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Sexo con maduras


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Relato enviado por : Anonymous el 19/11/2006. Lecturas: 17197

etiquetas relato Sexo con maduras .
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Resumen
Tarde de sexo con dos maduras bien rellenitas.


Relato
SEXO CON MADURAS

Hola a todos.
En esta ocasión voy a contar lo que paso la noche que mi amigo Juan y yo conseguimos enrollarnos con dos señoras maduras, Charo y Queti, de cincuenta y pocos años cada una, casadas y con hijos mayores, pero que, por las circunstancias que fueran no estaban sexualmente nada satisfechas.
Tanto una como otra eran guapas para reventar y a pesar de que ya no eran ningunas jovencitas, estaba muy pero que muy apetitosas.
Las dos eran rubias de bote y solian ir bastante maquilladas, y con los labios muy pintados de rojo chillón.
En cuanto a sus cuerpos, aunque estaban bastante rellenitas, la verdad era que todavia estaban para comerselas. Tenian tetas y culo para llenar un estadio, y como solian llevar la ropa un tanto ajustada, las abundantisimas mollas de carne que tenian se les notaban una barbaridad.
Con todos estos encantos que os he dicho que tenian, mi amigo y yo, que por aquella época eramos unos pipiolos, estabamos totalmente encoñados con aquellas dos señoras y nos pasabamos la mayor parte del dia hablando de ellas, de lo buenisimas que estaban, de lo que nos gustaria acostarnos con las dos, pero ni por un momento pensabamos que aquellas mágnificas jacas, que eran la admiracion de todo el barrio por lo jamonas que estaban, pudiesen acabar mentiendose con nosotros en la cama y dejando que le hicieramos todo lo que nos diera la gana. Al final siempre acabábamos yéndonos cada uno a su casa, mentiendonos en nuestras camas y haciéndonos unas buenas pajas en su honor.
Esta historia ocurrio hace ya algunos años, pero cuando alguna que otra vez nos reunimos, siempre nos acordamos del tema, de cómo conseguimos ligarnoslas y todavia yo acabo empalmadisimo de pensar en aquel par de jamonas.
En más de una ocasión nos habiamos pasados tardes enteras montado autenticas orgias en sus casas hasta acabar reventados de cansancio y con nuestras pollas y sus chochos rojos y escocidos despues de haber estado horas y horas haciendoles el amor a aquellas dos preciosas mujeres sin parar.
Cuando llegabamos nos encontrabamos a las dos marujonas perfectamente peinadas y perfumadas y tan exageradamente pintadas y maquilladas que en lugar de respetables amas de casa metiditas en carnes, parecian autenticas fulanas callejeras preparadas para hacer su trabajo en la calle.
A nosotros nos encantaba que estuvieran disfrazadas de putonas pues nos excitaba muchisimo verlas asi.
Enseguida empezabamos con las bromas picantes y casi siempre era Queti la que le decia a su amiga: “ Estos chicos me parece que lo quieren es ponerse a jugar con nosotras a los medicos para hacernos muchas guarrerias en los chochitos”.
Todos le reimos la gracia, y enseguida nos encerrabamos con aquellas dos preciosidades en sus dormitorios de matrimonio revolcandonos con ellas en la cama y gozando de sus magníficas carnes hasta quedar pero que muy, muy, bien satisfechos despues de hartarnos de disfrutar durante muchas horas de sus muchisimos encantos.
Haciamos con ellas las cosas más guarras que se nos ocurrian tanto a unos como a otros, y que conste que ellas no se quedaban atrás a la hora de inventar cochinadas para darnos placer.
Estabamos los cuatro liados toda la tarde hasta que, desgraciadamente para todos, llegaba la maldita hora que sus maridos estaban a punto de volver del trabajo y, sin ninguna gana por parte de nosotros, las jamonas nos obligaban a sacarles las pollas de sus hinchadisimos chochos para que los cornudos no nos pillaran follandonoslas.
Lo primero que empezabamos a hacer cuando ya habiamos entrado los cuatro en el dormitorio y habiamos cerrado la puerta por dentro, era abrazar cada uno a su mujerona por la cintura y, mientras que le dabamos pequeños piquitos en los labios sacando la punta de la lengua, les ibamos acariciando suavemente los enormes cachetes de sus culazos por encima de las faldas. ¡ Dios, que macizas estaban !
Disimuladamente nos poniamos a empujarlas con nuestros miembros entre sus piernas, lentamente, despacio, con suavidad.
De esta manera conseguiamos acercar a las dos marujonas a la cama de matrimonio haciendo que sus piernas rozaran con el borde. Entonces, sin soltarlas, las zancadilleabamos metiendoles los pies entre sus altos zapatos de tacones y las empujabamos un poco solamente, para que de esa manera cayeran suavemente sobre las sábanas de la cama y por supuesto nosotros encima de ellas abrazandolas fuertemente y pegados a sus cuerpazos como lapas.
Al perder el equilibrio, las macizas, se abrian de piernas y normalmente se les subia algo el vestido haciendo que, al remangarsele por las piernas, se le quedaran buena parte de sus rollizos muslamenes al aire, asi que yo aprovechaba para meterle a la mia las dos manos por debajo de la falda y agarrarle bien agarrado tanto los muslos como el culo.
Al caer en la cama sobre ellas teniendolas tan bien agarradas, nos comportabamos como verdaderos potros desbocados.
