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Mi odioso vecinito 4: La Tarea de Matemáticas


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Relato enviado por : Anonymous el 05/05/2010. Lecturas: 8885

etiquetas relato Mi odioso vecinito 4: La Tarea de Matemáticas Dominacion vecinos .
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Resumen
Exhibida, sodomizada y esclavizada. Pobre Megan ¿No?


Relato
Mi mente era un caos.

Estaba reclinada sobre mi escritorio sin poner atención a lo que el profesor decía en la clase. Lo que había sucedido ayer en la fiesta aún me tenía en shock. No solo había perdido mi virginidad con el candidato menos pensado, Mateo, sino que…

…a pesar de lo que sea, me había gustado.

Angustiada cerré los ojos mientras recordaba en detalle cada movimiento, gemido y beso, y sin poder evitarlo una sonrisita se asomo en mi rostro. Pero al visualizar a Mateo la sangre me hirvió de coraje y apreté los puños.

Me sentía engañada. El nerdcito se había aprovechado que la bebida me había pegado de más, y con alevosía y ventaja me había llevado a ese mirador con la intención de desvirgarme.

"¡Estúpido, maldito Mateo!" Dije de repente, olvidándome de donde estaba.

"Eh... ¿Señorita Megan? ¿Desea usted compartir algo con la clase?" Dijo en un tono soberbio el profesor de matemáticas, a la vez que el resto de la clase se moría de risa.

"N.no, profesor, perdone… estaba distraída, lo siento."

"Señorita Megan, le aseguro que no la entiendo. Ayer recibí los trabajos de toda la clase, y el de usted fue el peor. Si vuelve a sacar una calificación así podría ser expulsada. ¿Entonces le parece a usted bien estar distraída en mi clase?"

Oh Dios. ¡El profesor tenía razón! Mis calificaciones eran espantosas, y si volvía a sacar un trabajo tan malo perdería el derecho a examen…

… y adiós escuela.

"Perdón, profesor... –Respondí con preocupación- pondré más atención de ahora en adelante."

"Muy bien, señorita Megan.. –Dijo el profesor dándose la vuelta- bueno, como les iba diciendo, la estructura del cálculo diferencial es…."

Y la clase siguió su curso.



*** 3 horas después, en mi recamara ***



Me le quede viendo al libro de matemáticas, tratando de resolver uno de los problemas que nos habían dejado de tarea para entregar mañana….

…. Pero era inútil. No lograba entender NADA.

"Dios, ¿A quién quiero engañar? Soy una idiota." Dije desconsolada, dejándome caer sobre mi cuaderno. Mi vida dependía de entregar bien este trabajo, porque si no, las consecuencias serian horribles.

Estaba a punto de llorar, cuando de repente se me ocurrió una solución.

¡Mateo!

¡Si! Sin duda el me podría ayudar con el trabajo. Y después de lo de ayer no podría negarse.

Con una expresión de alegría agarre mis libros y fui corriendo hasta su casa. Una vez ahí subí a toda velocidad las escaleras y cuando llegue a su recamara abrí la puerta de golpe.

Pero Mateo no estaba solo. El y otros 4 nerds estaban jugando Xbox, y al verme todos pusieron una cara de sorpresa.

"Eh... hola chicos. Mateo, ¿Puedo hablar contigo un segundo?" Dije en tono amistoso.

Y sus amigos no movían ni un musculo, impactados por mi presencia. Creo que lo que menos esperarían ver en la recamara de Mateo seria a una chica guapísima y que encima les dirigiera la palabra. Claro, normalmente me hubiera fascinado recibir tanta atención, pero ahora mi misión era urgente. Tenía que hacer la tarea de matemáticas.

"Claro, Megan… ven, platiquemos afuera." Dijo Mateo con actitud extrañamente seca.

Y con eso el y yo salimos al pasillo, y Mateo cerró la puerta para tener privacidad.

"Mira... aun no me tienes nada contenta con lo de ayer, eh." Le dije con una cara de reproche. "Pero, aun así... tengo un problema. Resulta que si no entrego bien este trabajo de matemáticas, me van a expulsar. "

"Pero ¿Megan? ¡Si son matemáticas básicas!" Dijo Mateo en un tono burlón, lo cual me hizo sentir la más estúpida del universo.

