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Mi memorable noche de bodas…


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Relato enviado por : narrador el 25/07/2013. Lecturas: 15103

etiquetas relato Mi memorable noche de bodas… Confesiones .
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Resumen
Durante casi cinco años Juan mi novio y ahora esposo, esperamos deseosos para casarnos, ahorramos hasta el último centavo, no tan solo para poder dar el primer pago de la casa, con la ayuda de nuestros respectivos padres, sino que también para poder darnos el gusto de celebrar nuestra boda a todo lujo, incluyendo el viaje de luna de miel, en un fabuloso crucero por el Caribe. Pero con lo que yo no contaba era con que mi flamante esposo, iba a estar tan y tan contento que se emborrachó como un verdadero pendejo, al grado que cuando salimos de la fiesta, al llegar al hotel, después de que tuve que registrarnos, prácticamente me tocó a mí cargarlo hasta la cama, por supuesto no fue algo que hice yo sola…


Relato

Si lamentablemente mi Juan se dejó emborrachar por nuestro padrino de bodas y otro de sus amigotes, durante nuestra fiesta, por lo que apenas y lo pude llevar a la cama del hotel, gracias a la ayuda de un par de botones, o sea los chicos esos que cargan las maletas en los hoteles. Yo en medio de todo después de dejar acostado a Juan sobre la cama, de darle su propina y despachar a los botones me sentía entre decepcionada y frustrada. Aparte de que bien molesta con él, por él haber bebido tanto.

El coraje o rabia que llevaba por dentro era tal, que apenas me quité toda la ropa, me dije a mi misma bueno si Juan quiso emborracharse, yo no me voy a quedar aquí como una estúpida velando su borrachera, así que decidí salir a divertirme un rato en el casino del hotel. Me puse lo más atrevido que pude encontrar entre mi ajuar para la luna de miel. Resultó que como una de mis amigas me regaló una mini falda extremadamente corta, y otra de mis amigas me regaló una blusa semitransparente, decidí ponérmelas a demás de un par de cositas más que me puse esa noche. Como ya les dije, con la idea de por lo menos bajar al casino a divertirme, y pasar el mal rato.

No había terminado de poner un pie en el casino, cuando ya varios tipos me habían puesto el ojo encima, además de que me encontraba bella y hermosa, la realidad es que la condenada minifalda me quedaba tan corta, que todos los hombres volteaban a verme, así que por más que yo la jaloneara para abajo, apenas y daba uno o dos pasos que se me volvía a subir, dejando prácticamente ante la vista de todo mi coño y mis nalgas, apenas cubiertas por las pequeñas pantis que me había puesto. A parte de cuando me puse la blusa, y me vi en el espejo de la habitación, había dejado la luz de la habitación apagada, para que Juan no se fuera a despertar, por lo que no me di cuenta que prácticamente tenía mis tetas al aire, ya que no me puse sostén.

Pero bueno estaba tan y tan cabreada con Juan, que eso no me detuvo, así que lo primero que hice fue ponerme a jugar en las tragamonedas, pero a medida que jugaba y jugaba, las atentas meseras del casino me iban trayendo una y otra vez cualquier tipo de bebida que les pidiera, sin costarme un solo centavo. Estaba tan concentrada en el juego y en mi bebida, que hasta me olvidé por completo de cómo andaba vestida, o mejor dicho prácticamente desvestida.

De las tragamonedas pasé al Black Jack, un simpático juego de cartas, que seguramente por ser mi primera vez, en lugar de salir perdiendo, gané. Ahí fue que me encontré con un par de hermanos conocidos míos, de la universidad. Ellos son Arnaldo y Reinaldo gemelos idénticos, y de inmediato me invitaron a la pista de baile. Lo cierto es que yo aunque no soy una bebedora experta, según entiendo tengo mucha tolerancia al alcohol, ya que con todo lo que había bebido, sabía muy bien que estaba haciendo.

Ya en la sala de baile, comencé alternarme con uno y con el otro para bailar, pero a medida que lo iba haciendo, ya fuera uno o el otro, poco a poco se fueron aprovechando, y ya a eso de las dos de la madrugada, nos encontrábamos en la mesa, bebiendo y yo dejando que Arnaldo y Reinaldo me besuquearan y manosearan toda. Yo en parte me decía a mi misma que lo hacía para vengarme de Juan que se había emborrachado en nuestra noche de boda, pero cuando los gemelos me invitaron a que fuéramos a su habitación, no lo dude ni por un instante en decirles que sí.

Así que apenas atravesamos la puerta de su cuarto, ambos me volvieron a caer encima. Mientras que yo sin oponer la menor resistencia dejaba que ellos hicieran lo que les diera la gana. Por lo que cuando uno de ellos me bajó la mini falda, yo en lugar de evitarlo, lo ayudé terminando de quitármela con los pies, cuando cayó sobre la alfombra. Entre los dos me continuaron besando y acariciando por todas partes, incluso uno de ellos hasta me desabotonó con sus dientes mi transparente blusa, la que yo misma terminé de quitarme de inmediato, quedando prácticamente desnuda entre Arnaldo y Reinaldo.

