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Prostituta. Parte 3

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Relato enviado por : Vicioso el 09/05/2004. Lecturas: 3993

etiquetas relato Prostituta. Parte 3 .
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Resumen
El primer día, de un nuevo oficio, continua la saga


Relato
PROSTITUTA (3)

Esta es la continuación de una saga iniciada con PROSTITUTA (1), y (2) y resulta indispensable su lectura, para llevar el hilo de las circunstancias, que llevan a las situaciones narradas.


V


Cuando se preparaba para acostar Maria José, esa noche, no esperaba lo que ocurriría, como siempre se desvistió, y se puso el camisolín corto de verano, aún sentía inflamada su vagina, y la sensación de penetración perduraba, se acostó, prendió la TV. y como siempre puso una de las películas que pasaban por cable, y que siempre le servían como canción de cuna para dormirse, pero contrariamente a lo que ocurría desde hace un tiempo, Ricardo entró en el dormitorio y comenzó a desvestirse (casi un mes que el esposo, se quedaba abajo en la sala de TV. o con la computadora, y se acostaba mucho después que ella), pero esa noche no, rara coincidencia.


Ricardo se metió en la cama, y como siempre hizo cuando tenia ganas de hacer el amor, con un brazo atrajo a Maria José hacia él, y con la otra mano comenzó a acariciarle los senos, pasando el brazo por debajo del camisolín.


Ella quedó helada, porque realmente después de tanto tiempo no esperaba esto, y porque sentía asco y odio profundo por él, y no supo que hacer, no supo si rechazarlo o inventar una excusa, pero como un rayo se le paso por su mente, ¡ eso justamente era la otra parte de la venganza iniciada!, que el pene de su marido, entrara en el lugar donde había estado y vaciado su semen otro hombre, y que miembro!, que tipo de hombre!, justo eso era el supremo temor de los hipócritas como Ricardo, el solo hecho de imaginar a la vagina de su esposa penetrada por otro, los hubiera turbado, les daba pánico, porque ser cornudo era cosa de los otros, de pobres infelices, que arrastrarían esa cruz por siempre jamás,


Y siguió el juego, pero no como siempre, en que ella era la sujeto pasiva, y se limitaba solo abrir las piernas para facilitar la penetración, esta vez quería que él supiera que algo había cambiado, y esta vez una de sus manos entró en acción, y se dirigió al miembro que ya estaba semi erecto, y comenzó a aferrarlo, primero bajando el prepucio, y dejando en descubierto el glande, mientras lo hacia, Maria José comparó los tamaños, de ese pene que empezaba a tomar consistencia y el del proxeneta que horas antes había tomado y dirigido a su vagina, y el balance fue muy desfavorable al de su marido, años había creído que lo máximo y lo único era lo de Ricardo, pero ahora comparaba, y sonriendo en su interior comprendió que también eso era parte del castigo de ese mentiroso e hipócrita, y eso mas la rabia, la ira y el asco, la excitó.


La excitó pensar que las tetas que acariciaba su marido, eran las mismas que habían sido inspeccionadas por el dueño del burdel donde comenzaría a trabajar de puta a la mañana siguiente, que los pezones que irritaban ahora los dedos ya habían sentido a los del proxeneta que sería en adelante su rufián, la excitó pensar que su imagen ante su esposo, era aún la de santa matrona, destinada a ser la base impoluta del hogar católico, y era una prostituta, que ya la habían cogido y gratis para probarla, y lo que penetraba Ricardo, era una concha sucia de una ramera, cara, pero ramera, su excitación (mezcla de odio, revancha) fue en aumento.


Y no dejó que él se subiera sobre ella en posición misionera, fue Maria José, la que se subió sobre el hombre, y fue ella, la que guió el pene a su vagina, y fue ella la que cabalgó penetrada por el (ahora sabía) pequeño miembro, y fue ella la que le puso una de sus tetas en la boca (como lo había visto en el video), y fue ella quién bombeo, hasta tener el orgasmo, satisfaciéndose ella sin importarle lo que pasaba abajo con su esposo, que sorprendido y azorado no atinaba a comprender que había pasado, y fue ella, la que cuando acabó, y llegó a su clímax cuando también eyaculaba él, simplemente sin decir una palabra se echó de su lado de la cama, y se quedó dormida casi instantáneamente, y esa noche durmió en paz.


