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Paquito… Pajas Con…

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Relato enviado por : AlexisRemington07 el 04/05/2013. Lecturas: 9616

etiquetas relato Paquito… Pajas Con… Gay .
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Resumen
Estabamos casi desnudos, muy pegados, sintiendo nuestro calor, nuestras pieles rozándose, sintiéndose tan suave, tan caliente...

Yo aventándole indiscriminadamente mi culo, él quien sabe por que pero se arrinconaba hasta la pared, haciéndose lo más chiquito que podía para no sentir como ardía, como me quemaba el fuego que me abrazaba la piel, como lo quemaba y como lo abrazaba, como mi calor y mi olor lo prendían tanto que cuando puse mi mano en su verga ya estaba dura y levantada, sin objeción se dejo que la metiera dentro de su calzoncito...

Tal vez por calentura, por morbo quien sabe pero así era…



Relato

Paquito… Pajas Con…




( Una Mañana de Colorines )




Paquito:




Mediodía de un día cualquiera…

En un remoto lugar del mundo…

Época de abundancia; bueno eso digo yo…


Estábamos Paquito y yo desde hacía rato en la colina desde donde se podía ver todo el pueblito donde vivíamos, divisando la panorámica de las huertas que había muchas, del rió que bajaba del Cerro del Pico, de las primorosas casitas que en su mayoría eran pintadas en blanco con techos a dos aguas en teja color ladrillo; habíamos venido de dejar el ganado de nuestras respectivas familias, Paquito era un primo segundo de sabe cuantos años en aquel entonces, era un chico guaperas, y sin dudarlo era el más chulo de todos los primos, alto, delgado con la piel del color de la arena, con el cabello castaño claro, la frente amplia, los ojos almendrados y en color miel, la nariz grande y afilada, labios sensuales, era un chulazo de morro -desde que me acuerdo era un tipo pijudo y por ello me tenía encantado, en pocas palabras me tenía hasta las manitas, que aunque no era feo si era de esos chiquillos llorones o como decían por allí, algo culón y ver a Paquito tan desenvuelto, tan independiente, tan valiente y tan, tan, chulo que era imposible no sentirse atraído por el pelado que desde niño ya pintaba en un chulazo-, Paquito siempre fue mi dolor de cabeza por que desde siempre me gusto, desde que me acuerdo sentía una exagerada veneración por el chiquillo y parecía que me adivinaba el pensamiento por que siempre me ponía en mi lugar, el que no se sometiera a mis encantos ya era una ventaja; no, Paquito adivinaba que yo ya en esos entonces era algo ladino y siempre me salía con la mía y como buen conocedor nunca se dejo engatusar por mí…


Excepto ese día; casi mediodía con el sol bastante ya muy alto.


Sentados en la colina en que Paquito sacara a colación el juego o más bien un juego que para esa edad sería imposible pero que resultaba bastante normal ya que siempre me tocaba jugar el mismo rol; el rol de niña que tanto me gustaba -pero como se llevaría acabo dicho juego y donde… Paquito miro a su alrededor buscando el lugar adecuado que a su vez estuviera bastante alejado del camino principal y sobre todo de ojos indiscretos, también que ejerciera cierto encanto para que aceptara sus pretensiones, su mirada fue a posarse en un llamativo y enorme árbol de colorines que estaba un poco más abajo y bastante bien oculto tras una nopalera, y hasta allá se dirigió con el chiquillo siguiéndolo muy de cercas…

Inmediatamente allí antepuso las condiciones del juego, él sería el niño y desde luego él sería la niña, pero para su sorpresa el chiquillo puso cara de no estar muy de acuerdo con lo pactado, pero inmediatamente cambio de actitud ante su rápida oferta -burlón como era, Paquito le dijo que a cambio de jugar le regalaría todos sus colorines; era la treta que siempre usaban para convencerle de que aceptara jugar a sus juegos, le mostró todos los colorines que llevaba en una bolsita, los cuales puso en unas blancas e inmaculadas manos de niño de Ciudad: El primo de Ciudad era un chiquillo delgado de piel dorada, cabello castaño dorado y algo medio largo cortado a la navaja y en bucles, ojos brillantes y de color castaño, nariz afilada, labios gruesos y sensuales que como cosa rara tenían un color y un brillo particular, era como si les pusiera color y brillo a propósito, el mentón cuadrado y fuerte, -y si que era lindo-, además de un bonito cuerpo el primo se cargaba unas nalgas paradas y redondas, y a todos los primos les encantaba hacérselo pasar por niña y con ese su cabello largo si que lo parecía…