"¡Si, idiota, para ti…! Pero para el resto de la gente NO. Entonces ¿Me podrías ayudar?"

Mateo dudo varios segundos, poniendo otra vez esa cara misteriosa.

"Es que, Megan, tengo que terminar también otros trabajos, y mañana es la fecha de entrega. No tendría tiempo."

"Pero... Mateo, si no entrego esto ¡Me van a expulsar...!" Dije con una carita de ternura.

"Megan, lo siento, es que no puedo hoy. Mañana podría ser y…"

"¡Pero esto no puede esperar a mañana…! Necesito tu ayuda, Mateo. Además, ayer me quitaste la virginidad ¿No cuenta eso para algo?"

A Mateo se le endureció la mirada.

"Si Meg, pero también me hiciste sentir fatal en la fiesta, y con tus amigas, y luego del incidente de la virginidad. Nunca nadie me había hecho sentir tan… poca cosa, como tú."

"Perdón Mateo, pero ahorita ayúdame ¿Si?" Dije suplicante.

"Lo siento, Megan… hoy de verdad no puedo."

Me sentí a punto de llorar, y con actitud derrotista le dije: "E..está bien, Mateo ¿Te gustaría… darme por atrás? ¿O que te la chupe? Solo pídemelo."

"Megan, eso lo puedo tener cuando quiera. No me convences." Contesto fríamente.

"Ay Dios, ¿Entonces qué quieres...?" Dije con un pequeño berrinche, pateando de forma cómica la pared.

Mateo se quedo serio unos minutos, pensando. Entonces una sonrisa volvió a su rostro y emocionado me dijo: "Mira, te ayudare con una condición. Tu trabajo de matemáticas me va a tomar unas 3 horas, y cómo pudiste ver estoy con mis amigos en la recamara. Bueno, quiero que durante todo ese tiempo estés desnuda con nosotros. Y deberás estar así y hacer todo lo que yo te pida. ¿Entendido?"

"¿!Queee?! ¿Pero estás loco? ¿Cómo crees que yo…?" Dije alzando la voz.

"Bueno, es el único camino, Megan. Tómalo o déjalo" Respondió Mateo con una actitud de triunfo.

"P.pero, ¿Y si tus amigos cuentan lo que paso?" Pregunte con miedo.

"No, que va. Son de toda mi confianza, y muy discretos."

"¿Pero, y si……?"

"Ya, Megan, decídete… el tiempo es oro."

Me quede paralizada por el coraje durante unos segundos, y cuando por fin logre calmarme me di cuenta que en realidad no tenía otra opción. Era soportar una nueva humillación o perder la escuela, tan simple como eso.

"Está bien Mateo. TU ganas."

"Si, Megan, siempre gano yo. Mientras más rápido lo entiendas, mejor te ira. Ahora, princesa, pasa a mi recamara por favor."

"Estúpido." Le dije con coraje, y cuando volví a entrar al cuarto los 4 chicos me esperaban con ansias. Y ya con más calma vi que era un grupo bastante peculiar. Estaba un chico gordito de aspecto simpático, 2 flaquitos de pelo negro, y un chico pequeñito, pelirrojo. Con una sonrisita malvada pensé que seguramente ninguno era material de las fantasías de alguna mujer en la escuela.

Y tuve que hacer un esfuerzo para no reírme ante esa idea.

"A ver, todos, -Le dijo Mateo al grupo- durante la tarde Megan va a estar acompañándonos mientras hacemos SU tarea de matemáticas. ¿Quién la quiere ver desnuda?"

Obviamente, se armo el gran alboroto y TODOS los nerds levantaron la mano.

Bueno, Megan, ya viste. Todos quieren verte desnuda, así que mi amor, comienza."

"Idiota..." Le dije en voz baja a la vez que volteaba a ver a los chicos, que solo esperaban en silencio a que el gran show diera comienzo. Sentí de repente que en la habitación hacía mucho calor, y durante unos segundos jugué nerviosa con mi pelo, sin decidirme a nada.

