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Virginia y sus nenas - 2° parte (de compras y en la bañera)


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Relato enviado por : billyarg el 23/06/2011. Lecturas: 11939

etiquetas relato Virginia y sus nenas - 2° parte (de compras y en la bañera) Amor filial .
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Resumen
Continúa el proceso de cambio de mi cuñada... y algunas cositas con mi sobrina mayor.


Relato
Esta no es una historia real (aunque me hubiera gustado que lo fuera), pero está basada en situaciones y personajes verdaderos, a los que sólo les cambié los nombres y algunos lugares, como para guardar el secreto...


M
e vestí rápidamente y la saludé desde lejos. Ya son las tres de la madrugada, y mañana tengo mucho que trabajar desde temprano – Le dije. A la noche vuelvo y vamos a seguir tu educación. No te olvides que tenemos que ver el tema de la ropa, maquillaje, etc. – Y concluí: Si vengo temprano, aprovecharemos para comprarte un par de conjuntos de ropa interior, así que fijate qué podés hacer con los chicos, para que salgamos solos un rato.

Y me fui, dejándola sola, pero satisfecha. Algo ya estaba cambiando. Desde la oficina la llamé al día siguiente para avisarle que a las 7 de la tarde la pasaba a buscar, para ir de compras. A Nicolás lo voy a dejar en la casa de un vecinito, dónde se va a quedar a dormir, ya que son muy amigos – Me dijo. Y las nenas se quedan en lo de mi vecina, que las va a cuidar hasta que volvamos.

Poco después de las 7, llegué a lo de Virginia. A pesar de mi excitación, no había podido irme antes del trabajo. Ya los chicos no estaban, y Virginia me esperaba lista. Se había puesto el vestido que se probara el día anterior, peinado y quedó bastante pasable.

Algo vamos mejorando – Le dije. Espero no tener ningún problema con vos en esta salida. Vas a hacer exactamente lo que te diga, y sin chistar. A la primer duda, largo todo y seguí tu vida (si así puede llamarse), como puedas – Terminé de arengarla. Lo hice para asegurarme que no hubiera cambiado de idea, y siguiera mis órdenes.

De todas maneras, lo que me dijo a continuación me dejó bastante tranquilo. Estoy a tu disposición – Empezó. Y has pasado a ser la persona que dirige mi vida. Te debo mucho, todo lo que pueda ser a partir de ahora. Soy tuya para siempre – Largó de un tirón.

Aunque se la notaba un poco dolorida al caminar (supongo que producto del desvirgamiento anal), estaba mucho mejor; comenzaba a salir una cierta luz, como que comenzaba a brillar un poco. De todas maneras, quedaba mucho por hacer, y a mí me quedaba poco tiempo, el miércoles a la tarde volvía a Neuquén.

Primero vamos a ir a la peluquería – Le dije. ¿Sabés de alguna que también se dedique al maquillaje, manicura, etc.?; como para matar varios pájaros de un tiro. No tenía ni idea, hacía años que no pisaba ni una peluquería de barrio. Buscamos en la guía, y encontramos dos o tres completas; pero había sobretodo una que quedaba camino al centro, así que decidimos empezar por ahí.

Llegamos en el auto de Virginia, y vimos que el local no era muy grande, pero sí bien puesto, con elegancia. La mujer que nos atendió se mostró muy servicial, y habló bastante mientras yo miraba el cartel con los precios. ¡Bastante caros! De todas maneras, pagaba Virginia y no yo, así que no me preocupé demasiado.

¿Qué servicios van a desear? – Preguntó la dueña del lugar, una mujer de al menos cuarenta años, pero muy bien conservada. La idea era que le recomendaran algún corte que le vaya bien, sin tocarle el color del cabello – Contesté. Además, pensamos en arreglarle las manos; y también una buena sesión de maquillaje, sin exagerar, pero para que aprenda qué le anda bien.

De todas maneras – Proseguí. Veo que también hacen masajes, y supongo que le vendrían bien, para dejarla bien relajada. Usted me dirá en qué orden es conveniente realizar todo esto, y si se puede hacer hoy mismo, estamos apurados – Concluí.

No opuso ninguna objeción, y distribuyó los tiempos de esta forma: Primero se haría una sesión de masaje corporal, que la daría ella misma. Luego un lavado de cabeza y el corte de cabello. Mientras le harían la manicura; y al finalizar el maquillaje. Esto último también a cargo de ella misma.

