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Violé a mi hija y a su mejor amiga...

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Relato enviado por : charly_bo el 10/04/2013. Lecturas: 72536

etiquetas relato Violé a mi hija y a su mejor amiga... No consentido .
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Resumen
...-“ Recuerda lo que va pasar, de una vez déjame hacerlo”.-Le dije en tono despacio, pero amenazante.
No le quedó de otra que quitar la mano de su entrada vaginal y dejármela a disposición.
Pronto, con la emoción de que conseguiste algo tan anhelado, dirigí mi vara a la entrada de su concha y poniendo el glande entre sus labios, apunté la “estocada” y empujé ni tan fuerte ni tan suave, hasta que entró cada centímetro en su rico agujero...

...Saqué mi mano de su boca y ella empezando a llorar dijo en voz baja.
-“Pero ¿qué te pasa?, eres mi padre”.
Ahí recuerdo que perdí el quicio.
-“Joyce, mi amor. Dame tu tesoro, hagamos el amor hasta enloquecer”.
-“Yo no soy mi madre. Yo soy la hija de ambos. Por favor detente”...



Relato
Fue difícil aceptar el hecho de ser padre a los 16, más que todo porque no tenía nada y ni tenía idea de lo que era ser responsable.
Joyce, la chica que embaracé se convirtió en mi enemiga al poco tiempo, esto por el hecho de que muchas veces hasta le supliqué que aborte.
En fin, ella fue obstinada y trajo al mundo a mi hija Ninoska.
Admito que desde muy joven fui aficionado al sexo y todo lo que implicaba. Nunca me sentía satisfecho con una mujer, siempre quería más y más.
Joyce se fue lejos con mi hija criándola hasta sus 17 años. Yo sólo sabía de ella por fotos. Estaba muy linda, igual a su madre cuando la desvirgué.
Por esas cosas del destino, Joyce enfermó de cáncer dejando huérfana de madre a nuestra hija.
Fue un golpe duro para todos en realidad; pues pese a ya no sentir nada por ella luego de los años, el hecho de haber tenido una hija de ambos, me daba algo de remordimiento.
Para empeorar las cosas la madre de Joyce me aparece un día con Ninoska y sus cosas.
-“Paul, que me perdone el alma de mi hija, que me perdone mi nieta. Pero te la traigo. Luego de no haberle dado nada toda su vida, es tiempo de que la cuides como padre”.
Ninoska, no insistió y sólo atinó a decir:
-“Sé que usted es mi padre, pero si no quiere tenerme, yo veré donde me voy sola”.
-“¿Lo ves? Mi pobre hija ahora muerta ha criado una rebelde empedernida. Creo saber de dónde lo sacó pero”.- Atinó a decir la madre de Joyce, para luego alejarse e irse en un taxi.
-“Pues adelante, no te quedes ahí”.-Le dije a Ninoska.
Sin responder, entró y dijo:
-“¿Me quiere con usted o no?”
-“Mira. Yo vivo sólo. No tengo gran cosa, pero si con alguien podría compartir lo poco que tengo es con mi hija. Aunque estoy seguro que como a tu padre no me miras ni me mirarás de repente”.
-“Dejémonos de sentimentalismos. Por ahora, hasta mi mayoría de edad le voy a pedir que me ayude a sobrevivir como lo hizo siempre mi madre sóla y como pudo”.
En fin, felizmente tenía una habitación que usaba como depósito y la acondicionamos para mí. Ninoska se quedó con la mía.
No tardé en darme cuenta a los pocos días de la “joyita” de hija que me había dejado Joyce. Tenía de todo, pero de todo malo; no quería estudiar, era floja, algo presumida, salía todo el tiempo y para rematar me pedía dinero en mayor cantidad al que podía darle.
Pronto apareció con una chica, según ella su mejor amiga; Diana. Estaba mejor dotada que mi hija, bueno por poco, pues ambas lucían soberanos pares de tetas, buenos culos y ni decir de cinturas. De manera que eran como competidoras de apariencia entre ellas.