El color rojo de mi rostro me delataba, me sentía súper apenada. Perder el pudor y quedar desnuda frente a 4 desconocidos no era nada fácil, y no sabía si lograría reunir la fuerza de voluntad para hacerlo.

"Ejem, Megan. Te estamos esperando, fuera ropa…" Dijo Mateo con una sonrisa malvada, mostrándome en una mano mi libro de matemáticas para hacer presión.

"Ay Mateo.. es que.. no se…"

"Megan…"

Me mordí los labios de forma infantil, bajando la mirada. No había forma de ganar esta batalla.

Y entonces, con todo el valor que logre encontrar, cruce los brazos y agarre la parte de abajo de mi blusita rosa y la fui subiendo lentamente por mi torso hasta que me la quite. Mis firmes y redonditos pechos quedaron entonces a la vista de mi peculiar público, que solo sudaba copiosamente y abría la boca.

Luego me desabroche mis pequeños shorcitos de mezclilla, y con un gesto simpático los fui bajando por mis piernas hasta quedarme solo con mi tanguita rosa. Y finalmente la diminuta prenda quedo en el piso también, y mi delicado coñito, apenas cubierto por un sensual triangulo de vello negro, quedo completamente expuesto.

El silencio en el cuarto era impresionante. Los nerds no se movían ni un milímetro.

"Wow, Megan." Dijo Mateo impresionado. "Te ves súper sexy. "

"Si, muy linda." "Preciosa." "Qué bonita." Dijeron los demás nerdcitos de forma simpática, mientras me recorrían con la mirada de pies a cabeza. Y tampoco pude evitar notar que sus erecciones ya no eran tan "discretas", por más que lo querían disimular.

Y me mordí ligeramente los labios, sonrojándome mucho.

"G..gracias, chicos.." Respondí tartamudeando, apenadísima. Nunca había estado desnuda ante tanta gente, pero al sentir como mi cuerpo reaccionaba con excitación ante la situación me di cuenta que…

…la sensación no era tan desagradable.

Sonreí un poco, y con un gesto coqueto puse mis manos en la espalda y me incline un poco a la derecha. Luego voltee a ver a Mateo, y al ver que ya estaba escribiendo algo en mi cuaderno me tranquilice. Mi tarea iba en camino.

Mire de nuevo a los chicos y los pobrecitos seguían como hipnotizados, con una cara de lujuria tremenda. Era obvio que cada centímetro cuadrado de mi piel estaba siendo minuciosamente examinado.

"Y… ¿Qué estaban haciendo, chicos?" Les pregunte amistosamente, tratando de cambiar el tema.

Uno de ellos, el gordito con lentes, me respondió: "Eh… estábamos jugando Halo, Megan. P.pero... ya nos aburrimos"

Claro, pensé cínicamente. Que coincidencia que se "aburran" cuando esta una mujer desnuda en la recamara.

Mateo seguía haciéndome la tarea, y entonces tanto sus amigos nerds como yo nos quedamos en el mas incomodo de los silencios. Nadie movía ni un musculo, y la tensión sexual en el aire era tremenda. Yo no sabía qué hacer.

¿Debía sentarme, o quedarme aquí parada? Es más, ¿Me atrevería a sentarme junto a los nerdcitos? No sé, sin dudas sería algo incomodo.

De repente Mateo volteo a vernos, y al ver nuestra indecisión dijo: "A ver, Megan, ve y acuéstate en medio de la cama, mis amigos seguramente quieren verte de cerca…"

Le puse a Mateo una cara que le dejo en claro que el plan no me agradaba ni tantito. Pero como no tenia opción, suspire resignada y fui hacia la cama, y con movimientos suaves me recosté en ella, boca arriba, tratando de mantener mis piernas muy juntas y mis brazos cruzados sobre mí estomago en una actitud pudorosa.

Entonces uno a uno los nerdcitos se fueron sentando a mi alrededor, y casi se les caían los ojos al tenerme tan cerca. En especial vi que les interesaba mi coñito, y con pena me dieron ganas de agarrar una almohada o algo para taparme…

De hecho, eso estaba a punto de hacer, cuando Mateo dijo: "No, Megan, es más, abre las piernas un poco y pon los brazos en la cama… "

"Ay Mateo, es que…" Trate de protestar.