Como buen chico de campo se hizo inmediatamente un pequeño lugar para dar rienda suelta a sus juegos anteponiendo que ya era de noche y que se irían adormir, y que desde luego lo harían en cueros, ni tardos se pusieron a quitarse una a una las prendas; el pequeño se sentó abierto de piernas a quitarse las deportivas ya que era el único de los chicos que las usaba, él lo miraba como se iba quitando una a una las prendas de vestir ya recostado en una improvisada cama echa con su propia ropa -Paquito tenía un bonito cuerpo que aún para su edad lo tenía, un rostro bastante masculino, sobresaliéndole esos ojazos almendrados y de color claro, esa su nariz que aunque grande era afilada y bonita, con unos labiecitos sensuales como melocotón que siempre quiso besar y que nunca tuvo oportunidad -es que el condenado nunca me dio chancee pero que siempre busque-, unos brazos definidos, un abdomen plano, un bonito sexo aún sin definir, unas nalgas bastante redondas, unas piernas fuertes y esa su actitud chulesca que encantaba a todos…

El primo por el contrario tenía un cuerpo más lánguido pero definido, todavía con esas formas de no sé sabe qué, que causaban escalofríos, luego que se despojo de sus prendas se fue a poner a su lado tanto que su cuerpecito se lleno de un escalofrío, podía sentir como su piel temblaba y se ponía todo chinito, -estaba nervioso, más adelante este sería el punto culminante de sus encuentros con otros hombres- él lo abrazo con su cuerpo tanto que el chiquillo se lleno muy pronto de calor, ahora podía sentir sus tibias nalgas, podía palpar sus formas en toda su extensión, podía sentir su tibio cuerpo muy pegado al suyo, como se restregaba; podía ver, sentir todos sus detalles, cuan tibio y lánguido era ese cuerpo sin definir, sin saber todavía que era…

Me arrobe ante su abrazo, su calor y su olor me llegaban hasta lo más profundo de mi ser su aliento me pegaba en la nuca, me deje hacer por el chiquillo que en esos momentos era el de mi sueños, ninguno me había echo sentir lo que estaba sintiendo en ese medio día con el sol a pleno, bajo el cobijo de las sombras de ese árbol de colorines con Paquito en mi espalda restregando su sexo imberbe en mis pequeñas nalgas…

Una mañana Paquito no fue a dejar el ganado cosa que no me extraño de momento, pero al volver me dijeron que se habían ido al “Norte” allá por el mediodía, se habían ido con su madre que vivía allá, de momento sentí un nudo en la garganta y un vació en el corazón, sin decir nada me dirigí por la callecita principal a la salida del pueblito, ya allí mire hacia el cruce y como en una premonición que quizá en un futuro habría un éxodo de personas -no recuerdo haber llorado pero si me sentía muy solo y muy triste, era como si algo se me hubiera roto, como si algo se hubiera ido con Paquito…

Tiempo después nosotros también nos fuimos a otro Estado a otra Ciudad, el tiempo y los años pasaron y Paquito paso a ser solo un recuerdo, un bello recuerdo en mi mente infantil…



Tenía tiempo de no haber vuelto al pueblito y mi viejo no daba noticias, pero como le iban a dar las nuevas a un chiquillo; así que pedí permiso para irme al pueblo unos días y como ya me sabía el camino no se negaron a que fuera; al llegar inmediatamente me dirigí al mismo lugar donde solía llegar a la casa de mi Tía Abuela, hacía tiempo que habían llegado desde el Norte y junto con ella también mis primos pequeños que eran dos chiquillos bastante pesaditos, haber vivido un tiempo con esa familia me daba la categoría de hermano pequeño y me daba cierta categoría así que siempre fui bien recibido, -era aún de mañana así que por lo regular casi todos estaban en labores, todavía en ese tiempo había bastantes primos de mi edad así que sin dudar más tarde los vería a todos…

En la tardecita después de haber comido decidí ir a dar una vuelta por los alrededores, desde la casita de mi Tía Abuela se podían ver los diferentes puntos donde solían reunirse los primos de mi edad, y en aquella época por el camino por donde se iba al lugar de pastoreo y a la labor de los diferentes Tíos se encontraba un árbol muy alto que llamaban Mesquite y por lo regular este era el sitio más frecuentado después del de la escuela, y el del campo deportivo, claro por los chiquillos, ya que servia como sitio de recreo y hacia ya dirigí la vista, y si aviste a una buena parte de muchachitos y hacia allá dirigí mis pasos, al llegar a dicho lugar cual fue mi sorpresa Paquito estaba allí -según tenían unos meses de haber llegado del Norte y a según se iban a quedar una buena temporada; ya no era el chiquillo enclenque y si era todo un hombrecito bastante bien desarrollado, mucho más que los que nos habíamos quedado y con un insipiente bigotito como seña particular, decían que el Norte siempre los volvía súper desarrollados y como cosa rara todos volvían así-, lo que fuera Paquito estaba súper guapote, seguía teniendo el mismo físico, solo que con la marcada diferencia de la ya casi entrada adolescencia y esto lo hacía bastante más atrayente…


