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MI MADRE, MI ESCLAVA


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Relato enviado por : Anonymous el 10/12/2011. Lecturas: 29038

etiquetas relato MI MADRE, MI ESCLAVA Dominacion .
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Resumen
La relacion entre Natividad y Raquel, su madre, No volvera a ser la misma despues de este dia...(Incesto o Amor Filial/Dominacion/Lesbico)


Relato
Mi nombre es Natividad, tengo 23 años de edad y soy adicta al sexo y las perversiones del mundo de la dominación/sumisión, el sadomasoquismo, el BDSM.

Me encontraba a escasos metros de mi casa, dirigiéndome hacia ella después de un normal día de trabajo. Todo durante ese día había sido bastante rutinario, el papeleo, las llamadas, etc. Hasta el viaje de ida a la oficina y el de regreso a mi casa transcurrieron con normalidad, los típicos piropos, los roces corporales con las personas en el metro, incluso el típico aprovechado de la multitud de gente que se vale de que vayamos como sardinas en lata para meterme mano disimuladamente.

Soy consciente de que soy una mujer afortunada. Lo digo porque sé que soy bella, y tengo un cuerpo de muerte. Tetas grandes, firmes y paradas, una cinturita bien curva y moldeada, con un abdomen plano y unas caderas prominentes coronadas por una provocativa masa de carne también bien moldeada, redondita, firme y suave que conforma mi culo. Todo esto sostenido por una par de piernas bien tonificadas y hermosas. No es extraño que los hombres volteen a verme allá por donde paso. No sé si sueno pedante, arrogante o lo que quieran, no es mi intención, en esta vida hay que ser humilde, y si algo es seguro es que existen mujeres mucho mejores que yo.

Pero ya dejemos de hablar de mi aspecto físico. Como venía diciendo, ese era un día bastante normal, hasta ese momento que entre a la sala de mi hogar. Halle a mi madre totalmente desnuda, si acaso la única prenda que llevaba encima en ese momento eran un par de fetichistas sandalias negras de plataforma, muy al estilo, de hecho, casi idénticas a las que suelen usar las actrices porno. Además de esto, llevaba un collar de cuero negro no muy ancho, el cual tenía un aro plateado en el centro. Mi madre estaba tirada a lo largo del sofá más largo de la estancia, de tres puestos, viendo el televisor que queda enfrente de dicho mueble y en el cual se veía una película porno BDSM de lesbianas.

No supe cómo reaccionar. Ella se masturbaba frenéticamente con su mano derecha sobándose la vulva, mientras que con la izquierda se acariciaba ambas tetas rodeándolas con dicho brazo. Ella a pesar de su edad (48 años) se conserva muy, pero que muy bien, con un cuerpo esbelto, de tetas voluptuosas, ni que decir de su culo dotado de “carne de primera”. La edad se le notaba un poco en el rostro, pero su cuerpo era una historia diferente. Era obvio de donde sacamos mis dos hermanas y yo nuestros cuerpos explosivos. Y al igual que ella, los cuidamos mucho a base de ejercicios.

Me quede unos segundos contemplando la escena, sin saber qué hacer. Ella estaba bastante entretenida en su faena, por lo que no noto mi presencia. En la película se podía ver a una chica rubia hermosa, llevando halada por una cadena a otra chica de cabello negro que iba a cuatro patas, ambas totalmente desnudas. La rubia se detuvo en un momento dado, y le extendió ligeramente su pie derecho a la sumisa, quien lo único que hizo fue observarlo, cosa que al parecer no le gusto a la chica rubia, y agachándose ante su esclava, le propino una fuerte cachetada. Acto seguido, se puso de pie, y le extendió de nuevo su extremidad. La esclava al parecer aprendió la lección y dirigió su rostro hacia el pie de su ama para besárselos con suma ternura.

Mi madre en ese momento reventó en un poderoso orgasmo que la puso a gemir fuertemente de placer. Yo contemple todo, aun sin saber qué hacer. Vi como mi madre estiraba sus piernas temblorosas por la intensa oleada de placer, vi como sus pies enfundados en esas fetichistas sandalias negras se retorcían casi hasta partirse, dejando notar claramente que había recibido un orgasmo bastante electrizante. Mientras yo veía sus espasmos, tome la decisión de marcharme cuidadosamente a la calle, cosa que hice sin ser descubierta.