-“¿Cómo le va don Paul? Quería pedirle permiso para ir a una fiesta con Nino”.
-“Mmmm, bueno. De todas formas no le interesa mi permiso, siempre sale cuando le place”.
-“Gracias don Paul”.
Esa noche me metí a la cama luego de tomarme un par de latas de cerveza. Al fin y al cabo Ninoska llegaría a la hora que le de la gana.
A eso de las 4:00 A.M., me despertaron los ruidos de Ninoska y Diana al llegar a casa. Se escuchaba clarito ahí afuera.
-“Tonta, nos va oír tu papá”.
-“Él se duerme como tumba. Apurate y entrá”.
Por alguna razón me levanté y salí.
-“Buenos días”. –Les dije.
-“¿Lo ves?”.
Le dijo en tono bajo Diana a Nnoska.
-“No creo que haya problema en que se quede esta noche a dormir Diana conmigo, ¿o sí?”.
-“No, no hay problema”.-Le respondí.
Me metí a mi cuarto porque al fin y al cabo no sacaba nada oponiéndome a la petición de mi hija. De paso que era seguro que ella se iría con su amiga si me oponía.
Se metieron a la habitación y yo regresé a la cama.
Como a la media hora, me levanté con ganas de orinar y me fui al baño.
Al pasar por la puerta de la habitación de Ninoska escuché voces. Me acerqué a oír.
-“Oye, no sé si por los tragos o qué; pero insisto en que vi buenote a tu viejo”.
-“Jajajja, loca. Pues la verdad me hicieron un hombre y una mujer buenotes, ¿de dónde crees que salió esta escultura”.
-“Definitivamente amiguis”.
Mientras conversaban y reían, me entró obsesión por espiarlas. De manera que me dirigí a la ventana por la parte trasera del patio. Salí y me acerqué. Había un pequeño hueco dejado por la cortina en un costado. Comencé a espiar y vi a Ninoska y Diana sentadas en la cama agarrando cada una una botella de cerveza pero con el detalle de que ambas estaban en lencería.
Qué vista más buena; como había comentado, Ninoska era la viva imagen de su madre cuando la hice mía, bella con buenas tetas y curvas. Diana, su amiga, no se quedaba atrás, llevaba un juego de lencería verde agua que le resaltaba todo a la perfección. Haciendo cálculos las dos bordeaban la talla 40 en senos.
De pronto comencé a sentir una erección poderosa en mi pantalón.
Continué espiando, contemplando el panorama.
Se escuchaba a penas pero a lo que distinguí, se decían:
-“Qué calor me hace dar la chela, jajajaja. Ya no soporto ni el brassier”.
-“Entonces quítatelo pues tonta. Al fin y al cabo ya nos conocemos”.
Fue como música para mis oídos la insinuación que le hizo mi hija a su amiga, pero faltó algo mejor todavía.
-“Ya pues, pero tú también libera las bubis”.-Le dijo Diana.
Fue algo increíble cuando ví como ambas se sacaban los sostenes y quedaban con los senos al aire. Definitivamente la naturaleza las había dotado bien, y ni qué decir de mi hija, heredó físicamente lo mejor de su madre.
Diana comenzó a hacer “juegos” agarrándose los senos.
-“Con ustedes la malabarista Diana la poderosa”.- Dijo haciendo movimientos como si sus senos fueran un par de bolas como las que usan los malabaristas de las calles o de los circos.
-“Jajajajaja, ya no sigas cojuda. Si te sigues manoseando te vas a excitar”.
-“Vos eres la cojuda. Aunque no estaría mal ir a levantar a tu viejo para que me calme el ardor”.-Dijo Diana riendo y poniendo cara de morbo.
-“Si quieres le llamo”.- Dijo Ninoska en broma, aparentemente.
-“Jajaja, dejá cojuda. No estoy para madrastra de mi amiga”.
Eran riendo y riendo; pero yo no salía del asombro y la excitación. Lo peor del caso era que en Ninoska veía a su madre y me entraron deseos por mi propia hija.