"Nada, princesa, obedece…" Me interrumpió.

Me gustaba como me había llamado. Princesa. Y algo en su tono de voz se me había hecho excitante. Obedeciendo, abrí un poco mis piernas y coloque mis brazos en la cama, apretando con ansiedad las sabanas.

De nuevo sentí muchísimo calor, que era cada vez más insoportable, y comencé a sudar. Y en apenas unos segundos mi cuerpo estaba brillando sensualmente bajo la luz de la habitación, y por la misma causa mi pelo se pego un poco a mi rostro y mi respiración se hizo notoriamente más agitada.

Muy a mi pesar, me estaba excitando.

Ay no. No, no puedo ponerme así. ¡Se van a dar cuenta! – Pensé angustiada.

Pero no había marcha atrás. Mi cuerpo estaba entrando en fase sexual, y la siguiente señal fue que mis pezones se pusieron firmes y paraditos, ansiando ser chupados y lamidos. También mi clítoris reacciono, y sensualmente salió de su escondite un poquito.

Por si fuera poco, en mi delicado triangulito entre las piernas la humedad comenzó a ser aun evidente, y mis labios aumentaron sutilmente su grosor, dejándome en evidencia.

Y lo peor de todo era que me estaba sonrojando muchísimo. Para cualquiera seria claro que estaba frente a una mujer con ganas de tener sexo. Y ya, urgentemente.

Mateo volteo a verme y al ver su expresión supe que también se había dado cuenta.

Con muchísima curiosidad vi que se levanto hacia un closet en busca de algo, y cuando lo encontró fue a sentarse junto a mí. Entonces saco una delicada venda negra, y sin preguntarme me la puso alrededor de la cabeza, cubriendo mis ojos.

"¿Qué…haces, Mateo?" Pregunte sorprendida pero sin oponer resistencia.

"Nada, tu quietecita…"

Y con un apretón la venda quedo firmemente en su lugar. Trate de abrir un poco los ojos pero era imposible. Estaba perfectamente bien colocada y no podía ver NADA. Entonces oí como Mateo caminaba de vuelta a su escritorio y el cuarto volvió a quedarse en silencio durante algunos minutos, en los cuales la tensión sexual fue subiendo de forma bestial…

…hasta que se volvió casi insoportable. Mi cuerpo estaba a mil por hora y necesitaba algún tipo de desahogo YA.

Entonces Mateo le dijo a sus amigos: "Vamos, idiotas. ¿O no quieren manosearla?"

Me mordí los labios con un gesto coqueto, ya que estaba siendo ofrecida como sacrificio a 4 nerdcitos, y mi cuerpo no tenía dudas al respecto. Quería más.

Y lo primero que sentí fueron unas manos torpes, miedosas, que me acariciaban los hombros con la punta de los dedos. Luego paso lo mismo en mis piernas. Después en mi estomago y finalmente en mis brazos. Me acariciaban poco a poco, apenas con las yemas, como si yo estuviera hecha de cristal y no quisieran romperme.

Pero poco a poco las manos fueron volviéndose más atrevidas. Un par se deslizo sensualmente por mi piel hasta llegar a mis pechos y sin pedir permiso los aprisiono entre sus palmas, masajeándolos vigorosamente en una deliciosa cadencia que casi me saca un gemido.

"Uf…." Dije volteando la cabeza a un lado. La sensación era deliciosa, y sin darme cuenta arquee un poco la espalda para exhibirlos mejor. Me los apretaban, jalaban, movían, juntaban... uff, y cada contacto me volvía loca.

Me mordí los labios nuevamente, y de repente sentí como una mano curiosa aterrizo en mi estomago sin avisar…

…y comenzó a bajar…y bajar… y bajar…

Hasta que con un movimiento sexual se deslizo entre mis piernas y se apretó con firmeza contra mi sexo. Y ahí si no pude contenerme.

"Ahhh…" Gemí tiernamente, dando un saltito.