Virginia no decía nada, y mantenía su mirada baja, dispuesta a hacer lo que se le ordenara. La hizo pasar a un cuartito posterior, donde estaba la camilla y los elementos para el masaje. Desvístase y acuéstese boca abajo – Le dijo a Virginia. Ya estoy con usted.

Le pregunté si podía estar con ellas. Virginia es muy tímida, y no le gusta estar sola – Le dije, sin aclarar cuál era nuestra relación. De paso, aprendo un poco de esto de los masajes, siempre me interesó. No tuvo ningún problema que así fuera, y yo pasé al gabinete, mientras ella iba para atrás, supongo que en busca de algún elemento.

Virginia estaba acostada como le habían dicho, pero tenía puesta la bombacha y el corpiño, aunque se había desabrochado éste. La señora te dijo que te desvistieras – Le dije ni bien entré. Y si yo no te doy una orden en contrario, vos tenés que cumplir. ¿Qué haces con toda esa ropa?

Sin decir una sola palabra, pero tampoco prácticamente levantarse, se sacó la ropa interior y la arrojó sobre una silla; quedando acostada desnuda, boca abajo sobre la camilla. Así estaba cuando volvió Haydeé (la dueña del local). Cuando pasó a mi lado y la vi, se me pararon los pelos (y algo más); no había ido a buscar nada, si no a prepararse ella para la sesión.

Ya no tenía la bata blanca anterior, que si bien le marcaba las curvas del cuerpo, la tapaba totalmente. Apareció con unas calzas blancas hasta los tobillos, y sobre estas la parte de abajo de un bikini rojo. Arriba tenía solamente puesto el resto del bikini. Mostraba un cuerpo escultural, con pechos bastante grandes y un culito que no sólo no era chico, si no que se mantenía bien parado.

Para dar masajes me pongo esta ropa cómoda – Dijo como disculpándose. Espero no le moleste. Obviamente, yo no puse ninguna objeción, y Virginia ni la miró. Veo que ya está lista – Le dijo a Virginia. Ya podemos comenzar.

Y comenzó desde abajo. Llenó uno de sus pies con aceite, y empezó a masajearlo. Prácticamente era como si lo acariciara, y yo podía ver como Virginia se iba relajando, como se estiraba en la camilla, al soltársele los músculos. Cuando terminó con ese pie, echó aceite en toda su pierna, desde la pantorrilla hasta el comienzo de las nalgas. Y fue subiendo con su masaje.

Cuando llegó al muslo, vi como le separaba las piernas, y sus manos comenzaron a ir hacia el interior de aquellos. A medida que avanzaba, y se acercaba a su cola y también a la vagina, yo me iba calentando. Me imaginaba que era yo el que recibía el masaje, y la pija se me fue parando.

Como al descuido comencé a frotármela por encima del pantalón, cuando mi calentura iba in crescendo. Haydeé lo notó, y me miró con una sonrisa pícara, que me demostró que no se sentía molesta por mi actitud. Cuando llegó al tope de los muslos, sus manos ya rozaban el final de la cola, y al ir hacia el interior, acariciaban su concha.

Yo ya estaba a mil, y sin pensarlo desabroché mi pantalón, dejando en libertad la pija. Retomé mis caricias, en una lenta paja, mientras no sacaba los ojos de lo que veía. A todo esto, Haydeé dejó esa pierna, y comenzó el mismo tratamiento con la otra. Esta vez llegó más rápido al muslo, y a los pocos minutos, sus manos volvían a acariciar la concha de Virginia.

Mi pija volvía a pararse, al verlas así otra vez, cuando Haydeé preguntó si no teníamos mucho calor ahí adentro. Comenté que estaba el ambiente bastante pesado (dicho con toda doble intensión); sin sacar la mano de mi pija. ¿Les molesta si me pongo un poco más cómoda? – Preguntó. Respondí por los dos, que no había ningún problema.

Ante esto, se quitó la parte de abajo del bikini, y enseguida las calzas. ¡Se había quedado desnuda de la cintura para abajo! Tenía unas piernas excelentes, bien contorneadas y firmes, con muslos bastante gruesos. La cola era un poco más chica de lo que me había imaginado, pero totalmente firme. Sus genitales los tenía totalmente depilados, salvo una pequeña línea de no más de un centímetro de ancho que subía desde su concha.