Luego de un rato más y de conversar cosas de jóvenes, se acostaron y apagaron la luz.
Yo me regresé a mi habitación con soberana erección y con mil fantasías en mi cabeza sobre mi hija y su amiga.
Ya en la cama, no resistí más y me terminé haciendo una paja en honor a los dos pares de buenas tetas que había espiado.
Me costó mucho dormir, pero me quedé “seco” hasta el día siguiente.
A eso de las 10:30 me levanté. Al parecer ellas seguían durmiendo. Me preparé un jugo con su sándwich y me senté en la mesa de la cocina. De pronto aparece Diana con un polerón largo, sandalias y al parecer nada más debajo.
-“Uy, disculpe don Paul. Se que ya es algo tarde, pero tengo un dolor de cabeza de los buenos. ¿Le molesta que me prepare algo?”.
-“Seguí nomás Diana, ¿sigue durmiendo la Nino?”.
-“Parece que sí”.
No podía disimular el espiar sus senos. Levantaban bien el polerón pese a que no llevaba brassier.
De paso que se puso de espaldas y su culito también resaltaba.
-“Anoche se durmieron tarde. ¿Verdad?”
Diana se quedó muda unos segundos.
-“¿Por qué lo dice don Paul? ¿Nos escuchó?”.
-“No no, es que me levanté al baño más a o menos después de una hora después de que llegaron y seguían con la luz encendida”.
-“Aaaaaa”.- Dijo Diana en tono de alivio.
-“Si pues. Estábamos charlando todavía hasta cierta hora”.
Se preparó un café bien cargado, me preguntó si tenía algo para la resaca y le di. Se sentó en la mesa y no podía disimular el deseo que me despertaba.
-“Don Paul, disculpe el atrevimiento, pero quería preguntarle si puedo usar su ducha”.
-“Bueno, si no te asusta el desorden de Ninoska, por mí no hay problema”.
-“Gracias”.
Diana se levantó y se metió al cuarto. Al parecer a alistarse. De pronto mi mente “maquinó a mil por hora” y me dirigí a mi cuarto a buscar mi celular que tenía una buena cámara.
Rápidamente me metí al baño, prendí el celular y lo dejé en filmadora en un lugar oculto y apuntando a la ducha.
Cuando salí, estaba Diana por entrar.
-“¿Ya puedo pasar?”.
-“Si, seguí nomás con confianza Diana”.
Luego empecé a pensar en lo que iba a filmar, con algo de temor de que encuentre el celular. Pero estaba bien escondido y de paso lo puse en “modo avión” para que no lleguen mensajes ni llamadas.
Decidí ir por el periódico, mientras Diana se bañaba.
En el camino, me encontré con un amigo.
-“¿Cómo estás hermanito?. Que linda mujer te has conseguido, pese a que se la ve jovencita pillín”.
-“Tranquilo viejito. Es mi hija, la que tuve hace años y vivía con su madre”.
-“No jodas. Está hermosa”.
-“Ya che. Mira que tú también podrías ser su padre”.
Luego de ir por el periódico. Me dirigí de nuevo a casa y encontré a Diana en la sala con un espejo cepillándose el cabello.
-“¿Ya regresó don Paul?”.
Ganas me dieron de decirle que NO, que seguía en la calle, pero simplemente le dije.
-“Sí, fui por el periódico. ¿Y Ninoska?”.
-“Se metió en la ducha después de mí”.
Esa noticia, me dejó algo “frío”, pero en el fondo me alegró. Sólo rogaba que la batería y la memoria del celular aguanten.
Al poco rato salió mi hija envuelta en una toalla y con otra en la cabeza corriendo a su habitación.
-“Uy. Al fin”.-Dije y me metí al baño haciendo el “teatro” de no aguantar las ganas de mear.
Ni bien me metí, busqué el celular que para mi suerte seguía en el lugar donde lo dejé y encendido. Lo tomé y unos minutos me quedé para no levantar sospechas.