La mano, seguramente envalentonada por mi reacción, comenzó a frotarse lentamente de abajo hacia arriba, estirando y jalando mis delicados pliegues y dándole un toquecito ocasional a mi pequeño clítoris, que recibía las atenciones con gusto.

Al mismo tiempo el resto de mi cuerpo era acariciado cada vez más agresivamente. Ahora sentía manos por todas partes, en mis piernas, brazos, cuello, estomago. Y cada músculo en mi cuerpo estaba ahora tenso, mientras yo gemía y me retorcía cada vez mas descaradamente, perdiendo poco a poco el control.

Y en respuesta las manos aceleraron aun más sus candentes atenciones, como si fueran una jauría de Lobos despedazando a su presa.

"Ahhhh…..mmm……mmmmm….." Gemía tiernamente, pasando mi lengua por los labios mientras mis pechos eran apretados vigorosamente y varios dedos coquetos pasaban a toda velocidad alrededor de mis pezones, dándome deliciosos escalofríos.

Y entre mis piernas la cosa no iba mucho mejor, y con una exquisita impotencia podía sentir como varios dedos entraban agresivamente en mi intimidad y jugaban deliciosamente con cada milímetro de piel, hasta que después de algunos segundos llegaba una nueva mano y hacia lo mismo, para entonces volver a repetir el ciclo…

Pero para mí frustración me di cuenta cada mano me acariciaba de forma diferente. El ciclo nunca se completaba, porque justo cuando me sentía a punto de llegar al límite llegaba una nueva mano y peleaba brevemente con la anterior, tomando su lugar. Entonces volvían las caricias, pero de una forma diferente, y cuando de nuevo comenzaba a acostumbrarme, pasaba lo mismo y me cortaba la inspiración.

"Ahhhh…..ahh…….mmmm…" Gemí a modo de queja, pero fui ignorada. Quería un orgasmo YA, pero con impotencia supe que las manos no se pondrían nunca de acuerdo, y me sería muy difícil venirme en estas circunstancias.

Pero oh Dios… lo deseaba tanto. Todo mi ser quería sentir ese delicioso fuego entre las piernas. Vendería mi alma al diablo por tener uno, ya.

Pero mi premio no llegaba…

Y así, durante 20 minutos fui manoseada hasta el cansancio, por todos lados. Y aunque todo había sido riquísimo, exquisito y delicioso… Mi calentura estaba al mismo nivel que mi frustración, a mil por hora, y a este ritmo algo tendría que pasar.

Y creo que Mateo se dio cuenta también de mi situación, porque de repente le dijo a sus amigos: "Bueno, ya idiotas, dejen a mi Megancita en paz… váyanse a su casa."

Y claro, las protestas no se hicieron esperar: "Pero Mateo…" "No, no nos digas esto, es que… " "Que poca Madre, en serio."

Pero la decisión estaba tomada. Yo era un manjar demasiado apetecible como para dejarlo a que se enfríe en la cama. Y así me quede en silencio mientras oía como uno a uno los chicos iban saliendo de la habitación, hasta que la puerta se cerró, y nos quedamos solos Mateo y yo.

Entonces oí que Mateo iba al closet cercano por algo, y luego se acostó a mi lado y con un gesto dominante me hizo ponerme de ladito, con mi espalda hacia él. Y para sorpresa mía me tomo de las manos y me obligo a ponerlas en la espalda, donde rápidamente amarro mis brazos con una cuerda.

"¿Pero qué… haces?" Pregunte en voz baja, temblando de la emoción.

"Nada, solo me di cuenta de que te gusta obedecer." Dijo Mateo mientras ataba ahora mis tobillos. Trate de moverme un poco, pero era inútil Las ataduras estaban muy bien hechas, y eso mas la venda me dejaba en una posición sumamente vulnerable.

"Estás loco Mateo… ¿Obedecer?" Respondí con sarcasmo.

"Si, obedecer. Por ejemplo, princesa, te tengo aquí atada y vendada… y no has hecho nada por defenderte."

"Pero… es porque me estas chantajeando por… lo de mi tarea." Dije apenada.

