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Por estar de curiosa, en la caballeriza me…

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Relato enviado por : Narrador el 05/05/2012. Lecturas: 13043

etiquetas relato Por estar de curiosa, en la caballeriza me… Infidelidades .
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Resumen
Yo ni loca que esté, pienso darles mayores datos de mi persona, ya que lo que me ha sucedido, de enterarse mi marido, o alguna otra persona, seguramente podría costar el divorcio.


Relato


Digamos que mi esposo es un hombre rico, de mente abierta, para lo que él entiende le conviene, y para lo que él entiende que no le conviene, es bien machista, por lo que sé que no me perdonaría nada, de lo que me pasó en la caballeriza con tres de sus peones.


Un sábado que había invitado a varias de mis más cercanas amigas, a que pasaran ese fin de semana en nuestra recién adquirida casa de campo, para que junto a mí disfrutaran de la piscina y tomasen un poco de sol que buena falta que nos hacía a todas. Yo realmente me dediqué a tomar un buen baño de sol para broncearme, cuando a eso de las once de la mañana, ya me había bronceado lo suficiente por lo que decidí regresar a la casa, para cambiarme de ropa, y preparar el almuerzo, o mejor dicho pedirle a las sirvientas, que sirvieran el almuerzo antes de las 12 del medio día.

Yo usaba en esos momentos un minúsculo biquini blanco, que a mí me encantaba usar, que de paso a mi esposo no le agrada que yo use, ya que según él, aparte de que no le deja nada a la imaginación y muestro todo. Por lo que iba envuelta en una toalla, no fuera a ser que me lo encontrase y tuviera que escuchar su cantaleta de que andaba casi desnuda, mostrándoles el culo y las tetas a los peones de la hacienda. Ya me dirigía a la casa, cuando al pasar frente a las caballerizas, escuché a uno de los trabajadores de la finca, un tipo bastante vulgar y ordinario, decirle a otros dos. Vengan para que vean como por fin el Negro, se lo mete a la Rubia. Al yo escuchar lo que ese tipo había dicho, de manera tan desvergonzada, pensé que se refería a mi esposo, ya que mucha gente le apoda, o le dicen de cariño, el Negro.

De inmediato mi mente voló, supuse que mi marido se estaba acostando con su nueva secretaria, una jovencita flaca, rubita ella, algo feíta, más plana que una tabla de planchar, con cara de mosquita muerta. No es que yo sea una miss universo, pero a mis cuarenta y pico. Después de haber parido dos veces, modestia aparte, me veo excelentemente bien. Ya que constantemente me mantengo en forma, y llevo un régimen alimenticio, del cual procuro no salirme. Lo que me permite usar sin que me avergüence, un mini biquini, como el que cargaba puesto ese día.

Pero regresando a lo que les contaba, les diré que en completo silencio, y sin importarme mucho que anduviera prácticamente desnuda, seguí a los tres peones, hasta una de las última de las caballerizas, la más retirada de la casa. A medida que iba caminando en silencio, estaba pensando en lo que haría al encontrar a mi esposo, acostado con su secretaria.

Hasta me los imaginé a ella y a él completamente desnudos, tirados sobre la paja, a ella boca abajo y a él sobre ella, penetrándola salvajemente, mientras que ella restregaba sus flacas, blancas y pálidas nalgas contra el grueso cuerpo de mi esposo, chillando como una perra en celo.

A medida que me fui acercando al lugar desde donde los peones observaban, los fui escuchando hablar. Lo que me extrañó era que hablaban, sin temor a ser escuchados por mi esposo y su pareja. O por lo menos eso pensaba yo en ese instante. Ya que los escuché muy claramente decirse entre ellos, mira como lo tiene de parado el Negro, ya comenzó a darse golpes de pecho. Eso no es nada mira como la rubia le pone el coño en su cara, y mientras él se lo huele, le ha sonado tremenda patada, por el pecho.

Lo cierto es que las palabras de los tres peones, me dejaron confundida, y sobre todo la manera en que hablaban, como si no les importase que mi esposo los escuchase. Llena de curiosidad me fui acercando discretamente, y ya a unos pocos pasos atrás de los tres peones, pude ver lo que realmente sucedía dentro de la jaula, si estaban el Negro y la Rubia, pero no eran ni mi esposo ni su secretaría, se trataba de un par de caballos, mejor dicho de un caballo, y una yegua propiedad de mi marido, que por lo visto los habían puesto en esa jaula con el fin de que la yegua fuera cubierta por el padrote.

Yo que nunca había visto algo como eso, estaba impresionada, y boquiabierta viendo en silencio, a esa linda yegüita, de pelaje rubio casi dorado, atada a un par de postes, lo que no le permitía moverse libremente, mientras que el gran caballo negro, intentaba una y otra vez, montarse sobre ella. Su erecto miembro me impresionó, como era posible que con semejante cosa, fuera a penetrar a esa pequeña yegua. Pero una vez que vi con claridad, como después de las patadas y relinchos, la pequeña yegua levantó la cola y tras dar una larga y abundante meada, el padrote se dedicó a oler, y de inmediato como tras trepársele encima, su inmenso miembro desapareció dentro de lo que era el coño de la yegua, yo me quedé pasmada, viendo todo eso.

Estaba en otro mundo, observando lo que sucedía, entre la yegua y el padrote, a tal punto que me olvidé de la presencia de los peones, que se encontraban delante de mí, y sin dejar de observar lo que sucedía dentro de la jaula, yo estaba excitadísima, al mismo tiempo y de manera totalmente inconsciente, debido a mi gran excitación, llevé mis dedos hasta mi coño, e introduciendo mi mano dentro de la parte inferior de mi biquini, comencé a darme dedo sobre mi clítoris.