Ricardo simplemente no supo lo que pasó, el comportamiento de Maria José, había sido sorprendente, lo había pasmado, pero había obtenido placer, y él supremo hipócrita, no tenia los traumas de la religión, el pecado y toda esa parafernalia, eso, era para los otros, los subordinados, los comunes, los que había que dominar, había encontrado también distinta la vagina, como si hubiera estado muy abierta, cuando siempre había sido estrecha, y había estado como macerada, blanda, pero todo eso no le preocupo, sabia por experiencia que las mujeres tenían cosas raras algunas veces, y no tardó en conciliar el sueño, facilidad que tiene los muy buenos y también los villanos.


Despacho los niños al colegio, y con un beso en la mejilla a Ricardo, su mero contacto le repugnaba, pero se estaba convirtiendo en una excelente actriz, cosa que necesitaría en los tiempos por venir...


Se vistió, dudo en que ponerse, pero pensó que de todas maneras, eso no importaba, porque debería sacárselo al llegar a su "trabajo", y opto por pantalones de salir, anchos, y una camisa liviana (hacia calor), y previo dar las instrucciones a domestica, y decir que no vendría a almorzar, porque tenia reunión con un grupo de la iglesia, salió, se dirigió a la cochera, pero antes de llegar, pensó y con razón que su automóvil pudiera verse reconocido en la zona roja, lo que la pondría en una situación comprometedora, y como parte de toda la situación era mantener el secreto, resolvió tomar un taxímetro.


Caminó hasta la avenida, pasó frente a la librería comercial, y siguió, luego volvió sobre sus pasos, y entró en ese negocio, y compro un cuaderno encuadernado en cuero (del tipo que se usa para llevar un diario), al salir justo pasaba un taxi vacío, le hizo señas y lo tomo.


En el viaje, tenia un poco de aprehensión, que le depararía el nuevo día, contra que o quién debería enfrentarse, y tuvo miedo, dudó, pensó que todavía estaba a tiempo, que podía parar todo y volver a su hogar, que fingiría que no había pasado nada, después de todo su vida era privilegiada, pero las imágenes del video y las conversaciones con el joven abogado y con Ana volvieron a su conciente, y la mentira y la hipocresía que le inculcaron e hicieron padecer toda su vida, y la noción de pecado, y las niñas católicas decentes, y lo sagrado de la familia, la religión manoseada y Jesús nuevamente crucificado por la falsedad, la maldad con que torcieron su legado, y los poderosos y Ricardo con esa sonrisa tan especial que le iluminaba el rostro al eyacular sobre los pechos de la mujer, y Ana despedida por pecadora, y arrojada de su hogar, por ese fundamentalismo, y la corrupción, y los prohombres católicos, y todo eso reafirmo su voluntad de seguir adelante, y el odio y el deseo de venganza volvió a ser el motor impulsor, y rechinaba sus dientes de rabia.


Dirigió su vista adelante, y vio que el conductor, la estaba mirando por el espejo retrovisor, con esos ojos de deseo que tienen los hombres al mirar a una mujer que no les pertenece y que con toda seguridad les gustaría seducir, y su odio también se dirigió a ellos, porque también eran culpables, porque la cultura de la sociedad machista los había educado así, la mujer objeto y no persona, la esposa para cargar con la casa, la familia, con los hijos, y la mujer ajena para desear, para corromper, para seducir, e inconscientemente para excitarlo mas y hacer desear mas algo que nunca podía conseguir, como venganza, desabrochó los dos primeros botones de su camisa, para que el hombre pudiera ver mas de sus senos, y como distraída se inclinó hacia adelante como para ver en que lugar transitaban, y el pobre hombre obtuvo una visión deslumbrante de esas hermosas tetas, que nunca, pero nunca serían para él. (bueno, a menos de tener el dinero suficiente como para comprar el sexo, y que con seguridad no lo tenía, ya que ella era cara, muy cara)


Al llegar a su destino, abono lo correspondiente, y observó que la cara del pobre taxista estaba roja, congestionada, y le divirtió, gozo con eso.