"No, no es eso, Megan. ¿Harías algo si te digo que de todos modos te pienso ayudar con la tarea? O sea, podría liberarte en este momento si tú me lo pides. Pero te gusta obedecer, naciste para eso, y sé que no lo harás…"

La voz de Mateo sonaba muy segura, y no sé porqué, pero su actitud me envió cosquillitas por todo el cuerpo. "Ay.. Mateo, estás loco.. yo…"

"Sabes que lo que digo es cierto, Meg, naciste para obedecer. Solo acéptalo." Dijo acercando su boca a mi oído, acomodando su cuerpo descaradamente contra mi espalda hasta quedar los dos de cucharita.

"Ah…" Se me escapo un gemido.

Oí que Mateo agarraba algo de su cajón, y luego también el inconfundible sonido de su zipper bajando.

"Te diré lo que viene, Megan. –Dijo en mi oído- Me estoy poniendo lubricante en la verga, y pienso darte por el culo como castigo por todas tus humillaciones."

"P…pero…" Proteste débilmente. Ayer había perdido la virginidad, y tenía muchas ganas de repetir."¿No te gustaría más si…?"

"Pero nada, princesa. Te daré por atrás, y si no admites que eres sumisa, te seguiré dando y dando, hasta que lo hagas."

Me quede en silencio mientras Mateo seguía con sus preparativos. No supe que decirle. La forma en la que había planteado mi situación me había acelerado muchísimo.

Aun de cucharita, Mateo pasó un brazo por debajo de mi cuello para sujetarme de forma dominante. Luego sentí como se agarraba el miembro con la otra mano, y entonces fue guiando la gruesa cabeza entre mis nalgas, hasta que la misma se apretó sin mucha sutileza contra mi ano.

"Ay.. M.mateo.." Dije a modo de protesta, pero el solo me sujeto aun más firmemente contra su cuerpo. Y sin muchos preámbulos Mateo dio un empujón vigoroso con sus caderas y su verga comenzó a meterse por mi culo, poco a poco.

"Ah… ahhhh…M..mateo…no…" Dije retorciéndome contra las ataduras.

"Shhhh, princesa… quietecita…" Me dijo respirándome en el cuello, lo cual me puso aun más caliente. Sin piedad, su miembro fue deslizándose sin piedad entre mis nalgas, hasta que con un empujón final quedo completamente enterrado en mí.

"M..Mateo…" Dije débilmente, sudando muchísimo.

Pero esta vez no había tiempo para sutilezas.

Mateo comenzó a mover sus caderas en un ritmo brutal, avasallador. Me puse inmediatamente tensa al sentir como su poderosa serpiente me bombeaba el culo con furia, como me golpeaba las entrañas una y otra vez como si quisiera partirme en dos. La cama comenzó a zarandearse VIOLENTAMENTE y solo pude apretar los puños con impotencia.

"Ay…..M..mateo…ahh….mmm…" Gemí con una actitud infantil, mientras él me respiraba bruscamente al oído.

"¿Así te gusta, Megan? ¿Qué tu nerd te haga esto? Dímelo." Me dijo con una voz cachonda, acelerando aun más el ritmo de su penetración.

"No…no me… gusta…" Respondí entre gemidos.

"¿Ah no? Pues vas a tener que admitirlo hoy, Megan… "

La sensación era deliciosa. Ahí estaba yo amarrada, vendada, sin poder resistirme a nada mientras era sodomizada cruelmente. Mis nalgas rebotaban contra el cuerpo de mateo una y otra vez, recibiendo el más exquisito de los castigos mientras el ardor sexual en mi ano me estaba volviendo loca.

Y me di cuenta que mi resistencia se acercaba a su final. Ante tanto placer no podría mantenerme "digna" por mucho tiempo más.

"Dilo, Megan, di que naciste para obedecer. Dilo." Decía insistentemente Mateo en mi oído, y al verme tan cerca del precipicio decidió aumentar mis dificultades. Su mano se deslizo entre mis piernas y comenzó a frotar agresivamente mis intimidades, logrando que me estremeciera lujuriosamente.

"Ahhh…..Mateo…no.. puedo.. mmmm…" Dije mordiéndome los labios. Y ante las repentinas atenciones mi clítoris no me estaba ayudando en nada, y lo sentía al rojo vivo, deseoso de soltar su preciosa carga de placer en mi indefenso cuerpecito.