Aunque yo sabía que no debí haber subido con ellos a su habitación, porque me imaginaba lo que me podía pasar, aun y así no le hice, sin hacerle el menor caso al sentido común y dejé que entre los dos hermanos, continuase tocándome por todas partes, sus manos hábilmente recorrían mis muslos, nalgas y senos, hasta que uno de ellos con sus dientes retiró las pequeñas pantis que estaba usando. No les vendré con el cuento de que era virgen, no que va, Juan y yo desde hacía tiempo, veníamos practicando el sexo. Por lo que cuando los gemelos sacaron sus respectivos miembros, no me quedó la menor duda de lo que me esperaba.

Ya estando acostada en la cama con ambos, mientras continuaron besándome y acariciándome por todos lados, deseosa de sentir algo más que sus besos y caricias separé mis piernas, casi de inmediato comencé a sentir, como se abría paso dentro de mi vulva el miembro de uno de los gemelos, mientras que su hermano, hábilmente colocó su verga frente a mi rostro, la misma que no dudé ni por un instante en metérmela dentro de mi boca y dedicarme a mamar como una desesperada, mientras que disfrutaba el ser penetrada por su hermano por mi coño.

A medida que los hermanos continuaron haciéndome la mujer más feliz del mundo, ocasionalmente venía a mí mente la imagen de mi esposo acostado en la cama pasando su borrachera, y con más fuerza e ímpetu movía mis caderas, o le mamaba la verga a uno de ellos. Yo en medio de todo gritaba y gemía pero de gusto y placer, al tiempo que uno de ellos o los dos me decían lo putita y perra que yo era. Lo que realmente lejos de ofenderme me causaba gracia, más que todo por la manera en que me lo decían. Esa noche estando con ellos en su habitación hasta por el culo me dieron, sin que yo me quejase o me sintiera mal por ello.

Al terminar descansé por un corto rato, pero algo dentro de mi me pedía que siguiera, pero mis amigos ya estaban sumamente agotados, por lo que a pesar de lo mucho que yo había bebido, me di una ligera ducha, me asee, por lo que apenas me puse mi corta minifalda y mi transparente blusa, y sin más nada abajo, aparte de mis zapatos de tacón alto, y mi pequeña cartera. Salí de la habitación para regresar al casino. Ya nuevamente frente a una de las tragamonedas, seguí jugando, y bebiendo sin darme cuenta al principio que el jugador a mi lado, no quitaba sus ojos de mi destapado coño.

Era un hombre de unos cincuenta y tantos años, calvo y algo barrigón, pero su manera de ver mi coño de manera tan descarada, y de relamerse sus labios, en lugar de ofenderme, me provoco en mí un loco y fuerte deseo de hacer algo con ese tipo. Por lo que separando algo mis piernas, y girando en la dirección en que él se encontraba, le pregunté descaradamente que era lo que deseaba. El pobre calvo, tartamudeando me respondió, diciéndome. Espero que no se ofenda por lo que le voy a decir, pero me gustaría sentir su coño en mi boca. Al principio no me entendí claramente lo que me había dicho, pero una vez que lo repitió con voz más calmada, lo comprendí.

Así que en lugar de ofenderme, me dije a mi misma, bueno esto es por culpa del pendejo de Juan, si no estuviera durmiendo la borrachera esto no me sucedería, pero al mismo tiempo di una rápida ojeada a nuestro alrededor, y me acordé que en el nivel inferior de ese casino, se encuentran unos baños. Así que sin perder tiempo, tomé de la mano al pobre calvo, y nos encaminamos hacia las escaleras, una vez que llegamos al nivel inferior, me di cuenta de que era la entrada al pasillo de servicio, y justo al otro lado de los baños se encontraba una pequeña covacha de limpieza.

Sin demora ambos entramos dentro de la covacha, y ya dentro nada más me bastó levantar ligeramente la minifalda que estaba usando, para que mi depilado coño quedase por completo expuesto ante los saltones ojos del gordo calvo, quien de inmediato se arrodilló frente a mí y sin pérdida de tiempo se dedicó a mamar como un verdadero desesperado toda mi vulva. No podía creer que un ser tan aberrante, pudiera proporcionarme tan tremendo placer, al sentir su lengua lamiendo una y otra vez mi clítoris. Su boca me chupaba mi clítoris, haciendo que yo en un abrir y cerrar de ojos me sintiera en la gloria. Por un largo rato el gordo no dejó de lamer o chupar mi todo mi coño, arrancándome profundos gemidos de placer. Haciendo que rápidamente disfrutase de un sin número de intensos orgasmos, por lo que agarrándolo por las orejas restregaba una y otra vez su cara contra mi coño.

