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Prostituta. Parte 2

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Relato enviado por : jj1 el 27/04/2004. Lecturas: 5842

etiquetas relato Prostituta. Parte 2 .
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Resumen
Luego de la Introducción en Prostituta 1, comienza la historia.


Relato
PROSTITUTA (2)


Esta es la continuación de una saga iniciada con PROSTITUTA (1), y resulta indispensable su lectura, para llevar el hilo de las circunstancias, que llevan a las situaciones narradas.


IV

El Inicio


Ya era tarde cuando pudo desprenderse del sillón, tenia los ojos enrojecidos de llorar, su corazón sangraba, el Ídolo se había caído, su vida había caído, era todo una gran mentira, una falsedad, trató de dudar en lo visto, no sería, una edición, pero no, sabia que no, se encamino a uno de los baños, y se lavó su rostro, trató de maquillarse para evitar que se notaran los pómulos hinchados y enrojecidos, como un robot, fue hasta la cocina, para dar las ordenes para la cena, y luego a la habitación de uno de sus hijos, donde se encontraban los dos, viendo televisión, y los abrazó, y sobre sus cabecitas, volvió a llorar, pero no le salían lagrimas, estaba seca, el calor de los pequeños la reconfortó un poco, y como una autómata pudo seguir algo así como la rutina de las noches.


A la cena, la familia reunida, y ella permaneció en silencio, como ausente, trató de no mirar a su Esposo, y distraerse con su comida, que apenas probó, Ricardo le preguntó si se sentía mal, ella apenas asintió con su cabeza, y siguió sirviendo a sus hijos.


No pudo dormir en toda la noche, cuando cerraba los ojos, las imágenes volvían una y otra vez, su mente en forma febril la hizo repasar toda su vida, desde su infancia, los mandatos recibidos, su padre, su madre, el pecado, el colegio, las monjas, su adolescencia, el pecado, la Iglesia, la catequesis, el pecado, sus fantasías reprimidas, el sexo, el pecado, la facultad, su titulo, su destino, el pecado, Ricardo, el noviazgo, el sexo, el pecado, el matrimonio, el sexo, el pecado, sus hijos, su vida, el pecado, su vida, su vida, el pecado, el pecado, el pecado, Ricardo, su imagen, su sonrisa, el pecado, la sociedad, el Opus, normas de conducta, el pecado, Jesús, su dolor, su crucifixión, Maria la madre de Dios, la religión, sus mandatos, el pecado, el sexo, el pecado, la crucifixión de ella, su dolor, el desengaño, la mentira, el pecado, y al amanecer, en la gran cama matrimonial, yaciendo a su lado dormido su esposo, el gran hombre, la mentira corporizada, la moral hecha hombre, vio con claridad lo fatuo e inexistente de todo lo que hasta ayer era su vida, y tuvo rabia, y el dolor se transformo en odio, y el odio en deseos de venganza.


A la mañana, la rutina de todas las mañanas, el beso a sus hijos, y el leve roce de sus labios a las mejillas del hombre, que ahora le parecía un desconocido, y cuya solo presencia le daba asco y odio, pero fingió normalidad, y hasta pudo esbozar una sonrisa de despedida, como lo hacia todas las mañanas en su vida anterior.


Estacionó su automóvil, en un parking, cerca de la iglesia, y a las 10 horas clavadas, se sentó en el borde de la fuente frente al templo, y mirando a la cruz que estaba arriba de la cúpula, esperó...


A los minutos noto que alguien se sentaba a su lado, dirigió su mirada al recién llegado, y lo reconoció, era el joven abogado, que había sido despedido del Bufete, por el mismo Ricardo, a raíz de un escándalo por corrupción, celosamente tapado y enterrado, y cuya victima última era este abogado, quién lo había descubierto e incluso denunciado a los socios del Estudio, y que había sido alejado para callarlo y no siguiera investigando (de esto Maria José se enteró por su relato).


A el joven, el estudio y por consecuencia el Instituto, la habían cerrado toda posibilidad, no podía denunciar, porque estaría implicado, por los manejos que se realizaron a posteriori de su denuncia, y porque gran parte de los Jueces estaban relacionados con el Instituto, con lo que seria suicida tal denuncia, y también le habían cortado toda posibilidad de ingreso en otro bufete, por haber ingresado en la lista negra secreta.