"Si, si puedes... dilo."

Dije que no con la cabeza, pero sabía que no podría aguantar mucho mas.

"Dilo… dilo….dilo…"

"…N.no.."

"¡Dilo...!"

"..n..no, no puedo…"

"DILO…"

"n.no….."

Mi respiración se cortaba con cada acometida, y con la lujuria mas infinita podía sentir como su verga se movía a placer dentro de mis intestinos, esperando el momento para soltar su veneno y completar su victoria. Y el calor entre mis piernas fue aumentando hasta que se volvió insoportable, y mi voluntad comenzó a caerse a pedazos…

…Y el momento finalmente llego.

"M..me…gusta…obedecer."Dije con voz débil

"Dilo de nuevo…" Me dijo al oído Mateo, respirando agitadamente sin detener ni un segundo su brutal martilleo.

"Me…gusta..obedecer..…ahh…"

"… te falto decirme "Amo" Dijo Mateo de forma juguetona.

"..Amo…"

"Uff, Megan, eso prende, dilo mas."

"Amo… ahh…mmm.." Dije poniendo una carita de angustia, sintiéndome la peor de todas al decir esas cosas, pero a la vez excitadísima.

"¿Te gusta que un simple nerd te este dando por el culo, princesita presumida?"

"S…si…Amo...ahhh…mmmm…." Asentí con la cabeza, apretando los puños.

"¿Y qué ese nerd te llene a cada rato el estomago y la boca de semen?"

Y oír eso me calentó aun mas, si acaso era posible, e inconscientemente me apreté contra su cuerpo, jadeando con lujuria desmedida mientras su verga seguía taladrándome sin piedad el ano, a la vez que sus dedos hacían maravillas contra mi sexo, preparándome para el más brutal y delicioso orgasmo de mi vida. "Uf….sí, Amo...mmm…"

De repente sentí una suave cachetada. ¡Slap…!

"Ay.. M..mateo…" Dije a modo de protesta.

"Pídeme más, dime qué quieres verga, Megan.. "

"Ahh...mmm…M.Mateo…quiero verga…"

¡Slap…!

"¡Mas…mas, pídeme que te llene el culo de semen, Megan!" Dijo Mateo moviendo sus caderas cada vez más rápido, a punto de venirse.

"¡M.mateo…lléname.. el culo..de tu leche…lléname..lléname, M.mateo…uf...Mateo…" Dije casi gritando, sin importarme nada.

"Uff… ¿La niña fresa quiere su lechita?"

"S..si, .. por el culo..si...uff…." Dije con desesperación, dejando escapar un tierno gemidito. Y Mateo no pudo más. Al oír eso último, se apretó contra mis nalgas con una fuerza brutal, y sentí como su espeso y ardiente semen empezaba a llenarme el culo.

"¡M.megan… Ahhh..MMmm…!"

"Ahh….M.mateo.. " Gemí con impotencia, luchando contra mis ataduras. Pero era inútil. Había sido sometida, manoseada y sodomizada, y ahora estaba recibiendo la semilla de mi verdugo en mis entrañas. Y ese pensamiento fue el detonante del mas brutal y despiadado orgasmo de mi vida…

…Y mi cuerpo se retorció lujuriosamente entre mil gemidos, abrasado por el delicioso fuego que entre mis piernas se expandía a toda mi piel, durante agónicos minutos que me parecieron horas, hasta que...

…Poco a poco fui volviendo en mí. No sé cuánto tiempo paso, pero Mateo seguía respirando agitadamente contra mi oreja, temblando por la emoción, mientras su cuerpo perdía fuerza poco a poco en mi interior.

Trague saliva, sintiendo un calor tremendo. El ardor entre mis nalgas era exquisito, y el saber que había sido abusada de tal manera me había prendido como nunca hubiera pensado. La humedad entre mis piernas era evidente, y casi parecía que hubiera tenido un delicioso accidente. Entonces Mateo me abrazo fuertemente por la cintura y se apretó contra mi espalda, para decirme al oído:

"¿Ves como te gusta obedecer, niña fresa?"