Oprimió el botón del portero eléctrico, se identificó y accedió al burdel, en la recepción la misma muchacha que el día anterior, se hizo una seña que continuara por el pasillo que daba a las habitaciones.


Antes de llegar en la puerta de una de las habitaciones que funcionaba como lugar donde estaba el encargado de las "chicas", y cuyo deber era dar los turnos y organizar los desfiles para que eligieran los clientes, además de la seguridad (en lo que eran muy estrictos), la llamó adentro.


Al ingresar a esa, vio que era pequeña y amueblada como una oficina, ya que había un escritorio y varias sillas, una computadora con sus elementos sobre otro pequeño escritorio dedicado a ese efecto. El hombre se presentó, y dijo, me llamo Carlos, por favor sentate, soy el encargado de ustedes, cualquier problema que tengas deberás dirigirte a mí, tus obligaciones, son cumplir el horario estrictamente, porque tenemos planificado el trabajo, y respecto de los clientes, deberás hacer lo que te digan, con limitación lógico de que cosas anormales, como la violencia que no están permitidas, en el caso de que un cliente se pase, a ambos lados de la cama, existen timbres que llamamos de pánico, si los oprimís, al instante personal de seguridad estará en tu habitación, pero te recomiendo tengas cuidado con eso, no lo toques por cualquier cosa, deberás estar en la habitación común de espera con las chicas cuando no tengas clientes que atender, y disponible para el desfile para los clientes, durante el horario de trabajo, tenes que estar vestida solo con la ropa que te proveemos (Los negligés), sin ropa interior, en el desfile que se hace cuando yo dé la señal, deberás entrar, dar una vuelta y agacharte un poco, para que te miren bien, y seguir para la sala común. Los clientes saben tu precio al momento que pasas, porque está la recepcionista que se los va diciendo (varia de muchacha a muchacha), ese es el precio mínimo, si los clientes quieren darte algo, es para vos, no nos tenes que rendir cuentas. Puede ser que un cliente te pida a vos directamente, en ese caso los recibís en tu habitación sin desfile, en la habitación el cliente es rey, por eso pagan y pagan mucho, este no es un establecimiento barato, si el cliente quiere que te bañes con él, te bañas, si pide que te pongas de determinada manera, lo haces, si piden sexo oral, lo haces, si te piden el culo, bueno eso está en vos, no te pueden obligar, algunas lo hacen otras no porque les duele, pero si lo haces lo que cobras en mas es para vos, si te piden que te pongas en cuatro patas, lo haces, si te piden una posición determinada, lo haces, no te podes negar, algunas veces vas a salir con otras chicas a fiestas privadas, en ese caso nosotros te llevamos y traemos y brindamos seguridad, eso se paga el doble, aquí no dejamos consumir drogas ni a las chicas ni a los clientes, en el caso que uno quiera hacerlo, nos llamas, no queremos tener problemas con la policía, que buenos pesos por mes nos cuestan, la limpieza de la habitación y el cambio de la ropa de cama la hace el personal entre cliente y cliente, alguna duda?, Cuando tengas la regla no trabajas pero te pagamos un básico, te quedas en casa hasta que no tenga sangre tu concha. Al final de todos los días se te paga lo que hiciste, ah! Y tenes una comisión por las consumiciones que se hagan en tu habitación ahora anda al médico que te va a revisar, si me olvide de algo, las chicas te informan.


Maria José, escuchaba todo eso, pero era como si no fuera, ella estaba afuera en el techo observando y escuchando, pero su cuerpo permanecía sentado frente al escritorio, y se sintió no una persona, era mercadería a la venta, en ese lugar no había lugar para sentimientos humanos, pero esa había sido su elección y debería hacerlo, estaba obligada a hacerlo.


Terminada la entrevista con el encargado, se dirigió a la enfermería, que estaba muy completamente instalada, había una camilla y un sillón ginecológico, el médico le pidió que se desnude totalmente, y así lo hizo, fue revisada visualmente con minuciosidad, sus axilas, su sexo, su ano, los pies, luego le sacó sangre para analizar y le pidió se siente en el sillón ginecológico, lo que hizo quedando así con las piernas separadas, una a cada lado del sillón y elevadas sobre el apoya pie.