Me fui caminando por la urbanización en la que vivía, pensando en lo que había visto hace unos instantes. Uno de los secretos mejores guardados por mi (además de mis gustos por la dominación y el BDSM), Es que soy bisexual. He tenido encuentros lésbicos con distintas mujeres a lo largo de mi vida desde que descubrí dicha condición. Mucho mejor guardado aun era otro secreto: Mi atracción sexual por Raquel. ¿Qué quien es Raquel? Pues…mi madre.

Desde hace mucho tiempo, (para ser sincera y un poco más exacta antes de cumplir mi mayoría de edad) comencé a notar mi gusto o atracción por las mujeres, y, precisamente, mi madre fue una de las primeras por quienes me sentí atraída. Y aun sigo sintiendo dicha atracción. Nunca me atreví a demostrar las ganas de sexo que le tenía, ni nada por el estilo, más que todo porque mi madre es una mujer conservadora. Viste sexy, sensual, y le gusta estar siempre hermosa, pero a la hora de ciertas “desviaciones” por así decirlo, lo veía mal. Siempre nos ha inculcado a mis hermanas y a mí que las mujeres con hombres deben estar, y viceversa, al menos en ese tema de la homosexualidad.

Por eso me hallaba bastante confundida. Tuvo tremendo orgasmo vendo a dos mujeres teniendo una relación BDSM. Y ella pues, con esa indumentaria fetichista (el collar de perra y las sandalias) pues, más me confundía aun. Siempre menciono estar en contra de cualquier tipo de variante en el sexo, incluyendo los fetiches que conforman el BDSM. Sinceramente no sabía que pensar, me sentí, en cierta forma, traicionada. Tengo una excelente relación con mi madre, es como una amiga que siempre ha estado a mi lado para ayudarme, y viceversa, como madre es excelente. Pero nuca me atreví a confesarle mis secretos, por lo típicos temores de lo que podría pasar.

Tarde unos 15 minutos, y regrese a casa. Al entrar, mi madre se hallaba en la cocina, vestida con un largo vestido azul oscuro no muy ceñido a su cuerpo, demarcando un poco sus grandes dotes de hembra. No llevaba sostén, se notaba claramente sus pezones erectos dibujados en la tela. Esos pezones que más de una vez imagine chupar, morder. Está claro que ya lo había hecho, pero de eso ya hace 25 años cuando no tenía uso de razón. Ahora pensaba por supuesto de otra manera, hacer lo mismo pero con otros fines.

-Hija, ya llegaste, ¿quieres que te prepare alguna merienda para la tarde? –me pregunto, como si nada ocurriese. Yo apenas pude verla a los ojos.

-No madre, gracias, iré a mi habitación a bañarme y a adelantar algunas cosas para el trabajo. –le conteste esquivando su mirada, y subiendo rápidamente a mi habitación.

En la ducha no pude evitar hacerme una rica paja pensando en lo que había visto. Imaginándome las mil y una cosas, ella entre mis piernas dándome placer, o yo entre las suyas. El hecho es que tuve un buen par de orgasmos imaginándome cualquier tipo de guarradas, desde las más suaves hasta las más fuertes y sádicas.

El resto de la tarde y parte de la noche, estuve tirada en mi cama, pensando en todo. No lograba sacar de mi cabeza la imagen de mi madre en el sofá, disfrutando de una película porno sadomasoquista. No paraba de pensar desde cuando había adquirido esos gustos. No paraba de pensar si mi padre sabia de esto. Ellos se quieren mucho, y su relación es excelente, aunque últimamente si he notado que se han distanciado un poco. Siguen demostrándose amor, pero se notaba en cierta forma que faltaba algo. Me preguntaba si mi madre era bisexual también, si lo había llegado a hacer con mujeres alguna vez. No paraba de preguntarme si había practicado algo de esas películas, si es que tenía más. En ese momento sentí que me tocaron la puerta de mi habitación.

-Natividad, hija, ya esta lista la cena…-oí decir a mi madre al otro lado de la puerta. Mire el reloj, y me sorprendí al ver la hora, eran las 9 de la noche.

-Ok mami…guárdamela en el microondas, no tengo mucha hambre. –le conteste.

-Como quieras hija…¿te sientes bien?

-Si mami, estoy terminando algo para la oficina, en lo que finalice bajare a comer. –le respondí. –Ok, en el microondas te la guardo. –me respondió. Sentí sus pasos alejándose poco a poco.