Hasta que de momento se abrió la puerta de la covacha, y un par de guardias de seguridad del casino, nos encontraron. Yo con mis piernas bien abiertas y el calvo mamando mi coño como todo un desesperado. Con la misma rapidez que me estaba lamiendo mi clítoris, el calvo se ha puesto de pie, y de inmediato limpiándose su rostro con la manga de su chaqueta, desapareció. Dejándome a mí con mis piernas bien abiertas y deseosa de seguir disfrutando. Los guardias me vio de los pies a la cabeza, se vieron entre si y sin decir nada tras dejar pasar al gordo calvo, cerraron la puerta tras ellos, y de inmediato sacando sus vergas del pantalón, uno de ellos la dirigió directo a mi abierto ensalivado coño. Mientras que el otro se las agenció para colocarse tras de mí, y darme sabrosamente por el culo.

Sentí como aquellos gruesos y largos instrumentos penetraban divinamente mi vulva y mi abierto culo, yo comencé a mover mis caderas, a medida que ambos continuaban metiendo y sacando sus vergas de mi cuerpo, con sus manos uno de ellos, prácticamente me arrancó la blusa dejando mis tetas al aire, las que a medida que continuaba clavándome su verga, me mamaba y mordisqueaba divinamente. Yo con mis ojos en blanco no hacía otra cosa que disfrutar del tremendo placer que ambos guardias me proporcionaban. Hasta que nuevamente volví a disfrutar de un sin número de profundos y divinos orgasmos.
En la misma covacha me lavé el coño, y me sequé con algo de papel toalla que había dentro de la covacha, que uno de los dos guardias me proporcionó. Pero a medida que me lavaba el coño descaradamente frente a ello, uno me preguntó mi nombre, y si era huésped del hotel, yo quizás por lo bebida que me encontraba, le dije no tan solo mi nombre, sino que esa era mi noche de bodas y que mi flamante marido se había quedado dormido en la habitación.

Tras lavar mi coño, ambos sin más ni más, agarrando sus respectivas vergas me pidieron que les diera una mamada a su verga, lo cierto es que ni lo pensé dos veces, y de inmediato me agaché entre los dos y me dediqué a mamar sus gruesos instrumentos, de manera alternada, al tiempo que yo misma introducía una de mis manos dentro de mi coño, y apretaba divinamente mi propio clítoris, hasta que al poco tiempo que ellos volvían a venirse dentro de mi boca, mi rostro y mis tetas, yo disfruté de otro enfermizo orgasmo esa noche.

Luego de volverme asear, y enjuagarme la boca con agua, ellos salieron primero, y a los pocos segundos, tras arreglar mi blusa y tratar de que mi minifalda cubriese mi coño, regresé al casino, con la idea de seguir jugando, bebiendo, o jodiendo con quien se me presentase. Fue cuando vi a mi esposo, dando tumbos, acompañado por un botones, que lo conducía al elevador. Justo en ese instante les di alcance, y al preguntar qué había sucedido, el botones sin quitarme los ojos de encima me comentó que al parecer, mi esposo se había despertado, y me había estado buscando. Antes de entrar al elevador otro botones tomó a mi esposo por el otro brazo, y así nuevamente lo pudimos conducir a nuestra habitación.

Ya lo habían vuelto acostar en la cama, cuando con toda la intención le pregunté a los chicos, como podía pagarles el gran favor que me había hecho ayudándome con mi esposo. Los dos clavaron sus ojos en mi apenas cubierto coño, y no hizo falta que dijesen o hicieran más nada para que yo les comprendiera. Así que de inmediato bastó con que yo dejase caer mi minifalda, y me quitase la blusa, para quedar completamente desnuda frente a ellos dos.

Por un instante parecía que no se ponían de acuerdo, pero finalmente uno de los botones, me condujo al balcón, mientras que el otro se quedó montándole guardia a mi borracho esposo. Así que esa madrugada, yo simplemente me recosté contra el barandal del balcón, separé mis piernas, y casi de inmediato sentí la divina verga de ese botones penetrando mi coño.

Al terminar, al otro se le antojó en querer darme por el culo, y de inmediato en la misma posición sentí su verga atravesando mi apretado esfínter. Lo cierto es que los dos chicos me hicieron disfrutar bastante, y al marcharse, entré a la ducha y tras un buen baño, me acosté al lado de Juan. Al siguiente día, ya a eso de las doce del día, Juan se despertó, y al verme completamente desnuda a su lado, no lo dudó ni por un instante, y se dedicó a penetrarme. Fue cuando me desperté, y a pesar de lo molesta que estaba con él, continuamos teniendo sexo.

Desde luego que no le dije nada de lo sucedido, durante el tiempo que él estuvo borracho en la cama, y ni se acordaba de haberse levantado. Juan y yo pasamos un par de días más en el hotel, para luego salir en un crucero por el Caribe, pero durante ese par de días en dos ocasiones me volví a encontrar con uno de los guarias del casino, así como con uno de los botones, dentro de nuestra misma habitación, mientras que Juan se encontraba divirtiéndose en el casino…

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