Luego de una media hora, se salieron Ninoska y Diana. Le di unos pesos a mi hija y se fue con su amiga.
Inmediatamente me dirigí a la computadora personal que tengo y conecté el celular. Abrí el reproductor multimedia y puse la grabación que había durado casi una hora y diez minutos. Felizmente la batería y la memoria aguantaron.
Empezó la reproducción del video y vaya sorpresa, estaba perfectamente enfocado. Primero se vio como entró Diana, se quitó el polerón liberando sus poderosas tetas y quedando en bragas, las cuales eran verde claro. Se vio como abrió la llave de la ducha, dejando caer el agua, mientras esperaba a que atempere perfectamente, se la veía parada luciendo sus atributos a la perfección. Al fin, cuando se notó que el agua le pareció adecuada en su temperatura, se agachó y se quitó las bragas, dejando al descubierto su deliciosa conchita. Realmente estaba bueno el panorama, tenía pocos bellitos y de inmediato me empecé a excitar al verla bañarse. El agua se deslizaba en su cuerpo y ella se jabonaba cada rincón del mismo. Se pasaba jabón entre los pechos y bajaba a la entrepierna. Estaba genial ver cómo se lavaba cada rincón. De ahí se vio cómo enjuagaba su cabello, en lo que tardó un buen rato. Al fin terminó, se salió, giró dejando ver su lindo culito y se cubrió.
Me aguanté no se cómo las ganas de mandarme una paja en honor a lo que estaba viendo. Pasó un rato en la grabación, lo que adelanté y luego entró mi hija, quien inmediatamente abrió la llave de paso de la ducha y empezó a desvestirse. Esta vez me pareció mucho más ver a su madre, tenía las formas exactas de ella cuando era adolescente. Lo serio del asunto, fue que al parecer mi hija se masturbaba en la ducha y esa vez no fue la excepción. De pronto comenzó a masajearse fuertemente la entrepierna y con el dedo medio se estimulaba el clítoris; esa imagen más la de su cara de placer, hicieron que inevitablemente termine haciéndome una paja.
Me comencé a poner incómodo conmigo mismo por tener esos pensamientos acerca de mi hija. No era posible que por el hecho de ver a su madre en ella me despertara esos deseos.
Pasaban los días y de alguna manera intentaba ignorar el asunto, pero algo no me lo permitía. Un deseo que se comenzó a apoderar de mí increíblemente.
Cuando venía Diana, me ponía a fantasear. No podía disimular el contemplar ese cuerpazo que se gastaba y le gustaba lucir.
Ese fin de semana me fui a echar unos tragos con los amigos, ahí estaba el vecino que me había insinuado que Ninoska era mi mujer. Luego de un buen rato y varias botellas, me salí y me fui a casa medio mareado pero consciente.
Me senté a la mesa de la sala, me saqué una cerveza del freezer y me quedé ahí.
Después de un momento, me fui a la puerta del cuarto de Ninoska y toqué.
-“Hija, ya he regresado”.
Pero ella no estaba, de seguro estaba con Diana en algún boliche o reunión.
Ya estaba venciéndome el sueño cuando escuché el motor de un auto.
Eran Ninosla y Diana que llegaban en un taxi. Estaban algo “pasadas de copas”. Entraron de golpe.
-“Uy, aquí habías estado. Se ve que te divertiste esta noche”.-Dijo Diana.
-“Don Paul, va disculpar. No me riña y déjeme quedarme esta noche con Ninoska”.
-“Par de preciosas, no se preocupen. Están disculpadas pero si me acompañan con una chelita antes de dormirse”.
-“Seguro don Paul”.- Dijo Diana emocionada pese a que Ninoska puso cara de desaprobación.
Saqué dos botellas más y les di a cada una.
Al rato Ninoska se entró al baño. Diana estaba sentada en la silla mirándome.
Yo, como estaba con tragos, me acerqué a su lado.
-“¿Qué tal Dianita?, ¿no se molesta tu novio por venirte con tu amiga y no ir con él?”.