De verdad no tenía apetito. Solo tenía hambre de respuestas. Como a la hora baje a la cocina, pasando por la sala. Mi padre se hallaba en su sofá, viendo televisión. Era de costumbre en los últimos años, verlo a esa hora allí sentado mirando algún partido de futbol o cualquier programa interesante. Mi madre algunas veces le hacía compañía. Otras, no. Esa noche no estaba allí, me imagine que ella estaría en la cama leyendo algún libro, o dormida.

Pase a la cocina, calenté mi comida, y la lleve a mi habitación, por temor a que mi madre bajara a la cocina y me encontrara. No quería verla. No era por rabia ni nada, sino por incomodidad. Después de verla en esas pues es algo difícil verla a los ojos. Comí tranquilamente viendo una serie en mi computadora, y luego me acosté a dormir.

Al día siguiente, me levante más temprano de lo normal. Me hice un desayuno rápido, aprovechando que mas nadie estaba de pie a esa hora, comí, y me fui, dejando una nota avisando que yo ya había desayunado. El día transcurrió con la misma rutina. Todo con mucha normalidad. Hasta que, de nuevo, llegue a mi casa.

-¡¡¡MAMÁ!!! –No pude evitar decir en voz alta por lo que mis ojos presenciaron al entrar nuevamente a la sala. Mi madre se hallaba totalmente desnuda y descalza a cuatro patas, vistiendo únicamente el mismo collar del día anterior, con el añadido de que al aro de plata estaba abrochado una larga cadena plateada, cuyo otro extremo era sostenido por Samantha, una mujer que vive cerca de mi casa. Mi madre chupaba el dedo pulgar del pie derecho de nuestra vecina, con dos consoladores incrustados hasta la mitad, uno en el culo y otro en la cuca.

Samantha se hallaba sentada con las piernas cruzadas, y llevaba puesta una bata de baño (o albornoz, como tengo entendido que también se llama) En sus pies llevaba unas hermosas sandalias stiletto, aunque ambas desabrochadas, y la de su pie derecho, el cual estaba en el aire, colgaba y se meneaba un poco mientras mi madre le chupaba los dedos. Ambas llevaban el cabello mojado, de hecho, el cuerpo de mi madre se notaba totalmente abrillantado, se notaba que habían recién salido de la ducha. Ambas se sorprendieron al verme.

-¡¡¡HIJA!!! –Fue lo primero que mi madre expreso al verme. Su rostro inmediatamente se puso rojo, me imagino que de la vergüenza. –n-n-no es…no es lo que piensas…es…es decir, deja que te explique… -me dijo tartamudeando, mientras Samantha rápidamente tomaba su ropa, que estaba regada en la sala. También ella estaba sonrojada. –Natividad, se lo que estas pensando, deja que te expliquemos…-me decía ella.

-No tengo nada que oír de ti…-le dije contrariada, confundida. –hazme el favor y lárgate…

Samantha tomo sus cosas y se fue de la casa. Observé a mi madre, se veía hermosa. Me veía, postrada de rodillas en el piso, con la cadena del collar cayendo por su cuerpo, pasando por el canalillo de sus dos hermosas e imponentes tetas, esas tetas que yo herede en mi cuerpo. Vi un par de lágrimas salir de sus ojos, ella estaba nerviosa.

-Hija yo…-comenzó a decirme.

-Cállate –le dije. Nunca me imagine que yo algún día mandaría a callar a mi propia madre de esa manera tan cortante. Yo estaba realmente confundida, y con cierta molestia. Tanto luchar por ocultar mi bisexualidad, pensando que ella me condenaría por mis gustos, tal cual me hizo entender a lo largo de mi vida y ahora me topo con esta sorpresa.

Me quede un par de minutos perpleja, debatiendo mis sentimientos en mi mente, no sabía quehacer. Mi madre permanecía de rodillas, ahora con la cabeza gacha y con más lagrimas en su rostro.

-Ok…Quiero que me seas sincera…Por Favor…¿Desde cuándo andas en esto? –le pregunte.

-Desde…siempre…descubrí mi bisexualidad a los 17. Siempre la mantuve oculta, aunque llegue a tener varios encuentros sexuales con mujeres a lo largo de mi vida…hija, yo…

-Cállate…yo hare las preguntas…¿mi padre sabe de esto?

-No hija…el no sabe de mi bisexualidad –me contesto

-¿por qué siempre condenaste las relaciones homosexuales entonces? Al menos a nosotras nos criaste de tal manera que siempre nos hiciste ver la homosexualidad, más que todo la femenina, como una aberración.