Pero, habiendo mientras trabajaba, y de casualidad, en una caja fuerte ultra confidencial y reservada, a la que por error había tenido acceso, y se había encontrado con este (el disco) y otros documentos, que estaban hechos para posterior solaz de los socios, y porque no, como posible elemento de chantaje o disuasión para futuros y eventuales rebeldes, y que tampoco podría usar en forma oficial porque su vida no valdría nada, y eso lo sabia muy bien, por lo que había resuelto darlo a conocer a quien si podía interesarle, y poder sacar la careta a los próceres en vida, y por eso ella lo había recibido.


El joven, le contó toda la verdad, una historia nauseabunda, una historia de corrupción y de mentiras,, el como y el donde de las "fiestas", y el porqué de las mismas (todo por motivos políticos y económicos), porqué la cúpula sabia que a los humanos era fácil manipularlos con tres elementos fundamentales, el dinero, el sexo, y la religión ( esto ultimo, para la gente del común), supo de los negociados y de la corrupción hasta altas esferas del poder político, de los Jueces (hasta la Corte Suprema llegaba), fiscales, funcionarios, militares, eclesiásticos, etc. Supo entre otras cosas, como Ricardo, había llevado a la perdición y como esta había quedado embarazada de padre desconocido, a una de las secretarias, Ana, que fue despedida, porque la moral impedía que una soltera mantuviera relaciones sexuales, y para colmo quedara preñada, y como esa joven secretaria, también hija de una familia ultra-católica, fue echada de su casa, y como Ricardo se había lavado las manos, como Poncio Pilatos.


Y cuando el joven terminó su relato y se preparaba para irse, ella le preguntó si sabia donde vivía la Ana, la joven que había quedado embarazada, y el se la dio, era en una zona considerada como "roja", no recomendable para la gente bien.


Cuando llego al automóvil, eran ya las 11 de la mañana, se sentó, y quedó un rato pensando, estaba asqueada, su mente totalmente desorientada, sus creencias de toda la vida anuladas, y casi en forma inconsciente, puso en marcha el vehículo, y se dirigió a la dirección de la joven secretaria caída.


La zona roja de la ciudad, había nacido después de la caída de la dictadura militar, como producto del destape, fenómeno que pasa después de una fuerte represión a todo nivel de la sociedad, tal como sucedió en España, luego de la caída del Franquismo, o de la revolución sexual de los años 60 en EEUU, y en todo el mundo occidental, y mucho antes en los países Escandinavos.


Habían sido zonas residencial de clase media – baja o bien de clase baja, y cuando cambiaron los estándares medios morales, se convirtieron en un centro de intercambio sexual, se llenaron de prostitutas, travestis, taxi boys, albergues transitorios (hoteles por hora), porno-shops, y prostibulos (algunos de alta categoría y lujosos, otros de mediana y baja, según a el poder adquisitivo de los clientes a los que estaban destinados).


Y la dirección a la que se dirigió Maria José, era un prostíbulo lujoso, de alta categoría, en donde las mujeres eran bellas y jóvenes, y los ambientes agradables y limpios, al llegar, ella vio que se trataba de un edificio de tres plantas, que a la vista parecía un edificio de condominio común, salvo un cartel muy discreto en el ingreso que ofrecía copas, distracción y placer, con un nombre muy sugestivo "Pecado".


Las puertas y ventanas de la planta baja, estaban polarizadas, y no dejaban ver en su interior, toco el portero eléctrico, ya que el acceso era controlado desde el interior, le preguntaron el motivo de su visita, y ella respondió que venia a ver a Ana, por motivos particulares, y le franquearon el acceso.


Ingreso en una recepción, que parecía la de un hotel importante, evidentemente la clientela era de alto poder económico, pero la decoración mostraba el destino, había grandes cuadros con motivos eróticos, copias u originales de famosos pintores, algunos mas tirando a lo pornográfico, también grandes posters de hermosas jóvenes totalmente desnudas, y los muebles eran modernos y de categoría.


Se acercó a la Recepción y una hermosa muchacha, apenas vestida con una túnica trasparente, que no dejaba a la imaginación nada, le indicó que tomara asiento, que en minutos bajaría Ana, que estaba en su habitación y en descanso.


Se sentó en uno de los sillones de la recepción, y mientras esperaba, pensó en lo extraño que era la situación, ella una de las patricias de la alta sociedad católica, sentada en un prostíbulo, esperando por una de las pupilas, y le resultó algo grotesco, kafkaiano, y sintió algo raro en su cuerpo, era como si ella no fuera ella, era como si mirara del exterior a su cuerpo, no podía ser ella, era irreal, absurdo.