Yo ya llevaba un corto rato dándome dedo dentro de mi coño, cuando a consecuencia de un fuerte gemido que dejé escapar. Ellos tres se dieron cuenta de mi presencia finalmente, asombrados al verme de pie ante ellos, recostada contra uno de los postes de la otra jaula en la que nos encontrábamos, con mis piernas bien abiertas, con casi todos mis dedos completamente introducidos dentro de mi coño. Además la parte inferior de mi blanco biquini, estaba tirado en el piso a mis pie, así que cuando ellos tres comenzaron avanzar hacia mi persona, yo en lugar de detenerme y salir corriendo, al verlos que se dirigían hacia mí, no sé que me sucedió exactamente, que abrí más las piernas, y me les quedé viendo de manera seductora, como diciéndoles, a que no se atreven a meterme mano.

Casi de inmediato pude sentir sus manos sobre mi piel, no pensé en mi marido, ni en el que dirán, o lo que pensarían de mi ellos tres, lo que deseaba intensamente era que, a como diera lugar, me penetrasen como yo había visto al caballo metérselo a la yegua.

Por lo que cuando prácticamente tirada en el piso, de esa otra jaula, yo misma me deshice de lo poco que tenía puestos, los tres rápidamente comprendieron cual era mi deseo, y prácticamente mientras escuchábamos los relinchos del padrote que montaba a la yegua, los tres me fueron rodeando al tiempo que se iban quitando su ropa, en cosa de pocos segundos, ya uno de ellos, dueño de una verga gorda y larga estaba comenzando a penetrarme divinamente por el coño, mientras que los otros dos discutían que hacer, realmente no se si se pusieron de acuerdo, lo que sí sé es que uno de ellos tras quitarse los pantalones colocó su verga entre mis nalgas, y quizás con algo de su propia saliva, me enterró su verga por el culo, el tercero por su parte, tan solo se bajó el pantalón hasta sus rodillas, luego dirigió su verga a mi boca, y sin más ni más me dediqué a mamársela de manera desesperada.

Los tres peones por un buen y largo rato me hicieron sentir la mujer más deseada del mundo, sentía sus vergas entrando y saliendo, divinamente por los tres orificios de mi cuerpo, sus manos apretaban con fuerza, mis tetas mis nalgas mis muslos y rostro, mientras que yo, como una loca disfrutaba incluso de que me estuvieran dando por el culo, a pesar del dolor que eso me produjo, al inicio.

Aunque yo cuando más joven hice muchas locuras, nada comparado como lo que me estaba dejando hacer por esos tres hombres, chillaba como una cerda, a medida que ellos continuaban dándome bien duro, al punto que por primera vez en mi vida, disfruté de una serie de múltiples y salvajes orgasmos.
El primero en venirse fue al que le estaba mamando su caliente verga, fue tanta la leche que le saqué, que gran parte de ella sin querer me la he tragado. Luego se vino el que me tenía pero que bien clavada por el coño, que apena se vino, se puso de pie, y se quedó viendo como su compañero continuaba dándome por el culo, hasta también venirse, mientras que yo volví a enterrar mis dedos dentro de mi coño.

Cuando los tres terminaron conmigo, se levantaron y mientras se iban poniendo su ropa, sin voltear a verme salieron de prisa de la caballeriza. Yo me quedé por un buen rato tirada sobre el piso, donde continué dándome dedo sobre mi clítoris, hasta que pude finalmente ponerme de pie, y recoger mi biquini, que había dejado ya de ser blanco, estaba todo sucio, manchado de tierra, estiércol de caballo, semen, y de quien sabe que más. Como pude, lo limpie con algo de agua, y a pesar de lo sucio y manchado que aun estaba me lo puse, al igual que la toalla que había traído de la piscina.

Por suerte nadie se fijo en mí al regresar a la casa, me di un buen baño, y después de que expulse de mi cuerpo todo el semen que me dejaron dentro, me dediqué a cortar en muy pequeños pedazos el biquini, luego fui tirando los recortes en la basura y en el camino de regreso a nuestra casa. Posteriormente me vestí, y me encargué personalmente de que el almuerzo para mis amigas estuviera listo. El resto del fin de semana, me lo pasé nada más recordando lo sucedido, hasta que regresamos a casa. No fue hasta cuando mi marido me preguntó el día martes, si alguna de mis amigas le había pasado algo raro mientras estuvo en la finca. Cuando le dije que no, que ninguna de ellas me había comentado nada raro o especial, al principio no me quiso decir nada, pero finalmente me comentó. Es que tres de los nuevos, refiriéndose a los peones, llegaron muy asustados él día domingo, diciéndome que se iban de la hacienda, y al preguntarles por qué, me dijeron sumamente asustados que el día anterior, o sea el sábado, habían violado a una de las mujeres que estaban en la finca. No me dieron muchos detalles, solo que la tipa, se les presentó en la cuadra, y que prácticamente se desnudo frente a ellos tres y los invitó para que se la cogieran.

Yo por aquello, de hacerme la incrédula le dije, no sería que estaban borrachos o drogados, cuidado si robaron algo y no te has dado cuenta y se inventaron todo eso, para marcharse. Mi esposo se quedó pensando y después me dijo, eso es posible, además quien sabe, pero si ninguna de tus amigas te dijo nada, es que nada pasó con ninguna de ellas. Mi esposo continuó, diciéndome. Yo de todas maneras cuando los tres me dijeron que no querían seguir trabajando en la finca, les di las gracias y les pagué lo que les debía.

Por mi parte, no he vuelto a la finca, pero no dejo de pensar, todas las noches, en lo mucho que disfruté con eso tres jóvenes, y pienso que quizás me atreva a repetir lo mismo, pero en otro ambiente, y con otros hombres.

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