-Lo hice para que no fueran como yo…hija debes entenderme, por favor, no quería que sufrieran todo lo que yo he sufrido a lo largo de mi vida por mis preferencias sexuales y mis gustos por ciertas prácticas en la intimidad.

-¿Y cuáles gustos son esos? –le pregunte. Sabía muy bien que se refería a los gustos BDSM, pero quería oírlo de ella misma.

-Bueno…-dijo pensativa. Se notaba que no sabía que decir. –Tú sabes hija, estos juegos íntimos…-me dijo indecisa.



Yo me acerque a ella y tome la cadena que le colgaba del collar, halándola de una manera algo brusca, lo que provoco que cayera a cuatro patas. Se veía realmente sexy en esa posición, con su culo perfectamente formado en pompa, dejando ver el consolador aun incrustado hasta la mitad. Se sorprendió mucho por mi gesto, y su sorpresa fue aún mayor cuando le extendí ligeramente mi pierna derecha hacia ella. Ella primero vio mi pie, enfundado en una sandalia plateada, y luego me vio a los ojos, con cierta extrañeza y a la vez con cierta lujuria. Yo intente colocar una mirada de complicidad, y me agache para darle una cachetada y luego ponerme de pie, extendiéndole nuevamente mi pierna. Ella al parecer comprendió, no sé si por recordar la película con que se masturbaba el día anterior (la cual yo estaba imitando) o por mera calentura, o por ambas, y me beso el pie.

-No tienes de que preocuparte madre…Yo…También soy bisexual….y sé muy bien la clase de juegos que te gustan, porque a mí también me gustan y también los practico. Nunca me atreví a contarte nada por temor a tu rechazo. Y menos aun me atreví a decirte que…mami…tú me gustas. Y no solo como madre, que has sido excelente en ese aspecto a pesar de estas incongruencias y doble moralidad, sino también como mujer, como pareja sexual. Siempre me sentí atraída por ti sexualmente…Y ahora, además de gustarme de estas dos maneras, pues…también me gustas…como perra…chúpame los dedos cerda. –le dije, con el corazón a punto de salirse de mi pecho, arriesgando todo, a pesar de que su actitud sumisa hacia mí, al besarme el pie, pues me daba más seguridad para confesarle todo. Sabía que las cosas entre mi madre y yo iban a ser muy diferentes a partir de ahora.

Ella, efectivamente, comenzó a chuparme dedo por dedo, comenzando por el más pequeño, y terminando en el más grande. Mi excitación iba en aumento sentir cada succión, sentir la punta de su lengua masajeando mis dedos con soltura, recorriendo la punta de mis no muy largas uñas, era realmente delicioso, y gratificante.

He practicado el sado con anterioridad. Y bueno, no sabía hasta que punto mi madre aceptaría los juegos, así que decidí ir con mucho cuidado. Le retire el pie de la boca y la dirigí con la cadena, llevándola a cuatro patas, hacia el mueble en el que mi padre suele sentarse todas las noches a ver la tele.

-¿Desde cuándo tiras con Samantha? –le pregunte.

-Desde hace unos 3 años, que tu padre y yo comenzamos a distanciarnos, sexualmente hablando…

-¿Pero cómo se distanciaron? Si estas radiante, con ese cuerpo de infarto, mas de una mujer de mi edad te envidiaría el físico, incluso yo a veces te lo envidio…

-Hija, la verdad fui yo la que comenzó a distanciarse, Tu padre ya no me llenaba, no era como antes, que cada sesión de sexo con él era realmente satisfactoria. Caímos en la rutina. Y bueno, poco a poco, tras las negativas, el comenzó a perder el interés en mi…Aun nos queremos, pero ya no es lo mismo.

¡PAF! Le propine una fuerte cachetada. –cuando estemos en estos juegos, me llamaras ama, ¿entendido zorra? -Le reproche. La verdad me pareció algo realmente fuerte, e incluso me sentí mal por pegarle a mi propia madre, pero me deje llevar por los impulsos del juego, por mi papel de ama que estaba ejerciendo y que ella no rechazaba, hasta ahora.

-Si ama, perdone a esta puta –me contesto con la mirada gacha y con su coño hecho un mar de jugos, lo que me indicaba que ella estaba disfrutando tanto, o más que yo.

Debo admitir que, a pesar de ella gustarme mucho, y de haber tenido esta clase de fantasías infinitas veces, veía esta situación de manera rara. Aun así mi vulva y mi corazón me dictaban que continuara. Y así lo hice, me quite toda la ropa mientras ella, por orden mía, me quitaba las sandalias con suma delicadeza.