Tanto Juan como yo estabamos deseando gozar al máximo de nuestras magníficas hembras, asi que sin perder un momento, las abrazabamos, nos apretabamos contra ellas, las besabamos en los labios y en el cuello y nos revolcabamos en la cama una y otra vez.
Estabamos los dos con las piernas bien abiertas apretandoles los muslos, asi que, sin ningún disimulo, les restregabamos nuestros miembros, aún tapados, por la parte de la falda que les cubria el chocho.
De esta manera, riendonos como niños, pegados a mas no poder y disfrutando como enanos, nos retorciamos las dos parejas en la cama dispuestos a gozar lo más que pudieramos.
Enseguida nos poniamos a disfrutar manoseando a las jamonas metiendoles mano por arriba y por abajo y nos dabamos un buen lotazo con las muchisimas carnazas que tenian en sus cuerpos.
Las dos marujas iban perfectamnente enfajadas, pero las mollas que tenian eran afortunadamente tantas, que sus deliciosas carnes se les notaban por todas partes, especialmente por las caderas y por el culo.
Las dos tenian sus culazos muy, pero que muy gordos y respingones. Aunque ya no eran ningunas jovencitas todavia los tenian bien empinados hacia arriba, gordos, carnosos y siempre pidiendo guerra. Tanto era asi, que a veces daba la impresión que iban a estallarle los ajustados vestidos que llevaban.
Cuando caiamos sobre la cama los cuatro estabamos muy contentos, se notaba perfectamente lo mucho que desabamos pasar una buena tarde de sexo sin importarnos demasiado que nos oyeran los vecinos.
Cuando nos reuniamos en casa de Charo, a ella siempre le daba un poco de corte que fueramos demasiado escandalosos.
En el momento final, cuando las teniamos abiertas de patas debajo de nosotros, con sus enormes chochazos bien empalados por nuestras pollas y las estabamos culendo con todas nuestras fuerza, en el mejor momento, cuando ya empezabamos a corrernos y a soltarles chigates de leche en lo mas profundo de sus chochos, la rubia nos tapaba la boca para que no pudieramos jadear con fuerza.
Charo nos decía que sus vecinas, que eran muy cotillas, seguro que lo estaban oyendo todo y se estaban enterando de que estaban metidas en la cama follando con otros tios y poniendole un buen par de cuernos a sus ingenuos maridos.
Recuerdo que una tarde que fuimos a casa de Charo su vecina de enfrente estaba descaradamente apoyada en la puerta de su piso charlando con ella y al verla casi me da un infarto de lo buenisima que estaba. La gachi era otra rubia madurita como Charo, muy guapa y muy maciza y se la notaba con ganas de rollo.
La tia iba vestida de andar por casa, como si acabara de salir de la ducha, pero asi y todo estaba para comersela. Tan solo llevaba puesto un cortisimo albornoz malamente anudado a su cintura y que dejaba que se le vieran perfectamente sus macizas pienas, sus muslos y las parte baja de las curvas de sus nalgas. También se le veia muy bien el enorme canalillo del pecho que hacia adivinar que tenia un buen par de tetas. Además, llevaba unas zapatillas de tacón que la hacían parecer más alta y jaquetona y una coqueta felpa sujetandole el pelo.
Por las miradas tan curiosas que me estaba echando yo creo que la tia no tenia la menor duda de que yo a lo que iba esa tarde a casa de su vecina, era a meterme en la cama con ella y a follarmela bien follada.
Mi jamona me la presento y yo, en lugar de saludarla desde lejos, me acerque a ella, la agarré pasandole un brazo por la espalda, la aprete contra mi pecho y le di un par de besos en las mejilla.
También le pegue todo el paquete a su entrepierna y, con la mano que tenia libre, le levante un poco el cortisimo albornoz por detrás y le plante toda la mano en el culo llegando incluso a meterle varios dedos por la raja.
La tia se quedo un poco sorprendida por mi atrevimiento, pero enseguida relajo los gluteos para que el tocamiento de su raja fuera lo más completo posible, asi que yo aproveche y le acaricie, además del culo, la raja del coño. Lo tenia totalmente rodeado por una densa pelambrera.
Torpemente balbuceo unas discupas pidiendo perdón por no estar vestida más presentable, pero yo, mientras removia mi mano entre los cachetes de sus nalgas, le conteste que en mi vida habia visto una mujer que estuviera más presentable que ella.
La verdad era que me entraron unas ganas enormes de decirle que se viniera a casa de Charo y se metiera en la cama con nosotros. Estaba seguro que follando seria una autentica fiera y me habría encantado hacer un trio esa tarde con las dos jamonas, pero no lo habia consultado con Charo, ademas me parece que había mal rollo entre ellas, porque luego que comento que no le habia hecho gracia que le tocara el chocho a la vecina.
Queti, la amiga de Charo, siempre le decía que no le importara tanto que nos oyeran las vecinas, que lo que realmente les pasaba era que se morian de envidia por no ser ellas las que estaban liadas con nosotros.
Una y otra vez, sin dejar de reirnos y entre grititos histericos de protesta de nuestras marujonas, las volteabamos sobre la cama quedando unas veces ellas encima de nosotros y otras debajo, pero simpre sin dejar de estar pegados nuestros cuerpos a los suyos y procurando los cuatro que nuestros excitadisimos sexos, aunque estabamos vestidos, permanecieran lo más pegados posible para notarnoslos y sentir el calenton que llevavamos encima.