Contoneándose un poco delante de mí, volvió a los masajes. Siguió con el muslo de Virginia, haciendo cada vez más presión sobre su vagina. El orgasmo de Virginia no tardó en llegar. Tuve que apurarme a taparle la boca, porque si no sus gritos iban a traer a todo el vecindario. Cuando quedó relajada, recién se dio cuenta que yo estaba con la pija afuera, y me miró interrogante, pero no dijo nada.

Haydeé echó aceite por todas sus nalgas y retomó el masaje. Primero lo hizo sobre la superficie, a veces con fuerza, y otras acariciándola. Luego fue acercándose a la raya del culo, y cada vez más cerca del agujerito. Puso un poco más de aceite entre las nalgas, y lo fue empujando hacia el orto. Ahí comenzó otra etapa; le acariciaba los bordes suavemente, y luego fue metiendo un dedo lleno de aceite.

Cuando me quise acordar, ya tenía metidos tres dedos, y había comenzado a refregárselos dentro del culo. Yo ya no podía más, y no quería acabar en una paja, teniendo a dos mujeres desnudas conmigo. Así que me terminé de sacar los pantalones y el slip, y me acerqué por detrás de Haydeé, tomándola con mis manos por su cintura y apoyándole la verga sobre el culo.

Ella no hizo ningún ademán en contrario, si no que se fue curvando hacia atrás, para facilitarme la apoyada. Esto me animó más a seguir, así que tomé un poco del aceite que ella usaba, y lo esparcí por mi pija. Le apoyé la punta en el agujero del orto, y sin mediar palabras, se lo enterré de un empujón. A la primera le llegó hasta el fondo (o mejor dicho, hasta donde da el largo de mi verga). No paró hasta que mis bolas chocaron con sus nalgas.

Haydeé no dijo nada, sólo soltó un suspiro, y antes que yo pudiera empezar a moverme, fue ella la que comenzó a llevar sus caderas para atrás y para adelante. Se estaba cogiendo ella sola, sin que yo necesitara hacer nada. Mientras tanto, seguía con sus dedos en el culo de Virginia, y con la otra mano empezó a acariciarle la concha.

Cuando alcanzamos el ritmo, no tardamos en acabar los tres, y prácticamente juntos. Haydeé había terminado sin que le tocara la concha o el clítoris, solamente por la pija que sentía en el recto. Esta vez nadie paró los gritos de Virginia, ni los nuestros. Supongo que las empleadas de la peluquería nos tienen que haber escuchado, y ni que hablar si había alguna clienta.

Cuando mi pija se salió del culo, ya fláccida, Haydeé volvió a retomar los masajes, sobre la espalda de Virginia. Yo me puse delante de esta, con la pija a la altura de su cara, y no hizo falta decirle qué tenía que hacer. Mientras Haydeé terminaba de masajearla por detrás, Virginia comenzó a lamerme la pija, hasta dejarla sin rastros ni de mi semen ni del interior de Haydeé. Para cuando terminó, ya la tenía parada de nuevo.

Haydeé le pidió a Virginia que se diera vuelta, y se acostara boca arriba, cosa que hizo sin decir nada, e inclusive dejó sus piernas abiertas. Al darse vuelta, vio que Haydeé también estaba casi desnuda, pero no reaccionó. Se volvió a dar todo el rito desde los pies hacia arriba. Esta vez cuando terminó con los muslos, la hizo correr a Virginia hacia la parte de abajo de la camilla, de forma tal que apoyara sus pies sobre la misma, con las rodillas flexionadas.

El masaje en la zona pélvica se lo dio con la lengua. Le chupó la concha y el culo, que quedaban totalmente expuestos en esa posición. Se entretuvo un rato con el clítoris, hasta que logró arrancarle otro orgasmo. Ahí me acerqué yo, y corriéndola a Haydeé, la ensarté a Virginia por la concha, con mi verga que ya estaba de nuevo totalmente en pie.

Mientras la cogía a Virginia, la acerqué a Haydeé a mi lado, y comenzamos a besarnos, mientras le metía mano por todos lados. Lo primero que hice fue quitarle la única prenda que le quedaba, tapando sus tetas. Ante mi sorpresa, cuando estas quedaron libres, se cayeron bastante; no las tenía tan firmes como la cola.