"S.si. " Dije poniéndome roja de la vergüenza, respirando con dificultad.

"¿Si qué?"

"S..si, M.mateo… perdón, Amo." Dije de nuevo, aun con más pena. Una cosa era saber que me gustaba obedecer, otra controlar la impotencia que sentía al rendirme así.

"¿A la princesita le gusto sentir un palo en el culo?"

"Uff.. si.." Dije con una risita sexy.

Mateo me dio un beso en la mejilla y limpio un poco del sudor en mi rostro y cuello, para luego salir de mí cuerpo. Pero por su actitud supe que no se detendría con lo que acababa de pasar, y entonces con mucha delicadeza me cargó entre sus brazos y me coloco debajo de su escritorio, arrodillada hacia la silla.

"¿M.mateo? ¿Qué…?" Pregunte sin poder hacer nada al respecto, pero el me tranquilizo con una caricia.

"Shhh, Meg. Aun tienes que hacer algo por mí."

Y estando ahí abajo me sentí súper incomoda, ya que el espacio era pequeñísimo. Y el estar atada de pies y manos, y con una venda en los ojos no ayudaba precisamente a que me sintiera mejor. Pero aun así, él ser tratada de esa manera…

.. Me tenia excitadísima.

"No te vayas a levantar, Megan, te podrías golpear." Dijo entonces Mateo con una voz juguetona, y luego oí como se sentaba frente a mí y acercaba la silla. "Veras, princesita, aun me falta una hora para acabar tu tarea, y durante TODO este tiempo vas a estar aquí abajo mamando. ¿Esta claro?"

"S..si.. Amo." Dije poniendo una mueca sexy.

Entonces Mateo acerco su silla aun mas al escritorio, aprisionándome en el reducido espacio. Entonces me agarro la cabeza y me fue guiando hasta su miembro, que ya había recobrado fuerzas, y con un delicioso gesto…

…me lo metió en la boca.





*** 1 hora después, en mi recamara ***





Llegue a mi recamara cansadísima, y después de colocar mi tarea en mi escritorio me deje caer en la cama.

"¡Uffff!" Dije con un cansancio tremendo, y me quede así quietecita sobre la cama. Tenía la mandíbula adolorida, ya que Mateo me había tenido mamándosela abajo del escritorio casi 50 minutos, y nunca pensé que tendría la resistencia para venirse dos veces más.

"¿Cómo… aguanta tanto el nerdcito?" Dije débilmente, frotando mi rostro suavemente contra la colcha.

Pero a pesar de todo me sentía feliz… y confundida.

Aunque me daba mucha vergüenza admitirlo, había descubierto mi naturaleza sumisa. Bueno, muchísima vergüenza, de la peor. Era indignante y humillante lo que Mateo me acababa de hacer… pero de alguna forma eso había multiplicado mis sensaciones sexuales por mil, y al final todo había sido exquisito, inigualable, delicioso.

Pero el haber perdido así mi voluntad y auto-control me había asustado muchísimo. El recordar cómo le había rogado a Mateo que me la metiera más, que se viniera adentro de mí, mis gemidos descarados…

…Me hacía sentir la más puta del universo, una perra que entra en celo y no le importa nada más que ser cogida.

Una cosa era clara: De esto nadie debería enterarse nunca. NUNCA. Nadie debería saber nunca que la orgullosa Megan tenía esos deseos.

Y aunque me costara aceptarlo, Mateo estaba pasando de ser un chantaje a una necesidad. Simplemente, lo sabía. Necesitaba tener a alguien dominante en mi vida, pero en secreto. Alguien que me sometiera, que me domara y que fuera discreto.

Y la relación que tenia con Mateo parecía ser ideal. En público el era tímido y yo arrogante, pero en privado él se volvía dominante y yo sumisa. En fin, tal para cual. Pero como sea, no pensaba ponérsela fácil al nerdcito.

Si Mateo quiere domarme, tendrá que sufrir. Y mucho.

Y con una coqueta sonrisita me fui quedando dormida…
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Comentarios enviados para este relato
superuser15 (4 de December de 2010 a las 01:12) dice: Tus relatos estan de pelos


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