí, él se quedó callado, pero noté que se excitó mucho, pues, con voz casi jadeante continuó su interrogatorio, preguntando cómo lo haría, con quién lo haría, etc. para luego hacerme el amor demostrando mas pasión que nunca, correspondiendo yo de la misma manera. Tal vez viéndolo tan excitado, yo estaba en ese instante igualmente llena de pasión, por lo que perdiendo mis escrúpulos y olvidando mis principios cuando ya casi proxima a mi orgasmo, él me preguntó si realmente deseaba ser poseída y buscar el placer con otro hombre, le respondí que sí, llegando de inmediato a gozar de un intenso orgasmo, tan largamente como pocas veces lo habia hecho antes, al mismo tiempo que también mi marido alcanzaba su propio, largo y ardiente gozo que terminó por inundar mi intimidad con el abundante y espeso semen que eyaculó.

Después, mientras reposábamos, ya mas calmados, él volvió al tema, diciendome que lo ocurrido le habia comprobado que también yo sentía excitación al imaginarme haciendo el amor con otro. No quise o tal vez no pude discutir sus argumentos, por lo que decidí asentir ante sus afirmaciones. El concluyó la charla y se dio la vuelta quedando profundamente dormido, mientras que yo permanecía despierta, pensando en lo ocurrido y en lo que vendría después. Acudieron entonces muchos pensamientos a mi cabeza, llegué a imaginar que conseguía un amante y que hacia el amor con él, en mi imaginación indagué mis preferencias, decidiendo que elegiría tener una aventura con una persona con la experiencia necesaria para hacerme gozar, y al que solo después de satisfacerme le brindaría yo mi cuerpo para su placer. Pensando en ello, inconscientemente llevé mis manos a mi sexo, notando que mi clítoris estaba hinchado y mi vagina permanecia húmeda y dilatada, expeliendo mis ardientes flujos, pues, me encontraba nuevamente muy excitada a pesar a haber hecho recientemente el amor. Entonces me acaricié hasta gozar largamente de un nuevo e intenso orgasmo que procuré disimular para no despertar a mi marido. Cuando concluí, debí reconocer que la idea de tener una aventura con otro hombre me atraía, y decidí ya sin titubeo alguno, aceptar las proposiciones que en ese sentido me hacia mi marido.

Como es usual en estos casos, en nuestras conversaciones posteriores, al confesarle a mi esposo mi consentimiento para buscar un amante y tener con él una aventura, surgía la duda de no saber a quién elegiría para ello, o de no saber cómo lograr aquello que ya era un propósito aceptado por mi ante la insistencia de mi marido. Ninguna de nuestras amistades era considerada apropiada para este fin, pues, a pesar de estar ambos de acuerdo en que iría hasta el final entregándome sexualmente a alguien, yo conservaba aún ciertos escrúpulos y no deseaba involucrarme con nadie conocido que pudiera juzgarme mal o considerarme una simple ramera. De este modo, en la búsqueda del candidato apropiado, mi marido me preguntó en algun momento si me hubiera gustado llegar a tener sexo con uno de mis antíguos novios, y yo me atreví a decir que hubo uno en particular a quién me habria gustado entregarme y gozar con él. Su nombre era Jorge, y desde que se lo dije a mi esposo, él no dejó de acosarme con preguntas acerca de cómo era él y cómo fue nuestro noviazgo. Me preguntaba cómo besaba y si alguna vez intentó propasarse; queria saber qué sentía yo al ser abrazada y acariciada por él, y terminó preguntándome si me habría gustado hacer el amor con ese antíguo novio. Sorprendiéndome a mí misma, le respondí que sí, descubriendo que tal pensamiento me excitaba, por lo que terminabamos haciendo el amor con su presencia imaginaria entre ambos. Inclusive en una ocasión, mientras mi esposo mi penetraba, llegué a musitar su nombre, repitiendo Jorge, Jorge, Jorge ..... mientras gozaba estremeciéndome de placer al imaginar, incitada por mi esposo, que era él quién me poseía, mientras yo alcanzaba no solo uno sino varios orgasmos sucesivos.

Pasó de esta manera un tiempo, hasta que al cabo de algunos meses, por una extraña casualidad, en una reunión de amigas, encontré despues de varios años a una señora que era tía de Jorge, aquel ex-novio al que hacia tantos años que no veía. No pude resistir la tentación de preguntarle por él, sorprendiéndome al escuchar como respuesta que pronto llegaría a la ciudad donde yo vivía. Fui aún más audaz, al decirle a aquella señora que me gustaría verlo. No sé si ella adivinó mi propósito o simplemente consideró mis palabras como una mera expresión de cortesía a alguien que ella sabía que tuvo un romance conmigo, pero el caso es que me prometió avisarme cuando su sobrino llegue, ofreciéndose para contactarme con él. Acepté, nerviosa, su proposición, pues, intuía que se presentaba la ocasión a la que mi marido me había empujado y que en el fondo yo reconocía que me resultaba incitante.