Entonces las rubias se quejaban un poco y nos decian que pareciamos unos pulpos puesto que cada vez que al revolcarnos las señoras quedaban tumbadas boca arriba con el culo y las patas por alto y con los taconazos medio salidos y apuntando hacia el techo, nosotros a lo tonto a lo tonto aprovechabamos para sobarlas por debajo de las faldas.
De esa forma nos dabamos un buen magreo con sus mollas y de paso les pegabamos unos tremendos besazos de tornillo con lengua y que nos dejaban casi sin repiración.
Para disfrutar al máximo con nuestras mujeres, les agarrabamos las tetas y las apretabamos con nuestos pechos todo lo que podiamos.
Ellas, de cuando en cuando seguian protestando un poco con voz chillona para hacerse las interesantes e incluso a veces nos ponian los codos para que no nos pegaramos tanto. Aquello a nosotros lo que hacia era excitarnos más y más. Nosotros, en el fondo, sabiamos que estaban encantadas de que estuvieramos tan encoñados con ellas y que siempre nos dejaran hacer con sus fabulosos cuerpazos rechonchos de señoras maduras todo lo que a nosotros nos apetecia en cada momento.
Dios, que maravilla de tias, que buenisimas estaban y que resabiadas y picaronas eran las dos.
Cada vez que Charo se descuidaba, yo procuraba meterle la mano por debajo de la falda, para sobarle las piernas, y aunque tenia puesta la faja y las bragas, le agarraba con la mano, le apretaba y le daba pellizquitos con los dedos por la parte de la tela que le tapaba el chochete. De esa forma intentaba poner a mi buenorra cada vez más y más caliente.
La maciza al principio siempre protestaba un poco y se hacia la estrecha diciendome pizpiretamente haciendo morritos con los labios y sonriendo con descaro, que no fuera tan atrevido, que ella era una señora casada muy, pero que muy decente y muy fiel a su marido, asi que, por favor, la respetara un poquito más, aunque bueno, seguian diciendome, tampoco era necesario que la respetara demasiado, solo un poquito.
Yo entonces le desabrochaba la blusa y me ponia encima de ella, con mi pecho sobre su sujetador apretandole otra vez las tetorras y le daba un buen besazo pegando muchisimo nuestros labios y chupandole y lamiendole la lengua para que no pudiera seguir hablando.
De esa forma ella dejaba de moverse e incluso subia un poco el pubis para facilitar mis caricias. Enseguida separaba los muslos y con una de sus manos me cogía la mia y me acompañaba en los tocamientos que le hacia en el chumino.
La realidad era que a Charo se le notaba a leguas que aquellas cosas la volvian loca de gusto y estaba encantaba en esa postura, abierta de patas y recibiendo placer en el coño por encima de la faja.
Después nos dedicabamos a desnudarlas poco a poco.
La tarea de desnudarlas no era nada facíl, puesto que las marujonas se ponian forzadamente pudorosas y además nos lo advertian claramente para que no nos creyeramos que eran un par de putones verbeneros.
Nos decian que no se dejaban que las desnudaramos a lo bestia. Por lo visto les gustaba disfrutar de esos momentos previos, asi que aunque sabiamos que las dos eran unas desvergonzadas, había que hacer como si fueran unas estrechas y teniamos que quitarles la ropa poco a poco, con toda la delicadeza del mundo, convenciendolas para poder dar el siguiente paso y con muchisimos mimos y caricias.
Empezabamos primero por quitarle los vestidos, lo que hacia que al ver la cantidad de curvas que tenian, nuestro rabos se pusieran a punto de reventar, nos empalmabamos como autenticos berracos.
Después, se quedaban sentadas las dos con sus gordos culazos enfajados en la cama y nosotros las volviamos a abrazar.
Asi, sin poder dejar de sobarlas ni un solo momento, le acercabamos las bocas a sus oidos y chupeteandole los lóbulos de las orejas, nos poniamos a decirles cosas que sabiamos que les gustaban para que se pusieran bien calientes.
Yo le decia a la mia, mientra le acariciaba sus carnes por todas partes, lo guapa que era, lo buenisima que estaba y lo que me gustaba verla en la cama de aquella manera, medio en pelotas, con el vestido quitado yenseñandome todas las curvas del precioso cuerpazo que tenia.
Luego le hablaba de lo empalmado que estaba por su culpa y que se fijara en lo gordisima que tenia la polla de tan solo pensar en las cosas tan maravillosas que ibamos a hacer los dos cuando en unos momentos juntaramos nuestros sexos.
Tambien le decía como la deseaba, lo encoñado que estaba por ella y lo muchisimo que me gustaba su chochito. Le decia lo grande, lo peludo y lo bonito que lo tenia, y lo que me apetecia acariciarselo para darle gusto, primero con mis dedos y luego metiendole bien metido mi rabo en lo más profundo para estar follando con ella hasta que los dos nos corrieramos locos de gusto por las patas abajo.
Oyendo estas cosas, Charo se derretia entre mis brazos y se ponia de lo más tierna y melosa que os podais imaginar.
Se notaba que el marido no le decia nunca nada de eso, pues la jamona no hacia más que pegarse a mi, para que la acariciara y no paraba de abrazarme, restregarme sus tetas por mi pecho, acariciarme la espalda y darme muchos besos y chupetones en el cuello.
Yo aprovechaba el momento para hacer lo que estaba deseando hacer. Mientras le pasaba las manos por las espalda, sin que apenas se diera cuenta, le desabrochaba el sujetador y, sacandoselo por delante, la dejaba con sus preciosas domingas al aire.