Los días pasaron hasta que una tarde se cruzo lo inevitable:


En compañía del hermano pequeño de Paquito -de unos once o doce años- nos fuimos a buscar al muchachito que se encontraban jugando en el Mezquite de la escuela que estaba del otro extremo de la misma, junto con otros muchachitos; inmediatamente con una felicidad que no le cabía en el cuerpo -le contó la nueva- y es que rato antes le había enseñado hacerse su primera paja y este echo lo tenía todo exaltado ya allí le contó de los pormenores de la experiencia: Paquito de momento se contagio del entusiasmo del hermanito y pidió detalles, este a su vez le contó todo -yo a mi vez estaba igual o quizá más exaltado que el hermano y con mucha perspectiva, por que Paquito se lleno de curiosidad y quiso saber más del asunto; pero para eso nos fuimos a esconder en una hondonada que estaba cercas y bien escondida por árboles, ya allí se bajo los pantalones de un solo hasta los tobillos y este era medio desvergonzado por que de cualquier cosa se empelotaba para beneplácito mío por que así me daba unos tacos de ojo con sus nalgotas redondas, sus fuertes piernas, su abdomen plano, su pecho, sus hombros y brazos, su espalda ancha y ligeramente encorvada, y el condenado parecía que lo habían esculpido a propósito; ya allí siguiendo las indicaciones del pequeño, se cogió el cipote de un buen tamaño pero justo para su edad y comenzó a darse unas sacudidas algo sin ton ni son pero eso si bien enérgicas que hicieron que se le pusiera duro y levantado…


Todos los chiquillos estábamos a la expectativa con la acción…

¡Ahí pude verle muy bien los detalles!


Cuan bello era el condenado muy ancho de espaldas, hombros y brazos fuertes, abdomen plano, un bonito sexo con las bolas lampiñas y si hasta los vellos los tenía lindos, esas sus nalgas redondas y esas sus piernotas como dos columnas, el pelado estaba echo un bombón y se caía de bueno, después las pajas que me hacía eran en su imagen la que tenía grabada en la memoria como en una fotografía…


Y Paquito siempre se prestaba para el morbo…

Pero nunca más volvimos a estar como esa mañana de colorines…


Pero eso si pude verle muy bien el sexo y que sexo, hasta eso tenía lindo el hijo he puta; digámosle que de una cuarta y cabeza libre derechito con la cabeza proporcionada ni muy gordo ni muy flaco, creo que todo los primos de la edad teníamos el sexo muy parecido y lo digo por que a todos se los vi, se los manosee y a otros se los sentí en lo más profundo, pero ninguno dejo huella tan profunda como el de Paquito que por el nervio o por sabe que pero no pudo sentir las sensaciones de una verdadera paja y harto de no obtener nada termino con el espectáculo de dejarnos admirar su bella anatomía de dios azteca, incluyéndome a mi que en todo momento no deje de perderme con detallada exactitud todos y cada uno de los detalles y que Paquito me dejara por que para esos entonces todavía era muy inocente y no se daba cuenta de mis verdaderas intensiones, más adelante me pasarían la factura…


Era tiempo de lluvias…


Por aquel entonces uno de los Tíos de Paquito se había ido a radicar a un rancho lejano como trabajador, el lugar era más húmedo y por ande daba mejores cosechas, y como decían por allá iban a mitades, allá por el quinto infierno, ese día había venido por víveres y de paso a visitar a su madre la Abuela de Paquito, dicho sea de sobra vino a convencer a los hermanos de que le acompañaran a trabajar una semana y que se ganarían unos pesos, y como siempre yo me la pasaba en su casa y lo mitotero nunca se me quitaría yo me apunte a ir más por estar junto al peladito que por otra cosa…

Y si que el mendigo rancho estaba en el quinto infierno y a ojo de buen cubero se notaba que el lugar si daba para vivir mejor y era muy bonito, bueno mientras no se viviera de por vida y a mi todo eso se me hacía como una aventura; ese día llegamos por la tarde así que de momento nos dedicamos a relajear con los primos y también fuimos a ver el lugar en cuestión -y pa’ su mecha si que era una gran labor, esta ni la vista alcanzaba y nuestro trabajo consistiría en desyerbar el mendigo monte…

A muy temprana mañana después de haber desayunado nos dirigimos todos los primos al lugar dispuestos a trabajar la tierra; pero no sé si debido a mis ruegos o quien sabe qué diablos pero de pronto el cielo se cubrió de gris, pero bien sabido que de nubes y por cierto muy negras, y a eso del medio día cayó un aguacero que ni dios padre lo quitaría, quitándonos las esperanzas de seguir, así que todos empapados nos dirigimos a la casita…