Ana se acercó a Maria José, al principio con cautela, no sabia bien lo que pasaba, porque estaba esa mujer, y porque había preguntado por ella, porque quería verla, Ana era preciosa, alta, rubia de ojos muy claros, no tenia mas que unos 20 o 21 años, un cuerpo esbelto, delgada de senos medianos pero muy parados, con curvas que tanto desean los hombres y envidian las mujeres. Ana se presentó y le dijo los motivos de su visita, Ana quedó perpleja, totalmente asombrada, y la invitó a su habitación, para conversar en privado.


La habitación de Ana, en realidad era como un departamento de dos ambientes, pero sin cocina, una sala, con sillones y una pequeña mesa ratona, una especie de living, y el dormitorio y un baño (grande para un departamento pequeño, ya que contenía una tina de jacusi, en forma separada al baño en sí), Maria José lo supo ya que las puertas de los distintos ambientes estaban abiertas.


Los muebles eran caros y modernos, y parecía todo nuevo, impecable, pudo ver que la cama del dormitorio, era muy grande, de mucho mas que dos plazas. Se sentaron en los sillones del living, y Maria José, le refirió de lo que se había enterado, y de su situación, y Ana no vaciló en contarle todo.


Ana, era hija de una familia ultra-católica, de clase media, sus padres eran fanáticos de la religión, fundamentalistas calificó, y por relaciones de la Iglesia había ingresado como secretaria del Estudio, le contó, de su ingenuidad, de su virginidad, de cómo la reservaba para el matrimonio a que estaba destinada, le contó de su alegría al ingresar a trabajar en ese Estudio, que según su padre era la sede de santos varones, defensores de la fe y de la Iglesia. Le contó de su admiración por Ricardo, de quien era su secretaria privada, y al cual había puesto como absoluto y total ídolo y merecedor de toda su confianza, y después le contó como Ricardo la había desflorado, en la sala de fotocopiadoras, y ella no había atinado a decir ni hacer nada, porque Ricardo era como Gabriel arcángel para ella, y que ella se había sentido orgullosa de haber ofrecido su virginidad a tal hombre, le contó las veces que se acostó con Ricardo, las cosas que le hizo, y le hizo hacer, de cómo la había llevado a los umbrales del placer sexual total, y de cómo la había entregado a sus amigos, de cómo la hizo participar en orgías con los prohombres, y de cómo había quedado embarazada y no sabia de quién, porque todos los socios y gran parte de los asociados, habían pasado por su vagina, por su ano y su boca. Le contó de su indefensión cuando fue despedida por pecadora, la reacción de su padre y su madre, al enterarse de su situación, de cómo tuvo que prostituirse al ser expulsada de su hogar, de su aborto (que fue sumamente riesgoso, porque estaba en mas de cuatro meses), y de cómo había llegado al prostíbulo, del dinero que ganaba y de sus proyectos de futuro.


Maria José, escuchaba, y cada palabra que oía, era un golpe, un alimento mas al odio que sentía, no solo ya contra Ricardo, sino contra todos los hipócritas, que estaban prostituyendo al mundo, que amparándose en ser los defensores de la fe, de la moral, de la pureza, lucraban con ello, y cada vez mas ira, rabia y odio llenaban su mente


Y Ana, ya no hablaba, y se había quedado mirando a Maria José, que estaba inmóvil en el sillón, y así se quedaron un tiempo bastante largo, hasta que el timbre del teléfono interno replicó para avisarle a Ana que comenzaba su turno, y que clientes ya la esperaban.


Ana la acompaño abajo a la recepción, y se saludaron con un beso en la mejilla, y Maria José, caminó a la salida, al llegar a la puerta, se volvió y miro al mostrador de recepción, y sabia que tenia que hacer, cual seria su venganza, y se encamino resueltamente a él.