¡ Vaya par de tetonas que tenia ¡
Eran enormes, algo caidas, pero con unos pezones marrones gordos y salidos que estaban para comerselos.
Cuando las jamonas estaban a cuatro patas, y sus ubres les quedaban colgando, parecian más que tetas autenticos melones.
El siguiente paso consistia en ponernos otra vez a jugar con ellas para quitarles las apretadisimas fajas.
Aquello era lo más dificil de hacer, asi que estabamos deseando porder desabrocharselas y quitarselas para que de esa manera quedaran totalmente libres y despendoladas las abundantisimas mollas de carne que tenían en sus gigantescos culos, barrigas y muslos.
Quedarse sin sus fajas, siempre les daba a la dos un poco de vergüenza, pero desde luego no era por pudor, ni mucho menos, era porque las dos pensaban que estaban demasiado gordas para enseñarnos todas sus intimidades y por eso se hacian siempre las remolonas a la hora de despojarse de las fajas.
Como podeis imaginar, al cabo de un poco de tiempo insistiendoles, siempre las convenciamos de que estaban buenisimas, y que en realidad solo estaban un poco metiditas en carnes, algo rellenitas y nada más, pero que, para la edad que tenian, sus cuerpazos eran de autentico infarto, cosa que por otra parte era la autentica verdad.
Cuando por fin se dejaban convencer, las abrazabamos por los bajos y empezabamos a olerles, a lamerles y a chupetearles las fajas por todas partes, especialmente por la zona donde tenian el coño y el culo. La verdad era que aquellas prendas intimas desprendian un penetrante olor a los muchos jugos que estaban segregando por sus chochos y daba gusto pegar la nariz a ellas.
Cuando nos hartabamos del lameteo, por fin, se las desabrochabamos y desprendiendo el fuerte olor sexo del que ya os he hablado, se las bajabamos como podiamos por entre los muslos y las piernas y al final se las sacabamos por pies.
Como comprendereis, con toda aquella impresionante exhibición de carnes de tias buenas ante nuestros ojos, tanto Juan como yo estabamos excitados hasta mas no poder.
Verlas asi de despendoladas, a dos palmos de nuestros ojos, sin las fajas y con las pequeñisimas braguitas que llevaban puesta, era como para volverse locos por ellas.
¡¡¡ Que buenisimas estaban aquellas señoronas !!!
Daba gusto ver como las culonas volvian a sentarse en la cama algo despeinadas y con el maquillaje y el rimel un poco corridos por los muchos magreos que nos habiamos dado ya con ellas.
Ahora si que, medio en pelotas, parecian dos autenticas fulanas preparadas para hacer su trabajo.
Estaban las dos con sus gordisimas tetas colgando y se les veia perfectamente por debajo de las espaldas sus anchas caderas y el principio de las excitantisimas rajas de sus enormes culazos. Las tenian levemente tapadas por la parte de arriba de las pequeñas braguitas.
¡¡¡ Menudo lotazo no ibamos a dar con nuestras mujeronas !!!
Nosotros despues de mirarlas con descaro por todas partes, nos sentabamos cada uno al lado de la suya y volviamos a abrazarlas y besarlas fuertemente. Entonces ellas se ponian calentonas, y levantando trabajosamente sus piernas y traseros de la cama con nuestra ayuda, se sentaban de través sobre nuestras piernas poniendo sus muslos y sus culos encima de nuestras pollas para que, de esa manera, nuestros sexos estuvieran mas juntos y pudieramos darnos mejor un buen magreo.
Yo le metía a la mia la mano primero por los pies, las piernas y los muslos, y se los sobaba hasta hartarme.
Empezaba primero sobandole los dedos de los pies por encima de las medias. Lo hacia delicadamente, con toda tranquilidad. Despues seguia subiendo mis manos por sus piernas con toda parsimonia hasta llegarle a los muslos.
Aquí me detenia un buen rato amasandoselos, acariciandoselos, metiendo mis manos entre ellos para tocarselos por dentro y asi poder disfrutar todo lo que queria de aquellas mágnificas carnes.
Por fin mi mano llegaba a su sexo que permanecia cubierto por las bragas.
Enseguida me ponia a mover los dedos por ellas siguiendo el camino de la raja de su coño.
Charo entonces solia abrirse de piernas excitada por las caricias que le hacia en semejante sitio. Suavemente acercaba mi boca a su oido y me ponia a echarle piropos a su chocho. Le susurraba dulcemente lo grande, lo suave y lo bonito que lo tenía, lo mucho que me gustaba apretarserlo con mis manos aunque fuera a través de las bragas y el gustazo que pensaba darle en él cuando le metiera luego bien dentro mi polla y nos pusieramos a follar como leones durante horas y horas sin parar.
Cuando veia que la jamona se derretia de gusto entre mis brazos y miraba hacia abajo para ver como se lo acariciaba, yo me agarraba la polla metiendo mi mano derecha por debajo de sus muslos, mientras que con la izquierda la seguia teniendo bien cogida a ella por la cintura.
Enseguida me descapullaba el glande y me ponia a pajearme a un palmo de sus ojos para que contemplara el espectaculo en primer plano.
Entre tanto, le decia a la culona que comprobara lo enormemente grande y gorda que la tenia por su culpa.
Después le pedia que me pajera ella para que me diera placer.