De todas maneras eran hermosas, grandes pero no fofas; tenía pezones muy puntiagudos, y en ese momento totalmente erectos, con una aureola pequeña. Se las chupé, le lamí y mordí los pezones, y volvíamos a besarnos en la boca, todo a la vez que seguía ensartando a Virginia. Es que ya iba por mi segundo polvo, y entonces duraba más.

Así, dedicándome sólo a sus tetas, logré que Haydeé tuviera su segundo orgasmo. ¡Y todavía no le había casi tocado la concha! Entre tanto, Virginia ya había tenido dos orgasmos más con mi pija adentro. Se la saqué, y se la enchufé en el culo, donde le entro sin mayor problema, después de todo lo que le había hecho Haydeé.
Unos cuantos pone y saca dentro del ano de Virginia fueron suficientes para que yo alcanzara un tremendo orgasmo, que me hizo gritar más que antes.

Quedé rendido, pero ellas todavía seguían. Haydeé había retomado el masaje, y ya estaba por el vientre de Virginia. Cuando llegó a los pechos, los llenó de aceite y comenzó a sobarlos con todas sus ganas. Enseguida comenzó a brotar leche de sus pezones, cosa que aprovechamos Haydeé de un lado, y yo del otro, para deleitarnos tomándola. Antes que los soltáramos, Virginia ya había acabado por enésima vez.

Recién ahí suspendimos la sesión. Nos besamos entre todos y nos vestimos con Haydeé. A vos te voy a mandar la depiladora, para que te deje bien lisita – Le dijo a Virginia. No te vistas todavía. Salimos y se acercó a una de las empleadas, que nos miraba con una sonrisa pícara en su cara. ¿Terminaron? – Preguntó, con doble intención. Si, ya acabamos con todo – Respondió en igual tono Haydeé. Ahora te toca a vos, te la dejo para que la depiles. ¿Cómo la querés? – Me preguntó. Como cuando vino al mundo – Fue mi respuesta. Sin un solo pelo.

Mientras dejábamos a Virginia en manos de la depiladora, y Haydeé le daba instrucciones a quién le iba a cortar y peinar, corría entre nosotros una corriente eléctrica que no paraba. Cuando se desocupó, me dijo que quería mostrarme algo, y me llevó a la cocinita del local. Era muy pequeña, y apenas había lugar para moverse. Ni bien entramos, cerró la puerta y la trabó.

En pocos segundos se volvió a desnudar de la cintura para abajo, y se sentó sobre la pequeña mesada. Creo que me debes algo – Me dijo, mirándome con cara de hambre. Lo que quieras – Le dije. Pero antes una pregunta: ¿Por qué no te sacás la parte de arriba del bikini? – Quise saber. La verdad es que tengo los pechos muy caídos, y me da vergüenza mostrarlos – Confesó. Pues a mí me encantan así como son, así que los quiero para mí – Le dije, ya que era verdad, y por otra parte, quería subirle su autoestima.

Se quitó lo que le quedaba, y así la tuve desnuda ante mí. Me acerqué despacio (teníamos tiempo, hasta que terminaran con Virginia), y comencé a besarla. Primero toda su cara, y nos fundimos en un beso de lengua largo, exquisito. Esta mina sabe mucho del arte de amar. Pasé por su cuello, y cuando le lamía los lóbulos de las orejas, su presión subió varios puntos. Con mis manos acariciaba su espalda, a lo largo de la columna vertebral, y comenzó a temblar como una hoja.

Antes que acabara volví a bajar, esta vez hasta sus pechos. Hice de ellos un culto, besándolos, lamiendo sus pezones y luego dándole pequeños mordiscos. Con estos últimos, veía que ella se retorcía cada vez más, así que pasé a ser más agresivo, chupándolos con fuerza y mordiéndolos con ganas. Hasta que se derramó en un orgasmo. Y digo se derramó, porque sus piernas chorreaban jugos, los de su concha. Había tenido un orgasmo de lo mejor.

Seguí descendiendo, y previo entretenerme en su ombligo, llegué a la concha. Ya tenía sus piernas totalmente abiertas, así que no tuve problemas para meter mi cabeza. Su vagina es muy grande, y tenía que dar varias vueltas con mi lengua, para abarcarla toda. De vez en cuando, también lamía su ano, aunque no lo tenía tan a mano, de la forma en que estaba sentada.