Cuando le conté a mi esposo lo sucedido, él se mostró entusiasmado con la idea, y desde entonces empezó a trazar planes para lo que consideraba que era una ocasión que no debería desperdiciarse. Ideaba la forma en que se produciria nuestro encuentro. Al escucharlo, sentía mi cuerpo estremecerse, mientras mi intimidad se humedecía, cosa que mi marido comprobaba, pues, al tocar mi sexo mojado, no dejaba de hacerme notar que él tenía razón y que sabía que yo gozaría al tener una aventura con mi ex-novio.

Al cabo de unos quince días, recibí una llamada telefónica de aquella señora, tía de Jorge. Me dijo que su sobrino había llegado a la ciudad en un viaje de negocios. También me contó que le había hablado de mí y que él se habia mostrado entusiasmado con la idea de verme. Terminó dandome a conocer el nombre del Hotel donde estaba hospedado, sugiriéndome que lo llame yo, pues, no habia querido ser indiscreta proporcionándole mi número telefónico. Recibí la noticia muy nerviosa, pero llena de excitación, dándosela a conocer a mi marido, que se mostró mas entusiasmado que nunca, animándome a llamar a Jorge a su Hotel, para saludarlo. Después de titubear bastante, aún muy nerviosa, llamé al Hotel y pregunté por él, identificándome con mi nombre y calificándome como una amiga deseosa de saludarlo. Cuando la telefonista me pasó la llamada y escuché su voz, yo casi no podía hablar, por lo que balbuceando, sólo pude decirle: "Hola Jorge, soy Silvia, deseaba saludarte, pues, por tu tía me enteré que estabas aquí". El me contestó con una voz tan amable que me tranquilizó, empezando a decirme que se encontraba encantado de saber de mí despues de tantos años. Preguntó muchas cosas que apenas pude responder y terminó por decirme que le gustaría verme y conversar personalmente conmigo. Mi esposo estaba a mi lado escuchando nuestra conversación, y con la mirada y sus gestos me indicó que debía aceptar su invitación, por lo que concluí diciéndole que también a mi me agradaría saludarle personalmente, preguntándole cómo haríamos para encontrarnos. El, respondió muy seguro de sí mismo, que creía que lo mejor sería que vaya a su Hotel donde habia un excelente restaurant en el que podríamos cenar y conversar de los viejos tiempos. Acepté y convenimos en encontrarnos a una hora determinada de esa misma noche, después que él concluyera sus asuntos y esté libre.

De esa manera resultó concertada nuestra cita y colgué el teléfono, notando que mis manos transpiraban y mi pecho estaba muy agitado, no solo de nerviosismo, sino de una incipiente excitación que recorría todo mi cuerpo. Mi esposo no cabia de contento, sonriendo pícaramente, me dijo que debía tranquilizarme, proponiéndome tomar un baño relajante y tomarme todo el resto de la tarde para arreglarme convenientemente y lucir seductora para la cita que esa noche tenia con Jorge. Es más, se ofreció a ayudarme en mi arreglo personal y en la elección de la ropa que debia lucir.

De ese modo, cuando pasadas unas horas se acercaba el momento de acudir al encuentro de mi ex-novio, después de estar bañada y perfumada, él me ayudó en la elección de mi ropa interior, escogiendo una de color azul y tela suave y sensual al tacto, eligiendo despues un vestido seductor del mismo tono, que aunque no era escandolasamente escotado, dejaba ver insinuantemente el nacimiento de mis senos y dibujaba mi cuerpo de manera atrayente. Me ayudó a maquillarme levemente, indicándome que debía lucir bella, pero sin exageración alguna. No dejó de hablar durante toda esa operación, indicándome la forma en que debía comportarme, terminando en decirme que no aceptaría que yo deje pasar esa ocasión adoptando actitudes de rechazo a sus insinuaciones, pues, estaba convencido, dijo, que Jorge me había citado a su Hotel con el propósito no solo de verme sino de hacerme suya.

Llegado el momento, fue mi esposo quién me condujo en su auto al lugar de la cita con mi ex-novio, acercándome al Hotel y diciéndome que aguardaría hasta estar convencido de mi ingreso. De esa manera me acerqué a la Administración, preguntando por Jorge y pidiendo que le comuniquen que yo estaba aguardándole en el vestíbulo. Aún continuaba nerviosa, pero excitada, pues, sabia que aquella cita tenía por propósito entregarme a otro hombre y tener una aventura sexual con alguien que no era mi esposo. Se trataba de un caso de infidelidad consentida, y yo estaba decidida a entregarme a Jorge, ya deseaba ser acariciada por sus manos recorriendo mi cuerpo y palpando mis senos, planeaba en mi mente la forma en que sería poseída, deseaba ser penetrada por un miembro diferente al de mi esposo y ser usada de diversas maneras para despues retornar a mi casa, llena de su semen por delante y por atrás, y con la boca aún impregnada de sus flujos, pues, eso me habia dicho que deseaba mi esposo, y ahora eso lo que yo deseaba y mantenia mi sexo húmedo y abierto, mis pezones duros y mi cuerpo ardiendo de excitación.



Silvia

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