Ella enseguida me obedecia y durante un buen rato estaba acariciandomela con sus regordetas manos mientras yo, jadeando de gusto por lo bien que me lo hacia, seguia tocandole a Charo la raja del coño por encima de las bragas.
Despues, cuando estaba empalmado a tope, le pedia que me la mamara.
La rubia entonces, solia hacerse la ofendida y cerraba rapidamente sus cálidos muslos dejando mi miembro maravillosamente atrapado entre aquellas deliciosas carnes.
Luego yo, con ella sentada encima, continuaba sobandola por la parte de atrás de las bragas. Se las bajaba todo lo que podia para dejarla con todo el culo al aire y rapidamentea me ponia a acariciarselo con gusto.
Le pasaba la yema de los dedos por la raja separando aquellas dos inmensas bolas de carne, le metia la punta del dedo en el culete, y luego, avanzando un poco hacia delante, le tiraba de los pelitos del coño y le acariciaba los labios vaginales mietras que disimuladamente le iba metiendo un dedo dentro de la vagina y empezaba a meterselo y sacarselo como si me la estuviera follando por detras.
Cuando le hacia esto, mi rubia se quejaba un poco, pero no porque no le gustara, no. La muy zorra me decia que esperaramos un poco, que todavia era muy pronto para empezar el folleteo. Yo, para no enfadarla, quitaba de alli mis dedos y seguia sobandole el majestuoso trasero .
Como ya he contado lo tenia buenisimo, bastante gordo y salido, y lleno de mollas blancas de blandas carnes que daba gusto manosear.
Charo se movia entre mis piernas como una gatita en celo buscando la postura más adecuada para tenerlo lo más salido posible y asi me facilitaba que con mi mano pudiera sobarselo por todas partes.
De paso, cada vez que se inclinaba hacia delante, me apretaba mucho la polla con el pubis y me daba un gran placer.
Yo la ayudaba empujandole la espalda hacia delante, y haciendo, que de esta manera, su trasero quedara mucho más levantado.
Daba gusto verla en aquella postura tan excitante, con todo el culo en pompa y sobre todo estando como yo estaba, con el rabo tremendamente hinchado y con el glande descapuchado atrapado entre sus muslos, pegado completamente a la cálida humedad de sus bragas y sintiendo perfectamente la rizada pelambrera que la chochona tenia en el pubís y que su prenda más intima tan malamente podia tapar. Era un autentico gustazo sentir como aquellos pelos me rozaban una y otra vez el miembro haciendo que yo me pusiera como un autentico berraco.
Cada vez que Charo se movia, su mata de pelos, y la suave tela de sus mojadisimas bragas llenas de encajes, me rozaban una y otra vez la piel de mi polla haciendo que me volviera loco de gusto.
La culona contraia de vez en cuando los gluteos y los musculos vaginales, para darme más placer. Entonces sus nalgas se llenaban de un buen montón de hoyitos celuliticos que le gustaba que yo le pellizcara y sobara.
Entre tanto la tenia bien abrazada con mi otra mano y le iba diciendo un monton de piropos al oido sobre lo gordo y bonito que tenia el pompi, lo que a mi me gustaba acariciarselo y las ganas tan enormes que tenia de meterle la polla por el ojete y follarselo bien follado hasta mas no poder.
Cuando me hartaba de sobarselo, la incoporaba hacia arriba y le volvia a meter la mano por delante, entre sus muslos. Ella, curiosa miraba hacia abajo y, entre risas picaronas, se abria de piernas para ver lo que le hacia.
Como tenia las bragas puestas, le separaba el elastico y le toqueteaba en sus bajos por dentro de ellas, le volvia a tirar de los pelitos del coño y con los dedos le acariciaba los labios vaginales con suavidad .
Mi hembra, entonces, se ponia a gemir loca de gusto, mientras yo le decia lo buenisima que estaba y le volvia a echar un montón de piropos a su maravilloso coño.
El último paso consistia, como podeis imaginar, en quitarles con todo cariño a nuestras hermosas mujeres, las pequeñas braguitas que, a esas alturas, estaban ya pero que muy empapadas.
Se las cogiamos con nuestra manos por las caderas, y esperabamos que nuestras señoronas levantaran el pompi y las piernas para arriba y cuando estaban en esa postura tan érotica con todo por alto, se las sacabamos por entre los muslos y por las medias que les cubrian las piernas.
Por fin, se las quitabamos por los pies y las tirabamos por alto haciendo que pegaran en el techo del dormitorio. De esta manera las dejabamos con las partes más íntima de sus cuerpos al descubierto.
Las dos jamonas estaban encatadas de estar tan espléndidas con sus maravillosos chochos peludos al aire.
Para nosotros era una autentica gozada acercarles nuestras manos y agarrarles una y otra vez aquellas preciosas matas de pelos rizados con sus humedas rajitas carnosas en su interior.
Ellas, entre tanto, se reian locas de contenta, y mientras se abrian de piernas y movian sus chochitos de izquierda a derecha, daban pequeños empellones con sus pubis hacia arriba para que nosotros juguetearamos con sus sexos.
Enseguida, con aquellos meneos, el dormitorio se inundaba con el penetrante e inconfundible olor que desprendian sus chochazos mojados de señoronas maduras en celo, y más todavia teniendolos asi, totalmente al descubierto, en pelota picada y con los labios y la vulva muy muy brillantes por los abundantes liquidos que sus vaginas estaban soltando.