Al ver su concha tan abierta, empecé a meterle un par de dedos, pero con la cantidad de flujo que tenía, era como que ni llegaba a tocar todas las paredes internas. De una sola vez, le metí otros dos dedos, dejando sólo fuera el pulgar, pero seguían bailando. ¡Y ella se movía pidiendo más! No lo dudé, y juntando mis dedos, los metí todos juntos por su vagina; cuando me quise acordar, había perdido de vista mi muñeca.

Empujé y metí un poco más; ¡estaba haciendo mi primer fist fucking! Cuando comencé a mover mi brazo dentro de ella, comenzó a retorcerse y gritar como una loca; tanto que me asusté, pensando que le hacía daño. Pero no, era puro placer, estaba gozando nuevamente, pero con una intensidad increíble. En plena acabada, retiré mi mano, y así como estaba, le empujé las piernas contra su pecho, dejando al aire el agujero del culo.

Con mis manos corrí todo el flujo que pude hacia él, y se lo fui ensartando con mis dedos. Empecé con tres, pero enseguida tenía los cinco en la entrada, y fui presionando para meter el pulgar, que era el único que iba quedando afuera. Haydeé empezó a gemir, pero esta vez de dolor; parece que por atrás eran muchos.

De todas maneras, yo ya estaba totalmente loco, así que seguí adelante. Su culo ya estaba muy agrandado, así que no me iba a echar atrás. Cerré bien todos los dedos, como en redondo, y volví a empujar. Ya Haydeé no gemía, si no que lloraba, pero no gritaba. Logré pasar la mano completa y ya no le dolió tanto. Se la dejé quieta, mientras le acariciaba el clítoris con los otros dedos.

Antes que le empezara a mover la mano en el culo, llegó nuevamente a un orgasmo; así que aproveché el momento de placer para comenzar a rotar mi otra mano, y luego a meterla más y sacarla un poco. Para cuando terminó con su orgasmo, le saqué del todo la mano, que venía bastante manchada, inclusive con sangre.

Mientras se recuperaba, me volví a sacar el pantalón y el slip; la recosté sobre la mesada; y me senté encima. Ahí comencé con una cubana hermosa, refregándome la pija entre sus tetas. Mientras me movía de atrás para adelante, me agarré de sus pezones, tirando de ellos y aplastando sus tetas entre sí, con mi verga en el medio.

Después de unos pocos movimientos, incluidas varias chupadas a mi glande, cada vez que la cabeza se acercaba a su boca, acabé largando los chorros de semen sobre su cara y el pecho. No fue mucho lo que salió, después de varios orgasmos que había tenido, pero lo disfruté muchísimo. Que me pajeen las tetas de una mina me apasiona, pero con ese par de gomas, mucho más.

Haydeé tomo su ropa, y sin ponérsela se cruzó hasta el baño. Yo me vestí y fui a ver cómo seguía Virginia. Ya la estaban peinando, mientras le arreglaban las manos. Le habían hecho un lindo corte, que enmarcaba su cara redonda, y medio la tapaba, afinándola un poco. Ya casi terminamos – Me dijo la peluquera, mientras esbozaba una sonrisa de aquellas. ¿Se aburrió mucho, mientras esperaba? – Preguntó la guacha, que sabía muy bien que no me había aburrido.

¿Cómo anduvo la depilación? – Pregunté. Y me respondieron que tal como lo había pedido. Les dije que quería asegurarme, y ella no demoró en hacerme caso. Ante la sorpresa de Virginia, se paró delante de ella, y haciéndola levantarse un poco en el asiento le levantó la falda del vestido y le bajó la bombacha hasta las rodillas. ¿Le parece bien así? – Preguntó, corriéndose para que yo pudiera apreciar el trabajo de la depiladora. Le puedo asegurar que está bien suavecita – Completó, mientras le acariciaba los labios vaginales a Virginia.

Se la ve muy bien – Respondí. Gracias. Y se dedicó a terminar con el trabajo, dejando la concha de Virginia a la vista de los que estábamos. Cuando estaba por terminar, volvió Haydeé, caminando con bastante dificultad, pero con cara de satisfecha. ¿Estás bien? – Le pregunté, preocupado. Tan bien como se puede. Gracias – Dijo, y me dio un leve beso en la boca. Fue maravilloso – Completó, en voz baja.