Con guantes, le hizo tacto vaginal, a lo que María José como todas las mujeres le causaba algo de impresión, por lo que como siempre hacia en la consulta con su médica, reclinó su nuca, sobre el apoya cabeza y cerró los ojos, él retiró el dedo de su vagina, pero inmediatamente introdujo un objeto cónico de metal, que ella sintió frío, y sintió como de esa cosa salía un liquido que se le antojo gelatinoso, y escucho la voz del médico que le decía que era una solución lubricante, espermaticida y antiséptica que debería ponerse antes de atender al cliente, y luego de ello, previa ducha vaginal, y que le daría eso junto con el aplicador, ella aún con los ojos cerrados vio que había movimiento del profesional por lo que se mantuvo así en la misma posición, y ahora extrañada nota que la estaba penetrando algo cálido pero duro, abrió los ojos, y ve al hombre parado frente a ella entre sus piernas introduciéndole su miembro en la vagina, él la mira a sus ojos y simplemente dijo, - Esta es la bienvenida – haciendo una elevación de hombros, y continuó bombeándola hasta eyacular adentro de la vagina. Maria José totalmente sorprendida, solo atinó a sonreírle a su ocupante y volvió a cerrar los ojos, mientras pensaba - total soy una puta... –


Al acabar el medico, fue hasta un armario, y trajo un saché, corto el aplicador de plástico que estaba en su parte superior, y lo introdujo en la vagina, apretando para que el liquido de su interior saliera con presión, mantuvo la presión sobre los labios superiores, para evitar se derrame el liquido, y puso un recipiente debajo de Maria José, y luego extrajo el aplicador del saché ahora vacío, cayendo todo el liquido mezclado con el semen dejado antes por el médico, sobre el recipiente, es una ducha vaginal le explicó, y con una toalla secó la parte exterior del sexo recién lavado, vestite, ya esta todo listo, antes de que Maria José se vaya, le entregó un spray, y le dijo, esto tenes que ponerte adentro en la vagina, antes y después de cada cliente, le pregunto que tipo de anticonceptivo usaba, y ella le dijo que ninguno, él, entonces le dio una caja, con indicación para que los empezara a tomar después del periodo (que le vendría según sus cálculos en una semana, por lo que según el japonés Ogino estaba en periodo infértil), y que si los clientes querían (algunos si pero otros no) usara condón. y se dio vuelta para comenzar a efectuar las pruebas con la sangre sacada anteriormente.


Maria José, se dirigió a la habitación que le habían asignado, se volvió a desvestir, y eligió uno de los camisolines trasparentes que le habían dado, que era muy sexy, trasparente con bordados, de color negro, guardó la ropa y cartera en el placard, dejando el cuaderno encuadernado en uno de sus estantes y salió de la habitación, dirigiéndose a la sala común.


Maria José trataba de no pensar mucho, temía que su mente se rebelara, que le dijera que era excesivo lo que estaba pasando, que ella aún era una persona de bien, que no era correcto que la violaran, y ella consintiera, que su educación la volviera a convencer que estaba en pecado, pecado mortal, y ella seguía sus pasos en forma automática, como si ella no fuera y trataba de estar vacía.


Llegó a la sala común, y en la misma había ocho muchachas, todas muy bellas, hermosas, las había rubias (una de ellas era Ana), morochas e incluso una japonesa (un hermoso biscuit), saludo y recibió el saludo de todas, al verla Ana corrió a su lado y la abrazó. Todas estaban vestidas en forma similar, con camisolines de distintos colores, todos ellos trasparentes. Comenzó a hablar con Ana, pero antes de decir gran cosa, apareció el encargado y dio la señal para el desfile, ya había hombres en la sala destinada a eso.


Y comenzaron las hermosas mujeres a desfilar, cuando le tocó el turno, Maria José entró en el salón, caminando de forma sugestiva, moviendo sus caderas, no exageradamente pero lo suficiente para que su paso fuera erótico, felino, en los sillones había ocho hombres, de las mas variadas edades, jóvenes, maduros y algunos francamente viejos, algunos agradables, atrayentes y otros no tanto, vio como las miradas se posaban lúbricamente en toda ella, que se fijaban en sus tetas y en su sexo, dio la vuelta y se agacho brevemente, se incorporó y continuo hacia la sala común, observando como los hombres dirigían la mirada a la recepcionista que con un cartel en alto, indicaba el precio, y el precio de ella era caro, muy caro.