-“No tengo novio don Paul. Además, ningún hombre puede decirme qué hago o qué no”.
Yo la veía linda con ese top que le delineaban ala perfección las tetas y ese jean apretó de color celeste.
-“Me extraña que una belleza como tú esté sola”.
-“Jajajaja, ¿de verdad me cree bella don Paul?”.
-“De verdad”.-Le respondí.
De pronto nuestras miradas se encontraron y me acerqué lentamente para darle un beso en los labios.
Al sentir esos labios tiernos, no pude resistir la excitación. Mis manos la abrazaron y quería pronto sentir sus melones. A lo que ella me separó.
-“Basta, usted es el padre de mi amiga; no está bien esto”.
En eso se escuchó que Ninoska salía del baño y me volví a mi asiento.
-“Uy no, me duele todo. Creo que me voy a dormir”.-Dijo mi hija al volver.
-“Sí Nino, vámonos, yo también ya estoy cansada”.-Le contestó Diana.
Sentí algo de ira interiormente, pero no les contesté. Se entraron a la habitación de Ninoska y yo me quedé “picado” con el beso que le di a su amiga.
Me quedé en mi silla resignado a entrarme en un rato más. Cuando salió Diana en dirección al baño.
No sé por qué, pero me acerqué a la puerta hice girar despacio la cerradura y para mi sorpresa, no había puesto el seguro. Entré de golpe y Diana estaba sentada en el inodoro orinando.
-“Oiga, está ocupado”.-Dijo, por fortuna no tan fuerte.
Me acerqué, la tomé de los brazos y mirándole a los ojos le dije:
-“No grites, ahora me salgo si quieres, pero déjame sentir tus labios una vez más”.
Diana no opuso resistencia y se dejó besar. Al levantarla del inodoro, ella se tomó el pantalón como pudo, pero no se lo cerró bien.
Pronto con mi pericia sexual, le comencé a besar el cuello y detrás de las orejas. La comencé a calentar y se le notaba en la respiración.
Mi erección pronto se hizo notar y la presioné contra su pantalón semi abierto.
Diana se encendió mucho, pero al rato quiso alejarme de ella.
-“Oye, no te resistas. En mi habitación tengo una pistola. Si no me dejas seguir, te mato y mato a tu amiga”.-Le dije, preso por la locura del alcohol, el trago y los deseos de poseerla.
Diana comenzó a llorar mientras le tapaba la boca y ya no se resistió.
Pronto le desabroché el top y liberé una de sus tetas la cual comencé a chupar como desesperado. Al poco rato le saqué la otra y también se la chupe.
Con mi mano libre aflojé su pantalón que estaba desabrochado y se lo deslicé hacia abajo. Tenía una tanga azul lindísima. Con mi mano le empecé a tocar por encima hasta delimitar bien su entrada de la concha.
Al notar su clítoris, se lo comencé a presionar hasta que le hice sentir placer en medio de su momento de miedo y enojo.
No resistí más y liberé mi pene en toda su grandeza.
-“Agárralo, tómalo con las manos”.-La obligué
Ella con todo temor, de a poco me lo agarró.
-“Lo deseas en tu concha, ¿verdad zorrita? Ahorita te lo meto todo”.
Le deslicé un poco la tanga, puse de espaldas a mí a la mujercita y la hice agachar. Ella poniendo su mano, se quería resistir un poco más.
-“No, por favor”.
-“ Recuerda lo que va pasar, de una vez déjame hacerlo”.-Le dije en tono despacio, pero amenazante.
No le quedó de otra que quitar la mano de su entrada vaginal y dejármela a disposición.
Pronto, con la emoción de que conseguiste algo tan anhelado, dirigí mi vara a la entrada de su concha y poniendo el glande entre sus labios, apunté la “estocada” y empujé ni tan fuerte ni tan suave, hasta que entró cada centímetro en su rico agujero.
Ella presionó los dientes en señal de dolor, pero era obvio que le había causado placer también.