¡Qué bien que quedó Virginia! – Dijo cuando se percató que tenía su concha depiladita al aire. Suavecita como un bebé – Comentó, luego de acariciársela; mientras Virginia no sabía dónde meterse. De todas maneras, estaba tan convencida de su obediencia hacia mí, que no dijo nada, y lo único que hizo fue ponerse roja de vergüenza.

Haydeé le aplicó un leve maquillaje, y más que nada le enseñó lo que le convenía hacer. La cara de Virginia es muy bonita, y su cutis perfecto no necesita mucho maquillaje. De todas maneras la dejó bárbara, mi cuñadita se vía casi hermosa. Inclusive le entrego varios potes de maquillajes.

Cuando quise pagar por todos los servicios que habían prestado, Haydeé no me dejó y casi hasta se ofendió. Le dejé unos pesos de propina a la depiladora y a la peluquera, y nos fuimos, a seguir con las compras. Claro que esto fue imposible, ya que se había hecho tardísimo, y Virginia debía volver a casa con sus hijas. Por lo tanto partimos de vuelta.

Pasamos a retirar a las nenas por la casa de la vecina, y ya eran casi las diez de la noche cuando entramos a lo de Virginia. La nena menor, Milagros, se había quedado dormida, y ya ambas habían cenado. La acosté en su cama, y mientras Virginia la desvestía para dormir, la mandó a Maricarmen (la más grande) a prepararse para bañarse. Como estaba muy cansada protestó, y la madre no tuvo mejor idea que prometerle que yo la ayudaría, si se portaba bien.

Me la llevé al baño, luego de buscar su camisón, y mientras yo le calentaba el agua de la bañera, y la ponía a llenar, ella se fue desvistiendo. ¿Me ayudás con las medias, que no puedo? – Me preguntó, mientras yo estaba de espaldas. Me di vuelta, y la encontré sentada en la tapa del inodoro, desnuda totalmente, excepto por las medias que le costaban.

Cuando la vi así, con es cuerpito infantil al aire, no sé por qué pero me hizo parar la pija. Nunca pensé que una mocosa de esa edad me fuera a calentar, pero evidentemente yo ya venía híperexcitado. Me arrodille enseguida delante de ella, para que no se notara, y con cuidado le saqué las famosas medias.

Cuando terminé, aproveché para acariciarle las piernas, que son muy suaves, por no haber tenido nunca vello. Toda ella es de piel suave, y levemente oscura, color heredado del padre. Sólo se la veía rosada a la altura de la conchita, y en las tetillas, que no llegaban a ser pezones aún. El contacto de mis manos le produjo cosquillas, y enseguida se paró para meterse a la bañera.

¿Vos me vas a bañar, no? – Aseveró, más que preguntó. Mami me dijo que vos me ibas a ayudar. Y así lo hice. Mientras todavía salía agua del grifo, aproveché para lavarle el cabello, con el shampoo que me indicó. Una vez enjuagada, cerré las canillas, ya que estaba bastante llena. Y lleno estaba también yo de agua, pues me había salpicado todo.

En ese momento entró al baño Virginia y preguntó cómo iba todo. De perillas – Le dije, con una mueca en la boca. Ya la ayudé con las medias y le lavé la cabeza, pero me he mojado todo – Concluí. Ahí se metió Maricarmen, diciendo que cuando la bañaba, la madre se sacaba la ropa, para no mojarla. ¿Por qué no hacés vos lo mismo? – Preguntó.

Yo estuve a punto de aceptar, pero recordé que mi pija seguía al palo, y aunque no me sacara el slip, Virginia lo iba a notar. Pero fue ella la que insistió, diciendo que no iba a tener otra ropa que ponerme; y no me quedó más remedio. Me saqué la camisa, los zapatos y las medias, y al final el pantalón. No estaba dispuesto a desnudarme del todo.

De todas maneras, bajo el pequeño slip que llevaba, se marcaba un tremendo bulto. Virginia lo notó, y me miró con cara extraña. Voy a ver la comida y vuelvo – Dijo. Por si acaso necesitás ayuda. Y salió del baño, dejando la puerta abierta.