-con razón desde hace tiempo veo a papa aquí sentado por las noches hasta dormirse…No creo que le moleste si te uso como mi perra ahorita…creo que mientras no toque el televisor no habrá problema jijijiji –dije con cierta ironía. Una vez estuve totalmente desnuda y descalza, abrí las piernas colocándolas sobre los posa brazos del mueble, dejando todo mi sexo expuesto ante los ojos de mi madre, quien permanecía de rodillas ante mí, viendo mi brillante cuquita con deseo, y me atrevo a decir que hasta con impaciencia –Compláceme –le ordene.

Ella, sin rechistar, se inclino hacia delante, posando su boca con suma delicadeza sobre mi sexo perfectamente depilado. Sentí el cálido aliento, su cálida respiración en mi piel vaginal, haciéndome estremecer, hasta que sentí sus labios y seguidamente su húmeda lengua abriéndose paso por mis labios vaginales, ayudada por los dedos de sus manos, posados a cada lado de mi cuquita encharcada, halando delicadamente la piel para que, diciéndolo de manera cursi, mi flor se abriera ante su boca.

-Mmmmmmm –exclame. Sentí la sensación más agradable de mi vida. Tal vez el que todo esto me pareciera algo extraño, o incluso, un tabú, pues era lo que le daba ese toque tan fantástico y agradable. Su lengua comenzó yendo suavemente, pero con el paso del tiempo se fue poniendo más y más juguetona, haciéndome gemir y estremecer más aun, hasta que, a los pocos minutos, alcance mi primer orgasmo.

Luego de que se me pasaron los estertores del primer orgasmo, pose mis pies sobre su cuerpo. Mis pies llegaban sin problemas a su culo, donde pose mis talones, cruzando las piernas, quedando su cabeza aprisionada entre mis muslos, aun trabajándome la cuquita con increíble maestría. Tome su cabello con fuerza, y comencé a restregarla en mi entrepierna, llenándole la cara de la mezcla de mis jugos y sus babas. Me sentía tan excitada, que estuve muy cerca de conseguir mi segundo orgasmo.

Pero, justo antes de conseguirlo, la separe rápidamente de mí. Me coloque a cuatro patas en el mueble dándole la espalda a mi madre, arqueándola para que mi culo quedara bien ofrecido. Con mis manos separe mis nalgas, dejando mi agujerito anal a la vista de mi mami, quien sin esperar orden alguna se abalanzo para lamerlo con fruición y muchas ganas. Sentía su lengua juguetear en mi culo, luchando por penetrarlo. Sus labios se posaban de lleno sobre mi cola y chupaba mi agujerito anal con fuerza, mientras su lengua seguía agitándose cual serpiente, rozando mi piel.

-Así puta, así, sigue, sigueeeehhhhh –le decía yo totalmente perdida en un océano de sensaciones muy placenteras y deliciosas. Solté mi nalga derecha y con esa mano volví a agarrar su cabello con mucha más fuerza que la vez anterior, moviendo su cabeza hacia adelante y atrás con brusquedad, clavándome su lengua en el ano una y otra vez. Como pude, en un momento dado me voltee nuevamente, quedando yo con las piernas abiertas y los talones al aire, dándole no solo mi cuca, sino también mi culo de manera más cómoda. Mi mama poso sus manos en cada nalga, y, viéndome a los ojos intercalaba la mamada entre mi agujero anal y mi vulva. Me sentía en el cielo, y no tarde en comenzar a convulsionar de una manera bastante brusca, que me hizo estirar los brazos hacia atrás para agarrarme del respaldo del mueble para consiguientemente explotar en otro fuerte y exquisito orgasmo.

Después de esto, lleve mi pie izquierdo hasta su rostro para separarla ligeramente de mis partes intimas, por lo que ella paso a chupar el dedo pulgar, mientras yo dirigía mi pie al piso, junto con ella, acomodándome en la silla para sentarme.

-Sin duda, eres toda una veterana mami…te has ganado un premio. –le dije. Tome la cadena de su collar, y la hice recoger toda mi ropa que se hallaba regada por el piso, incluyendo mi cartera y mis sandalias, para luego, ella cargando con mis cosas, hacerla seguirme hacia su habitación.