Pronto, ante el calor de la concha de Diana y el éxtasis que sentía, comencé las embestidas aumentando de frecuencia, era una sensación increíble. Diana agitada por la respiración, se notaba que en parte lo disfrutaba. No resistí más y le llené la concha de semen. Mantuve mi verga adentro de ella hasta que se comenzó a ablandar.
Me aparté, tomé algo de papel higiénico y me limpié.
Diana seguía llorando ynno se movía de la posición en que la dejé. Me fui por detrás y tomándola de espaldas sujetándola de las tetas, la saqué amenazante.
-“Ahora vamos a mi cuarto y no grites porque en verdad te mueres”.
Abrí la puerta del baño y la llevé a mi habitación. La tumbé en la cama y le dije:
-“Ahora regreso. Al menor grito, se muere tu amiga y luego tú”.
Salí y puse llave a la puerta, la dejé encerrada dirigiéndome a la habitación de Ninoska.
Entré, la luz estaba apagada, y mi hija habló.
-“¿Lo ves?, te dije que te iba a hacer daño tomarte esa chela con mi padre. Por cojuda, métete a la cama de una vez”.
No respondí nada, pero me quité el pantalón, alcé las frazadas y ¡oh sorpresa”, Ninoska estaba en ropa interior nada más.
Me metí lentamente y ella habló.
-“¿Estás peor, o qué? Por qué no me respondes. En eso se quiso dar la vuelta y le agarré la boca.
-“No soy Diana, soy yo. Diana está en mi habitación. Si no te dejas tirar rico, la voy a matar luego de violarla”.
Saqué mi mano de su boca y ella empezando a llorar dijo en voz baja.
-“Pero ¿qué te pasa?, eres mi padre”.
Ahí recuerdo que perdí el quicio.
-“Joyce, mi amor. Dame tu tesoro, hagamos el amor hasta enloquecer”.
-“Yo no soy mi madre. Yo soy la hija de ambos. Por favor detente”.
En eso la comencé a besar, a acariciar, a pasarle la lengua por el cuello. Me excité a morir. Ninoska de a poco forcejeaba con menos fuerza. LE quité el sostén y me comí como desesperado sus senos, se los mordí, se los chupé y mi erección de nuevo se puso a mil.
Cuando con mi mano quise bajar sus bragas, ella se las agarró.
-“No, por favor detente”.
-“Joyce, mi amor. Será nuestro secreto, seremos felices”.
-“No soy Joyce. Mi madre está muerta”.
Ahí reaccioné.
-“Bien. No me queda otra que ir donde Diana”.
-“No, espera, no lo hagas”.
-“¿Te vas a dejar?”.
-“Sí. Toma mi cuerpo, pero a ella no le hagas nada”.-Me dijo pensando que su amiga estaba “a salvo”•
Ahí me fui sobre Ninoska y pensando en su madre le quité las bragas, le separé las piernas y la penetré intensamente, hasta hacerle gritar, gritó más de una vez, pero luego gimió. Estoy seguro que después de todo lo disfrutó. No aguanté más y también inundé la vagina de mi propia hija con chorros de mi semen.
Me levanté, la dejé votada en la cama y me fui a mi habitación Al entrar vi a Diana llorando y muerta del miedo.
-“Ya pasó todo zorrita. ¿A poco no deseabas al padre de tu amiga?”.
El modo en que salí del lío fue algo increíble. Unos amigos me ayudaron a amenazar a Diana y a Ninoska con que las íbamos a matar si me demandaban.
Con el tiempo supe que Diana disfrutó mucho la violación, que pese a que lloraba, tuvo más de un orgasmo. Mi hija se fue a vivir sola con la condición de que le pague la renta. Al fin y al cabo, nunca la tuve y perderla de nuevo no me afectó tanto.

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Comentarios enviados para este relato
Manpara (28 de April de 2013 a las 16:07) dice: Delicioso relato,quien fuera tú.Seguro tendrás más experiencias con las dos adolescentes.


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