Ella sabia, la hipocresía de Ricardo, sabia que la familia para él era sacrosanta, que así debía ser por mandato que provenía de siglos y milenios, la mujer y las hijas puras y santas, los excesos se debían cometer con otras mujeres, de otras familias, a las que si se podía hacer lo que estaba vedado para los suyos, que el mayor orgullo de un hombre, era hacer a los otros cornudos, y que la mayor de las desgracias que pudiera pasar a un hombre, era que la mujer, pudiera llegar a rozar a otro hombre, la mujer es propiedad, es intocable para los otros, y en el caso que pasara, la desgracia caería sobre el hombre, y seria para siempre y hasta el fin de los tiempos, un cornudo, y sería despreciado por la sociedad que lo rodea, y objeto de burlas y humillación, y eso con una sola caída de la mujer, que pasaría entonces si esa mujer se convirtiera en puta, a la que cualquier hombre pudiera poseer, que la vagina reservada para el esposo, se convirtiera en recipiente de mil o mas penes, y que pasaría si la mujer mantuviera el secreto de ser prostituta, y el hombre orgulloso la considerase como la mejor mujer, la mas fiel y la mas santa, y su pene tuviera que penetrar esa vagina que considera su propiedad, y sin saberlo lo estuviera compartiendo con el miembro de muchos hombres, y esa vagina llenada una y mil veces por esperma ajena. Esa era la venganza, no tuvo duda.


Habló con la recepcionista, que de inmediato llamó al propietario, un hombre robusto, alto, de vientre prominente, de tez algo oscura, de rostro algo indiano con una cicatriz en un pómulo, cabello que comenzaba a ralear, y que mantenía largo para que no se notaran tanto las entradas, justo el tipo de gente a la cual la anterior Maria José, jamás hubiera dirigido la palabra.


El proxeneta, la hizo pasar a su privado, una gran habitación totalmente revestida en madera color caoba, donde había un escritorio con dos sillas frente a la ventana con vidrios polarizados de tal manera que se podía ver al exterior, pero de afuera no. Y del otro lado de la habitación un gran sillón de cinco cuerpos, muy ancho, una mesita ratona y dos sillones mas de un solo cuerpo, la habitación estaba profusamente decorada con cuadros de temas eróticos, y una vitrina, donde había juguetes sexuales, toda una colección, algunos muy antiguos, quizá con siglos de construidos.


El hombre la estudió atentamente, se sentó en el sillón reclinable y giratorio que estaba en su lado del escritorio, y simplemente le dijo – la ropa -.


Maria José, lo miro, y comprendió, el hombre debía apreciar la mercadería que le ofrecían, ella estaba vestida con un sencillo pero elegante vestido liviano de verano, de color azul pastel, con un pequeño escote, y como siempre abajo una pequeña camisola corta, trasparente de color negro, y otra cosa, salvo las pantaletas, nada, ya que nunca usaba sostén, porque no lo necesitaba.

Dudó un instante, pero después frente al hombre que la miraba atentamente, mientras prendía un habano, se sacó el vestido, que se abría por atrás con un cierre, y que al abrirlo cayó al piso, luego se sacó la camisola, por la cabeza, y la dejó en un sillón, quedando parada frente a su observador, el hombre señalo la pantaleta con un dedo, y María José se la sacó, quedando totalmente desnuda.


El hombre se levantó, y caminando alrededor de ella, la miró atentamente, luego una de sus manos se dirigió a sus senos que avanzaban de su cuerpo, erguidos y como desafiantes, y fue tocando, apretando y sopesando uno por uno, después, con un dedo, rozó los pezones, que por la irritación inmediatamente se irguieron, moviendo el inspeccionante la cabeza como aprobando. Luego la mano se dirigió a las nalgas, que fueron primero tocadas, y luego apretadas para ver su resistencia, luego la mano se dirigió a el sexo de Maria José, pasando los dedos suavemente sobre el vello púbico, y llegando a los labios superiores de la vagina, que fueron tocados con delicadeza, viendo que los mismo estaban totalmente cerrados, formando un fina línea.


Con delicadeza y con dos de los dedos, el hombre separó los labios superiores, y toco suavemente la parte interna hasta llegar a los labios inferiores, que fueron explorados en su contorno, luego un dedo se interno un poco en la cerrada y seca abertura vaginal, muy poco casi nada, el dedo se elevó entonces hasta el clítoris, que fue palpado en su extensión.


Agachate, indicó, y Maria José lo hizo, y se le inspecciono visualmente su cola,

Separa los labios superiores, escucho, y así lo hizo, y su sexo interior quedó a la vista, del hombre, que movía como aprobando su cabeza.