Una vez allí la hice colocarse de rodillas, ofreciéndome con sus manos ligeramente alzadas y su cabeza gacha, mis cosas. –bien zorrita, dime donde guardas tus juguetes. -Le ordene.

-en la última gaveta de la izquierda del closet ama…-me dijo, sin abandonar la posición. Sin duda estaba bastante bien entrenada como esclava, o al menos me demostraba tomarse su papel de sumisa bien en serio. Me dirigí al closet y abrí la gaveta indicada. Lo único que vi fue ropa, prendas como blusas y faldas. –debe sacar la gaveta por completo ama. Vera una caja escondida al final de ella. –lo hice y en efecto, había una caja al fondo muy bien escondida y tapada con la ropa. La saque y la abrí, dejando al descubierto una fusta de largas tirillas de cuero, junto con otra mas pero parecida a las que usan los jinetes para los caballos, dos vibradores de gran tamaño a control remoto inalámbricos, un gag ball, y un cono anal. Los típicos y más comunes juguetes en gente con nuestros gustos, pero suficientes como para montar una muy rica y perversa sesión de dominación.

-wow putita…pareces una adolescente escondiendo sus cosas comprometedoras y privadas al final de la gaveta. Sin duda la edad no está acorde a tu cuerpo y tu mente…-le dije haciéndola ruborizarse un poco más de lo que ya estaba, aun conservando la posición en que la puse. Tome la fusta de varias tirillas de cuero, y la coloque sobre mis cosas, en sus manos. Me agache y le saque ambos consoladores, metiendo en su boca el que llevaba en su culo. El otro no pude evitar meterlo en mi boca para saborear sus jugos, y luego arrojarlo en la caja, para sacar de esta los dos vibradores con sus respectivos controles.

Con un ligero movimiento, hice que mi madre s colocara a cuatro patas, aunque, sin soltar mis cosas, apoyándose en sus codos, de manera que mis cosas quedaran aun ofrecidas. Perfore su culo y su cuquita con los vibradores, y los encendí de manera que esperaran las ordenes de sus respectivos controles.

De su mismo closet, tome tres pinzas de las que se usan para colgar la ropa, y le coloque, aun en la posición que conservaba, una pinza en cada pezón y una en su clítoris. Si bien era cierto que no conocía los limites de mi madre, pues, esperaba que ella me dijera que cosa aguantaría y que no. No le dije esto porque quería ver hasta donde sería capaz de llegar. Hizo muecas de dolor al momento de ser “empinzada”. La hice ponerse nuevamente de pie, y tome la cadena, para hacerla seguirme a mi habitación.

Una vez allí, me tire sobre mi cama. –Coloca todas mis cosas ordenadas en la silla de mi escritorio, y los juguetes colocados a un lado de mi cama, quiero todo bien ordenado. –le dije, acatando ella al instante cada orden, sin poderme responder ya que aun tenía el consolador en su boca, de la cual salía ya una ligera cascada de babas que iban a parar a sus tetas, escurriendo en esas dos masas de carne y entre su canalillo para seguir su camino por su abdomen, y llegar a su pubis, también depilado. Coloco todo en perfecto orden, bien doblada mi ropa en mi silla, y con coloco la fusta a un lado de mi cama. –Aun faltan juguetes…busca en la gaveta de mi closet, la ultima de la izquierda. –le dije. Curiosamente, guardábamos los juguetes casi en la misma posición de nuestros closets. Solo que, a diferencia de ella, la gaveta completa guardaba una caja de aluminio con broches de seguridad que abrían por medio de una combinación.

Ella se mostro sorprendida al ver la caja. La saco, se le hizo algo pesada. Más aun cuando de un solo golpe active con los controles ambos vibradores a su máxima potencia, lo que la hizo perder un poco el equilibrio. Luego los apague de golpe. Le dicte las combinaciones de los broches y al abrirlo se mostro muy sorprendida por la gran cantidad de juguetes que se mostraban ante ella.

-Saca cuatro esposas, saca la vara de bambú, saca el arnés y uno de los consoladores rosados que son lo que se ajustan a él…elije tu el que quieras. ¡Ah! Y saca también el hilo negro con el aparatito plástico que lleva, y el pequeño control remoto negro. –le ordene. Ella comenzó a buscar las cosas, y a medida que la encontraba, las colocaba cuidadosamente a un lado de la fusta en mi cama. Para mi sorpresa, saco el consolador rosado más grande y con mayor relieve de todos. Sin duda mi madre es una mujer muy…temeraria. Sexualmente hablando, claro, ya que el consolador mide nada más y nada menos que 25 centímetros de largo.