Ya en la sala común (que era amplia, con sillones, una mesa con sillas, un barcito que contaba con cafetera eléctrica, una heladera, vasos y tazas), esperó la elección, y al momento, el encargado les indicó a ocho de las nueve, que vayan a sus habitaciones y se preparen para recibir al cliente, y Maria José era una de ellas.


Llegó a su habitación, y se sentó en uno de los sillones del living, esperando su primer cliente pago, porque pensó, que hasta ahora lo único que había hecho es dar muestras gratis.


Golpearon a la puerta y Maria José se levantó para abrirla, y esperando estaba un hombre de mediana edad, de rostro agradable, y vestido con ropa de primera calidad (la misma marca que usa Ricardo, pensó), ingresó el hombre, y ella lo condujo a los sillones, donde lo invitó a sentar (muy bien no sabia que hacer, como tratar un cliente pago).


Se sentaron los dos en el sillón de tres cuerpos, ella miró al hombre, no sabia que decir, y al fin dijo, bueno vos dirás tus preferencias ( prefirió tutearlo, aunque el hombre le llevara muchos años, ya que trato de inducir cual sería el comportamiento de una prostituta experimentada), el cliente, la miró sonriendo y le preguntó, ¿la primera vez?, y ella afirmo con la cabeza, y el dijo, esto merece una celebración, tengo la primicia, aunque por el precio algo debí intuir, pedí champaña y que sea del bueno, y unos bocaditos, Maria José se dirigió al teléfono e hizo el pedido.


El hombre, era muy agradable, y entre ellos se inicio de inmediato una conversación, ella le preguntó ¿a qué te dedicas?, Él le dijo que era titular de una empresa de inversiones en bolsa, y que siempre venia a ese lugar porque era el mas lujoso, seguro, y con las mujeres mas bonitas, y que había quedado viudo hace un año atrás, y que aún no quería ni podía entablar ninguna relación con mujeres, porque no tenía ánimo, pero como siempre había sido ardiente y tenia necesidades sexuales urgentes, prefería pagar para no tener ningún compromiso.


Llegó la champaña y unos deliciosos bocadillos de caviar, arenque, y otras exquisiteces, todo caro, muy caro, se quedaron charlando animadamente como amigos, hasta que ella se dio cuenta y lo invitó a pasar al dormitorio.


Ella entró primero, y se sacó el camisolín que arrojó sobre la cómoda, el se quedó contemplándola, y dijo, ¡Por Dios que sos hermosa!, ella pego un giro sobre si misma y le dijo ¿te gusto?, se recostó sobre la cama, y comenzó un desesperado desvestir de él, se sacó los zapatos, los pantalones, la corbata, la camisa y toda la ropa arrojada sin orden alguno arriba del lugar donde ella había dejado su prenda, ella miraba sonriendo tal apuro y apreciaba el cuerpo, era de un hombre muy bien conservado, no tenia un gramo de grasa en su cintura ni abdomen, un cuerpo armonioso y muy masculino, y cuando él se sacó el bóxer, pudo ver un miembro ni muy grande ni muy chico, armonioso, hermoso y en un estado de erección muy interesante, y con algo que ella jamás había visto, era circunciso.


El se acostó al lado de ella, y la atrajo hacia él con sus brazos, y ambos se besaron en la boca, muy larga y dulcemente, el la comenzó a explorar y acariciar suavemente, todo sin apuro, y así su mano accedió a esos hermosos senos, firmes y duros, y a sus pezones muy erizados y erectos, y su mano continuó para abajo, pasando por el suave vientre, y saltó a sus piernas, sus rodillas, sus muslos, y luego otra vez a los senos, y nuevamente comenzó a bajar muy lentamente, haciendo desear, desatando pasión, excitación en ella.


Ella se dejó llevar, y mientras continuaba el beso largo y profundo, con lenguas que invadían y eran invadidas, sus manos acariciaban el cuello, el torso, el vientre, sus muslos, y tal como hacia el volvían a levantarse para comenzar nuevamente, en un juego que de tan sutil, hermoso y excitante pudiera haber durado para siempre.