Tomé un jabón y comencé a lavarla. Primero el cuello, luego los hombros y de ahí a los brazos. Cuando pasé por las axilas le hice cosquillas, y se rió mucho. Con mis manos enjabonadas, le lavé el torso; acariciándole, sin siquiera proponérmelo, las tetillas. Ante mi asombro, estas se le endurecieron con el contacto de mis manos. Y a la par de ellas, se seguía endureciendo mi pija.

Seguí bajando, y cuando llegaba a la conchita, me dijo que la lavara bien allí, ya que su mamá siempre le decía que había que mantener las dos colas bien limpias. Refiriéndose a la concha y el culo. Para ello se paró en la bañera, poniendo su vientre a la altura de mi cara. Volví a enjabonarme las manos, y las fui pasando despacito por sobre sus pequeños labios, y para atrás por las nalgas.

Si no la lavás mas adentro, no va a quedar bien limpia – Dijo desde la puerta Virginia, que había vuelto sin que lo notáramos. Se había cambiado y volvió con un camisón por toda prenda. A las mujeres hay que lavarlas muy bien allí, para que no se enfermen – Me informó.

No me quedó más remedio que meter mis manos entre sus labios, y así masajear el interior de la conchita. Sin presionar demasiado, para no lastimarla; seguí hacia abajo hasta llegar al agujerito del culo, que le lavé meticulosamente. ¡Hummm! – Dijo Maricarmen. ¡Qué lindo! Y yo me entretuve pasándole un dedo por el interior de la conchita; mientras ella, a su manera, lo disfrutaba.

Virginia no quitaba la vista, y cuando notó que yo bajaba hacia las piernas, dejando ya los genitales de la nena, dijo: Cada vez estás más mojado, te tendrías que sacar el slip, porque si no, no se te va a secar. ¿Te ayudo? – Preguntó. Sin esperar respuesta, me ayudó a incorporarme y mientras yo acababa de pararme, ella ya me estaba terminando de desnudar. Mi pija, que ya estaba a diez mil, saltó como un resorte, rozando los labios de Virginia, que había dejado su cara cerca a propósito.

Ahora el tío puede terminar de bañarte tranquilo – Le dijo a su hija. Y después, si querés lo ayudamos nosotras a bañarse a él – Agregó. A esta altura, yo pensé que se había vuelto loca, pero evidentemente lo que quería era brindarme placer, con el costo que fuera. ¡Sí, dale!, ¿querés tío? – Preguntó la nena. A lo cual no pude menos que asentir.

Cuando terminé con Maricarmen, puse a vaciar la bañera y la saqué, envolviéndola en un toallón. La sequé sobre la alfombra del baño, pero la madre dijo que no se vistiera, así no se mojaba al bañarme. Pusimos a llenar nuevamente de agua, y mientras regulaba las canillas, Virginia se sacó el camisón. Yo tampoco quiero mojarme la ropa – Dijo. Mientras se quedaba totalmente en bolas.

Me metí a la bañera, todavía con una tremenda erección, que en contra de lo que esperaba, no se bajo al contacto con el agua. Mientras le lavo la cabeza – Le dijo Virginia a la nena. Vos enjabonale el pecho al tío. Y así comenzó el asedio de cuatro manos sobre mi cuerpo, dos adultas y dos muy pequeñas.

Maricarmen pasaba sus manitas por mi pecho, enredándolas con los pelos, y llegando hasta mi vientre. En varias ocasiones rozó la punta de mi pija con sus manitas, ya que llegaba hasta la altura del ombligo. Cuando Virginia terminó con mi cabeza, mis hombros y axilas, me hizo parar para entre ambas lavarme más abajo.

Para lavarle el pajarito a los hombres – Comenzó a explicarle Virginia. Debés tomarlo con cuidado y acariciarlo de arriba hacia abajo. La piel se la tenés que tirar para atrás, para limpiarlo bien adentro, como hacemos con tu colita de adelante – Siguió diciéndole, mientras le mostraba en la práctica cómo se hacía.

En realidad, entre mi calentura previa, la suavidad de sus manos enjabonadas, y la excitación por la situación en que nos encontrábamos, mi presión seguía subiendo, junto con mi pija. Siguió con las explicaciones, mientras me lavaba las bolas y luego dirigió sus dedos a mi culo, el cual también enjabonó con cariño.