Ellas entonces se quitaban los tacones y se bajaban lentamente las medias sacandoselas por los pies. Entonces, sus preciosas piernas quedaban tambien al descubierto. Blancas, desnudas, macizas y perfectamente depiladas aparecian ante nuestros ojos para que disfrutaramos viendoselas.
Tambien nos enseñaban, por primera vez, sus regordetes pies. Los llevaban con los dedos de las uñas, igual que los de las manos, pintados de color rojo chillón para que parecieran lo más excitantes posilble.
El ambiente del dormitorio en esos momentos se podia cortar de espeso que estaba. Todo el cuarto olia a sexo, a deseo, a ganas de follar.
Ahora si que nuestras preciososas marujonas estaban totalmente en pelota picada delante de nuestros ojos, completamnte en bolas, como sus mamas las habian traido al mundo hacia ya algunos añitos, aunque para nuestra alegria, muchisimo mas creciditas y, evidentemente, muchisimo muchisimo más macizotas y buenorras.
Que riquisima estaban las dos con las patas por alto y con todos sus encantos al aire, y que contentos estabamos nosotros al saber que, como cada tarde que nos reuniamos, acabariamos refocilando con ellas hasta más no poder.
Las ganas de sexo que nos entraban a los cuatro en esos momentos eran imposible de parar, pues a esas alturas nosotros ya nos habiamos ido desnudando del todo y estabamos los dos de rodillas en la cama, totalmente en pelotas y con nuestros miembros muy muy empalmados, empinados hacia arriba y apuntado con todo descaro hacia ellas.
Todos deseabamos enrollarnos lo antes posible, asi que volviamos a abrazarnos, a besarnos y a revolcarnos por la cama, ahora ya, totalmente despelotados y con nuestro miembros y testiculos apretados y, malamente encajados, entre las barrigas y los muslos de nuestras marujonas.
Además, las estabamos manchando con los liquidos preseminales que en abundancia nos salian por la punta del glande.
Yo a Charo, la chupeteaba y besaba por todas partes de su cuerpazo.
La rubia, de vez en cuando se quejaba diciendome que no le dejara marcas, que luego su marido se las iba ver y podria tener problemas, pero la verdad era que yo en esos momentos estaba en la gloria, medio loco de gusto por ella. La tenia entre mis brazos y entre mis piernas y la apretaba con fuerza disfruntando de sus muchas carnes como un enano, y sin hacer demasiado caso a lo que me decia.
En ese momento queria besarla, chuparlarla, lamerla, meterle las manos por la raja del culo para tocarle el ojete o el chocho. También quería restregarle la polla por cualquier parte de su espléndido cuerpazo para disfrutar con el roce de su piel en mi glande. Toda ella era una autentica gozada. La mirara por donde la mirara aquella señora estaba buenisima y a mi cada vez me entraban más y más ganas de follar con ella.
Cuando estabamos todos asi, con las gachises bien calientes, las dos solian bajarse de la cama para ponerse los tacones. Nos decian que con ellos estaban más sexy porque se les levantaban las nalgas y se le notaban más sus muchisimas curvas. Era verdad que estaban para comerselas con ellos puestos, pero sin ellos, también.
Tanto a Juan como a mi, nos encantaba entonces ponerlas a cuatro patas encima de la cama enseñandonos el culo. Luego, nos colocabamos detrás de ellas, les separabamos los cachetes del culo con las manos y nos dedicabamos durante un buen rato a meter la boca entre sus nalgas y a comerles el coño por fuera y por dentro para dejarlas bien lubrificadas.
Nos hartabamos de chuparles y lamerle los pelos del coño, el clitorís y los labios vaginales, y de cuando en cuando le metiamos la lengua dentro de la vagina para lamerselas por dentro. Tenian unos coños buenisimos.
Después nos incorporabamos y les pegabamos a las culonas nuestros pubis por detrás. Los dos teniamos nuestros miembros muy empalmados y los testículos llenos de leche y muy hinchados, asi que se los restregabamos por las fofas carnes de sus nalgas, se los encajabamos en la raja del culo y se los apretabamos por la parte de atrás de sus rollizos muslos. Enseguida, tanto Charo como Queti, cuando sentian nuestros rabos pegados a sus culazos se ponian a menearlos haciendo unos maravillosos movimientos circulares con ellos para darnos la máxima cantidad de placer posibles. Las dos querian que supieramos que ellas tambien estaban bien calientes, como autenticas perras en celo y con muchisimas ganas de ser penetradas.
Enseguida separaban sus piernas, se inclinaban hacia adelante y ponian sus traseros todo lo en pompa que podian levantado muchisimo las nalgas y enseñado sus pubis entre los muslos. De esa manera nos ofrecian perfectamente sus magnificos sexos.
Lo siguiente que hacian era meterse las manos entre los mulos y separarse los labios vaginales con los dedos dejando al descubierto las sonrosadas vulvas.
Nosotros aprovechabamos la ocasión para agarrarlas por las caderas y meterles suavemente dentro de la vagina la punta de nuestros descapullados glandes para acariciarles los labios vaginales.
Lo haciamos lentamente, con mucha suavidad, presionandoles el clítoris y continuando una y otra vez de arriba abajo.
¡ Que gustazo nos dabamos ! las tias tenian unos coños deliciosos.
Cuando llevabamos un rato haciendoles eso, las macizas se derretian de lo calentorras que las poniamos y se morian de ganas de que las penetrararmos habiendose hecho claramente a la idea de lo que a nuestras empalmadas pollas les gustaban sus lindos chochitos peludos.