Estas contratada, dijo el proxeneta, el 50 % de lo que saques es para mi y el resto para vos, yo corro con los gastos y la ropa, te proveo de habitación para trabajar, y de medico que te revisará todos los días, aquí no vas a tener problemas, la gente que viene es de dinero, y mis putas muy caras, y vos más, tu horario es de ocho horas todos los días, y 4 los sábados, si queres venir el domingo se paga doble, aunque como todas quieren venir, por ahora no. Te aviso cuando puedas venir, si falta alguien o mucha demanda, Ahora acostate en el sillón que te voy a probar, y empezas mañana y tu horario es de 10 a 18 horas, te recomiendo que no faltes y que seas responsable.-


Maria José, ya estaba conmocionada por la inspección de la que había sido objeto, y esto último hizo temblar sus rodillas, casi se cae, y el solo pensar que ese hombre la iría a penetrar, casi la hace desistir de su propósito.


Pero el odio y el resentimiento, es un poderoso motor, y sacando fuerzas, se acercó a gran sillón, y se acostó en él. Mientras el hombre, sacaba un frasco de un cajón del escritorio, y se acercaba con el mismo en la mano a Maria José, es lubricante, dijo, te vi que estas muy seca, destapó la botella y se echó un poco entre dos de sus dedos, que fueron dirigidos a la vagina de ella, y suavemente frotados los labios superiores y luego los inferiores, y cuando juzgó suficiente la lubricación externa, introdujo los dedos húmedos con lubricantes en el interior de la vagina, hasta hundirlos en su totalidad.


El hombre se dirigió luego hasta la puerta, y comprobó que estaba cerrada con llave, puso arriba del escritorio el frasco con el lubricante, y al lado de uno de los sillones de un cuerpo, se comenzó a desvestir, primero se sacó los zapatos, luego el pantalón, quedando en slip, se sacó la chomba que tenia puesta, quedando solo con una camiseta blanca, que no se sacó, luego el slip. (Era francamente un poco ridículo ese hombre, vestido solo con camiseta y media, con su vientre prominente), pero luego, María José bajo la vista y lo vio, jamás había visto un miembro masculino, mas que el de su esposo, y el pequeño de su hijo varón, y quedó anonadada del tamaño de lo que había quedado a la vista, y pensó si ella era capaz de albergar eso, que realmente era grande, grueso muy grueso, y largo.


El hombre se acercó a ella, diciéndole, menos mal esto lo del Viagra, porque por día por lo menos tengo que probar a una o dos, y efectivamente esa droga causaba buen efecto, ya que el estado de erección era tremendo.


El hombre cubrió a Maria José con su cuerpo, ella se sintió un poco aplastada, hasta que el hombre se apoyo con su dos manos en el respaldo, aliviando la presión, y se quedó mirándola a la cara, ella comprendió, y dirigiendo una de sus manos al poderoso miembro, lo guió hasta su vagina.


Ella no estaba acostumbrada a tal tamaño, el pene de Ricardo era la mitad o menos de lo que tenia en la mano, tiró el prepucio que había quedado tapando parcialmente al glande, y lo apoyo en la entrada vaginal, y el hombre hizo presión, mientras ella continuaba su guía, y el gran miembro, comenzó su entrada en la estrecha cavidad vaginal, primero la gran cabeza, hinchada que comenzó a separar las paredes del comienzo, y como estaba bien lubricada por la loción que le habían puesto, la penetración continuó.


La mente de Maria José, trabajaba a mil por hora, cuando la gran cabeza inició su penetración, ella sintió la dilatación a que estaba siendo sometida, no tuvo dolor, solo sensación de penetración, de las paredes de su vagina que se estaban dilatando, para albergar el monstruo, y como una ráfaga en su mente, la palabra pecado, y el rostro de la monja celadora de su último año en el colegio secundario, que mascullaba mientras rezaba, luego la imagen del Salvador, y el rostro de su confesor, y la palabra pecado, pecado.


La penetración continuaba lentamente, el hombre evidentemente tenia su experiencia en las lides de coger, ya el miembro estaba en su mitad sumergido en la vagina de Maria José, y ella sentía como si una enormidad la estaba invadiendo, y las paredes se continuaban dilatando de poco a poco, y pensó en sus partos, en el dolor que había sentido en la dilatación cuando pasaba la cabeza del bebe por el estrecho conducto, pero ahora no le dolía, era una sensación distinta, era como si se le cubriera el conducto en forma natural, y se comenzó a sentir como completa, no sentía placer, no estaba excitada en lo absoluto, pero la penetración a que estaba siendo sometida no era desagradable.