Maricarmen acercó sus manitas a mi verga, y con las dos llenas de jabón, empezó a imitar a su madre. Si no fuera porque lo hacía muy fuera de ritmo, creo que hubiera acabado en ese momento. De todas maneras es indecible lo que disfruté de sus caricias. Cuando ya me habían pajeado bastante, Virginia me enjuagó bien toda la zona, sin dejar restos de jabón.

Ahora, para completar – Dijo. Hay que terminar de limpiarlo con la boca. Primero le vamos a pasar la lengua por todo el pajarito, y por las bolitas también. Y así fue, de golpe me sentí lamido por dos lenguas a la vez; de la madre y de la hija. Enseguida las dos comenzaron un ritmo parejo, que me hacía hervir la sangre.

El próximo paso es limpiarle bien la cabecita – Siguió Virginia. ¿Ves?, te la ponés en la boca, y una vez adentro, le pasás la lengua y la chupás, como un caramelo. Virginia se la metió en la boca, y me hizo una buena mamada. La muy guacha, cuando vio que iba a acabar, se la sacó, cortándome en seco. Ahora probá vos – Le dijo a Maricarmen.

El glande apenas entraba en su boquita, pero una vez dentro, sentí como lo lamía y lo chupaba. La madre la ayudó a ponerlo y sacarlo de su boca, con lo cual tomó un ritmo que a mí me puso re loco otra vez. Esta vuelta no hubo quién me contuviera, y empecé a eyacular en el medio de un tremendo orgasmo.

El primer chorro cayó en su boca, pero enseguida le saqué la pija, porque no quería que se atragantara. El resto le manchó toda la cara y parte del cuerpo. ¡Muy bien! – Le dijo Virginia. ¿Viste como le salió todo lo sucio de adentro? Terminá de limpiarle bien el pajarito que ahora te limpio a vos. Concluyó Virginia.

Una vez que la nena se hubo tragado todos los restos de semen que me quedaban encima, Virginia comenzó a limpiarla a ella. Fue quitándole toda mi leche de la cara y el cuerpo con su lengua, hasta que la dejó totalmente limpia, y se tragó toda mi acabada.

La vestimos con su camisón, y la llevé en brazos a la cama, mientras le refregaba mi verga contra su conchita. Pero de ahí no pasé, ya que era muy pequeña, y lo último que pensaba era en lastimarla. El beso de las buenas noches se lo di en la boca, junto con una caricia sobre sus tetillas.

Cuando volví a la cocina, Virginia estaba sirviendo café, y me preguntó si me había gustado su regalito. Si empezás así con ella desde ahora, cuando sea grande no va a tener los problemas que tenés vos – Le dije. Va a poder desenvolverse por la vida sin traumas. Sería importante que a medida que pase el tiempo, vayamos educándola más.

La única que quedó sin bañarse fui yo – Me dijo Virginia. ¿No me limpiarías la colita de adelante con tu lengua? – Preguntó. Yo te voy a bañar, pero a mi estilo – Le repliqué. La llevé nuevamente al baño, y ahí la acosté desnuda en la bañera. Cuando estaba lista, comencé a orinar sobre ella. La rocié con mi pis de arriba abajo, hasta que le dije que abriera la boca y le eché la última parte dentro, que se tragó sin chistar.

Ahora ya estás bañada por mí – Le dije. Si querés, te doy permiso para que uses el agua vos, y te bañes nuevamente. Yo me voy a tomar el café, que ya se me hizo tarde para irme. Allí la dejé abriendo la ducha, para sacarse el pis de encima, y me fui para la pieza de las nenas. Le di un beso en la conchita a Maricarmen y seguí viaje a la cocina.

Cuando terminé el café, llegaba Virginia del baño. Mañana vuelvo temprano, si puedo, ya que nos quedan varias compras por hacer. Está lista a eso de las seis y media o siete, así salimos rápido y no perdemos la tarde. Pegué media vuelta y me fui para poder dormir un rato en el hotel, ya que al día siguiente quería empezar temprano, para liberarme lo más pronto posible.

Pero bueno, lo que pasó al otro día, con Virginia y con sus nenas, se los cuento en la próxima entrega...

Por ello les digo hasta pronto, con la tercer parte.

Un abrazo,

Billy

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