La mia, cuando estaba al máximo de caliente, volvia la cabeza con mucha coqueteria y se ponia a hacerme morritos y a lanzarme besos, luego con voz mimosa, me pedia que le hiciera el amor, que se la metiera bien dentro, que se moria de ganas de hacerlo, y que no podia aguantar ni un minuto màs.
Queti, que era bastante menos sutil y muchisimo mas guarrona que Charo, le decia a Juan autenticas obscenidades, como que estaba como una autentica guarra deseando que su macho se la follara, que queria que se la metiera hasta los huevos, que le destrozara el coño a base de e pollazos y alguna que otra lindeza por el estilo.
Nosotros no podiamos desfraudar a nuestras chochonas, asi que sin perder mas tiempo, les metiamos todo el tallo de nuestros godisimos rabos dentro de sus vaginas, hasta que nuestros testiculos chocaban con sus chorreantes labios.
Yo, concretamente, seguia empujando hasta que, mirando hacia abajo, veia y sentia como los pelos de mi polla y mi pubis se aplastaban y mezclaban con los pelos del coño de mi Charo. Entonces, la cogia con fuerza, le pasaba los brazos por debajo de la cintura y metiendole mi pubis debajo del suyo, la agarraba por la barriga y me la pegaba muchisimo a la polla. Cuando mi preciosa rubia comprendia lo que le queria hacer, se ponia como podia medio en cuclillas, en la cama y con sus manos se separaba las mollas del culo para que la penetración fuese lo más profunda posible.
El placer que me daban las paredes de su vagina en la piel de mi polla era enorme. También sentia un suave frescor en toda la entrerpierna provocado por los abundantes flujos que salian de su raja y que nos empapaban y resfrescaban a los dos.
A continuacion haciamos unos cuantos movimientos circulares con nuestros sexos para comprobar que estabamos bien acoplados y ademas porque queriamos darnos gusto. Yo entonces apretaba con todas mis fuerzas mi pubis hacia arriba para que mi polla penetrara en lo mas profundo de la vagina de ella llegandole lo más profundamente posible. Charo entonces gemia y jadeaba con fuerza, encantada de sentir mi miembro empalmado al máximo y con todas las venas hinchadisimas, perfectamente encajado en lo más profundo de su vulva.
En ese momento, mi rubia, ya sin ningun tipo de pudor, empezaba a decirme lo bien que estaba, lo grande que tenia la polla, lo muchisimo que le gustaba tenerla metida en su chochito y el gustazo que le estaba dando.
Estando en esa postura, Charo no hacia más que retorcer su cuerpo como una gata en celo restregandome una y otra vez las fofas mollas de carne de su culazo por la entrepierna.
Después, metia una de sus manos entre nuestras piernas, me agarraba los testículos y se ponia a masajearmelos y a acariciarmelos con la punta de sus dedos.
La rubia me preguntaba si estaba a gusto con lo que me hacia y si me gustaba su cuerpo y su chocho, todo ello, como ya he dicho, sin dejar de menear su enorme culazo entre mis piernas como una autentica fulana.
Además la tía echaba la cabeza hacía atrás, la encajaba en mi cuello, sacaba la lengua y me pedía que la besara.
A mi me faltaba tiempo para obecerla, asi que me ponia rapidamente a chuparsela y a acariciarle detenidamente la barriga y las tetas. Después bajaba mi mano hacia abajo y le frotaba los labios del coño y el clítoris mientras la seguia teniendo perfectamente empalada con mi polla.
Charo seguia retorciendose de placer con mi miembro cada vez mas apalancado dentro de su chocho. Al hacerlo, la gachi me seguia dando un maravilloso masaje, con los musculos de la vagina, por toda la polla.
¡¡¡ Menudo gustazo nos dabamos !!!
Al rato de estar asi, la rubia volvia a ponerse a cuatro patas sobre la cama. Me decia que queria buscar una postura màs cómoda para que me la pudiera follar mejor.
Enseguida me inclinaba sobre ella, la agarraba por las tetas para pellizcarle los pezones y, poniendome en cuclillas sobre su grupa, me ponia a restregarle el rabo por la raja de la vulva.
Cuando notaba que estaba loca de gusto, la agarraba por las caderas y se la metia de golpe.
Enseguida empezaba a cabalgarla metiendosela y sacandosela con fuerza en el coño hasta los mismisimos cojones.
¡ Joder, que chocho mas buenisimo tenia la jamona !
Lo tenia suave, cálido y mojado hasta más no poder, una autentica delicia.
Charo respondia siempre a mis potentes pollazos jadeando fuertemente y poniendose a menear, loca de gusto, su rollizo culazo para adelante y para atrás haciendo que mi polla le entrara en lo mas profunfo de su vagina y que en cada movimiento, sus nalgas y mi pubis se juntaran y apretaran con fuerza. Diosssssss.... que maravilla de mujer. Que bien follaba la tia. Lo hacia de autentico vicio.
Asi era como normalmente soliamos enrollarnos, disfrutando como enanos de aquellos maravillosos momentos de placer que tanto nos agradaban a los dos. Tanto uno como otro estabamos en la gloria fornicando a cuatro patas sobre su cama de matrimonio .
Las dos parejas, prolongabamos la cópula en todas las posturas imaginables durante horas y horas y ninguno de nosotros veia nunca el momento adecuado para separar nuestros sexos y nuestras bocas.