Hasta que por fin en una de sus exploraciones, la mano de él rozó el vello púbico, y continuó bajando hasta llegar al clítoris, que fue acariciado muy suavemente, desatando en ella temblores de deseo, esa caricia la sublimaba, la ponía en las nubes, la sacaba, y esa excitación de ambos, los llevó a un lugar único en todo el universo, ellos, todo lo demás no existía, hacían abstracción de todo, no existió para él la pena ni el dolor de la perdida de su mujer amada, no existía para ella su drama personal, era todo excitación y deseo, los dos eran uno, que se debatían recibiendo y dando placer. Sexo en estado puro.


Y la mano de ella, llegó al pene, y lo abrazó muy suave, etéreamente, y suave y lentamente lo recorrió en toda su extensión, deteniéndose con curiosidad en el glande, que era distinto a todos los penes (pocos aún) que conocía. Y le encantó su piel suave y curtida, y siguió hasta los testículos, que por la excitación estaban pegados a base del miembro, y suavemente los sondeo, palpó con cuidado infinito, pasándole el dedo casi sin tocar.


Estuvieron en ese juego de amor un tiempo largo, hasta que ella separó su cara de él, interrumpiendo el beso que ya era como infinito, y besando cada parte del cuerpo de él mientras bajaba, se detuvo en sus tetillas, y a cada una las beso y mordisqueo suavemente, luego pasó besando su ombligo, su vientre, hasta llegar al pene, que primero beso y luego introdujo en la boca, primero el glande y luego parte del tronco, jugando su lengua con la distinta cabeza que llamó su atención y la excitó. La lengua jugo en el tronco erguido, y pasó lentamente (a penas rozando), a lo largo de la arteria que recorre el miembro hasta llegar a la bolsa testicular, para arriba y para abajo en movimientos que parecían eternos par él.


Toda esta delicia llevó a los dos a un estadio de suprema excitación, la máxima antes del preorgasmo y el orgasmo propiamente dicho, que es justamente la terminación de la fiesta sexual, es un estadio del sexo, en que todo es impulso, ya no importa nada, salvo las sensaciones y el placer, y fue una novedad para Maria José, nunca había sentido ese éxtasis, nunca con su marido y menos con el proxeneta. (el medico no contaba, ya que ella había sido un mero recipiente)


Y ella no puso objeción, cuando él, interrumpió la exploración bucal de Maria José, y comenzó el mismo su propio camino en el cuerpo de ella, y bajando suavemente por el mismo, beso sus orejas, su cuello, y llegó a las tetas, y dedicándose a las mismas, las beso, las puso íntegramente en su boca y succionó, mordisqueo suavemente los pezones, causando en Maria José oleadas de éxtasis y temblores y placer (ondas que venían de dos lados de su sexo y de sus tetas, y que producían algo así como un cortocircuito en ella, un placer inaguantable, y luego paso su lengua por el vientre, su ombligo y bajando se encontró con el vello púbico, corto y suave, y después con el clítoris, hinchado erguido, y allí la lengua jugo un largo rato, en movimientos muy suaves, circulatorios, llevando la inflamación del mismo a niveles superiores (Maria José, volaba, estaba en el paraíso, el placer era infinito, ella era puro sexo, una llama, fuego quemante, su mente era solo goce y placer infinito)


Y Maria José llegó al orgasmo, profundo, convulsivo, su cuerpo tembló, y todo él era orgasmo, y el noto con su rostro y lengua esa explosión, esas contracciones del sexo, y continuó su trabajo mientras ese terremoto duró.


Maria José, luego de su orgasmo, quedó quieta, con los ojos cerrados, y así un rato (el tiempo no cuenta), y al abrirlos vio que el estaba mirando su rostro, deleitándose con su expresión de abandono y placer, él volvió a tener esa ternura única del hombre que da placer a la mujer que le gusta (no recordaba nunca haberlo tenido, salvo con su adorada esposa).