Tome una cuerda delgada que estaba sobre mi mesa de noche, más o menos de dos metros de largo. M coloque acostada boca abajo, con mi cabeza hacia la zona donde reposan mis pies en mi cama, con mis piernas flexionadas levantando mis pies, los cuales ella no pudo evitar observar con deseo. Ate un extremo de la cuerda a la pinza de su clítoris luego tome el otro extremo, y los controles de los vibradores, los cuales los puse en intensidad mínima. Comencé a halar ligeramente la cuerda amenazando con arrancar la pinza del clítoris, mientras ella se contoneaba ligeramente, sintiendo el placer que le proporcionaban los vibradores.

De golpe los puse de nuevo al máximo, lo que le hizo dar un pequeño saltito para luego seguir contoneándose más fuerte y gemir y botar mas babas gracias al consolador en su boca. Cuando note que estaba muy cerca de llegar a su orgasmo, tire fuertemente de la cuerda para arrancarle la pinza del clítoris, y apague de golpe los vibradores. Ella pego un gritito ahogado por el consolador, al sentir el pellizco de su clítoris. No pudo tener su orgasmo, tal cual como yo lo tenía planeado. Quería tenerla excitada y frustrada al mismo tiempo.

Me coloque el extraño hilo con el aparatito ajustado, que no era más que una pinza que aprieta de manera bastante suave el clítoris. Dicha pinza es vibratoria, y se controla por medio del control remoto pequeño. El hilo se perdía entre mis nalgas y los labios vaginales, para sobresalir en mi clítoris y quedar bien ajustado a este. Luego me coloque el arnés, ajustando el consolador elegido por mi madre.

-Acuéstate en la cama, con los brazos estirados hacia las esquinas y las piernas estiradas y abiertas. –le ordene. Ella obedeció, acostándose en la posición ordenada, con el cuerpo dibujando una X en mi cama. Tome las esposas las cuales eran de hierro, idénticas a las usadas por la policía y espose cada extremidad a cada esquina. Le era imposible cerrar sus brazos y piernas. Luego le saque e consolador, y tome las bragas que había llevado en el día, y se las metí en la boca. –Como me demostraste allá abajo que t gustan mis jugos pues, aquí tienes para rato –le dije, y le selle la boca con cinta adhesiva transparente. Luego vende sus ojos con una pañoleta negra. Se veía realmente hermosa en esa posición, con su torso aun brillando por las babas de boca, sus hermosas tetas firmes y paradas viendo al techo, con las pinzas aun en sus pezones, inmóvil, indefensa, frágil.

Tome la vara de bambú, y castigue con pequeños golpecitos las plantas de sus pies. Ella los movía intentando evitar los inevitables azotitos. Lugo comencé a intercalar los azotes con pequeñas punzadas, haciéndole cosquillas, lo que aumentaba más aun los movimientos. Luego cambie de objetivo a sus tetas, y las azote con un poco más de fuerza que sus pies, dejándole suaves marcas enrojecidas.

Seguidamente tome la fusta de tirillas y comencé a azotar con mucha fuerza en sus tetas, desprendiendo las pinzas de sus pezones con los primeros dos azotes. Ella se retorcía fuertemente en la cama, intentando evitar el castigo, pero eran inútiles sus esfuerzos. Tome los controles de los dos vibradores y los puse al máximo nuevamente, suspendiendo por un pequeño ratito los azotes, para al momento de ella comenzar a contonearse y gemir, reanudarlos, pero intercalando entre sus tetas y su clítoris.

Su cuerpo se hallaba enrojecido, más que todo sus tetas y la zona de su pubis, que era donde se concentraban mis azotes. Yo, divertida, continúe castigando hasta que la zorra de mi madre tuvo un orgasmo bastante brutal. Tanto que boto una gran cantidad de flujo vaginal, mojando además de las sabanas, en colchón. Detuve los azotes, y me acosté sobre ella. Su cuerpo estaba caliente de tanto castigo y tanta lujuria juntas. Sentía como temblaba aun soportando los estertores del orgasmo y que aun continuaba y el placer de las vibraciones que no se detenían de castigar su vulva. Estando sobre ella comencé a acariciar sus tetas con suma ternura y suavidad, lamiéndolas, chupándolas, mordiéndolas muy suavemente. Ella no pudo evitar tener otro orgasmo a los pocos segundos de yo aplicarle esas caricias.