Los pollazos que les pegabamos a nuestras hembras cuando las abriamos de piernas y nos poniamos sobre ellas para montarlas al estilo del misionero eran brutales. Ellas se abrazaban a nosotros con sus coños bien abiertos y enseguida nos rodeaban con sus piernas por la cintura mientras echaban sus cabezas hacia atrás y jadeaban con fuerza.
Nosotros también las abrazabamos por las espaldas con todas nuestras fuerzas como para evitar que se nos escaparan, y las penetrabamos con tanta furia, que los sumieres de las camas sonaban sin parar durante rato y rato de la forma mas estruendosa que os podais imaginar.
Era una autentica gozada escuchar aquel ruido acompañando al clasico chop, chop, chop..... de nuestros empapadisimos sexos al juntarse una y otra vez.
Las dos jamonas pesarian lo suyo, y ademas con nosotros encima de ellas y sin dejar de movernos, era un autentico milagro que no destrozaramos la cama en alguna de aquellas maravillosas tardes de sexo.
Yo, a veces, me ponia de rodillas, sin sacarsela del coño y ponia los pies de Charo sobre mis hombros. Entonces me dedicaba a besarle, abrazarle y chuparle los muslos, las piernas y los pies. La jamona me agradecia las caricias moviendo el culete y el pubis y haciendo con eso que la follada fuera todavia más deliciosa.
Después volvia a colocarme sobre ella, pero esta vez apoyado sobre las palmas de mi mano. Entonces ella volvia a roderme con sus muslos y piernas por la espalda y continuabamos la cópula.
De cuando en cuando, los dos mirabamos hacia abajo para ver como nuestros sexos se juntaban una y otra vez.
¡ Dios, que maravilla, que gustazo, que buenisima estaba la tia !
Era estupendo ver como el hinchadisimo tallo de mi miembro salia hasta el glande de su preciosa vulva.
Lo tenia perfectamente lubricado por los muchismos flujos que ella me echaba, y salía acompañado por sus labios vaginales, que como dos celosos guardianes lo rodeaban y absorbían deseando que volviera a entrar y que se quedara bien dentro.
Al rato de estar asi, volvia a abrazarla rodeandola con mis brazos por la espalda y me ponia a follarmela con todas mis fuerzas. Le pegaba los pollazos mas bestiales que os podais imaginar.
Charo se ponia también a mover su pubis con toda sus fuerza mientras gritaba, jadeando y gimiendo como una autentica guarra y pidiendome a gritos que siguiera asi, que no parara, que estaba muy a gusto, y que no queria que dejara de follarmela por nada del mundo.
Al rato de estar haciendolo en esa postura, nos quedabamos los dos parados aunque con mi miembro bien dentro de su vagina.
Entonces, mientras nos dabamos largisimos besos de lengua y nos poniamos los dos a restregarnos nuestros pubís haciendo unos deliciosos movimientos circulares.
A veces, cuando le apretaba con fuerza el pubis con mi miembro, notaba como mis testiculos se aplastaban contra el ojete de su culo y sentia una deliciosa humedad en los huevos que me hacia sentir escalofrios de autentico gusto.
Asi estabamos los cuatro enganchados durante muchisimo rato, hasta que se acercaba la hora de que sus marido volvieran del trabajo.
El cabreo que cogiamos cuando ellas nos avisaban teniamos que irnos era enorme, asi que los dos agarrabamos a nuestras despelotas marujonas con todas nuestras fuerzas durante un buen rato sin querer dejar de follarlas por nada del mundo.
Por desgracia para nosotros se imponia la razón y a la fuerza teniamos que despedirnos cada uno de nuestra pareja abrazandolas, morreandolas y dandonos la lengua hasta que las rubias nos iban sacando como podian. Primero de la enorme cama de matrimonio, despues del dormitorio y por ultimo de la casa.
Aún asi, era tanto lo que las deseabamos, estabamos tan encoñados con ellas e ibamos tan calientes, que habia veces que en el mismo descansillo del piso seguiamos la orgia.
Como nosotros estabamos todavia a medio vestir y a ellas tan solo les habia dado tiempo de ponerse las zapatillas de tacones y unas cortisimas batitas semitransparentes que tenian para esas ocasiones y que nos dejaban verles perfectamente sus culos y sus chochos, nos daba tiempo a cogerlas bien cogidas por las caderas y asi, de pie, medio cayendonos los cuatro, volviamos a abrazarlas y, levantandoles las batas, se las volviamos a meter bien metidas y, entre gemidos y jadeos de los cuatro, prolongabamos la follada en el descansillo durante un ratito más.
Allí les hechabamos las ultimas escurriduras de leche que nos quedaba en los testiculos y nos corriamos en sus coños por ultima vez.
Aquel último polvo nos sabia a todos a autentica gloria.
Normalmente acababa la orgia teniendo a nuestras marujonas bien cogidas por las nalgas montadas en nuestras caderas.
Ellas se quedaban un momento en esa posición, abrazadas a nosotros, con las piernas bien abiertas y con nuestras pollas, ya morcillonas, colgando debajo de sus culos.
Tenían los chochos muy muy hinchados y bien abiertos y además chorreandoles por los pelos nuestros últimos chigates de leche.
Por suerte, aunque hubo algunas situaciones un tanto dificiles, y más de una vez tuvimos que escondernos, sus maridos nunca nos pillaron, y la verdad es que aquellas tardes de sexo con aquellas dos espléndidas señoronas maduritas fueron una autentica gozada.

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