Ya en la casita los tres nos pusimos en cueros por que daba la casualidad que solo llevábamos una muda y ni modo andar en calzoncitos mientras se secaba la ropa que tendimos afuera -para eso los Tíos no estaban- así que nos dedicamos a relajear entre nosotros y como siempre Paquito me agarraba de su torta; yo creo que el pelado me quería echar pero era de esos persignados que piensan que si se meten con otro pelado se vuelven maricas, por que muy en el fondo le gustaba mirarme y siempre me decía que parecía niña; que tenía cosas como el cabello, los labios de mamadora -eso me lo dijo mucho después cuando ya éramos grandes- las nalgas y según él que olía a niña, y sabe cuantas cosas más, lo miraba que se sobaba y me enseñaba su verga ya parada, se reía entupidamente anteponiendo que de solo verme casi en pelotas se le ponía dura, pero no hacía nada y yo tampoco -éramos todavía muy crios y no estábamos tan dañados- lo que fuera pero Paquito siempre buscaba la manera de enseñarme sus cositas, y quizá yo también en el fondo era muy pudoroso y retraído, quizá lo que él quería era que yo tomara la iniciativa, lo que fuera era como una muralla infranqueable…

Casi en la noche los Tíos volvieron y nos encontraron en pelotas; a grandes rasgos les contamos que nos había agarrado la lluvia y que nos tuvimos que volver por que estábamos empapados y que el trabajo lo tuvimos que dejar botado: A la hora de dormir fue un lío por que la cabaña solo tenía un cuarto y solo había dos camas una donde dormían los Tíos y otra los muchachos más grandes y los más pequeños en el suelo pero como nosotros éramos invitados teníamos que dormir en una cama y después de habernos distribuido en nuestros respectivos dormitorios y de echar un poco de relajo nos dispusimos a dormir después de una reprenda del Tío anteponiendo que mañana muy temprano nos teníamos que levantar a continuar con el trabajo y todo quedo en silencio…


Todo quedo en completa oscuridad…


Yo en medio de los dos hermanos casi desnudos, muy pegados, sintiendo nuestro calor, nuestras pieles rozándose, sintiéndose tan suave, tan caliente, yo aventándole indiscriminadamente mi culo, él quien sabe por que pero se arrinconaba hasta la pared, haciéndose lo más chiquito que podía para no sentir como ardía, como me quemaba el fuego que me abrazaba la piel, como lo quemaba y como lo abrazaba, como mi calor y mi olor lo prendían tanto que cuando puse mi mano en su verga ya estaba dura y levantada, sin objeción se dejo que la metiera dentro de su calzoncito -tal vez por calentura, por morbo quien sabe pero así era…

Lo que fuera pero se dejo guiar, se dejo hacer por esa mano que le estaba provocando cosquillas, si, esas sensaciones desconocidas nuevas de pronto, pero que de momento te causan miedo, pero que después te causan una placentera sensación que quieres que nunca terminen, esa mano que parecía ávida por ir por todos esos rincones nunca conocidos nunca explorados, como sopesaba sus huevos, como se detenía en el vello que ahí crecía, luego le cogía el cipotote y comenzaba un frenético sube y baja que estaba apunto de casi gritar por que las sensaciones eran indescriptibles que no había manera de explicar eso que se sentía que le iba desde muy adentro, parecían como una olla de leche a punto de reventar en ebullición, como prestaba especial atención en su cabecita y el muy maricon se centraba ahí, con que maestría movía el puto dedo alrededor de su honguito y ese dedito le estaba causando que un escalofrío y un hormigueo le corriera desde a dentro, le subiera por todas las paredes de su picha, se le desparramara por todo su cuerpo, -esto se los contó en la tarde después de la jornada a todos los demás muchachitos- y si no paraba iba a reventar en no sé sabe qué así que sin más corto con todo eso volteándose y no permitiendo que esa mano traviesa siguiera con su cometido, aún así ya fue capas de distinguir y sentir las sensaciones de las que hablara su hermano, así que muy pronto las pondría en practica muy pronto sin duda lo haría…



Días después Paquito les contó a todos los primos que yo era un marica y que me gustaba hacer pajas y aunque todos sabían eso ninguno se atrevía a contarlo a los cuatro vientos a excepción de Paquito que me puso en vergüenza con todos y por un tiempo lo odie y lo quise en silencio, creo que fue de todos los primos al que quise más, yo creo que él también sentía lo mismo, pero nunca nos dijimos nada y así era mejor que quedara en lo más recóndito de nuestros corazones…

Este relato lo cuento un poco en memoria de eso que pasó, quizá un poco como venganza, quizá ya un poco por no poder decirle que yo estaba enamorado de él, desde niños, quizá Paquito fue mi primer amor platónico, lo que fuera nunca me eh arrepentido… De todos modos eso fue hace mucho tiempo y como el tiempo, tiempo es…


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