Él esperó la recuperación de ella, que se le vaya esa extrema sensibilidad en todo su cuerpo que tienen las mujeres luego de un orgasmo profundo, y que solo un pequeño roce puede molestar, perturbar, traer displacer (solo los amantes expertos saben esto y lo respetan)


Y cuando ella lo toma en sus brazos, y lo monta, con su mano guiando al pene a su penetración, penetración instantánea (ella estaba super - lubricada, con lo suyo y con el liquido que le había puesto el médico) y que llega al fondo total, y se siente llena, completa, feliz, y comienza a moverse para arriba y abajo, mientras sus adorables senos bailan frente al rostro de él, a cada movimiento de ella.


Ella era liviana, etérea, y el sube y baja sus caderas para obtener mas y mas penetración. En esa vagina, dulce, cálida, hospitalaria, que resumaba miel en él, y siente esa sensación de posesión total y absoluta a la mujer que penetra, y excitación cumbre, el pene invadido por sangre a presión llega a su tamaño máximo, y los testículos se endurecen y se pegan a la base del miembro hasta casi hacerse parte de él.


Maria José, no solo se había recuperado de su orgasmo, había obtenido un grado de excitación igual al anterior, el estar penetrada de esa manera, el sentir sus pezones rozando sobre la boca de él, la hace llegar nuevamente al preorgasmo, y siente que nuevamente todo ella era sexo y vagina, y el mundo se vuelve a concentrar en su entrepierna, y vuelve a orgasmar, fuerte, muy fuerte, mientras él eyacula en medio de un clímax supremo en su interior.


Y ella cae sobre el cuerpo de él, estando penetrada aún, sintiendo en su interior ese maravilloso miembro y gran cantidad de caliente esperma, y se pega a él, durante un rato muy largo, ambos estaban satisfechos, colmados.


El estaba asombrado, alucinado por esa mujer que aún tenia en su interior a su reducido miembro, nunca habría llegado a suponer tanto placer por parte de una mujer que paga, no había cogido, había hecho el amor, cosa de la cual ya se había olvidado y que no hacia desde que su esposa había enfermado un largo tiempo antes de morir.


Replicó el teléfono, y el encargado informó que ya se habían cumplido mucho mas de las dos horas a las que tenia derecho, él le dijo que no importaba que pagaría lo que fuera necesario, y que encargara que trajeran café y algo dulce para comer, se quedaría otro turno más con ella.


Y se quedaron desnudos en la cama, hablando y hablando, el le contó su vida y su amor por la añorada esposa, y ella retazos de lo que le había sucedido (sin nombres) y su determinación, dejando alelado nuevamente a él, esa mujer era distinta, asombrosa, era tan hermosa, tan inteligente, tan hembra.


Y volvieron a hacer el amor, en forma dulce y apasionada, luego a transcurrir casi las otras dos horas, el se comenzó a vestir, mientras seguían hablando en una conversación de confidencias y sentimientos íntimos, volcados entre dos desconocidos hasta hace escasas cuatro horas atrás.


El se termina de vestir y con pesar (se quedaría para siempre al lado de esa mujer, le hubiera gustado que ese momento sea eterno), pero lo estaban esperando en sus oficinas, y su pena y el mundo volvía a pesar sobre sus espaldas, comenzó a irse.


Ella lo acompaño desnuda como estaba hasta la puerta, y él noto, que hilos de su semen corrían por el muslo de Maria José, y volvió a sentir ese sentimiento de posesión, ternura y alegría que ya había tenido con su esposa, su dulce y añorada esposa.


Antes de irse y en la puerta, el sacó una tarjeta personal y le dijo a Maria José, que estaba a su disposición, que cualquier cosa que necesitara, no vacile en llamarlo o ir a su oficina, pero que tenga la seguridad que él volvería, quizás antes de lo supuesto, y se marcho.


Ella inició la rutina que le habían impuesto, realizo una ducha vaginal, luego se insertó el liquido, y comunico por teléfono que estaba libre nuevamente, pero antes había abierto el cuaderno encuadernado en cuero, y había comenzado el mismo, con fechas y horas, y con detalles, y lo comenzó no con el agradable corredor de bolsa, sino antes, con el proxeneta y el médico.


Se volvió a poner otro camisolín, y se dirigió a la sala común, para recibir otro cliente, pensando en el corredor de bolsa, y el placer que obtuvo, placer producido no por venganza o resentimiento sino algo distinto dulce, comprometedor......


Aún faltaban cuatro horas para terminar el primer día de su "trabajo".........


Navegante ([email protected])

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