Maria José, tenia cerrados sus ojos, tenia miedo de abrirlos y ver la cara del que la estaba penetrando, por fin el hombre dio una estocada, y culminó la penetración, y ella se sintió totalmente ocupada, no solo su vagina, su cuerpo estaba ocupado, el gran pene invadía todo su cuerpo, y se sintió muy abierta, muy abierta.


El hombre culminó su penetración, y comenzó a bombearla, muy lentamente, retiraba un poco el miembro y volvía a penetrar muy suavemente, y Maria José al sentir la estocada final y la total dilatación, y el suave golpeteo en sus nalgas de los testículos, visualizó la cara de su esposo, y el odio y el rencor, la hizo mover, y cruzar sus piernas sobre los riñones de su penetrador, y elevo su cadera, para sentir mas la penetración, sintió su vagina como una ancha gruta, y el sabor agridulce de la venganza la invadió, y se excito con ese miembro terrible que la ocupaba, y ese hombre espantoso que la estaba cogiendo, y comenzó a moverse, quería sentir mas y mas esa cosa que tenia en su interior, quería la destroce, porque la vagina que estaba siendo penetrada, ensanchada, era propiedad exclusiva de Ricardo, y con esto era irremediablemente y para siempre un cornudo!!, y su santa y venerada esposa una total y para siempre prostituta!!


Y continuó moviéndose para arriba y para abajo, y sintió como una terrible excitación la invadía, y mientras su vagina se bañaba en lubricante por ella y por el miembro producidos, entró en el preorgasmo, y sintió que todo su cuerpo y todo su yo, estaba en esa vagina ocupada y maltratada por el inmenso miembro, y se acelero el ritmo de su corazón, que cabalgaba enloquecido, y sus piernas se apretaron contra el cuerpo del hombre, para obtener mas y mas penetración, hasta que profundas contracciones que nacían en su vagina y recorrían todo su cuerpo producto del orgasmo que tenia, la hicieron temblar, mientras recibía la esperma que largaba en intermitentes chorros el miembro ocupante.


El hombre se incorporó, y la miró asombrada, y le preguntó si en verdad había orgasmado, ella asintió con su cabeza, y el le dijo que nunca en toda su experiencia, nunca una puta que probaba lo había hecho de la forma que ella lo hizo, que lo había sentido en su miembro y en cuerpo de ella, que se había estremecido en casi convulsión.


Maria José se sentía llena de esperma, que desbordaba ya su vagina, y le pidió le indicara donde podía higienizarse, él le indicó una de las puertas, y mientras ella caminaba con las piernas apretadas para evitar salga lo que tenia en su interior, el hombre la siguió con la mirada asombrado, y feliz con la nueva adquisición que había hecho para su plantel de putas.


Cuando llegó al baño que era muy moderno y limpio, se sentó en el bidet, para que el agua mojara sus interiores y arrastrar toda la esperma que tenia en su interior, y en ese momento pensó en la posibilidad de quedar embarazada, pero como buena católica sacó los cálculos del método de Ogino, y comprobó que estaba en periodo infértil, y suspiro aliviada.


Se higienizo lo mejor que pudo, dejando un largo rato la lluvia del bidet, y luego se secó, utilizando sin mayor remordimiento la toalla que había al lado de la pileta, y salió desnuda como estaba nuevamente a la oficina, tomó la pantaleta y se la puso, luego la camisola, y su vestido que estaba ahora arriba de uno de los sillones, y sentándose se calzó, todo bajo la mirada del hombre, mirada en la que pudo observar admiración y aprobación.


Cuando estuvo vestida, el dueño llamó a la recepcionista, y le indicó que la llevara a conocer el establecimiento y le indicara su habitación y le entregue la ropa que Maria José eligiera para su trabajo.


Acompaño a la recepcionista que le mostró todo, le era un poco dificultoso el caminar, tenia muy irritada su vagina, que seguía muy dilatada. La habitación en la planta baja que le asignaron, era prácticamente igual a la de Ana, y la ropa a elegir camisolines muy sexy y trasparentes, cosa que hizo.


Le costó un poco llegar al automóvil, y luego del viaje llegó a su casa. Serían las 15 horas, comió algo (esta hambrienta), y se duchó, se recostó hasta la hora que vinieron los chicos del colegio, cuando Ricardo llegó a la casa, ella lo recibió sonriendo, se sentía en paz, la venganza comenzaba...


Navegante ( [email protected] )

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