Luego de su segundo orgasmo, en el cual también boto una gran cantidad de líquido vaginal, detuve los vibradores, y se los saque de sus agujeros. Tome el control de la pinza de mi clítoris, que consistía en tres botones, uno para encenderlo y apagarlo, el cual se encontraba debajo de los otros dos, el del centro, que era para disminuir la intensidad de las vibraciones, y el de arriba que era para aumentarlas, y se lo coloque en su mano derecha. Lleve el dedo pulgar hacia el botón de arriba –este es para aumentar la intensidad de las vibraciones de la pinza que tengo en mi clítoris. –le dije. Luego coloque el dedo en el botón central –este es para disminuirla. Juega con las intensidades hasta que yo tenga mi orgasmo. No parare de azotarte y de penetrarte hasta que lo consiga. –le dije.

Me coloque entre sus piernas, de rodillas, pasando mis muslos ligeramente por debajo de los suyos. Escupí en el consolador ajustado al arnés supuestamente para lubricarlo, aunque no hacía falta, la cuca de mi madre estaba bastante encharcada. Aun así deje el conso abrillantado por mis babas y la penetre, momento en el cual sentí como mi madre subía la intensidad de las vibraciones de mi pinza.

Comencé a penetrar con fuerza, y tome la fusta de tirillas y comencé a azotar sus tetas –vamos puta, dame mi placer, quiero mi orgasmo, vamos, juega con las vibraciones –le ordenaba, mientras seguía castigando y embistiendo. Ella se retorcía del placer y del dolor, y decidí quitarle la cinta adhesiva de la boca y sacar la braga de ella, toda mojada de sus babas. No hacía más que gemir –oooohhhh siiiihhh dame más duro, azótame, soy una puta, soy una perra, cojeme así, cojeme aaaaahhhsiiiiiiihhhh –gritaba ella entre gemidos, entre jadeos, con ua respiración bastante agitada, mientras jugueteaba con las intensidades de la pinza vibratoria.

No fue difícil para ella alcanzar un fuerte orgasmo a los pocos minutos, durante el cual coloco la pinza en su máxima potencia, haciéndome acabar dada la gran calentura acumulada que yo ya tenía. Ambas explotamos casi al unísono en un fuerte gemido, entre temblores y fuertes espasmos. Ella volvió a botar bastante flujo, bañando parte de mi entrepierna. Yo no soy mujer de eyacular en abundancia, de hecho, boto muy poco jugo, pero aun así el orgasmo fue uno de los más brutales que sentí en mi vida, equiparable solo a los dos anteriores que ella misma me había proporcionado esa misma tarde.

Caí sobre su cuerpo, con mi cabeza a un lado de la de ella. Ella apago el vibrador. Le quite las vendas de los ojos, y nos vimos la una a la otra, sonrojadas por la fuerte calentura de nuestros cuerpos. La tome con delicadeza y la bese en la boca, metiendo mi lengua lo más hondo que pude, haciéndola jugar con la suya. Luego de unos minutos, le quite las esposas, y nos quedamos dormidas y abrazadas en mi cama.

De todo esto, hace ya unos 3 años. Hoy en día, ella y yo seguimos sosteniendo relaciones sexuales incestuosas. Lejos de distanciarnos o hacernos sentir incomodas, nos sentimos mucho más cercanas que antes. Compartimos nuestros secretos, absolutamente todos. Gracias a este gran cambio en nuestra relación, logre que la llama sexual entre mis padres renaciera, hablándole a mi madre, dándole instrucciones de cómo hacer resurgir la vida sexual entre ambos, y ha dado mucho resultado.

Aunque no siempre sostenemos sesiones de dominación, estas son las más comunes en nuestra relación incestuosa. Descubrimos que tenemos muy pocos límites en este terreno, de hecho, mi madre, por orden mía, se anillo los pezones y el clítoris. En estas sesiones con mi madre yo siempre ejerzo el papel de ama, salvo cuando Samantha, nuestra vecina, juega con nosotras, y nos domina a ambas. Gracias a ella descubrí que soy switch (disfruto como Ama y como sumisa), y gracias a ella, tengo mis tetas y mi clítoris también anillados, así como mi madre…y también como mi hermana, quien cayo en nuestros juegos sexuales y conocio el BDSM de la mano de nosotras tres.

Pero esa ya es otra historia…
“FIN”
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CiberCiervo (14 de December de 2011 a las 00:48) dice: fotitos


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